“No comentamos nuestras operaciones”
El representante británico en la ONU respondió en una carta al secretario general Ban Ki-moon. Niega la militarización, pero no acepta informar sobre los movimientos del submarino nuclear enviado al Atlántico Sur.
Por Fernando Cibeira
El canciller Héctor Timerman le entregó su presentación al secretario general de la ONU, Ban Ki-moon.Imagen: DyN
“El gobierno de la República Argentina ha sugerido que tiene evidencia del despliegue de un submarino clase Vanguard en el Atlántico Sur. Como la República Argentina sabe, es política del Reino Unido nunca hacer comentarios sobre sus operaciones submarinas”, respondió ayer en una carta el representante británico en las Naciones Unidas, Mark Lyall Grant, a los cuestionamientos argentinos que le fueron transmitidos a través del secretario general, Ban Ki-moon. En su respuesta, Lyall Grant no niega el traslado de armas nucleares a las islas Malvinas, sino que se limita a aclarar que el Reino Unido “no usará –o amenazará usar– armas nucleares” contra países que no las posean.
Dos semanas atrás, el canciller argentino Héctor Timerman fue a la sede de las Naciones Unidas, en Nueva York, para hacer una presentación sobre la militarización del Atlántico Sur. Se la entregó en mano a las autoridades de las tres instancias del organismo: la Secretaría General, la Asamblea General y el Consejo de Seguridad. El trabajo incluía detalles sobre el despliegue militar británico en las islas, que abarcaría un submarino nuclear con capacidad para transportar armas nucleares, un moderno Destructor tipo 45 y aviones Typhoon equipados con misiles Taurus. Timerman argumentó que el despliegue excedía largamente las necesidades de seguridad de los 2500 isleños y que el Reino Unido utiliza esa excusa para establecer una poderosa base militar para controlar sus intereses estratégicos en el Atlántico Sur.
Ayer, el representante británico respondió a través de una carta fechada el 22 de febrero a Ban Ki-moon en la que en cinco carillas rechaza esas “afirmaciones infundadas” y una vez más trata de colocar a Argentina como la parte agresora. Por ejemplo, sostiene que el Reino Unido no tiene una red de bases militares en el Atlántico Sur. Que la base en la isla Ascensión, en verdad, fue construida con permiso británico por Estados Unidos en la Segunda Guerra Mundial y que ahora el Reino Unido la utiliza como escala en sus vuelos a Malvinas. En esa isla, en 2003, el diario británico The Guardian denunció un accidente con armas nucleares.
La presentación de Timerman incluyó un mapa con 13 polígonos de tiro en los que las fuerzas militares británicas realizan ensayos con misiles que van contra los parámetros ambientales argentinos y ponen en riesgo la seguridad en la navegación. Lyall Grant reconoció que cada seis meses las fuerzas británicas realizan ejercicios misilísticos y, como toda respuesta, esgrimió que Argentina lo sabía y que recién en 2010 llevó su protesta ante la Organización Marítima Internacional. El diplomático, obviamente, aseguró que esos ejercicios no implicaban ningún riesgo para la navegación y que no era cierto que podían atacar también países vecinos porque eran de corto alcance. En ese punto, Lyall Grant aclara que desde 1982 Gran Bretaña nunca atacó a la Argentina ni a ningún país de la región. “Ni tiene intención de hacerlo”, subrayó, por las dudas.
Pese a que subraya que la postura de su país al respecto no es ambigua, Lyall Grant no es nada claro en lo que respecta a las armas nucleares. Sostiene que no puede informar de los movimientos del submarino que podría transportar esa armas, pero recuerda que el Reino Unido es firmante del Tratado de Tlatelolco, que declaró a América Latina libre de esas armas.
El británico buscó colocar a la Argentina en el rol de país agresor en el conflicto. Puso de relevancia las medidas establecidas para “fomentar la confianza en la relación” bilateral establecidas entre 1990 y 1994, en contraposición a la postura argentina desde que Néstor Kirchner y Cristina Kirchner llegaron a la Casa Rosada. “La política de defensa y fuerzas armadas del Reino Unido no han cambiado, es decepcionante que las posiciones políticas y diplomáticas de Argentina lo hayan hecho”, escribió. Detalló a continuación distintas medidas de penalización que fue tomando Argentina contra empresas y barcos que comercian con las Malvinas, incluyendo la declaración de la última Cumbre del Mercosur que adelantó que los países miembros no recibirían más a buques con bandera del gobierno kelper. La carta no explica que esas penalizaciones usualmente fueron en respuesta a decisiones unilaterales británicas, como cuando habilitó la exploración de hidrocarburos en la cuenca de las islas.
