1 de abril de 2011

AUTOMOTORES ORLETTI: PENAS DE ENTRE VEINTE AÑOS Y PRISION PERPETUA PARA CUATRO REPRESORES DEL CENTRO CLANDESTINO .

HASTA EL CONDOR CAYO
Por Alejandra Dandan

El juicio por el Plan Cóndor, que coordinó la represión de las dictaduras del Cono Sur, terminó con condenas de 20 años a perpetua de los acusados. Entre ellos el general Cabanillas, que fue denunciado por Juan Gelman desde Página/12 en 1999, cuando comandaba el Segundo Cuerpo; Raúl Guglielminetti, que llegó a ser custodio de Alfonsín; y Eduardo Ruffo, que además se apropió de hijos de desaparecidos.

PENAS DE ENTRE VEINTE AÑOS Y PRISION PERPETUA PARA CUATRO REPRESORES DEL CENTRO CLANDESTINO AUTOMOTORES ORLETTI
Una condena que atraviesa fronteras
Eduardo Cabanillas, Honorio Martínez Ruiz, Eduardo Alfredo Ruffo y Raúl Guglielminetti fueron juzgados por los crímenes cometidos en el centro de exterminio en el que operaba la SIDE y fue base del Plan Cóndor en Argentina.

El fallo del Tribunal Oral Federal 1 dio por probada la privación ilegal de 65 víctimas.Imagen: Pablo Piovano.

Terminaban de oírse las condenas. Los cuatro acusados del centro clandestino que funcionó en Automotores Orletti se pararon después de escuchar la sentencia. En la parte de arriba de la sala, atiborrada sobre todo por las mujeres de los represores, se pusieron a cantar el Himno, como hacen en cada juicio. Abajo, en la sala, entre los pañuelos de las Madres de Plaza de Mayo, los hijos de los desaparecidos del centro de exterminio que fue base del Plan Cóndor en Argentina, entre los sobrevivientes, muchos llegados especialmente desde Uruguay, sonó el “Olé Olé” del “A dónde vayan los iremos a buscar”. Entonces, lentamente y en silencio empezaron a sonar, vivos, los nombres de los desaparecidos: ¡Gerardo Gatti! ¡Presente! ¡Dardo Zelarayán! Presente. ¡María del Carmen Pérez! ¡Presente! ¡Marcelo Gelman! ¡Presente!

El fallo del Tribunal Oral Federal 1, integrado por los jueces Jorge Gettas, Adrián Grumberg y Oscar Amirante, tuvo características históricas: entre otras cosas porque dio por probada la privación ilegal de 65 víctimas del Plan Cóndor, la coordinación represiva entre las dictaduras del Cono Sur. En términos generales, respondió además a los pedidos planteados por las querellantes de los organismos de derechos humanos que representan a las víctimas y al de la fiscalía de Guillermo Friele y Mercedes Soysa Reilly. Sólo en el caso de Raúl Guglielminetti la pena fue más leve: habían pedido 25 años de prisión y el TOF dio 20 años. Aun así, cada quien consideró que fue una de las condenas más duras: Guglielminetti, que era agente del 601 y operó en distintos centros clandestinos, estuvo en 1976 en Orletti, pero se lo juzgó por su actuación sólo durante cinco días. El TOF le imputó 20 años por 25 casos.

La lectura de la sentencia empezó minutos antes de las siete de la tarde. A esa altura se habían sentado los cuatro acusados. Eduardo Cabanillas, el único acusado con grado militar, ex general, que operó como jefe del OT18 –en la práctica el centro clandestino–, entró con traje y corbata, saludando como en un estadio, con los brazos en alto y tirando besos al aire. Lo siguieron Honorio Martínez Ruiz y Eduardo Alfredo Ruffo, los dos agentes de la SIDE, la mano de obra del centro de exterminio. Al final entró Guglielminetti, el agente del 601, ya condenado por su intervención en el circuito del Atlético Banco y Olimpo.

