ROSARIO
EL MARTES 17 SE PRESENTA EL ANUARIO REGISTRO DE ACCIONES ARTISTICAS 2011 ROSARIO.
Cuando escribir sobre arte es un arte
El trabajo alcanza los objetivos que buscó, básicamente la polémica y la diversidad. Las notas están organizadas con un cuidado criterio editorial y poseen una clara proyección a futuro, con perspectiva histórica en el pasado.
"¿Existe o no una escena local en el arte?. Algunas de las preguntas fundamentales que de este trabajo.
El martes 17 de abril a las 19 en Darkhaus (Corrientes 267, Rosario) se presenta el Anuario Registro de acciones artísticas 2012 Rosario. Editado por el historiador Pablo Montini, la diseñadora Georgina Ricci y la videasta Lila Siegrist, con concepto y producción de esta última, esta esperada revista libro retoma lo iniciado por el Anuario 2011, redoblando la apuesta en la dirección buscada: polémica y diversidad. Organizadas con un cuidado criterio editorial, son notas de fondo con proyección a futuro, con perspectiva histórica en el pasado y atravesadas por preguntas fundamentales como: ¿cómo crear un mercado del arte en Rosario? Y además es un placer leerlas.
Hay que aclarar desde el vamos que lo que aquí se ofrece no es ni pretende ser un registro exhaustivo de todo lo hecho en el arte de Rosario el año pasado (por ejemplo se omiten, o se mencionan como al pasar, varias importantes exposiciones de pintura) sino un recorte subjetivo, marcado por el clima y las inquietudes de la época, expresado en reseñas de una gran riqueza conceptual y expresiva donde los autores, felizmente, denotan un fuerte compromiso con el entorno local y dejan hablar su subjetividad. Las notas son densas, fuertes, estimulantes, algunas llenas de ingenio y algunas exquisitamente bien escritas por escritores rosarinos jóvenes que merecen mucho más espacio en la industria cultural que estas participaciones ocasionales. Irina Garbatzky en su "recorrido arbitrario" o David Nahón cuando genialmente toma la lectura liberal clásica de Robinson Crusoe como alegoría de la situación de un arte rosarino sin mercado, o Cecilia Lenardón en sus visitas a los espacios underground, igualan o superan al consagrado internacional Patricio Pron que abre el volumen con una vista aérea fría y distante a lo Thomas Bernhard.
Lo cierra Daniel García Helder, de la generación de Pablo Makovsky, Osvaldo Aguirre, Gilda Di Crosta o Aurelio García: todos escriben aquí con una prosa a la altura de su obra. Música, diseño, libros y política completan el menú, en plumas de fuste como las de Juan Bautista Ritvo o Diego Giordano. De Buenos Aires escriben críticos como Rafael Cippolini y Ana Martínez Quijano, mientras que Ezequiel Alemian y Mauro Herzlika dan cuenta de varias presencias y ausencias.
El crítico de arte Javier Hernández tuvo a su cargo la delicada tarea de dar cuenta de la desafectación de Roberto Echen (Subdirector Artístico) del Museo Castagnino + macro; la polémica surgida de la crisis que éste predecía estallará en el final del libro, en diciembre, una discusión a múltiples voces en torno al Salón Nacional.
"Simplificar el malestar producido en la escena local a una pelea de vedettes es el primer error de lectura si intentamos hablar de una verdadera escena profesional, que de existir como tal, estaría en su pleno derecho de involucrarse y comprometerse en lo que atañe a las decisiones que conforman una política pública sobre la cultura", advierten lúcidamente Gabriela Gabelich, Aurelio García e Inne Martino. Aporta una involuntaria síntesis hegeliana, acaso algo verticalista, a cuento de otra cosa en la nota sobre el Puerto de la Música), un gestor cultural catalán: "¿Cómo debe articularse un espacio estatal con el resto de los actores de este tejido cultural"? pregunta Angel Mestres Vila a Ulises Moset, del Club de Fun.
En vísperas del quiebre de la armonía de sobremesa, en octubre, dos cronistas de dos medios, Dardo Ceballos y Silvina Dezorzi, tuvieron a su cargo la doble crónica de color (virada hacia el final a rojo sangre o castaño oscuro cuasi negro policial) del cierre de la Semana del Arte en una disco que antes fue un cine pornográfico. Allí cuentan que hubo canciones, guitarras y hasta unas trompadas propinadas por un patovica a un talentoso dibujante rosarino. El absurdo diálogo previo entre los protagonistas de la pelea se reproduce con fruición.
Que los rosarinos se matan entre ellos pero para afuera defienden a "Rosario por sobre todo" lo dice un visitante polémico, Jorge Sepúlveda, crítico chileno. La idea de la comunidad artística local como una gran familia atraviesa este libro ineludible. El Anuario da cuenta una y otra vez de las redes de vasos comunicantes entre los pequeños y medianos espacios independientes como Darkhaus Arte y Diseño, Cultura Pasajera, Iván Rosado, Oficina 26, Bou, Tremenda Madma, Espacio WIP, Cero, Polirubro Cultural o iniciativas oficiales como La Fugaz o el Centro de Diseño e Industrias Creativas (Cedic).
El radar por lo demás atento del Anuario dejó afuera algunos eventos y lugares más tradicionales, pese a que reseña manifestaciones sorprendentes, como el arte de dos pacientes psiquiátricos de Oliveros, o denuncia hechos arbitrarios como el ?traslado? de la Capilla del Espíritu Santo. Pero más que un panorama de las artes, o meras descripciones de las obras en tanto objetos, lo que se ofrece aquí es un paseo de flaneurs apasionados por la "escena" local; lejos de todo esplín, mes a mes y página tras página, editores y escritores van trazando como en un gran fresco a muchas manos el mapa del "ecosistema" o el "tejido" de sus actores sociales y culturales.
Lo fraterno está presente metafóricamente en el panorama de Nancy Rojas y literalmente en la crónica de los otros Rojas. "Cuando un Villar Rojas habla con otro Villar Rojas sobre trabajo se produce algo así como la duplicación de una energía que bien puede alcanzar para destrozar la cocina en la que estamos sentados", escribe con una prosa certera, que mezcla amor y odio como partes de un cóctel molotov, Sebastián Villar Rojas en el testimonio de su colaboración en la participación de su hermano Adrián en la 54ª Bienal de Venecia. Inauguró el Pabellón argentino y encima canta bien: "es el artista rosarino del año" También ganó proyección en el exterior Mauro Guzmán; tanto en Buenos Aires como en Rosario se destacaron Carlos Herrera y Mariana Tellería. Por último, y reseña tras reseña, la página de Plástica de Rosario/12 es recurrentemente citada como referencia.
Fuente:Rosario12
La toma de San Pedro
marzo 21, 2012
Cuento de Demian Konfino sobre la Argentina Peronista.
Te lo digo, para que vayas sabiendo que tu padre, Leonardo José Sánchez, o sea yo, conoció, -conocí- todo lo que se te ocurra. Un capataz que tuve en la fábrica de bulones, antes de jubilarme, me llamaba “El constructor de la Nación”. Ahí va Leonardo, el constructor de la Nación, así decía, pibe. ¿Qué me contursi? Grandilocuente ¿no?
Esteban, tu viejo las hizo todas. Pero todas ¿eh? Cuando te digo todas, es todas. ¿Qué me observás así, mocoso insolente? Si vos supieras…
Mirá, te voy a contar una que no la vas a poder creer. ¿Estás listo? ¿Seguro?
Bien.
Tu viejo, así como lo ves, fue el cabecilla, el líder como le dicen ahora, de la toma de tierras más importante que se haya realizado en el norte argentino. Te voy a dar el título: Le tomamos cincuenta hectáreas a la familia Blaquier, los dueños del Ingenio Ledesma.
¿Y? ¿Qué me decís?
Allá en San Pedro, provincia de Jujuy, fue. Hace muchos años. Era la época de Perón todavía.
Abrí bien las orejitas. Escuchá bien chango.
Nosotros, con tus abuelos, vivíamos apiñados en un ranchito, con piso de tierra, pero bien parecido en un barrio muy pobre en Tartagal. El barrio Villa Güemes, cerca de la loma. Yo era pendejo y ya laburaba de chofer de camión. Distribuía azúcar para Ledesma por los diferentes pueblos del norte. Te imaginarás que tiempo para la joda no teníamos, con el hambre que había. Igual, Club Independiente todavía no existía, que sino unos rajes me hubiera mandado. Je.
No. Te decía que parando en todos los pueblos, en Pichanal, en Orán, en Tabacal, en Aguaray, en Mosconi, en Embarcación, obviamente en Tartagal, en San Pedro, fui conociendo mucha gente. A los de baja estofa y a los de buena madera. Aprendí a ir junando a las personas a partir de los primeros cinco minutos de charla. Y no te creas que yo era muy culto. No, pibe. La calle me lo enseñó todo. Un fulano me hablaba dos palabras y, ya está, un chanta. Otro hablaba tres, listo, un tipazo. Así fui descifrando, entendiendo, captando el sentimiento de aquellos que podríamos llamar de buena leche, gente que tira a la condición hacia delante. Los solidarios, los bohemios, los artistas, los loquitos lindos. Hasta que interpreté que había una clase que se me escurría. La estirpe de los luchadores. Los que no miden consecuencias con tal de llegar al objetivo. Bueno. No quiero aburrirte. Lo cierto es que entre los miserables de siempre, los rotos, habían buenos tipos que, además, eran luchadores, aunque aún sólo dejaban escapar una madeja.
Los fui contactando, les fui hablando de los otros. Que éramos bastantes. Que había que hacer algo para salir de tanta mierda. Disculpá el exabrupto Esteban. Pero sabés qué angustia, cuando veía a mi vieja con dolor de panza por darle su propia comida a mis hermanitos. Yo me la aguantaba, pero ver a tu abuela, Esteban, me partía acá. El alma, que le dicen.
Luego, desde el alumbramiento, me propuse captar a estos militantes de la vida para hacer algo bueno. Algo grande. Nos entretuvimos casi un año en sobremesas de coñac Tres Plumas o ginebra Bols. Al cabo, teníamos un plan.
Una noche de luna redonda y cielo despejado, éramos nueve compañeros sentados alrededor de dos mesas cuadradas de un metro por un metro. Abrimos tapa y contratapa del diario El Tribuno y, fibrón en mano, empezamos a diseñar el plano del objetivo, la misión, la táctica y la estrategia.
Una vez resuelta la toma, el modus operandi del ingreso y la repartija de los mejores lotes, creamos la División Logística.
Acopio de armas de fuego, cortantes, machetes y gomeras, se dio por sentado. Era fundamental para el primer momento y para el minuto después, para reducir a los vigiladores y aguantar la embestida de la cana.
Resuelto el plan, había que, previo a todo, convocar a no menos de diez personas por cabeza. Con una toma de cien personas, con el Viejo presidiendo el país, la cana no se iba a animar a reprimir salvajemente, tal su gula. Con ese número, si no los repelíamos, al menos los instábamos a negociar. Es decir, había un plan de máxima, instalarse y construir nuestro hogar en esas generosas tierras; y uno de mínima, que nos den alguito, cuanto menos no sea un subsidio o un crédito subvencionado para adquirir una vivienda. Claro que ésto sería en el peor de los casos. Si no se lograba aunque sea mejorar en tantito nuestra situación, estábamos dispuestos a regar nuestra sangre en tierra jujeña.
Esteban, creerás vos que a los cinco días ya sobrepasábamos, con holgura, el número. Imaginate la necesidad que había, que tanta gente andaba dispuesta a correr semejante riesgo. Decí que no podíamos publicar una solicitada en el diario para no levantar la perdiz, que sino decenas de miles se hubieran alistado.
El día D, como le dicen a esos días tan importantes, quedamos en ser puntuales en cada pueblo para alcanzar las dos de la mañana, todos reunidos, en Pichanal.
Dos y cuarto salimos con los que estábamos para San Pedro. Cinco carros, tirados por mulas, dos viejos Mercedes seiscientos ocho, cuatro Ford tres mil quinientos y ciento dos cristianos, conformamos el Ejército Libertador de San Pedro, como en una noche de copas nos bautizó el Gordo Lemos.
No me voy a hacer el Eternauta, porque estábamos cagados en las patas, pero te imaginarás que a los primeros dos tiros al aire que gatillamos, los dos vigiladores del inmenso predio rajaron al galope.
Una vez adentro, loteamos los terrenos, mientras un grupo de diez compañeros montaron la guardia en el frente que daba sobre Ruta Nacional treinta y cuatro. Veinte por veinte cada terruño. Los trazamos grandes así alcanzaba para sembrar. Primero fueron piedras que, en fila, separaban un lote de otro. Más tarde, junto con rumores de diferente voltaje, llegaron cuerdas y herramientas. Varios picos, bastantes palas compartían la emoción de estar escribiendo sobre la tierra el nombre de la indisciplina liberadora.
Habrán sido las seis de la mañana cuando de la guardia me pidieron, a gritos, que vaya para allá. Había llegado la infantería antes que un fiscal, que un juez, que la televisión. No daba buena espina.
El uniformado a cargo se presentó como Comisario Sosa, Alberto Sosa. Interrogó por mis señas. Las brindé con la frente alta, hijo. Expliqué el motivo de la medida y el pliego de exigencias. Requerimos, además de la traslación del dominio de las tierras a nuestro pueblo urgente, materiales para construcción y acceso a los servicios básicos. Me miró. Retrocedió. Volvió a mirarme, Esteban. Arqueó las cejas. Frunció tres pliegues horizontales de la frente, entre sus anteojos precariamente hilvanados y su flequillo morochazo engominado hacia el flanco derecho de su rostro. El robusto bigote negro pareció temblar por escasos segundos, bajo su nariz aguileña. De súbito, cuando el brillo de su mirada alcanzó la repugnancia, retiró sus ojos. Entonces, se dirigió a su tropa, en registro castrense:
-¡Sáquenme a este loco de mierda de mi vista!
