lunes 23 de enero de 2012
La desconocida sensación del perdón
Por Roberto Flores (COLATINO)
Dorilda estalló en llanto justo en el momento en que el Presidente pedía perdón. Sacó un pañuelo blanco de su bolsa y lo apretó con fuerza sobre sus ojos. Lo apretaba tan fuerte que varios metros atrás, desde el lugar reservado para la prensa, se podía notar el esfuerzo de sus manos presionando con el pequeño trozo de tela.
No se supo después si Dorilda Márquez, representante de las víctimas de la Masacre de El Mozote, es de las que acostumbra siempre portar un pañuelo, pero lo que sí se adivinaba, y ella lo sabía, es que al llegar ese momento lo necesitaría.
Un poco antes, durante su turno frente al micrófono, comenzaron a asomar las primeras lágrimas: recordó los más de 50 familiares, entre padres, hermanas, cuñados, sobrinos y ahijados, que perdió en la masacre, todos ellos y ellas asesinados por el Batallón Atlacatl en 1981. Lleva 30 años extrañándolos.
Por todos esos crímenes y los de cerca de mil personas, después de 30 años, Dorilda escuchó finalmente la palabra perdón en boca de un representante del Estado.
-¿La solicitud de perdón del Presidente por la masacre de El Mozote representa un reparo moral para las víctimas?
La pregunta va dirigida a Ovidio Mauricio, director de Tutela Legal del Arzobispado, organización que tras acabarse el conflicto armado llevó el caso de la matanza a los tribunales nacionales y a instancias internacionales. Nos recibió unos días antes del acto en aquel cantón.
-Si ese perdón es para poder decir que se va a hacer justicia en el caso, está en sintonía con lo que la gente quiere.
El perdón, asegura el director de Tutela Legal, si bien ha sido una palabra desconocida en el vocabulario estatal durante los últimos 30 años, debe de ir acompañado de medidas para resolver judicialmente el caso y señalar a los culpables en los tribunales. Aunque admite que esto no es fácil.
En un fragmento de su intervención durante el acto del lunes pasado, Dorilda mencionó algo que evidencia lo que Ovidio Mauricio asegura, pero también le agrega otro detalle: la voluntad de perdonar a los culpables.
“Queremos perdonar, pero para perdonar tenemos que saber qué y a quiénes”, fueron las palabras de Dorilda.
El perdón visto por los sobrevivientes
En El Mozote, la mayoría de sobrevivientes de la masacre dicen que están vivos de milagro, y los milagros en aquella ocasión se presentaron en forma de árboles de manzano, matas de piña, distracción de un soldado o algún mandado que tocó ir a hacer en otra parte.
Fidelia Márquez Amaya encontró su milagro en su esposo, con el que se casó cuando ella tenía apenas 16 años. Él se la llevó del cantón y la libró, sin querer, de la muerte. Fidelia también fue el milagro que puso de pie a su madre Rufina Amaya, una de las sobrevivientes más reconocidas por ser la primera en dar testimonio al mundo de la masacre.
Luego de huir de la muerte, Rufina, escondida junto a Fidelia en una caverna, se negaba a comer o a tomar una gota de agua. Fue su hija la que le dio las fuerzas para seguir adelante y, tras varias insistencias, comenzó a comer y a beber.
-¿Qué significa para usted el perdón que acaba de solicitar el Presidente?
-Un acto de alegría porque han aceptado la realidad que mi mamá decía, porque para mucha gente era mentira lo que Rufina Amaya decía.
El milagro de Juan Márquez fue un árbol de manzano. Los soldados lo sacaron de su casa a punta de pistola y cuando lo llevaban a la plaza central, en medio de la confusión, se ocultó tras el manzano, luego, como pudo, huyó. Perdió, solo de un lado de su familia, a 19 personas.
-¿Qué sentimientos le despierta esta solicitud de perdón?
Siempre hemos estado con el sentimiento de que no hay justicia y si todo lo que el Presidente ha dicho, si no se hace realidad, los sentimientos van a continuar.
-Han pasado 30 años de la masacre…- Juan Márquez no deja concluir la pregunta.
-¡Y no se olvida!
Fuente:Argenpress
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