29 de julio de 2011

A 45 años de los “bastones largos”, hoy el país recupera a sus científicos.

Los militares desarmaron a golpes aquel modelo de desarrollo tecnológico
A 45 años de los “bastones largos”, hoy el país recupera a sus científicos
Publicado el 29 de Julio de 2011
Por Christian Boyanovsky Bazán
El 29 de julio de 1966, la dictadura de Onganía intervino la universidad y la policía apaleó a estudiantes y profesores de Ciencias Exactas, 1400 docentes e investigadores abandonaron el país. Desde 2003, se repatrió a más de 800.
Al grito de “¡hay que limpiar esta cueva de marxistas!”, la guardia de Infantería de la Policía Federal entró a los claustros universitarios, apaleó a estudiantes, graduados y profesores y produjo un velo negro en la historia académica argentina, propiciando la “fuga de cerebros” y el desmantelamiento de programas de avanzada. Un costo que el país “sigue pagando” y que planes como el de repatriación de científicos buscan subsanar. El episodio se imprimió en la Historia como La Noche de los Bastones Largos y ocurrió hace hoy exactamente 45 años.
“Sentí bombas que estallaban, que rompían las ventanas, entraban y arrojaban gases. Tuvimos que salir como ratas. Después me recuerdo pasando por la doble fila de la guardia de infantería, ahí nos golpeaban, nos decían de todo”, recuerda el matemático Raúl Carnota, en ese entonces un estudiante que había acompañado la asamblea de autoridades y alumnos en la Facultad de Ciencias Exactas de la Universidad de Buenos Aires. Esa noche del 29 de julio de 1966, todos los claustros se habían convocado para rechazar la intervención dispuesta por el reciente gobierno de facto de Juan Carlos Onganía, mediante el decreto 16.912, que atentaba contra la autonomía y la libertad de cátedra.
Pablo Jacovkis todavía no era graduado en Matemáticas, y faltarían unos años para que fuera profesor y más tarde decano (1998-2006) de la facultad. Con una carrera avanzada, 20 años, y voluntad por defender lo público, terminó un examen con el profesor del MIT, Warren Ambrose, y fue desde la Ciudad Universitaria hasta la sede de Perú 222, donde hoy funciona la Manzana de las Luces. “Fuimos con un conjunto de estudiantes y presenciamos una reunión del Consejo Directivo, en la que se decidió no aceptar cargos según la norma, porque les restringía a los decanos su autoridad. La UBA no los aceptó. Ni el rector (Hilario Fernández Long), que había firmado una dura declaración contra el golpe de Estado, ni ninguna autoridad”, recuerda hoy.
Carnota cursaba el 5º año en el Colegio Nacional Buenos Aires, ubicado justo a la vuelta del edificio donde funcionaba Exactas. Pertenecía a la Federación Juvenil Comunista, que tenía intervención en el Centro de Estudiantes. Esa vocación lo llevó a unirse a la resistencia y acabar golpeado y detenido, al igual que unas 150 personas esa noche. “Habré estado toda la noche en la comisaría, hasta la madrugada. A otros los largaban antes, a los que se identificaban como profesores”, aporta Carnota, hoy miembro del Consejo de Administración de la Fundación Sadosky.
Los palos de esa noche, bajo las órdenes de los jefes de la Side, Eduardo Señorans, y de la Policía Federal, Mario Fonseca, no distinguieron entre alumnos y autoridades. El decano, Rolando García, y el vicedecano, Manuel Sadosky, fueron golpeados con igual violencia que el resto. Así lo recordó en una carta que envió a The New York Times el profesor Ambrose, quien se encontraba en el país invitado por la universidad: “Nos hicieron pasar entre una doble fila de soldados, colocados a una distancia de diez pies entre sí, que nos pegaban con palos o culatas de rifles y que nos pateaban rudamente (…) Debo agregar que los soldados pegaron tan brutalmente como les era posible y yo (como todos los demás) fui golpeado en la cabeza, en el cuerpo y en donde pudieron alcanzarme. Esta humillación fue sufrida por todos nosotros –mujeres, profesores distinguidos, el decano y vicedecano de la Facultad, auxiliares docentes y estudiantes.”
En una edición especial de la revista Caras y Caretas, de 2006, Felipe Pigna y María Seoane escribieron que “la Guardia de Infantería no ahorró insultos, patadas, golpes de machetes y palazos que por ‘orden superior’ y razones obvias debían apuntar a la cabeza, pero no sólo ahí, como lo demuestra la querella criminal iniciada por el decano Rolando García contra el general”.
La Noche de los Bastones Largos expulsó a casi 1400 docentes que renunciaron o directamente se exiliaron. De los 301 que emigraron, 215 eran científicos, y 86, investigadores en distintas áreas. Al cumplirse recientemente los 50 años de la computación en el país, Tiempo Argentino entrevistó a científicos como Julián Aráoz, quien era responsable del Grupo de Investigación Operativa del Instituto del Cálculo y partió a Europa tras la violencia del onganiato. Programas como el de la computadora Clementina se desvanecieron en poco tiempo tras la fuga de cerebros.
“Lo que se apagó en La Noche de los Bastones Largos fue un proyecto que pretendía poner a la facultad como un punto de referencia, un faro en matemática aplicada para políticas públicas, para el Estado. En esos años, el Instituto del Cálculo era vanguardia, y esto se perdió abruptamente”, reflexiona Carnota, quien fue profesor del Departamento de Computación.
Jacovkis cree que la herida “se ha cerrado”, aunque “el costo lo seguirá pagando la Argentina durante mucho tiempo. Hay cosas que no se recuperan, todos los científicos que se fueron fue una pérdida grande. De todos modos, hay paliativos. En este momento hay planes para que vengan los investigadores que están afuera, hay programas, es una situación favorable.”
Fuente:TiempoArgentino