Doce uniformados, desordenados, se abalanzaron hacia mí. Cuando me tenían a punto caramelo, tiré un quiebre de cintura e impuse respeto:
-¡Esperen! ¡Don Sosa, espere un momento y tenga la grandeza de mirar a los ojos a un trabajador de la Nación y escucharlo que aún no ha concluido!
Notable. Que bueno eso de trabajador de la Nación. Aún hoy resuena en mis oídos mi propia voz, desconocida hasta entonces. El tipo giró en un paso, Esteban. Se sorprendió. Mandó a parar a sus alabanceros. Volvió a verme y le espeté:
-Don Sosa, permítame, ¡El loco es usted si piensa hacernos cagar, en plena presidencia del General Perón! De acá nos saca con los pies para adelante, y no creo que al General le agrade mucho esa idea. Por favor, con todo respeto, Don Sosa, comuníquense con el Gobernador y procedan a cumplir nuestros requerimientos, sino quieren que esto termine mal para todos.
El tipo quedó boquiabierto, nene. Tornó hacia la infantería. Observó la prepotencia de su tropa y la comparó con mi desmesurada insolencia:
-¡Me chupa un huevo el General Perón!
Le salió del corazón ese grito, te lo juro por tu vieja. Sin embargo, lejos de ordenar el desalojo inmediato y, obviamente, exitoso, dispuso:
-¡Vámonos!
Sus subordinados no entendieron ni medio, justo cuando estaban alistados en la competencia por cargarse más cadáveres.
Eran tiempos de mucha violencia. La cana estaba contenida. Sólo el Viejo lograba eso. Sobre el final les soltó un poco las riendas y todo se fue a la mismísima mierda. En verdad ya venía todo para el carajo desde bastante antes pero, entre los brutos del norte, pensábamos que venía el macho de Juan Perón y se ordenaba todo. Y algo de eso hubo. Un ratito nomás.
Sin ir más lejos, cuando ganó el Doctor Cámpora fue una fiesta. Y ni hablar cuando llegamos al sesenta y dos por ciento con la dupla Perón Perón. Dejemos eso ahí porque me sube la tanada cuando me acuerdo de esa perra que engatusó al General.
Lo cierto es que logramos un compás de medio día hasta que a las seis de la tarde cayó un fiscal. Mientras tanto, por otra entrada, ingresamos materiales de construcción y gente. Mucha gente de los alrededores se sumó a la toma. La necesidad hacía estragos, ante la opulencia artera del Ingenio Ledesma. Personas sueltas acercaron comida, más herramientas, herrería, grifos, cañerías, de todo. La CGT local se solidarizó y dispuso una montaña de plata para que compráramos lo necesario. Eso hicimos en el corralón de Don Segovia, que también se la jugó. Y mucho.
La organización era un lujo. Para que te des una idea, cuando cayó el fiscal ya estaban construidos los cimientos de -por lo menos- veinte casas. En cada una, Encadenada con cemento y hierros de ocho. Construidos los tabloides para las columnas. Rellenados la mayoría de ellos. Las mezclas llevaban diez baldes de arena, cuatro de cemento y dos de cal. Sin canto rodado. Cinco trompos, las repartían en diferentes cubos.
El Doctor Espósito, el fiscal, un hombre de diálogo, entendió nuestra situación desde el comienzo. Sin embargo fue franco. La solución se presenta absolutamente desfavorable para los ocupantes, expresó, con cierto rito ceremonioso. Ledesma es el dueño del Norte, ustedes lo saben, clarificó. La única que les queda es moverse políticamente con Buenos Aires, aconsejó. Obviamente, yo no dije nada y si no consiguen nada en las próximas veinticuatro horas, libro la orden de desalojo, concluyó, antes de saludar respetuosamente.
Frente al cuadro de situación, nos reunimos en asamblea. Expusimos las novedades y mocionamos, desde la División Logística, meterle quinta a la construcción durante toda la noche. A laburar toda la noche, fue la consigna. Era necesario plantar el hecho consumado. Las casas ya están, eso debíamos mostrar. Teníamos que obligarlos a terciar. No podían pasar una topadora por arriba de las casas y la gente. Ya te lo dije Esteban, el peronismo era gobierno después de dieciocho años de privaciones. No se iban a animar. Había que forzarlos a negociar.
Al mismo tiempo, empezamos a tocar a todos nuestros contactos locales y provinciales. Rápidamente contamos con el apoyo de diferentes agrupaciones insurgentes, pero el principal sostén fue de la Tendencia. La Jotapé nos bancó y trasladó nuestra situación a Buenos Aires. Con la confirmación del vuelo de nuestro pedido, comenzamos a saborear el dulzón humito de la victoria anhelada.
Las mujeres se hicieron cargo de la gastronomía y organizaron ollas populares. Los changos opusieron risa a tanto anónimo miedo.
Los muchachos siguieron dándole meta y meta. Ladrillo a ladrillo. Pala y pico. Pala y pico. Anotá porque esto en la Universidad no te lo enseñan Esteban. Para que te des una idea la bajada de luz desde los cables de alta tensión que bordeaban la Ruta Nacional, se hizo con cables de cuatro, morsetos de bajada a dientes y disyuntores. Todo gentileza del Sindicato de Luz y Fuerza de Orán. Para las cloacas, Don Segovia nos vendió, al costo, caños de cien y codos. Y para la red de agua corriente, tuvimos que incrustarles abrazaderas de cuarenta por tres cuartos al caño maestro. Y de ahí sacamos un caño de tres cuartos -y su llave de paso- a cada parcela, siempre bien sellados con pegamento y teflón. Todo esto también adquirido a Don Segovia. Un pingazo el gallego.
La noche fue brava. El Ingenio mandó un par de sicarios –bueno, antes les decíamos matones a secas- para amedrentarnos, pero fueron repelidos a balazos.
Al amanecer llegó la novedad ansiada. Gelbart, el Ministro de Economía, se enteró de lo nuestro y llamó al Gobernador conminándolo a que no nos tocaran.
Encima, según se agrandó la bola, la orden la dio Perón, pibe.
Hubo fiesta a lo grande. El pendejo de la Jotapé que nos anotició de la radicación definitiva fue paseado en andas. Imaginate.
A la tarde se acercó el Doctor Espósito para notificar que el predio había sido objeto de una acción de amparo deducida por la Asesoría Tutelar de Menores de la Provincia, y que el Juez Santillán había fallado a favor de los ocupantes, disponiendo una medida de no innovar, es decir que todo quedara como estaba, Esteban. Y encima, ordenó censarnos para otorgarnos planes de asistencia social a cada familia. Era un sueño, Esteban. Creeme que lo fue.
No te voy a contar como siguió la faena, porque ya sabés que quedé escrachado y, cuando el golpe, me tuve que venir para el Gran Rosario para que no me boletearan.
Pero quien te quita lo bailado, pibe. Haceme caso, querés.
Así se construye un país, hijo. Mezcla de cagazo y arrojo. Un fogonazo y una retirada. Temeridad y pánico. Locura y sangre. Adrenalina y una mano que se yergue.
Audacia, pibe, en una palabra. Vale la pena, creeme.
Demian Konfino
Fuente:Tupacamaria
31 de Marzo
Nuevos libros y reediciones a 30 años de la Guerra de Malvinas
Cuando se cumplen 30 años de la Guerra de las Malvinas, una cantidad de nuevos títulos y reediciones de libros abordan, desde distintas perspectivas, un tema que cada día cobra más visibilidad después de años de olvido y negación de lo sucedido.
Entre otros, figura la novela "Trasfondo" (Adriana Hidalgo), de Patricia Ratto, una ficción basada en una historia real, la de la campaña del submarino ARA San Luis durante el conflicto en el Atlántico Sur.
Un texto escrito en primera persona por un maquinista del submarino, que describe las sensaciones de treinta y nueve días de patrulla y ochocientas sesenta y cuatro horas de inmersión, sin ver nada. Las pocas veces que emergieron había niebla y no se podían divisar ni siquiera las islas.
Dentro del mismo género, la brasileña Fabiana Daversa en su novela "La balsa de Malvinas" (Suma) parte de la búsqueda de la hija de un ex combatiente de la guerra del Atlántico Sur por reafirmar su identidad, a través de un viaje siguiendo las huellas de Darwin que culminará en las islas.
"El tema es muy doloroso y siempre es abordado desde lo bélico, desde lo histórico. Le faltaba esa parte humana de los relatos de personas que han vivido la historia de una manera más indirecta", dice la autora, nacida en San Pablo, Brasil, y radicada en Buenos Aires.
Federico Guillermo Lorenz y María Laura Guembe publican el libro "Cruces: idas y vueltas de Malvinas" (Edhasa), en el que recopilan 80 de las casi 3 mil fotos inéditas de la guerra que encontraron.
Las fotos fueron tomadas por soldados argentinos e ingleses y la mayoría provienen del Museo Imperial de Guerra Británico, a donde fueron a dar las cámaras requisadas de los soldados argentinos que cayeron prisioneros.
En "Lágrimas de hielo" (Grupo Editorial Norma), que abunda en testimonios directos, la periodista Natasha Niebieskikwiat indaga acerca de los abusos que no pocos soldados sufrieron por parte de sus superiores: torturas, estaqueos, maltratos, abandono de persona y hambre.
Otro periodista, Agustín Gallardo (Atlántida), recoge en "Vidas marcadas", quince historias que directamente o por medio de inesperadas ramificaciones se vinculan con lo ocurrido en las islas como la vida cotidiana de Carlos Socodo: casado con una kelper, y uno de los treinta residentes argentinos en Malvinas, o los 123 NN del cementerio de Darwin.
"La que más me impactó, y es una historia que no se conoce para nada, es el caso de Roberto Calderón. El fue combatiente, sobrevivió a la guerra y 22 años después murió en la discoteca Cromañón, que se incendió en 2004", dijo el autor en una entrevista.
Planeta publicó "Malvinas - Los vuelos secretos", una investigación del periodista Gonzalo Sánchez que reconstruye los pasos que dio la dictadura para obtener armas.
Sánchez entrevistó a siete pilotos de Aerolíneas Argentinas que le revelaron los detalles de una operación bélica que tuvo lugar entre el 6 de abril y el 9 de junio de 1982 cuando se realizaron siete vuelos en los Boeing 707 de la línea de bandera: dos a Tel Aviv (Israel), cuatro a Trípoli (Libia) y uno a Ciudad del Cabo (Sudáfrica).
Especialmente acondicionadas, las aeronaves salían vacías de Ezeiza y regresaban cargadas de armas: minas antipersonales y antitanque, misiles, cañones, turbinas, equipos de comunicación y hasta abrigos.
También, entre las novedades bibliográficas, acaba de aparecer "Los Rabinos de Malvinas" (Ediciones B), de Hernán Dobry, que por primera vez da a conocer la historia de los cinco religiosos enviados como capellanes para prestarles asistencia espiritual a los soldados judíos en la Patagonia y en las islas, y las situaciones de antisemitismo que sufrieron a manos de sus superiores. Entre las reediciones, sobresalen títulos como "Batallas de Malvinas" , de Pablo Camogli (Aguilar), que ofrece una visión centrada en el accionar de las Fuerzas Armadas; o "Malvinas, la trama secreta", de Oscar Cardoso, Eduardo Van der Kooy y Ricardo Kirschbaum (Random House Mondadori), que añade 200 páginas a la versión original con documentos de Estados Unidos desclasificados.
Fuente:Telam
Los jueves de Claudia Piñeiro
Con las manos atadas
Attilio Marasco
por Claudia Piñeiro
Abrieron la puerta del baño y nos empujaron dentro. El más gordo nos tumbó en el piso, nos sentó espalda con espalda y, con una soga, nos ató las manos juntas. Luego salió y cerró la puerta con llave. Quedamos en silencio esperando que se fueran, todo lo que había de valor en la escribanía ya se lo habíamos entregado. Sin embargo, antes de irse, dieron una última revisada. Por el ruido sabíamos que estaban estrellando los libros contra el piso. La escribana estaba muy asustada, no debe ser fácil para una mujer joven y linda como ella pasar por una situación así. No es que a mí no se me hubiera cruzado por la cabeza que a lo mejor los tipos me terminaban pegando un tiro. Pero el susto de ella era distinto. Yo vi cuando el gordo le miraba las piernas con ojos libidinosos. Creo que si no fuera porque el que hacía de jefe lo apuraba todo el tiempo, terminaba haciéndole cualquier cosa. Tuvo suerte la escribana, la sacó barata.
Del otro lado de la puerta se oyó el ruido de un chorro de agua cayendo desde cierta altura.
—¿Y eso? —dije.
—Están meando, Gutiérrez —me contestó la escribana.
—Mientras no sea sobre el protocolo...
—¡Me importa un carajo el protocolo, Gutiérrez!
