El plan sistemático
El Tribunal Federal Nº 6 intenta desentrañar el sistema por el cual los hijos nacidos en cautiverio eran entregados a personeros de la represión. El papel de los jueces.
Los acusados en el juicio son los altos jefes y responsables políticos de la represión.Imagen: Télam
A fines de febrero comenzó en los Tribunales de Retiro el juicio oral por el plan sistemático de robo de niños. El Tribunal Federal Oral Nº 6 investiga en particular 35 expedientes, datos de niños y niñas apropiados durante la última dictadura militar. Los casos son sólo algunos de los más de 400 denunciados por las Abuelas de Plaza de Mayo. Algunas de las víctimas recuperaron su identidad o, como dijo Victoria Montenegro –una de ellas–, “aparecieron”. Otras, en cambio, permanecen de-saparecidas, entre ellas sugestivamente los nietos de las tres primeras presidentas de las Abuelas de Plaza de Mayo: Alicia “Licha” de la Cuadra, María Isabel “Chicha” Chorobick de Mariani y Estela Carlotto. En el juicio, las querellas intentan probar no sólo los datos de cada caso sino la trama que construyó la sistematicidad. El papel de los jueces y la función de todo el sistema judicial en el blanqueo o legalización de esos robos son uno de los aspectos que se abordan. Aún aparecen en la etapa del caso por caso, pero ya empiezan a hablar de la sistematicidad.
El juicio tiene audiencias dos o tres veces por semana, en forma alternada. Los acusados son la línea de los altos jefes responsables políticos de la represión, entre ellos Jorge Rafael Videla, Omar Riveros y Jorge “El Tigre” Acosta, ex jefe de Inteligencia de la ESMA. Los responsables directos o apropiadores directos de los niños se están juzgando sólo en algunos casos. La mayoría ya tuvo su juicio oral y fue condenado o, en otros casos, todavía las causas están en la etapa de investigación y no entraron en el tramo final del juicio oral.
Los casos que se están juzgando son representativos en varios aspectos. Las apropiaciones corresponden a niños nacidos en centros de exterminio de Capital Federal, Gran Buenos Aires y La Plata. La mayoría nació en los tres centros de exterminio con maternidades clandestinas: ESMA, Campo de Mayo y el Pozo de Banfield. Pese a eso, hay casos de nacimientos también en otros lugares como La Cacha o la comisaría 5ª de La Plata. Durante las primeras semanas y hasta ahora, las audiencias se estructuraron alrededor de un caso y de un centro. Hasta ahora se revisaron especialmente los casos del Pozo de Banfield y los centros de detención, torturas y exterminio de La Plata.
De la mano de algunos de esos testigos empezaron a aparecer datos o nombres que exceden los casos en investigación. Hubo testigos que mencionaron por ejemplo nombres de embarazadas con las que se toparon en los centros clandestinos que no forman parte de este tramo de la causa. Y aun así, los jueces y las querellas se detienen en ellos para hacer nuevas preguntas, y apuntar. Esa escucha no parece estar destinada sólo a probar la sistematicidad sino a conseguir lo que alguna de las querellas –como Abuelas de Plaza de Mayo– esperan del juicio, que es ampliar todo lo posible la información a partir de los testigos.
Entre esos nuevos datos aparecieron los nombres y roles de quienes compusieron la pata civil de la represión, entre ellos jueces o fiscales. Uno de los testimonios más rotundos lo dio Estela Carlotto cuando fue convocada a hablar por la desaparición de su hija Laura y el nacimiento en cautiverio de su nieta. La presidenta de Abuelas de Plaza de Mayo denunció en esa audiencia al entonces juez de menores Gustavo Mitchell y hoy juez de Casación, por una amenaza (ver nota central). El dato de Mitchell no era nuevo. Su nombre integra la historia de la apropiación de Simón Riquelo, el hijo de Sara Méndez, otro de los casos de este juicio. Mitchell firmó los papeles de adopción por los que Simón terminó anotado como hijo de un comisario. Y si bien es uno de los casos de este juicio, aún no se trató.
