2 de mayo de 2011

LA EPOPEYA DE TRES HERMANOS KOLLAS QUE COMBATIERON EN MALVINAS.

Provenían de una familia humilde de la comunidad de los naranjos, en salta
La epopeya de los tres hermanos kollas que combatieron en Malvinas
Publicado el 2 de Mayo de 2011
Por Christian Boyanovsky Bazán
Juan, Anastacio y Mario Vilca Condorí participaron del conflicto del Atlántico Sur embarcados en los buques Bahía Paraíso y General Belgrano, de cuyo hundimiento se cumplen hoy 29 años. El más joven murió en ese ataque.
Los tres hermanos eran oriundos de una comunidad del norte argentino, y los tres combatieron juntos en Malvinas. Uno de ellos, embarcado en el Belgrano, de cuyo hundimiento se cumplen hoy 29 años, se quedó en lo profundo de las aguas australes cuando los ingleses atacaron el buque artillero argentino.
Los otros dos se reencontraron después de la guerra y se mantuvieron separados durante 25 años. Recién el año pasado tomaron la decisión de dar a conocer su historia, la de Juan Bautista, Anastacio y Mario Vilca Condorí, tres hermanos de una familia descendiente de kollas de la comunidad de Los Naranjos, en Orán, provincia de Salta, que marcharon juntos a la guerra de 1982 y que, según dicen, es “el único caso en nuestro país donde tres hermanos consanguíneos participaron activamente en combate. Un orgullo, y un acto heroico que merece ser reconocido, ya que no existe registro de otra situación similar, y como antecedentes en otros países deben ser muy pocos, casi únicos.”
El pasado 2 de abril, los Vilca Condorí participaron por primera vez de un acto oficial, en Río Gallegos. A partir de allí, se propusieron recorrer el país con una gran foto de Mario, el hermano caído, y lanzaron una fundación con su nombre para ayudar a escuelitas rurales sin recursos, como la que los cobijó a ellos mismos cuando niños.
Juan y Anastacio Vilca, hoy de 53 y 50 años, relataron a Tiempo Argentino la historia de los “Tres hermanos de Malvinas”, como eligieron darse a conocer; de su enrolamiento en la marina como una forma de generar ingresos para un hogar que crió a 12 hermanos, y de su paso por el conflicto del Atlántico Sur, que además de llevarse al menor de los tres, le “costó la vida” a su madre.
“Somos de la comunidad de Los Naranjos, a 30 kilómetros de Orán, ahí hemos nacido, nos tocó estudiar en una escuela muy pobre, muy pobre, mi papá se dedicaba a la carpintería y talabartería, también salía a trabajar al ingenio tabacal, y hacía trabajos temporarios. Pasó también sus penurias, porque no siempre era bien pagado. Nosotros crecimos trabajando, casi sin poder ser niños”, relató Anastacio Vilca.
Tres de los hijos de Miguel Ángel Vilca e Yreña Elena Condorí murieron pequeños, por problemas de salud como el paludismo y “esas enfermedades del norte”, y otro falleció joven, en un accidente en el monte.
El primero en enrolarse en la marina fue Juan Bautista. Lo siguieron Anastacio y Mario, que lo hizo a los 15 años, y 12 meses más tarde fue destinado al Belgrano, al igual que Juan Bautista. “La marina ofrecía un sueldo, servía medianamente para poder estudiar”, explicó Anastacio. Él era enfermero, y por eso, cuando el 9 de abril fue embarcado en el Bahía Paraíso, tuvo que realizar “durísimas” tareas de rescate. “La última etapa de la batalla, en Puerto Argentino, era un infierno.” Fue parte del intercambio de heridos con los ingleses. “Ahí recibíamos gente con heridas de bala, con esquirlas, con brazos despedazados, muchos heridos.” Acabó como prisionero hasta el cese de hostilidades.
En cambio, sus hermanos ya estaban en alta mar para cuando comenzó la guerra. Juan llevaba una carrera de casi una década como marino, pero el joven Mario cumplía su primer año embarcado.
“La misión era atacar la flota inglesa próxima al Puerto Argentino, pero fue imposible por problemas climáticos, había mucha neblina, y no podíamos contar con apoyo de la fuerza aérea. Entonces se suspendió y nos mandaron de nuevo a la zona de exclusión”, contó Juan Bautista. Comandado por Héctor Bonzo, el Belgrano navegaba escoltado por el Piedra Buena y el Bouchard, que no detectaron el submarino nuclear que acechaba a la distancia hacía horas. “El crucero no tenía equipo para detectarlo. Cuando llegó la orden de ataque, el Belgrano estaba fuera de la zona de exclusión”, narró Juan Bautista, poniendo de relieve la operación británica considerada como crimen de guerra. Luego de los dos impactos de torpedo y el dramático hundimiento por el que murieron 323 marinos y tripulantes, más de 700 combatientes fueron rescatados muchas horas después por el Piedra Buena, el Bouchard, el Gurruchaga y el Bahía Paraíso, donde estaba embarcado Anastacio.
“El Bahía Paraíso también fue alcanzado por la fuerza aérea británica, pero se mantuvo a flote. Los ingleses informaron que habían logrado averiarlo, logrando que se incendiara y perdiera parte de su tripulación, esto último fue una jugada psicológica de la guerra”, recordó Anastacio. La madre de los combatientes fue una víctima indirecta. Las desventuras de sus hijos aceleraron el deterioro de su corazón y murió dos meses después de la guerra.
Anastacio y Juan Bautista se reencontraron en Río Grande al finalizar el conflicto. Recién allí pudieron confirmar definitivamente la pérdida del hermano menor.
Anastacio pidió la baja en 1984. Se recibió de abogado, se especializó en Derecho Tributario y obtuvo una beca para hacer un Máster en Derecho Administrativo. Tiene cuatro hijos. Juan Bautista continuó en la marina, en Puerto Belgrano, hasta hace dos años, cuando se retiró y regresó a su pago. Actualmente participa de la Asociación de Veteranos de Guerra de su pueblo y trabaja en la fundación que lleva el nombre de su hermano Mario. Uno de sus hijos siguió sus pasos en la marina. Gran parte de la familia, sus hermanos y los hijos que tuvo su padre luego de enviudar, viven en Salta y en Los Naranjos. Hoy, los veteranos quieren dar a conocer su historia y ser reconocidos oficialmente. El pasado Día del Veterano fue la primera vez que participaron de un acto donde estaba la presidenta, pero aún no lograron hacerle llegar su historia.
Fuente:TiempoArgentino


