Año 4. Edición número 180. Domingo 30 de octubre de 2011
Por Laureano Barrera y Raúl Arcomano
Señores del mar. Doce represores de la Esma fueron sentenciados a prisión perpetua. (TELAM) || Festejo popular. En la puerta de Comodoro Py se celebró cada uno de las condenas. (TELAM)
La voz de los sobrevivientes de la Esma tras las condenas a los genocidas de ese centro clandestino de detención.
Mario Villani es físico. Enseñó en la Universidad de La Plata y trabajó en la Comisión Nacional de Energía Atómica. Tenía 38 ocho años cuando una patota lo secuestró, en noviembre de 1977. Estuvo desaparecido tres años y ocho meses en cinco centros clandestinos de detención. Su último destino fue la Esma. Como muchos de sus compañeros, en ese chupadero tuvo que hacer trabajo esclavo: arreglaba aparatos electrónicos. Cree que por eso no lo mataron. Pero un día los marinos vinieron con un pedido inusual: debía reparar la picana de Colores (a) Juan Antonio del Cerro.
–Cómo no vas a poder arreglarla, si reparaste cosas más difíciles.
–No, no es un problema técnico. No puedo reparar un instrumento de tortura.
–¿No la querés reparar? Está bien, ya nos vamos a arreglar.
Villani recuerda que a partir de ese momento empezaron a torturar con lo que se llama vari-volt: un transformador variable que tiene menos tensión que la picana, pero no tiene limites de corriente. “Desde ese momento empezó a aumentar la frecuencia de gente que entraba en coma. Además, cuando salían de la sala de tortura, los hacían pasar por delante de mí. Fue muy duro.” Villani encontró la solución: arreglar la picana. Pero cambió un capacitor: le puso uno más chico, por lo cual generaba menos energía. Fue una pequeña-gran victoria. Como la de esta semana, cuando pudo ver condenados a perpetua a sus torturadores.
Desde 2003 Villani vive en Miami. Desde allí le comenta a Miradas al Sur: “Fue una jornada histórica para el país. Más de treinta años esperando a la justicia. Lenta, pero llegó. Sobrevivientes, familiares y organismos saludamos al tribunal pero vamos por más, hasta terminar con la impunidad que envenenaba a la patria”. Junto con Fernando Reati, Villani escribió el libro Desaparecido. Memorias de un cautiverio–recién publicado– donde cuenta sus más de 1300 días detenido.
Se sabe: la Justicia condenó a perpetua a Alfredo Astiz, Jorge El Tigre Acosta, Ricardo Cavallo, Julio César Coronel, Adolfo Donda, Alberto González, Oscar Montes, Antonio Pernías, Jorge Radice, Néstor Savio, Raúl Scheller y Ernesto Weber. Dos tuvieron penas de 25 años de prisión: Manuel García Tallada y Juan Carlos Fotea. Y 20 años para Carlos Capdevilla y 18 para Juan Antonio Azic. Dos fueron absueltos: Pablo García Velazco y Juan Carlos Rolón. Igual seguirán presos por otras causas. Se juzgaron delitos contra 85 víctimas. Algunas fueron las fundadoras de las Madres de Plaza de Mayo, las monjas francesas Léonie Duquet y Alice Domon y Rodolfo Walsh.
Otro sobreviviente, Ricardo Coquet, estuvo el miércoles para escuchar la sentencia. “Lo viví con un poco de tristeza, porque los compañeros muertos ya no vuelven”, dice. “Me alegró saber que los estamos metiendo presos. Que a la larga estamos ganando.” Dos imágenes se le vinieron a la cabeza luego de escuchar las condenas. “Cuando a El Tigre Acosta le pusieron las esposas, ya condenado, me acordé de cuando me colocaron los grilletes en Capucha. También me acordé el día que lo trasladaron a mi amigo Ignacio Nacho Ojea Quintana, el último día que lo vi. Pasó en trencito delante de mí y me saludó a través de la capucha. Me di cuenta de que lo habían matado cuando me llevaron al Pañol a buscar ropa y ahí reconocí una camisa verde y un pantalón blanco. Era la ropa que yo le había prestado a Nacho”.
Coquet aportó dos datos importantes en el juicio. Señaló que Acosta tiene guardado un archivo completo de microfilmes con los legajos de los cerca de cinco mil detenidos que pasaron por la Esma. También recordó que Weber le contó: “Lo bajamos a Walsh. El hijo de puta se parapetó detrás de un árbol y se defendía con una 22. Lo cagamos a tiros y no se caía el hijo de puta”.
