17 de marzo de 2012

AMIA: “HOY PODEMOS HABLAR DE MEMORIA, NO DE VERDAD NI DE JUSTICIA”.

“HOY PODEMOS HABLAR DE MEMORIA, NO DE VERDAD NI DE JUSTICIA”
Por Sergio Kiernan
A 20 años del atentado a la Embajada de Israel, el vicepresidente Boudou resaltó que fue un ataque “contra los 40 millones de argentinos” y los israelíes apuntaron a Irán. En medio del compartido reclamo de justicia, el ministro Alak habló de las consecuencias de la falta de resultados de la investigación.

ACTO POR LOS 20 AÑOS DEL ATENTADO A LA EMBAJADA
Dos décadas sin justicia
El vicepresidente Boudou y el ministro Alak destacaron la importancia de la memoria a pesar de la falta de culpables, mientras los funcionarios de Israel apuntaron al “peligro de Irán”.
Por Sergio Kiernan
El acto en Arroyo y Suipacha, en la plaza que ocupaba en 1992 la Embajada de Israel
Los veinte años del atentado que destruyó a la embajada de Israel en Buenos Aires fueron recordados en un acto llamativo por la emoción contenida y los mensajes en paralelo. Con abundante presencia oficial, incluyendo al vicepresidente y presidente en ejercicio Amado Boudou y a una verdadera delegación de funcionarios israelíes, la ceremonia tuvo una hora larga de discursos en los que los argentinos remarcaron la falta de justicia, aunque destacaron que no pierden la esperanza de alcanzarla, y los enviados del gobierno de Shimon Peres pidieron abiertamente apoyo contra Irán.

El comienzo fue puntual, a las 14.50, que es la hora en que el 17 de marzo de 1992 terroristas todavía no identificados detonaron un autobomba en Arroyo 910. La explosión demolió la casona de estilo francés que ocupaba la embajada y la fuerza del impacto mató e hirió en la iglesia de enfrente, en edificios vecinos y en la calle. En total, hubo 29 muertos y 242 heridos. Veinte años después se repitió a esa hora el ritual de una sirena y el tañido triste de la iglesia, seguido de la también ya acostumbrada lectura de los nombres de las víctimas, cada uno acompañado por un ¡presente! Sobre el muro de la ahora Plaza Embajada de Israel se colocaron nueve ofrendas florales del gobierno nacional, el porteño, el gobierno israelí, la Fuerza de Defensa israelí, los familiares de las víctimas, la comunidad judía argentina, las organizaciones juveniles comunitarias, la Agencia Judía y la cancillería de Israel.

En el palco estaban el vicepresidente, el jefe de Gabinete Juan Manuel Abal Medina; la vicejefa de Gobierno porteño, María Eugenia Vidal; la vicepresidenta provisional del Senado, Beatriz Alperovich; el ministro de Justicia, Julio Alak; el de Defensa, Arturo Puricelli; el senador Daniel Filmus, el legislador porteño Aníbal Ibarra, el vicecanciller israelí Daniel Ayalón, el ministro israelí Yossi Peled, el actual embajador Daniel Gazit y su colega en 1992 Itzjak Shefi, el diplomático y sobreviviente Daniel Carmon y Carlos Susevich, que perdió a su hija en el atentado.

El primero en hablar, en medio de un total silencio, fue Carmon, que sobrevivió al atentado pero perdió a su mujer, madre de sus cinco hijos. El diplomático contó que volvió a Buenos Aires después de muchos años acompañado de “diez parientes en total, todos afectados por lo que pasó aquí”. El viaje tuvo varias razones, “porque soy familiar de una víctima, porque soy sobreviviente, porque soy diplomático y porque me quería reencontrar con esta ciudad en la que viví”. Enseguida, Carmon inauguró lo que sería el hilo conductor de todos los oradores israelíes, el ataque a Irán. “Ahora trabajo en la ONU, donde tengo que tratar con representantes de estados que consideran normal el terrorismo”, entre ellos Irán, “que sabemos es responsable directo de lo que pasó, directamente como país y a través de una organización suya como es Hezbolá”. El sobreviviente se preguntó si se hace lo suficiente para prevenir atentados como el de 1992 y reinvindicó “el derecho a la justicia y el deber de recordar a las víctimas”.

Susevich tocó el tema cuidadosamente evitado por Carmon, el de la conexión local y el de las razones de, justamente, la falta de justicia. El padre de Liliana, que murió por la bomba, le agradeció al gobierno de Cristina Fernández de Kirchner por el proyecto de ley reparatoria que presentó el Ejecutivo y fue aprobado, “por unanimindad y sin reformas” en el Congreso. “Este y el del fallecido Néstor Kirchner fueron los únicos gobiernos que nos recibieron y escucharon” dijo Susevich, “y que le dedicaron muchas horas de trabajo a nuestros temas. Se los agradezco de corazón”. Por primera vez, el público salió entonces de su silencio con un aplauso.

