10 de abril de 2012

MÉXICO.

lunes 9 de abril de 2012
Reconciliación
Por Gerardo Fernández Casanova 
“Que el fraude electoral jamás se olvide”

Andrés Manuel López Obrador está dedicando la fase inicial de su campaña electoral a la reconciliación, en primera instancia dentro de las fuerzas progresistas, pero con enfoque a la sociedad en general. A pregunta expresa de algún reportero respecto de la relación con Felipe Calderón, AMLO manifestó que él no odia y que lo perdona, sin por ello olvidar que se cometió fraude en la elección del 2006.

Tal actitud ha merecido distintas respuestas, entre ellas la del propio Calderón que, en su pequeñez, se refirió burlonamente al “perdonavidas”; o la muy correcta actitud de Fernández Noroña que manifestó su desacuerdo y su decisión de no participar en actos de campaña de AMLO, como forma de protesta, pero sin dejar de sumarse al esfuerzo electoral para el triunfo de las izquierdas. En el centro se va decantando una respuesta afirmativa a la convocatoria obradorista.

En el primer spot de campaña mediática AMLO ofrece una disculpa a quienes se hayan visto afectados por las acciones de la lucha por la democracia, particularmente las del plantón del 2006. Vale. Es una realidad que hubo gente que resintió el efecto del cierre de avenidas con las consiguientes molestias a los transeúntes, quienes deberían protestar contra el que efectivamente provocó esas acciones por no haber aceptado la muy simple petición de que se contaran los votos; el manejo mediático hizo que toda la carga de la molestia recayera en López Obrador y dejara como blanca paloma al autor del desaguisado. Ya no es momento de insistir en aclaraciones y, para los efectos prácticos, más vale neutralizar los efectos nocivos de la guerra sucia.

Así mismo, el afán reconciliador atiende a superar las diferencias personales y de grupo al interior de la izquierda. Hace falta mucha calidad moral para olvidar los agravios de quienes traicionaron la debida lealtad al líder cuando parecía que su barco se hundía, no obstante haber sido los principales beneficiarios del resultado electoral logrado por AMLO. Pero el objetivo superior de la transformación afirmativa de la realidad nacional obliga a la unidad de las izquierdas. Un buen amigo se quejaba de que si AMLO no es capaz de que sus propuestas para los cargos de elección popular fuesen atendidas, sería por falta de liderazgo; no hay que confundir: una cosa es el liderazgo y otra muy diferente es el autoritarismo. López Obrador encarna cabalmente su papel de líder y en un magnífico acto de campaña en Jiutepec, Mor. levanta la mano y otorga todo su apoyo a Graco Ramírez, candidato a gobernador del estado, haciendo a un lado rencillas y desencuentros. Es claro: lo que importa es la regeneración nacional, lo demás queda en el cajón de las menudencias.

Pero el asunto va más allá de una simple estrategia electoral. Andrés Manuel se asume como el próximo presidente de México y como tal comprende que la regeneración nacional implica un enorme esfuerzo de unidad nacional. Son muy pesados los lastres que dejan los gobiernos neoliberales de los últimos treinta años; no va a ser sencillo remontar los escollos y abrir los candados con que está sujeta la soberanía nacional y, por ende, la viabilidad de emprender el esfuerzo de la regeneración nacional. Desde luego lo más importante es la base popular pero no basta; es preciso romper la inercia de la desconfianza y la división que caracteriza a la sociedad mexicana actual. Como estrategia electoral la eficacia es dudosa; así como gana algunos electores, se corre el riesgo de perder a otros y quedar como el perro de las dos tortas. Pero como estrategia de gobierno no podrá ser soslayada, a riesgo de empantanar durante seis años la posibilidad del cambio verdadero.