“¡Bien, carajo!”, repitió Víctor Basterra al menos doce veces, con cada prisión perpetua que anunciaba el juez en la televisión. “Lo viví moderadamente. Con satisfacción, no con alegría exaltada, sino con apaciguamiento”. Basterra pasó cuatro años infinitos en la Esma. Lo secuestraron el 10 de agosto de 1979 en su casa de Valentín Alsina, junto a su esposa y su hijita y lo dejaron en libertad el 3 de diciembre de 1983. Perdió la cuenta de las veces que lo picanearon, pero la más ruin –si es que la tortura admite graduaciones– fue una de las primeras, cuando Febres entró con su hija de dos meses, María Eva, y amenazó con acostarla en su vientre mientras le daban máquina.
Su relato en el Juicio a las Juntas fue lapidario contra los jefes de la Armada. Hasta valió una crónica de Borges, que asistió esa tarde “por primera y última vez a un juicio oral”, y se espeluznó con el famoso ágape navideño que dispensaron a sus víctimas los enloquecidos “señores del mar”. Pero las pruebas que aportó Basterra no están solamente urdidas por evocaciones y por el dolor en la memoria del cuerpo. Una vez, estando chupado, probaron que tenía el pulso perfecto para la falsificación de todo tipo de identificaciones: cédula, DNI, licencia de conducir. “O trabajás o te morís”, le dieron a elegir. Ese día, sin proponérselo, Basterra empezó a tramar la jugada más audaz y temeraria contra la muchachada de la Esma. Hizo una copia de más de las fotos de cautivos y captores, y las ocultó en la caja del papel fotosensible. La intuición no le falló: esa minúscula bóveda oscura se mantuvo a salvo, como casi nada y casi nadie, del ultraje de los marinos. Después, en cada salida vigilada, fue sacando de a una, dos, hasta de a veinte fotos carnets. Escondidas en las bolas.
“Fue fuerte escuchar en boca de un juez de un tribunal dictar la prisión perpetua, por ejemplo, contra el tipo que me capturó a mí, Donda Tigel”, se limita a decir, treinta años después, con sus verdugos recién condenados. Habla del infierno, su infierno, y de la tan añorada justicia, con una notable moderación: “Ante la injusticia me pongo loco, pero cuando se produce la justicia digo ‘bien’. Ahora el grueso de la población tiene en sus manos herramientas de justicia. Y eso, es maravilloso”.
El Sueco Carlos Lordkipanidse piensa lo mismo: “Fue un avance importantísimo de nuestro pueblo contra la impunidad”. El miércoles, desde atrás del blindex, vio a sus verdugos entrar y salir esposados, “pero con la diferencia de que entre un momento y otro se habían dictado doce cadenas perpetuas”.
A Lordkipanidse lo levantaron una noche de noviembre de 1978. Lo de siempre: una decena de monos de civil, piñas de todos lados, capucha y como una bolsa de arena, al baúl de un auto. Tenía 25 años y pasó dos en la Esma, martirizado regularmente, tanto que suele decir que salió siendo un anciano. Su hijo, Rodolfo, fue apoyado en su vientre mientras El Tigre Acosta le pasaba corriente. Un segundo antes, Antonio Azic le había dicho que cantara o “le reventaban la cabeza contra el piso”. La sentencia dispone abrir una investigación por las torturas contra niños. “Hasta ahora, estos delitos no tenían correspondencia en el Código Penal, porque no cabía en la mente humana que alguien fuera capaz de torturar chicos”, dice Lordkipanidse a Miradas al Sur.
Carlos integra desde hace décadas la Asociación de Ex Detenidos Desaparecidos, y desde allí fue un incansable perseguidor de sus torturadores, cuando la Justicia no lo hacía: no sólo Azic, sino también el procesado Díaz Smith fueron detenidos con su ayuda. La sentencia le provocó una “profunda alegría, aunque para nosotros es un minijuicio, porque sólo se juzgaron 18 represores por 86 casos, sabiendo que por la Esma pasaron 5.000 compañeros y que es responsabilidad del Estado identificar a todos los que pasaron por ahí”.
A Norma Suzal, con su quinto año de la secundaria en curso, la fue a buscar una caravana de autos de la Esma y un carro de asalto. Cinco matones con itakas la patearon y vendaron. En la caja del auto se encontró con su compañera Elizabeth Turrá y Eduardo de Gregory, celador desaparecido de su escuela de Florida, Vicente López, que era el blanco de una redada: el colegio parroquial Ceferino Namuncurá. Meses después se llevaron a otras dos compañeras, que siguen desaparecidas.
No había declarado hasta noviembre del año pasado. “En el ’84 no pude hacerlo, realmente. Fueron años de absoluto silencio”, cuenta Norma a Miradas al Sur, que hace pública su historia por primera vez. El año pasado la llamó el tribunal para que declarara sobre Vásquez y Turrá, a quienes ubicó viviendo en el exterior. Ante el TOF 5, Norma contó de sus cuatro días –del 8 al 12 de octubre del ’76– encapuchada y engrillada en Capucha, donde le pegaron y la hicieron tocar la picana, aunque no se la aplicaron. “Fue muy bueno para mí declarar. Yo estaba realmente aterrada: la noche anterior tenía miedo de desaparecer. Sentí que me había hecho bien hacerlo quince días después. Antes quedé temblando”. Norma es actriz y de a poco se va acercando al Ecunhi, el organismo que funciona en el predio de la Esma, para colaborar. La mañana de la sentencia le tocó ir: le contó a chicos de jardín y primaria el cuento El elefante desconocido. “Si mi hermana y yo no dábamos testimonio el año pasado, la sentencia no habría sido lo mismo”, concluye Suzal.
