19 de abril de 2011

REPERCUSIONES JUICIO A PATTI - MANUEL GONÇALVEZ.

19-04-2011
"Con Patti preso respiro otro aire"
Manuel Gonçalves, hijo de desaparecidos, querellante en la causa que mandó al ex comisario Patti a la cárcel. "La Argentina es el único país del mundo que está logrando juzgar su historia de manera contemporánea", dijo.

Cuando la mamá de Manuel Gonçalves —Ana María del Carmen Granada—, aquel 19 de noviembre de 1976, sintió que su casa en el centro de San Nicolás estaba rodeada por una patota parapolicial, comprendió que a su vida le quedaban pocos segundos. Entonces decidió al menos intentar salvarle la vida a su hijo Manuel, de 4 meses, que tenía en sus brazos, y decidió esconderlo en un placar. Instantes después, la patota militar acribilló a balazos a Ana María del Carmen, mientras Manuel, por milagro, seguía con vida. Dentro del placar.

Luego de increíbles vicisitudes —que el propio Manuel llama, con humor, “vida intensa”— Gonçalves fue adoptado de buena fe por una familia que de todos modos desconocía —el juzgado en su momento no investigó— la verdadera procedencia de “Manu”, como se lo conoce en el ambiente de los organismos de los derechos humanos.

Casi ocho meses antes de ese día dramático en que mataron a su madre a pocos metros suyo, apenas del otro lado de la puerta del placar, Manuel ya había perdido a su papá, Gastón Roberto José Gonçalves, militante de Montoneros, también víctima de la represión ilegal, por un grupo comandado por Luis Abelardo Patti, en Escobar, provincia de Buenos Aires.

Manuel encontró los huesos de su papá en el 96, entonces pudo conocer su verdadera identidad, su procedencia. Diez años después, y luego de que el gobierno de Néstor Kirchner impulsara y lograra la derogación de las leyes de obediencia debida y punto final, “Manu” llevó al banquillo al matador de su padre, Patti. Desde hace apenas tres días, el ex intendente de Escobar pasó a la categoría “condenado con cadena perpetua”, que cumplirá pena en cárcel común. “Ahora respiro otro aire”, le contó a La Capital, en una entrevista exclusiva a horas de la sentencia histórica contra Patti.

“El gesto político de los diputados nacionales cuando le impidieron el ingreso a la Cámara fue fundamental”, no quiere olvidarse Manu.

—¿Tenían alguna duda del peso de las pruebas que llevaron al juicio?


—No teníamos dudas en cuanto a las pruebas que ofrecíamos. Quizá tuvimos incertidumbre en cuanto a cómo iban a interpretar los jueces las pruebas sobre hechos sucedidos 30 años atrás. Ofrecimos los testimonios de los sobrevivientes, ofrecimos incluso prueba documental que logramos en los últimos tiempos. La prueba era buena, y se quedó claro con la defensa que ensayaron ellos, fue increíble. Sólo pudieron defenderse mintiendo, creando nuevos personajes.

—Ahora que el matador de tu padre fue condenado por la J usticia, ¿qué sentís en lo personal?, ¿qué cambió para vos?

—Diría que se inicia un capítulo más en mi vida, que como sabés fue una vida intensa ( risas). Ahora se inicia una etapa donde puedo caminar con más aire. Es que en la Argentina estamos acomodando una escala de valores que hemos estado trastocando durante muchos años. El juicio a un tipo como Patti demostró que podemos cambiar como país, que podemos tener una nueva oportunidad, que puede resolver su cuenta pendiente con la Justicia. Que se puede derrotar a la impunidad. Pude viajar bastante en los últimos años por el mundo y te aseguro que podemos sentir orgullo, la Argentina es el único país del mundo que está logrando juzgar su propia historia y de manera contemporánea.

—Cuando recuperaste tu identidad, en el 95, eras un chico que asomaba tímidamente, casi pedías permiso para esa nueva identidad. ¿Cómo ves hoy aquel momento, en contraste con el actual, con Patti condenado por la Justicia?

—Es muy fuerte, entre aquel que era en el 95, y el que soy ahora, hay un abismo. Esta historia que viví en los últimos 16 años me fue enseñando, lastimando y sanando a la vez, un crecimiento impresionante que no se puede dominar. De todos modos, cuando encaré el proceso judicial, sabía que me iba a llevar años, y que iba a ser difícil. Patti no es un represor más, era un tipo que estaba dentro del sistema político con un sólido apoyo de sectores del poder actual.

—¿Cómo decidiste meterte en la pelea judicial para buscar justicia por el asesinato de tu papá?

—Cuando cayeron las leyes de obediencia debida y punto final nos reunimos con unos amigos de Hijos, justamente en Rosario, y decimos mandarnos. Fue como buscar algo utópico, no sabíamos bien todas las complicaciones que iban a venir después. Entre los compañeros que decidimos presentarnos en la querella de Patti estuvo esa noche Ana Oberlin —abogada y miembro de Hijos de Rosario— y terminó siendo ella, naturalmente, la que representó a mi familia.

—¿Nunca pensaste en alejarte de la pelea judicial, que es tan engorrosa y lenta?

—No, mi determinación fue seguir, siempre. En nombre de mis cuatro abuelos, que ya no están y que murieron pensando que iba quedar todo impune. Seguí por ellos, y con el ejemplo de la Madres y de las Abuelas.

—Cuando le inician el juicio, Patti no era —como en otros casos— un represor olvidado, jubilado, de bajo perfil, más bien era un hombre activo, con cierta centralidad en el mundo político, con casi medio millón de votos obtenidos en 2005, e invitado permanente a programas televisivos políticos como los de Luis Majul y Mariano Grondona. ¿Lo vivieron con un peso adicional al desafío?

—Fue muy difícil. Patti tuvo decenas de editoriales de los diarios más importantes ( Clarín y, en especial, La Nación) que lo defendieron abiertamente. Tuvo y todavía tiene al día de hoy, el apoyo de Chiche y Eduardo Duhalde. Esa gente, en aquellos años, nos basureaba en la cara.
Fuente:LaCapital
FuenteFoto:Notio.com                                                       

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