Susevich habló en varios actos anteriores y siempre con dureza ante la falta de resultados de toda investigación del atentado. Esta vez, señaló sin dar nombres a quienes casi venden la plaza para hacer un apart hotel “ante la indiferencia de muchos en nuestra comunidad” y saludó a León Wasserman, quien impidió esa venta “a costa de quebrar personal y materialmente”.

“Tuvimos que aguantar la indiferencia y la frivolidad de los que tenían que investigar”, agregó Susevich, “y después de veinte años no sabemos quiénes fueron”. El mayor aplauso del día llegó cuando afirmó que “no compramos mentiras internacionales” mientras no se sepa cuáles fueron los contactos locales y los encubridores de los terroristas. Susevich advirtió además, en un mensaje directo, que “no intenten vendernos motivos supremos por encima de nuestros muertos para hacernos callar”. “Queremos saber quienes fueron los autores intelectuales y materiales, y los contactos locales, ya que hubo una zona liberada, y los encubridores.”

El ministro Alak habló a continuación en una línea conceptual similar. Después de definir el atentado como “un brutal ataque terrorista”, Alak definió los hechos de 1992 y la voladura de la AMIA el 18 de julio de 1994 como “profundas heridas que no cicatrizarán si no sabemos encontrar verdad y justicia”. El ministro matizó la idea explicando que su gobierno está haciendo justicia desde la memoria en los casos de terrorismo de Estado, pero que en este otro acto de terrorismo “no encontramos verdad ni justicia”. Alak destacó los fuertes lazos con Israel, recordó que en años de dictadura muchos argentinos fueron recibidos allí, y subrayó que “Argentina rechaza el terrorismo” y es “un actor comprometido en la lucha contra el terrorismo”.

Desde el palco, el ministro señaló a los muy jóvenes alumnos de secundaria que eran mayoría en el acto y los definió como quienes “son muy jóvenes como para haber vivido esto pero participan en el reclamo y la conmemoración”. Estos jóvenes “renuevan nuestro compromiso para que vivan en un país democrático. El olvido y la impunidad no son los cimientos de la sociedad que queremos dejarles a nuestros hijos”.

El ministro Peled habló en hebreo y fue directamente a la mayor preocupación de su gobierno, que Irán tenga armas nucleares. En un mensaje que tocó el atentado en Buenos Aires sólo como ejemplo, Peled explicó que funcionó como un evento que “alentó a los terroristas a atacar a Israel” en cualquier rincón del mundo, ataques “que siempre tienen a Irán por atrás”. El siguiente orador, el embajador israelí en Buenos Aires en 1992, siguió una línea similar. Shefi se definió como un sobreviviente, habló con emoción de los amigos perdidos y hasta se permitió decir que es “una mancha” y “una ofensa” la falta de justicia. Curiosa posición de un diplomático que fue el primero en tratar el tema del atentado con el gobierno de Carlos Menem. El actual embajador, Daniel Gazit, se limitó a leer una carta de Shimon Peres con exactamente los mismos argumentos antiiraníes, sin mencionar conexiones locales.

El orador final devolvió las cosas a un contexto local. Al ser anunciado que hablaría el vicepresidente Boudou, una persona chifló. Se le unió otro, antes de que un aplauso determinado los callara. Boudou definió el ataque de 1992 como un acto “contra los cuarenta millones de argentinos”, por lo que su gobierno lleva “a cada uno de los foros internacionales la lucha, la palabra, la acción contra el terrorismo internacional y su financiamiento”.

“Es momento de memoria pero creo que también es momento de poder mirarnos a los ojos, tomarnos de la mano y saber que podemos seguir trabajando juntos por la verdad y la justicia”, agregó Boudou, quien destacó que “podemos reconocernos iguales en nuestras diferencias”. Todos, explicó, “compartimos que la violencia no debe ni puede ser una forma de resolver ningún conflicto. Ese es el momento que nos podemos proponer hoy. Sabemos que podemos compartir todos, los que pensamos igual o distinto estos conceptos. Podemos confiar entre nosotros y trabajar juntos contra esa maldad imposible de imaginar que es el terrorismo y el terrorismo internacional. Me gustaría que nos comprometamos por memoria, verdad, justicia, y por todos: por los que están, por los que no están y le agreguemos paz y amor”.

Cerca de las cinco de la tarde, se realizó una oración cantada en recuerdo de las víctimas y luego el quinteto Santa Cecilia ejecutó dos piezas de Bach.