Arriba, entre las mujeres, Cecilia Pando le decía a una de sus colegas que se quedara en su asiento. La mujer estaba parada y a punto de armar un escándalo porque desde las pantallas veía entre el público a los pañuelos de las Madres de Plaza de Mayo. Metros atrás, murmuraba Bernardo Menéndez. Condenado a prisión perpetua en la causa de los Jefes de Area y quien sigue en libertad por cuestiones procesales, hasta hace unas semanas trabajó de abogado del ex militar Rubén Visuara, ahora muerto, pero quien fue jefe de Cabanillas en la estructura represiva que dependía orgánicamente de la SIDE de Otto Paladino.

Cuando todo el mundo ocupó su lugar, Gettas, presidente del tribunal, leyó la sentencia. Pese a que aún no se conocen los fundamentos, el TOF liberó a los represores de algunos cargos al parecer porque equiparó los tormentos sólo a la figura de la tortura física, una definición que los acusadores creen acotada porque no contempla aspectos como el encierro, la alimentación y las demás características que se les impuso a los prisioneros durante su cautiverio.

El fallo
Cabanillas fue condenado a prisión perpetua e inhabilitación absoluta y perpetua por cinco homicidios. Le imputaron además la privación ilegal de la libertad agravada, reiterada en 29 oportunidades, cuatro de las cuales se extendieron durante más de 30 días.

Fue el único de los cuatro que recibió perpetua, porque es el único condenado por homicidios. Fue acusado por los asesinatos de lo que se conoce como los cinco tambores del río Luján, un grupo de prisioneros de Orletti arrojados allí en octubre de 1976 y descubiertos por un prefecto e identificados en 1989. Entre ellos estaban muchos de los nombres que se gritaron a la noche en la sala de audiencias: los mellizos Gustavo y Ricardo Gayá, Marcelo Gelman, Dardo Albeano Zelarayán y Ana María del Carmen Pérez, arrojada con un tiro en la panza, con un embarazo de nueve meses, la única embarazada encontrada hasta aquí en ese estado, según explicaron durante el debate los integrantes del Equipo de Antropología Forense.

En ese escenario, lo que a ojos de la fiscalía, el TOF dio por probado en cuanto a Cabanillas son no sólo los hechos, sino su rol: operó como jefe del OT18, como autor intermedio o nexo de la cadena de mandos que hacia arriba tenía a Visuara y a Otto Paladino y hacia abajo a la patota operativa o autores directos, integrada por Aníbal Gordon, que ya está muerto, a Ruffo, Martínez Ruiz y a Guglielminetti.

La salida
–Señores –dijo el presidente del TOF–, el juicio ha terminado.

En la sala estaban muchos de los que habían sido testigos durante las audiencias, las víctimas, los abogados. Los HIJOS. El Tano Santucho corrió a abrazar a la uruguaya Sara Méndez, y una voz empezó a recorrerlo todo, anunciando que ayer era además el día de su cumpleaños. Sara estuvo secuestrada en Orletti y le robaron a su hijo Simón, a quien recuperó después de veinte años. “Yo siempre digo que la justicia cuando llega tarde no es justicia –dijo–, porque con la extensión de los años se alarga la impunidad, pero en este caso es un paso más, y es la lucha lo importante.” Otra de las uruguayas caminaba hacia la salida. Iba a sumarse al escenario de HIJOS que trasmitió lo que sucedía en el interior. “Creo que es importante”, decía Elba Rama. Ella viajó de Uruguay especialmente para escuchar la sentencia. Quería estar, hacerse presente, como un reconocimiento al colectivo de quienes llevaron adelante el juicio, a la fiscalía, dijo, a la Secretaría de Derechos Humanos de la Nación. Elba estuvo en Orletti con Carlos y Manuela Santucho. Estuvo detenida del centro clandestino que funcionó en la SIDE uruguaya poco después con María Claudia García Irureta Goyena, la madre de Macarena Gelman.