Otro de los momentos en los que el juicio tocó las denuncias sobre el Poder Judicial fue el testimonio de Victoria Montenegro, apropiada por el coronel Herman Tetzlaff, a cargo del grupo de tareas que entró a la casa familiar y autor del asesinato de su padre. Victoria denunció en la audiencia al actual fiscal de Casación, Juan Martín Romero Victorica, porque protegió a su apropiador durante las primeras investigaciones judiciales, le nombró a un grupo de abogados que pudieron sacarlo de la cárcel y le daba información adelantada sobre los avances de la causa. La denuncia se escuchó durante el juicio, pero terminó potenciada porque el fiscal del juicio, Martín Niklison, le pidió al Tribunal impulsar una denuncia para investigar a Romero Victorica. Las querellas de Abuelas de Plaza de Mayo y de Chicha Mariani apoyaron el pedido y, un día más tarde, el planteo ganó espacio judicial cuando el TOF 6 lo dio por aprobado.
Fuente:Pagina12
“Cuando yo nací, a mi vieja la tenían atada de pies y manos”
Leonardo Fossati nació en la mesa de la cocina de la comisaría Quinta de La Plata el 12 de marzo de 1977, donde su madre, con sólo 17 años y atada de pies y manos, lo tuvo luego de estar secuestrada en ese centro clandestino de detención, en plena la dictadura militar
09.05.2011
Leonardo Fossati vive hoy en Gonnet. Pasó su infancia a diez cuadras de la Comisaría Quinta, sin saber que había nacido ahí
De toda esa historia el joven se enteró 28 años después, cuando supo que la familia con la que se crió lo había adoptado de forma irregular. Junto a la filial platense de Abuelas de Plaza de Mayo descubrió que sus padres biológicos permanecían desaparecidos. En una entrevista con Diagonales contó cómo recuperó su identidad y habló de sus padres, de su familia, y de las huellas invisibles que sus progenitores le dejaron, como el disgusto por la remolacha o su nombre, que él había elegido para su hijo y que compartía con su papá y su abuelo biológicos.
El 21 de enero de 1977, la militante de la UES (Unión de Estudiantes Secundarios), Inés Beatriz Ortega, y su marido Rubén Leonardo Fossati, integrante de Montoneros, tenían que encontrarse con otros compañeros en un bar de Quilmes. Pero el encuentro estaba “cantado” y fueron secuestrados. La joven estaba embarazada, y tres meses después su hijo nació en el centro clandestino de detención que funcionó en la seccional de diagonal 74 entre 23 y 24.
Durante casi toda su vida Leonardo se llamó Carlos, el nombre que le dio el matrimonio que lo crió junto con una hermana mayor a la que también adoptaron de manera irregular. “A fines de 2003 hablé con mi familia de crianza y me contaron la verdad que conocían a hasta ese momento: primero que no era hijo biológico de ellos”. Y recordó que el nexo con los policías de la Bonaerense que lo robaron fue una partera vecina de su madrina de crianza.
-¿Cómo fue su apropiación?
-Cuando mis viejos de crianza decidieron adoptar contactaron a varias personas, entre ellos una partera que atendía en su domicilio. Mucho después, el 20 de marzo del '77, esa mujer llama a mi madrina diciéndole que acababa de nacer un chico en su casa, de una mujer muy joven cordobesa que había venido a estudiar, y que ni ella ni su familia querían al bebé y lo daban en adopción. Hubo una reunión familiar de la que participó mi abuela de crianza y decidieron adoptarme. Me fue a buscar mi madrina de crianza y me llevó a la que fue mi casa. Esa fue la historia que me contaron a fines de 2003 y fue la historia que ellos supieron y les contaron sobre mi origen.
-¿Cómo llegó a Abuelas de Plaza de Mayo?
