25 de abril de 2011

“PATTI CONFORMABA GRUPOS OPERATIVOS CON INTELIGENCIA DEL EJERCITO” .

“PATTI CONFORMABA GRUPOS OPERATIVOS CON INTELIGENCIA DEL EJERCITO”
Por Alejandra Dandan
Entrevista exclusiva a Lucila Larrandart, la presidenta del Tribunal que condenó a Luis Patti a prisión perpetua. La jueza reseña las pruebas contra el ex policía y explica cómo se llegó al fallo. Y discute la sentencia del Juicio a las Juntas de Comandantes

LUCILA LARRANDART EXPLICA COMO SE LLEGO A LA CONDENA A PATTI Y BRINDA SU VISION SOBRE LA MARCHA DE LAS CAUSAS CONTRA LOS REPRESORES
“En este juicio hubo realmente muchas pruebas”
La presidenta del Tribunal Oral Federal Nº 1 de San Martín reseña el papel del ex policía en la represión y explica las pruebas fundamentales en su contra. También detalla las dificultades para hacer justicia más de 30 años después de los hechos.
Por Alejandra Dandan
Lucila Larrandart, la presidenta del Tribunal que condenó a Luis Patti a la pena de prisión perpetua.Imagen: Rafael Yohai
Lucila Larrandart es la presidenta del Tribunal que condenó a Luis Abelardo Patti a la pena de prisión perpetua por el asesinato de Gastón Gonçalves y los secuestros y torturas a otros seis militantes del PJ de Escobar durante la última dictadura. En diálogo con Página/12, la jueza explica que el Tribunal probó durante el juicio que el ex intendente de Escobar no sólo actuaba como policía sino que desde ese papel operaba como hombre de Inteligencia al servicio del Ejército: “Conformaba grupos operativos a través de la Unidad Regional de Tigre, que dependía del Comando de Institutos Militares y manejaba a los hombres de Inteligencia”. Explica que eso sucedió “desde el ’74, o sea mucho antes del golpe de Estado”. En la entrevista, reseña por qué Patti nunca estuvo presente en la sala de audiencias y comenta sus impresiones ante el polémico ex camarista Alfredo Bisordi, devenido en abogado del represor. Larrandart también analiza la marcha de los juicios orales por causas de lesa humanidad.

La jueza tiene su carácter. Durante el juicio, su tono de voz inquietó más de una vez a los abogados de las querellas, pero también al propio Bisordi. Se decía que sus modos eran parte de un ritual que le permitía mostrarse fuerte en un escenario donde Bisordi alguna vez llegó a recordarle a los gritos que había sido su superior. Pero esos modos desaparecen fuera de la escena del juicio. Larrandart está en su despacho y, cigarrillo tras cigarrillo, dice que estas causas debían haberse juzgado hace treinta años, que con el paso del tiempo no sólo se pierden pruebas sino la posibilidad de condenar y de reparar, porque muchas de las víctimas también están muertas. “Si ante cualquier asonada como la de Semana Santa uno saca una ley para calmarlos (a los militares), estoy debilitando la democracia porque debilito la Justicia”, explica. Y señala que “uno no logra nada asustándose por la posibilidad de un golpe, porque con ese gesto se lo puede promover precisamente porque se demuestra que uno es débil. En cambio, si uno, asumida la democracia, reafirma el valor de la Justicia, esa democracia se fortalece”.

Larrandart quedó afuera de la Justicia con el golpe militar. En ese momento encontró un espacio de trabajo entre los organismos de derechos humanos que comenzaban con las primeras denuncias sobre la represión. Formó parte de quienes recogieron datos en el marco de la Conadep y, luego de una larga carrera judicial, ahora integra el Tribunal Oral Federal Nº 1 de San Martín, una de las cámaras encargadas de los juicios de la megacausa de Campo de Mayo. Por su pasado, usualmente ella es recusada por los represores. Se la nota acostumbrada a esas chicanas. Su tarea resulta legitimada por los tribunales de alzada.

–A más de treinta años de los hechos, ¿cómo evaluaron las pruebas en el juicio a Patti?

