Cordoba. Un documental retrata el camino de un sobreviviente de la masacre de los Pujadas
Renacimiento
La cineasta Eugenia Izquierdo estrenará en marzo Fotos de familia. El film tiene como protagonista a Víctor Pujadas, quien con 11 años, salvó su vida en 1975, frente a una acción combinada de militares y policías que mató y dinamitó a varios integrantes de su familia.
Trabajamos durante siete años, entre la investigación y el rodaje. Una de las hipótesis es que los autores de la masacre habían cumplido su objetivo de borrar a los Pujadas de la faz de la tierra, hasta que se empezó a remover la historia”, comenta Eugenia Izquierdo, directora de Fotos de familia.
El film, de poco más de una hora, retrata el recorrido que realiza Víctor Pujadas, aquel niño de 11 años que salvó su vida, junto a una sobrina bebé, cuando una patota del Comando Libertadores de América, versión mediterránea de las 3A, secuestró, mató y dinamitó a varios de los integrantes de la familia Pujadas el 14 de agosto de 1975.
El caso produjo una gran conmoción en su momento, resultado que los asesinos buscaron producir por su efecto multiplicador en el terror social que sometía a la sociedad cordobesa de entonces, mientras se afilaban los sables del golpe cívico-militar que se produciría un año después.
Dicen que en ciertas paredes de Córdoba podía leerse por entonces “primero los Pujadas, después los Llorens” y no se referían a un ensañamiento especial por el origen catalán de los apellidos sino por la relación de grandes familias cordobesas de clase media alta con las organizaciones armadas, sean Montoneros o ERP.
Los Pujadas remiten directamente a Mariano Pujadas, integrante del grupo fundador de Montoneros en Córdoba, a partir de su militancia en el Peronismo de Base, y ultimado junto a 18 detenidos políticos en 1972 tras la famosa fuga de la cárcel de Trelew.
Mariano había sido tomado como ícono de aquellos años, su nombre designó a un barrio humilde de la periferia de la ciudad, la Juventud Peronista había levantado un dispensario en homenaje y su figura reivindicaba el compromiso revolucionario de entonces, que interpretaba a una generación masacrada física e ideológicamente en nuestro país.
Tras aquel velo se escondía la historia de Víctor, como de tantos otros sobrevivientes a fuerza de huida y exilio, quien quedó solo en la casa de granja que la familia tenía en Guiñazú, junto a su sobrinita, mientras la patota arrastraba a un pozo mortal a su papá José María, su mamá Josefa Badell, sus hermanos, José María y María José, y su cuñada Mirta Yolanda Bustos.
Décadas después, Víctor recorre aquellos lugares junto a la cámara de la documentalista para encontrarse con sus afectos perdidos, arrebatados por el autoritarismo de la historia. Aparecen empleados de la cabaña avícola de su padre, compañeros de juegos de la infancia, maestras de la escuela, vecinos, familiares, compañeros de militancia de Mariano, todo un entorno perdido a través del tiempo, recuperado con sonrisas y abrazos, bajo el registro de la lente.
“Elegimos darle la palabra a Víctor, que no militó, ni tuvo decisión alguna sobre dónde vivir después de la masacre. Fotos de familia está dentro de ese proceso de revisión, cambiando el eje de quién emite el relato en relación a otros trabajos cordobeses sobre la historia de los ’70. Víctor no debate sobre la militancia sino que arma un rompecabezas de su propia vida”, explica Izquierdo, quien recuerda haberse topado con la historia de los Pujadas a partir de un trabajo para su tesis de licenciatura en cine que le puso en frente un reportaje de la periodista Mónica Ambort, publicado en los ’90.
La cineasta habla en el bar del Buen Pastor, centro comercial con rasgos culturales, que creó el gobierno provincial de lo que fuera la cárcel de mujeres en el centro de la ciudad.
“Esta película nace a partir de un corto del 2001 para mi tesis universitaria donde nos preguntábamos cuál fue la actitud de la sociedad civil frente a la violencia política entre 1974 y 1978. Cómo podía ser que una sociedad que acogió semejante masacre siguió estando viva sin preguntarse sobre eso. Fue investigando para ese corto que me cruzo con los Pujadas. Me parece que no es casual que esas historias aparezcan ahora. Creo que la forma en que se tratan habla de cierta madurez”, responde la directora, interrogada sobre lo que envuelve, aun pasado el tiempo, lo sucedido en Córdoba, mientras los tribunales se encuentran en plena revisión judicial.
Las sucesivas condenas de Luciano Benjamín Menéndez y su banda criminal confirman el camino que viene desandando la sociedad cordobesa, a pesar del siempre escaso ambiente político local.
