San Rafael
09-abril-2012
Durante la última dictadura militar, hubo ocho centros ilegales de detención
Según un trabajo presentado sobre información de la Conadep, en el último gobierno militar funcionaron en la ciudad unidades de distintas categorías y f unciones. En San Rafael hubo 1 CCD
Ex detenido y torturado. Aldo Soto participó el jueves en la inauguración del espacio de la memoria en Tribunales.
Ayer se conmemoró el Día de la Memoria por la Verdad y la Justicia y durante los días previos se recordaron los sucesos oscuros de la última dictadura militar para no volver a repetir los errores del pasado. Pero más allá de todo lo evocado, pocos saben que en San Rafael funcionaron al menos ocho centros clandestinos de detención (CCD).
Según el trabajo presentado esta semana por Daniela Burgos en la biblioteca Mariano Moreno, según la investigación de Cecilia Centeno y la clasificación de la Conadep (Comisión Nacional de Desapariciones de Personas), en San Rafael los CCD se dividieron en lugares transitorios de detención, centros de interrogatorios y torturas, y lugares de reunión de detenidos.
De acuerdo con este estudio, los lugares transitorios de detención fueron las dependencias del Ejército en Cuadro Nacional, que eran utilizadas como lugar transitorio donde los detenidos ingresaban por un lapso mínimo de tiempo, se les interrogaba y de allí decidían su traslado a un centro de reunión de detenidos, la liberación o la legalización (ver testimonio aparte); y el área de Sanidad de la Policía, ubicada en las inmediaciones de Chile y Pellegrini. Era una enfermería para los policiales y sus familias como actividad cotidiana y común, pero detrás de la dependencia se encontraban dos calabozos de dos por dos metros donde eran alojados los detenidos.
Por su parte, entre los lugares de reunión de detenidos se incluye al edificio antiguo de tribunales. El CCD funcionó en la parte conocida en esa época como Colegio de Martilleros y abarcaba los calabozos ubicados en el sótano, que a la vez se conectaban con el Cuerpo de Bomberos ubicado en la calle Independencia. La investigación indica que “es importante resaltar, de los 340 centros clandestinos de detención registrados en la Argentina, sólo en San Rafael se utilizó un palacio de justicia”. Ante ello, el jueves pasado se inauguró un “espacio de la memoria” en ese edificio tribunalicio, para no olvidar esta contradicción.
En esta categoría también se encuadra El Marinero (luego bodega Pico de Oro), ubicado en calle Urquiza entre Saavedra y Castelli, donde funcionaba la SIDE y además se montó un CCD en los piletones de cemento situados en el fondo de sus dependencias. Según el estudio presentado por Burgos, “si bien no se ha podido comprobar, ya que no se encontraron sobrevivientes que estuvieran alojados en dichas dependencias, suponemos que los detenidos allí alojados eran ultimados a poco de su llegada o pudieron permanecer por algún tiempo hasta ser eliminados”.
En tanto se considera centro de selección de detenidos a la sección de Infantería de Policía, en Maza y Deoclecio García. “En los meses previos al golpe su función era de detención legal de personas, la que mantuvo durante toda la etapa de la dictadura”, indica la investigación. También la Comisaría 32, que “fue a principios de 1976 el primer ensayo sanrafaelino de CCD, función que no pudo corroborarse luego del golpe del 24 de marzo”.
Burgos explicó que “la función que cumplió fue similar a la de Infantería, sólo que la cantidad de detenidos era mínima comparada con la primera. Desde sus dependencias (legales) eran ‘chupados’ hacia otros centros para convertirse en detenidos-desaparecidos todos los arrestados que los servicios de inteligencia seleccionaran”.
Por último estaban los que se señalaron como centros de interrogatorios y tortura. Uno era el espacio del segundo piso del edificio de la Municipalidad, hasta hace poco tiempo era utilizado por Radio Municipal. El otro estaba en una casa situada en la primera cuadra de calle Corrientes. “Era una casa de aspecto común, con un arco en la parte frontal” y “tenía la función de centro de tortura y ‘ablande’ del detenido”.
Víctima de un centro
Aldo Soto es un testigo de esa época oscura. Trabajaba en la construcción de la presa Agua del Toro y era delegado gremial, una función que era riesgosa en la dictadura. Contó que el 16 de febrero de 1977 una comisión de militares lo fue a buscar a su lugar de trabajo y se lo llevaron junto con su compañero Emilio Sánchez, de 60 años, al Ejército en Cuadro Nacional, “en el primer edificio bajando el canal, a la izquierda, donde nos vendaron los ojos, ataron las manos atrás y torturaron”.
Aldo estuvo allí desde las 11 hasta la medianoche, y lo liberaron en avenida Libertador y se fue corriendo hasta su casa, en calle Beltrán. Aseguró que eso le generó secuelas. Además al estrés postraumático se le sumó un accidente cerebro vascular (ACV), que le causó una incapacidad en pierda y brazo derechos. Desde entonces sufrió otros tres ACV.
Un testimonio del horror
Reinaldo Illa tenía un año de vida cuando se llevaron a su padre de la vieja casona de Aristóbulo del Valle y España, hoy sede del Partido Demócrata.
Allí, el 9 de marzo de 1976 a las 2.30 un grupo del Ejército se llevó detenido al periodista Santiago Illa.
El 12 de mayo del mismo año Santiago, que fue trasladado a la Penitenciaría de Mendoza, supuestamente recobró la libertad, según los documentos oficiales, pero nunca más se lo volvió a ver.
Esa madrugada, narró Reinaldo, “entraron a casa los hombres de verde y sin explicaciones se llevaron a mi padre”.
A partir de ese día cambió la historia de la familia, ni la esposa de Santiago, embarazada de Clarisa, ni Reinaldo volvieron a ver al trabajador de prensa, cuyo único pecado fue escribir para el semanario Nuevo hombre, del Partido Revolucionario de los Trabajadores.
Reinaldo y su familia se quedaron cinco años más en San Rafael hasta que decidieron trasladarse a Mendoza porque se sentían discriminados y señalados por la sociedad local.
Silvia Faget, su esposa, no conseguía trabajo, y Reinaldo, según su relato, “sufría humillaciones en un colegio religioso de la avenida Balloffet”, ya que “cuando me portaba mal me hacían a arrodillar sobre las piedras, me levantaban el pantalón y tenía que caminar con las rodillas”.
Fuente:DiarioUnoMdza.

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