–Para nosotros, sean militares o no, estemos o no estemos ante crímenes de lesa humanidad, predomina el principio de inocencia o de duda con cualquier procesado. De modo que cuando damos una conclusión es porque hay muchas pruebas. Y en este juicio hubo realmente muchas pruebas. Ahora bien, es cierto que la apreciación de las pruebas en delitos de lesa humanidad tiene distintas características. Ante un delito común, yo tengo todas las pruebas más o menos a mano. Pero nosotros juzgamos delitos en los cuales hubo todo un aparato de impunidad, de no registro, de destrucción de pruebas que hace que la apreciación sea distinta. Siempre se hace de acuerdo con la sana crítica pero, aun así, un homicidio que sucede hoy no es lo mismo que uno que sucedió hace más de treinta años y donde el aparato del Estado encubrió todo y además destruyó la posibilidad del registro. Lo único que quedó –y ayudó bastante en el juicio– fueron los documentos de la ex Dipba (la Dirección de Inteligencia de la Policía de la Provincia de Buenos Aires), pero eran registros de la Inteligencia policial, ni siquiera eran de las Fuerzas Armadas. Esto es como un bordado: hay que reconstruir las pruebas a partir de un montón de datos que las vayan demostrando.

A Patti se lo juzgó junto con otros cuatro represores. Omar Riveros y Reynaldo Bignone, jefe y subjefe del Comando de Institutos Militares con asiento en Campo de Mayo; Martín Rodríguez, que era torturador del centro clandestino de Campo de Mayo; y Fernando Meneghini, jefe de la comisaría de Escobar. La relación entre Patti y Meneghini fue uno de los ejes de la condena. Desde el comienzo, las querellas habían pedido las mismas penas para ambos, al considerar que Meneghini era superior directo del ahora ex intendente. Sin embargo, el Tribunal planteó las cosas de otra manera: ubicó a Patti en cierto modo independiente de esa relación.

–A la luz de la sentencia, ¿cuál fue el rol que tuvo Patti en estos casos?

–Nosotros dimos por probado que Patti conformaba grupos operativos con el Ejército a través de la Unidad Regional de Tigre, que tenía hombres de Inteligencia. Eso sucedió desde el ‘75, mucho antes del golpe de Estado. La Regional conformaba los grupos con hombres de las comisarías de la zona. Hay procedimientos probados antes del golpe, Patti aparece en grupos operativos que reportaban a la Regional, y esos datos están en los registros de la ex Dipba. Meneghini llega a la comisaría a fines de enero de 1976; Patti ya estaba ahí: o sea que ya hay una actuación de él en forma independiente. Patti operaba desde antes con otro comisario y evidentemente eso demuestra que ya actuaba con la Unidad Regional.

–¿Eso explica por qué el Tribunal condenó a Meneghini a seis años y a Patti le dieron prisión perpetua?

–En un juicio penal hay que demostrar que una persona participó de un hecho dolosamente. Muchas veces en las acusaciones se usa la teoría de Roxin, que yo rechacé ya en 2005, sin demostrar ninguna conducta de la persona. Se dice por ejemplo que como tal persona tenía tal cargo, entonces debió dar las órdenes. Pero nosotros no estamos de acuerdo con eso: no creemos que haya un autor mediato y otro inmediato que es fungible o intercambiable, como dice él. Para nosotros no eran fungibles los autores inmediatos: cada cual tenía su rol en esta maquinaria de exterminio. Y eran importantes todos los roles, no es que los de abajo eran fungibles.

En esta explicación, Larrandart alude tanto a Patti como a Meneghini. Según la teoría de Roxin, existen dos clases de autores de un hecho: un autor directo o inmediato, que sería el caso de Patti, y un autor mediato, que sería “el autor detrás del autor”, la persona que ejerce una conducta a través de otra persona. Ese sería para los querellantes el papel de Meneghini, pero el Tribunal le asignó un rol distinto. Larrandart explica que, en la causa, ese rol distinto se observa en el secuestro del delegado de la Ford, Osvaldo Ariosti. “Este caso demuestra la actuación de Patti, independiente de la comisaría de Escobar –señala–. A Ariosti lo levantan, lo llevan directamente al barco fondeado en el astillero de Villa Dálmine y no pasa por la comisaría, como sí sucedió con los otros casos de secuestro. Evidentemente hubo una independencia cuando se conformaron los grupos operativos. Su testimonio se incorporó por lectura, porque falleció. Y ésa es otra de las características de estos juicios: ha pasado tanto tiempo que uno tiene que incorporar por lectura lo que pasó, porque muchas de las personas murieron.”

–Durante el juicio, la fiscalía planteó la posibilidad de que Patti no sólo haya actuado como policía sino que, además, fue un hombre del Batallón 601 del Ejército. ¿Ustedes hicieron la misma lectura?

