6 de abril de 2011

REPERSUSIONES POR EL FALLO ORLETTI.

“Conocíamos la tortura pero no imaginamos Orletti”
La sentencia por la causa que investigó en Argentina cómo operaba el centro de represión Automotores Orletti en gran parte fue posible por el testimonio de muchos uruguayos que sobrevivieron al horror de las torturas, los asesinatos y el robo de bebés, sistemáticos por esos años en el Río de la Plata. Un paradigma del Plan Cóndor que No toquen nada repasó con los testimonios de quienes vivieron para contarlo.
Familiares de desaparecidos aplauden en la embajada argentina de Montevideo durante la lectura del fallo. (AFP ©Miguel Rojo)


Orletti fue uno de los centros de tortura más perversos de América del Sur. Funcionó hace 34 años en Buenos Aires como centro de represión de militantes de izquierda argentinos, uruguayos, brasileños y chilenos. Este jueves, el general retirado Eduardo Cabanillas fue condenado por la justicia argentina a prisión perpetua, como principal responsable de ese campo de concentración.

Además, el tribunal federal de la capital argentina condenó al ex policía Raúl Guglielminetti a 20 años de cárcel y a los agentes civiles de inteligencia Eduardo Ruffo y Horacio Martínez Ruiz a 25 años cada uno.

Entre agosto y setiembre de 2010 la causa escuchó los testimonios de varios uruguayos que sobrevivieron para contar los horrores de Orletti. Al finalizar el duro proceso del juicio oral, en el 2010, la periodista Florencia Melgar entrevistó a varios de ellos, entre los que estaban Elba Rama, Alicia Cadenas, Ana Inés Quadros y Sara Méndez.

Elba Rama trató de trasmitir la violencia en Orletti que, en sus palabras, le resultaba impensable que pudiera existir. Dijo que ni ella ni las personas que ya habían vivido experiencias de detención o de tortura habían pensado que existían lugares con esa crueldad y bestialidad. “Sabíamos que existía la tortura, pero nadie se había imaginado las características que podía tener en Orletti.”, dijo.

Pasaron 34 años pero hay cosas de Orletti que son imposibles de olvidar, expresó Elba. “Lo que más te afectaba era sentir que al otro lo estaban destrozando. Sentir los gritos y toda esa locura”. Contó, por ejemplo, que a Mario Santucho, después de verlo destrozado y delirando, lo mataron sumergiéndolo en un tanque con agua, en el mismo lugar donde estaba ella y el resto. Y entre ellos también se encontraba la cuñada de Mario Santucho, que estaba embarazada e igual la torturaron. “Es imposible de comprender y aceptar”, dijo.

Ana Inés Quadros es otra de las militantes que vivieron para denunciar el horror. Recién ahora pudo contar que Manuel Cordero la violó, como parte de la tortura, algo que hasta hace no mucho le resultaba avergonzante contar. “Por un lado, sentía una vergüenza espantosa, sentía un dolor que atraviesa muchas capas de mi ser, un dolor psicológico”, dice, y cuenta que ahora pudo contarlo y denunciarlo con todas sus fuerzas, “algo tremendamente liberador y sanador”.

Muchos trataron de entender cómo funciona la cabeza del torturador, y su sentir. Es el caso de una de las sobrevivientes, Alicia Cadenas, que trató, pero no pudo. Cadenas piensa en que hay relatos que indican que esos torturadores iban a Punta del Este, por ejemplo, veraneaban, participaban en fiestas sociales, y que al otro día o esa misma noche volvían a su trabajo. “¡Y tu trabajo es tener gente destrozada, tener a uno colgado, dejar a un muerto! Eso es lo que no me puedo explicar, cómo sobrevivieron haciendo esa doble vida”, expresó.

Otro de los casos más conocidos es el de Sara Méndez. Cuando fue secuestrada y llevada a Orletti, Méndez había dado a luz recientemente. Le sacaron a su hijo de 20 meses, Simón, que encontraría décadas después, luego de dedicar su vida a buscarlo.

Méndez cree que los sistemas represivos dejan vivos a algunos testigos para generar miedo, para que cuenten el horror, para multiplicar su efecto. En la entrevista explicó que la desaparición forzada tenía un doble efecto: por un lado, eliminar al opositor político; por otro, aprovechar a los que sobrevivían, ya que estos “iban a contar”. Entonces era la prolongación de ese horror que habían vivido, lo que permitía que las sociedades, una vez salidas de las dictaduras, mantuvieran el miedo. “Nosotros sobrevivimos porque en ese momento la dictadura necesitaba demostrar que acá la subversión seguía activa y que había riesgo, y por lo tanto, mantener un aparato represivo intacto, o mejorarlo inclusive. Y, por lo tanto, que se mantuviera un presupuesto militar, que venía del imperio”.

Macarena Gelman es uno de esos niños víctimas del horror de la represión. Macarena nació en medio de este operativo, que comenzó en Argentina. Su madre continúa desaparecida.

El reclamo de Macarena, para que haya mayor investigación, llevó al fallo de la Corte Interamericana de Derechos humanos, que se conoció hace diez días. Macarena pide que se investigue y que se tenga voluntad política de hacerlo.

Orletti fue paradigma de la represión del Plan Cóndor. Fue uno de los centros de tortura más perversos de América del Sur, que estuvo operativo en el barrio Floresta de Buenos Aires entre el 11 de mayo y el 3 de noviembre de 1976.

A pesar de que por mucho tiempo se quiso hacer creer que era un operativo paramilitar no oficial, hoy está comprobado que dependía funcionalmente de la Secretaría de Inteligencia del Estado de Argentina. Unos 200 detenidos, entre uruguayos, argentinos, brasileños, chilenos y fueron torturados en ese lugar.

El juicio, que finalizó el jueves, duró diez meses, se desarrolló en Argentina e inculpó a cuatro de los 18 argentinos considerados responsables. La segunda parte del operativo se realizó en Uruguay y poco se sabe de ese período por la vía de investigación judicial.
Fuente:Redaccion180                                                                    

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