Discursos en el acto
Imagen: DyN.
- Julio Alak, ministro de Justicia y Derechos Humanos: “A esta gestión le gustaría poder sentir el mismo orgullo (por el juzgamiento de los crímenes de lesa humanidad cometidos en la dictadura), porque en el caso del ataque a la embajada solo podemos hablar de memoria: no de verdad, ni tampoco de justicia. Sé que no sirve de consuelo, pero la batalla por la justicia nunca está perdida. Esa lucha solo tendrá fin cuando se encuentre a los responsables y se los juzgue. Si eso no ocurre, el sufrimiento será aún más hondo. Los atentados (contra la embajada y la AMIA) dejaron una profunda herida en la sociedad, que no cicatrizará. El compromiso de la Presidenta es permanente para responder a los reclamos de las víctimas”.

- Amado Boudou, vicepresidente: “La violencia no puede resolver ninguna diferencia ni conflicto. La presidenta Cristina Fernández lleva en su palabra y en su acción la lucha contra el terrorismo internacional y su financiamiento a cada uno de los foros internacionales. El atentado a la embajada fue contra los cuarenta millones de argentinos, aunque no podemos perder de vista que tiene su origen en el odio al pueblo judío y el antisemitismo. Es momento de memoria, pero creo que también es momento de poder mirarnos a los ojos, tomarnos de la mano y saber que podemos seguir trabajando juntos por la verdad y la justicia. Debemos comprometernos por memoria, verdad, justicia. Y agreguemos paz y amor”.

- Yossi Peled, ministro israelí: “Irán está armado con armas nucleares y es una amenaza para el mundo entero. La comunidad mundial debe evitar que continúe armándose. El atentado de 1992 alentó a las organizaciones terroristas a atacar al Estado de Israel, y detrás de la mayoría de los ataques está Irán. Es lamentable que aún no ha sido apresado ni juzgado ninguno de los responsables. A las familias de las víctimas y a los sobrevivientes les decimos que Israel los abraza y es su derecho y obligación defender a sus ciudadanos en Israel y en el mundo”.

- Daniel Ayalón, vicecanciller de Israel: “Los ideólogos y ejecutores están libres, preparando nuevos atentados. Irán posee ramificaciones por todo el mundo, sin armamento nuclear llevó adelante atentados en distintas partes del mundo. Ahora, las armas nucleares le permitirán moverse con libertad. El gobierno de Israel hará todo para proteger a sus ciudadanos y evitar que Irán concrete sus malvadas aspiraciones. Los crueles atentados forjaron una alianza eterna entre Israel y Argentina. Israel apoya el esfuerzo del gobierno argentino para enjuiciar a los responsables.”


- Shimon Peres, presidente de Israel (a través de una carta que leyó el embajador Daniel Gazit): “Lo único que nos queda es actuar (contra Irán) ante las declaraciones de impunidad sobre su intención de aniquilar a Israel. Lucharemos contra esta maldad con todo nuestro poder y venceremos. Que las almas de las víctimas descansen en paz”.

- Daniel Carmon, diplomático, sobreviviente y esposo de una de las víctimas: “Con el atentado todo un mundo nos fue quitado en un instante, de una vez y para siempre. Exigimos justicia por la masacre provocada por Irán. No temamos al terrorismo, que ningún atentado vuelva a repetirse. Nunca dejaremos de amar a esta ciudad y agradecemos esta demostración de solidaridad, fraternidad y esperanza. Seguimos reclamando nuestros derechos y también tenemos deberes: el derecho a la justicia, el deber de recordar, la necesidad de recibir respuesta y reparación”.

- Carlos Susevich, padre de Liliana Susevich de Levinson, muerta en el atentado: “Después de veinte años no sabemos quiénes fueron los autores intelectuales y materiales, los contactos locales, ya que hubo una zona liberada, ni los encubridores. Intentan vendernos una verdad funcional solo para algunos. Exigimos verdad y justicia para nuestros seres queridos muertos y heridos. Y agradecemos de corazón a la presidenta Cristina Fernández y a su antecesor y esposo, el fallecido Néstor Kirchner, por escuchar los reclamos de los damnificados y por la ley de resarcimiento aprobada por el Congreso”.

-Itzhak Shefi, embajador de Israel en 1992: “La falta de resolución es una mancha sobre la conciencia de la sociedad y una ofensa a las víctimas y sus familiares, nos empobrece como sociedad. Tenemos memoria y no olvidamos, tenemos memoria de Israel y de Argentina como nación y como pueblo. Todos los caídos el 17 de marzo de 1992 fueron inocentes y por lo tanto recibieron una violencia inmerecida”.