La escribana es un poco mal hablada. Una pena, no le queda bien. Y tampoco entiende demasiado del oficio de notario. Un escribano cuida el protocolo como a su propio hijo. Yo no tengo hijos, pero me lo puedo imaginar. A mí sí que me importaba que orinaran el protocolo. Pero claro, mi vida es esta escribanía. Todo lo que soy lo aprendí en este lugar. El tío de la escribana me lo enseñó. El Doctor Azcona, el escribano. Él sí que hacía un culto de esta profesión. Para él preparar un testimonio, certificar una firma, hacer un estudio de títulos, eran palabras mayores. Él sabía lo que significaba dar fe, si Azcona ponía la firma uno se podía quedar tranquilo. En cambio esta chica, si no fuera porque estábamos Mirta y yo, no sé que hacía. Mucha universidad y todas esas cosas pero cuando hay que ir a los bifes, no entiende nada. El Doctor Azcona no tenía hijos. En realidad a mí siempre me trató como un hijo. Yo creo que fue para agradecerle todo lo que hizo por mí que me puse a estudiar abogacía. Y eso que cuando empecé ya había cumplido treinta y ocho años. Me costó bastante. Hubo materias que tuve que dar como tres o cuatro veces. Creo que por esa carrera me terminé separando de Julia. Yo no paraba ni un minuto. Las pocas horas libres que me dejaba la escribanía se las dedicaba al estudio, y ella se sintió sola y se terminó yendo. En el fondo la entendí. Julia había entrado en una edad difícil para una mujer. Además siempre tuvimos tiempos distintos, para todo. Al año de separarme me recibí de abogado y empecé con las materias para ser escribano, que era lo que yo realmente quería. El Doctor estaba orgulloso de mí. Siempre me preguntaba cómo me iba en los exámenes, me prestaba libros. Yo estaba seguro de que cuando me recibiera, si pasaba el examen, iba a terminar siendo adscripto a su registro. Estudié tres años seguidos para dar ese examen pero nunca lo di. Porque entonces apareció ella, una sobrina que yo nunca había oído nombrar, con veintisiete años y el título de escribana recién sacado del horno. Me acuerdo que el día que Azcona me llamó a su oficina y me dictó el borrador del poder por el que le dejaba todo a ella, fue como si me hubieran tirado un balde de agua fría. Cuando pasé el poder al libro, me equivoqué tres veces, tuve que hacer tres enmiendas. La primera vez en mi vida que me equivocaba en el libro.
—Al fin perdiste la virginidad, Gutiérrez —me había dicho Mirta riéndose,
mientras yo salvaba.
Se escuchó el golpe de la puerta de entrada al cerrase, y luego un silencio.
—Se fueron...
—¿A usted lo espera alguien, Gutiérrez?
—No... yo soy solo... me separé hace un tiempo.
—Entonces si no hacemos algo, hasta mañana no nos encuentra nadie.
Intentamos sacarnos la soga pero enseguida nos dimos cuenta de que era imposible y de que cuanto más tirábamos, más se ajustaba el nudo.
La escribana giró sus piernas hacia la puerta y la empezó a patear. Yo la miré sobre mi hombro. Alcanzaba a verle la pantorrilla. En una de sus patadas se le voló un zapato. Traté de decirle que me parecía un esfuerzo inútil pero no me escuchó. Siempre parecía que no me escuchaba. Sobre todo cuando le iba con algún asunto de trabajo complicado.
—Gutiérrez, no me venga con problemas, soluciónelo, y cuando lo tenga
resuelto me viene a ver.
Era evidente que ella no era escribana de raza. Esa chica estudió la profesión porque vio la veta que tenía con su tío. Lo único que parecía importarle eran los trajecitos que se ponía, demasiado cortos para lo que se usa en nuestro ambiente. Y que el color de los zapatos combinara con el de la cartera.
—Yo no puedo creer que tenga que pasar la noche acá....
—Por qué no se tranquiliza y trata de descansar...
—¡Gutiérrez, ¿a usted le parece que yo puedo descansar en estas
condiciones? ¡Tengo el culo frío por las baldosas del piso, las manos apretadas contra su trasero, y usted hablándome todo el tiempo!
Me parece que se le fue un poco la mano. A medida que el tiempo corría me tuvo que dar la razón. El sueño la fue venciendo. Me di cuenta por como se movía su espalda sobre la mía cuando respiraba. Acomodó su cabeza sobre mi hombro y la dejó caer para atrás.
—Apóyese tranquila escribana, que yo no tengo nada de sueño —le dije,
pero no me oyó porque ya estaba dormida.
Se movía un poco y refregaba el pelo contra mi cuello. Hasta me hacía un poco de cosquillas. Pero no la iba a despertar, cómo le iba a hacer eso. Me acomodé como para que ella calzara mejor. Tenía puesto el perfume que usa siempre, aunque esta vez parecía mucho más fuerte. Yo estaba acostumbrado a oler la estela que dejaba, pero sentirlo tan cerca me mareaba. Su oficina siempre olía a ella. Me acuerdo que un día que firmó muchas actas y poderes, antes de guardar el protocolo, me lo llevé hacia la cara y lo olí. Era como si ella estuviera ahí, metida adentro del libro mismo. Nunca antes la había tenido tan cerca como en ese baño. Si giraba mi cabeza hacia su lado, podía apoyar mi nariz sobre su pelo y olerlo. Lo hice. Justamente la estaba oliendo cuando ella se despertó.
—Gutiérrez, ¿nos tiramos de lado así podemos dormir mejor?
—Como usted diga, escribana.
Nos dejamos caer hacia su derecha y fuimos estirando las piernas. Enseguida la escuché respirar profundo otra vez y supe que estaba dormida. Sentí la curva de su cola sobre la mía. Se acurrucó y apoyó su pie descalzo sobre mi pantorrilla. Me saqué los zapatos con esfuerzo, siempre me ajusto mucho los cordones para que no se me deshaga el nudo mientras camino. Yo camino mucho, treinta cuadras por día. Le saqué el zapato que le quedaba puesto y le froté la palma del pie. Pensé que podía tener frío. Sus manos se movieron en el hueco que dejaban las curvas de nuestras cinturas. Le quise dar calma y entrelacé mis dedos con los de ella. Acaricié sus dedos subiendo y bajando los míos tanto como la soga me lo permitía. La escribana tenía la piel suave. Lo comprobé haciendo pequeños círculos con mis gemas. Se ve que ella soñaba con alguien porque en un momento me apretó la mano fuerte, con confianza, como debía hacer con esos hombres que la llamaban todo el tiempo a la escribanía. Mi mano quedó aplastada contra la curva de su cola. La recorrí apenas y comprobé que era tal como la imaginaba. Me hubiera gustado apretarla. Por un momento me imaginé atado a ella, pero frente a frente, sintiendo su respiración sobre mi cara, llevando las manos atadas de los dos hasta sus pechos para tocarlos, sintiéndola donde más la sentía. Me imaginé que la besaba, una y otro vez, bien profundo, como si me quisiera meter dentro de ella. Me imaginé dentro de ella. Y fue tan real como cuando tenía catorce años y me movía entre las sábanas. Real aunque yo estuviera tirado en el piso del baño de la escribanía con las manos atadas. Porque lo que sucedía dentro mío, sólo era posible si yo estaba dentro de ella. Traté que ese momento durara, que no se fuera, moviéndome apenas para no molestarla. Pero entonces, cuando sentía un placer que no recordaba haber sentido antes, no pude más y me dejé ir. Creo que fue mi último aliento lo que la despertó, me puse alerta, pero enseguida se durmió otra vez. Yo también me dormí.
Cuando Mirta entró a la mañana siguiente, no podía parar de gritar. La escribana empezó a patear la puerta otra vez pero Mirta gritaba tanto que no la oía. Entonces grité yo, con una fuerza que no sólo sorprendió a la escribana sino a mí mismo. Mirta trajo al portero del edificio y abrieron la puerta. Enseguida nos desataron. La escribana se quejó de sus brazos entumecidos. Creo que yo también los tenía entumecidos. La escribana le pidió a Mirta que llamara a la policía, mientras ella llamaba a alguien por la otra línea. Debe haber llamado a un hombre, le pidió que la viniera a buscar. Yo la espiaba mientras juntaba papeles orinados del piso. Tenía la pollera arrugada, estaba despeinada, y el maquillaje se le había corrido. Me la quedé mirando.
—¿Qué mira, Gutiérrez? ¿Por qué no se va a dar un ducha y a descansar
un poco?
Me puse colorado. Bajé la vista y me encontré con la bragueta de mi pantalón manchada de una humedad espesa. Agarré la carpeta de la “Sucesión Martín Cabrera” que estaba sobre el escritorio y la puse delante de mí. Miré a la escribana y a Mirta, ninguna me miraba.
—Andá tranquilo, Jorge, que yo me ocupo de todo —dijo Mirta—. Con la
noche que pasaste, no sé como podés seguir en pie.
La escribana se fue primero. Le avisaron de abajo que la estaban esperando. Agarré mi sobretodo y salí.
El ascensor olía a ella.
Fuente:Telam
La poética:
Sobre el riesgo
por Guillermo Saccomanno
“Con mi mano quemada escribo sobre la naturaleza del fuego”, es una frase de Flaubert que Ingeborg Bachmann (1926-1973) adopta como lema. “Porque si uno no se ha quemado la mano no puede escribir sobre eso”, explica Bachmann. Nacida en Austria, era una nena cuando vio desfilar al ejército nazi por las calles de su pueblo. Esta experiencia fue toda una marca. Y esta herida que nunca terminará de cicatrizar será el dolor y la furia contra sus compatriotas que reflejará su poesía. Cuando crece, Bachmann se integra a la generación de intelectuales post-Auschwitz. Como sus coetáneos poetas y escritores debe aceptar el reto de Adorno: si es posible escribir después de los campos de concentración. Bachmann se planta frente a este reto.
Consagrada de modo precoz por la crítica con su primer libro de poemas, Invocación a la Osa Mayor, es chica de tapa de “Der Spiegel” y a partir de esta irrupción en el mundo literario, además de poesía, escribe piezas de radio, teatro, narrativa. Y finalmente aborda el cine. Vive entre Alemania e Italia. Bachmann está enamorada de Roma, a la que considera su ciudad. Y la adopta. Durante el día, camina por sus calles. Por la noche, cuando se encierra en su departamento, un departamento estrecho, atiborrado de libros, revistas y discos. Al volver a Alemania enfrenta, “con su mano quemada, la naturaleza del fuego”. Escribe: “Quien sepa de un mundo mejor, /que dé un paso al frente”.
Un pequeño libro de Bachmann desarrolla su concepción de la escritura: “Debemos encontrar frases verdaderas” Aquí Bachmann se explaya: “Cada época exige una expresión. A pesar de esto es natural que siempre se vuelva a hacer la pregunta: “¿Y para qué poetas en tiempos de indigencia?”. Es una frase de Hölderlin. Por consiguiente, esta pregunta fue formulada hace mucho. Hoy se habla en congresos, entrevistas y en todas las posibles ocasiones que les tocan a los escritores y poetas. Sus planteamientos son absolutamente falsos. Cada uno tiene la obligación de preguntarse hasta qué punto puede justificar su trabajo, y en primer lugar, si puede justificarlo ante sí mismo. Y eso para mí se limita a dos o tres exigencias y es lo que alguna vez se llamó honradez intelectual. No se pueden discutir problemas verdaderos en reportajes, conferencias o congresos. Cuando existe un problema verdadero es indiscutible en el mejor sentido. Y la única respuesta consiste en asumir el riesgo en el trabajo, la obra o el logro de esa obra. Escribir sin riesgo es como sacar un seguro con una literatura que no paga”.
Es necesario volver a la cita de Flaubert. El fuego no alude sólo al clishé: “el fuego sagrado de la creación”. Teniendo en cuenta que Bachmann ha padecido el nazismo, ese fuego puede ser interpretado también como el de los crematorios de los campos de exterminio. ¿Acaso Paul Celan, con quien Bachmann tuvo una historia de pasión tormentosa, no se propuso con su poesía reducir a cenizas la lengua de los verdugos de sus padres liquidados en un campo de concentración? Bachmann desconfía todo el tiempo del lenguaje, de la función de las palabras y, a su modo, como su amante judío, ejecuta un sistemático cuestionamiento de la expresión poética reduciéndola a una abstracción quemante. Bachmann pasa cinco años sin escribir poesía. “No tengo nada nuevo que decir”, contesta cuando le preguntan si está produciendo alguna obra. Según Bachmann, se aburrió de la poesía porque le encontró la vuelta. Así se explica su traslado a la prosa. Al leer sus últimos poemas se advierte que un fuego interior la consume. Pero hay además otro fuego, real, que acabará con su existencia. A los cuarenta y siete años muere calcinada en el incendio de su vivienda romana. Se presume que se durmió con un Gitane prendido.
Fuente:Telam
Ficción
30/03/12
Luis Gusmán: “Hay una especie de pudor en la literatura”
Autor impredecible desde “El frasquito”, acaba de publicar un nuevo volumen de relatos y, mientras se prepara para inaugurar la próxima Feria del Libro, habla de la experimentación, la cultura del desperdicio y de espiritismo.
POR Ezequiel Alemian
MÉDIUM. “Escribí ‘El frasquito’ con una sintaxis espiritista”, confiesa Gusmán en su consultorio.
Hay escritores que escriben siempre el mismo libro, y escritores que escriben cada vez un libro distinto. Probablemente, Luis Gusmán (1944) no pertenezca a ninguno de estos dos grupos. Desde hace casi cuarenta años es “el autor de El frasquito ”, aunque desde hace más de quince es también “el autor de El frasquito y de Villa ”. Es cierto que ambos textos parecen ser expresión de los momentos de mejor condensación de las búsquedas narrativas de Gusmán, el primero de tipo vanguardista o experimental, y el segundo decididamente más realista y argumental, pero de la misma manera libros como La rueda de Virgilio , En el corazón de junio o el flamante La casa del Dios oculto dan la pauta de una escritura más feliz con las transiciones y la no sujeción a determinados cánones que con momentos de identidad formal fuerte.
