9 de mayo de 2011

ENTREVISTA CON NÉSTOR SULEIMAN SOBRE EL ASESINATO DE BIN LADEN.

Domingo, 08 de mayo de 2011
“Al Qaeda es funcional a los intereses del imperio de EE.UU.”
Lo dijo el presidente de la Federación de Entidades Argentino Árabes de Santa Fe. Habló la intervención de EE.UU. en el proceso que terminó con el asesinato de Bin Laden, como de la propia figura del líder terrorista.
Por Mariano Ruiz Clausen - Soledad Mizerniuk

Néstor Antonio Suleiman es profesor de Ciencias Sagradas y Filosofía, presidente de la Federación de Entidades Argentino Árabes de la Provincia de Santa Fe (Fereab) y del Centro Cultural Argentino Iraquí de Rosario. En diálogo con Diario UNO, ofreció una mirada crítica tanto de la intervención de EE.UU. en el proceso que terminó con el asesinato de Bin Laden, como de la propia figura del líder terrorista. Además, con gran erudición, describió los escenarios político ideológicos actuales en el “mundo árabe”.


—¿Qué opinión le merece la muerte de Bin Laden en manos del ejército estadounidense?
—Estados Unidos opera militarmente como mejor le favorece, sin importarle el escenario y los anfitriones. En los registros históricos de la actividad del Imperio, observamos cómo las fuerzas estadounidenses han operado violando la soberanía de los países, masacrando civiles por errores de cálculos o “daños colaterales” o, simplemente, ejecutando a dirigentes según las planificaciones tácticas del Pentágono. En este caso el asesinato o ejecución de Bin Laden no escapa al proceder y estilo que tiene este país. El dirigente fundamentalista que otrora fuera aliado de Estados Unidos en Afganistán, en las duras jornadas de combates en contra de la ocupación del ejército soviético, fue convirtiéndose en un enemigo necesario para el proyecto geopolítico imperial. Seguramente, estaban satisfechas las demandas de la administración en relación a los aportes que el dirigente saudita ofrecía como soporte a las políticas de penetración, en distintas regiones del mundo árabe, en particular, e islámico en general. Más tarde la eliminación, además de convertirse en una buena propaganda en tiempos electorales, significó quitar del medio a un peón que podía convertirse en un sujeto imposible de contener o neutralizar. Pero también hay que aclarar que esta acción militar le ha generado a EE.UU. algunas dificultades en la relación con la cúpula militar de Pakistán. Una situación muy parecida aconteció con Hamid Karzai, presidente de Afganistán. Las fuerzas estadounidenses no miden las consecuencias políticas de las acciones bélicas que desarrollan en los territorios que ocupan o donde poseen bases militares.


—¿Quién era Bin Laden?, ¿qué representaba?, ¿qué lugar ocupaba en lo que usted denomina como mundo árabe?
—Bin Laden, de origen saudita perteneciente a una familia adinerada del reino, participó de una secta dentro de la corriente islámica sunita llamada wahabí. Era portador, como buen fundamentalista, de una visión determinista y fatalista: fuera de su concepción de la realidad no había salvación. En otras palabras, los que no coincidían con sus posiciones eran anatemizados y más tarde condenados a muerte. Esta praxis del fundamentalismo, como del integrismo del norte de África, dio lugar a posturas sectarias perjudiciales en los procesos de liberación y unidad. Son hechos que se repiten en distintos lugares del Mundo Árabe, en esa gran masa geográfica extendida en el Magreb, en el extremo poniente, hasta el golfo Árabe o el Arabestán bajo la ocupación del colonialismo persa. Para que entendamos cuáles son las formas y las prácticas aberrantes de estos grupos de impronta fundamentalista, echemos una ligera mirada al territorio ocupado en la Mesopotamia iraquí, donde los actores que responden a la oligarquía clerical de la República islámica de Irán, apoyando la invasión de Estados Unidos y sus aliados en el 2003, terminaron accediendo al gobierno y parlamento en Irak, pero con un formato dependiente y colaboracionista. Buceando un poco más sobre estas cuestiones de sectarismo, se desprende que el grupo Al Qaeda no tiene la exclusividad del fundamentalismo. Los wahabís liderados por Osama Bin Laden, compiten en esa dirección con los chiítas pertenecientes al Ejercito del Mahdi, conducido por Muktada Al Sader o las Brigadas Badr en Irak, como con los integristas de la Hermandad Musulmana, dispersos por Egipto y otras zonas del Creciente Fértil. Afortunadamente, los recientes movimientos insurreccionales en distintas regiones del Mundo Árabe en el continente africano y asiático, están libre de cualquier intento de carácter integrista o fundamentalista. Las banderas del laicismo se alzan desde Túnez hasta el Creciente Fértil (Medio Oriente) y, seguramente, no existirá espacio para las posiciones excluyentes y poco democráticas en las situaciones coyunturales, donde la formación de un frente común es una necesidad de carácter estratégico.