“Es impresionante la escena donde la fiscal (Graciela López de Filoñiuk) explica cómo la causa judicial, que derivó de la masacre, estuvo 35 años en un cajón. El cuestionamiento en tribunales federales al juez fallecido Adolfo Zamboni Ledesma, brazo judicial de Menéndez y quien tomó el caso Pujadas para cerrarlo, me hace pensar que estamos insertos en un proceso más amplio”, dice Izquierdo.
Esa foto de familia. El documental cuenta la historia de los padres de Pujadas, exiliados en la Argentina por elección para salir del clima asfixiante de la Barcelona ocupada por el franquismo. Católicos y republicanos, José María Pujadas y Josefa Badell eran médicos que optaron por Córdoba con el objetivo rehacer sus vidas en 1953.
Aquí se volcaron a la actividad comercial, fundando una cabaña avícola. Enviaron a sus hijos a estudiar al colegio de la orden de las Monjas Azules, los varones hicieron su bachillerato en el Monserrat.
Mariano Pujadas estudió agronomía en la Universidad Católica e integró el grupo AES, de donde salieron varios integrantes de los primeros Montoneros que tomaron la ciudad de La Calera en 1970.
“Cuando hago las primeras entrevistas, todos me decían ‘hace más de 30 años que no sabemos nada de ellos’. Era muy difícil hablar de Pujadas. Había un paréntesis, como si en tres décadas nadie hubiera preguntado por ellos”, cuenta Izquierdo.
“Empecé a rastrear empleados, compañeros de colegio. En las primeras entrevistas decían no acordarse de nada, a veces pateaban los encuentros para seis meses porque había una dificultad para hablar del tema. Yo lo decodifiqué como dolor, no había falta de compromiso en la gente que había estado en los velatorios. Parece que era verdad que no se acordaban, después aparecieron los recuerdos, mucho cariño, algo de lo que está en la película. Pero inicialmente eran verdaderos fantasmas”, explica.
Un día estaba en la biblioteca del sindicato de Luz y Fuerza, buscando material en su archivo, y entró una persona del área técnica de EPEC. “Nos pusimos a conversar y me cuenta que guardaba ‘la tarjeta del viejo (Pujadas) cuando pidió el servicio de luz en la granja de Río Ceballos’. Mucha gente tenía referencias porque de la masacre no se enteró sólo Córdoba, sino toda la Argentina. Eran pequeños vestigios que mucha gente tenía guardados y no había compartido con nadie”.
“La foto fue lo más paradójico: había estado en Trelew, en la celda de Mariano, y fue la última imagen que vio de su familia. Que me la hayan dado a mí abrió la relación con la familia. Manuel Lorenzo, compañero de militancia de Mariano, guardó esa foto durante 32 años, tras rescatarla de la cárcel durante la fuga”, aún se sorprende Izquierdo.
Aquella imagen muestra a la familia en el jardín de la granja, bajo un sol de mediodía. Los padres están tranquilos, los jóvenes se ven felices.
“Lo que me resultó más llamativo al iniciar la investigación fue la paradoja que implicaba que ellos habían dejado España para venirse a la Argentina para ser consecuentes con sus ideas y este chiquito que había sobrevivido. ¿Cómo se sobrevive a esto? Así empecé a buscar familiares para entender esta historia, quiénes eran los padres de Mariano Pujadas y por qué habían matado a esta pareja de médicos y cómo sobrelleva la situación después de la tragedia el resto de la familia sobreviviente”, detalla.
Izquierdo entiende que la masacre de los Pujadas fue “tremendamente simbólico, por la fecha y la forma en que la ejecutan. Hay que aclarar que el exterminio de los sobrevivientes y de sus familias de los fusilamientos de Trelew fue algo sistemático. Además de los Pujadas, son perseguidos los Llorens, Lesgart, Vaca Narvaja. El exterminio de las familias que reivindicaban las figuras de sus hijos fue concreto. Se buscó exterminar a los que les daban respaldo o estructura a sus hijos militantes, aun si los padres no estaban directamente involucrados con la militancia”.
–Se produce un fenómeno con estas familias grandes y muy fuertes que funcionan como un clan. Pareciera en Córdoba que cuando los jefes del clan, los padres que dirigían estas grandes familias, asumían una actitud de contención de sus hijos también eran castigados. Sucede de la misma forma con los Vaca Narvaja.