Lo que sí es indudable es el efecto que el discurso lopezobradorista causa en la gente. Sin grandes dotes de grandilocuencia, con el simple hecho de mostrarse plenamente honesto y sincero logra electrizar a la masa popular; sus postulados son tomados como propios por la asamblea y provoca el entusiasmo para dar la lucha por los votos y por su debida defensa en las urnas. Es injusta la asimetría de recursos: un spot de AMLO por cada tres de Peña Nieto; pero de nada sirve una presencia machacona y hueca contra la que se da de frente a la gente y mirándole a los ojos: ahí no hay trampa que valga. Cada vez somos más y vamos a ganar.

lunes 9 de abril de 2012
¿Fueron derrotados los narcos, están negociando con Calderón o silenciaron a radio y TV?
Por Pedro Echeverría
1. Durante el sexenio de Felipe Calderón fueron asesinadas unas 12 mil personas por año, mil por mes y 34 cada día; pero en el último mes, quizá por la venida del papa y el inicio de las campañas políticas, he escuchado por los medios electrónicos mucho menos asesinatos que los acostumbrados. Me pregunto: ¿Será porque el gobierno de Calderón esté acabando con ellos? ¿Será que se puso a negociar con los jefes, cuestión a que se ha negado? o, de plano, ¿Le han pagado mucho dinero a los medios electrónicos para que guarden silencio? También es probable que ya mi cerebro se haya “educado” a oír a diario de matanzas y no les preste atención por ser asuntos cotidianos. Lo que sea, pero ya 60 mil muertos en menos de seis años es un montón de muertos para cualquier gobierno del mundo que se autodefina democrático. Pero nos hemos acostumbrado que ya nos parece natural que cada mes muera un millar de guerreros e inocentes.


2. Lo que nadie podría aceptar ni “nadita” es que los narcos estén siendo derrotados por el gobierno. Más bien es lo contrario: los estudiosos del asunto demuestran que el narcotráfico y eso que llaman “delincuencia organizada” es cada vez más grande en el plano nacional e internacional. El tan fuerte el narco que en la recién reunión de los países firmantes del TLCAN (Estados Unidos, Canadá y México) se acordó unir todas las fuerzas para acabarlo, sobre todo el que opera en la frontera norte de México. Lo que sucede es que ello es una declaración más, dado que Estados Unidos es el principal consumidor de droga en el mundo y, al mismo tiempo, casi el único vendedor de armas a todos los bandos: al ejército del gobierno mexicano y a los narcotraficantes. Si en la bolsa comercial los Estados Unidos compran la droga en cantidades multimillonarias se recuperan vendiendo armas en grandes cantidades para igualar la balanza comercial.

3. Lo que no puede aceptar Calderón es que negocia –muy debajo del agua- con fuertes sectores del narcotráfico. El grita a los cuatro vientos que no negocia, pero ha sido demostrado que él y el sector sinaloense del Chapo Guzmán mantienen estrechos lazos para acabar con el otro sector del narco, es decir, con los Zetas. Calderón quiere mostrar que su gobierno es de gran fortaleza y que siempre va adelante; sin embargo es la mejor manera para encubrir su debilidad y las negociaciones que realiza; además si no las estuviera haciendo estaría demostrando una enorme incapacidad y permitiendo que sigan muriendo 34 mexicanos cada día. ¿Acaso Calderón mandó el ejército a la calle en diciembre de 2006 porque se sentía fuerte o, por el contrario, porque quería demostrar ante AMLO que no era débil y por tanto no podría ser derrocado? Calderón habla de fuerza porque el débil, parece que va a la ofensiva, pero retrocede; grito poseer lo que carece.

4. O, lo más seguro, es que el gobierno haya negociado con los poderosos empresarios de los medios (Azcárraga, Salinas Pliego) que “ya no informen mucho de asesinatos y muertes en la República para que las campañas políticas y los últimos meses de su gobierno terminen en paz”. En México, y en todo el mundo, los medios de información (radio y TV) funcionan al mismo ritmo de quien les paga y el gobierno mexicano es el principal subsidiario de los medios. De lo que los analistas mexicanos están seguros es que en la campaña política –sobre todo en la del PRI y del PAN- hace mucho que están metidos los narcotraficantes con el fin de asegurar a sus personajes claves dentro de la estructura de poder. ¿Puede dudarse acaso de la enorme habilidad de los seguidores de las distintas fracciones del narco mexicano que se ha probado que han penetrado en Gobernación, la PGR, la policía federal, el ejército y demás?