Relato de un sobreviviente
Jrge Cohen era agregado de prensa de la Embajada de Israel y fue uno de los sobrevivientes del ataque terrorista. “En ese momento yo estaba trabajando, en el segundo piso, y la que era mi oficina desapareció, como la mayor parte del edificio. De lo que pasó después no recuerdo casi nada”, cuenta. Periodista, después del atentado se convirtió en escritor, casi como una forma de procesar el dolor.

“Era un día caluroso, del verano que ya se iba. Llegué a trabajar a media mañana al edificio de la calle Arroyo y recuerdo que había algunas personas en la vereda, aguardando a que el Consulado comenzara su horario de atención”, señala. “El día transcurrió como cualquier otro, hasta las tres menos cuarto en el que la embajada voló por el aire. En mi memoria quedaron nada más que retazos, como por ejemplo el tirarme de la ambulancia en movimiento, cuando me llevaba al hospital, alucinando que la manejaban los terroristas. Días más tarde tuve algunas precisiones a través de quienes habían estado allí. Uno de ellos me dijo que iba en un taxi, escuchó la explosión, se bajó y que cuando llegó al lugar me vio, cubierto de tierra y sangre. De las consecuencias físicas pude recuperarme poco a poco.”

“No tuve ninguna contención psicológica de ningún lado, salvo la familiar. Tuve que buscar ayuda psicológica por mi propia cuenta. Recién cuando asumió la presidenta Cristina Kirchner tuvo la iniciativa de enviar un proyecto de Ley de Reparación al Congreso, que se hizo ley el año pasado con el apoyo unánime del todo el arco político.”

“A veinte años, los que ya no están, las sirenas, los gritos están presentes en mi vida cotidiana. Pero no me peleé con la bomba, no la enfrenté. Me pareció que es inútil. Quiero decir que a la bomba y a los fantasmas los sumé a mi mochila.”

“Escribir me permitió salir de la intemperie. Terminar el primer libro, Cuentos bajo los escombros (los borradores fueron recuperados de entre las ruinas de la embajada), contribuyó a mi proceso de transformación de víctima a testigo. Dejé ese espacio sin movimiento que es ser víctima para ser alguien que da testimonio.”

“Siempre me dediqué a observar la realidad, pero en este caso tengo una especie de ceguera cognitiva con la investigación, porque yo estaba adentro de la embajada. Creo que las pistas que se dieron a conocer en su momento, se cayeron. Todavía siento el olor a nitrato de potasio y a impunidad. Pero tengo esperanzas. Como Maimónides, creo en los milagros, pero no los espero.”

Apostillas
- Los chicos de las escuelas comunitarias fueron protagonistas del acto y casi, casi mayoría entre los presentes. Después de veinte años, es notable la presencia de chicos que ni habían nacido en 1992 cuando la embajada fue destruida.

- La seguridad fue particularmente dura en la ceremonia de ayer. Hubo apenas dos accesos al público, sobre Suipacha y Libertador, y sobre Esmeralda y Arroyo, con detectores de metales y revisación obligada de bolsos. Policías, perros antiexplosivos y tanquetas negras hacían seguridad pasiva, sin intervenir. Toda la revisión y control estaba a cargo de civiles de traje.

- Para los habitués, el entretenimiento de buscar a los francotiradores por los techos resultó frustrante este año. Lo único visible era una persona de camisa clara con un par de potentes binoculares en el techo de la escuela católica, justo enfrente del palco. El hombre recorría sistemáticamente la multitud buscando movimientos sospechosos.

- El SAME tuvo trabajo atendiendo a mujeres que sufrieron el calor de ayer. De hecho, a medida que avanzaba el acto el público se acercaba al palco en sincronía con la sombra de los edificios: estar al sol era difícil.

- Entre los primeros en retirarse estuvo el rabino y ahora legislador porteño Sergio Bergman, de jeans ajustados y una de sus coloridas kipás.


Domínguez con Ayalón
El presidente de la Cámara de Diputados, Julián Domínguez, se reunió ayer con el vicecanciller de Israel, Daniel Ayalón, en la fecha en la que se cumplieron veinte años del atentado a la Embajada de ese país en Buenos Aires. El titular de la Cámara baja expresó su solidaridad con la comunidad israelí y señaló que “la verdadera solución a todos los conflictos se encuentra a través de la paz y el diálogo”. ”Estamos convencidos de que la causa de la paz es central, por eso repudiamos cualquier acción relacionada con el terrorismo”, resaltó Domínguez. Por su parte, el vicecanciller consideró que “hay que unirse para afrontar el terrorismo en el mundo”, y pidió el apoyo de la Argentina, “un país muy sensible en el tema de los derechos humanos”.
Fuente:Pagina12

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