–En el caso de los Pujadas, sin duda funcionaban como un verdadero clan y creo que esa es la hipótesis que más se puede acercar a la verdad. Al viejo lo castigan por estar orgulloso de su hijo. La muerte del pater familia transmite que también era condenable el respaldo a esos hijos militantes. Lo aberrante de la forma como los matan buscaba un efecto simbólico, logrado sin dudas.
Conclusiones. Eugenia tiene 34 años y se gana la vida como docente e investigadora del Conicet, aunque aspira en un futuro a dedicarse exclusivamente a la dirección cinematográfica. Aunque tiene 13 años menos que Víctor Pujadas, siente una comunión con el protagonista del documental porque “somos los herederos de los que perdieron, en esa lucha de ideas que se desarrolla en Córdoba desde fines de los ’60, del proceso de las izquierdas al poder y la revolución. En ese sentido, planteamos preguntas, sin dar respuestas. Cuáles eran las motivaciones de esta gente que tomó las armas, a partir de indagar quiénes eran los Pujadas. Si logramos transportar esta historia en términos generacionales para que Víctor pueda contársela a sus hijos, cumplimos con el objetivo”.
El documental tiene un hilo conductor que radica en el nomadismo a la familia Pujadas, por elección o porque los obligan las circunstancias, común a miles de argentinos que vivieron la violencia política o económica de las últimas cuatro décadas.
“Es muy fuerte esto de cruzar el mar una y otra vez para volver a empezar. Los padres dejan sus carreras de médicos en Barcelona para venir a Córdoba a criar pollos. Sus hijos sobrevivientes también dejan la provincia con lo puesto y empiezan de cero allá nuevamente, en un contexto de persecución y perdiendo casi todos los bienes. Recién pueden volver en el ’86 a hacerse cargo de la granja en Guiñazú. En España ellos arman empresas y vuelven a creer en un proceso de vida. Por eso la hermana mayor dice ‘nuestro sostén cuando llegamos a Barcelona era volver a hacer reír a los niños’. En términos existencialistas, esa idea de continuidad de la vida me pegó mucho, encontrar el sentido para seguir vivo”, concluye.
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Hacer cine en Córdoba
–¿Cómo viviste tu proceso de hacer una primera película en Córdoba?
–Fue largo, con mucha inexperiencia, con muchas ganas, pero hoy siento que es muy posible hacer cine para los que queremos dirigir. Antes había que irse a Buenos Aires o al exterior, pero actualmente estamos en un proceso con gran cantidad de gente filmando, con proyectos de muy buena calidad. Hablo tanto de cine con una perspectiva comercial, de autor o documental. El nivel técnico es bueno, podemos cumplir con los parámetros de calidad que se exigen actualmente. El problema es que sigue siendo crítica la disponibilidad de espacios para mostrar lo que hacemos. Acá la distribución es el punto más débil, porque faltan salas para proyectar y empresas que ubiquen las películas. Hay intentos como Rosendo Ruiz, director de De Caravana, que armó con otros cineastas una distribuidora independiente. Pero sólo tenemos tres salas Incaa en todo Córdoba, el gobierno provincial no tiene ninguna y la municipalidad, sólo la sala del Hugo del Carril. En términos de distribución es donde quedamos más provincianos y esa es la pata floja, porque estamos en buen nivel de producción, muy profesional, y podemos acceder a la financiación como en el resto del país.
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La causa judicial
La masacre de la familia Pujadas fue investigada por la fiscal federal Graciela López de Filoñiuk y se inscribe en la denominada “Causa Barreiro”, con pedido de elevación a juicio en 2010. En consecuencia, tal como detalló el Centro de Información Judicial, el juez Alejandro Sánchez Freytes, titular del Juzgado Federal Nº 3 de Córdoba, “dictó el procesamiento de 49 imputados, acusados en tres causas distintas de haber cometido homicidios, torturas y privaciones ilegales de la libertad antes y durante el último gobierno de facto. Entre los procesados está Luciano Benjamín Menéndez, ex jefe del Tercer Cuerpo de Ejército. Una de las causas es la denominada ‘BARREIRO, Ernesto Guillermo; MENÉNDEZ, Luciano Benjamín y otros p.ss.aa. privación ilegítima de la libertad agravada, imposición de tormentos agravados y homicidio agravado’. Ahí se investiga lo sucedido a 84 víctimas que habrían sido privadas de su libertad, sufrido tormentos y en gran parte de los casos, habrían sido muertas por personal policial, militar y civil entre marzo de 1975 y el 24 de marzo de 1976. Se trata de hechos que acontecieron antes del golpe de Estado”. Los Pujadas están en la lista de los que esperan justicia.
FuentedeOrigen:Revista 23
Fuente:Agndh

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