7 de febrero de 2012

PLAN CÓNDOR: Ratifican la complicidad de las dictaduras argentina y peruana en el marco del plan cóndor-MOVIMENTO DE JUSTIÇA E DIREITOS HUMANOS/Brasil INFORMA.

Ratifican la complicidad de las dictaduras argentina y peruana en el marco del plan cóndor
“Dijeron que por no portarnos bien íbamos al matadero de Argentina”
Publicado el 7 de Febrero de 2012
Por Gabriel A. Morini
El ex senador peruano Ledesma Izquieta explicó que en 1978 llegó al país secuestrado con otras 12 personas. La dictadura de Videla se iba a encargar de asesinarlos. Asegura que escaparon de la muerte gracias al Mundial y a una foto de prensa.

La declaración del ex senador Genaro Ledesma Izquieta a la justicia argentina sobre el posible vínculo entre el resultado del partido que jugó Argentina contra Perú en el Mundial de Fútbol de 1978 y el secuestro de 13 dirigentes políticos en el marco del Plan Cóndor, fue ratificada por el dirigente en diálogo con Tiempo Argentino. “Un coronel de la policía nos dijo que nos estaban enviando a la Argentina para que nos echaran al mar”, recordó quien también fuera candidato a la presidencia de Perú por el Frente Obrero Campesino Estudiantil y Popular (FOCEP). “Hubo una tratativa para que Perú perdiera ante la Argentina de modo escandaloso. Esto fue una trampa, no fue deporte limpio”, indicó sobre el siempre sospechoso resultado de 6-0 que le permitió al conjunto local avanzar a la final del Mundial.
“Por no portarse bien aquí van a ir al matadero de Argentina”, aseguró Ledesma Izquieta que sin tapujos le dijo un oficial de la milicia peruana, poco antes de subirlo a un avión junto a una docena de dirigentes de izquierda y opositores al régimen de facto de Francisco Morales Bermúdez. El ex senador relató a Tiempo los detalles de su detención y cómo desde un principio percibieron que su destino era uno de los vuelos de la muerte. “Fue la aplicación del Plan Cóndor: era un intercambio de presos, dándole la autoridad al gobierno de (Jorge Rafael) Videla para eliminar a los presos políticos arrojándolos al mar”, sostuvo Ledesma Izquieta, quien durante su exilio fue elegido constituyente para la redacción de la Carta Magna de 1979.
Abogado representante de los trabajadores mineros, el dirigente fue uno de los impulsores de las huelgas generales contra Morales Bermúdez, que tras el fallo del juez Norberto Oyarbide tiene pedido de captura internacional para ser extraditado a la Argentina por haber participado de un plan acordado entre las cúpulas militares del Cono Sur. Apresado el 25 de mayo de 1978 en la calle, fue llevado junto a los 13 candidatos a la asamblea constituyente –“aptos y legalmente inscriptos”, aclara– al sector Nº8 del aeropuerto militar. “Entonces un oficial nos dijo que nos estaban enviando a la Argentina para que nos echaran al mar porque era imposible que nos moderemos”, indicó. “Era un oficial de la policía, creo que era coronel. No supe su identidad. Nos dijo: ‘Por no portarse bien van al matadero de Argentina.’ Lo decía como en tono de broma. Yo lo tomé como una expresión intimidatoria, pero cuando llegamos, nos dimos cuenta de que esa imagen era real”, afirmó.

LA LLEGADA. “Nos salvamos de casualidad por dos motivos: por el Mundial y porque cuando aterrizó el avión había un periodista de un diario que tomó varias fotos del avión militar Hércules con la bandera peruana y con varias personas esposadas bajando”, ratificó el dirigente lo que había declarado ante Oyarbide. “El jefe militar argentino nos dijo que el gobierno de Videla nos recibía en calidad de ‘prisioneros de guerra’. Nos hicieron correr a unos camiones porta tropas bajo un impresionante operativo militar hasta la sede del regimiento de Montaña 20”, aseguró Ledesma Izquieta. “Nos introdujeron en un patio del cuartel y ahí pensamos que nos iba a caer una lluvia de balas. Ese era el objetivo al entregarnos al gobierno de Videla. En cualquier momento nos ejecutarían”, relató la tensión que vivió durante 15 días de cautiverio en ese lugar. “Hicieron llegar a unos presos argentinos que no sabemos si eran guerrilleros, los metieron y los ametrallaron ahí mismo delante nuestro”, denunció.
Luego fueron trasladados en un vuelo a Buenos Aires donde fueron alojados en el cuartel central de policía de la calle Moreno, en el piso 11. “Era un piso adecuado para los prisioneros que iban a ser lanzados al mar. Tenía todas celdas individuales sin luz ni acceso al agua. Nos decían que mirásemos lo que estaba escrito en las paredes porque ese era nuestro destino”, indicó sobre los vuelos de la muerte.