“Cuando llegó ese oscuro día de justicia, el pueblo entero despertó sin ser llamado”. Así empieza Un oscuro día de justicia, el último cuento publicado de Rodolfo Walsh. Está ambientado en un colegio pupilo de curas. Hay un celador hijo de puta que mortifica a los alumnos, que finalmente traman una venganza: el tío de uno de ellos lo molerá a golpes. El tío va, pero es él quien finalmente cobra. La alegoría del cuento de Walsh es que sólo los chicos –a quiénes sobre el final los llama “pueblo”– son quiénes podrán hacer justicia y vencer al celador. El héroe colectivo, como en El Eternauta. En el juicio por la megacausa Esma fueron las víctimas como Mario, Ricardo, Víctor, Carlos y Norma –y muchísimos otros– quienes lograron condenar a perpetua de doce de los genocidas de la Esma. Fue, parafraseando a Walsh, un luminoso día de justicia.
Fuente:MiradasalSur
Textuales
Año 4. Edición número 180. Domingo 30 de octubre de 2011
• “No esperaba escuchar esto con vida. Ahora sabemos que no estamos solas. Hay una juventud que nos sigue y que va a seguir con nuestra lucha cuando ya no estemos. Lo que exigimos en las últimas tres décadas llegó. Es un día histórico.”
TATY ALMEIDA, Madres Línea Fundadora.
• “El fallo cierra un capítulo importante con un resultado positivo. El año que viene volveremos a dar batalla, en un proceso en el que habrá más de 50 imputados y se tratarán casos de 700 víctimas.”
RODOLFO YANZÓN, abogado querellante en el juicio.
• “Sólo la verdadera justicia trae paz a una persona y a un pueblo. Se acaba con la impunidad de quienes actuaron como parte del aparato criminal del Estado. Dimos un paso más en el camino de enjuiciamientos a los genocidas.”
VICTORIA DONDA, diputada nacional.
• “Justicia. Felicitaciones a todos los que militaron el juicio y especialmente a los sobrevivientes. Sin su coraje sería imposible.”
ALAN IUD, abogado de Abuelas.
• “Esta lucha colectiva de los organismos de derechos humanos es un ejemplo para el mundo.”
PATRICIA WALSH, ex diputada e hija de Rodolfo Walsh.
• “Las familias de Alice Domon y Léonie Duquet y yo nos alegramos de que 35 años después, la Justicia argentina haya entregado una decisión igual a la que Francia entregó hace más de 20 años.”
SOPHIE TONON, abogada de las monjas francesas.
• “Esto no tiene que terminar cuando cambie el gobierno. Tiene que ser política de Estado para que nunca se vuelvan a cometer los delitos que se cometieron cuando se implementó un terrorismo de Estado que convirtió al país en un gran campo de concentración.”
MABEL CAREAGA, hija de Esther Ballestrino de Careaga.
Fuente:MiradasalSur
“Celebramos la sentencia, pero anunciamos que vamos por más”
Por Martín Rico, abogado querellante por la Secretaría de DD.HH.
Este juicio seguro se conocerá como ESMA I, ya que estimamos que el próximo año comenzará la segunda etapa de esta megacausa, que investiga los hechos ocurridos en el centro clandestino de detención y tortura más grande del país. Decimos que estimamos, ya que los registros de la represión por parte de la Marina fueron destruidos u ocultados vaya uno a saber dónde. Esto es lo que los abogados definimos como “actuar con previsión de impunidad”, para asegurar el resultado de las violaciones masivas a los derechos humanos que se cometieron durante la etapa más oscura de la historia de nuestro país. Durante las audiencias, revivimos en los testimonios de las víctimas el horror al que fueron sometidos, como tantos otros, el grupo de mujeres fundadoras de las Madres de Plaza de Mayo, encabezado por Azucena. Al igual que ella, Mary Ponce, Esther, y otras fueron secuestradas junto con sor Alice y Léonie. Las dos monjas francesas que participaban activamente en esas primeras reuniones que fueron el puntapié inicial de un movimiento político que hoy nos enorgullece en el mundo, ya que representa la oposición al régimen genocida. Nunca tan bien usado el término régimen, en detrimento de algún uso político dado al mismo, hace pocos días, desde alguna posición política mezquina y perdedora de elecciones. También durante estas largas jornadas revivimos la suerte que corrió a manos de estos genocidas el escritor, periodista y político Rodolfo Jorge Walsh. Consideramos que se trató de una sentencia histórica. Desde nuestro lugar de abogados redoblaremos los esfuerzos para lo que venga. Celebramos la sentencia, pero anunciamos que vamos por más. Por más sentencias, por más condenas con el objetivo de que ningún genocida quede libre y caminando por la calle. Nos sentimos orgullosos y hoy más que nunca comprometidos con este proceso de memoria, verdad y justicia que, después de lo sucedido el último domingo, estamos seguros que cuenta con el apoyo de la mayor parte del pueblo argentino. Desde la comprensión histórica y acompañando la decisión política, descansando en el mandato popular, ¡siempre iremos por más!
