UN PROYECTO DE PLANTA REGASIFICADORA AMENAZA EL ECOSISTEMA BAHIENSE
Bahía Blanca o bahía vacía
YPF y Enarsa desarrollaron un proyecto de establecer una planta regasificadora en un estuario natural próximo a Bahía Blanca. El proyecto pone en serio riesgo un estuario natural, hábitat de todo tipo de especies. Bahía Blanca divide opiniones.
El ecosistema está en riesgo por las obras de dragado proyectadas en la zona.
Bahía Blanca está dividida. La empresa nacional de energía, Enarsa, y la petrolera YPF desarrollaron un proyecto para la construcción de una terminal de regasificación, que se ubicará sobre un estuario natural de enorme importancia ecosistémica. Científicos, universidades y vecinos denuncian que el emprendimiento provocará “un impacto irreversible”, eliminando el hábitat de gaviotas cangrejeras, lobos marinos, aves migratorias y delfines; en tanto, los pescadores artesanales perderán la fuente de sustento de la que han vivido por generaciones. El municipio se manifestó a favor, ya que pretende aprovechar las obras para la instalación de un nuevo polo industrial, y dejó en manos de la provincia la resolución del conflicto.
El Proyecto GNL (gas natural licuado) Puerto Cuatreros fue presentado en septiembre de 2011 y consiste en la construcción de un muelle doble en la zona interior de la ría de Bahía Blanca, ubicada entre los arroyos Pejerrey y Maldonado, en la localidad de General Cerri, específicamente a 20 cuadras de su poblado. La obra permitirá ampliar la oferta de gas natural del país, pero además, según YPF, implicará una mayor actividad económica y productiva a nivel local.
Es que para que los buques metaneros, portadores del GNL, puedan arribar al puerto proyectado, deberán realizarse obras de dragado –ampliación a 14 metros de profundidad– del canal de acceso al estuario, donde hoy sería imposible la navegación de buques de ese porte. El material extraído en esos procedimientos será utilizado para construir dos grandes islas “en forma de dedo” que sumarán unas 200 hectáreas destinadas a este proyecto y a la instalación de otros emprendimientos industriales. Y, de ese modo, la obra permitirá el surgimiento del nuevo polo industrial proyectado por el municipio y la duplicación de la capacidad operativa del puerto actual.
“La idea es que Bahía Blanca retome el perfil industrial que alguna vez tuvo y el proyecto, en ese sentido, es favorable para el crecimiento de la zona”, argumentó a Página/12 el secretario de Gobierno comunal, Fabián Lliteras. “Estas iniciativas siempre tienen consecuencias sobre el ambiente, pero nuestro municipio entiende que hay que analizar el proyecto en su conjunto. Y, además, según el estudio de impacto ambiental (realizado por YPF-Enarsa), las consecuencias podrán ser mitigadas en poco tiempo.”
El zoólogo, especialista en las aves migratorias de la zona, Pablo Petracci, opina que eso es falso. “El impacto va a ser irreversible. No hay forma de mitigar ni de compensar los daños que el dragado del estuario va a tener sobre el ecosistema”, afirma. En ese sentido, lo avalan especialistas de la Universidad Nacional del Sur, la sede local de la Universidad Tecnológica Nacional (UTN) y el Instituto de Oceanografía (IADO) del Conicet. Las tres instituciones coinciden en que el estudio encargado por YPF-Enarsa contiene “falencias técnicas, inconsistencias, omisiones o carencias de información relevante”. Ni YPF ni Enarsa contestaron los llamados de este diario.
El impacto del dragado, aporta Petracci, será “la pérdida de importantes funciones ecosistémicas que aporta el humedal costero, como la regulación del régimen hídrico que protege a las costas de Bahía Blanca de inundaciones y de la erosión costera”. Los estuarios, explicó, son fuente de biodiversidad, productores de alimento y logran fijar contaminantes para evitar que vayan al suelo.
Además es un recurso de valor cultural, turístico y científico. Fue declarado Area de Importancia para la Conservación de Aves (Aicas) e identificado como una de las 20 áreas prioritarias de conservación de aves migratorias de la zona austral de América del Sur, especies protegidas en nuestro país por la Ley de la Convención sobre Conservación de Especies Migratorias de Animales Silvestres (CMS) del que la Argentina es firmante.
Entre otras organizaciones, expresaron su preocupación por el proyecto, la Fundación Humedales –Wetlands International–, Wildlife Conservation Society, Manomet Center for Conservation Sciences, Fundación Vida Silvestre Argentina. También lo hizo la subsecretaria de planificación ambiental de la Secretaría de Ambiente nacional, Silvia Alicia Révora, que en una carta al intendente expresó que “la realización del megaproyecto provocará cambios estructurales y funcionales en este sector del ecosistema estuarial que no han sido evaluados”.
Entre las especies que perderán su hábitat se encuentra el emblema de Bahía Blanca, la gaviota cangrejera, actualmente en extinción. También estarán condenadas las gaviotas capucho, aves migratorias compartidas con Estados Unidos y Canadá, delfines, cangrejales, guanacos, garzas, cisnes coscorobas, flamencos y lobos marinos, entre otros animales.
