29 de marzo de 2011

MENDOZA: HISTORIAS DEL JUICIO: EL ACTOR, SU CUÑADO y LA MUJER EMBARAZADA.

29 de Marzo
LESA HUMANIDAD: EL JUICIO
Historias del juicio: el actor, su cuñado y la mujer embarazada
Rubén Bravo, Marcelo Carrera y Adriana Bonoldi fueron secuestrados en 1976. Un militar se encariñó con ella en su encierro.
Por DANIEL CALIVARES
Rubén Bravo no lo supo hasta que ya fue demasiado tarde. El 21 de octubre de 1976 le dijo adiós al teatro, aunque no por voluntad propia, sino por decisión de otros. La misma o las mismas personas que eligieron que Bravo abandonara las tablas también ordenaron que Marcelo Carrera dejara su trabajo en YPF y que Adriana Bonoldi no siguiera dando clases.

Peor aún, también decidieron que el hijo de ambos no tuviera su verdadera identidad. Bravo, Bonoldi y Carrera se encuentran desaparecidos. Hace un tiempo, esta causa tenía a cuatro acusados: Luciano Menéndez, Tamer Yapur, Orlando Dopazo y Eberto Villegas, pero los dos últimos fallecieron, Yapur se encuentra grave de salud y podría ser separado del debate y Menéndez aún no llega a Mendoza para ser enjuiciado.

Sin embargo, la única declaración que se ha producido en el juicio por delitos de lesa humanidad en la Ciudad de Mendoza puede provocar que se agreguen nuevos imputados. POR LA FAMILIA. Las tres víctimas tenían un lazo de parentesco. Bravo era la pareja de Mariú Carrera, quien a su vez era la hermana de Marcelo Carrera, casado con Adriana Bonoldi.

La primera víctima de la dictadura militar, en este caso, fue Bravo. En la noche del 21 de octubre de 1976, Juan Humberto Rubén Bravo, se encontraba en su casa de calle Corrientes 446 de Ciudad. Era actor teatral y estaba casado con María Rosario Carrera (Mariú). No vivían solos, tenían –tienen– un hijo, que en ese entonces había llegado al mundo hacía ocho meses. Junto a ellos también vivía la abuela del pequeño y madre de Bravo, Eugenia Zacca.

Pero la felicidad de esa familia comenzó a resquebrajarse a las 22.30 de ese 21 de octubre. Alrededor de siete personas armadas, todas vestidas de civil y a cara descubierta, irrumpieron violentamente en la casa. El primero de ellos entró por la ventana, el resto por la puerta, y a los gritos preguntaban por Rubén Bravo, que, lejos de ocultarse, se identificó, lo que inmediatamente le valió una serie de golpes, que también tuvieron como destinatarias a su esposa y su madre.

Luego, Mariú y Eugenia fueron llevadas a la habitación matrimonial, donde estaba el bebé, y allí las ataron y vendaron. Mientras aguardaban que todo terminara, pudieron escuchar cómo anunciaban que Bravo sería llevado a identificar a una persona y luego lo regresarían a su hogar, cosa que nunca ocurrió. La noche del secuestro, mientras el grupo de tareas llevaba adelante el "trabajo", uno de ellos, joven, rubio y de ojos claros, apuntaba con un arma a Carrera.

Ella durante el debate lo reconoció. "Uno era rubio, de pelo ondulado y ojos claros. Lo recuerdo bien porque lo vi: es Smaha", aseguró. Eduardo Smaha era policía del D2 en ese momento y es uno de los acusados en el debate. La mención de su nombre obligará a que el Juzgado Federal 1, a cargo del juez Walter Bento, lo investigue por pedido del tribunal encargado del juicio.

El secuestro de Bravo también dejó en claro que la policía liberaba zonas para que estos operativos se llevaran adelante. Un vecino de las víctimas vio cómo dos hombres armados ingresaban a su casa, uno por la ventana y otro por la puerta, y tras hablarlo con su esposa llamaron al Comando Radioeléctrico. En este se toma nota de la denuncia y les piden un teléfono.