Fuente:MiradasalSur
OPINION
Dónde encontrarlos
Por Ana María Careaga *
La desaparición. Ese mal indecible que nos asoló pretendiendo dejarnos inermes, atrapados por el abismo de lo insondable para siempre. Sin tumba para siempre. Sin nombre, sin edad, sin paradero, sin historia, para siempre. ¿Qué se podía hacer frente a una perversidad atroz que hacía de la incertidumbre lo único pasible de hallar en los años de la oscuridad más cerrada que vivió nuestro país?
Nadie sabía. No había respuestas. ¿Qué hacer frente a tamaña ignominia, frente a aquello que de tan siniestro no tenía ni nombre?
Ellas hicieron. Salieron a buscar. Primero a sus hijos, vivos. Los querían con vida. “Hasta que aparezcan todos.” Si la esperanza es un propósito activo, dice el poeta “el mejor modo de esperar es ir al encuentro”. Y ellas no esperaron, salieron a buscar. No esperaron ni aquellas que desaparecieron buscando a sus hijos, “las de la Santa Cruz”; ni las otras, sus compañeras de camino que hoy todavía giran en torno de una Pirámide que las transportó en su búsqueda más allá de cualquier frontera. Que hizo de esa búsqueda un hallazgo.
Luego la conciencia de la tragedia empezó a embargar esos miles de hogares. La posibilidad de esa realidad negada, de la última, de la que uno nada quería saber, empezó a vislumbrarse como el lugar de la desaparición. Como un destino ineluctable. Pero nunca cejaron. Fue un movimiento que las tuvo y las tiene como símbolos pero que encarnó muchas luchas, otras, innumerables luchas que a veces debieron invisibilizarse, pero que sobrevivieron a la desaparición.
Y cada uno de los logros en esa misión de una posición ética a toda prueba fue derribando trabas, corriendo columnas, atravesando sinsabores y deshaciendo obstáculos. Memoria, verdad y justicia. Justicia pedían. Pero dicen “nunca creímos que iba a llegar...”, y “seguimos porque falta mucho, pero mucho también hemos logrado”.
Decía en un escrito en abril de 2005, dando cuenta de esa búsqueda que genera la desaparición, sobre aquellas diferentes instancias adonde se vuelve recurrentemente para encontrar a los desaparecidos: “Te buscamos, como había que buscar entonces, como se buscaba en esa época funesta de nuestra historia, como ustedes nos buscaban a nosotros. Golpeando puertas, recorriendo, denunciando. Todo era inútil. Fueron cartas, presentaciones, viajes, hábeas corpus. Un gran interrogante sin respuestas. Todo era inútil. Eso era la desaparición. Parecía como si se los hubiese tragado la tierra. Pero no era así. Eran las Fuerzas de Seguridad las que secuestraban, torturaban y asesinaban. Por eso ustedes pasaron a ser, también ustedes, detenidas-desaparecidas, como los hijos que buscaban. Las madres buscaban a sus hijos y los hijos buscaban a sus madres, en el país de lo indecible. Después buscamos la justicia. Tampoco llegó. También estaba desaparecida.
Buscamos como había que buscar, y buscamos también de otras maneras: ¿Cómo? ¿Dónde? (...) En las miradas de otras madres, en sus abrazos.
(...) Te buscamos en una plaza con tu nombre, en un árbol plantado en la avenida San Juan. Te buscamos en el río cuando, en un acto simbólico –la pucha, tan bien intencionado– esparcimos las cenizas de papá, para juntarte, simbólicamente, con él. Y vos ya no estabas. Desencuentro trágico que da cuenta, una vez más, de la desaparición. Un equívoco permanente, un no lugar. El problema no es si la cita es en una plaza, en un árbol, en el río, el problema es cuando uno de los dos no puede asistir a esa cita. El problema no es si la tumba o el epitafio.
El problema es la tumba sin epitafio o el epitafio sin tumba.
Y así estuviste vos recluida en los confines de lo siniestro, de lo innombrable durante 28 años, mientras nosotros te buscábamos a ciegas.
Y así tuvimos que aprender, duramente, muy duramente, a encontrarte.
En abrazos ajenos. En las miradas de nuestros hijos. En sus sonrisas. En las imágenes en las que los hijos que ustedes buscaban, madres de todos, las abrazan con sus miradas eternas”.