Gusmán fundó en 1973 la revista Literal junto con Germán García y Osvaldo Lamborghini, y en 1980 Sitio, con Ramón Alcalde, Jorge Jinkis y Eduardo Gruner. Con Jinkis dirige la revista de psicoanálisis Conjetural.
A la publicación de La casa del Dios oculto , su nuevo libro, digresivo, cambiante, con algo “no de relato de viaje sino de viaje al relato”, como dice su autor, y amparada un poco por las figuras de Macedonio Fernández y Raymond Roussell, se suma estos días la reedición de una de sus nouvelles de trama más perfecta: Ni muerto has perdido tu nombre .
“Esas imbéciles moscas”, la frase con que Oscar Masotta fustigara a los intelectuales progresistas, es el título de una colección de ensayos que Gusmán está terminando de armar, y que publicará La Bestia Equilátera.
Y encima, los organizadores de la 38° versión de la Feria del Libro anunciaron que le corresponderá a Gusmán este año el privilegio de inaugurar el evento.
-¿Te molesta haber quedado tan pegado a un libro?
-Da una visión un poco recortada. Yo quedé muy identificado con El frasquito , creo que por la aparición fulgurante que tuvo el libro, en 1973. La edición la hizo Alberto Noé; sacó mil ejemplares, y enseguida salió en La Opinión una nota de Osvaldo Soriano sobre el libro, y se vendió toda la edición. Noé hizo otros mil, y después mil más, hasta que el libro fue prohibido, por inmoral, en enero de 1977. Ya Osvaldo [Lamborghini] había publicado El fiord , en 1969, pero en ese momento no había tenido la difusión que tuvo El frasquito . Fue un libro muy disruptivo.
-¿Lo esperabas? ¿Te desacomodó?
-Me costó, en un sentido literario, y con el libro siguiente, Brillos (1975) me fui al otro extremo. Brillos está escrito como contra El frasquito , como si hubiese intentado hacer el libro opuesto. No quería repetir, no quería escribir “El frasquito II”, cosa que de algún modo se esperaba, y me valió bastantes distanciamientos, incluso con Osvaldo, que me decía que Brillos estaba escrito para el mercado. En todo caso para el mercado interno, el mío. Se vendieron poco más de mil ejemplares, y hoy es un libro casi desconocido, mientras que de El frasquito se vendieron diez ediciones.
-¿Era una manera diferente de irrumpir en el sistema literario?
-Era parte de otro momento. Hoy un escritor joven sorprende mucho menos. Pienso también en Nanina (1968), de Germán García (también prohibida), o en El fiord (1969), de Osvaldo, además de El frasquito . Son tres libros muy distintos, con marcas literarias muy diferentes: Nanina tiene mucho más que ver con Henry Miller, El fiord responde a otra retórica, y El frasquito me parece tal vez el más lírico, quizás por esa mirada de la infancia, que te permite cierta inocencia. Pero los tres irrumpen en un contexto muy realista. Había dos líneas, digamos, una más realista, de cierto realismo social con mensaje político, el referente inmediato, sin mediaciones, y otra más lúdica, cortazariana. Junto con la aparición de Literal, estos tres textos emergen y modifican ese campo. Lo que intentaba Literal era crear un terreno de posibilidad para la lectura de estos libros, no la aplicación a la literatura de la teoría que leíamos: el auge del estructuralismo, fundamentalmente la irrupción de Roland Barthes, y desde un costado más político, Tel Quel, y tipos como Pierre Macherey, que introducen otra filiación. Creo que este es un poco el escenario que introducen estos libros. Crean la posibilidad disruptiva de leer la literatura desde otro lugar.
-¿Fueron alguna vez textos marginales?
-Nanina y El frasquito, no. El fiord tenía una marginalidad muy prestigiosa. Los tres tenían esa circulación prestigiosa. Al principio, cuando termino El frasquito , no encuentro editor. Pero ya el libro lo habían leído Enrique Pezzoni, Manuel Puig, Oscar Masotta, Nicolás Rosa, Josefina Ludmer, Osvaldo Lamborghini, Germán García, y sólo empiezo a acordarme. Esa circulación prestigiosa era muy importante. El frasquito sale con prólogo de Ricardo Piglia.
-¿“La rueda de Virgilio” (1989) es un intento casi explícito de despegarte de esos primeros libros (además de “El frasquito” y Brillos”, “Cuerpo velado”, de 1978)?
-Sí. Un día Piglia me dice que una editorial le estaba pidiendo autobiografías, y me propone escribir una. A mí me pareció un gesto que yo no podía hacer, pero en cambio se me ocurre escribir la biografía de los libros que había escrito, contar la vida que había en esos libros. Para eso tomo las tres religiones por las que pasó mi madre: el espiritismo, el evangelismo y el catolicismo, y las asocio a tres estilos de escritura: el barroco desbordante del catolicismo, toda la cosa de la imaginería espiritista, y la cuestión más pastoral del evangelismo.
-Decís en “La rueda de Virgilio” que pasaste de la frase a la escena, y de la escena al relato. Es como si estuvieses haciendo el camino inverso de la historia de la literatura: en vez de trabajar con la descomposición de la novela, trabajás a favor de su recomposición.
-Es cierto. Yo hice el camino inverso. Escribí El frasquito con un vocabulario franciscano, con una sintaxis absolutamente espiritista. Si no, no se puede escribir acentuando “amandomé”. Pero si yo ponía “amándome”, no era El frasquito . Por eso nunca lo corregí. La vanguardia permite esos malentendidos, esas astucias. Quizás yo no disponía de la destreza de Osvaldo, donde aparece todo muy disruptivo pero a la vez absolutamente sintactizado, aunque haya esa ruptura de sintaxis. Yo era más módico. Yo escribo más módico. Como dice Luis Chitarroni: “ El frasquito es un pequeño idioma”. Y lo del camino inverso responde un poco a que en realidad lo que quería era contar una historia, darles volumen a los personajes. Entonces empecé a escribir cuentos, relatos.
-En la Encuesta a la literatura argentina del CEAL, de 1982, hablás de una “épica de la coyuntura”, ¿querías decir con eso que era la época la que escribía los textos?
-Pensando en Brillos, y en El frasquito , habría que ver si a veces incluso uno no se vuelve reactivo. En qué medida la época no te determina el estilo, más allá del momento particular. Había una cosa reactiva respecto de los cánones de la época, de no responder a una literatura referencial. Todavía en En el corazón de junio (1983, Premio Boris Vian) hay un artificio bien explícito. ¿Cuál es la trama que reúne lo que pasa en el libro? Que el 16 de junio es el día del Ulises, que el 16 de junio del 55 bombardearon la Plaza de Mayo, y que el 16 de junio del 55 muere en Trieste Stanislaus Joyce. Quería contar el conflicto dramático de alguien que tenía el corazón de otro, pero todavía no estaba preocupado por las cuestiones de trama. Creo que es recién después de La música de Frankie (1993), que funciona como una especie de shifter , que la cuestión finalmente se desencadena. Creo que la cuestión está en Villa (1996).
-¿Ahí es donde encontrás tu voz? ¿Cómo la definirías?
-A veces pienso que la voz narrativa es el estilo, eso que en el texto marca la diferencia con otro escritor. Creo que en El frasquito esa voz en todo caso me habla a mí y en cambio, en Villa , trato de dominarla. Me empieza a importar la trama, la idea de solucionar un misterio, el enigma.
Villa igual está en el límite lírico; hay partes en que el relato es muy poético para el personaje que es. Es una primera persona que recuerda. Como todo recuerdo, implica una estética poética. Hablás de la infancia, del pasado, del primer amor, y enseguida tenés la vertiente lírica.
-¿Qué es lo que te interesa recuperar para la literatura, por medio de la trama?
-Tanto en Villa , como en El peletero (2007), por ejemplo, lo que me interesa es si la literatura todavía puede contar ciertas cuestiones de valores, o de pasiones. Cuando digo valores hablo del coraje, del amor, de la cobardía, del bien y del mal. Creo que eso ha ido desapareciendo. Y me pregunto si el auge de la novela policial no tendrá que ver con que es un género que permite que circulen precisamente esas cuestiones que la literatura ha ido abandonando. No sé, a lo mejor es ignorancia mía, pero me parece que en la literatura hay hoy una especie de pudor, donde todo el tiempo se está dando como una vuelta de tuerca para que lo que te estoy contando no sea lo que te estoy contando. Creo que el procedimiento ha saturado de tal manera a la literatura, se impone tanto, que impide que surjan ciertos valores, caracteres.
-¿Y en esa ecuación entre procedimiento y valores, cómo encuadrarías a Literal?
-Es evidente que no era una preocupación para nosotros. La revista estaba claramente por una cuestión de procedimiento. De todas formas, cualquiera de esas cuestiones lo que no tiene que impedir es la posibilidad de leer. Pero en Literal nunca aplicamos la crítica a nuestra literatura. La crítica iba más bien hacia la cuestión más realista, más reactiva respecto a teorizar la literatura.
-En “El frasquito” ya estaba “todo descompuesto”, y en algún lado decís que con tus primeros libros momificaste un cadáver. ¿Podemos pensar que con tu voluntad de reconstruir lo novelístico estás tratando de revivir un muerto?
-Siempre traté de escribir libros diferentes entre sí. En ese sentido, nunca pensé que había algo parasitario, hasta donde yo sabía, que fuera devorando lo que uno escribía, transformándolo en algo muerto. Igual, creo que cualquier obra genera esa retórica, que es a lo que más debe estar atento un escritor: a la retórica propia que van segregando sus textos.
-“La casa del Dios oculto” cuenta la historia de un proyecto de novela (Desierta), que es definida como “espiritista”. Más allá de lo referencial, ¿qué es una narración espiritista?
-En el contexto de la novela, que cuenta la anécdota de un capitán que pierde una mano, la tomo en el sentido metafórico, de si no es una mano de madera la que escribe. En lo personal, tengo el recuerdo de mi madre que por las noches escribía poemas en trance. Y como artificio, lo que más me interesa es el relato espiritista como un relato espurio, excluido del sistema literario. No lo tomo en el sentido más esotérico del término, como podría aparecer en Lugones o en Arlt. Para mí es una manera de abordar el misterio. Y el misterio no pertenece a lo esotérico, ni al género en el sentido sacro. Es más bien el misterio como lo sobrenatural que tiene una explicación quizás un poco ambigua. No como en Poe o en Conan Doyle donde lo sobrenatural siempre termina explicado por un elemento natural. Me interesa mucho cierta zona de misterio por la cuestión de cómo voy creando algo que para mí es muy importante en la literatura, que en otro momento no tenía quizás tanta importancia, que es el suspenso. Hoy me gustan esos libros que me capturan. No estoy por un lector distraído.
-A diferencia de “Villa”, o de “Ni muerto has perdido tu nombre” (2002), en La casa del Dios oculto el suspenso se prolonga indefinidamente y la trama nunca se cierra. Se da una sucesión de coincidencias que nunca convergen, como si finalmente fuese la coincidencia por la coincidencia misma.
-Es que en Villa, o en Ni muerto has perdido tu nombre, la cuestión era solucionar un poco el enigma. Acá me parece que el asunto es el enigma mismo.
-Volvés un poco a lo experimental, ¿no?
-Sí. Si experimental llamamos a los resortes, es experimental. Es como si ahí estuviera la fantasía de contar los resortes de cómo se armó la ficción, de contar cómo están armados esos resortes. Es un libro en el cual me despreocupo de la cuestión argumental. Entonces la escritura lo que produce es una suerte de deslizamiento, una mezcla de estilos, de intensidades narrativas. Hay una frase de Conrad que cito: “como si buscara no ocultar una personalidad, sino un hecho”. ¿Cuál es el hecho que oculta La casa del Dios oculto? Nunca se va a saber. El narrador es una suerte de mensajero llevado por los relatos espiritistas de su madre, por esas voces. Y esas voces no se pueden remontar.
-Cuando escribiste “El frasquito”, pensabas la frase en términos de acentuación, de ruido. ¿Cómo la pensás hoy?
-No en esos términos. No la pienso en términos de acentuación. Casi te diría que ahora es una imagen. Creo que hoy mi literatura es una literatura de imágenes. De todas formas, lo que más me permite dominar la trama, y lo más singular de lo que armo, me parece que son los diálogos. Más que frases son diálogos. Cada vez escribo más con diálogos, lo cual en un punto me complica porque me hace perder posibilidad de escritura.
-De cualquier forma, la trama es independiente de la escritura.
-Ahora sí. Antes no. En mis primeros libros, uno podía pensar que la trama dependía, o estaba subsumida, en la escritura. Ahora me parece que es exactamente al revés. La escritura está subsumida en la trama. Si eso se encontrase en equilibrio, sería maravilloso. Hay escritores que lo logran. Son los grandes. En mi caso, creo que es el diálogo lo que va articulando la historia, a tal punto que a veces corro el riesgo de cebarme. Tengo que administrarme, porque si no puedo caer en una especie de Bouvard y Pécuchet.
-Volviendo al tema del espiritismo, por un lado está la cuestión más familiar, de la que hablaste, pero también aparece una cuestión más general. En “Villa”, el coronel Matienzo le pregunta al narrador por la fascinación enfermiza que le provocan dos represores lopezrreguistas. ¿Por qué esa fascinación de la literatura por el peronismo de derecha?
