DESAPARECIDOS
EL
27/04/76
DARIO CEFERINO FERNANDEZ
36
años.
No.CONADEP:8609, Decl.No:3100
Fue secuestrado en CAMPANA BS AS
C.Post:2804
No hay testimonio de su paso por un C.C.D.
HORACIO
MARIO GONZALEZ
Tenía 29
años
Era empleado Fue secuestrado en Córdoba No hay testimonio de su paso por
un CCD No.CONADEP:2271, Decl.No:6646
NELSON
GONZALEZ
No.CONADEP:6754, Decl.No:6648
Secuestrado sin indicación
de lugar
No hay testimonio de su paso por un C.C.D.
ROSA DORY
MAURE KREIKER
33 años.
No.CONADEP:2690
Fue secuestrada en
CORDOBA CBA C.Post:5000
No hay testimonio de su paso por un
C.C.D.
MARIA AMELIA LESGART
Tenía 24
años
Amelia era maestra y estudiante de arquitectura.
El 25 de abril de
1976, Rogelio Lesgat, el hermano de María Amelia, fue secuestrado de su casa.
María Amelia y su padre se dirigieron a la Seccional Sexta de Policía. Una vez
allí, llegó un grupo de tareas liderado por Vergez quien hizo que detuvieran a
María Amelia. Tres días después desaparece de ese local policial. En la
seccional no le aceptaron la denuncia al padre manifestando que era un
procedimiento del Ejercito y que ellos no podían aceptar denuncias contra la
Fuerzas Armadas.
Los dos hermanos Lesgart fueron trasladados al CCD La Perla
y permanecen desaparecidos.
HECTOR
MICILLO
No.CONADEP:3331
Fue secuestrado en CORDOBA CBA
C.Post:5000
No hay testimonio de su paso por un C.C.D.
LUIS
ANSELMO RICCIARDINO
Tenía 20
años
Era estudiante Estaba casado Fue secuestrado en la vía pública en
Córdoba No hay testimonio de su paso por un CCD No.CONADEP:4313,
Decl.No:7600
Tenía 57 años
HÉCTOR GERMÁN
OESTERHELD
Héctor Oesterheld era un famoso
escritor y historientista, autor de "El Eternauta" y otras historietas
importantes. Era de ascendencia vasca y alemana. Estaba casado y tenía 4 hijas,
Marina, Estela, Beatriz y Diana, con quienes militaba en Montoneros. Todas ellas
fueron asesinadas o desaparecidas.
Fue secuestrado en La Plata.
Fue
visto en el C.C.D. Campo de Mayo y el C.C.D. "El Vesubio" y en un sector de la
subcomisaría de Villa lnsuperable conocido como "Sheraton". Según Eduardo Arias,
quien lo vio hasta enero de 1978, Héctor estaba en un estado horrible. Se cree
que lo asesinaron en Mercedes. Se dice que su desaparición se debió a la
biografía del Che Guevara que escribió.
27/04/77
PEDRO JULIO
FERNANDEZ
31 años. Casado. Argentino. Medico.
LE
No:8251928
No.CONADEP:1786, Decl.No:3766
Fue secuestrado de su domicilio
en CAPITAL C.Post:1425
No hay testimonio de su paso por un
C.C.D.
NIDIA CRISTINA GIACUMINO de VALDEZ
19 años.
No.CONADEP:8909
Fue secuestrada en CORDOBA CBA C.Post:5000
No hay
testimonio de su paso por un C.C.D.
FERNANDO ROBERTO
LERTORA
25 años. Casado. Argentino. Empleado.
CI
No:6629301
No.CONADEP:2807, Decl.No:5731
Fue secuestrado de su domicilio
en CAPITAL C.Post:1206
No hay testimonio de su paso por un
C.C.D.
ADRIANA MOSSO de CARLEVARO
26 años. Casada.
Argentina. Ama de casa.
CI No:6485990
No.CONADEP:3512, Decl.No:458
Fue
secuestrada de su domicilio en CAPITAL C.Post:1206
Vista en C.C.D. CASA DEL
SIN el:1/9/77
HERMANA DE 'PATRICIA'.SEC CON SU BEBE Y SU ESPOSO 'TOBA'.EDAD
24 ANOS
En testimonio No:04482
CARLOS ALBERTO ROCHA
38
años. Argentino. Transportista -chofer.
DI No:7083073
No.CONADEP:4380,
Decl.No:6114
Fue secuestrado en EL COLMENAR TUC C.Post:4101
No hay
testimonio de su paso por un C.C.D.
¿Conociste a alguna de las
personas antes mencionadas?, ¿Sabés algo sobre alguna de ellas?
Comunicate con www.desaparecidos.org
OPINION
El día que secuestraron a Oesterheld, el creador de El
Eternauta
Por Martín García
Aparentemente
el 27 de abril de 1976 fue el día en que la Dictadura del Proceso secuestró a
Oesterheld, hoy se cumplen 35 años de ese hecho.
