25 de enero de 2012

EL SALVADOR.

martes 24 de enero de 2012
“Por exigir nuestros derechos nos llamaron comunistas”
Por Josué Parada (COLATINO)
Las calles ya no están forradas de piedras… del adobe que formaban las casas solo quedan retazos, el refajo y el cotón solo se ven como piezas de museo, son pocos los que lo usan, y si lo hacen es para alguna festividad.

Izalco ha cambiado, el desarrollo habitacional y urbanístico es evidente, la población también ha crecido, en su mayoría son jóvenes y adultos los que habitan el lugar.

De lo que Izalco fue en 1932 solo quedan estampas, alguna que otra fotografía y recuerdos en las mentes de los mayores.

La corta de café ya no es masiva, los campos donde los abuelos cultivaron se han convertido en proyectos habitacionales. El único testigo fiel del paso del tiempo ha sido el imponente volcán que lleva el mismo nombre… Izalco, conocido como el Faro del Pacífico.

La mayoría de sobrevivientes al genocidio de 1932 ya abandonaron esta vida, de los que quedan, el tiempo ha deteriorado su salud y algunos prefieren no hablar del tema.

Es 21 de enero, en Izalco, para muchos es un día como cualquier otro, el ir y venir de los buses, las señoras con su canasto caminan hacia el mercado, en el parque Zaldaña muchos descansan mientras la cotidianidad del día avanza.

Mientras tanto, en el Barrio Cruz Galana, barrio del pueblo de “Abajo”, barrio de indios, debido a que antiguamente el pueblo se dividía en ladinos e indios; la comunidad indígena se preparaba para salir en peregrinación hacia “el llanito”, lugar sagrado para ellos.

Con el pito y el tambor encabezando el cortejo, y el incienso purificando el camino, los mayordomos de todas las cofradías acompañados de los miembros de la Alcaldía del Común, máxima autoridad de la comunidad, llegaron a un costado de la parroquia Asunción. Ahí, en 1932, fueron sepultados en fosas comunes miles de personas que se sublevaron ante las autoridades de la época pidiendo les fueran devueltas las tierras ejidales.

Las antiguas ruinas de una iglesia dan la bienvenida a “el llanito”, los amates que proveen de sombra han enraizado sus raíces en la tierra, tanto como el recuerdos de sus antepasados en la mente de la comunidad.

Y ahí, bajo los rayos del sol, la Comunidad Indígena colocó arreglos florales en un altar hecho para la ocasión.

“Nunca he creído que un 21 de enero sea una fecha de celebración porque lo que en Izalco hicieron era para exterminarnos, por el simple hecho de decirles que teníamos hambre, por reclamar lo que nos habían robado, por ese simple hecho nos llamaron comunistas”, manifestó Tito Pasín, alcalde del común.

Asimismo, explicó cómo, luego de la masacre, los sobrevivientes ocultaron sus tradiciones, vestimentas, incluso cambiaron sus apellidos indígenas para no ser perseguidos. Con esta actividad se conmemoraron los 80 años de la masacre de 1932, que también incluyó ceremonias y danzas tradicionales, como los Historiantes y El tigre y el Venado. Así mismo los organizadores recalcaron la importancia de inculcar en las nuevas generaciones la memoria histórica y las tradiciones para que no desaparezcan.
Fuente:Argenpress

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