5 de diciembre de 2011

CÓRDOBA: LA LUCHA DE UNA FAMILIA.

La lucha de una familia
La verdad y la justicia necesitan la lucha institucional y el éxito electoral, pero se sostienen desde las familias fieles y leales.
16/11/2011
Por Carlos Eduardo Waquim (Familiar de víctimas de la represión)
Como las bisagras de una puerta que estalla, forzada a abrirse por palancas, así pueden verse el Navarrazo (25 de febrero de 1974), que astilló la soberanía política, y el Rodrigazo (4 de junio de 1975), que devastó la independencia económica y la justicia social.

El “modelo” de José Alfredo Martínez de Hoz a Domingo Cavallo sólo se impondría a golpe de Estado y al galope de secuestros y asesinatos de las hijas e hijos de familias que testimoniaban en fe y vida. A nuestra familia, Luciano Benjamín Menéndez le imputaba: “Y... es famosa por sus tertulias políticas”.

Por el secuestro de mis dos hermanas, el 7 de enero de 1976, nuestra familia acusó al Gobierno y convocó a un lockout general. Con la solidaridad de parientes y adherentes, cerramos comercios y fábricas para marchar hasta la Iglesia Ortodoxa de San Jorge.


Menéndez, Raúl Bercovich y Carlos Risso declaraban: “Y... son ajustes de cuentas entre extremistas”. Les respondíamos: “Es falso, esto es el preludio de una masacre”. ¿Y las instituciones? Las dignas van a ofrendar sus últimos hálitos de vida en la Multisectorial del 25 de enero de 1976.

Es la familia la que enfrentó a quienes por entonces eran comandante del Tercer Cuerpo, interventor federal y ministro de Gobierno. Sí, la pequeña iglesia doméstica, la célula básica de la sociedad, la primigenia unidad básica del movimiento nacional y popular.

En nuestro caso, sólo una familia de árabes cristianos que oficiamos el arte del comercio como el instrumento por excelencia de transmisión cultural.

El Campo de la Ribera es la mortaja de nuestras mártires. Es el sitio donde el isabelismo confirió su potestad de gobierno democrático a un sicario del cipayismo vernáculo, el mayor Héctor P. Vergez, (a) Víctor Vargas, antes entrenado por los estados colonialistas.

La familia de cuatro hijos, dos asesinados y uno en el exilio, permaneció en su humanismo. No la infeccionó el materialismo de Martínez de Hoz con el “deme dos pa’ los pocos” e hizo de su fuente de trabajo el sitio de encuentro con las otras familias de la resistencia. En democracia, la lucha fue ardua. La obediencia debida, el punto final y el indulto fueron momentos de claudicación en la dignidad de la persona, por arriar las banderas de sus derechos fundamentales e inalienables y volverse así todo gobierno insustentable.

Ya más cerca en el tiempo, asume como presidente Néstor Kirchner y se posiciona en la verdad histórica, desde donde consolida el frente interno, negocia la deuda externa y conduce al país rumbo a la independencia económica, con un crecimiento extraordinario.

Pero nada cambia en el andamiaje jurídico económico, donde la distribución inequitativa del ingreso se polariza aún más con el crecimiento. El problema es no ubicarse en el momento en que se rompió la bisagra: “El Rodrigazo”, que aniquiló a la Confederación General Empresaria (CGE).

En 35 años de luchas heroicas, las familias que permanecieron coherentes en el ideario de sus mártires vivieron todas las vicisitudes generadas por una economía usurera que nos exacciona, confisca y expolia.

La verdad y la justicia necesitan de la lucha institucional y el éxito electoral, pero se sostienen desde las familias fieles y leales. Fieles a su fe, sea esta judía, cristiana o musulmana, y leales al movimiento nacional y popular, provenga de su raíz yrigoyenista o peronista. Ésta es la piedra angular: la familia.

Cuando alcancemos verdad y justicia, finalmente será posible elevar una plegaria por todos los mártires de la patria: ¡y que sus memorias sean eternas!
FuentedeOrigen:LaVoz
Envío:Cecilio M. Salguero                                                  

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