El hundimiento, según el recuerdo de juan vilca condorí
Dos impactos y una hora de agonía en el mar
Publicado el 2 de Mayo de 2011

A bordo del Crucero ARA General Belgrano hay 1093 tripulantes. 323 morirán luego del ataque con torpedos del submarino nuclear HMS Conqueror, la mitad de todas las bajas argentinas en la Guerra de Malvinas. El Belgrano se hundirá a las 17 en las aguas heladas del Atlántico Sur, tras una larga y agónica hora.
El cabo primero de la Armada Argentina, Juan Bautista Vilca Condorí, de 28 años, está afectado a la artillería antiaérea. A su hermano Mario, de apenas 16, le toca la tarea de bombero. Es 2 de mayo de 1982 y el buque navega hacia el continente por fuera de la zona de exclusión. A las 14, Mario baja a los sollados donde duermen los marinos y despierta a su hermano. Quiere conversar, pero Juan Bautista necesita descansar de las horas de concentración que pasó junto a sus compañeros. Busca tranquilizar a su hermano, sabe lo que le pasa y le dice que llegado el momento de actuar, debe controlarse, que todo saldrá bien. Juan pasa apenas dos horas de sueño y se despierta sofocado por el calor de ahí abajo. Está tan oscuro y cerrado que no sabe si es de día o de noche. Mira el reloj. Son cerca de las 16. Camina hacia el sector donde debería estar su hermano, pero no lo ve. Aprovecha para pasar por el baño. Un golpe tan poderoso como inesperado sacude el barco. Juan se cae, se reincorpora, avanza pocos pasos, y otro golpe igual de fuerte convulsiona todo en la nave. Juan piensa que ataca la aviación británica. Quiere subir a cubierta y ocupar su puesto de artillero, se encamina hacia la salida y el buque se desploma sobre la banda izquierda. “Acá me voy para abajo”, piensa, pero se repone y alcanza la salida. No hay aviones. Sólo hay marinos desesperados, muchos heridos. Un superior grita que abandonen la nave. Juan se acuerda de Mario. Baja por un acceso al primer subsuelo, a la cantina. De las escaleras salen gritos desgarradores y humo. Va hacia una bajada y alguien le advierte: “no entres ahí que se metió el cantinero y no salió más.” Intenta, de todas formas, pero el humo lo intoxica. Sale y da la vuelta a todo el barco buscando otro acceso. Entra por babor, por la zona escorada. Otra vez le advierten que está todo incendiado. Se cruza con un soldado bañado en petróleo caliente de las calderas, que grita, lo ayuda a salir. El agua ya le alcanza los pies y ahí reacciona. Vuelve hacia el otro costado, que ha quedado muy alto con respecto al agua. Los marineros arrojan las balsas al mar picado. Juan Bautista ayuda a algunos a saltar, mientras el barco continúa hundiéndose. Mira a su alrededor. La escena es “como en el Titanic”, recordará muchos años después. Salta sobre la balsa. El marinero que saltó a su lado cae al agua. En la balsa deben remar fuerte, para no ser arrastrados por el efecto succión. El barco desaparece a las 17. “¡Viva la Patria!”, “¡Viva el Belgrano!”, gritan con exhalaciones vaporosas. Minutos después se oye el impacto contra el suelo marítimo y la explosión final.
Ahora son náufragos en el medio del mar helado. Avanzan con dificultad, y escuchan unos gritos desesperados. Es el marinero que cayó al agua. Lo ayudan a subir. Está congelado y conmocionado. Pasan unos minutos y se escuchan nuevos gritos. Otro marinero a punto de sucumbir. Ahora son 16. Ya no se escucha nada más que el viento y las olas, que más tarde alcanzarán los diez metros. Pasan horas a la deriva, enloquecidos por el frío. Se orinan en la ropa para mantenerse calientes. Comen galletas secas. Algunos se encomiendan a Dios con una Biblia provista entre los víveres, otros maldicen, a los gritos, y preguntan por qué no los han rescatado aún. Tienen que pasar más de 30 horas para que el Bouchard, uno de los escoltas del Belgrano que había cambiado su rumbo luego de ser alcanzado por un torpedo que no detonó, los recoja del mar. A bordo, Juan busca el rastro de Mario. Nadie sabe de él. Recién en Puerto Belgrano, a donde destinan a los sobrevivientes, sabrá que fue una de las 323 víctimas del hundimiento.
Fuente:TiempoArgentino

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