Afuera, frente al edificio de tribunales de Comodoro Py, Edy Binstock abrazaba a uno de los hijos de los Gayá. En el escenario, una de las madres de Plaza de Mayo habló de los juicios. Blanca Santucho dio vueltas entre los familiares. Alguien cantó el feliz cumpleaños para Sara.
Fuente:Pagina12

Los condenados

- Eduardo Rodolfo Cabanillas. General de división retirado del Ejército, capitán durante la dictadura. Fue jefe de la base “Operaciones Tácticas 18” de la SIDE, de la que dependía el centro clandestino Automotores Orletti. Responsable de cinco homicidios calificados por alevosía, privaciones ilegales de la libertad y tormentos en 18 casos. Fue detenido en septiembre de 2006. Fue condenado a prisión perpetua.

- Eduardo Alfredo Ruffo. Alias “Zapato” o “Capitán”. Ex miembro de la Triple A y ex agente de inteligencia de la SIDE. En 1985 fue condenado a seis años de prisión por la apropiación de Carla Rutilo Artés, hija de Graciela Rutilo Artés, quien fue secuestrada en Bolivia, entregada a militares argentinos y vista por última vez en Orletti. Continuó en la SIDE en democracia, al servicio de Hugo Anzorreguy. Fue condenado a 25 años de prisión.

- Honorio Carlos Martínez Ruiz. Alias “Pájaro”. Ex miembro de la Triple A y ex agente de inteligencia de la SIDE. Partícipe necesario en 65 privaciones ilegales de la libertad y tormentos agravados. Estaba preso desde 2005 por el robo de cajas de seguridad del Banco Nación cuando el juez Daniel Rafecas ordenó su detención. Fue condenado a 25 años.

- Raúl Antonio Guglielminetti. Alias “Mayor Guastavino”. Personal civil de inteligencia del Ejército. Actuó en La Escuelita de Neuquén. Al servicio del Batallón de Inteligencia 601, actuó en varios centros clandestinos. En los últimos años de la dictadura y tras el retorno de la democracia se dedicó a los secuestros extorsivos. Símbolo de la mano de obra de la guerra sucia reciclada en democracia, fue custodio del ex presidente Raúl Alfonsín e integró la oficina de inteligencia paralela del gobierno radical conocida como Grupo Alem. En 1985 fue detenido en España, luego se benefició con la Ley de Obediencia Debida, pero siguió preso hasta 1989 por tenencia de armas de guerra. Tras la reapertura de las causas de lesa humanidad, fue detenido en agosto de 2006. En diciembre de 2010 fue condenado a 25 años de prisión por delitos de lesa humanidad en el circuito represivo Atlético-Banco-Olimpo. En el juicio que concluyó ayer se le imputaban 25 privaciones ilegales de la libertad seguidas de tormentos agravados. Fue condenado a veinte años de prisión.
Fuente:Pagina12


La pantalla en Uruguay
Por iniciativa de la Secretaría de Derechos Humanos, en la embajada argentina en Uruguay se instaló una pantalla gigante para que víctimas de ese país pudieran seguir la lectura del veredicto en el juicio por los crímenes de lesa humanidad cometidos en Automotores Orletti. En la residencia del embajador Dante Dovena estuvieron el secretario de Derechos Humanos, Eduardo Luis Duhalde, y más de ciento veinte personas, entre ellas Macarena Gelman, Rafael Michelini, Belel Herrera y Javier Miranda. Duhalde hizo un reconocimiento a las víctimas uruguayas y de otras nacionalidades, y destacó que el proceso cuyo veredicto se conoció ayer es parte de los juicios por el Plan Cóndor, la coordinación represiva de las dictaduras sudamericanas.
Fuente:Pagina12


