Circuito Camps: "Se ha cometido un hecho de traición a la Patria"
Miércoles, 07 de Diciembre de 2011
Por Secretaría de Prensa y Difusión - APDH La Plata
El testimonio de dos ex presas políticas que compartieron cautiverio en un centro clandestino al que no pudieron precisar, y el del compañero de una militante de nacionalidad paraguaya que continúa desaparecida, fueron los relatos que signaron la audiencia del juicio oral y público a los veintiséis represores del "Circuito Camps".
Monica Inés Salvarezza se presentó como una estudiante de la carrera de Medicina en la Universidad Nacional de La Plata en tiempos de la última dictadura cívico-militar. La noche del 29 de septiembre de 1976, cuando fue secuestrada, estaba durmiendo en su casa con su novio, Antonio Magna.
—Me desperté con un arma en la panza, porque no había escuchado la irrupción —contó la testigo con la voz nerviosa—. Eran seis o siete personas de civil, y recuerdo que un 'Dr. Carlitos' era el que comandaba.
Salvarezza señaló que los efectivos se llevaron pertenencias que había en el domicilio, además de interrogarla con violencia acerca de "las armas" y del supuesto "embute" que la víctima escondía.
—¿Con quién más vivís? —le preguntaron quienes la llevaron hasta el baño.
A la testigo no le quedó otra opción que confesar que vivía con otras compañeras de la facultad, entre ellas, Susana Ceci de Raineri, quien al momento del secuestro de Mónica se había ido a cenar a City Bell a la casa de Susana Lebel. "Me hicieron hacer el recorrido del colectivo que iba hasta su casa, con una funda en la cabeza; nunca quise ser la guía de una cosa tan espantosa", confesó Salavarezza, quien además añadió que el grupo de tareas dejó el auto a dos cuadras de la casa de Ceci de Ranieri, antes de la irrupción.
—No mires a los costados —le dijo una voz, al tiempo en que le sacaba la funda de los ojos y la manoseaba, dejándose conducir hacia la entrada de la casa —. Hacé de cuenta que salimos a pasear.
Pasaron pocos minutos hasta que la testigo fue ingresada al auto nuevamente, y con ella, su compañera Ceci de Ranieri. "Anduvimos un rato largo en auto, primero bajaron a Susy y después a mí, y preguntamos qué nos iban a hacer".
—Las vamos a matar a todas —respondió un hombre con tono sarcástico—. De acá no sale nadie con vida.
Según relató Salvarezza, fue a su compañera a quien sometieron primero a interrogatorio. "Luego me tocó a mí, me torturaron, me hicieron preguntas indefinidas; me preguntaban por un nombre...Ramiro. Y después me llevaron a un lugar donde estaba Susana Lebel, donde sentí olor a carne quemada", precisó.
—¡Llamen a un médico , que me muero! —gritaba Lebel.
Por último, la testigo recordó que aquella fue la última vez que la vio y que "había un hombre que hablaba francés". "Me llevaron a una celda grande, donde había mucha gente, era un calabozo, con Susy (Ceci de Raineri), una madre con su hijo y con mi prima Liliana, con quienes estuvimos juntos ocho o nueve días".
La liberación no tardó en llegar, en tanto uno de los guardias se acercó a Salvarezza y le anunció que esa misma noche serían liberados. "A todos los que estábamos en el calabozo nos subieron a la parte de atrás de una camioneta y nos dejaron a 120 kilómetros de La Plata", finalizó.
La otra sobreviviente
Se trata de Susana Mabel Ceci de Raineri, quien compartió cautiverio con la testigo anterior en un centro clandestino que tampoco pudo precisar, aunque se presume que se trataría del Destacamento de Arana. "Yo estaba en City Bell, en la casa de Susana Lebel, a quien habían ido a buscar", dijo la mujer en relación al grupo de tareas que irrumpió en el domicilio aquella noche de septiembre de 1976. Y agregó: "Entraron por la fuerza, no se presentaron, y me llevaron con los ojos tapados al baúl de un auto que me llevó a un lugar desconocido, donde estuve alrededor de diez días, que quedaba bastante alejado de la ciudad".
"Tengo ideas muy vagas de esa época", aclaró Ceci de Raineri desde el vamos. Cuando la querella indagó acerca de sus compañeras de cautiverio, la testigo no pudo confirmar si habían sufrido torturas físicas. Sin embargo, consiguió detallar que ella sí había sido interrogada "en una celda muy pequeña, siempre vendada", y luego trasladada a un lugar donde la amenazaron con ser sometida a la picana eléctrica.
Finalmente, la víctima pronunció el alias del novio de Mónica Inés Salvarezza, "Tucho", quien también había permanecido allí detenido. Asimismo, mencionó a una mamá con su hijo, a la prima de Salvarezza y a un joven, del cual no pudo recordar su nombre de pila. "A Susana Lebel no la vi en el centro clandestino", concluyó la Ceci de Raineri.
El poeta de la memoria
Oscar Alberto La Spina fue el último en prestar declaración testimonial en carácter de compañero de Marlene Krieger Kruguer, una militante de la Juventud Guevarista, de nacionalidad paraguaya, con la cual lo unía "un gran lazo de amistad y militancia". "Nos conocimos estudiando Medicina, mientras ellas trabajaba en la mañana como empleada doméstica, frente a la esquina donde yo vivía", contó el testigo.
El relato de La Spina estuvo cargado de emotividad y recorrió todas las facetas de la mujer, con quien compartía almuerzos en el parque de 1 y 38, paseos por la terminal de ómnibus y material bibliográfico que ella le sugería.
"Yo milité durante el onganiato en el movimiento estudiantil, luego en el PRT y el ERP, donde cumplía tareas de serigrafía", afirmó el testigo, quien prosiguió con el relato de la última vez que vio a su compañera. "La secuestraron y a pesar de todas las atrocidades que le hicieron, no le pudieron sacar nada", dijo, orgulloso.
La detención de Krieger Kruguer ocurrió una noche de agosto de 1976, luego de que el testigo la acompañara a la parada de colectivos ubicada en 2 y 40. Hoy, conforma la lista de los 30.000 compañeros detenidos desaparecidos.
Para finalizar, La Spina leyó y entregó al Tribunal que preside el juez Carlos Rosanzki un poema que él mismo escribió en homenaje a la mujer, luego de dedicarle algunas palabras a los represoras que tenía sentados a sus espaldas: " Yo creo que acá hay mucho más. Se ha cometido un hecho de traición a la Patria, porque ellos han llevado adelante atrocidades en base a intereses que fueron extraños a la Nación".
Tras los testimonios, el Tribunal dio lugar a un cuarto intermedio que duró hasta las 15. A esa hora comenzó la declaración de José Alfredo Orellana, un ex sargento que prestó funciones durante la última dictadura cívico-militar, aunque arguyó no saber lo que había pasado en el país el 24 de marzo de 1976, además de negar que en la Comisaría Quinta se hubiesen producidos cambios en el régimen a partir de ese día. Ante la situación, el juez Rosanzki desestimó al testigo, en tanto lo consideró "reticente" a aportar datos a la causa que se investiga.
La audiencia se reanudará el próximo lunes 19 de diciembre a las 12 en la sede de la ex Amia, ubicada en calle 4 entre 51 y 53. El juicio es de carácter oral y público, por lo que puede presenciarse siendo mayor de 14 años y con la acreditación del DNI.
Fuente:ReportePlatense

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