PARTIDO. “Como Morales Bermúdez apostaba a echarnos al matadero de Buenos Aires tenía que compensar a Videla. Hubo una tratativa para que Perú pierda ante Argentina de modo escandaloso”, apuntó el dirigente del FOCEP. También contó que el encuentro se llevó a cabo alrededor de 15 días después de que fuesen expulsados del país merced a la presión internacional. “No percibimos el arreglo en el momento de la goleada, sino cuando ya nos deportaron hacia París. Morales Bermúdez y Videla pactaron para que nos desaparezcan y como premio y agradecimiento al gobierno argentino se tenían que dejar golear”, arremetió Ledesma Izquieta, que se puso a disposición de la justicia peruana, para también allí declarar sobre el operativo enmarcado en el Plan Cóndor, del que la justicia local acreditó que fue víctima.
Fuente:TiempoArgentino

Los diarios de la época replicaron el relato de la dictadura
Oyarbide da por probado que fueron secuestrados y no deportados a la Argentina
Publicado el 7 de Febrero de 2012
Por G. A. M.
El ex dictador Francisco Morales Bermúdez se defendió y alegó que las 13 víctimas del Plan Cóndor habían pedido asilo.

El fallo judicial que solicita la captura internacional y posterior extradición de Francisco Morales Bermúdez en el marco del Plan Cóndor, anticipada por Tiempo Argentino, así como la confirmación de un supuesto acuerdo para que la Argentina pase a las finales del Mundial de 1978 tuvo amplia cobertura por los medios internacionales.
A las repercusiones que dominaron la agenda política peruana se sumó el intento de despegarse de la acusación que hizo el ex presidente de facto, al negar que su gobierno haya participado en el Plan Cóndor. En su defensa, Morales Bermúdez dijo que los 13 opositores peruanos enviados a la Argentina días antes del comienzo del campeonato mundial de fútbol fueron “deportados y no secuestrados”, a contramano de las pruebas recolectadas por la justicia argentina.
En su dictamen, el juez Norberto Oyarbide afirmó que además de las declaraciones testimoniales “coincidentes” entre todas las víctimas, “se ha podido establecer a través de distintos documentos y notas periodísticas de la época, que a los ciudadanos secuestrados se les exigió que firmaran un documento de asilo político voluntario”, a lo cual se negaron.
Parte de la prueba documental consiste en los pasaportes de Ricardo Napurí Schapiro –Nº 526553-; de Humberto Damonte Larraín –Nº 526558-; y de Ricardo Letts, Nº 526555, todos otorgados de manera irregular por el consulado peruano para su expulsión del país. También varias notas periodísticas de los diarios Clarín, La Nación, Diario Popular y del Diario San Salvador de Jujuy, que daban cuenta de la presencia en el país de los supuestos deportados y que la dictadura argentina les había prestado asilo político.
Varios expedientes oficiales de la Dirección Nacional de Migraciones dependiente del Ministerio del Interior, entonces comandado por Albano Harguindeguy, del Ministerio de Defensa, del consulado peruano, y otras dependencias completan la prueba. También se destacan los registros de la dictadura argentina que intentaron “disfrazar” la presencia en el país de los 13 secuestrados, cuyos testimonios confirman que fueron “sometidos a vejámenes”.
Fuente:TiempoArgentino