—¿Qué propone Al Qaeda y cuál cree que será su destino?
—Al Qaeda propone la formación de distintos emiratos en las regiones que ellos desarrollan sus actividades. Es una vuelta al pasado. En Irak, por ejemplo, en los lugares que ellos ocupan (estoy haciendo referencia a pequeños vecindarios de ciudades), aplican la shariat o normativa islámica, pero con una interpretación y una implementación de la ley que favorece al cercenamiento y disociación de las comunidades en su seno. El mismo comportamiento repiten en Irak los grupos sectarios chiítas de dinámica pendular. Esos que oscilan en sus alianzas tácticas con las fuerzas de ocupación y su estratégico apoyo a la geopolítica persa en la región. Son estos los responsables de la gran corrupción. Me refiero a los sectores más retardatarios de la sociedad, los que propician las bandas de clérigos, fieles representantes de la oligarquía en Irán. Finalmente, todos los fundamentalismos e integrismos son funcionales al Imperio. No hay un grado de virtud entre ellos y, además, hay que destacar que mientras estos sectarios alimentan el odio entre las comunidades se debilita la construcción de un verdadero y homogéneo frente de resistencia en el Mundo Árabe, en especial en Palestina, enfrentando al sionismo, y en Irak o Al Ahuaz (Arabestán), en contra de todas las fuerzas de ocupación representadas por las fuerzas de occidente y el colonialismo persa.


—¿Qué impacto tendrá en el interior de EE.UU. la muerte de líder de Al Qaeda?
—El cineasta Michel Moore (director de Fahrenheit 9/11) dice que la población estadounidense es la más tonta o boba del mundo. El consumismo estadounidense está influido por las consignas que elabora la Casa Blanca, en el marco de la lucha “antiterrorista”. Así, por ejemplo, Saddam Hussein estuvo acusado de poseer armas de destrucción masiva, se mantuvo un injusto bloqueo de duró más de 12 años, ergo, fue invadida Irak y, en los primeros tiempos de la ocupación, la mayoría de la opinión pública del país del norte aceptó los argumentos falsos de George Bush. Hoy, la muerte de Bin Laden puede lograr una aceptación de parte de algunos sectores de la sociedad estadounidense, habida cuenta de la máquina de propaganda de la administración Obama. Sin embargo, no convertirá más segura a EE.UU. Los elogios de este presidente al grupo comando Seals, que operó militarmente en la ejecución, pretenden reforzar la confianza en la población y crear una nueva página “épica”, cargada de “heroísmo” entre la tropa de ocupación. Lejos de quedar pegado a las posiciones teológicas o políticas del terrorista saudita, debo aclarar que la reciente acción bélica, en realidad acredita un registro nuevo en los oscuros antecedentes del Imperio. Creo, también, que son tan importantes las respuestas que puedan darse en distintos escenarios de parte de los seguidores de Osama, como así también las devoluciones de parte de EE.UU. a las mismas.
Fuente:DiarioUnoSantaFe

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