31 de marzo de 2012

A un enfermero, que atendió a Bussi en sus últimos días, le habían secuestrado el padre en 1976.

A un enfermero, que atendió a Bussi en sus últimos días, le habían secuestrado el padre en 1976
Negrín Arias por su profesión -en una clínica privada- le dió al genocida una lección: haz bien sin mirar a quien.
Miguel Ramón Arias se graduó como enfermero universitario y se especializó en la Favaloro en trasplantes y cardiopatías.      
Estaba corriendo la primera hora del 14 de febrero de 1976. La casa de Segundo Bonifacio Arias dormía. Un vehemente llamado a la puerta lo puso de pie al matrimonio. Abrió la puerta y un grupo de uniformados con capucha escondía las cabezas. El Negrín –de 13 años- se despertó y desde el dormitorio espiaba porque en casa de madera siempre hay agujeros. Los chicos Fredy, Teresa, Bulo y Rossana dormían. Le dijeron que se ponga la campera y que lleve los documentos. Élida Lorenza Fernández de Arias, afligida, preguntó cuál iba a ser su destino. Detrás de una capucha salió una voz firme, con tono militar dijo: no se preocupe vamos a averiguar sus antecedentes y va a volver a la casa. Miguel Ramón Arias prendió la luz y salió desde donde dormía. Lo apuntaron con un fusil sobresaltados. Era un FAL lo reconcí cuando hice el Servicio Militar en San Martín de los Andes, Neuquén. Mi viejo los tranquilizó: les debe haber dicho que era alguno de sus hijos. Han pasado 36 años y todavía no ha vuelto. Uno o dos años más tarde recibió una nota o un telegrama, no me acuerdo, que decía Segundo Bonifacio Arias ha fallecido por causas de una enfermedad. El silencio y la incertidumbre siguen La vida cayó sobre los hombros de la Chicha madre que tuvo que pelearle a la necesidad, a la adversidad, educar a los hijos, darle de comer y hacerlos estudiar. Cuando ella evoca el aciago día en que hizo la denuncia en la policía de Tafí Viejo, se pone mal. Pero la deben haber asentado en un papel higiénico porque cuando fuimos a sacar una constancia no hay nada de nada.
Me acuerdo patente, patente: observé que eran 3 autos: un Valiant, un Renault 6 y un Peugeot blanco. Esos eran los 3 autos que andaban ahí en esos momentos. Pienso que ha sido un golpe muy duro porque nosotros tuvimos que estudiar gracias a mi vieja que trabajaba en lo que podía porque no tenía ni una pensión, ni nada. Al terminar el secundario le toca el Servicio Militar, año 1982, guerra de Las Malvinas. Debo decir, que me sentí un poco presionado, perseguido por suboficiales y oficiales que me interrogaban muy a menudo, sobre qué pensábamos nosotros y qué lo que queríamos hacer -al decir queríamos- se referían a mi hermano mayor, él es un hombre tranquilo, a nosotros lo que menos nos interesa es la política, pero los interrogatorios eran muy seguidos hasta que de alguna manera les hice entender que el ideal de nosotros era estudiar, formar una familia y ser como corresponde una persona normal. Gracias a Dios terminó la guerra de las Malvinas, nunca me tocó estar ahí porque cuando nos tocó ir, terminó la guerra. Con el correr de los años seguió estudiando de enfermero universitario.
Me tocó otro anécdota, que no puedo decir ¡qué suerte! -o lo que sea- pero tuve que atenderlo, al general Bussi. Si, tenía que verlo desde la parte afectiva, como cualquier hijo de desaparecido, es como cualquier persona que tiene un familiar desaparecido, pensaría como 10.000 cosas. Y lo pensé pero realmente mi obligación como enfermero atender a la persona, hacer un juramento que somos buenas personas. Como toda buena persona que quiere salir adelante. Uno no se olvida nunca de lo que pasó. La idea era atenderlo: yo lo atendí. Conoció a los hijos de Bussi. Ahora tal vez se enteran ellos que yo era hijo de desaparecido pero a mi trabajo yo tenía que cumplirlo de la mejor manera, mis compañeros hacían la medicación. Yo por razones legales hablé con mis compañeros y les dije que yo era hijo de desaparecido y que yo no tenía por qué hacérselo saber porque a nadie le importa cómo es su vida anterior. Me tocó un hecho curioso en el cual él sentía mal y estaba muriéndose, se descompensó, lloraba, le tenía miedo a la muerte. Muchas veces pensé en mi viejo como los 30.000 desaparecidos, lloraron le suplicaron y les quitaron la vida, lo torturaron y le hicieron cuántas cosas. Pero en este caso él padecía una enfermedad, padecía una insuficiencia cardíaca normal podríamos decir. El sufrimiento no se lo deseo a nadie y ojalá que nunca nadie tenga que padecerlo. Que nadie sufra lo que sufrió la gente que padeció estas desapariciones y con respecto a Bussi le tenía mucho miedo a la muerte. Sabía lo que había hecho, por supuesto. En un momento dado yo le hice un poco kinecio porque y le hice gimnasia respiratoria, le ayudé, él me lo agradeció. He charlado mucho, hasta me hizo bromas pero se fue en su ley. El único que lo puede juzgar es el que está arriba y ojalá que nunca más tengan que ocurrir estas cosas esto de las desapariciones y quería que por lo menos se enteraran. La familia de Bussi que me conocen sepan que los que somos hijos de desaparecidos se enteren que somos buenas personas. Volviendo al servicio militar a nosotros por el hecho de ser tucumanos y estar en Junín de los Andes, a nosotros no nos trataban de soldados, nos trataban de subversivos a todos los tucumanos que éramos soldados en ese tiempo, y bueno, ojalá que nunca más que quede en la memoria. Me quería desahogar porque de alguna manera quería expresar lo que yo pasé y lo seguiré pasando. 