Opinión
“La facultad reconstruyó ese proyecto”
Publicado el 29 de Julio de 2011
Por Jorge Aliaga Decano de la Facultad de Cs. Exactas y Naturales (UBA).
Rolando García, decano de nuestra facultad entre 1958 y 1966, y a quien le tocara encarar a las fuerzas policiales de ocupación hace 45 años y recibir bastonazos como respuesta, dijo que el objetivo político de los instigadores, civiles y militares, “no era sólo romper cabezas, sino el escenario”. La Noche de los Bastones Largos es el símbolo del abandono de un proyecto de país, hecho que se profundizaría con la intervención de 1974, el golpe de 1976 y las políticas económicas que hicieron crisis en 2001.
Pese a lo triste del recuerdo, hoy podemos alegrarnos: en nuestra facultad se ha reconstruido ese proyecto basado en el pensamiento crítico, donde se asocia la docencia con la investigación. Ese proyecto estaba diseñado para un modelo de país donde tenía sentido un Departamento de Industrias –pensado como nexo natural con el sector productivo–, y hasta llegó a planificar un Instituto Tecnológico, con una editorial popular como Eudeba y una Ciudad Universitaria.
Pero lo que más nos alegra es ver que se retoma un modelo de desarrollo nacional basado en la industria y en el mercado interno, y donde un Ministerio de Ciencia y Tecnología se constituye en su eje central. Esperamos que dentro de cinco años, con un modelo productivo consolidado, podamos recordar el cincuentenario sólo como una pérdida de tiempo.
Fuente:TiempoArgentino


Los repatriados del programa Raíces
Publicado el 29 de Julio de 2011
Hasta hoy, son 834 los científicos que regresaron al país a través de planes nacionales de repatriación, como el programa Raíces, del Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva.
Se trata de mujeres y hombres de ciencia que se formaron en la Argentina y por distintos motivos y en momentos diferentes emigraron al exterior, para ampliar sus conocimientos o para buscar un camino donde desarrollar su profesión. La mayoría fueron expulsados por la crisis de finales de los ’90 y la falta de proyectos de investigación en distintas áreas
Son miles, dispersos en todo el mundo. Pero además de los más de 800 que regresaron y se instalaron en diversas áreas académicas y productivas, otros desarrollan trabajos para la Argentina desde el exterior.
El programa Raíces ya existía, pero fue relanzado en 2003 por la Dirección Nacional de Relaciones Internacionales de la cartera científica (que hoy es ministerio pero por entonces era secretaría). En 2008, fue convertido en ley (26.421). Promueve no sólo el retorno de científicos e investigadores que residen en el exterior y desean volver al país, sino que también fomenta la vinculación entre los científicos residentes en la Argentina y aquellos que viven en el extranjero.
A partir de la científica repatriada número 800, la doctora en Química Cecilia Mendive, el programa incorporó un sistema que también asiste al cónyuge que llega con el repatriado, cuando este también fuera científico. De esa manera, se facilita el regreso para aquellos que constituyeron una familia en el extranjero y se garantiza el trabajo para ambos miembros de la pareja.
El año pasado, Tiempo Argentino reflejó en un suplemento especial las experiencias de seis hombres y mujeres de las ciencias que emigraron buscando mejores posibilidades en sus carreras y regresaron por medio de estos programas, que les permitieron insertarse en el mundo científico de la Argentina de hoy.
Fuente:TiempoArgentino

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