lunes 9 de abril de 2012
Anuncian protesta en Chile por despidos masivos de profesores
PL
El gremio magisterial chileno anunció una jornada de protesta para la próxima semana en esta capital en rechazo al despido de más de dos mil docentes que participaron en las movilizaciones del 2011 contra la educación de mercado.
Así lo anunció el presidente del Colegio de Profesores de la región Metropolitana, Jorge Abedrapo, quien denunció una fuerte persecución contra el sector, sobre todo en comunas cuyos alcaldes pertenecen a la ultraderecha chilena.
Precisó que la jornada de protesta tendrá lugar el miércoles 18 en la Plaza de Armas de Santiago y que contemplará también una marcha hacia el Ministerio de Educación.
De acuerdo con datos entregados a la prensa en esta ciudad, fueron despedidos solo en la capital dos mil 346 maestros, los que laboraban fundamentalmente en las instituciones municipalizadas del nivel de enseñanza media.
"Hay un tremendo hostigamiento a los profesores en los liceos, especialmente a profesores que apoyaron a los estudiantes en las movilizaciones del año pasado", afirmó el dirigente docente.
Remarcó que muchos de los cesanteados son profesores a contrata, con 10 años de ejercicio y que no tienen cómo protegerse económicamente ya que fueron despedidos sin indemnización. Entre las comunas donde la hostilidad ha sido mayor mencionó Santiago, Providencia, Ñuñoa, Maipo, Maipú, Conchalí, San Joaquín, Quinta Normal y Puente Alto.
Por su parte Hernán González, encargado de Educación y Perfeccionamiento del directorio metropolitano, calificó de brutal el ataque contra la profesión.
Dijo que además del rechazo a los despidos masivos en el sector, hay descontento porque unilateralmente se ha decidido cambiar los proyectos curriculares y se ha reducido las horas de clase de asignaturas como Arte, Música y Educación Tecnológica.
Fuente:Argenpress
lunes 9 de abril de 2012
El principio ético en la reforma tributaria
Por Juan Francisco Coloane
El tema de los impuestos es tan antiguo como el arte de gobernar y es de tipo ético, más que del resorte matemático anclado en la rentabilidad de una economía.
En Chile comienza una discusión sobre la reforma tributaria que había permanecido estática o poco dinamizada o simplemente inexistente en lo medular.
El modelo chileno es reconocido en el mundo por la estabilidad política y el crecimiento de la economía. También es cierto que se le adjudica un rasgo marcado en generar desigualdades. Estas desigualdades que han contribuido a concentrar riqueza y poder político están amparadas por el sistema tributario y el sistema binominal, un modelo electoral heredado de la dictadura que consiste en gobernar y formar liderazgos a partir de dos alianzas de mayorías.
En Chile este modelo ha significado una artificiosa y desgastante lucha por el atrapar el esquivo centro político que al final termina en resoluciones o procesos legislativos deslavados y asépticos desde el punto de vista de las reformas estructurales que el país requiere y que la gente reclama en sus últimas manifestaciones en la calle.
Este sistema electoral con la actual estructura tributaria, son los dos pilares mayores que sustentan el modelo chileno.
La renuencia a una reforma tributaria sustancial (vinculada al modelo desarrollo), así como la mantención del sistema binominal operan como las dos tenazas de un alacrán en donde la gente –mayoritariamente el asalariado con escaso acceso a la toma de decisiones- representa exactamente “la presa”.
Si hay un debate en el cual esta presa prácticamente no tiene participación sustantiva – sea por un exagerado artificio técnico, sea por insuficiente capacidad colectiva- es aquel de la estructura tributaria. El binominal es diferente. El desagrado de la gente con la política que se palpa hoy, revela la sensación de un sistema electoral agotado aunque no se reconoce abiertamente así.
Los buenos diagnósticos surgidos a raíz de los movimientos sociales no necesariamente se pueden traducir en políticas públicas por la aguda división política existente en estas dos áreas. En este plano, desde el comienzo de la reconstrucción democrática, el tema tributario y el binominalismo han sido dos zonas que han permanecido particularmente estáticas en cuanto a reformas. Si bien han concitado debate, por su baja intensidad e intermitencia en la agenda política, el mismo no ha sido un impulsor para implementar medidas que resuelvan gradualmente la inercia del status quo.
La reforma tributaria efectuada en 1990 por el Gobierno de Aylwin, fue considerada por el Banco Mundial (1) un cambio estructural mayor y exitoso. Así mismo recomendó que la economía chilena debiera asegurar estabilidad macro económica dejando implícito la necesidad de contener nuevas reformas tributarias estructurales. Lo hecho era suficiente para prolongar el éxito del ajuste estructural implementado por el gobierno militar.
Es así que los gobiernos de la Concertación una vez que consiguieron los recursos –a través de la reforma tributaria para aumentar el gasto fiscal (12 % en términos reales) en un deprimido sector social, adoptaron con férrea disciplina esos designios del ajuste. Es una explicación plausible por la falta de convicción en la clase política en general por cambiar la actual estructura tributaria.
Desde Snefru, pasando por Julio César y los emperadores chinos de las dinastías más antiguas, los tributos de la gente constituían el núcleo de la posibilidad de gobernar. Hasta el sistema de gobierno más arcaico y absolutista profesa un culto a la gente porque de la gente proviene la riqueza del estado y la posibilidad del monarca. Es curioso, a medida que la organización social dejaba atrás formas primitivas de esclavitud, “esas gentes” que eran clave para la existencia de los emperadores antiguos se convierten en otro tipo de esclavos, con el silencio de los anteriores y desprovistos de la posibilidad de decidir.
Además de contar con poderes divinos y ejércitos, las monarquías desde su concepción más primaria, no podían gobernar sin ese tributo originado en la gente. La gente es el sostén de todo por eso que los impuestos son tan críticos. Sin embargo es la zona donde más disputa ideológica existe.
Como dos compuertas en un sistema de irrigación con mucha carga y que al abrirse en forma desmedida o abrupta se corre el riesgo de una inundación, el patrón de impuestos y el diseño de gobernar y formar liderazgos basado en dos polos de poder infranqueables se refuerzan mutuamente. Uno sostiene al otro y los cambios en uno pueden alterar la fisonomía del otro.
Efectivamente, son las dos principales condicionantes del modelo de desarrollo chileno y es por ello que su estabilidad depende de que se mantengan sin alteración. Reformar estas dos áreas en un momento histórico cuando la presión social aumenta para modificar la fisonomía del país, es el desafío de la clase política en Chile.
El actual modelo se maneja con espasmos de euforia y autoritarismo. No se ve un plan claro en ningún sector político dominante hasta el momento. Las elecciones municipales que se celebran a fin de año, han sobreseído cualquier atisbo de reforma Se observa más preocupación por posicionarse que por establecer la agenda por la cual se va a votar.
Será el gran test para la población más que para los políticos. Servirá para observar si la capacidad analítica de la población realmente se incrementó con los movimientos sociales de los últimos dos años o si eran un tibio resplandor.
Nota:
1) World Bank. Report No9851-CH. March 3, 1992. La reforma consistió en un aumento del IVA de 16 a 18 %; el impuesto corporativo del 10 al 15 %.
Fuente:Argenpress
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