Con la esperanza intacta y la voluntad irrompible. La desaparición podía ser una madre, un hijo, un hermano, un sobrino, un tío, un primo, un abuelo, un esposo, una esposa, un amigo. Alguien cuya ausencia se tornaba insoportable, alguien a quien urgía encontrar.
Y se fueron construyendo lugares donde encontrarlos. Espacios tangibles e intangibles en donde pudiera aliviarse el alma.
El 26 de octubre de 2011 tuvo lugar un hecho histórico. Fueron condenados un grupo de integrantes del GT332 que funcionó en la Escuela de Mecánica de la Armada en esa larga noche de tinieblas.
En una audiencia colmada de presencias, miles de ausencias se encontraron en la búsqueda de cada uno de los presentes. Y entonces los encontramos. Sí, de nuevo los encontramos. En los aplausos, en las fotos enarboladas como escudos que defienden del olvido y de la desmemoria, en las voces pronunciadas entre todos, en sus ojos que miran desde los nuestros.
Y se convirtió, entonces, ese recinto que a esa sociedad le queda chico, en otro lugar, en un nuevo lugar donde encontrarlos. No hace falta que la sociedad asista a las audiencias para hacerse cargo de un hecho que, a todas luces, la involucra, la atraviesa de punta a punta, la invade por todos los poros.
Allí en ese recinto, con el eco de sus nombres, con la verdad que fue eclipsando sin vuelta atrás la impunidad, la Justicia se convirtió, también ella, en un lugar donde encontrarlos.
* Directora del Instituto Espacio para la Memoria. Sobreviviente del CCD El Atlético. Hija de Esther Ballestrino de Careaga, Madre de Plaza de Mayo secuestrada en la Iglesia de la Santa Cruz el 8 de diciembre de 1977.
Fuente:Pagina12
ícono de la represión durante la última dictadura
El fallo de la ESMA abrió nuevos caminos para avanzar con más juicios
Publicado el 30 de Octubre de 2011
Por Gerardo Aranguren
De la sentencia se desprende la posibilidad de iniciar procesos por las violaciones sexuales a las secuestradas y las torturas a niñas y niños. El tribunal pidió que se incluya a la persecución política como causal de genocidio.
Los murmullos se convirtieron en silencio al momento en que el juez Daniel Obligado, presidente del Tribunal Oral Federal 5, comenzó a leer la sentencia contra los 18 marinos acusados de delitos de lesa humanidad en la ESMA. Para los sobrevivientes de los horrores de ese centro clandestino y sus familiares la espera de más de dos horas resultó interminable y la ansiedad sólo se calmó cuando el TOF 5 volvió de su eterno cuarto intermedio y comenzó a anunciar las penas.
Cada una fue celebrada con un puño apretado o un “sí” y “vamos” bajitos, contenido, para evitar el reto del Tribunal: perpetua para Alfredo Astiz, Jorge “El Tigre” Acosta, Ricardo Cavallo, Antonio Pernías y otros ocho marinos por haber secuestrado, torturado y asesinado a los 12 miembros del Grupo de la Iglesia de la Santa Cruz, integrado por a las monjas francesas Alice Domon y Léonie Duquet y las primeras Madres de Plaza de Mayo. Seis de ellos además fueron culpados por el homicidio del periodista Rodolfo Walsh y el robo de sus pertenencias, entre las que se encontraban sus obras inéditas que nunca fueron recuperadas.
Un silencio de otro tipo se produjo cuando se escucharon las dos absoluciones. El público se miró entre sí, buscando respuestas: Juan Carlos Rolón, imputados por los crímenes contra el Grupo de la Santa Cruz y contra Walsh, y Pablo García Velasco, acusado de haber liderado el operativo que asesinó al periodista. Las razones se conocerán recién el 26 de diciembre a las 20, cuando el TOF5 dará a conocer los fundamentos.
La mayoría de los imputados también fueron condenados por el secuestro y las torturas a decenas de detenidos, como los sobrevivientes Víctor Basterra, Sara Solarz de Osatinski, Martín Gras, Enrique Fukman y Carlos Lordkipanidse.
Si bien se trató de un fragmento pequeño de la megacausa ESMA (18 acusados por 86 víctimas) todos quisieron estar presentes para la primera condena contra represores de la Armada Argentina.
Los jueces también lo deben haber entendido así. Deliberaron hasta el último minuto antes de leer la sentencia pasadas las 20, dos horas después de lo previsto, mientras periodistas de todo el mundo esperaban asombrados por la impuntualidad y desorganización. El fallo del Tribunal no sólo dejó las condenas y absoluciones, sino que abrió varios caminos cuyo alcance se terminará de entender con los fundamentos.