Héctor Germán Oesterheld fue un
geólogo humanista que creó un universo ideal para el mundo mágico de las
historietas, y en esa dirección fue el constructor de sus sueños contagiando a
varias generaciones a través de sus personajes para establecer nuevas reglas de
juego para el amor, para el honor y para la convivencia de las personas en un
mundo amenazado por la opresión planificada.
Para mi gusto, su `primer`
gran éxito fue Gatito y sus amigos, un infantil, a veces troquelado de Editorial
Abril que incluía personajes como la Princesa Titina, los ratones Parmesano y
Gorgonzola, la bruja Cachavacha, de su creación, y el nunca bien ponderado
palizero real que consistía en una rueda giratoria que tenía en la punta de sus
rayos, zapatos, que, al girarse, le pegaban patadas en el trasero a los
condenados por su maldad.
Sus personajes sentían, tenían dudas, códigos y
aún se aventuraban a romper las reglas del género, pereciendo, en la guerra por
salvar a una muñeca por la que lloraba una pequeña en el medio del avance de las
tropas.
El Sargento Kirk, Bull Rockett, Sherlock Time, Mort Cinder,
Ticonderoga, Watami, eran algunos de los más memorables. También Joe Zonda,
aquel negrito aviador de Mendoza la manera de Air America que luchaba contra el
villano Octopus.
Mi viejo salía a la mañana cuando yo todavía no me había
levantado para ir al colegio y no lo veía hasta la noche. Entonces, durante el
día, refugiarme en las historietas de las revistas Hora Cero y Frontera, más
adultas que El Tony o D´Artagnan, significaba para mí aprender códigos de la
vida.
Los japoneses no eran todos villanos, a veces los norteamericanos
en la Segunda guerra mundial, también lo eran.
Incluso los kamikazes
también tenían códigos de honor, en sus historias.
Solo se trataba de
personas, en la locura ajena de la guerra.
En algún momento apareció El
Eternauta. El viajero del tiempo. Allí se podía vivir una invasión
extraterrestre que, en vez de atacar la Casa Blanca, se establecían en una
burbuja -donde moraban sus tropas de elite- en medio de la plaza de los dos
Congresos entre Rivadavia, Entre Ríos, Yrigoyen y la otra.
Una invasión
simbólica si uno sitúa la historia después del golpe de 1955, cuando el orden
democrático había sido roto, Perón había sido desalojado de la Presidencia y la
gente común había sido bombardeada, sin más.
En ese imaginario se instala
la invasión de los Ellos, el gran invasor, nunca explicitado. Los
Ellos.
Se suceden las batallas, la de la General Paz, la de la Cancha de
Ríver, la de las barrancas de Belgrano, la de Plaza Italia…y también los sub
invasores, los Cascarudos, los enormes Gurbos y los Manos.
Los Manos
habían sido inoculados con una bolsa del terror que se abría vertiendo veneno en
el interior de sus organismos, cada vez que los Manos desobedecían las
instrucciones de los Ellos.
La glándula del terror. Después nos la
inocularían a todos.
Pocos días antes de su desaparición los reuní a
Héctor y ése gran poeta que fue el periodista deportivo Osvaldo Ardizzone. Fue
en la casa de mis viejos que estaban de vacaciones. ¡No podía ser que esos
maestros no se conocieran entre sí! Fue un mediodía de verano
inolvidable.
¡Que sabía yo que lo estarían siguiendo, o controlando! O
quizás todavía no.
Le hice un reportaje que seguía saliendo en cómodas
cuotas en 5xBsAs por Radio Belgrano después que Héctor ya había
desaparecido.
Me decían –Che no pases a Oesterheld que parece que lo
secuestraron. Pero yo lo seguí pasando. No advertí la gravedad del golpe.
Habíamos pasado otros golpes.
Después se llevaron a sus cuatro hijas
Diana, Marina, Beatriz y Estela militantes de 14 a 19 años de la UES como los
chicos de la Noche de los Lápices; y de la Juventud Peronista.
Los
sobrevivirían dos de su nietos, Fernando y Miguel Martín y Elsa, su esposa, la
mamá de las chicas. La Madre Coraje.
Algunas cosas trascendieron: que Los
Ellos, le hicieron escribir una historieta de San Martín; que en cautiverio
obtuvo miga del pan de los cumpas para dárselo al joven artista que modelo un
regalo para cada uno en la navidad.
La clase magistral de Chaplin que le
dio Héctor a los más jóvenes cuando Eduardo Arias encontró en el baño una hoja
de diario que daba cuenta de la muerte del maravilloso actor y director inglés.
Anécdota que tanto impresionó a Geraldine Chaplin, su hija.
Y aquella
narración de Mempo Giardinelli, compañero de militancia de Héctor, que creía, en
su insolente juventud, que si detenían a Oesterheld, ya grande, iba a entregar a
los demás compañeros, apenas lo apretaran, cosa que, pasados los días y las
semanas, nunca ocurrió.
Héctor Germán Oesterheld había cumplido con los
códigos de honor que tanto nos había enseñado en sus historietas.
Fuente:Telam






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