–Patti era oficial de calle. Como en ese momento no tenían un hombre de Inteligencia, él era quien hacía Inteligencia. Lo hizo desde 1974. No hay que olvidarse de que además la Unidad Regional dependía de Institutos Militares.

La salud de Patti
–El juicio empezó con Patti en una ambulancia. ¿Qué expectativas tenían sobre su participación?

–Nosotros hubiésemos fijado más días de audiencias a la semana, pero en función de la salud de Patti decidimos hacerlas sólo dos veces. Si hubiésemos hecho cuatro audiencias por semana, el juicio hubiese terminado tres meses antes. Pero para que Patti estuviera en la sala, decidimos hacerlo más espaciado; y eso terminó retrasándolo.

–A través de sus abogados, Patti dijo varias veces que no quería estar en las audiencias. Ustedes en general lo impulsaron a asistir, aunque le permitieron no estar en la sala y quedarse en la ambulancia. ¿En algún momento eso estuvo en duda?

–Fuimos firmes salvo cuando por dictamen médico nos decían, por ejemplo, que le había subido mucho la presión y que era riesgoso el traslado. El estuvo durante todos esos meses internado en el Fleni, que es una clínica muy buena en Escobar. Cuando el médico nos daba un diagnóstico, nosotros tomábamos la decisión. Y cuando lo trasladaban a la sala de audiencias, nunca entró: no quería estar en el juicio. Pese a todo, el TOF le pidió a Patti que estuviera presente en el último tramo del juicio. Por protocolo, los acusados deben decir personalmente si quieren o no quieren pronunciar unas últimas palabras antes de la sentencia. Y en cualquiera de las dos instancias –tanto si desean hacerlo como si no– deben pronunciarlo por sí mismos. Salvo cuando no están dadas las condiciones físicas o clínicas del imputado para hacerlo.

–Ustedes lo convocaron. ¿Cómo fue la decisión?

–Patti está siempre con un cuello ortopédico colocado, pero en realidad está muy bien de salud. Hace varios meses lleva adelante un tratamiento de rehabilitación. El último informe médico que nos dieron en febrero decía que el máximo puntaje de la rehabilitación es 127. Cuando llegó al Fleni, estaba con 68 de inhabilidad y ahora había llegado a 109: es decir que adelantó mucho y se movilizaba perfectamente en la silla de ruedas, propulsándose por sí mismo. En función de eso, nosotros decidimos que concurriera sea como fuere para pronunciar sus últimas palabras. La defensa no quería. Pero, para hacerlo, nosotros nos basamos en el dictamen del médico; y el dictamen decía que había adelantado muchísimo.

–Patti continúa en el Fleni. Los querellantes pidieron el alojamiento en una cárcel común, como para el resto de los represores. ¿Ustedes evalúan el traslado?

–Vamos a ver en qué estado de salud está después de la lectura de los fundamentos de la sentencia, que sucederá a comienzos de mayo. En ese momento veremos en qué unidad puede continuar con su tratamiento, porque hay unidades con más infraestructura sanitaria que otras. Y como ha adelantado bastante, vamos a ver cuál es la unidad que está en mejores condiciones.
Fuente:Pagina12


LAS CRITICAS AL JUICIO A LAS JUNTAS DE COMANDANTES
El debate jurídico
La jueza rechaza la teoría puesta en juego en el juicio de 1985 y critica aspectos de la sentencia: plantea que levantó la teoría de los dos demonios y adelantó la Obediencia Debida.
Por Alejandra Dandan

“Yo no cito la Causa 13, me parece la peor causa, aunque sus protagonistas están considerados héroes. Si uno la lee completa, observa que además de levantar la teoría de los dos demonios adelanta la Obediencia Debida.” La Causa 13 es el emblemático fallo del Juicio a las Juntas de Comandantes. Lucila Larrandart vuelve a ella para confrontarla con los juicios que se están desarrollando en este momento y en los que ya no se está juzgando sólo a las cúpulas sino, por primera vez, a los ejecutores directos de la represión. A Luis Patti, entre ellos. En ese sentido, discute las teorías jurídicas que en los primeros años de la democracia dejaron a salvo a los responsables directos. Y dice: “No es que cualquiera era intercambiable: eran grupos operativos que realmente actuaban sabiendo lo que hacían y queriendo hacerlo”.

–Usted dijo hace poco que estas causas debían haberse juzgado hace treinta años.