¿Por qué desaparece tu papá? 
Yo tenía entendido que era un militante del peronismo de los cuales yo creo que había 3 grupos. Había 3 grupos y creo que mi papá estaba en el grupo de los cristianos porque el cura Dip andaba con él y con reuniones no me acuerdo porque tenía 13 años. Yo no he podido saber qué es lo que pensaba mi viejo no he tenido esa posibilidad. Me tocó pasar una adolescencia sin padre y salir adelante. Es bastante feo decir lo que me tocó.
Contame algunas de las conversaciones con Bussi
Él quería ser un poco como generoso –bueno no le quedaba otra- incluso hasta hacía bromas. Por ejemplo él tenía colocado un suero en el brazo izquierdo y el portasuero hacia el lado derecho. Le digo con permiso le voy a poner el portasuero hacia el lado izquierdo y él me dice: ¡No! Por favor del lado de izquierda nada. Y yo le decía a pesar de que Ud está mal sigue haciendo bromas. Incluso con algunos compañeros hacía chistes o sea con nosotros: de la mejor manera. Pero bueno solo Dios juzga lo que hizo.
¿Qué sentías cuando lo veías postrado? 
Yo el sufrimiento no se lo deseo a nadie. La verdad no, porque como enfermero nosotros aliviamos el sufrimiento, tenemos que ver que la gente se sienta bien sobre todo los familiares. En este caso con un enfermo muy terminal hay que hacerlo sentir de la mejor manera. Pero que le puedo decir a una persona de edad.
¿Cómo hacías para atender a una persona que sabés que le ha generado un daño a tu padre?
Yo separaba los tantos. No pensaba en eso mientras hacía mi trabajo. El otro día que estuve en un acto por la memoria me enteré cómo los ataban de los brazos y las piernas y algunos les pegaron hasta tiros y yo digo no, no puede ser que hayan hecho semejantes cosas. Viendo desde el punto de vista ese me siento muy mal. Como le digo lo que menos queremos es el sufrimiento de la gente y los 30.000 sufrieron bastante.
¿Cuándo lloraba qué es lo que decía?
 Él lloraba y decía mirá lo que me está pasando. Lloraba como niño. No sé si a alguno de los familiares de los desaparecidos les hubiera gustado ver lo que yo he visto. Bueno me queda en mi retina –como se dice- no me alegro como digo no me gusta el sufrimiento. Incluso en algún momento yo lo calmé y le decía ya se va a mejorar, tranquilo ya hemos hecho un tratamiento. Estamos nebulizando y mejoró. Después me dijo: ¡Gracias!, muchas gracias. En los últimos momentos de Bussi yo preferí no acercarme. En los últimos momentos yo no me acerqué atendí a otros pacientes pero a él no.
¿Habló alguna vez de algo que haga referencia a su vida? 
No, nunca dijo nada yo creo que no le podía decir nada a nadie al respecto. Esas cosas eran algo privado, muy reservado. Sabía lo que tenía que hablar. Pero no, realmente nunca habló de nada de eso. Tampoco se lo preguntamos. Lo único fue que un compañero mío le preguntó con respecto al matrimonio de esos oficiales del ejército. Él se enojó y dijo ¡hay que fusilarlos! Es lo único que yo escuché pero otra cosa no, no escuché nada.
¿Han sabido algo de tu padre? 
No, nada. Ahora hay que seguir buscando en el Pozo de Vargas o no sé donde será que está ahora mi viejo, o en el Cadillal. Por eso digo yo como que faltó algo. Nos falta saber porque nos dieron esa noticia. No sé si mi madre conserva esa carta, pero el cuerpo nunca nos dieron.
¿Y tu madre? 
Yo he visto el sufrimiento de mi vieja y me digo cuantos familiares han andado dando vueltas sin tener respuestas. Madres que se murieron sin saber de sus hijos o de sus familiares y eso es una espina que nos queda a nosotros es muy triste eso. Mi abuela que se murió sin saber qué pasó con su hijo. Eso es lo triste. ¿Tu abuela supo algo de tu papá? No solo suposiciones de cosas que la gente hablaba. Incluso mi abuela le preguntó a dos sobrinos que eran primos hermanos de mi papá y no le contestaron y se alejaron de mi familia. Yo pienso que no podían hablar ellos y si saben algo nunca nos dijeron nada siendo primos hermano de mi viejo.
¿En qué trabajaba tu papá en ese momento? 
En ese momento estaba en los Talleres de Tafí Viejo, era carpintero. Yo me acuerdo que su jornada era hasta las 2 de la tarde y después trabajaba en un servicio particular donde fabricaban muebles, ataúdes pero eso era en forma particular que hacía 4 ó 5 horas de tarde o sea él manejaba dos trabajos y aparte de eso tenía un trabajo muy lindo que era un hobby como lo tiene ahora mi hermano, que es Bulo, que ponía música en esos tiempos, en los casamientos en los cumpleaños de 15, en distintos eventos.
Por Félix Justiniano Mothe
Fuente:PrimeraFuente

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