La carta llegó ayer a manos del canciller Timerman, que evaluaba qué respuesta darle.
EL CANCILLER DE ESPAÑA HABLO DE GIBRALTAR Y MALVINAS
En busca de una causa común
El canciller García Margallo.Imagen: AFP
En verdad, para la Cancillería argentina la decisión española de sumarse a la postura argentina le significaba adelantar varios casilleros dado que el reclamo por las islas Malvinas está mucho más avanzado en los foros internacionales que el español por el Peñón de Gibraltar. Ayer, el canciller español participó de una conferencia internacional por la situación de Somalía, justamente en Londres, en la que aprovechó para hablar de los reclamos que tanto Argentina como España retomaron con fuerza este año. Contó que había estado con su par británico, William Hague, y le había planteado la necesidad de retomar un “diálogo constructivo”, en un réplica de la posición argentina. Lo mismo ocurrió el martes, cuando el primer ministro David Cameron recibió a Rajoy.
García Margallo señaló que, aunque las Malvinas y Gibraltar son diferentes en cuanto a su título jurídico, “se parecen en que están incluidas en la lista de territorios sujetos a descolonización de las Naciones Unidas, es inaplicable el principio de autodeterminación y que en ambos se postula que la solución tiene que ser negociada”. La postura oficial española es “no retroceder, como diría el comandante Fidel Castro, ni para tomar impulso”, cerró el canciller español.
EL DOCUMENTO DE INTELECTUALES SOBRE MALVINAS
Un imán de críticas
El texto recibió nuevos cuestionamientos de dirigentes de distintos partidos políticos. También fue reprobado por una organización de ex combatientes.
Por Werner Pertot
Penguin News y MercoPress. se hicieron eco del documento.
El documento de los diecisiete periodistas, académicos, cineastas y un ex profesor de voley reunió más críticas de los distintos partidos: ayer se sumaron el radicalismo, el peronismo disidente y el PRO. Una organización de ex combatientes también cuestionó la postura del grupo y consideró que “sólo la desinteligencia” podía llevarlos a afirmar que la Argentina debería “abdicar de la intención de imponerles” a los malvinenses “una soberanía, una ciudadanía y un gobierno que no desean”. Desde la Cancillería, Oscar Laborde consideró que el documento es “una actitud cipaya, como pocas veces se ha visto en la historia de nuestro país”.
El texto “Malvinas: una visión alternativa” fue difundido el miércoles, entre otros, por Beatriz Sarlo, Luis Alberto Romero, Juan José Sebreli, Vicente Palermo, Emilio de Ipola y el ex diputado de la Coalición Cívica Fernando Iglesias, del que su propio espacio político se despegó con velocidad. Los diecisiete demandaron que la Argentina cambie su posición de reclamo sobre las islas, dado que “la historia no es reversible”. También destacaron que la isla está habitada por ingleses desde hace casi dos siglos y que se debe tener en cuenta su “derecho a la autodeterminación”.
El vicepresidente segundo de la Cámara de Diputados, el radical Mario Negri, advirtió a Página/12: “Respeto las opiniones, pero el radicalismo tiene una posición clara e histórica sobre esto. No hay que ser xenófobo. Hay que tener un ambiente plural. Es una opinión que, en términos de autodeterminación, no comparto. Desde el gobierno de Illia la resolución de la ONU habla de contemplar los intereses de los isleños, pero no tiene nada que ver con autodeterminación dado que es una población implantada”.
“La propuesta parecería ser que dejemos las Malvinas”, interpretó el jefe de la bancada del PRO, Federico Pinedo. “Que esas dos mil personas –descendientes de invasores– decidan por un territorio argentino ocupado por una fuerza militar es un acto de colonialismo. Respeto su opinión, pero no creo que ésa pueda ser la posición de la Argentina”, destacó. “Sería abandonar hasta las decisiones de las Naciones Unidas. Y toda la acción diplomática de la Argentina desde 1833 hasta acá, y de todos los países que nos han acompañado. La verdad, es inaceptable”, consideró.
“Soy de los que van a entender que las Malvinas son argentinas y no podemos de ninguna manera dejar de lado la lucha por la soberanía”, consideró Gustavo Ferrari, la mano derecha de Francisco de Narváez. “Rechazo la autodeterminación, porque no son pueblos originarios. Es población extranjera sobre territorio argentino”, indicó el diputado del bloque Frente Peronista. “Siempre respeto las opiniones de todos. En lo único que puedo acordar es en que tenemos que intentar medidas audaces de acercamiento a los isleños”, estimó.
