11 de octubre de 2011

CHILE: LOS MAPUCHES HICIERON OÍR SUS RECLAMOS.

CRITICARON EL ROL DEL ESTADO Y EL MODELO ECONOMICO DE CHILE, QUE LOS PERJUDICA
Los mapuches hicieron oír sus reclamos
En la manifestación de ayer, los pueblos originarios pidieron la liberación de los presos políticos y la devolución de las tierras que se utilizaron para la construcción de emprendimientos inmobiliarios.

Una marcha pacífica en defensa de los pueblos indígenas tuvo lugar en Santiago de Chile y terminó con disturbios, en los que siete personas fueron detenidas. El festejo del mal llamado “Día de la Raza” conlleva un significado especial para mapuches y otros pueblos originarios, que son desalojados cuando enormes terrenos se utilizan para la construcción de emprendimientos inmobiliarios o ante el avance de los cultivos de soja. “Para los mapuches, el 12 de Octubre significa la llegada de los usurpadores españoles y de todo lo que trajo consigo, el colonialismo y el imperialismo”, afirmó Manuel Díaz, portavoz de la organización Meli Witran Mapu (“De los cuatro puntos de la Tierra”). “Es una movilización de repudio a la invasión de hace más de 500 años, pero también una movilización que critica el rol del Estado y del modelo económico con los pueblos indígenas”, señalaron en el comunicado de convocatoria. Díaz agregó que los indígenas reclaman “la libertad de todos los presos políticos mapuches y la devolución de las tierras ancestrales”, en propiedad de empresas agrícolas y forestales. Los mapuches –que son unos 600 mil– constituyen el principal pueblo indígena de Chile, país con 17 millones de habitantes.

Con datos dispares (las autoridades nacionales señalaron que marcharon unas 10 mil personas, mientras los organizadores dijeron que se trató de 12 mil), la realización de la protesta coincidió con la celebración del “Día de la Raza”, festividad que se conmemora el 12 de Octubre para recordar la llegada de Cristóbal Colón a América, que este año se trasladó en el calendario al lunes tanto en Chile como en la Argentina. Asimismo, por primera vez en la Argentina se celebró el “Día del Respeto a la Diversidad Cultural”.

En Santiago, los disturbios se produjeron al finalizar la protesta, que atravesó el centro de la ciudad en forma pacífica durante cuatro horas.

Cerca de la Biblioteca Nacional, un grupo de jóvenes encapuchados que comenzó a destrozar semáforos, señales de tránsito y a provocar desórdenes, se enfrentó con el Cuerpo de Carabineros, que para reprimir utilizó agua y gases lacrimógenos. Los enfrentamientos entre quienes protestaban y las fuerzas de seguridad continuaron hasta las 17.30 (hora local) frente a la Universidad de Chile. Durante una actividad pública, la intendenta de la región metropolitana de Santiago, Cecilia Pérez, señaló que los altercados se produjeron en tres puntos del centro y hubo siete personas detenidas. En un breve discurso, Pérez valoró la responsabilidad, el compromiso y la coordinación de los dirigentes mapuches, que aislaron y se distanciaron de los encapuchados.

En junio pasado, cuatro mapuches chilenos presos, que iniciaron una huelga de hambre líquida durante 85 días, llegaron a perder más de 20 kilos de peso, con consecuencias irreversibles para su salud. Los indígenas reclamaban la nulidad de un juicio donde se los acusó y condenó por robo con intimidación y lesiones menores. El médico que los revisó, señaló que la falta de nutrientes debió haberles provocado daño cerebral y que para que los mapuches fueran a los centros sanitarios donde permanecían internados, el sistema de salud estatal había interpuesto un recurso de amparo cuyo tratamiento finalmente fue aceptado por la Corte de Apelaciones de Chile.

El especialista que atendía a los mapuches desde el comienzo de la medida de fuerza había señalado que los huelguistas atravesaban por un estado avanzado de desnutrición, su hidratación se encontraba al límite y su estado general de salud no era el mejor. Los 20 kilos que Ramón Llanquileo, Jonathan Huillical, José Huenuche y Héctor Llaitul fueron perdiendo a lo largo de la huelga también les produjo una disminución en el nivel de concentración. Ante la emergencia sanitaria, las autoridades decidieron trasladarlos a los centros asistenciales Concepción, Los Angeles y Nuevo Imperial, ubicados en el sur del país, decisión que fue resistida tanto por los prisioneros como por los familiares, que se enteraron del traslado mientras esperaban para visitar a los detenidos. En esa oportunidad, Juana Raimón, madre de José Huenuche, denunció que los presos habían sido obligados a comer por la fuerza. “A mi hijo lo sacaron muy mal, lo tiraron arriba de la ambulancia”, agregó la mujer. Pese a la negativa de los huelguistas, el sistema de salud de Chile interpuso un recurso de amparo ante la Cámara de Apelaciones nacional para iniciar la realimentación. Finalmente, la Justicia falló a favor de esta medida. Durante el conflicto, el gobierno había expresado que tomaría todas las medidas posibles para evitar la muerte de los comuneros, incluida su nutrición forzada, desoyendo las advertencias del médico que oportunamente señalara la peligrosidad y los efectos negativos que la realimentación podría acarrear si no se realizaban exámenes generales a los mapuches. Todos fueron condenados en marzo hasta a 25 años de prisión por intento de homicidio de un fiscal y robo con intimidación.


