29 de abril de 2011

VENEZUELA.

jueves 28 de abril de 2011
Venezuela y la entrega de Joaquín Pérez: Más preguntas que respuestas
Por Marcelo Colussi
La situación creada con la entrega por parte del gobierno venezolano de Hugo Chávez del compañero revolucionario Joaquín Pérez a las autoridades de Colombia abre inquietantes preguntas.

Ya se han escrito innumerables análisis al respecto, y sin duda se seguirá haciéndolo. La presente nota quizá no aporte nada nuevo, pero me siento en la imperiosa necesidad ética de tomar la palabra y agregar algo más al debate.


Sin lugar a dudas, el escenario creado es muy complejo, y en ese caso no sirven visiones simplificadoras, o incluso maniqueas, de “correctos” e “incorrectos”, de “buenos” y “malos”. Pero que la medida tomada por el gobierno venezolano (o quizá habría que decir más correctamente por Hugo Chávez) levanta muchos olas, de eso no caben dudas.


Dicho de otro modo: la medida en cuestión, que evidentemente tantas reacciones ha despertado en todo el mundo, no es cualquier cosa. Marca el estado actual y una posible perspectiva de futuro del proceso bolivariano.


El llamado socialismo del siglo XXI, cuando empezó a tomar forma una década atrás, despertó gran esperanzas en el campo popular, de Venezuela, de Latinoamérica, e incluso del planeta entero. Hoy abre dudas. La reciente medida de entrega de un compañero militante comprometido con la causa del socialismo, para el caso tildado de “terrorista”, las refuerza.


Puede decirse, como por supuesto ya se ha hecho, que todo fue una maniobra bien orquestada por la derecha para intentar cercar, una vez más, al gobierno revolucionario de Venezuela. Es probable, por supuesto. De todos modos, más allá de la posible treta montada, quedarnos sólo con esa “explicación” no abona en beneficio del socialismo del siglo XXI, o del siglo que fuere. Lo mismo se dijo, por ejemplo, con la famosa maleta cargada de dólares que les fue encontrada a funcionarios de PDVSA en el aeropuerto de Buenos Aires algunos años atrás. ¿Maniobra de la CIA? Por supuesto que puede ser, pero eso no excusa de la responsabilidad ética de quienes están conduciendo el proceso que tiene lugar en Venezuela. ¿Pero qué pasó luego del show montado por las fuerzas de la derecha: realmente se terminó con la corrupción? De eso es lo que debe hablar de verdad una ética revolucionaria.


Podríamos decir que sin la más mínima duda la llamada telefónica del presidente colombiano Juan Manuel Santos cuando Joaquín Pérez aún estaba en vuelo creó un escenario imposible de sortear: “o se está a favor o en contra del terrorismo”. Eso, incluso, debería ser el punto de partida del análisis. ¿Quién permitió que Pérez subiera al avión? Si era tan buscado, ¿por qué no se lo detuvo antes, en Alemania por ejemplo, cuando abordaba? ¿Por qué la llamada de Santos se da justo en ese momento? Obviamente que hay en todo eso un aceitado mecanismo puesto a funcionar. ¿Para qué está la CIA si no? Ese es su trabajo, en definitiva. La cuestión estriba en la respuesta del presidente Hugo Chávez.


Desde una defensa irrestricta y no crítica del comandante de la revolución, por supuesto que vamos a encontrar justificaciones a la medida. En el ámbito político, todo es justificable. También se justificó lo de la maleta cargada de dólares de la que hablábamos. ¿Nos quedamos con las excusas nomás?


Podrá decirse ahora que, en vísperas de año electoral, no es políticamente aconsejable mostrar los dientes y ponerse de enemigo a Colombia (¿léase: “hacer buena letra con Washington”?) Paralelo a la medida aparece un aumento del 45% a los trabajadores estatales. Encomiable, por supuesto. Pero una cosa no quita la otra. ¿No hay principios éticos?


Sin dudas que se podrá decir –y ya se ha dicho, por supuesto– que levantar la voz contra la medida puede deberse a un izquierdismo trasnochado, poco útil a la estabilidad del proceso en este momento. Pero ¡cuidado! Si hablamos de revolución tenemos que hablar, quizá antes que nada, de principios. Si no, estaríamos como aquella macabra humorada de Groucho Marx: “Estos son mis principios, ¡y si no le gustan!... aquí tengo otros”.