La organización Ex Combatientes por la Memoria, la Paz y la Soberanía rechazó la posición de los diecisiete y consideró que “sólo la desinteligencia puede tratar de argumentar que los 40 millones de argentinos no tenemos derecho de ejercer la soberanía en nuestro territorio y disponer de los recursos usurpados en forma unilateral por Gran Bretaña”, afirmaron los ex combatientes. Ante el pedido de los diecisiete de que el Gobierno dialogue con los isleños, los ex combatientes advirtieron que “viven en una aldea controlada y no toman ninguna decisión en cuestiones de política exterior. Forman parte de los territorios de ultramar de la Cancillería británica y el gobernador lo impone” la corona. “Conviven en una relación de un habitante por un miembro de las fuerzas armadas británicas”, indicaron. “Los isleños viven totalmente amordazados con los medios de comunicación, donde prima la señal de TV BFBS (de las bases militares británicas) y no se respetan las normas básicas en la relación laboral.”
En tanto, el representante especial para la Integración y la Participación Social de la Cancillería, Oscar Laborde, remarcó que “en momentos en que el Gobierno logró unificar adhesiones de todos los países latinoamericanos y numerosas naciones del mundo, encontramos actitudes que pretenden equiparar reclamos de soberanía con los intereses de los habitantes de las islas”. “Es necesario preguntarse: ¿a quién le sirve una declaración como ésta? Porque va mucho más allá de un enfrentamiento con el Gobierno, ya que Malvinas es una política de Estado sobre la que se construyó consenso con prácticamente todos los partidos de la oposición. En esas respuestas está el sentido profundo y la gravedad de ese documento”, consideró el funcionario.
En tanto, el diputado kirchnerista José María Díaz Bancalari remarcó que se trata de “una postura a favor de los británicos y no de los argentinos” y que “bastardean el espíritu de las resoluciones de las Naciones Unidas que instan al diálogo”. Por su parte, el senador kirchnerista Marcelo Guinle interpretó que buscan “una política de seducción de los ocupantes de las islas que recuerda a los ositos Winnie Pooh del ex canciller Guido Di Tella”. “Pareciera que algunos, en su afán por diferenciarse, no dudan en mezclar como sea un poco de sociología, otro tanto de filosofía, algo de historia, una pizca de derecho y vestigios de literatura para intentar sentar una postura que, más allá de su repercusión mediática, carece de todo sustento jurídico, histórico y político.”
Aunque estaba de viaje por la Antártida, el presidente del Partido Intransigente Capital, Julio Guarido, advirtió que su partido presentará una denuncia judicial contra los diecisiete por “traición a la patria”.
Fuente:Pagina12
Malvinas y el patrimonio argentino
22.02.2012
Más allá de la polémica por las islas, por qué es necesario reestatizar YPF y discutir la soberanía en un sentido amplio.
Por Adolfo Pérez Esquivel
Cuando ocurrió la invasión del gobierno militar a las islas Malvinas, yo estaba en una misión de paz en Washington. Recuerdo que estaba militando por la paz en el Salvador y que un par de días antes, el 30 de marzo de 1982, había sucedido una represión importante que terminó con varios sindicalistas y manifestantes presos. Entre ellos, mi hijo. Apenas me enteré de la invasión, me reuní con algunos representantes de la ONU: Estados Unidos proponía que los cascos azules entraran a las islas, y que en el ínterin la Argentina y Gran Bretaña negociaran por la soberanía. Cuando regresé a Buenos Aires, me recibió Nicanor Costa Méndez, del Ministerio de Relaciones Exteriores y Culto del gobierno militar. Directamente, me reveló: "Esto se nos fue de las manos". Me contó que entre los distintos jefes de las Fuerzas no se ponían de acuerdo sobre el curso de la guerra, y me pidió que me reuniera con el secretario de Estado de EE. UU., Alexander Haig, quien estaba en Buenos Aires con la intención de hacer de mediador (aunque después Estados Unidos apoyó a Inglaterra en la guerra, lo que fue denunciado como una "traición" por Galtieri).