–Hace treinta años se hubiese podido investigar más. En la década del ochenta, con la democracia, yo tenía todo. Estaban todos vivos. Y además podía haber investigado mejor. Tal vez todavía había pruebas que luego se destruyeron. Pero el problema es que nunca se investigó. Por las leyes de Obediencia Debida y de Punto Final: ahí se dejó de investigar todo. Este es el tema, más allá de la amnistía. ¡En el ’86 estábamos cerca de los hechos! Hubiese sido fácil para todos avanzar. Ahora muchos familiares se han muerto y no lograron ver las condenas. Después de treinta años, tenemos lo que quedó de los familiares, lo que quedó de la prueba.

–Lo que quedó de los imputados...

–Muchos están muertos. Y se trata de hacer justicia con respecto a hechos muy tremendos, porque no fue cualquier golpe de Estado. En golpes anteriores, se declaraba estado de sitio y ponían a todo el mundo en las cárceles y a disposición del Ejecutivo. Este fue otra cosa, entonces la reacción de la democracia tendría que haber sido fuerte porque los hechos habían sido muy terribles. Yo no cito la Causa 13: me parece la peor causa, aunque sus protagonistas están considerados como héroes: si uno lee toda la causa, observa que enuncia la Obediencia Debida. Por eso, Meneghini y Rodríguez acudieron a la Causa 13 para defenderse, porque les da la razón. La Causa 13 condena a los comandantes y dice que los demás obedecieron órdenes: adelanta lo que después fue la Obediencia Debida y además utiliza la teoría de los dos demonios.

–Hay quienes dicen que un valor de la Causa 13 es el peso que les dio a los testimonio de los sobrevivientes: consagró la posibilidad de tomarlos como prueba para demostrar la existencia de los desaparecidos.

–A mí me parece que no tiene ninguna virtud. Es importante, claro, porque fue la primera condena, pero se hizo para que todo terminara en la Junta. Como para decir: “Acá se terminaron todos los juicios”. Y lo enuncia. Pero si no se estaba juzgando a los subordinados, no había necesidad de adelantarse para evaluar si ellos obedecieron órdenes o no. Se estaba juzgando solamente a los comandantes. Y no olvidemos que en el marco de la Causa 13 no se investigó nada. (Raúl) Alfonsín le dio la investigación a la Justicia Militar y les dijo que si pasado un tiempo no avanzaban, las causas iban a pasar a la Cámara Federal. La Cámara Federal se avocó al trabajo, pero no pudo juntar pruebas porque no hubo un juez de primera instancia que investigara nada antes.

–Sin Causa 13, ¿desde dónde piensan los fallos?

–Los fundamentos de la Causa 13 fueron para los comandantes. Yo estoy juzgando a los que ejecutaron el Plan. Para eso, tampoco uso la “autoría mediata” que usaron ellos. Esta discusión todavía no se dio. Todo el mundo copia y pega la Causa 13 y la teoría de Roxin (ver nota principal). Y no se dio todavía un debate acerca del aparato organizado de poder. Yo respeto la teoría de Roxin, pero nunca voy a decir como dice él que es fungible (intercambiable) el ejecutor de abajo. Yo creo que pierde protagonismo y reprochabilidad el de abajo, que estaba de acuerdo con el Plan, que lo ejecutó perfectamente y que no era fungible porque no cualquiera actuaba: no es que si un conscripto no obedece yo puedo traer a otro. No era así. Eran grupos operativos que actuaban realmente sabiendo lo que hacían y queriendo hacerlo.

–Fuera del juicio a los de abajo, los querellantes ven en la teoría de Roxin una forma de atar, ante la falta de pruebas, la responsabilidad hacia arriba.

–¡Pero están todos los reglamentos y directivas del Ejército que hablan de la libertad que cada uno tenía en cada uno de los lugares para actuar! Yo tomo bastante a un autor llamado Jacobs, que critica a Roxin y dice que aunque no se actúe directamente, si yo en un plan diseño el marco y otros le ponen el relleno, son todos coautores. Porque en un plan sistemático hay marco y relleno: todos son necesarios para la concreción de los hechos. Entonces, son todos coautores.
Fuente:Pagina12


El polémico defensor de Patti
Alfredo Bisordi casi nunca faltó a las audiencias. Sus cruces vehementes con los jueces eran habituales, sobre todo al comienzo. El paso del tiempo doblegó un poco su verba inflamada, pero en el alegato final volvió a su tono beligerante. En esa ocasión, en la que fue nombrando a muchos de los testigos que declararon en el juicio por los rangos que habían ocupado en la organización Montoneros, acusó a Lucila Larrandart de parcialidad. Le reprochó su paso por la Conadep. Y habló de “linchamiento judicial” de su defendido.