Uno de los más esperados es la investigación por separado de los delitos sexuales cometidos en ese centro clandestino. En ese sentido, enviaron los casos al Juzgado Federal 12, a cargo de Sergio Torres, donde se abrió una causa para investigar las violaciones sexuales como delitos de lesa humanidad. También por separado se investigarán las privaciones ilegales de la libertad y las torturas de niños y niñas secuestrados en la ESMA con sus padres. Un caso emblemático es el de Carlos Lordkipanidse, picaneado junto a su bebé en los interrogatorios por Juan Antonio Azic, quien sólo recibió 18 años de prisión.
Otra marca que dejará este juicio es el precedente en el caso de María Cristina Lennie, militante de Montoneros que tomó una pastilla de cianuro para evitar su secuestro con vida. El miércoles, Oscar Montes fue condenado a perpetua por su asesinato, un reclamo de la querella del Cels, ya que la instancia de su secuestro la forzó al suicidio.
Además, el tribunal reclamó que se le solicite “a los demás poderes del Estado que, ante los Organismos Internacionales pertinentes, postulen la inclusión de la persecución política como causal de genocidio”.
Por pedido de la querella de Patricia Walsh, se preservará “como prueba judicial” el campo de deportes de la ESMA, donde se cree que se realizaban los “asaditos” para incinerar cuerpos de desaparecidos.
Fuente:TiempoArgentino
La misma sonrisa, pero otro destino
Publicado el 30 de Octubre de 2011
El miércoles fue un día histórico para la justicia argentina. Así lo hicieron sentir las víctimas de la ESMA y sus familiares, que esperaron 22 meses para escuchar cómo el Estado, el mismo que secuestró, torturó, desapareció, arrojó gente al mar y robó niños, condenaba 35 años después a algunos de los símbolos de la represión y de la impunidad.
Organismos de Derechos Humanos, militantes, familiares, amigos y sobrevivientes del máximo centro clandestino de detención del país se acercaron como nunca antes a la Sala Amia de Comodoro Py para ver el rostro de Alfredo Astiz, quien se pavoneaba con su sonrisa cínica y mostraba su escarapela, de Jorge “El Tigre” Acosta y otros 14 marinos que fueron condenados. Los recibieron con el puño en alto, con los dedos en ‘v’ o con las fotos de sus desaparecidos mientras trataban de mirar a los ojos a quienes integraron el temible Grupo de Tareas 3.3.2.
La misma sonrisa exhibió Astiz mientras el personal del Servicio Penitenciario le colocaba las esposas para llevarlo a la alcaidía. Ya lejos los años en que gozaba de impunidad, cuando veraneaba en Mar del Plata o daba entrevistas resaltando su capacidad para asesinar. Se tuvo que ir en silencio, saludando a su hermana que lo veía desde la bandeja superior, mientras la mayoría le cantaba
“Como a los nazis les va a pasar, a donde vayan los iremos a buscar.” Treinta y cuatro años después de que se infiltrara entre las primeras Madres de Plaza de Mayo como Gustavo Niño, Astiz fue trasladado al pabellón de lesa humanidad de Marcos Paz y esta vez con una condena a perpetua a cuestas.
Fuente:TiempoArgentino
El recuerdo para los 12 secuestrados en la Santa Cruz
Publicado el 30 de Octubre de 2011
Hoy a las 11 de la mañana se realizará en la Iglesia de la Santa Cruz, en el barrio de San Cristobal, una misa y un acto con la presencia del embajador de Francia, Jean-Pierre Asvazadourian, junto a familiares de las monjas francesas Léonie Duquet y Alice Domon, quienes viajaron al país para escuchar la sentencia del juicio por los crímenes del centro clandestino ESMA.
Entre el jueves 8 de diciembre y el sábado 10 de diciembre de 1977 un grupo de militares bajo el mando de Alfredo Astiz secuestró a 12 personas vinculadas a las Madres de Plaza de Mayo, entre ellas, Léonie Duquet, junto con la fundadora de Madres de Plaza de Mayo Azucena Villaflor en la Iglesia Santa Cruz donde solían reunirse. Léonie no se encontraba allí, pero los represores fueron a secuestrarla en la Capilla de San Pablo.
Las familias de ambas monjas viajaron al país para escuchar el miércoles pasado la sentencia que condenó a cadena perpetua a 12 de los 18 represores juzgados por crímenes de lesa humanidad perpetrados en la ESMA.
Fuente:TiempoArgentino
Taty Almeida
“Las locas seguimos de pie”
Publicado el 30 de Octubre de 2011
Por Gimena Fuertes
A cuatro días de la histórica condena a los represores de la ESMA, la referente de Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora destacó la lucha de los organismos y reinvidicó el aporte del ex presidente Néstor Kirchner en la defensa de los Derechos Humanos. “La noche de la sentencia estoy segura de que mi hijo Alejandro andaba por ahí. Y Néstor también, con los pulgares para arriba”, afirma. Memorias y retrato de una luchadora incansable.