Edgardo Binstock Testigo y querellante en el juicio.
Opinión
La oportunidad de Latinoamérica
Publicado el 1 de Abril de 2011
Por Edgardo Binstock Testigo y querellante en el juicio.
Llegar a los Tribunales Federales implica atravesar sensaciones encontradas. El recuerdo doloroso de familiares y compañeros se funde con la satisfacción de respirar aires de justicia en nuestro país.
Mi hermano Guillermo Daniel fue secuestrado el 20 de agosto de 1976 y fue llevado a Automotores Orletti, un centro clandestino cuyo funcionamiento operativo se inscribe en el marco del Plan Cóndor, la sociedad de las dictaduras para perseguir a los militantes de la región. Estuvo desaparecido junto con su mejor amigo, Marcelo Gelman y la compañera Claudia García. Con él había compartido el Colegio Nacional Buenos Aires y la militancia en la Unión de Estudiantes Secundarios.
En 1993 la Conferencia Mundial de DD HH determinó que los estados debían derogar la legislación que favoreciera la impunidad de los responsables de violaciones graves de los Derechos Humanos, pero eso sólo fue posible a partir de la voluntad política de Néstor Kirchner que permitió llegar a esta realidad en la que el Estado democrático juzga al Estado terrorista.
El fallo reciente de la CIDH que se expidió contra de la Ley de Caducidad en Uruguay y un marco regional con instrumentos como la Unasur pone a Latinoamérica ante una oportunidad única. Ayer los usurpadores del poder se unieron para reprimir y masacrar a sus pueblos, hoy se abre la posibilidad de consolidar juntos procesos basados en la justicia que durante años nos fue negada.
Fuente:TiempoArgentino          

                                                       

Opinión
La sangre nunca seca
Publicado el 1 de Abril de 2011
Por Juan Alonso Editor de Policiales.
Que el hijo del coronel que diseñó el operativo de inteligencia para ocultar el cadáver de Eva Perón en 1956, cuando el país era gobernado por Pedro Eugenio Aramburu e Isaac Francisco Rojas, ahora –55 años después de aquellos fuegos– sea condenado a prisión perpetua como responsable de cinco asesinatos y 29 secuestros y tormentos en el campo de exterminio que regenteaba en la dictadura, no es un asunto casual.
Si bien el repaso de la historia no es lineal, lo cierto es que la sangre nunca seca. El relato de la vida de los hombres lo confirma con hechos concretos.
El coronel Héctor Cabanillas, padre de Eduardo, el genocida, murió en febrero de 1998. El diario La Nación –socio de Clarín en Papel Prensa y oficialista del terror tras el golpe del 24 de marzo de 1976– dio cuenta de su fallecimiento.
Cabanillas fue el jefe del Servicio de Inteligencia del Ejército (SIE) que planeó y ejecutó el ultraje del cuerpo de Evita con Juan Perón en el exilio y el peronismo perseguido y prohibido.
Bajo esa bruma de secretos insanos se crió el asesino de Orletti. Tuvo que soportar la noticia de la muerte de su padre bajo un clima espeso. No faltó quién afirmó que su papá se descerrajó un balazo por tanta culpa. Poco antes de irse de este mundo apareció en un documental dando cuenta del peregrinaje del cuerpo de Evita, a quien mandó a enterrar con el nombre falso de María Maggi de Magistris en Milán, bajo cuerda del Vaticano.
En esa empresa macabra estuvo implicado también otro personaje infame: el teniente coronel Carlos Eduardo Moori Koenig, que ultrajó el cadáver y lo mantuvo escondido dentro de un placard del SIE.
Papá Cabanillas obtuvo el desprecio infinito de Perón en 1971. Viajó a Madrid para entregar el cuerpo de Eva por orden de Agustín Lanusse. Pero Perón ni siquiera lo miró y se negó a estrecharle la mano, en un acto de rechazo a tanta infamia.
Fuente:TiempoArgentino            

                                                           
Dos de los imputados en el juicio por Automotores Orletti aceptaron hablar antes de veredicto
Sólo dos de los cuatro imputados accedieron ayer a decir sus “últimas palabras” en el juicio oral y público en el que se investigan delitos de "lesa humanidad" cometidos durante la última dictadura militar en el centro clandestino de detención conocido como "Automotores Orletti".


