11 de marzo de 2012

La antesala de la “Noche de las Corbatas”.

La antesala de la “Noche de las Corbatas”
El abogado Eduardo Salerno ante el tribunal federal narra su calvario
En una nueva audiencia del juicio por la megacausa “La Cueva”, donde funcionaba el viejo radar de la Base Aérea; declaró este martes el abogado Eduardo Salerno, secuestrado días antes del golpe de Estado y luego encarcelado en Sierra Chica junto a otros colegas de Mar del Plata

El abogado Eduardo Salerno fue integrante de La Gremial de Abogados y formó parte de la primera camada de profesionales secuestrados en las horas previas al golpe de Estado en marzo de 1976 y luego encarcelado en el penal de Sierra Chica. Ayer se presentó nuevamente frente a un tribunal para relatar su calvario en los centros clandestino de detención comisaría cuarta y La Cueva.

Entre el 6 y el 8 de julio de 1977 se produjo en Mar del Plata el secuestro y la desaparición de un grupo de abogados laboralistas. Los verdugos nombraron al operativo “La noche de las corbatas”. La mayoría de las víctimas formaba parte de La Gremial de Abogados, una asociación que representaba a trabajadores e intentaba preservar las libertades públicas en un sistema político judicial que se volcaba a la ilegalidad.

La Gremial siempre estuvo en la mira de la represión. El primer ataque se produjo en la primera mitad de 1975. Durante una redada policial detuvieron a casi todos sus integrantes. Los únicos que lograron huir fueron Salerno y Jorge Candeloro (secuestrado y desaparecido durante la Noche de las Corbatas). Ambos escaparon a Córdoba y allí se quedaron por unos meses.

Salerno contó ayer ante los jueces Alfredo Ruiz Paz (presidente), Lidia Soto, Elvio Osores Soler y Daniel Cisneros que después de algunos meses decidió volver a Mar del Plata mientras Candeloro se quedaba en Córdoba a la espera de que “se calmara el panorama”.

A principios del ’76 Candeloro y Salerno se volvieron a encontrar. El primero dijo que se iba a Brasil a vivir con su hermano que lo sacaría del país. El segundo no preguntó nada, sabía que cuanto menos supiera mejor.

Salerno fue secuestrado el 19 de marzo en su departamento de Bolívar y La Rioja por un grupo que dijo ser de la policía. Minutos antes de su detención, el abogado había escuchado ráfagas de tiros en la calle. Mientras lo llevaban a la comisaría cuarta uno de sus captores le dijo que habían disparado al aire por las dudas que muriera en la tortura. Al día siguiente el diario La Capital tituló “Detuvieron al abogado Salerno en medio de un intenso tiroteo”.

Salerno fue depositado en una celda individual. Allí supo que en la comisaría estaban detenidos el abogado Armando Fertita (integrante de la Gremial), un alumno de la facultad de Derecho de apellido Párraga y el secretario general del sindicato de prensa Amílcar González.

A través de la hendija de la puerta del calabozo, Salerno pudo ver por primera vez a un hombre que recorría las celdas casi sin decir palabra. Se maneja con gestos. Tenía el aspecto de ser toda una autoridad dentro de la comisaría. Ese hombre era el general de brigada Alfredo Manuel Arrillaga, su interrogador en la tortura y uno de los imputados en este juicio.

Salerno y Arrillaga se volvieron a ver algunos años después. El primero fue defensor de los militantes que coparon el cuartel de La Tablada en 1989. Arrillaga fue el jefe del operativo para la reconquista de la dependencia militar. Está acusado de haber fusilado a militantes desarmados.

El día del golpe de Estado, Salerno fue llevado a una oficina en la cuarta y un hombre petiso, delgado, con una fuerte carraspera y con un esparadrapo en el mentó le tomó algunos datos que escribió “muy mal” a máquina en un formulario. Esa misma noche, lo llevaron a La Cueva.

Salerno narró ayer que lo acostaron en el piso de un Ford Falcon y mientras lo trasladaban pensaba en formas insólitas de escaparse. Había elucubrado tirarse del auto y arrojarse al mar si el auto pasaba por la costa. Pero los captores tomaron por Champagnat hasta ruta 2 y de allí a La Cueva, el viejo radar de la Base Aérea.