Taty Almeida contó su historia decenas de veces desde que la Triple A se llevó a su hijo Alejandro, de 20 años, el 17 de junio de 1975. “Hago docencia de la vida”, explica como la maestra que fue. Esta vez, la vuelve a contar, pero después de una semana “muy fuerte, muy intensa”. “¡Ni tiempo de lavar el pañuelo tuve!”, (ríe). El domingo pasado festejó la reelección de la presidenta Cristina Fernández. El miércoles saltó de alegría “como una desaforada”, fuera de los Tribunales de Comodoro Py mientras escuchaba la sentencia contra los represores que actuaron en la ESMA. Y el jueves caminó la ronda alrededor de la Pirámide de Plaza de Mayo a un año de la muerte de Néstor Kirchner.
Taty vive en un modesto departamento en Barrio Norte, pintado mitad de rojo y mitad de blanco, lleno de pequeños adornos, carpetitas de crochet y fotos familiares, entre las que se encuentra la última con todos sus hijos, Alejandro, Fabiana y Jorge, sonrientes en un asado soleado, días antes de que secuestraran a Alejandro. También está la foto que le regaló Cristina Fernández, del día de su asunción. Y muestra orgullosa el portarretratos donde aparece con Kirchner, gigante a su lado, abrazándola, y ella feliz. “Cuando son las elecciones de 2003, yo estaba en España en lo de mi hijo Jorge, y me llama mi hija Fabiana y me dice ‘mamá, ganó el otro, pero ahora hay una segunda vuelta, vamos a votar a un tal kiche, Kichi’, no le salía ni el apellido, no lo conocíamos. Cuando él asume la Presidencia recibe enseguida a los organismos de Derechos Humanos. Nos conquistó con esa transparencia, con ese cariño, ese muchacho grandote, espontáneo. Fuimos a verlo con las Madres Línea Fundadora, apenas le dije “hola” él me agarró, me abrazó, lo sentí, y ahí pensé: Este es sincero, es lo que esperábamos. Y no me equivoqué. Nos conquistó, tenía eso Néstor”, cuenta Taty casi sin parar para respirar. “Gracias a la anulación de las leyes de impunidad pudimos empezar a juzgar en la Argentina. ¡Y ni te cuento cuando descolgó los cuadros en el Colegio Militar. Eso también marca un antes y un después. Él no eligió un soldadito para que lo sacara, se lo pidió a quien correspondía, al jefe del Ejército Roberto Bendini”, recuerda emocionada.
Taty tiene pegado del lado de afuera de la puerta de su departamento el sticker del día del Censo. “No lo voy a sacar jamás. Él nos dejó ese día fatídico. Yo estaba acá, llegaron, me censaron, se fueron, y puse la radio, a Víctor Hugo Morales y escucho: ‘Acaba de fallecer el ex presidente…’ y me puse a gritar como una loca”, recuerda. Y subraya: “Lo repito convencida, a Néstor no lo enterramos, lo hemos sembrado. Él despertó a muchos jóvenes a la militancia, a preocuparse del otro. Ahora, con este recambio que se está formando, estamos tranquilas porque sabemos que cuando no estemos, estarán ustedes, les pasamos la posta. Pero todavía las locas seguimos estando. Así nos llamaron, creyendo que nos ofendían, estábamos locas de dolor, de rabia, de impotencia, nos llevaron lo más preciado que tiene una mujer. Locas, sí. Pero transformamos todo esto en amor, en lucha. A pesar de los bastones, los carritos, las sillas de rueda, las locas seguimos de pie”, dice contenta.
Hace una semana Taty estaba junto a sus compañeras en el Hotel Interamericano esperando el resultado de las elecciones. “Una ya sabía el resultado, pero tenía esa adrenalina. Y el discurso fue maravilloso, ¡y el abrazo con Máximo! ¡Era Néstor en gordo! Cuando la abrazó y levanta el puño, era como el padre, tiene los mismos gestos. Ha sido una semana muy fuerte, muy intensa. Y ella que dio ese discurso tan conciliador, inclusivo. Como siempre decimos las Madres, nuestra lucha se convirtió en una lucha política pero no partidaria, pero Néstor fue el primer presidente que nos escuchó, no el primero que nos recibió, porque nos han recibido antes, pero sí el primero que nos escuchó y que tomó a los Derechos Humanos como política de Estado, un Estado presente que empieza a ser justicia. Es el resultado, por supuesto, de la lucha inclaudicable de los organismos y de los sobrevivientes, que tuvieron la valentía de presentarse en los juicios y se han desgarrado contando todo lo que les hicieron”, recalca. Eso mismo dijo Taty el miércoles en el escenario instalado frente a los Tribunales de Comodoro Py, después de escuchar la sentencia que condenó a cadena perpetua a 12 de los 18 represores juzgados por los crímenes de lesa humanidad cometidos en el centro clandestino que funcionaba en la ESMA. Allí, junto a H.I.J.O.S., Taty corrió de un lado para otro, dio entrevistas a medios locales y de todo el mundo, subió al escenario, saltó y se abrazó. “Ustedes me dan la fuerza para eso. Y Alejandro desde donde esté. Yo siempre he sido así. Cuando yo estaba en el colegio normal mis compañeras me pedían que yo organizara el famoso viaje de fin de estudio. Y también logré que pudiéramos escuchar discos en los recreos de Frank Sinatra y que pudiéramos ir a cursar con pantalones. Y después, por las vueltas de la historia, sigo haciendo docencia por la vida”, reflexiona. “Yo quiero que hasta el último represor sea encarcelado con cárcel común, efectiva y perpetua. Los amos de la vida y de la muerte ni se imaginaban que iban a llegar esposados a los juicios, sentarse a escuchar a las víctimas. Mis compañeras de Madres Línea Fundadora, con Abuelas y Familiares estaban adentro, yo quería estar afuera. Por eso era el único pañuelo blanco que los medios veían y estaban encima, no de Taty, sino de un pañuelo blanco. Yo era una madre desaforada, no hubiera podido estar adentro sin poder gritar”, reconoce.