-Creo que tanto en Cuerpo velado, como en Villa, donde el tema de la mano de madera fue escrito antes de que a Perón le robaran las manos, se pone en juego una mitología de la circulación de cadáveres, que también está en Esa mujer, de Rodolfo Walsh, o, sin ser tan prejuicioso, en el Sabato de Sobre héroes y tumbas. O en Néstor Perlongher, con bastante posterioridad. Pero la circulación de esa mitología es anterior incluso al peronismo. Creo que eso está bastante presente en mis libros respecto al mito de Gardel. Es una cuestión del espiritismo que está ligada a una clase media baja, de los años 50. Es una fascinación por cierta cosa marginal de los personajes. Siempre pienso que hay un momento en la historia de la literatura del siglo pasado que es crucial, que es el momento de James Joyce y Franz Kafka. Me parece que entonces se articulan dos modelos del artista. Tenés la versión de Esteban el héroe, que es la versión épica, cuando Joyce dice las armas del artista son el exilio, la astucia y el silencio. Pero hay otra versión del artista que es la de Kafka: El artista del hambre. Me parece que ahí se produce algún quiebre.
-¿Qué es para vos un artista del hambre?
-A alguien que queda desafectado de la estructura. No tiene más lugar. En Kafka es claramente una alegoría del artista: el escritor es alguien que no tiene más lugar. El peletero, por ejemplo, es la historia de un hombre terminado: no se venden más pieles, ahora son todos los tapados sintéticos, cambió el clima y cambiaron las modas, Greenpeace se impuso y llevar la piel de un animal es algo segregativo. No es que el peletero se queda sin trabajo, sino que se queda sin lugar en la estructura. Los pesistas que protagonizan Tennessee (1997) también están desafectados, son anacrónicos. Entonces me parece que, con respecto a la fascinación por lo oscuro, lo marginal, diría que en mi literatura siempre existe un estado de amenaza sobre los personajes. Hay una constante en esa desafectación, que es un término que me gusta más que “desamparo”.
-¿Nunca te interesó indagar en otros momentos de la historia argentina?
-Bueno, Desierta (la novela cuya historia se cuenta parcialmente en La casa del Dios oculto) quiere contar la historia de un capitán legionario que muere en una batalla en México, y tenía una mano de madera. Un pintor francés pinta la batalla en que muere el legionario; yo en la novela hago venir al pintor a Buenos Aires, a retratar caudillos. Podría haber sido una novela histórica, pero para mí la gran dificultad reside en cómo reconstruir la lengua de ese momento: la fiebre amarilla, la peste. Me pasa que leo novelas sobre la época del proceso y encuentro errores de lenguaje garrafales. Usan palabras que entonces no se utilizaban. Estoy escribiendo una novela que se llama Dos extraños, un último cantor de tangos. Para mí el tango es la letra. Me pregunto si se puede entender una mitología sin conocer su estado de la lengua. El estado de lengua es decisivo.
-¿Sobre eso tratan los ensayos de “Esas imbéciles moscas”?
-Esas imbéciles moscas es un libro sobre la insignificancia. Tiene dos o tres ejes que lo articulan. Toda una primera parte, está titulada con la frase de Oscar Masotta pero que en realidad se refiere a la de Gombrowicz en Ferdydurke, cuando dice que basta que una mosca vuele para que el lector se distraiga, es una suerte de recorrido de protocolos de lectura. Para mi sorpresa, cuando empecé a investigar o a leer sobre la cuestión de las moscas en la literatura argentina, me encontré con El matadero, después con Mansilla y Roberto Arlt, que tiene una aguafuerte donde cuenta que a veces en las escuelas había tantas moscas que tenían que suspender las clases. Hoy las moscas han desaparecido de la ciudad, porque existe otra cultura del desperdicio. En los años 70, el tema en la Argentina tiene un peso muy fuerte por la obra de Sartre, Las Moscas , que influye en Masotta y en distintos escritores y ensayistas. Para Sartre las moscas son un símbolo de un crimen impago. En la segunda parte del libro trato de pensar la cuestión de la lengua desde el diccionario de Flaubert de lugares comunes y el diccionario de León Bloy de lugares comunes. ¿Cómo un escritor recibe un estado de lengua? ¿Cómo lo transforma, cuál es la posición del escritor ante lo que Borges llamaba “la fatalidad de la lengua”? La tercera parte es sobre los libros insignificantes: aquellos libros que aparecen en las novelas sin demasiada razón para aparecer. En El corazón de las tinieblas , Marlowe describe un tratado de náutica que le lleva al director de la factoría. Conrad se demora varias páginas en ese libro. O en las pertenencias que quedan de Gatsby, en El gran Gatsby , aparece un libro casi deshecho, Hopalong Cassidy. No son casos como el de La plaza oscura , la novela de Horace Walpole, donde el protagonista está leyendo el Quijote . Son libros absolutamente sin importancia. Me parece que Esas imbéciles moscas es un libro que se ocupa de materiales bastante fuera del sistema literario más constituido. Son bastantes ensayos. Hay uno sobre El tutú , de León Genonceaux, otro sobre La muerte de Iván Illich , de Tolstoi... Hay uno no sobre Pedro Lemebel. ¿Leíste a Lemebel?
-Poco.
-Cuando estuvo acá por primera vez, presenté un libro suyo en el Rojas: Perlas y cicatrices. Después no nos volvimos a ver. Pero la dedicatoria que me escribió en el libro es para mí el testimonio de que es un escritor con mayúsculas. “Estas perlas cariadas e histéricas por el dolor”, me puso.
Polaco, decime quién sos
MISTERIO. Es el eje de los relatos de Gusmán.
El apellido del polaco era Demboreynsky. En el barrio, decían que era tan difícil de pronunciar que optaron directamente por llamarlo “polaco” o por el apellido materno: Iberra.
Por qué el polaco dejó a mi hermano entrar a su casa fue algo que en el barrio nadie pudo entender. Hacía diez años que vivía en Villa Mercado y, exceptuando una persona, los vecinos ignoraban lo que había en su casa. Decían que, por ser inválido de guerra, vivía en una pensión. Estábamos a fines de 1959 y la guerra había terminado hacía casia 14 años.
El hombre rengueaba de la pierna derecha y se desplazaba con cierta dificultad. Para caminar se apoyaba en una muleta.
Se decía que durante la Segunda Guerra Mundial había combatido en Africa.
En Villa Mercado, como en todo barrio, se tejían leyendas que resultaban contradictorias; por un lado se inventaban historias fabulosas pero, por otro, nunca se terminaba de creer. Con lo cual, el origen del polaco oscilaba entre el de un combatiente y el de un impostor. Según las versiones, su renguera era atribuida a una herida en la pierna producida por una granada o simplemente a un accidente. Como solía hacer algunas changas como electricista, también se decía que se había caído de un andamio en una obra en construcción. En otra versión, su renguera era atribuida a un balazo en la pierna que le había disparado un marido celoso. Por el hecho de vivir solo, a su sexualidad se la rodeaba de un hálito oscuro. Razón por la cuál existía cierto recelo de que alguno de nosotros fuera a su casa, ya que la visita podía ser interpretada como un asunto turbio.
(Pags. 13 y 14 de “La casa del dios...”)
Fuente:RevistaÑ
TELEVISION
Las gemelas nacidas en cautiverio
Año 5. Edición número 202. Domingo 1 de abril de 2012
Volver a nacer. protagonizan las actrices Melina y Julieta Petriella./MEMORIA. Se presentó Relatos, educar en la memoria, de Claudio Altamirano. Editado por la Biblioteca del Congreso de la Nación, el libro reúne las voces y los testimonios de Abuelas, Madres, Nietos restituidos y del Premio Nobel de la Paz, Adolfo Pérez Esquivel.
Volver a nacer es la nueva miniserie que tiene como escenario a la Argentina, treinta y cinco años después de la última dictadura militar.
Se multiplican las ficiones que cuentan y registran el pasado reciente del país. Volver a nacer es una historia que habla de la búsqueda de la identidad hoy. Las Abuelas de Plaza de Mayo fueron las primeras en recibir y abrazar el proyecto de Sol Levinton y Julieta Petriella. La ficción tiene como escenario a la Argentina, treinta y cinco años después de la última dictadura militar.
Dos gemelas nacidas en cautiverio fueron separadas por la dictadura y criadas en muy distintos hogares. Las actrices que protagonizan la nueva ficción del prime time de la Televisión Pública son las mellizas Melina y Julieta Petriella. La idea fue craneada por la guionista y dramaturga Sol Levinton y la actriz Julieta Petriella y completada en guiones con la colaboración de Rafael Morteo. El elenco es de primer nivel: Federico D`Elía, Daniel Fanego, Rita Cortese, Alicia Zanca, Fabio Di Tomaso, Alejo García Pintos, Héctor Calori, Lucas Crespi, Manuel Vicente, Florencia Ortiz, Alejo Ortiz, Beatriz Dellacasa, Silvana Sosto, Guadalupe Docampo y Ramiro Agüero.
Soledad y Pilar son hermanas gemelas, hijas de desaparecidos. A Pilar (Melina Petriella) la cría un ex oficial de inteligencia, su apropiador y vive en Buenos Aires. Soledad (Julieta Petriella) fue regalada por un cura a una pareja que vive en un pueblo del interior y crece sabiendo que es adoptada pero sin saber que nació en un centro clandestino. A sus 34 años, ambas empiezan a dudar.
Los personajes están retratados y construidos de manera orgánica, con sus complejidades, dolores y contradicciones. Que el padre apropiador de Pilar (Melina Petriella) sea un padre comprensivo, sensible y que sea amoroso con su hija apropiada no lo salva.
“La idea nació como un sueño de contar una historia diferente, una historia de ficción basada en la situación real de apropiación de bebés durante la última dictadura, que invite a reflexionar acerca de la identidad”, dice Sol Levinton, guionista y creadora de la historia, quien también fue autora y directora teatral en Teatro por la Identidad.
Se buscó que la parte de ficción tuviera pinceladas que revelaran el costado humano de los personajes más allá del carácter histórico. La historia comienza cuando por una situación inesperada, Soledad viaja a la Capital Federal y al mismo tiempo, Sebastián el hermano de Pilar regresa de los Estados Unidos para resolver un misterio sin que su familia esté enterada. La trama se completa con una historia policial, donde se mezclan el periodismo de investigación, los negocios turbios ligados a la seguridad y los secretos que muchos prefieren guardar.
“Nos centramos en el costado humano de los personajes: cómo el apropiador puede constituirse como un padre ejemplar y eso hace que su supuesta hija no lo pueda ver como lo que es en realidad. Y también las contradicciones que aparecen en estas hermanas que se desconocen. Tienen necesidad de acercarse porque son la prueba concreta de que ese acto de apropiación existió. Pero acercarse implica demoler una vida entera de mentiras, desconocer a quienes uno tenía más cerca, volver a pensarse, volver a nacer. Y eso finalmente las libera, las llena de vida, pero a la vez da mucho miedo y produce mucho dolor”, comparte Levinton.
La historia se centra en el proceso interior, subjetivo e individual que tienen las hermanas que nacieron en cautiverio en su búsqueda por la verdad de su identidad. Levinton lo dice así: “ Volver a Nacer es una propuesta distinta, con mucha poesía y una mirada que intenta penetrar el interior de cada personaje. Una historia de amor entre dos hermanas que intentan recuperar la vida que les pertenece. El pasado que les robaron no se puede recuperar. Pero hay un futuro juntas, un futuro junto a esa abuela que siempre las estuvo buscando, un futuro en el que una vez que prime la verdad, nada ni nadie se las va a poder sacar”.
La miniserie de 13 capítulos fue distribuida por el Banco Audiovisual de Contenidos Universales Argentino (Bacua), luego de resultar ganadora de uno de los concursos del Incaa y el Consejo Asesor del Sistema Argentino de Televisión Digital Terrestre para ampliar y federalizar la oferta de contenidos. Es importante destacar que en 2011 se generaron 500 horas de programación televisiva y para mediados de este año se espera llegar a las mil. El Bacua ya cuenta con más de 2.000 producciones que los medios públicos pueden utilizar gratuitamente.
Volver a nacer. El 3 de abril a partir de las 22.30 hs.
Por la TV Pública.
Fuente:MiradasalSur
MÚSICA
Cuando el rock se unió por los soldados de Malvinas
Año 5. Edición número 202. Domingo 1 de abril de 2012
Tapa de la revista pelo de mayo de 1982./ Todas las voces. Luis Alberto Spinetta, Charly García, León Gieco y Miguel Cantilo, algunos de los artistas más convocantes del festival.
En mayo de 1982, las mayores figuras del género tocaron para juntar ropa y alimentos para los conscriptos en las islas. La malversación de lo recaudado y la polémica histórica.
Algunas decisiones políticas atraviesan y encuentran ecos en toda la sociedad. No importa si las toma un dictador, si su verdadero objetivo es darle aire a un gobierno agonizante o si el coraje final proviene de un dosaje no recomendable de alcohol en sangre. Cuando el 2 de abril de 1982 se supo que el autodenominado Proceso de Reorganización Nacional había recuperado el control de las islas Malvinas, la sociedad argentina se conmovió profundamente. A medida que la confrontación bélica se tornó ineludible y se hizo palpable que el Ejército se aprestaba a defender las islas con conscriptos correntinos de mínima instrucción, la simpatía y solidaridad con esos jóvenes creció aún más. El rock no fue ajeno a dicho sentimiento y su expresión más concreta resultó el llamado Festival de la Solidaridad Latinoamericana, que se realizó con el objetivo de juntar ropa y alimentos para los soldados y del que participaron las figuras más representativas del género en aquel momento.