MOVIMENTO DE JUSTIÇA E DIREITOS HUMANOS/Brasil INFORMA:
Publicado em Caras y Caretas
Montevideo, el Viernes, 03 de febrero de 2012.
La increíble historia del coronel Jefferson Cardim de Alecar Osorio, su osado hijo Jefinho y su cándido sobrino uruguayo
El Cóndor ya aleteaba en 1970
Un documento desclasificado en Brasil, demuestra que un uruguayo y dos brasileros fueron secuestrados en Buenos Aires en diciembre de 1970 y repatriados sin trámites a sus países, en lo que constituiría el primer antecedente de los traslados ilegales del Plan Cóndor. En Brasil imperaba entonces la dictadura del general Emilio Garrastazú Médici, en Argentina el régimen militar impuesto por el general Juan Carlos Onganía continuaba bajo el mando del general Roberto Levingston, y en Uruguay gobernaba Jorge Pacheco Areco por el Partido Colorado.
Por ROGER RODRIGUEZ
El uruguayo Eduardo Lopetegui Buadas y sus familiares brasileros, el coronel Jefferson Cardim de Alencar Osorio y su hijo Jefferson (Jefinho) Lopetegui de Alencar Osorio, fueron secuestrados con su automóvil de chapas brasileñas el 19 de diciembre de 1970, cuando arribaron a Buenos Aires en el Ferry Boat procedente de Montevideo. La detención estuvo a cargo de la Policía Federal que los llevó a la Dirección de Coordinación (donde años más tarde se instalaría el enclave policial del Plan Cóndor, por el que miles de opositores fueron muertos durante las dictaduras en el cono sur), donde ambos brasileños fueron torturados.

Lopetegui Buadas –quien falleció en 2011- era hijo del coronel Guillermo Lopetegui, quien se desempeñaba entonces en el Esmaco, y sobrino del aviador Manuel Buadas, quien años más tarde sería comandante de la Fuerza Aérea Uruguaya. Su tía, Rosa Lopetegui estaba casada con el coronel Jefferson, un militar nacionalista que apoyó a Joao Goulart ante el golpe de Estado y que en 1965 protagonizó una histórica guerrilla en Rio Grande del Sur, donde fue detenido, juzgado y encarcelado hasta que logró una cinematográfica fuga en 1968.

El coronel Jefferson y su hijo eran el objetivo de aquella operación coordinada por los servicios de inteligencia de Brasil, Argentina y Uruguay, cuyo cónsul en Buenos Aires tuvo intervención en el incidente y se hizo cargo de Eduardo Lopetegui para ser traslado a Montevideo en un vuelo comercial. Los dos brasileños, tras cuatro días de interrogatorios bajo tortura fueron llevados en un avión militar a Río de Janeiro y quedaron recluidos en la base aérea de El Galeão. El militar pasó preso otros siete años.

ESPIONAJE EN MONTEVIDEO
La documentación -revelada por el periodista Darío Pignotti (Página 12)- confirma otras denuncias de la prensa norteña sobre la existencia de una ilegal central de inteligencia de la dictadura brasileña en Montevideo. En julio de 2007, el cronista Claudio Dantas Sequeira publicó en el diario Correio Braziliense de Brasilia, una serie de artículos que denunciaban la existencia del Centro de Informações do Exterior (Ciex), creado desde el Ministerio de Relaciones Exteriores en Itamaraty para vigilar a los brasileños exiliados en Uruguay.

Los archivos publicados por Correio Braziliense, que incluían datos de los interrogatorios realizados al coronel Jefferson y sobre contactos de tupamaros con el guerrillero Carlos Lamarca en 1969, indicaban que la sede del Ciex instalado en Montevideo se constituyó en base y cobertura de las operaciones del Plan Cóndor bajo el rótulo de “Plan de Búsqueda Externa” a través del cual lo agentes del Sistema Nacional de Informaciones (SNI) brasileño y los agregados militares hacían contacto con los servicios de las otras dictaduras en la región.

El secuestro y repatriación compulsiva de aquellas tres víctimas en diciembre de 1970 se produjo en un contexto particular: aquel 31 de junio había sido secuestrado por el movimiento Tupamaros el cónsul de Brasil, Aloysio Dias Gomides, quien recién sería liberado en febrero siguiente, y el 11 de mayo anterior los presidentes Pacheco Areco y Garrastazú Médici se habían reunido en el fronterizo Chuy, donde acordaron que Brasil invadiera Uruguay si en las elecciones del año siguiente ganaba la izquierda.

EN LA MIRA DE LA CIA
En un capítulo del libro “La CIA en Uruguay – El expediente Nardone” de Raúl Vallarino, se revela un documento que la agencia norteamericana envió a Washington el 8 de octubre de 1964 dando cuenta de planes de invasión a Brasil por parte de exiliados fieles al presidente Joao Goulart, derrocado por un golpe de Estado que había contado con el apoyo del presidente norteamericano Lyndon B Johnson. El parte de la CIA señalaba, precisamente, al coronel Jefferson Cardim de Alencar Osorio como el líder de la invasión que ingresaría a Rio Grande do Sul por Santa Victoria do Palmar.