Los ex agentes de inteligencia Horacio Martínez Ruiz y Eduardo Rufo manifestaron su agradecimiento a los jueces del Tribunal Oral en lo Federal Uno (TOF1) que llevaron adelante el proceso y expresaron su deseo que los magistrados “hagan justicia”.

Tras esas breves exposiciones que duraron algo menos de ocho minutos, los camaristas Adrián Grunberg, Oscar Amirante y Jorge Gestas dispusieron un cuarto intermedio hasta las 18, momento en que darán a conocer el veredicto final.
Fuente:Telam


Eduardo Luis Duhalde afirmó que las condenas a represores de Orletti forma parte de "la lucha contra la impunidad"
El secretario de Derechos Humanos, Eduardo Luis Duhalde, dijo ayer en Montevideo que la condena a cuatro represores del centro clandestino "Automotores Orletti" forma parte de "la lucha inacabada contra la impunidad".

Duhalde siguió junto a sobrevivientes uruguayos y familiares de víctimas la lectura de la condena a cuatro represores que actuaron en ese centro de torturas y exterminio, en tiempo real y con pantalla gigante, en el jardín de la residencia del embajador argentino en Uruguay, Dante Dovena.

Más de un centenar de personas acudieron a la lectura del fallo, entre ellas Macarena Gelman, la nieta del poeta Juan Gelman, nacida en cautiverio en Montevideo y apropiada, después del asesinato de sus padres, que pasaron por "Automotores Orletti".

También aportaron su presencia y emoción luchadoras de los derechos humanos como Belena Herrera, condecorada esta semana por la presidenta Cristina Fernández de Kirchner con la Orden de Mayo en grado de Gran Cruz, y sobrevivientes de Orletti como Beatriz Barboza y Javier Peralta, entre muchos otros.

Unos 30 uruguayos fueron parte de los más de 80 testigos que aportaron sus testimonios en el juicio oral que concluyó con las condenas conocidas ayer.

"Estamos aquí para ratificar que este es un problema de justicia, porque con impunidad no se construye ni el presente ni el futuro", expresó Duhalde a los presentes, también periodistas.

El secretario de Derechos Humanos señaló que todos los represores condenados en la Argentina recibieron sentencia de "jueces naturales, sin leyes especiales, con el mismo Código penal que se aplica a cualquier persona que cometa un delito".

También aludió a los convenios y tratados internacionales de derechos humanos y recordó el papel del presidente Néstor Kirchner en "la lucha inacabable contra la impunidad".

"Es preferible justicia tardía que impunidad", agregó Duhalde, después de lamentar que muchos sobrevivientes y familiares no llegaron con vida al juicio y castigo a los represores del terrorismo de Estado.

Tanto el secretario de Derechos Humanos como el embajador Dovena coincidieron en subrayar que "el juicio y la condena a cuatro represores de ` Automotores Orletti` son muy emblemáticos porque ese centro clandestino fue la primera base operativa del Plan Cóndor", la coordinación represiva de las dictaduras del Cono sur en los `70 y `80.

Duhalde recordó que por ese siniestro centro del barrio porteño de Floresta "pasaron decenas de uruguayos, peruanos, bolivianos, chilenos, dos diplomáticos cubanos secuestrados en Buenos Aires y prisioneros de otras nacionalidades, gran parte de los cuales fueron asesinados".

También recordó a responsables fallecidos antes del juicio y las condenas, como "el general Otto Paladino, que fue jefe de la SIDE y el verdadero jefe de `Automores Orletti` y Aníbal Gordon, de la Triple A", que se sumó a la patota de la entonces siniestra casona del barrio porteño de Floresta.
Fuente:Telam                                                                       

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