El festival tuvo lugar el 16 de mayo de 1982 en la cancha de rugby del club Obras Sanitarias y fue impulsado por los productores Oscar López, Daniel Grinbank y Pity Irruñigarro. Entre las figuras que se subieron al escenario se destacaron Charly García, Luis Alberto Spinetta, León Gieco, Litto Nebbia, Nito Mestre, David Lebón, Rubén Rada, Raúl Porchetto, Pappo, Antonio Tarrago Ros, Miguel Cantilo, Jorge Durietz, Tantor, Edelmiro Molinari, Ricardo Soulé, Javier Martínez, Dulces 16 y Beto Satragni, entre otros. Fue transmitido en directo por Canal 9 y las radios FM Del Plata y FM Rivadavia. La iniciativa despertó el beneplácito de la Junta Militar, que quiso capitalizar el evento como un apoyo lo más explícito posible a la guerra en particular y el gobierno en general, cuestión que los músicos eludieron no sin sobresaltos. Algunas bandas como Virus –ver recuadro– y la familia Vitale se negaron a sumarse porque no querían participar en ninguna actividad que pudiera interpretarse como un respaldo a la guerra o la dictadura. Incluso Donvi y Esther Vitale –según consigna el libro Rock y Dictadura de Sergio Pujol– impulsaron junto a la Cruz Roja un festival por la paz en Ushuaia, que finalmente quedó en la nada ante el final abrupto del conflicto bélico.
Las crónicas de aquel entonces –tanto en los medios especializados como de los diarios– retrataron con entusiasmo lo sucedido en el festival, elogiaron la actuación de las bandas y la enorme convocatoria. Para la revista Pelo, el “pico más emotivo del concierto se vivió al final con Lebón, Gieco, Porchetto, Mestre y García cantando a coro con la multitud un tema cuyo título fue la síntesis de la propuesta esgrimida en la reunión: ‘Algo de paz’”. Mucho más tarde se sabría que las autoridades militares se encargaron de que lo recaudado no llegara a destino.
La Guerra de Malvinas favoreció notablemente el desarrollo comercial del rock argentino. El conflicto desató la prohibición de pasar música anglosajona por las radios y TV, lo que obligó a los programadores de los medios a echar manos a artistas en muchos casos prohibidos hasta pocos minutos antes y de esa manera darle tonicidad y desarrollo a un movimiento postergado por el gobierno de facto. El festival también funcionó como un símbolo de la nueva aceptación que la sociedad le daba al rock local.
La historia demostró reiteradamente que los shows a beneficio muchas veces ocultan objetivos menos altruistas. Con la vuelta de la democracia el festival realizado en plena dictadura despertó desde reparos atendibles a críticas despiadadas. Pasado el tiempo el propio Spinetta declaró que se sintió usado, García confesó que no le “copaba ni medio ir a ese festival”, pero es como cuando tenés un amigo enfermo: aunque no te guste el hospital tenés que ir”. Porchetto se explayó un poco más: “Nosotros no estábamos de acuerdo con la guerra y creo que pudimos desbaratar la estrategia montada alrededor, porque nadie avaló el clima bélico y todos hablamos de la paz. Ellos querían que nosotros alentáramos la guerra”. El compositor también denunció que sufrió amenazas de un general: “Me dijo que ni se me ocurriera cantar Algo de paz. Una vez en el escenario se lo dije a los otros músicos y todos decidimos hacer la canción juntos”.
También se escucharon expresiones muy duras contra el festival y quienes participaron en él. La nave insignia de esa postura fue Pil Trafa, líder de Los Violadores. “Si el rock es rebelde ahí nadie se rebeló: levantaron la alfombra y metieron la basura abajo. Salvo Spinetta, que se sintió usado, ninguno fue capaz de una autocrítica. Ese festival de tan fraternal se volvió fratricida”, sentenció el cantante en el libro El punk en Argentina y la historia de Los Violadores. El cantante también tildaría de colaboracionistas a los músicos que participaron del festival, redondeando una visión simplificadora que se pareció demasiado a una estrategia de marketing.
Para la dictadura el rock no era un enemigo directo –no al menos como las organizaciones políticas y gremiales–, pero sí una cultura que despreciaba y miraba con recelo. La Guerra de Malvinas provocó un cambió drástico en esa agenda y el Festival de la Solidaridad Latinoamericana fue otra expresión de esa nueva coyuntura. Desafortunadamente, también se convirtió en otra postal amarga del período más oscuro de la historia de la Argentina
Fuente:MiradasalSur
CINE
Unasur hermandada
Año 5. Edición número 202. Domingo 1 de abril de 2012
Primer festival de cine.
Con la premisa “integrando la diversidad”, la primera edición del Festival de Cine que congregará a todos los países de la Unasur, se llevará a cabo en San Juan del 22 al 29 de septiembre. Entre realizadores, cineastas, actores y productores del mundo del cine latinoamericano, se prevé que esta edición reunirá a más de cuatro mil personas.
El objetivo es crear lazos entre los hacedores del cine de los países pertenecientes a la región latinoamericana. Unasur Cine es una iniciativa conjunta entre el gobierno de la provincia de San Juan y sus creadoras, la realizadora Paula de Luque y la productora Mariana León Echevarría.
El acto lanzamiento del festival contó con la presencia de innumerables figuras de la cultura y la industria cinematográfica, el gobernador sanjuanino, José Luis Gioja; el ministro de Turismo y Cultura, Dante Elizondo; y el representante Especial de la Secretaría General de la Unasur, Rafael Follonier, entre otros. Allí, Paula de Luque hizo hincapié en que “hay una nueva forma de pensar la vida y de hacer cine en los países de América del Sur” y se mostró orgullosa de la responsabilidad encomendada.
“La idea es reunir las distintas miradas sobre las culturas de la Unasur un proyecto político de estos tiempos, en los que Suramérica está adoptando políticas comunes en varios frentes. Armar un festival que agrupe a los países de la región colabora en este mismo sentido” expresó la cineasta, al tiempo que reafirmó la importancia del cine como una herramienta de intercambio cultural.
Durante el acto también se anunció la apertura de inscripciones, cuyo plazo de cierre de presentación de proyectos será el 15 de agosto de 2012 para películas terminadas después de agosto de 2010.
El evento que se estima programará más de 40 filmes, cuenta además con el apoyo de la Secretaría de Cultura de la Nación y del Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales (Incaa). Unasur Cine tendrá una competencia oficial de largometrajes de ficción, largometrajes documentales y cortometrajes de ficción y documental, de las nacionalidades que integran la región.
Fuente:MiradasalSur
Entrevista a Eugenia Sueiro. Guionista y directora
Año 5. Edición número 202. Domingo 1 de abril de 2012
La película:Título: Nosotras sin mamá. Elenco: Eugenia Guerty, Vanesa Weinberg, Nora Zinski y César Bordón. Música: Alejandro Franov. Dirección: Eugenia Sueiro. Estreno: 5 de abril.
Tres hermanas en blanco y negro. La realizadora cuenta los motivos por los cuales narró una relación tan pequeña como universal en su película Nosotras sin mamá.
Eugenia Sueiro está a cuatro días de estrenar su ópera prima, Nosotras sin mamá. La asombrosa tranquilidad con la que espera el momento, toma su té y se dispone a la charla es proporcional a su larga carrera como directora de arte: de Diarios de motocicleta, de Walter Salles y Un mundo menos peor, de Alejandro Agresti, hasta Rompecabezas, de Natalia Smirnoff y Carne de neón, de Paco Cabezas, pasando por Géminis, de Albertina Carri o El abrazo partido, de Daniel Burman, entre otras. “Mi viejo, que es un gran jugador de golf, dice que lo que más engancha en ese deporte es jugar contra la cancha y contra sí mismo, no contra otro. Para mí la película tenía que ver con eso”, dice la directora y guionista de este film que cuenta el encuentro de tres hermanas luego de la muerte de su madre para ver qué hacen con la casa.
–Blanco y negro, diálogos cortos, un mismo set de rodaje, preguntas sin respuestas, sensación vertiginosa de que algo terrible siempre está por ocurrir. Todo parece tomar parte de una decisión muy estudiada…
–Generé una historia muy chica porque tenía que ser algo capaz de hacer y llevar a la práctica con el dinero, con los equipos, con los tiempos. En el momento que me senté a escribir, lo hice sabiendo que tendría muy pocos recursos económicos. Y que lo que me interesaba era probarme a mí, hacer una especie de borrador y concentrarme en lo que más me interesaba: la narración y la dirección de actores. Ese era mi tema, mi juego contra la cancha, mi respuesta a mí misma: la estructura dramática y cómo los actores o los personajes llevan eso a la práctica y le cuentan al espectador la emoción, la idea, el transitar una situación. Me híper concentré en la película, ya que era muy importante demostrarme que era capaz de hacer eso que quería.
–¿Costó mucho?
–Las logísticas, lo movimientos de camiones, el cambio de locaciones: todo atenta contra la concentración. Y para mí era muy importante concentrarme en lo que quería contar.
–¿Por qué?
–Porque no me conocía cómo era en ese rol. No podía jugar mi única carta contra mí misma, me tenía que ayudar un poco. Ahora me conozco como directora, sé qué cosas me agradan y qué no, dónde construí un lenguaje y constreñí una mirada absolutamente propia y me reconozco, y qué cosas me parece que son errores o me faltan.
–Usa la palabra “lenguaje”. Más allá de si existe o no, las convenciones suelen hablar de lenguaje femenino y lenguaje masculino. ¿Qué le permiten tres hermanas que no le hubieran permitido tres hermanos?
–No creo en las miradas femeninas o masculinas. Intuyo que, al ser mujer y transitar esta vida desde esa forma de sentir, hay algo en relación a lo táctil o a lo amoroso o al regodeo en volver al mismo pensamiento o mascullamiento desde quinientos modos diversos. Ese algo que nos ocurre a las mujeres, que forma parte de nuestro mundo. Eso de volvernos a enredar en el mismo tema porque a veces no tenemos esa salida al exterior o al mundo de la práctica con tanta necesidad de respuesta como tienen los varones. Pero todo vínculo necesita un mal lugar para estar unidos. Por más que te adores con alguien, creo que no te podés despegar por el lugar jodido en el que te enganchás. Las tres hermanas (Ema, Amanda, Teresa) están todo el tiempo dándole vueltas a ese asunto, se están recriminando muchas cosas. Y hay algo de la recriminación que es muy femenino. Nunca se me ocurrió un varón en el medio. No fue una decisión previa de construir un mundo femenino. Lo que sí pensé es que las tres hablaban de tres modos distintos de ver de una misma persona, que las tres podían conformar la misma mujer.
–¿La madre?
–No, para nada. Las tres serían una, yo, cualquiera, pero no la madre. Nunca me imaginé a la madre. Sólo como una excusa para meterme de lleno en el vínculo de las tres hermanas. Quería preguntarme qué pasa cuando una madre no está. La forma de ser hija no permite trascender ciertas cosas: una está acostumbrada por inercia a ir los domingos a la casa de la madre y se sigue generando un rito unidor. Cuando ese rito desaparece, no produce el mismo efecto si se trata de tres hermanos varones o de tres hermanas mujeres.
–Hay un reproche, de todos modos, presente a lo largo de la película, sobre quién ocupa o pretende ocupar el lugar de la mamá.
–Cuando yo decía eso de que conforman una misma mujer es por eso. Teresa, la menor, ocupa un lugar casi infantil y lleva a sus hermanas mayores permanentemente a lo lúdico. Está buscando que Ema, la hermana mayor, sea su mamá por un rato. Amanda, la hermana del medio, cree todo el tiempo que la mala suerte o el mundo exterior es quien debe responder por su vida. Sigue siendo absolutamente hija en ese aspecto. Y Ema zigzaguea para no comprometerse. Hubo algo que me extrañó cuando escribía el guión: No podía hacerle decir a su personaje ni un “sí” ni un “no”. Siempre dice “no sé” o “vamos a ver”. Desde el lenguaje estaba implícito que ella no se iba a jugar por ninguna situación. Posiblemente porque internamente esté jugada mucho más allá de lo que querría enfrentar con los demás. Y ya es mucho cargar con eso como para, encima, enfrentarlo y defenderlo. Cualquier personaje mujer podría tener todas esas características y ser absolutamente coherente.
–¿Qué la divirtió más, en el sentido amplio del término, escribir el guión o dirigir la película?
–A mí me encanta escribir cuentos. De modo que escribir el guión fue una tarea de relojería, la coma donde debe ir, la palabra exacta. Nada me daba lo mismo. No quería ningún tipo de improvisación con las actrices. Los textos que dicen son casi idénticos a los que escribí en el guión. Y lo que me fascina del cine es que existe una instancia teórica en la que estoy obligada, casi, a llevar a la práctica y a comprometerme con lo que pensé y lo que creí que iba a lograr. Por eso las dos instancias tienen lugares muy ricos y desafiantes.
–¿Hubo algún tipo de pelea, de reclamo, entre la narradora y la directora?
–En el guión había algo muy claro, y fue charlado mucho con las actrices, que era el anticlímax permanente. Nunca se debía llegar a una situación límite.