Como ordena la legislación municipal, en noviembre último se realizó una audiencia pública para debatir el proyecto. En el encuentro se plantearon dos modelos de ciudad, la del “perfil industrial” y la de Bahía Blanca rica en naturaleza, reservorio de diversidad. Quienes se paran sobre la segunda opción aclararon que eso no quita su compromiso para con el desarrollo local y el abastecimiento de energía al sistema nacional. “La planta regasificadora podría localizarse en una ubicación alternativa”, alegaron.
Informe: R. M.
“No entienden que somos hombres de mar”
Pablo Bustos es tercera generación de pescadores en Bahía Blanca. Los bahienses, dice, “son hombres de mar”. No es un mandato familiar, explica. Más bien, una elección e inversión de vida. Bustos navega por el estuario, como lo hicieron su padre y su abuelo, en busca de camarones y langostinos entre otras especies. El lunes pasado, junto a los 60 marineros que componen la Asociación de Pescadores Artesanales de Bahía Blanca, bloqueó el acceso al puerto en muestra de repudio al megaproyecto que terminará con una de sus más valiosas fuentes de trabajo.
“En el rubro de la pesca artesanal, la mayoría de los socios son de segunda, tercera o cuarta generación de pescadores. Todos tenemos invertido un capital en el agua, que de la noche a la mañana podríamos perder. En mi caso, una inversión que sostengo hace 20 años”, relata con voz cansada el pescador.
De realizarse la obra de dragado, “estarían destruyendo una zona de pesca, donde trabajamos al menos cuatro o cinco meses al año –cuenta–. Desde el puerto, hasta el lugar donde quieren construir la planta tenemos un tramo de 15 minutos, mientras que para llegar a otras zonas de pesca tenemos una o dos horas más. De diciembre a abril, además, se gana la mayor captura de camarón, comparado con otros lugares de la ría”.
“Quieren crear un polo industrial y dicen que van a crear progreso y trabajo. Pero yo creo que si esto no se frena ahora, van a seguir dragando, destruyendo nuestros ríos. No entienden que nosotros somos hombres de mar y que sería un desarraigo que nos quiten el estuario.”
Informe: R. M.
Fuente:Pagina12
ENCUENTRO DE AMBIENTALISTAS EN EL SUR PATAGONICO
En defensa de la tierra y del agua
Tras un encuentro el jueves pasado en Bariloche y otros los días posteriores en Lago Puelo, Chubut, ayer quedó conformado un ente regional patagónico en coordinación con la Unión de Asambleas Ciudadanas (UAC). El motivo de las reuniones fue condenar “la comercialización de la tierra y el agua, convirtiéndolos en un objeto de mercado” y denunciar la megaminería. Participaron una veintena de asambleas ambientales, poblaciones originarias y organizaciones sociales patagónicas, quienes consensuaron una declaración que destaca la necesidad de legislar en la región patagónica para garantizar “la protección del agua, priorizando las necesidades humanas sustanciales, cubriendo necesidades de la población local, declarándola un bien social y un derecho humano inalienable”.
La delegación más numerosa fue la rionegrina, que exigió que la Legislatura provincial rechace un proyecto enviado por el Ejecutivo local para crear una empresa estatal minera, y que quede sin efecto un convenio firmado en 2011 con una compañía china que explotará 320 mil hectáreas de valles. Los asambleístas de Neuquén, Río Negro, Chubut, Santa Cruz y Tierra del Fuego anunciaron que rechazarán la “presión de la especulación inmobiliaria y la desaparición de los bosques nativos y los espacios públicos”. También se pidió la derogación de la ley antiterrorista.
El documento difundido por UAC contiene 19 puntos y un fuerte reclamo para que se investigue la desaparición del trabajador rural rionegrino Daniel Solano, oriundo de la ciudad salteña de Tartagal, visto por última vez el 5 de noviembre pasado en Choele Choel, en el departamento rionegrino de Avellaneda. La flamante Regional de Asambleas Patagónicas por la Vida y el Territorio criticó el modelo extractivista que, según denuncia, es impulsado por corporaciones multinacionales sin que lo impidan los gobiernos provinciales y el nacional.
Los 200 asistentes provenían de la Asamblea del Alto Valle de Río Negro, Movimiento antinuclear del Chubut, FASP, Vecinos Autoconvocados de Bariloche, Sociedad Ecológica Regional, Asamblea Comarcal contra el Saqueo de la Comarca andina de Río Negro y Chubut, Asociación Ecologista Piuke, Arbol de Pie, Alerta Angostura, Asamblea por el Agua Pura de Mendoza, Comunidad Mapuche Blancura, entre otros. Cada uno planteó sus preocupaciones y demandas en el documento final.
Se exigió legislar en la protección de los glaciares y ambientes periglaciales provinciales; derogar de los contratos de explotación de petróleo y gas no convencional; declarar a la pampa de Ludden en El Bolsón, Río Negro, como área intangible no afectada a la urbanización y exigir su expropiación a favor del estado municipal. También prohibir la comercialización del agua embotellada o a granel, imponer el cese del avance de los cultivos transgénicos de maíz y soja sobre los montes frutales de peras y manzanas y proteger los bosques nativos, impidiendo la expansión de negocios inmobiliarios de gran impacto sobre la biodiversidad.
Fuente:Pagina12

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