20 de marzo de 2011

ENTREVISTA A PABLO TURNER.

Entrevista a pablo turner, quien regresó al país tras un largo exilio, decidido a hallar los restos de su padre
Las sospechas del hijo de Turner, el intendente al que sucedió Duhalde
Publicado el 20 de Marzo de 2011
Por Rodolfo González Arzac

Pedro Turner fue jefe comunal de Lomas de Zamora entre 1973 y 1974. Lo asesinaron en 1976, tras obligarlo a renunciar. Su heredero relata cómo, luego de dos muertes, el ex presidente interino quedó al frente del cargo.
Pablo Federico Turner acaba de volver de un exilio de casi 30 años en Suecia. En Estocolmo, conoció a una mujer con quien tuvo dos hijos, se mimetizó con el frío y trabajó como maestro de niños discapacitados. Ahora, de regreso en Buenos Aires, lo que lleva encarnado, y al mismo tiempo lo mueve, es una vieja espina. Una asignatura pendiente. Quiere saber dónde está el cuerpo de su padre, Pedro Turner, intendente de Lomas de Zamora entre 1973 y 1974, obligado a renunciar para que asuma Eduardo Duhalde. Y quiere contar quiénes fueron los que persiguieron a su padre y, finalmente, lo asesinaron en mayo de 1976.