–Pero…
–Pero había una escena, en la cual se juega una decisión importante al truco, en que como espectadora, más que como directora o como guionista, necesitaba que la situación se fuera al carajo. Como no tuve esa escena, utilicé la música y el sonido: exageré el ruido de las cartas sobre la mesa y cayendo al piso, como si se tratara de un golpe. Eso fue lo único que no filmé que hubiera querido hacer.
–Nosotras sin mamá es una película absolutamente literaria, pequeña, minimalista. De haber estado ese estallido, ¿no hubiera cambiado todo el film?
–Puede ser. Pero creo que los lenguajes no tienen que ser tan perfectos en sí mismos. Quizás hubiera estado bueno que transitara un poco más para quebrar ese anticlímax del que le hablaba a las actrices, ese plantearle que nunca se llegue al apogeo, que la situación no se resuelva. Es cierto que en esa no resolución descansa la película: ellas van a seguir siendo hermanas y va seguir existiendo esa indefinición toda la vida. La idea del clímax no deja de ser una constante en el cine y en la literatura y no sé si sucede tanto en la vida cotidiana. La vida está llena de interrupciones, de quiebres, de situaciones límites que se descomponen con el paso fugaz de cualquier cosa. El clímax es un invento dramático. Si una situación se puede contar desde la música, desde el sonido, desde un encuadre pequeño, voy a limitar esa mirada al mínimo para que el espectador complete el relato. Es decir, un recurso típicamente literario, hecho cine.
Fuente:MiradasalSur
Corto Villa 31 - Los Invisibles
Este corto refleja las actividades realizadas por Los Invisibles durante el año 2011. Principalmente, la militancia en el barrio Padre Mugica – Villa 31 a través de actividades con los vecinos. El resultado de nuestra lucha de base y la constante construcción de poder popular.
También sumamos la presencia en las calles, en marcha, jornadas de apoyo y otros espacios de participación.
Deseamos que este corto sirva de disparador para despertar conciencias, revolucionar corazones y sumarte a la lucha para conquistar una sociedad donde la libertad, igualdad y justicia sean una realidad de todos.
Todos somos Invisibles.
REVISTAS
No te pongas de Perfil
Año 5. Edición número 202. Domingo 1 de abril de 2012
El cierre de Libre, los trabajadores a la deriva y la errada idea que los directivos del medio tienen de lo “popular”. Testimonios y anécdotas de los periodistas que formaron parte de la redacción de Fontevecchia y compañía.
El manual de estilo de Libre se podía sintetizar en una sola palabra: Escándalo. El modus operandi era un vale todo. La bajada de línea fue expuesta en la primera reunión con los trabajadores del diario que publicó su número 0 el 2 de mayo del año pasado. “Lo que todos sabemos, pero nadie se anima a publicar.” En palabras de Darío Gallo (ex director de la primera etapa de Libre), “estos diarios, son gritones, buscan impacto. Lo que está ahí pasa, está pasando, pero lo decimos de otra manera”. Las declaraciones fueron en el living de Zlotogwiazda y Tenembaum (Palabras más, Palabras menos, TN) quienes estallaron de risa al escucharlo. Fue por esos días en que Dalma Maradona escribió en su cuenta de Twitter: “Me llaman de Libre para preguntarme si volví con mi ex, les digo que no ¡y hoy publican que sí! ¿Para qué me preguntan?” (sic).
Ya había existido una publicación de la Editorial Perfil con el nombre Libre. La misma sacaba entrevistas de cien preguntas tituladas, por ejemplo, “La madre de una chica mogólica”. La lógica de los temas destinados a tapa no se alejaban mucho de aquel mal gusto. En las reuniones de sumario se exponía a Sofía Gala fumándose un porro en un recital, la fiesta negra del plantel de River o la panza de Amado Boudou.
“El punto de inflexión fue una nota sobre el hijo travesti no reconocido de (Daniel) Passarella. El tema iba a ser tapa, pero luego de recibir un llamado de parte del presidente de River, Jorge Fontevecchia –el CEO de Perfil– bajó línea a Darío Gallo para que quitase el tema de la tapa y lo limitara a las páginas interiores. A partir de ahí las cosas entre Gallo y Fontevecchia no volvieron a ser iguales”, cuenta un ex trabajador de la redacción.
Ya en su nacimiento, Fontevecchia abría paraguas: “Sacamos el diario porque nos equivocamos al comprar la rotativa, la teníamos subutilizada en la semana. Los diarios populares son exitosos en países más desarrollados y con clases bajas de buen poder adquisitivo, no sabemos si la Argentina está madura para estos productos”. Fue en una reunión de la Asociación de Entidades Periodísticas (Adepa).
Como bien definió el periodista Diego Rottman en su blog Malas Palabras, tanto Libre como Muy (el diario “popular” del Grupo Clarín) son y fueron “diarios escritos por periodistas de Palermo para lectores del Conurbano”. Libre ofrecía su PIN de Blackberry en la tapa del diario.
Para Fontevecchia, Libre fue un diario cuyo contenido “le resultaba más atractivo a una clase social más alta que a aquella a la que originalmente estaba destinado. Quizás allí se justifique la enorme repercusión que las notas de Libre tenían en medios audiovisuales y redes sociales, que no se correspondía con las bajas ventas de ejemplares” (columna “Segundo round”, en Perfil, 30 de marzo de 2012). Claro que el CEO de Perfil no dio cuenta del rechazo que generaron sus primicias en dichas redes sociales.
Llevate un póster de papa. Para el número 0 se debió cambiar la nota principal a último momento tras la confirmación de la muerte de Bin Laden. Las tres palabras del título fueron “Osama Fin Laden”. La tapa de ese primer número habló de Gran Hermano, incluyó un dossier titulado “Adiós a Sábato” –ya había quedado lejos de agenda y por qué no, de target– y una nota de parrilla titulada “Los mejores autos para tener sexo” cuya volanta fue “el ranking de Juanita (Viale)”. Además, Libre ofreció un póster de regalo eclesiástico: “El Papa del Pueblo” por Juan Pablo II. Claro que Muy, del Grupo Clarín, que tuvo su número 0 el mismo día, estuvo más astuto y ofreció un póster de Juan Pablo II pero con un atractivo más: estaba bendecido.
La campaña en vía pública mostraba el logo, copia perfecta del diario francés Liberátion, el rombo rojo con el nombre en letras blancas y el eslogan “El diario más rápido del país”, acompañado por el dibujo de una liebre. En la primera edición, el columnista estrella, Jorge Lanata, escribió en tono jocoso sobre la gordura de Charly García en plena rehabilitación. Libre tiró 55.000 ejemplares y vendió 11.000.
Como cristo. Las bajas ventas acarrearon la caída de anunciantes y entonces decidieron virar el diario a Deportivo para posicionarse como una alternativa al Olé. Se relanzó el pasado 9 de febrero. Libre en versión deportiva sólo resistió 33 ediciones. Fontevecchia argumentó desde sus publicaciones que el fracaso de Libre se debió a la movida de Clarín al lanzar Muy al mismo tiempo.
EnLibre deportivo cambió la intención enunciativa. El objetivo fue vender buenas noticias para cautivar más lectores. “Si Boca jugaba un mal partido, había que focalizarse en que lo importante era que no había perdido. Si en San Lorenzo se acuchillaba a un juvenil, en lugar de darle una página, se le asignaba un pirulito. Todo se limitaba a refritar lo publicado por las páginas web y los programas de radio de la tarde”, explica un ex trabajador. Ahí se endureció la precarización laboral. Sólo seis redactores para 20 páginas. El resto la escribían editores y muchos colaboradores de la editorial.
Por entonces Darío Gallo ya había abandonado el barco dejando a Edgardo Martolio –amigo personal de Fontevecchia, directivo importante de la editorial y director de la principal fuente de ingresos de Perfil, Caras Brasil– en la banca de director. En ese contexto de precarización, Martolio propuso francos rotativos de 4x2 (cuatro días laborables, dos de descanso), amplias cargas horarias, declaró la baja de taxis y comida para los trabajadores que cerraban las ediciones. “Se llegó a echar a toda la redacción de deportes vía Skype, ya que Martolio se comunicaba con la planta desde San Pablo, Brasil, donde estaba reclutado”, cuenta otra fuente del diario.
Comunicación y doble moral. En diversos tuits de la Asamblea de Trabajadores de la Editorial Perfil dieron cuenta de la situación: “Edgardo Martolio, director efímero de Libre, trató de ‘lobos y buitres’ a los trabajadores del diario. Lo hizo en una cobarde columna publicada en Libre en donde apeló a incansables metáforas. Martolio, desde que llegó, maltrató sin parar a los trabajadores”. La empresa comunicó que el personal tenía hasta el 31 de marzo para arreglar retiros voluntarios sin hablar de indemnizaciones.
Los trabajadores se opusieron a las medidas de la cúpula. Como consecuencia, el diario dejó de salir los sábados y domingos como el viejo Libre. Al poco tiempo Martolio se bajó y el proyecto quedó herido de muerte. Después, se anunció el cierre del diario.
Ex trabajadores de Libre contaron a Miradas al Sur algunas de las ideas preconcebidas que los directivos del medio tenían respecto del público popular. El primer eje hablaría de la subestimación de ciertos comunicadores hacia lo que es la gente y, por tanto, la conclusión que dice que los sectores populares no merecen información seria. El segundo eje hablaría de los recursos humanos de los medios y la doble moral imperante. Se supone que el comunicar conlleva valores éticos.
Tiempo atrás, la periodista y escritora Sonia Budassi le decía a Miradas al Sur: “Se hace muy evidente cuando quien tiene un discurso bien pensante desde su medio no lo sostiene en el trato diario, en las políticas editoriales que impone a sus periodistas, ni cuando instrumentaliza el trabajo de informar con objetivos personales. Un caso hiperbólico de doble discurso es el de Jorge Fontevecchia. Sólo por poner un caso, en uno de los últimos conflictos gremiales, él, que abría juicios de discriminación por la pauta oficial y argumentaba que era un ataque a la libertad de expresión, operaba con sus periodistas de manera siniestra. Los trabajadores habían decidido quitar las firmas de sus notas a modo de protesta, y él quiso obligar a los editores a colocar sus firmas en notas que habían escrito otros”.
Testimonios
La palabra de los ex trabajadores de Libre, de la editorial de Fontevecchia
“Nos mandaban a los boliches a hacer guardia con el objetivo de enganchar a los futbolistas con travestis y botineras. Querían que encontráramos famosos con hijos con síndrome de down. Una vez a Luciana Salazar le habían roto el vidrio del auto y entonces hicieron llamar a un redactor haciéndose pasar por comisario. Nos mandaban a los hospitales con camaritas de celular para sacarle fotos a los internados. A los fotógrafos los incitaban a hacerse pasar por familiares de personas internadas para lograr la foto. Una vez me mandaron con un fotógrafo a hacerle guardia a Zaffaroni, salimos de la redacción y nos tiramos en una plaza a pasar el tiempo, no íbamos a caer en esa. Después la nota la hizo otro pibe, que se hizo pasar por un cliente para entrar en esos departamentos.”
“El que sacó la foto de la tapa Sofía Gala Porro después se hizo una remera con la impresión de ese tapa que en su título no tenía verbo. Estaba orgulloso, él estaba en un recital y vio que estaba Sofia Gala y le sacó una foto. Ese pibe era el mejor alumno del director. Siempre que salía de alguna guardia hacía una pasada obligada por Palermo a ver si enganchaba algún famoso en alguna situación rara. El decía que así ‘sumaba puntos’.”
“Escribí para la web, para policiales, para deportes, para espectáculos, para un suplemento de modas, para la revista masculina, para la femenina. Estuve como redactora pero también hice rotaciones como correctora. Y entonces me tocaba corregir cosas como ‘Cada vez que tu mujer sea ingrata, andá a Cocodrilo a sacarle lustre’ (sic).”
El conflicto sindical que hoy está en un impasse
El Ministerio de Trabajo obligó a la empresa a no despedir personal por dos semanas hasta encontrar una solución negociada. Todavía hay diez trabajadores que están a la deriva: cuatro ejercen tareas periodísticas (un editor y tres redactores), cinco personas de arte (una sola editora) y una correctora. La mayoría cobran los salarios más bajos. El argumento de la empresa es que el año pasado perdió 28 millones de pesos, y que 17 de ellos correspondieron a Libre y Libre deportivo. Es curioso que intenten revertir esa pérdida deshaciéndose de diez personas que perciben los sueldos más bajos. Los padres del fracaso serán premiados con nuevos cargos. Darío Gallo, el primer director de Libre, dirigiría un equipo de investigaciones para el diario Perfil. Pablo De la Fuente, ex número dos de Libre, está conduciendo Caras Río de Janeiro. Edgardo Martolio, quien fuera director de Libre Deportivo, sigue a cargo de Caras Brasil, y Javier Manes y Norberto Chab, segundo y tercero de la publicación, serían reubicados.
Fuente:MiradasalSur
TEATRO
ROSARIO
FIESTA PROVINCIAL DEL TEATRO
Antígona en el cierre
Esta noche a las 22.30 se presentará en La Morada (San Martín 771) como cierre de la 27º Fiesta Provincial del Teatro, la obra "Antígona en sintonía (una tragedia comediada)", a cargo de "La Academia del humor?Ah!" con dirección de Adrián Giampani. La propuesta que resultó ganadora del Concurso Subsidios de Teatro 2011 otorgado por la Municipalidad de Rosario, cuenta con las actuaciones de Andrea Alberto, Paola Sarnari, Yanina Giuva y Leandro Urrere y la participación de Ramiro Sorrequieta en el diseño de vestuario, María Eva Alonso en realización de vestuario y Lucrecia Moras en la asistencia de dirección.