-Después de hablar con mis viejos intenté contactar a la partera pero ya había fallecido. Y teniendo en cuenta que nací en el año '77, que la puerta donde podía llegar a averiguar algo se había muerto, que nací en La Plata en plena dictadura, me acerqué a Abuelas. Fui con muy pocas expectativas, pero era una puerta abierta.
-¿Sospechaba que podía ser apropiado?
-Era una puerta más. Los pocos casos que conocía yo eran medio paradigmáticos, en los que los pibes habían sido apropiados por gente de la fuerza, milicos o policías, que encima habían tenido algo que ver con el secuestro de sus padres. Entonces siempre asimilé que todos los casos venían por ese lado, o que las familias tenían vínculos o esa ideología, lo que no era mi caso.
-¿Cómo llega a saber que sus padres eran desaparecidos?
-En 2004 empieza la investigación por medio de las partidas de nacimiento, para ver quién había firmado, por el documento, y todos los papeles. Y a principios de 2005 me dicen de hacerme un estudio de ADN para corroborar si podía tener algún vínculo con algunas de las familias que están en el banco de datos genéticos. Recién en agosto de ese año pude obtener resultados.
-A partir de ese momento empieza para usted otra historia. ¿Cómo cambió su vida?
-Para mi fue, desde todos los aspectos, un cambio muy positivo. Caería en frases hechas, pero fue encontrar la luz; salir de un lugar oscuro y entrar en la claridad. Pero ese día, a pesar de que eran cosas muy fuertes y tristes porque en algún punto yo tenía expectativas de encontrar a mis viejos, descubría que la historia que me habían contado no era verdad, que a mi no me habían abandonado. Mis padres tenían un nombre para mí y tenían planes como cualquier familia.
-¿Que heredó de sus padres?
-Empecé a encontrar coincidencias: por ejemplo, que a mi me habían puesto Leonardo al momento de nacer, porque ese era el nombre de mi viejo y el de mi abuelo, y yo había elegido ese nombre para mi hijo, que después se terminó llamando de otra manera por negociaciones con la mamá.
Pero cuando me enteré que iba a ser papá elegí ese nombre. Obviamente ya me había olvidado de eso, pero en el momento en que me enteré cuál era mi nombre real, fue lo primero que se me vino a la mente. Evidentemente en el embarazo se transmiten un montón de cosas, además del color de ojos o del pelo.
-¿Qué otras cosas heredó?
-Además del cuadro (somos los dos de Estudiantes), lo del nombre es muy fuerte, porque hay millones de nombres. Si yo antes de conocer todo esto pensaba que estas cosas se transmiten en el embarazo, cómo no iba a pensarlas ahora. La primera vez que fui a cenar a la casa de mi tía paterna, en Villa Elisa, como era la primera vez que morfábamos juntos y no sabía qué me gustaba me hizo de todo un poco. Entonces cuando veo eso le dije que soy fácil, que como de todo. Pero le aclaré: “Lo único que no me gusta, y no se porqué, es la remolacha”. Se quedó petrificada porque se acordaba del primer día que mi viejo llevó a mi mamá a comer a su casa para presentarla y charlando mi vieja le había contado que lo único que no le gustaba era la remolacha.
-¿Cómo lo impactaron esos descubrimientos?
-En su momento no le di mucha importancia. Pero después me di cuenta que nunca me voy a cruzar con mis viejos para preguntarles qué les gustaba y que no, y entendí que todo eso, en realidad, es parte de mi identidad. Son esas cosas que me identifican con mis viejos y que yo no supe hasta los 28 años. Así como el color de piel o de ojos, eso empieza a aflorar. Y se convirtió en mi segunda búsqueda: primero fue encontrar la verdad; después empecé a buscar todos los pedazos rotos del rompecabezas para poder armarlo.
-¿Tiene familia biológica en La Plata?