La CIA decía que los planes de invasión tenían el apoyo de Leonel Brizola y que el líder del movimiento era el general Ladario Pereira Telles, un ex comandante de la Armada. La información de la agencia norteamericana habría propiciado que las autoridades uruguayas, a pedido de la dictadura brasileña, procedieran a allanar el domicilio del coronel Jefferson en el Parque Rodó. El operativo fue dirigido por el comisario Alejandro Otero, quien habría encontrado finalmente algún material y planos sobre aquel plan de invasión que finalmente el coronel Jefferson comandaría en marzo de 1965.

Jefferson había nacido en Río de Janeiro hace cien años, el 17 de enero de 1912. Era hijo de Roberto de Alencar Osorio, oficial de Marinha, y de Corina Cardim, profesora y poetisa. Egresó en 1934 en el arma de artillería. Participó de grupos políticos nacionalista y antifascista, en favor de los “aliados” y en contra del gobierno de Getulio Vargas. Apoyó a Joao Goulart cuando se produjo el golpe de Estado el 1° de abril de 1964. Opuesto al régimen, perdió sus derechos políticos y quedó en estado de reserva, exiliado en Uruguay, desde donde planificó y ejecutó una “invasión” que supera el realismo mágico de la pluma de un Gabriel García Márquez.

“ERAN UNOS IDEALISTAS”
En su apartamento en un cuarto piso de un edificio que da sobre la rambla en Pocitos, doña Rosa Hortencia del Carmen Lopetegui Maggia de Alencar Osorio, dice orgullosa que tiene 83 años (nadie se los daría). El pelo teñido de negro azabache hace que mantenga la firme mirada que lucía en su juventud, cuando siendo hija del mayor Lopetegui y con apenas 19 años se caso con aquel militar carioca en enero de 1948. Vive de la pensión que como viuda de militar cobró desde el propio golpe de Estado de 1964: la dictadura brasileña, explica, consideró muertos a los oficiales desertores y trató como desamparadas a sus esposas.

“Jefferson era como otros progresistas de Brasil, como Goulart o Brizola, de los que les gustaba el whisky y el champagne. Eran unos idealistas. A mi padre no le gustaban. Para mi familia todos ellos eran comunistas. Después del golpe en Brasil, cuando quedamos exiliados mi hermano, que llegó a coronel y trabajaba en el servicio secreto del Ejército, un día me dijo: con Jefferson solo vas a tener prisión o muerte… A mí en Uruguay nunca me dijeron o hicieron nada, porque yo los conocía a todos por mi padre o por mi hermano. Pero en Brasil, aún hoy nos discriminan por ser la familia del coronel Jefferson”, dice y dice que aún no le han pago la reparación económica que por la Ley de Amnistía brasileña se les concedió.

Sonia De Alencar Osorio Lopetegui (56), la hija menor, recuerda con una sonrisa las historias que le contaba su padre de aquella guerrilla. Conserva un texto que el propio Jefferson escribió como “parte de guerra” de su invasión a Brasil, en la que viajó en taxis hasta Rivera para, el 19 de marzo de 1965 iniciar la incursión armada. El inédito relato (ver recuadro) detalla la histórica acción en la localidad de Tres Passos y explica la derrota del grupo guerrillero sólo un día más tarde en un combate donde se les adjudicó la muerte del sargento Carlos Camargo, quien habría caído bajo balas de su Ejército según argumenta Jefferson, quien por ese delito de sangre fue cruelmente torturado hasta que logró fugarse espectacularmente en 1968.

la fuga de curitiba
Jefferson Lopetegui de Alencar Osorio (59) se sorprende al atender el teléfono en su casa de Río de Janeiro. Nunca imaginó que desde Uruguay le llamaran en el centenario de su padre, a quien la historia reciente brasileña aún no termina de reconocer. Jefinho no oculta sus saudades por aquellos años adolescentes en los que vivió con el coronel Jefferson la aventura de resistir el golpe de Estado, iniciar una guerrilla, fugar de una prisión y terminar deportado sin trámites, en el primer antecedente del Plan Cóndor, de una Argentina presidida por Levingston, pero ya gobernada por el futuro dictador, general Alejandro Lanusse.