En el centro clandestino de detención fue sometido a un interrogatorio bajo tortura. Salerno recordó que el hombre que le bajó los pantalones para poder picanearlo fue el mismo de la carraspera y la venda en el mentón. El que hacía las preguntas era Arrillaga por aquel entonces jefe del Servicio de Inteligencia de la subzona militar XV.

El interrogatorio giró en torno a La Gremial de abogados, a su militancia política en el PCR (Partido Comunista Revolucionario) y a Jorge Candeloro. Sobre éste último, decía una y otra vez que se había ido del país. Salerno recibió descargas eléctricas en todo el cuerpo. Tirado sobre una mesa de cocina fue picaneado en piernas, pecho encías y genitales. De lo único que se arrepiente es de haber pedido, en algún momento e ese suplicio, es que lo mataran. “Ante esa gente uno no puede claudicar”, aclaró.

De regreso a la comisaría cuarta lo recibió el comisario Marcelino Blaustein -otro de los imputados-, quien se negó a darle agua porque tras una sesión de picana, ingerir líquido podía ser mortal.

Los padres de Salerno realizaron todo tipo de trámites para obtener alguna información. Supieron que había sido detenido por la Ley Antiterrorista. El fiscal federal de entonces, Gustavo Demarchi –hoy detenido en Colombia acusado de crímenes de lesa humanidad- recibió el habeas corpus presentado por la familia Salerno y lo arrojó en un cajón. Nunca dio una respuesta.

Salerno fue puesto a disposición del Poder Ejecutivo Nacional (PEN) a través del decreto 1073. Junto a Armando Fertita y otros detenidos fueron llevados hasta el penal de Sierra Chica hasta su libertad definitiva.

Salerno volvió a Mar del Plata y fue llevado ante el coronel Costa, en ese entonces jefe de la Subzona Militar XV. Lo único que escuchó fue un consejo con entonación de orden: “Salerno usted es joven dedíquese a las sucesiones y adopciones”.

Pocos días después de esa reunión se produjo “La Noche de las Corbatas” y el posterior asesinato del abogado Norberto Centeno. Salerno siguió el velatorio de su colega de lejos. Tenía miedo de acercarse porque sabía que estaba siendo vigilado. No obstante el diario La Capital informó que Salerno había estado en el entierro de Centeno y que había brindado un encendido discurso. Esa misma noche, la familia Salerno hizo su exilio interno en Córdoba. Luego fuera del país.

El caso Fertita
Armando Fertita engrosaba la lista de testigos para audiencia de ayer, pero como ya había hecho una declaración en el juicio a Gregorio Rafael Molina, el fiscal Daniel Adler solicitó que el testimonio entre por lectura y así evitar que la víctima tenga que exponer potra vez frente a un tribunal.

No obstante, Guillermo Fertita, -hijo de Armando- sí prestó declaración como testigo del secuestro y cautiverio de su padre.

Fertita hijo narró las dos detenciones que sufrió su padre. La primera en octubre de 1974. Guillermo tenía 9 años. Agentes de la policía Federal fueron a buscara su padre con la excusa de que el comisario quería hablar con él. Fue detenido y llevado a Devoto donde permaneció hasta abril de 1975.

La segunda detención la realizó el Ejército, fue el 19 de marzo del 76, el mismo día del secuestro de Salerno. Rodearon la manzana de su casa en la calle Matheu entre Mitre y San Luis. Allanaron la casa y se llevaron una pistola Mauser 6.35 que sirvió de falsa prueba para poder alegar que Fertita tenía un arma de guerra en su poder y de esa manera procesarlo en el marco de la Ley Antiterrorista (23840).

Al igual que Salerno, Fertita fue llevado a Sierra Chica. Guillermo recordó las visitas a su padre y el comportamiento abusivo de los militares. Por ejemplo, un oficial que manejaba el tanque que estaba en la puerta del penal y que tomaba la ametralladora y simulaba fusilar a los familiares que esperaban para la visita. O el encuentro con su padre en la iglesia del penal a varios bancos de distancia uno del otro para que no pudieran abrazarse o darse un beso.
FuentedeOrigen:RedacciónElAtlántico
Fuente:Agndh

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