-Tengo una tía paterna que vive en Villa Elisa; una tía materna, que vive en 18 y 80, que es hermana gemela de mi mamá. Ella también estuvo perseguida, estuvo en la clandestinidad, estuvo secuestrada un día, pero la largaron y se fue del país; se exilió en Venezuela. Tengo dos primos hermanos que nacieron y viven allá.
-¿Tuvo posibilidad de cruzarse con ellos antes de enterarse que sus padres estaban desaparecidos?
-Con mi tía paterna si, porque yo conocí la casa donde ella vivió en la adolescencia, porque como no tenían muchos recursos compartían una casa con otra familia. En esa casa, treinta años después, pasé gran parte de mi infancia, porque vivía la tía de mi primer amigo, que lo conocí a los 3 años y sigue siendo mi amigo, y cuando iba a la casa de su tía que quedaba a tres cuadras de mi casa, yo iba a jugar con él y pasábamos el día ahí.
INÉS Y RUBÉN. Los padres de Leonardo Fossati fueron secuestrados en enero del 77 y todavía permanecen desaparecidos. En la Comisaría Quinta los vieron por última vez el 28 de abril de ese año. Hasta esa fecha, el nieto recuperado tiene la certeza de que estuvieron vivos. Desde que recuperó su identidad los busca junto a su familia biológica, y con el Equipo Argentino de Antropología Forense.
-¿De dónde eran sus padres? ¿Cuál es su historia?
-Los dos eran de La Plata. Mi mamá, al momento del secuestro, estaba cursando quinto año, aunque ya estaba viviendo en la clandestinidad así que no estaba yendo al colegio; iba a la Legión, en 13 y 60. Mi viejo fue al Nacional y había terminado y se había anotado en Historia, pero por lo mismo, tampoco podía cursar. Mi viejo estaba en Montoneros, hacía trabajo social. Mi mamá estaba en la UES.
-¿Cuándo los secuestraron?
-Fue el 21 de enero de 1977, en Quilmes. Estaban viviendo en la clandestinidad y tenían un encuentro en un bar con otros compañeros y, aparentemente, alguien cantó y cuando ellos llegaron al frente de la puerta del bar, cayó el operativo y los levantaron a los dos de ahí. Eso lo sé porque hubo testigos que vieron todo. Mi vieja estaba embarazada de cinco meses. Yo nací el 12 de marzo.
-¿Cómo reconstruyó toda esta historia?
-Sobre todo con los compañeros de mis viejos, compañeros del secundario, y con la familia que me quedó. Mi tío, el primer esposo de mi tía materna, que está en Venezuela, vio el momento del secuestro, porque zafó del operativo, así que me contó.
-¿Dónde nació?
-Adriana Calvo, que era otra detenida, estaba embarazada y era más grande que mi vieja; tendría 26 años, y ella la ayudaba a mi vieja con el trabajo de parto. Ella fue la que avisó a los guardias que mi vieja tenía cada vez más contracciones y que había que llamar a un médico. Ella vivió esa secuencia, hasta que viene un guardia, después de cuatro horas o más, y la llevan a la cocina de la comisaría, donde había una mesa en la que me tuvo a mí.
-Naciste en la cocina de la comisaría…
-Nací en la mesa de la comisaría mientras mi vieja estaba atada de pies y manos. Eso después se lo contó mi vieja a Adriana; que como ella sobrevivió, me lo contó a mi. En realidad, antes ya lo había dicho en un montón de lugares, como el juicio por la verdad y otras causas.
-¿Volvió en alguna oportunidad a la Comisaría?
-No. Nunca.
-¿Se crió cerca de la comisaría Quinta?
- Me crié cerca, a una cuadra del parque Saavedra. La comisaría está en 23, o sea que me crié a diez u once cuadras de la comisaría quinta.
Fuente:Diagonales
Inés Beatriz Ortega
Rubén Leonardo Fosatti
FuenteFoto:Pagina12



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