Obviamente, le dije que no a Costa Méndez, porque yo no era parte de ese gobierno y porque él mismo me había dicho que la situación se les estaba yendo de las manos. Después, viajé a Londres, donde no pude entrar, y luego a París. Ahí, junto a otros dirigentes amigos de fundaciones y ONG pacifistas, intentamos encarar acciones para frenar la guerra. No tuvimos éxito. Yo pensaba que la guerra iba a ser con Chile, y nunca me imaginé lo de Malvinas. Pero con quien fuera, el objetivo de los militares era buscar un enemigo externo para unir el frente interno.
Desde entonces, el pedido argentino se sigue reiterando. Pero como la dictadura local desató la guerra, Gran Bretaña se agarra de ese hecho para frenar cualquier tipo de negociación. Además, los británicos postulan el derecho a autodeterminación de los kelpers, algo que es negado por Naciones Unidas (y no acatado por Gran Bretaña) porque no se trata de un grupo de ciudadanos originarios: los isleños son colonos incorporados. Un caso semejante al de Puerto Rico y también al de Haití, por tratarse de un país permanentemente invadido. Las Malvinas son un remanente colonial, y su soberanía debería ser plena. A 30 años de la guerra, el reclamo no es comparable al de los viejos nacionalismos trasnochados. La gente maduró y la Argentina no está en condiciones de entrar en ningún tipo de acción bélica.
Por eso, hay algunos discursos claudicantes sobre la soberanía de Malvinas que a mi entender no tienen sentido. A los argentinos que dicen que las islas son inglesas les diría que no tienen consciencia ni conocimiento de lo que hablan. El Gobierno se equivoca en muchas cosas, pero en el tema Malvinas hay que apoyar, aunque haya habido demasiados fuegos artificiales en la presentación de Cristina Kirchner. Espero que la agitación actual no pase a un segundo plano después del 2 de abril próximo.
Además, la importancia del reclamo por Malvinas excede el hecho de la reivindicación histórica. Es mucho más que eso: es porque en las islas hay una base militar, y por los recursos pesqueros y energéticos.
Por tal motivo, espero que este momento sirva para que se dé la discusión sobre la soberanía en un sentido amplio. Porque además del tema Malvinas, prácticamente se está rifando el patrimonio nacional. Pienso, por ejemplo, que correspondería nacionalizar YPF, tal como hizo Evo Morales en Bolivia. También habría que sancionar y revisar otras leyes ineficaces, como las de minería y tierras.
Insisto: espero que los temas de YPF y Malvinas sirvan para disparar un debate estructural sobre el patrimonio argentino. Lo digo por el bien de las futuras generaciones.
Adolfo Pérez Esquivel recibió el Premio Nobel de la Paz (1980) por su compromiso con los Derechos Humanos.
Fuente:NewsWeek
23.02.2012
Ex combatientes rechazan la autodetermiinación de kelpers
Los soldados que participaron de los combates en las Malvinas se pronunciaron en contra de la declaración de los escritores e intelectuales que piden que los kelpers sean quienes decidan sobre la soberanía de las islas.
La organización Ex Combatientes por la Memoria, la Paz y la Soberanía rechazó el documento de escritores y periodistas que se pronunciaron por la autodeterminación de los kelpers de las Islas Malvinas y reivindicaron los derechos de soberanía argentina.
"Malvinas, Sandwich, Georgias del Sur y sus mares circundantes forman parte de nuestro territorio y está usurpado por una potencia colonial que desalojó por la fuerza a los criollos argentinos y a las autoridades dispuestas por nuestro gobierno", señaló ese sector en una carta dirigida a los firmantes del texto opositor a la política del Gobierno nacional.
La organización criticó a los firmantes de ese texto, al asegurar que "sólo la desinteligencia puede tratar de argumentar que los 40 millones de argentinos no tenemos derecho de ejercer la soberanía en nuestro territorio y disponer de los recursos usurpados en forma unilateral por Gran Bretaña. La cuestión Malvinas es hoy una causa de Latinoamérica donde nuestro país obtiene el apoyo unánime de los gobiernos regionales".
Destacaron también que los kelpers "viven en una aldea controlada y no toman ninguna decisión en cuestiones de política exterior, forman parte de los territorios de ultramar de la cancillería británica y el gobernador lo impone" desde Londres.
Argumentaron que los kelpers "conviven en una relación de un habitante por un miembro de las fuerzas armadas británicas, unos tres mil soldados que están asentados en la fortaleza Malvinas en la base de Mount Pleasant".
La entidad de ex soldados aseguró además que "los isleños viven totalmente amordazados con los medios de comunicación, donde prima la señal de TV BFBS (sistema de comunicación de las bases militares británicas) y no se respetan las normas básicas en la relación laboral".
Fuente:InfoNews






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