20 de marzo de 2012

COLOMBIA.

lunes 19 de marzo de 2012
“La agricultura se está muriendo, doctor”
Por Aurelio Suárez Montoya (MOIR)
Así exclamó un cordobés cuando examinaba los cultivos de algodón en esta cosecha. La cartera vencida con bancos y proveedores de los productores de maíz y de la oleaginosa en Córdoba, que en total son cuatro mil predios en 25 mil hectáreas, es del 50% del monto adeudado y la recolección actual ampliará ese porcentaje. No es quebranto coyuntural, es estructural, fruto de años de acumulación de desequilibrios entre costos e ingresos, aunque en el periodo invernal, quienes sobrevivieron, vendieron a la cotización internacional más alta en un siglo, ni eso los auxilió.

Los algodoneros tienen subsidio de compensación, absorbido por elevados costos de insumos y por la revaluación, que abarata las importaciones de la cadena, pero especialmente porque cada vez dependen más de la semilla transgénica, Bolgard II (BT) de Monsanto. Ésta rebajó la productividad al menos en 30% y las semillas convencionales fueron suspendidas por el ICA en varios casos por contaminación derivada de las genéticamente modificadas.

Los daños en ese tipo de semillas no son nuevos. Un estudio de científicos de los cinco continentes, de octubre de 2011, titulado “El emperador transgénico está desnudo”, reitera que son tecnologías fallidas y que las promesas fueron falsas: no hubo reducción en uso de pesticidas; no aumentó el rendimiento de ningún cultivo; han aparecido pestes y malezas más fuertes y resistentes, y el hambre creció.

El fenómeno es global: China prohibió comercializar arroz y trigo transgénicos; en India, en Gujarat, la productividad en algodón disminuyó a un tercio del promedio histórico y en Indonesia entre cuatro y siete veces; en Europa esos cultivos son casi inexistentes y en Estados Unidos, en veinte años, el uso de pesticidas subió 26% y 15% el de herbicidas con el uso de transgénicos. Monsanto fue sancionado por expender esas especies sin advertirlo en los empaques.

La crisis agrícola por tecnología se hace paulatinamente más severa. En café, se dieron recientes infestaciones de roya del 44% y las variedades resistentes son deficientes en ciertos microclimas; cada cosecha cae más, a los peores récords en 30 años. En arroz, el biólogo, Óscar Caballero, ha advertido la falta de “heterogeneidad germoplásmica” que hace más vulnerables las plantas a los patógenos. No hay materiales genéticos nuevos, ni investigación ni desarrollo técnico, ni laboratorios ni personal que estudie las enfermedades que afectan las cosechas arroceras disminuidas en 35%. En cacao, entre importaciones y contrabando tiraron el precio al piso y por la moniliasis el volumen producido cayó entre 40% y 50%. “Los programas para contrarrestarla no han tenido suficiente cobertura y alcances”, dicen los cacaoteros.

Entre cafeteros, algodoneros, cacaoteros y arroceros suman centenares de miles de hogares rurales colombianos, quienes, como invoca el biólogo Caballero, “se están muriendo y no saben de qué”.
Fuente:Argenpress

lunes 19 de marzo de 2012
Sobre lo que puede ser el colapso de transmilenio
Por Jorge Enrique Robledo (MOIR)
Los recientes sucesos de Transmilenio (TM) le dieron aire a un debate que es bienvenido, porque trata sobre la calidad de vida de millones de personas en Bogotá y otras ciudades. Para que la discusión lleve a lo que más interesa, que es superar un sistema de transporte inicuo, debe tomarse la verdad de los hechos y abandonar el sectarismo, para propiciar un ambiente democrático que facilite la controversia. Lograr dicho ambiente depende en mucho de que el Alcalde actúe con cabeza fría y deje de atribuirse el derecho al todo vale.

Se equivoca en grande quien no ponga en la base del análisis que TM opera demasiado mal: los bogotanos viajan en condiciones que lesionan su dignidad, los buses pasan con intervalos larguísimos y los pasajes son de los más caros de América Latina, en una ciudad donde un millón camina largas jornadas o se desplaza en bicicleta porque no puede pagarse ni los buses más baratos, y menos TM. Se sabe, además, que TM no es un servicio público oficial sino el negocio privado de trece monopolistas que gozan de subsidios y gabelas insólitas. Tienen razones de sobra los bogotanos para vivir indignados con TM e incluso sorprende tanta paciencia.

Por otra parte, es por completo falsa la responsabilidad que Gustavo Petro me atribuye en las protestas del 9 de marzo. Si no tuve absolutamente nada que ver con los respetables reclamos cívicos y democráticos de ese día, menos con la destrucción de algunos paraderos, daños que no comparto por convicciones de principios y porque atentan contra las peticiones ciudadanas para que mejore el transporte público en Bogotá. Lo mismo puede decirse del Moir, de Clara López y del Polo. Sin importar cuánto nos calumnien y maltraten los enemigos viejos y nuevos del partido de la izquierda democrática, estas son verdades irrefutables.

También es lamentable que el alcalde, que fracasó en el intento de crear un movimiento de usuarios de TM controlado por su administración y fue rebasado por los hechos, desconociera la parte civilista de los reclamos y apelara al macartismo para aplastarla. Es obvio que esta conducta no tiene nada que ver con las concepciones de la izquierda democrática de Colombia y el mundo. Cuán diciente es que Santos respaldara ese enfoque y que con esa misma óptica calificara las movilizaciones que se dan en el país.

Peor que los maltratos al único partido de oposición que hay en Colombia por cuenta de un alcalde al que la ley le prohíbe actuar en política, puede ser que esas actitudes lleven a no entender las causas del problema. Y quien diagnostica mal decide mal a la hora de corregir. Si bien el problema de Transmilenio no lo creó Gustavo Petro, sí le toca a él encontrarle las soluciones, que no saldrán de cacerías de brujas ni de inventarse chivos expiatorios sino de actuar con sensatez y criterios acertados en dos grandes direcciones.

La primera consiste en renegociar por leoninos los contratos suscritos entre el Distrito y los operadores privados de TM, para abaratar en proporciones importantes los pasajes y eliminar cláusulas que inducen al hacinamiento, propuesta únicamente planteada en la campaña a la Alcaldía de Bogotá por el candidato del Polo, Aurelio Suárez, agudo conocedor de la ciudad. Es bueno que el alcalde Petro haya corregido su posición en este aspecto. Pero también debe comprender que para el logro de ese objetivo en nada ayuda despacharse con incontables tuiterazos contra el Polo, porque dichos contratos cuentan con respaldos muy poderosos y no pocos blindajes legales.

La segunda tiene que ver con que aun si se reducen las tarifas, todavía quedaría por resolverse el hacinamiento en los buses y la gran dificultad para coger uno. Y mucho me temo que estos problemas no se arreglan con los paliativos de remodelar unas estaciones, programar semáforos y reparar unas losas, porque la falla puede ser estructural, es decir, que hay líneas de TM en las que el número de pasajeros superó la capacidad de diseño, porque este no es un sistema de transporte masivo pesado, como el metro, sino ligero, con menor capacidad de carga. Hay que recordar que en el plan de desarrollo de la alcaldía de Peñalosa lo que aparecía en la Avenida Caracas era la primera línea del metro y no la de TM. Y cabe preguntarse si el alcalde Petro está aplicado a sacar adelante el metro que dejó definido la anterior administración o si, tras ideas de dudoso sustento técnico como la de los tranvías, ese metro también va camino de embolatarse.
Fuente:Argenpress

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