–¿Cómo le cayó la actuación de Bisordi?

–Yo creo que Bisordi no tiene experiencia en juicios orales. La querella pidió que lo sancionáramos. Yo rechacé la sanción y cuando lo hice dije que esperaba que con el paso de tiempo y la experiencia mejorara su conducta. Pienso que lo de Bisordi es impericia, más que una conducta hecha a propósito.

–La querella dice que Bisordi mintió durante su alegato para tergiversar las declaraciones de los testigos. Por eso pidieron una sanción.

–Ellos dicen que Bisordi no se limitó al derecho de defensa, pero yo creo que lo suyo fue una torpeza profesional. Nadie puede pensar que va a engañar a todos los jueces que estuvieron presenciando la prueba. Por eso, a mí me parece que lo hace más bien por una falta de experiencia con las causas penales. Como que todavía no dejó de creerse... A mí me dijo un día: “¡Recuerde que fui superior suyo!”. ¡Esto es un disparate! O sea, forma parte de su propia torpeza. Porque siendo defensor yo no puedo escupir para arriba, enfrentarme con el tribunal y perjudicar a mi cliente. O faltar el respeto.
Fuente:Pagina12


Las víctimas del policía
Las querellas consideran a Patti autor del crimen de Gastón Gonçalves, ustedes en cambio lo consideraron partícipe primario. ¿Por qué?

–Está probada la participación de Patti en las torturas y privación ilegal de la libertad. Pero para decir que una persona es autor de algo tengo que explicar lo que hizo. De lo que yo estoy convencida es de que primero, fue en la madrugada del 24 de marzo, el momento en el que se interviene la comisaría de Escobar. Los militares no conocían la zona, el que hacía inteligencia en Escobar es el que señala a la gente militante de la zona. Y además, está el lugar donde aparece el cadáver: tiene que haber sido señalado por él porque ahora es una zona medio urbanizada pero en ese momento eran pastizales altos y no se veía nada. No había circulación de la gente, evidentemente ese lugar lo señaló alguien de la zona.

–Otra de las víctimas es el ex diputado Diego Muniz Barreto. Las querellas sostienen que Patti lo secuestró. ¿Quedó probado?

–Eso está probado. Fue Patti. Y además ni Muniz Barreto ni su secretario privado (secuestrado con él) fueron torturados en Escobar. Por eso Patti aparece como autor primario de las torturas, porque es la persona que los entrega a la Regional de Tigre para que los lleven a Campo de Mayo: él sabía lo que les iba a pasar.
Fuente:Pagina12


La Unidad de seguimiento
Lucila Larrandart baja por las escaleras de comienzos del siglo XVIII de la casona de Olivos donde funciona el Tribunal. El antiguo comedor es una sala de audiencias adecuada para los juicios cotidianos, pero muy pequeña para los de lesa humanidad. Durante la hora y media de entrevista, Larrandart reclamó varias veces por distintos aspectos a la Unidad de Seguimiento de las Causas de Lesa Humanidad de la Corte Suprema de Justicia de Nación.

Hasta ahora, el TOF hizo tres juicios: para el primero consiguió un auditorio en un fuero provincial porque el presidente del espacio –supieron después– era hijo de desaparecidos. Otra vez, una canchita de fútbol en un centro de jubilados. El último juicio se hizo en el auditorio municipal de San Martín. Larrandart llamó tres veces a Ricardo Lorenzetti para preguntarle cómo resolver estos temas antes del juicio a Patti. El presidente de la Corte no atendió ni devolvió la llamada.

–¿Cómo evitar que los testigos tengan que volver a declarar?

–-Nosotros logramos incorporar al juicio a Martín Rodríguez. Si no hubiese sido así, íbamos a tener dos juicios con las mismas víctimas. La Unidad de la Corte no hace ningún seguimiento. Tendría que asesorar a los jueces de instrucción sobre cómo actuar y ver si están elevando bien las causas. Lo mismo que hace bien la Procuración. No es tanto trabajo, es ayudar a racionalizar las causas. La prioridad es acortar el tiempo: es más importante avanzar que el número de imputaciones, porque nos vamos a quedar sin acusados, se van a ir muriendo todos.
Fuente:Pagina12

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