“Papa escapó de su cárcel en el 1968. Hizo amistad con un cabo del cuartel en el que estaba preso. Se llamaba Víctor Papandreus, hijo de una griega y un ruso. Tenía ideales socialistas e idolatraba a mi padre. Convenció a tres soldados que guardaban arresto de 30 días en el cuartel para que le facilitaran la fuga. Mi padre llamó a mi madre a Río de Janeiro y le pidió que yo viajara a Curitiba en forma urgente. Fui a visitarlo y me pidió que hiciera contacto con el Mayor Joaquim Pires Cerveira, que era jefe del brazo guerrillero de Marighella en Paraná. Le conté sobre el cabo que podía ayudar a papá y que quería escaparse con él. Marcaron fecha y hora para interrogarlo hasta estar seguros e hicieron un plan de fuga”, narra Jefinho.

“Todo eso pasó a comienzos de 1968. Una medianoche lograron salir a un bosque lateral de la entrada principal del Quinto Regimiento de Obuses, donde lo esperábamos con un Sinca Chambord V8. Estábamos Pires, su auxiliar, un chofer y yo. Papá y Víctor entraron al auto y partimos hacia la carretera principal. Al pasar un puente, otros simularon un accidente entre dos camiones para retardar cualquier persecución de los militares. En la carretera se bajó el Mayor y nosotros seguimos hacia Río de Janeiro a más de 120 kilómetros por hora. Llegamos 7 horas después sin que nadie supiera de la fuga. Yo seguí para mi casa… Fue la mayor emoción de mi vida. Sólo tenía 16 años.”

UN “ALETEO” DEL CÓNDOR
El coronel Jefferson logró refugiarse en la embajada de México y finalmente pudo viajar a Argelia. Desde allí viajó en campañas internacionales contra la dictadura brasilera… “En Cuba, papá había conocido a Salvador Allende. Quedaron amigos y Allende le dijo "si gano las elecciones, quiero que te vayas a Chile, pues me gustaría que trabajase conmigo". Sería un consultor para negociar armas para las fuerzas armadas, junto a Cuba y la Unión Soviética”, explica Jefinho.

“Viajamos desde Montevideo con un primo uruguayo, Eduardo Lopetegui Buadas. Nos fuimos en auto, en el Ferry Boat, vía Buenos Aires, pero en el puerto nos esperaba la Policía Federal Argentina. Nos llevaron al edificio central de la Federal y en el sub-suelo nos tuvieron 4 días bajo torturas. A Eduardo lo enviaron a Uruguay a las 24 horas. A nosotros nos daban 30 minutos de descanso cada cuatro horas para seguir torturándonos…”, denuncia.

“Al cuarto día –agrega- nos entregaron a las autoridades brasileñas en el aeropuerto. Nos llevaron en un avión militar donde, por suerte, volvían diplomáticos a Brasil. Era el avión que servía al Ministro del Trabajo, Dr. Julio Barata, quien era el suegro de mi primo hermano, hijo del hermano mayor de papá. Quizás, por eso nos salvamos de ser arrojados al océano. Cuando se enteró, le informó a mi abuela y así se supo que papá y yo, que habíamos desaparecido en Argentina, nos encontrábamos detenidos en la Base aérea del Galeão en Río de Janeiro”.

“Papá estuvo otros siete años presos, para terminar la condena de 10 años que los militares le impusieron. A mi, me soltaron a fines de febrero de 1971, tras 62 días de cárcel… ¿Qué siento hoy, a cien años de su nacimiento y cuando este 29 de enero se cumplieron 17 años de su muerte? (repite la pregunta Jefinho, quien hace una pausa antes de contestar emocionado)… Mi mamá sabe que la persona que más amé en mi vida fue a mi papá… Y te digo que yo, por traerlo de vuelta a la vida, volvería a pasar por todo lo que pasé junto a él, otra vez…”