Esta integrante de Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora sabe ahora que su lucha se llama militancia. Pero, durante los primeros 45 años de su vida, Taty Almeida se llamó Lidia Stella Mercedes Miy Uranga. Nació y creció en una familia militar por parte de padre y radical por parte de madre. “Yo era una gorila antiperonista, con los pelos por todos lados, es que mi familia eran todos militares, coroneles, comodoros”, cuenta.
Taty vivía con Alejandro en el mismo departamento donde vive ahora, y se enteró de la militancia de su hijo luego de su secuestro y desaparición. “Él me preservaba, se reía de mis burradas, yo no entendía nada. Alejandro, con su metro ochenta, me abrazaba y me decía ‘gorilita de mierda, sin embargo la quiero’. Una vez encontré un dibujo de una estrella en la sala de planchar, y le pregunté: ‘¿Es la estrella judía?’. Y me dice; ‘¡No mamáaaaaaaaaa!’. Era la estrella del ERP.’ Yo no tenía ni la más pálida idea. Por eso es que yo conozco la otra faceta de Ale después de 17 de junio de 1975, cuando me dice: ‘Mamá ya vengo, mañana no voy a trabajar.’ Empiezo a buscar y encuentro una agenda con sus 24 poesías. Ahí conocí su militancia, su compromiso, su amor a la novia y el mensaje en esa poesía tremenda que me deja por si algo le pasaba”, cuenta mientras mira la foto de su hijo como si el tiempo no hubiera pasado.
“A Alejandro se lo llevan durante el gobierno de Isabel Perón, y para mí los culpables eran los peronistas. Es por eso que yo lo voy a ver a quien luego fue el ministro de Interior Albano Harguindeguy, que había sido oficial de mi padre, y me dice que la culpa la tienen los peronistas, y yo le creía. Y cuando vino el golpe de Estado pensé: al fin se van estos negros de mierda y vienen mis conocidos, y yo voy a recuperar a Alejandro. Es por eso que me costó acercarme a Madres, por mi curriculum. Pero llegué y pude empezar a decir que tenía un hijo desaparecido. Ahí fue cuando Ale parió a la Taty Almeida, cuando yo tomo conciencia de lo que era compartir la lucha con esas mujeres que se reunieron el 30 de abril del ‘77, ahí es cuando siento que soy Almeyda, por Alejandro, él parió a Taty. Ahora me cargan y me dicen que es mi nombre de guerra” (se ríe).
Taty repasa las vueltas de su crecimiento en la lucha por la condena a los represores y en defensa de los Derechos Humanos. Explica que al principio las madres no se animaban a revelar la militancia de sus hijos. “Era una forma de preservar a los chicos. El único organismo que siempre reconoció todo fue familiares, porque ellos ayudaban a los presos políticos. Recién en el año ’95 cuando aparece el grupo de H.I.J.O.S., esa juventud maravillosa, insolente, empiezan a decir ‘mi viejo era del ERP, mi vieja era montonera’. Y ahí empezamos públicamente a reconocer la verdad. ¡Basta de decir que mi hijo tocaba el violín, eran todos militantes! Y es lo que se vuelve a ver ahora, más allá de que sean kirchneristas o no, ese compromiso de los chicos es fantástico. Ahora puedo decir que soy una militante. Eso sí, quiero aclarar una cosa: ¡Hace rato que me afeité, no soy más gorila! Los compañeros de Alejandro siempre me dicen lo orgulloso que tiene que estar de cómo cambió esa gorilita de mierda. Esa noche de la sentencia por la ESMA estoy segura que andaba por ahí Alejandro. Y Néstor con los pulgares para arriba.”
Fuente:TiempoArgentino
LOS DOCE DESAPARECIDOS DE LA IGLESIA DE LA SANTA CRUZ
FuenteFoto:Web




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