Repito lo que dije al principio: esta nota quizá no agrega nada nuevo. Si alguien quiere seguir expresándose, creo es lo más correcto y constructivo en este momento: cerrar el debate sería lo más necio, lo más antirevolucionario. Por eso me parece muy útil tomar en serio lo que dicen tantas cartas que desde el campo popular se le están haciendo llegar al presidente Chávez.


Lo que es seguro es que la presente nota no pretende tener una definición exacta de nada, una síntesis acabada de lo acontecido, muchísimo menos una guía de acción concreta. Es la pregunta –tal vez sin poder terminar de salir del asombro– de ver puesta en acto la fábula de la rana y el alacrán al cruzar el río.


Lo que es claro es que no puede haber revolución sin autocrítica genuina. Chávez, como cualquier humano, se puede equivocar. Quizá aquí se equivocó, ¿por qué no? Los errores en política se pagan caros, esa es la desgracia. Pero por suerte siempre existe la posibilidad de revisar, de enmendar, de aprender sobre las metidas de pata.


¿Puede una revolución sostenerse sólo sobre las espaldas de una persona? ¿No se puede equivocar acaso esa persona? Tanta gente de izquierda, honesta y solidaria, que ahora está azorada, por no decir molesta, con la medida, ¿estará equivocada? Recordemos que, hasta donde se sepa, el único mortal infalible es el papa, según lo ratificado por el Concilio Vaticano I de 1870. ¿Tendrá que ver con eso el socialismo del siglo XXI? Esperemos que no.
Fuente:Argenpress


jueves 28 de abril de 2011
La Razón de Estado, un «pragmatismo» absolutamente equivocado destacado
Por Néstor Kohan (ABP NOTICIAS)
Los hechos ya se conocen. Lo extraditaron rápidamente. Sin mayores trámites y sin dudarlo un segundo. Toda nuestra solidaridad para el periodista y compañero Joaquín Pérez Becerra. Le esperan momentos muy duros. La burguesía colombiana, mafiosa y corrupta, y sus amigos del norte que dirigen esa mafia, no perdonan ni tienen clemencia. Interrogatorios, tortura, vejaciones, montajes, sentencias preanunciadas reñidas con la ley, cárcel, aislamiento.

Primera reacción.


Sorpresa, indignación, asco, odio, tristeza. Muchas preguntas.


Segunda reacción.


Analizar razones y objetivos.


¿Qué busca el gobierno de Colombia?


Con esta nueva operación, el gobierno de Santos se muestra tal cual es: la continuidad absoluta del gobierno de Uribe (mal que le pese a más de un ingenuo que cree que Santos es una inocente caperucita y no quien bombardeó Ecuador y, en tanto jefe del Ministerio de Defensa en tiempos de Uribe, el responsable de miles de cadáveres en fosas comunes).


¿Qué persigue? Un triple objetivo:


(a) Generar miedo. La pregunta obvia que todo el mundo comienza a hacerse (algunos ya lo han escrito, otros sólo lo han pensado en voz baja) es la siguiente: ¿Quién es el próximo? Si alguien que tiene pasaporte sueco y vive hace décadas en Suecia (“paraíso” imaginario de la socialdemocracia, país “civilizado” y pluralista bien alejado del Tercer Mundo) termina apresado como un animalito por estas bestias sedientas de sangre… ¿qué queda para los que vivimos en América Latina donde la vigilancia, las amenazas, la represión y la muerte están a la vuelta de la esquina?


(b) Golpear a toda la disidencia. Ya no solo contra la insurgencia comunista en sus fuerzas directas —secretariado, bloques, frentes y combatientes de las FARC-EP o militantes del Partido Comunista Clandestino, fuerzas del ELN, etc.—), sino contra el abanico entero de la disidencia, incluyendo hasta al más alejado intelectual aunque viva al otro lado del planeta y que se haya animado a escribir dos líneas alertando sobre las violaciones a los derechos humanos, las fosas comunes con miles y miles de cadáveres tirados como animales, sin tumba, sin identificación, torturados con las manos atadas y vejados, o que haya denunciado los vínculos del gobierno de Colombia y de sus principales instituciones con el narcotráfico, los paramilitares, la economía sucia y la delincuencia.


Allí, en esa persecución global de la disidencia, se inscriben desde las ridículas causas judiciales contra la senadora Piedad Córdoba (que según tengo entendido no anda con un fusil al hombro sino predicando la paz y llamando al diálogo), hasta el juicio contra el periodista chileno Manuel Olate (cuyo pecado más atrevido fue… hacer un reportaje); desde las amenazas públicas de muerte contra los cineastas que se animan a oprimir PLAY en un proyector en festivales de cine para ver un documental hasta la persecución de unos jóvenes nórdicos, no recuerdo si daneses o noruegos, que se animaron a imprimir unas camisetas con el logo de la insurgencia colombiana (¿las camisetas con la imagen del Che y su boina o las del sub Marcos con su pipa son cool, pero las remeras con símbolos de las FARC-EP son «terroristas»?).


Los ejemplos son muchísimos. Imposible recordarlos todos. Pero siempre tienen el mismo tenor. Mirados en conjunto son ridículos, grotescos, bizarros, irracionales y profundamente reaccionarios. Así es el régimen colombiano, mal llamado “democrático”.


(c) Impedir la solidaridad internacional. Que la disidencia colombiana se sienta aislada y solita. Que nadie en el mundo —incluso viviendo en Europa— se anime a decir ni “mu” por miedo a ser vigilado, perseguido, demonizado y llegado el caso extremo extraditado. Que todo el mundo se calle. Que hasta el último curioso mire sumisamente para abajo y tenga las manos en la espalda. Que haya silencio, mucho silencio, para que continúen los negocios y los asesinatos. Y si alguien se anima a disentir, supongamos el Papa de la Iglesia Católica Apostólica Romana o el secretario general de la ONU, Riki Martin o Shakira, Calle 13 o Calamaro, puede llegar a aparecer en los computadores mágicos de Raúl Reyes…


Eso es Colombia hoy y eso ha sido durante las últimas décadas. No es novedad. Es indignante, genera ganas de vomitar, pero no es novedad.


¿Y el Gobierno de Venezuela?


¿Cuál es la novedad entonces de la extradición del periodista Joaquín Pérez Becerra? Lo que nos partió al medio es lo que ha hecho el gobierno de Venezuela.


Tampoco es una novedad absoluta, porque hubo antecedentes en los últimos tiempos.


Pero este caso ya es escandaloso. Un bochorno. Supera todos los límites. En estos dos días me han escrito muchísimos amigos venezolanos o que viven en Venezuela. Todas las cartas, los emails y las comunicaciones empiezan igual: “estoy tristísimo”, “no entiendo nada” y muchas otras frases similares.


¿Por qué pasó esto? Intentemos ir más allá de la anécdota puntual, que en pocos meses, cuando Estados Unidos invada un nuevo país y asesine a otras 100.000 personas, explote otra central nuclear o haya un terremoto, pocos recordarán.


¿Cómo explicar lo inexplicable, al menos para quienes defendemos el proceso bolivariano y consideramos al presidente Hugo Chavez un compañero bolivariano y uno de los principales líderes políticos de la revolución latinoamericana de nuestros días?


Lo que pasó tiene un nombre preciso: “Razón de Estado”. El predominio impiadoso de supuestos “intereses geoestratégicos” que el común de la gente, supuestamente, no comprende, pero que habría que privilegiar, aun violando los principios revolucionarios y solidarios más elementales.


¡La “Razón de Estado”! Monstruo canceroso que todo lo devora.


Siempre invocada a la hora de hacer concesiones a los enemigos históricos, pactos inmundos con los verdugos, renuncia a las banderas más queridas y entrañables de los pueblos, aquellas mismas que en Venezuela han permitido derrotar un golpe de estado, a la CIA y a toda la derecha escuálida durante más de una década.


Que la “Razón de Estado” huele a materia fecal, pocas narices lo pondrían en discusión. Sin embargo muchos la defienden porque piensan y creen, ingenuamente, que es realista, pragmática y —esto sería lo que el común de la gente no entendería por dejarse llevar por sus pasiones—, a la larga sirve a la causa revolucionaria.


¿Es así? Sospechamos que no. Cada vez que un proceso de transición hacia una sociedad diferente, no capitalista, que intenta realizar cambios sociales en profundidad, comenzó a privilegiar la “Razón de Estado”… las cosas salieron mal, muy mal, pésimas.


“Si les das la mano, se toman el codo”, dice un refrán popular. Si le concedes 10%, los enemigos van por el 50% y una vez que lo consiguen van por el 100%. Entregar al gobierno de Colombia a este periodista… no sólo va contra la ética revolucionaria, no sólo rompe las normas mínimas del ideal bolivariano y el internacionalismo socialista, además constituye un gravísimo error político y estratégico. El compañero Hugo Chávez y el proceso que él encabeza quedan enormemente debilitados. El enemigo sabe que ahora puede ir por más. Si se dobló la mano, ahora pueden quebrar el codo.


Recuerdo en 1986 al comandante sandinista Tomás Borge —por entonces rebosante de prestigio entre muchos jóvenes— declarando ante una revista argentina “Vamos a civilizar a la burguesía”. ¿Sí? ¿En serio? Poquito tiempo después, en 1990, la burguesía nicaragüense terminó de “civilizar” a la revolución sandinista original.


El comandante Hugo Chávez no va a “civilizar” al paramilitarismo colombiano de esta manera o negociando con sus enemigos históricos (aunque se lo recomiende algún que otro amigo prestigioso que en otras décadas supo encabezar la revolución latinoamericana). De eso no cabe duda.


Ojalá se revise con urgencia esta política de “Razón de Estado” no sólo porque golpea profundamente la conciencia revolucionaria y bolivariana de nuestros pueblos, no sólo porque mancha la ética de la revolución, no sólo porque hace estragos en la credibilidad popular, no sólo porque transforma la bandera roja del socialismo y el comunismo en un trapo opaco y gris, sino porque además es ineficaz. No es realista. No es pragmática. No sirve más que para llevarnos al fracaso. Y eso no es lo que buscamos, ¿no es cierto?
Fuente:Argenpress


jueves 28 de abril de 2011
Carta abierta al comandante Hugo Chávez Frías
ANNCOL
“Los términos medios son la antesala de la traición”. CHE
Nos dirigimos al comandante de la Revolución venezolana, al ciudadano presidente de la hermana República Bolivariana de Venezuela y por su intermedio, al glorioso pueblo venezolano.

Materializar el sueño de la Patria Grande es un imperativo ético para todos los herederos del pensamiento del Libertador, este proyecto para ser sólido y realista debe construirse sobre pilares fundamentales que consoliden su fortaleza moral y su ética revolucionaria, uno de esos pilares es el internacionalismo y la solidaridad. La solidaridad es la ternura de los pueblos, decía el CHE.


DESDE ANTES DEL INICIO MISMO DEL PROCESO revolucionario venezolano, muchos hombres y mujeres de diferentes países del mundo se han sumado codo a codo a este proceso, entre ellos cuadros políticos colombianos, muchos de ellos, expulsados por el conflicto colombiano, quienes han hecho de este proceso, nuestro proceso y hoy los encontramos en diferentes instancias de la lucha en Venezuela desdoblando sus conocimientos y potencialidades, aportando su experiencia con perspectiva de Patria Grande y de socialismo. El proceso revolucionario venezolano lo encarnan hombres de carne y hueso, muchos de ellos anónimos, esos que luchan toda la vida, los imprescindibles y es por eso, que desde la base de este proceso, estos hombres exigen que sus dirigentes estén a la altura moral del compromiso adquirido con su pueblo, con todos los pueblos del mundo, especialmente con la América Latina.


Nos preguntamos hoy, si esos dirigentes son capaces de mirar a los ojos, a la esposa de nuestro camarada Joaquín Pérez Becerra, es qué estos dirigentes son capaces de mirar a los ojos a su pequeña hija y decirle que son revolucionarios y que son antiimperialistas, sobre todo después de enviar a un comunicador social alternativo a las mazmorras del régimen más criminal de América Latina. Hombres del país vasco han sido extraditados, colombianos sindicados por el régimen de Santos de insurgentes han sido extraditados por orden del gobierno venezolano, ¿es qué esa acción, es digna de dirigentes que pregonan a voz en cuello: “Patria, socialismo o Muerte Venceremos”? No, mil veces no. Qué pena, pero ahí saltaron la talanquera.