OPINION
Los indignados de Santiago de Chile a Roma
Por Rocco Carbone *
En ese Chile tan distante y tan presente que supo ser de Allende, desde hace casi seis meses se vive una crisis institucional por el reclamo de un derecho: el acceso a una educación gratuita. Y, complementariamente, de calidad, democratizadora, universal y crítica. Allí los estudiantes, luminosos “jóvenes revoltosos”, con Camila Vallejo a la cabeza, reclaman el desmantelamiento de la escuela clasista heredada de Pinochet, Augusto, y la articulación de un sistema educativo estatal gratuito, próximo al argentino, cuyo sistema universitario implica un ingreso universal, irrestricto y cuya condición es masiva y democrática. Reclamo estudiantil frente al cual el gobierno de Piñera respondió con un discurso descalificador del movimiento, y el pasado viernes en el país trasandino se quebró la mesa de diálogo entre el gobierno y los estudiantes, porque el Ejecutivo no quiere declinar su inflexión categórica frente al pedido de gratuidad. La ruptura de la mesa de diálogo implicó que los estudiantes hicieran una fogata frente a la Universidad de Chile, cosa que provocó la represión de los carabineros. ¿Qué muestra esto? A las claras, diría, la incapacidad del gobierno para resolver un problema urgente como la crisis estudiantil. Crisis que implica una restricción democrática –del ejercicio del derecho al estudio tendencialmente para todos– y en la sincronía una nítida discriminación hacia los sectores más postergados de la sociedad chilena. Uno.

Dos: otros parajes, otras latitudes. El mismo viernes, en Roma concretamente, el día arrancó a los apurones contra un atronador sonido de miles de despertadores para “despertar” al gobierno –que segrega derecha a la manera de Piñera– de Berlusconi, Silvio, acerca de las deficiencias del sistema público de instrucción y a su ministra de Educación, Mariastella Gelmini, quien implementó una reforma vectorizada en función de la desarticulación de ese mismo sistema público de instrucción. Es un hecho: la ministra lo vació de instrumentos, recursos humanos, dignidad: de sentido, en un sentido amplio. Ademán que implica una desarticulación de su dimensión pública que, como correlato, implica una pauperización de la sociedad italiana. Reforma cuyas falacias son justificadas apelando a la recesión financiera y la crisis que está atravesando Europa, pero que en realidad mercantiliza el derecho al estudio en nombre de una privatización ciega, consagrada a un capitalismo especulador. Reforma negadora del derecho al estudio. Además, esa performance de los despertadores, también, sirvió para insinuarle al gobierno, nada subrepticiamente, que su hora llegó. A la madrugada, frente al Palazzo Chigi (sede del gobierno italiano), con un ruidoso blitz de despertadores, la Rete degli Studenti arrancó una jornada de manifestaciones que vieron a los estudiantes italianos “revoltosos” desfilar en más de 90 plazas, reclamando con vehemencia su rol de actores políticos. Y el sábado, en Milán, un reclamo mayor: las dimisiones del gobierno y el “renacimiento” de una Italia desarticulada a causa de escándalos y divisiones. Voz pre y pro-política de la cual la izquierda debería categóricamente hacerse eco.

Tres. De Santiago de Chile a Roma, pasando quizá por la ocupación durante semanas, contra lluvia y viento en Puerta del Sol en los madriles, y en algunas otras cuantas ciudades del mundo (la vieja Atenas, por ejemplo, con una concentración de clase media, sectores anarcos y estudiantes organizados), leo un entramado sutil, una experiencia compartida. O quizá la corporización transnacional de una nueva generación: la de los indignados. Una generación que apela intrépida a la indignación como un indispensable sentimiento político. Generación que ve su escuela pública y la universidad pública hechas pedazos, con una escuela privada inaccesible por cuestiones económicas e ideológicas en la sincronía y un mercado del trabajo –especialmente, quizás, en Europa– que ofrece alguna silla en algún call center junto con pañales para adultos para volver más redituable el trabajo para la firma e ignominioso para el trabajador. Esta generación ha descubierto que la precariedad es un fenómeno global. Y ahora esa generación ha vuelto a comprender que de jóvenes se quiere cambiar, todavía, una vez más, el mundo. Porque el peligroso revés de trama podría ser el no future que en Londres a los menores de edad del East le empezó a inspirar saqueos e incendios.
* Ensayista. Profesor de la Universidad Nacional de General Sarmiento.
Fuente:Pagina12

No hay comentarios: