miércoles 20 de abril de 2011
Orgullo y prejuicio
Por Álvaro Cuadra
Los resultados de las últimas elecciones en Perú son el resultado de una compleja ecuación política y social de aquel país en la actualidad. Los dos candidatos triunfadores, la señora Fujimori y el señor Humala dan cuenta de un cierto desencanto con los gobiernos de centro que han gobernado este país los últimos periodos. El fracaso del candidato Toledo es el signo más elocuente de este estado de ánimo.
La sola presencia de la señora Fujimori en la actual contienda electoral, abre algunas interrogantes sobre la sociedad peruana de hoy y nos trae a la memoria, de manera inevitable, aquellos años en que gobernaba con mano autoritaria su padre. Un gobierno del que ella formó parte en calidad de primera dama. El apellido Fujimori significa en la política peruana y latinoamericana violación de los derechos humanos, abuso de poder y robo. Si hay algo que rescatar de todos estos años de reconstrucción democrática en el Perú es, precisamente, el procesamiento de Fujimori y sus cómplices por crímenes horrendos. Todo este cuadro convierte a la señora Keiko Fujimori en un personaje, por decir lo menos, controversial.
El señor Humala ha alcanzado una primera mayoría relativa con más del 30%, lo que lo convierte en el favorito en una segunda vuelta. Todo dependerá de las alianzas políticas que sea capaz de establecer en las próximas semanas, considerando el escenario mundial y regional que condiciona el margen de maniobra de un país como el Perú. Si bien algunos sectores, dentro y fuera del Perú, han querido identificarlo con el presidente venezolano Hugo Chávez, lo cierto es que el candidato señor Ollanta Humala se ha presentado más próximo a las políticas de ex presidente Lula.
Más allá de los prejuicios con que se califica a esta candidatura, es interesante destacar su respetable y legítimo orgullo y sentido patriótico y su justo reclamo contra la marcada desigualdad en la distribución de la riqueza como resultado de las políticas neoliberales puestas en marcha. Los peruanos son los únicos llamados a aceptar o no - de manera soberana - las visiones propuestas por este candidato.
En el ámbito de la política internacional el prejuicio de cualquier tipo se opone al sentido pragmático que debiera presidirla. Esto es válido en Chile como en cualquier parte del mundo. Así, entonces, no parece oportuno que las autoridades chilenas se hagan eco de especulaciones y prejuicios que sólo opacan las buenas relaciones a las que se aspira. La mera posibilidad de que el señor Ollanta Humala sea uno de los candidatos que pudiera alcanzar la primera magistratura de un país vecino debiera ser un llamado al respeto y a la prudencia.
Fuente:Argenpress
miércoles 20 de abril de 2011
En blanco y negro: Miedo, miedo y miedo...
Por Carlos Angulo Rivas
Están ocurriendo situaciones un tanto raras, aunque normales cuando se trata de sorprender a los votantes de la segunda vuelta electoral. El editorial de El Comercio de hoy dice “55% de los peruanos se quedaron sin candidato.” La ONPE con los resultados hasta hoy contabilizados desmiente al decano de la prensa nacional que, casi de manera excesiva, se juega por la presidencia de Keiko Fujimori. Pues si Ollanta Humala llega a 31.71% y la hija del dictador preso por crímenes de lesa humanidad y latrocinios al estado tiene 23.55% la suma nos arroja 55.26% y quienes se quedaron sin candidato serían 44.74% de los electores. Así la equivalencia, El Comercio cuando menos debería aprender a sumar y restar.
Pedro Pablo Kuczynski, el candidato presidencial gracias a los “chanchullos” del Jurado Nacional de Elecciones, que justificó su candidatura siendo estadounidense y renunciante a la ciudadanía peruana, se lanzó por indicaciones de su promotor, Alan García, a establecer la agenda política del país. Fracasado el intento de instalar un extranjero en palacio de gobierno, PPK y García Pérez elaboraron un “Pacto por el Perú” con miras a mangonear a los electores. Las generalidades de ese documento firmado por Keiko Fujimori no sirven para nada, excepto para crear confusión con el objetivo de infundir temores. Por lo demás, como PPK no salió con su gusto llamó “partidos apestosos” a todos.
De ahí para adelante, piensan los elementos de la derecha extrema, los Opus Dei, los criminales fascistas y las mafias de corruptos e inmorales, será crear miedo a través de los medios de comunicación adictos al gobierno alanista y a la putrefacción del país. La juerga amoral debe continuar. En este sentido no me explico la actuación de Carlos Tapia frente a una periodista fujimorista por todos su contornos como Rosa María Palacios, una provocadora profesional, que insiste todos los días en leer párrafos de del Plan de Gobierno de Ollanta Humala con la finalidad de distorsionarlos y mentir descaradamente.
Tapia pisó el palito y se fue de narices solito. En primer lugar porque el plan inicial de Humala pertenece al modelo neoliberal con ciertos ajustes similares a los propuestos por Alejandro Toledo. En segundo lugar porque ese plan obtuvo el 31.71% de apoyo popular y no el cincuenta por ciento más uno para aplicarlo en su integridad, cosa que no mencionó Tapia para salir airoso del acoso de la señora Palacios. Y en tercer lugar, porque ya en la segunda vuelta Ollanta Humala y su equipo han convertido ese plan en referencial con miras buscar consensos de apoyo extensivo a un futuro gobierno. Gobierno que, de producirse, no distará mucho de lo que fue el gobierno de Alejandro Toledo 2001-2006.
Sin embargo, como una cantaleta de mentiras para crear el contagio del miedo, Rosa María Palacios, El Comercio, Perú 21, Correo, La Razón, RPP, canales 2, 4 y 5, etc. etc. insisten en leer el plan inicial de Ollanta Humala convertido en referencial y no pronunciarse sobre lo concreto de las nuevas posiciones adquiridas por el equipo técnico-político del candidato de Gana Perú. Y eso no es todo, Alan García interviene en la misma campaña del miedo, cínicamente, diciendo el pobrecito, tremenda sabandija y cleptómano, que ha perdido el 25 % de su Compensación de Tiempo de Servicios CTS debido al pánico financiero por la incertidumbre de las elecciones presidenciales y el plan “nacionalizador” de Ollanta Humala. Interesadamente se olvida el ladrón de “siete suelas” que todas las bolsas de valores del mundo han caído por la crisis internacional y la de Lima también por lo mismo.
¿Plan nacionalizador? En estricta definición del concepto, ni en el plan inicial de Ollanta ni en el que se cocina con los aportes nuevos existe algo parecido a la nacionalización de los recursos naturales o a la estatización de empresas como se pinta, para crear temores, por parte de los líderes conocidos de las mentiras a fin de favorecer a la corrupta Keiko Fujimori y a la mafia de su padre el delincuente preso. Además, en medio de la confusión político-ideológica, de él y sus asesores, Ollanta Humala repite a cada momento que su nacionalismo es una noción política y no económica. Y en lo referente a los puertos, aeropuertos o líneas de bandera nacional, tema favorito de la Palacios, se habla de una participación del Estado sin señalar porcentajes lo que vendría a ser una especie de empresa mixta y de ninguna manera una estatización.
Qué periodismo nuestro y qué país el que nos espera.
Fuente:Argenpress

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