El pueblo venezolano debe asumir la dirección colectiva del proceso revolucionario, no se puede permitir que la derecha endógena, siga ahí, como quinta columna del imperialismo y de la derecha internacional. Hombres como Izarra y otros ineptos que hace parte de la burocracia del proceso revolucionario deben ser llamados a cuentas por las fuerzas vivas de este proceso. Izarra debe renunciar, porque su comportamiento no tiene nada de ética, cuando anuncia “la captura de un terrorista, como prueba fehaciente del compromiso del gobierno venezolano frente a la lucha contra el terrorismo”. No es ético, que Izarra teléfono en mano, llame a los periodistas de TELESUR y de otros medios para silenciarlos y callarlos, ordenando que ocultaran la nacionalidad sueca de nuestro camarada. Venezuela duro tres días con censura oficial, ahí tenemos que felicitar a los camaradas de los medios alternativos de comunicación que rompieron la censura para denunciar el secuestro de nuestro camarada y su extradición a Colombia.
UNA DIRECCIÓN COLECTIVA tiene menos posibilidades de equivocarse que un dirigente, rodeado de incapaces, áulicos ineptos, sin perspectiva-memoria histórica y sin conciencia de clase. Ciertos miembros del gobierno venezolano le deben una explicación a los pueblos bolivarianos y a los pueblos del mundo por la entrega servil al régimen colombiano de nuestro camarada. Esos mismos dirigentes, olvidaron que la oligarquía colombiana fue la primera, en reconocer el golpe de Carmona el breve. Esta misma oligarquía ha secuestrado a revolucionarios en suelo venezolano, ha sobrevolado con aviones espías y ha enviado unidades especiales de las FFMM para infiltrarse en suelo venezolano y no podemos olvidar la invasión de fuerzas paramilitares promovidas desde Bogotá. Esta misma oligarquía estimula el tráfico de drogas, el tráfico de productos básicos, como la leche, el cemento, entre otros para que el proyecto bolivariano fracase.
MÁS ALLÁ, DE LAS CONSIDERACIONES internacionales, un gobierno, como el venezolano que se presenta ante el mundo, como la cabeza de un proyecto emancipador y revolucionario, no puede, bajo ninguna circunstancia, devenir cómplice de la extradición de un ciudadano europeo a un régimen fascista y genocida como el régimen colombiano. Todo opositor al régimen colombiano, es por antonomasia un “terrorista” según el léxico oficial del régimen colombiano y de la derecha internacional.


Recordemos, que Mandela en su momento fue tildado de terrorista, Ilitch Ramírez (Carlos) ciudadano venezolano, internacionalista de la causa Palestina ha sido considerado terrorista. Frente al primero, los dirigentes mundiales han posado todos para la tomarse la foto, los mismos que antes le llamaron terrorista, frente a Carlos, la diplomacia venezolana ha sido mediocre para exigir su regreso a Venezuela. Todos los luchadores sociales y quienes osan oponerse al imperialismo son terroristas, y eso parece que lo olvidaron los burócratas que obedecieron a Bogotá para extraditar a un periodista alternativo, considerado por el régimen fascista de Bogotá como terrorista.


El gobierno venezolano, en cabeza del compañero comandante Hugo Chávez Frías asume ante los pueblos del mundo, la responsabilidad de todo lo que pueda sucederle al camarada Joaquín Pérez Becerra en manos del gobierno genocida de Juan Manuel Santos.


Quienes tomaron esta decisión, violando la carta magna venezolana, y pasando por los principios básicos que todo revolucionario debe preservar, deberán rendirle cuentas al soberano.


Este hecho, la pérdida de libertad de un comunicador alternativo, debe servir para redefinir el rumbo del proceso venezolano, mil gracias, desde ANNCOL a todos los revolucionarios del mundo que han tenido el coraje de oponerse a este acto indigno y bajo.


Terminamos diciendo como el CHE, “Los términos medios son la antesala de la traición”


Comandante Chávez usted tiene la palabra.


Camarada Joaquín, muchos mensajes han llegado a nuestro correo electrónico para que te mantengas altivo y digno ante el tirano, un obrero venezolano nos ha pedido que te transmitamos este mensaje; “ningún aumento de salario nos hará olvidar que hoy duermes en las mazmorras del régimen fascista colombiano por la ceguera de la derecha endógena de nuestro gobierno”. De nuestra parte camarada, desde nuestra trinchera de ANNCOL nos preparamos para seguir el camino, no nos callarán!
Fuente:Argenpress                        

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