–¿Cuándo se fue de la Argentina?
–En 1982. Yo vivía en San Martín. Y había internas peronistas en Lomas de Zamora. Yo tenía que llevar gente a votar. Me levanté a las 5 de la mañana, salí de mi casa, caminé unas cuadras, y un coche me empezó a tirar con un arma de fuego. Me tiran y me tiran. Yo salté a un baldío, después a un galpón y después a un techo. Hasta que zafé. Llegué a Lomas de Zamora, fuimos a buscar un micro y llevamos a la gente a votar por Andrés Framini, en la lista Peronismo para la Victoria. Fue el único barrio donde ganamos. Cuando volví a mi casa estaba asustado. Y me puse a pensar lo que había pasado. En ese momento, no le encontré una respuesta. Y, tal vez, hoy mismo no la encuentro. Pero da la casualidad que el colectivo que tomaba para ir a Lomas de Zamora tenía una parada justo enfrente de una comisaría. Y ese día, tres policías estaban en la puerta. Yo estaba sentado del lado de la ventanilla. Ellos me señalaron y se rieron. Ahí decidí que no iba más. Yo no me quería ir. Pero estuve en Rosario, luego en el Chaco y después me fui a Suecia donde estaban mi madre y mi hermana.
–¿Qué sensaciones tuvo al llegar a Suecia?
–Fue un cambio. Salí del verano de la Argentina para llegar a un país de 20 grados bajo cero, que cuando abrías la ventana no veías a nadie por el frío. Es otra cultura y otra manera de vivir. Lo primero que me hizo ver que era otra cultura fue la gente. Yo hablaba con señas. La gente era amable pero cerrada. Tuve la suerte de encontrar a la que fue mi mujer, que hablaba español, y que me ayudó muchísimo, con quien tuve dos chicos que ahora tienen 18 y 22 años.
–¿Qué fue lo que le hizo volver a Buenos Aires?
–Lo que me decidió a volver es la recuperación del cuerpo de mi viejo. Hay una sospecha de que está pronto a ser encontrado en el cementerio de Avellaneda. Allí están trabajando los antropólogos forenses. Y lo segundo que me trajo a la Argentina es la memoria de mi viejo. De mi viejo recién se empieza a hablar ahora. Es algo que estuvo prohibido en Lomas de Zamora. La juventud de hoy no sabe qué paso. Nadie sabe nada. Únicamente los compañeros de aquellos años. Es una historia tapada.
–¿Siente que ahora hay una apertura para poder contar su historia?
–Yo, personalmente, se lo agradezco a la presidenta Cristina. Para mí fue ella la que me abrió las puertas para volver al país. Estuve reunido con un subsecretario de Lomas de Zamora y sé muy bien que hace cuatro años hubiese sido imposible. También me reuní con gente de la Secretaría de Derechos Humanos de la Nación. Y tengo reuniones pendientes con la Secretaría de la Presidencia. Esta semana fue muy compleja para mí. Recién llegué.
–¿Cuál fue la historia de su padre?
–Mi viejo fue militante del Peronismo de Base. Fue delegado gráfico, de la agrupación de Raymundo Ongaro. Luego se trasladó a Ingeniero Budge, en Lomas de Zamora. Y ahí empieza la pelea de él, su militancia fuerte por su barrio y por su gente. No es porque fuera mi padre, pero la manera de hacer política que tenía él ya no existe. Trabajaba con los vecinos, hacía las zanjas con los vecinos y los compañeros, trataba de explicarle a la gente cada una de las resoluciones. Una manera muy distinta a la de hoy. Yo era un chico, pero tengo mucho orgullo porque sé quién fue. Él llegó a la intendencia con mucho respaldo, porque la gente lo quería, pero con esfuerzo propio.
–¿Por qué fue desalojado de la intendencia?
–Tarde o temprano todo va a salir a la luz. Yo le cuento lo que yo creo. Hubo un manejo raro. Lo destituyeron porque un compañero sacó 1000 ladrillos para una Sociedad de Fomento y se olvidó de firmar. Fue una cama. Y lo destituyeron. El apeló la medida y le negaron. Pero cuando apeló por tercera vez le restituyeron el cargo y ahí fue demasiado tarde: lo mataron. Pero le quiero contar algo más: unos días antes de lo que destituyeran estuvimos secuestrados mi padre, mi madre y mis hermanos durante cuatro días.
–¿Cómo llegó Duhalde a ocupar la intendencia?
–Yo no tengo pruebas pero a mí todo me parece muy raro. Se suponía que cuando a mi padre lo destituyeron tenía que subir el primer concejal Héctor Lencina. Pero lo mataron, yo creo que fue la Triple A. Y a la segunda concejal Irma Santa Cruz, tengo entendido que la raptan y la capturan. Pero la cuestión es que ella tampoco asumió. El que asumió fue Eduardo Duhalde.
–¿Qué sintió desde Suecia cuando Duhalde fue gobernador, después vicepresidente y finalmente presidente?
–Una gran tristeza. Ya no quería escuchar más nada de la Argentina. Sabía quiénes gobernaban y qué rumbo tenían. Es como si hubiera apagado la televisión de la Argentina. Y me incorporé a la sociedad sueca. Me instalé: mi empleo, mi familia y mis amigos.
–¿Cómo fue la muerte de su padre?
–Cuando llegó el golpe, mi padre decidió instalarse en Libertador General San Martín, en el Chaco. Lo entregaron. Una noche cayó el Ejército y la Policía Bonaerense, cercaron el lugar y nos tuvieron cuatro o cinco horas encerrados. Ahí lo detuvieron y lo llevaron a la comisaría de San Martín y luego a la Alcaidía de Resistencia, donde estuvo preso con un diputado peronista. Después lo trasladaron a Buenos Aires. Y ya no supimos de él. Lo buscamos y no lo encontrámos. Hasta que un día nos avisan que el cuerpo apareció y había fallecido de un ataque cardíaco. Entonces fueron a reconocer el cuerpo varios familiares. Y se preparó todo para el velatorio. Estábamos esperando el cuerpo pero nunca llegó. No lo pudimos velar. Iniciamos una causa con un abogado. Y el abogado recibió amenazas de muerte. Y así quedó: nunca lo recuperamos.
–Acaba de llegar a Buenos Aires. La ciudad está empapelada de carteles de Duhalde.
–Sí, los vi. Yo pienso que el pueblo no es tonto. Tengo mi mayor confianza de que este gobierno va a seguir. Esa política del pasado que representa Duhalde se muere en las próximas elecciones.
Fuente:TiempoArgentino

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