INVASIÓN EN FORD DEL 39
“Eran aproximadamente las 20 horas, comenzaba a caer la noche, cuando dejamos el galpón del cuartel general con 15 guerrilleros, marchando en columna india, teniendo al frente como guía al viejo revolucionario Euzebio Dornales. Atravesamos densos arbustos y terreno accidentado, paralelo a la ruta, algunas veces corriendo cerca de los fondos de las casas, –esta caminata llevó cerca de una hora-, hasta que llegamos a lo del compadre de Euzebio, jefe político del PTB de un poblado de Campo Novo, la única persona que poseía un camión para transportar a nuestro personal hasta Tres Passos. Era un Ford del año 39, muy usado además de ser viejo, sólo tenía un farol y el otro estaba quebrado, la batería descargada no alcanzaba a encender el arranque del motor, por lo que fue preciso empujarlo hasta la ruta principal para hacerlo andar. Ahí embarcamos al personal, el chofer era el compañero Fraga que había venido con Ayres desde Sao Sapé y a su lado, Alberi y yo para dar las órdenes. Pasadas las 22 horas iniciamos la marcha sobre la ruta que nos conducía a Tres Passos, apenas rodamos un kilómetro y paramos frente a la escuela rural del profesor Valdetaro Dornelles, hijo de Euzebio, y embarcamos otros 8 hombres, algunos voluntarios para la guerrilla completando 23 guerrilleros, el mínimo previsto en nuestro Planeamiento. Retomamos la marcha aproximadamente a las 23 horas y paramos a 1 km. de la ciudad y di orden para cortar los cables telefónicos y telegráficos. Colocábamos el camión sobre el poste y un hombre con alicate de mano subía sobre los hombros de otro que se encontraba de pie sobre la carrocería. En un momento se encendieron los focos de otro camión que veía el único foco del nuestro. Di la orden de descender rápidamente y Fraga abrió el capó del motor y el conductor del camión contrario preguntó si no precisábamos de auxilio, a lo que obviamente respondimos que no. Apenas la calle quedó libre, estacionamos nuevamente en otro poste e hicimos la operación con rapidez, por lo que a la media noche retomamos la marcha y entramos en la ciudad de Tres Passos a las cero horas y 15 minutos del día 26 de marzo de 1965. Yo decidí uniformarme de quepí, gabardina y botas, empuñando mi pistola colt 45, el Alberti de traje civil con su mosquetón máuser 7 mm en bandolera y empuñando un revolver Smith & Wesson calibre 38 y el sargento Firmo con otro revolver S&W 38. El camión paró en frente a la puerta de la sede del Destacamento Policial de la Brigada Militar, que estaba con las dependencias iluminadas. Bajé el pestillo de la puerta que se encontraba abierta y daba acceso a la oficina del jefe y como no encontré a nadie invadimos el cuarto de la plaza de guardia con Alberi y di la orden a Alexander Ayres que descendiese el personal e invadiese el depósito de armas y retirase todo lo que pudiera meterse en el camión. Eran 7 los soldados que se encontraban en la cama durmiendo y Alberi apuntó con su mosquetón a uno de ellos y Firmo con el revolver a los demás, al grito de “Levántense por orden del Coronel” y cuando me vieron se pusieron de inmediato en posición de firmes. Luego entró Ayres con todo el personal dejando el viejo camión al compañero chofer Fraga, que intentaba poner en funcionamiento el motor, el que sólo dio para llegar hasta el acuartelamiento del destacamento y no funcionó más…” (Del “parte de guerra” titulado “Arrancada para Tres Passos”, escrito en prisión por Jefferson Cardim de Alecar Osorio)
Envío:AexPPCdba.                                    

Un fotógrafo admitió que armó fotos para disimular crímenes
Montajes: la dictadura brasileña al descubierto
Publicado el 6 de Febrero de 2012
Un ex fotógrafo de la policía brasileña admitió haber participado en el encubrimiento del asesinato del periodista Vladimir Herzog en un centro de detención y tortura en San Pablo durante la última dictadura militar (1964-1975). La policía había presentado su muerte como un suicidio y había difundido una foto tomada por Silvaldo Leung Vieira en la que se lo veía colgado en su celda. Los organismos de Derechos Humanos denunciaron el montaje de la imagen y su caso se volvió emblemático en el movimiento por el fin de la dictadura brasileña.

“Todavía cargo con el sentimiento de haber sido usado para montar estas mentiras”, aseguró Vieira desde Los Ángeles, Estados Unidos, ciudad en la que vive actualmente y donde fue entrevistado por un periodista del diario Folha de São Paulo. Estas fueron las primeras palabras del fotógrafo ante la prensa y cobraron mayor relevancia en un momento en que Brasil continúa inmerso en la polémica por la creación de una Comisión de Verdad por parte del gobierno nacional. La fotografía de Vieira es considerada una de las más importantes de la década de 1970 por lo que su difusión generó. En esta, Herzog aparecía colgado de un cinto –que los presos no podían tener– con sus piernas en el piso, detalles que rápidamente aumentaron la hipótesis de un suicidio simulado. Los autores de los crímenes de lesa humanidad en Brasil están protegidos por la Ley de Amnistía de 1979, confirmada en 2010 por el Supremo Tribunal Federal. <
FuentedeOrigen:TiempoArgentinoyAnsa
Fuente:Agndh

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