Minutos después se comunican con ellos y les dicen que se trata de un operativo, al mismo tiempo que les aconsejaban no salir de la casa. Tras esa noche, Bravo sería visto después en la Comisaría Séptima de Godoy Cruz, lugar que tiene una placa que rememora su paso por allí. Durante el debate, Pablo Seydell, otro ex detenido que fue torturado en esas instalaciones, recordó que una noche se lo mostraron mientras era sostenido por otro hombre. Fue el último testigo que lo vio con vida.

EL MATRIMONIO. Un mes después, el 24 de noviembre de 1976, Marcelo fue secuestrado de su casa, ubicada en Democracia 34 de Godoy Cruz. Tenía 22 años y trabajaba en YPF. Esa noche, alrededor de la 1, golpearon la puerta de la casa, en la que vivía con su mujer, Adriana Bonoldi. Los extraños aseguraron que venían de YPF, por lo que Carrera abrió la puerta, y antes de que se diera cuenta, entraron a su casa cuatro sujetos armados con los rostros cubiertos con capuchas blancas.

A él lo detuvieron, pero antes de llevárselo inmovilizaron a Adriana y abusaron de ella, luego la encerraron en el baño. Al momento del hecho, Adriana estaba embarazada de dos meses. Antes de irse, a ella le dijeron que si avisaba a la policía o pedía ayuda nunca volvería a ver a su esposo. A él, mientras lo empujaban, le decían "ahora vas a cantar lo que no quiere decir tu cuñado".

Una vez que la joven se pudo liberar, puso la denuncia en la Comisaría 34ª de Godoy Cruz, en ese tiempo, ubicada en calle Maipú. Después se mudó a la casa de sus suegros, hasta que el 1 de diciembre, tras regresar del acto de fin de año de la escuela Mayorga, donde daba clases, fue secuestrada. La joven caminaba por la calle Morales, entre Rawson y Cervantes, cuando un Renault 4L frenó junto a ella y de él salieron varios sujetos que, tras subirla al auto, desaparecieron.

El día anterior, la joven había sido convocada a la Comisaría 34ª para ser interrogada sobre el secuestro de su marido. Según el expediente, en dos oportunidades una persona llamada Gabriel Porro declaró que, estando en Tucumán cumpliendo el servicio militar, conoció a un cabo primero que le contó que había estado en Mendoza y que un día recibió la orden de matar a unos "subversivos" que se encontraban detenidos en una casa en la montaña.

Entre ellos había una mujer pelirroja que preparaba la comida para los detenidos y con la que se había encariñado. Como Porro conocía a Adriana, le preguntó si era ella, y el cabo primero le contestó que sí, que había sido detenida a causa de la actividad de su marido, quien también se encontraba en el lugar. Finalmente, el militar le dijo que ambos habían sido ejecutados. Esa ejecución habría ocurrido luego de que ella tuvo el bebé, presumiblemente, en el Hospital Emilio Civit. Ese chico hoy es uno de los tantos que aún no se han podido recuperar.

La querella pidió un médico para Yapur
Los abogados querellantes hicieron formal su pedido de que un médico de parte revise al acusado en el juicio por delitos de lesa humanidad Tamer Yapur. Esto se debe a que el Tribunal Oral Federal 1 le dio a conocer a cada una de las partes un informe de los peritos de la Corte Suprema en el que explicaban que Yapur presenta demencia senil e incontinencia, por lo que no podría seguir en el juicio. Este pedido de la querella sería aceptado por el tribunal, sin embargo, son pocas las posibilidades de que el militar pueda seguir entre los acusados.

Al ser suspendido Yapur del debate, once causas se caerían del juicio, ya que el único imputado que quedaría en ellas es Luciano Benjamín Menéndez, que aún aguarda para ser enjuiciado en Mendoza. No obstante, podrían aparecer otros acusados en algunas de las causas a raíz de las compulsas pedidas por el tribunal o las partes. Hoy el juicio se reanudará con la causa por el secuestro y desaparición de Lidia de Marinis. Entre los testigos hay un familiar y dos ex policías de la Comisaría Tercera.
Fuente:ElSolDiario

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