Al finalizar la función de esta noche, se realizará la apertura de los talleres de la AH y la presentación del tráiler de "Antígona en sintonía", con un final a toda fiesta que incluye torta y brindis para los presentes.
Fuente:Rosario12
Vertical
Dirigida por Romina Mazzadi Arro
Vertical: ¿Qué hay detrás del hombre cuando se agotaron las máscaras?
Estreno: Viernes 6 de abril a las 22, en Espacio Bravo (Pasco 1714).
Un grupo de personas que conviven en un estropeado condominio organiza una cooperativa con oscuros objetivos. Aire enrarecido, cuerpos extrañados, silencio ensordecedor cargado de tensiones que se irá tiñendo de ruidos que desencadenarán en tragedia. Atrapados en su propio tiempo, intentan subsistir a una realidad en la cual la disputa por la escasez de alimentos ha logrado destituir antiguos códigos y valores humanos.
Dirección y dramaturgia: Romina Mazzadi Arro. Actores: Cecilia Mastria, Natalia Leggio, David Giménez, Marina Bermúdez, Natalia Esquenazzi, Soledad Murguía, Nicolás Cefarelli. Asistente de dirección: Cecilia Uthurry. Entrenamiento actoral: Bárbara Peters, Carlos Chiappero.
Publicado el 28/03/2012
Fuente:RedaccionRosario
Domingo, 1 de abril de 2012
ESPECTACULOS TEATRALES QUE ABORDAN LA TEMATICA DE MALVINAS
“El teatro aporta memoria, reflexión y conciencia social”
Media docena de obras, algunas ya en cartel y otras por estrenarse, expresan, desde diversas estéticas, múltiples puntos de vista sobre el conflicto bélico y sus consecuencias. Los directores opinan sobre la relación entre el teatro y la política.
1982, Obertura Solemne, aborda la guerra desde el presente.
El 30º aniversario de la absurda guerra de Malvinas repercutió de manera sorpresiva en el arte, como no lo había hecho hasta ahora. Media docena de espectáculos teatrales, algunos ya en cartel y otros por estrenarse, abordan la temática para expresar, desde diversos enfoques y estéticas, múltiples puntos de vista sobre el episodio bélico que marcó la historia del país. Página/12 habló con los directores de cada una de las obras sobre la relación del teatro y la política y sobre su necesidad de encarar el conflicto de Malvinas desde una expresión artística. “En estos tiempos en que al debate y al diálogo algunos lo quieren hacer pasar por discusión, el teatro puede aportar memoria, reflexión y conciencia social, sobre todo para construir y afianzar, como sociedad, un reclamo diplomático y pacífico por la soberanía de las islas”, afirma Diego Quiroz, director de una de las propuestas. A continuación, un recorrido por cada una de las puestas, divididas de acuerdo con su forma de encarar lo que se muestra en escena.
Desde las trincheras
La mitad de las propuestas sobre el tema eligieron abordar la historia de la guerra desde el propio escenario bélico. Así, Queen, Malvinas, Los Tururú y Piedras dentro de la piedra muestran, cada una a su manera y con una poética particular, a un grupo de soldados desde una trinchera o una cueva en las islas en pleno conflicto. Protagonizada por los jóvenes Federico Saslavsky y Federico Gyldenfeldt, dirigida por Esteban Massari y escrita por el escritor y psicólogo Agustín Palmeiro (dato no menor: fue uno de los tantos obligados a ir a la guerra), Queen, Malvinas transcurre en Monte London, a diez kilómetros de Puerto Argentino. Allí un porteño y un misionero se encuentran en una guarda nocturna y deben compartir toda la noche esa posición. En el medio se pelean, sufren malos entendidos propios de la diferencia de culturas y se van conociendo, mientras hablan de su sentimiento frente a la guerra y sus planes a futuro. El nombre de la obra responde a que uno de ellos es fanático de la mítica banda inglesa, motivo por el cual el otro lo insulta, alegando que no puede gustarle un conjunto del país enemigo. Esa pasión tendrá injerencia en el final de la historia, que es lo más conmovedor de la pieza. “Malvinas no se investigó de la misma manera en que se investigó la dictadura, al igual que tampoco se juzgó el accionar de los militares para con la tropa que llevaron allá y la absoluta responsabilidad de declararle una guerra a la segunda potencia armada del mundo de aquel momento –sostiene Massari, miembro de la Comisión Homenaje a Actores Desa-parecidos–. Por eso, el país necesita la mirada del arte, que a veces tiene más realidad que la propia realidad. Por eso hacemos la obra. Para destapar Malvinas y establecer justicia sobre los que llevaron a cabo esta barbarie.”
Los Tururú, de autoría y dirección general de Diego Quiroz, presenta un panorama escénico similar. Darío Dukáh, Nicolás Meradi, Patricio Schwartz, Marcelo Sein y Emiliano Ramos interpretan a cinco soldados que esperan ansiosos, desde una trinchera y con whisky de por medio, a que termine el conflicto para poder volver a sus casas. Con actuaciones que conmueven y se destacan, la obra muestra momentos terribles para estos seres humanos, que deben enfrentar situaciones en las que la miseria más profunda de una persona sale a la luz por la desesperación y las ganas de vivir. “La idea de contar nuestra ficción a partir de soldados desertores, aguantando la rendición, transando con su bando y con el enemigo, tiene que ver con los temas que elegimos trabajar, como por ejemplo la despersonalización a través de un miedo justificado”, cuenta Quiroz, que también codirige otra de las propuestas.
Por último, Piedras dentro de la piedra, de Mariana Mazover, completa la tríada de espectáculos que trabajan la guerra como presente escénico, inspirada en Los Pichiciegos, de Rodolfo Fogwill. Seis personajes (encarnados por Alejandra Carpineti, Mariano Falcón, Laura Lértora, Hernán Lewkowicz, Alejandro Lifschitz y Sebastián Romero) se encuentran en las islas y se juntan en una cueva bajo tierra con un plan. Pero su estrategia empieza a fallar y algunos errores ponen en peligro su escondite, haciendo crecer el riesgo de ser descubiertos. Frente a ello, se libra entre ellos una guerra propia en el corazón de la guerra. “Necesitaba hablar de Malvinas para preguntarme qué hubiera hecho yo si vivía en ese momento. Además, hacerlo es pensar en cómo ese episodio opera en nuestro presente”, dice Mazover.
Repensar el conflicto hoy
Otras dos propuestas decidie-ron abordar la temática no desde la isla, sino desde el presente. La primera es 1982, Obertura Solemne, de Lisandro Fiks, que además codirige la obra junto con Quiroz, el mismo de Los Tururú. Esta pieza, que lleva su nombre como guiño a la obra de Chaikovski denominada 1812, Obertura Solemne (en conmemoración de la resistencia rusa), no transcurre en la Malvinas, sino en el living de la casa de una pareja que, como todos los domingos, espera la llegada del hermano de la chica. Pero en esta oportunidad no llegará solo, sino con un invitado especial, un ex combatiente, que reavivará las discusiones, políticas pero también de otra índole, cada vez mayores entre los novios, “desatando así, en nombre de la paz, otra guerra”. Está protagonizada por Christian Alvarez, Roxana Artal, Darío Dukáh (también de Los Tururú) y el mismo director. La idea disparadora de la pieza surgió de un viaje en taxi del autor, en el que el conductor era un ex combatiente que le contó sus historias. “La obra tiene a Malvinas como uno de sus temas, aunque se centra en mostrar cómo las personas discuten y se ponen a un enemigo inmediato si no están de acuerdo con lo que dice. Es una metáfora para mostrar cómo esa guerra quedó nublada por ideologías más que por lo propiamente bélico”, cuenta Fiks.
La otra historia que aborda el conflicto desde una situación del presente es Islas de la memoria. Historias de guerra en la posguerra, que aún no está en cartel pero se estrenará el viernes 4 de mayo en el Teatro Nacional Cervantes (mientras tanto estará de gira por escuelas secundarias, experiencia que ya realiza desde el año pasado). La obra, de autoría de Julio Cardoso, fue producida por el Cervantes y elaborada en el marco del Programa de Investigación y Desarrollos Pedagógicos del Observatorio Malvinas de la Universidad Nacional de Lanús. En ella, los actores Lucía Adúriz, Alejandro Cobas, Marcela Haimovici, Manuel Longueira (codirector de la pieza junto a Cardoso), Pablo Mariuzzi y Cristina Suárez se convierten en narradores simultáneos que cuentan historias referidas a Malvinas. Pero no solamente de la guerra en sí, sino que van mucho más allá: desde relatos de piratería del siglo XV hasta la guerra propiamente dicha, pasando por los principios de emancipación continental, las negociaciones diplomáticas y la aparición de la dictadura.
La otra historia
Hundan el Belgrano, del inglés Steven Berkoff, a estrenarse el sábado 5 de mayo, quizá sea la propuesta más llamativa. Con dirección de Claudia Marocchi y traducción de Rafael Spregelburd, es la única de las seis piezas que se refiere al conflicto desde el punto de vista británico. La protagonista es Margaret Thatcher –en la obra Amargas cachas–, primera ministra inglesa durante la guerra de Malvinas. La obra –interpretada por Monina Bonelli, Gastón Rodríguez, Estanislao Milicich, Lucas Lagré, Alejandro Iannover, Gonzalo Pastrana, Gustavo de Filpo, Carlos Cano y Luciano Ricio– fue estrenada en 1986 en Londres. En ese momento fue rechazada por la prensa de derecha inglesa, ya que satirizaba a Thatcher. Como Queen, Malvinas, Los Tururú y Piedras dentro de la piedra, también sucede en momentos de guerra, aunque evidentemente desde otro enfoque estratégico. “La obra de Berkoff refiere exactamente al golpe traicionero de Thatcher a las avanzadas negociaciones de paz y al inicio de las acciones bélicas”, cuenta Marocchi, quien afirma que “ese autor nos permite abordar el tema desde su prisma, abriendo la posibilidad de establecer paralelismos de la debilidad política y económica de ambas naciones. Thatcher quería mantenerse en el poder a cualquier precio. Los militares argentinos también, de modo que representando esta obra estamos contándolos a ellos como sociedad para comprendernos a nosotros”.
Fuente:Pagina12
MUESTRAS
ROSARIO
Museo de Arte Contemporáneo de Rosario
Videodrama en el Macro
Muestra de artistas colombianos en el Macro (Bulevar Oroño y el río Paraná). Desde el 22 de marzo al 19 de junio.
Videodrama trata temas tan diversos como la pornomiseria, las políticas sexuales, el militarismo y la excesiva teorización del arte contemporáneo. Videodrama es una biopsia, un procedimiento diagnóstico que muestra brevemente cómo algunos artistas colombianos elaboran hoy una crítica abierta a una sociedad petrificada en “el arraigo provinciano y el desarraigo cosmopolita, el individualismo extremo y el colectivismo apocalíptico, el orgullo anárquico y el profundo respeto del poder”.
Las obras de Videodrama reflexionan sobre una larga historia de colonialismos superpuestos, y de una experiencia cultural curtida en negociaciones en condiciones de desigualdad de los recursos naturales, la política exterior, el lenguaje y la identidad, en un país que vive en desespero, complicidad y creatividad ante las presiones de la economía internacional, la corrupción política, le guerra interna, el contrabando, el trafico de drogas y otros males. Tomando prestadas las palabras de Boris Groys que los artistas en esta muestra “más allá de combatir la modernidad, desarrollan estrategias de resistencia e inscripción basadas en la situación y el contexto, lo que hace posible transformar lo artificial en algo vivo y lo repetitivo en algo irrepetible”.
Obras en la exposición
Fernando Arias
Comunión 1.00’
Izada de bandera 1.00’
Santiago Echeverry
Asfixia 1.00’
Edwardo 2.30′
La fulminante
La chupada anti imperialista 8.45′
Dale papito 3.10′
Colectivo Zunga
Boquitas pintadas 0.38′
Top 5 las más calientes 6.38′
Sandra Rengifo
Lacan 4.00′
Julian Santana
Peek walking 2.00′
Extended deadline 3.04′
Elkin Calderón
Perrita criolla (2010) 2.54′
Oscar Salamanca
Risa, Colombia, risa 4.00′
La virgen de milagro producciones (Diego Armando Muñoz y Mauricio Hurtado)
Acción de repetición 6.04′
Fuente: Macro
Publicado el 27/03/2012
Fuente:RedaccionRosario
Poesía escrita por Gustavo Rosendi, ex combatiente que fue a Malvinas, que exhibe las formas muchas veces impensadas o al menos poco conocidas en las que la guerra afectó a muchas familias argentinas:
Cuando cayó el soldado Vojkovic
dejó de vivir el papá de Vojkovic
y la mamá de Vojkovic y la hermana.
También la novia que tejía
y destejía desolaciones de lana.
y los hijos que nunca
llegaron a tener
Los tíos , los abuelos, los primos,
los primos segundos
y el cuñado y los sobrinos
a los que Vojkovic regalaba chocolates
y algunos vecinos y unos pocos
amigos de Vojkovic y Colita el perro
y un compañero de la primaria
que Vojkovic tenía medio olvidado
y hasta el almacenero
a quien Vojkovic
le compraba la yerba
cuando estaba de guardia.
Cuando cayó el soldado Vojkovic
cayeron todas las hojas de la cuadra,
todos los gorriones , todas las persianas.
Aclaración: Las fotos que acompañan las notas que no son de origen son bajadas de la Web.

















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