viernes 23 de marzo de 2012
La entrevista a VICTOR BASTERRA
Nos cortaron la historia en pedacitos
El miembro del consejo directivo del Instituto Espacio para la Memoria (IEM) y ex detenido en la Escuela Mecánica de la Armada (Esma) estuvo en la provincia participando de la muestra itinerante denominada “Los usos del cuatro columnas”, que se encuentra visitando los establecimientos de la provincia.
Por VALERIA ALFARO
-¿Cuál fue el objetivo de su visita?
-Uno está acá para trasmitir aspectos de la historia que muchas veces no se tienen en cuenta, pero que son necesarios porque posibilitan construir un futuro mejor. Vine a mostrar cuál era la metodología que llevaba adelante la dictadura en su emprendimiento por destruir las ideas de emancipación de un pueblo, que de alguna forma logró. Nos cortaron la historia en pedacitos, quedaron simples hechos anecdóticos de situaciones que tenían que ver con la vida de todo un pueblo. La Esma fue uno de los centros clandestinos más importantes que tuvo la Argentina, y calculo que más tiempo duró. Empezó a fines de 1975 y se cerró el 3 de diciembre de 1983. Yo fui secuestrado el 10 de agosto de 1979, fui trasladado a la Esma, torturado y sometido a mil pruebas de resistencia física. Pero pude sobrevivir a esas instancias espantosas, sometido durante siete meses al régimen de capucha, que era casi un infierno. Luego por mi condición de obrero grafico, especializado en valores bancarios, fui obligado a falsificar documentos como mano de obra esclava. Yo nunca falsifiqué documentos, pero allí me obligaron.
-¿Tuvo algún diálogo con los represores?
-No pregunté nada, porque yo sabia perfectamente por qué me llevaron, porque era un militante, era un activista desde 1960 que luchaba por la transformación de la sociedad en una sociedad justa, como lo hace todo el mundo. Pero durante mi cautiverio, en mi tarea de falsificación pude ir ocultando de cada represor una foto que me entregaba para sus documentos falsos. Rescaté una foto de cada uno y en algún momento de mi cautiverio, cuando me llevaban a ver a mi familia para que no hagan denuncias, pude sacar las fotos del centro clandestino. Cuando me liberan, a pesar de tener controles cada diez días, pude armar un dossier con la historia e imágenes de cada uno de los represores, que hasta ahora sirven de pruebas en los juzgados.
-¿Cuál fue su peor momento durante el encierro?
-Creo que uno de los peores momentos fue cuando me enteré que habían hecho desaparecer a mis queridos compañeros con los cuales había estado cautivo durante siete meses. En ese momento me separaron y una semana después me enteré que mis compañeros ya no estaban, eso fue un impacto terrible, fue como un tiro en la cabeza. Allí me juramenté que los militares no se las iban a llevar de arriba, y creo que voy cumpliendo.
-¿Cómo fue el momento de su liberación?
-La liberación fue relativa, porque me dijeron que me iba, pero que no hablara porque los servicios de inteligencia siempre quedan presentes. En el momento en que me liberan me dicen eso, me voy a mi casa, y me prohibieron salir del barrio y hacer declaraciones, hice todo muy silenciosamente. Mi primer testimonio fue en 1984 cuando fui a la Conadep, custodiado por un compañero, un amigo. Desde ese momento no paré de testimoniar en los juicios que sean en La Plata, Italia, México o España, esa es mi tarea, no olvidar.
-¿En que sector de la Esma estuvo recluido?
-Yo estaba en el casino de oficiales, allí estábamos los prisioneros. También éramos recluidos en el sótano o en el altillo, en el último se realizaba el régimen de capucha. Estábamos todos encapuchados, encerrados entre paneles de madera de un metro de alto por dos metros de largo. En cada panel había una colchoneta, parecía que estábamos en un cajón. Yo estuve en esas condiciones durante siete meses, es una situación muy cruel.
-¿Le quedaron secuelas luego de la experiencia?
-Tuve dos paros cardiacos y casi me quiebran la columna, perdí mi propiedad. Actualmente tengo prudencia y estoy a alerta, yo no doy la espalda. Cuando me siento en un bar o restaurant nunca doy la espalda a la entrada, pero no es miedo paranoico, es prudencia. Cuando estábamos encerrados, yo estaba resignado a la muerte, y cuando uno se resigna a morir, no es miedo lo que se tiene. Sí, uno pone resistencia a que te quiebren y te sometan , pero después pensaba como rebuscármelas para sobrevivir.
Fuente:ElTribuno.com

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