5. De todas maneras, con esa estrecha relación que existe entre los jefes del gobierno y los jefes del narco no se puede eliminar la posibilidad de un gran golpe publicitario que ayude al triunfo electoral del PRI o del PAN. Nadie había oído hablar de Peña Nieto o de Vázquez Mota, como dicen por aquí: “no los conocían ni en su casa”; pero ahora con las inventadas encuestas y los medios televisivos y de radio, se encuentran ya en primero y segundo lugar. ¿De cuál independencia y libertad para depositar el voto se habla si sin conocerlos los electores ya tienen la manita lista, dispuesta, maniatada, para votar por Peña o Vázquez? ¿Por qué no por López Obrador? Porque la TV dice que es malo, porque está aliado a Hugo Chávez, a Fidel Castro; porque bloqueó el Paseo de la Reforma, es amigo de los comunistas, tiene amistad con los abortistas y es un “peligro” para México. Aunque pida perdón, sea amoroso y diga que extiende la mano, la TV aconseja que nadie le crea.

6. Las encuestas y los medios de información quieren mantener a López Obrador arrinconado en tercer lugar con el fin de eliminar sus protestas después de los comicios, siguiendo el ejemplo de la eliminación de Cuauhtémoc Cárdenas en 1994. Desde que los encuestadores aparecieron con sus resultados ya tenían en último lugar a AMLO, debiendo puntos por “sus errores”. Se le inventó una relación con el gobernante de Venezuela .Hugo Chávez- cuando ni lo conocía; además ¿Quién inventó que Chávez es un mal gobernante siendo con mucho de los mejor para los pobres del mundo? Obviamente que a quienes no gusta Chávez, Evo Morales y los Castro de Cuba es a los grandes empresarios y al imperio yanqui. ¿Y qué hacen los medios de información? Pues pintar un espantatontos para que el pueblo tenga miedo a quienes expropian a los millonarios enriquecidos explotando al pueblo. Un día entenderá el trabajador.

7. Culpan a López Obrador de bloquear el Paseo de Reforma en 2006. ¿Qué es ese “Paseo” sino la avenida de la embajada yanqui, de los grandes bancos, de los más grandes hoteles y demás negocios capitalistas, de los automóviles y restaurant de lujo? Yo estuve bloqueando Reforma, Juárez y el Zócalo por tres semanas las 24 horas del día y no me gustó que no se hiciera en serio, es decir, un bloqueo total hasta la renuncia del golpista Calderón, así como de los funcionarios del IFE, del TRIFE y de los jueces de la SCJN. Todo ese bloqueo que fue muy positivo le ha servido a los medios de información para hacer propaganda contra López Obrador. Y hoy tiende la mano AMLO de arrepentimiento como si hubiese cometido errores y fuera un error luchar en las calles y plazas. Marcos, el dirigente zapatistas decía: ¿A quién le vamos a pedir perdón por mantenernos en la miseria, el engaño y muertos de hambre?.
Fuente:Argenpress

Lunes 9 de abril de 2012
La iglesia para rezar, la escuela para enseñar
Por Víctor Orozco (FORUMENLINEA)
El papa Benedicto XVI ha venido a México entre otros propósitos con el de promover la libertad religiosa, dice. Sabe de seguridad que en este país existe tal libertad desde el 4 de diciembre de 1860, cuando la proclamó el gobierno republicano. Y sabe también cómo alcanzar el ejercicio de tal derecho costó a los mexicanos ríos de sangre, brotados de la oposición ofrecida por la Iglesia católica, la cual condenó, excomulgó y combatió con todo lo que pudo a quienes defendieron esa libertad. Y que financió, armó y alentó también con todo lo que estuvo en sus manos a los ejércitos enemigos del derecho de este pueblo a tener o no tener creencias religiosas. Tragedias similares ocurrieron a los franceses, españoles, italianos, brasileños, argentinos, peruanos... ¿De dónde pues, esta cantaleta de la "libertad religiosa", en boca de sus peores adversarios?.

La metamorfosis de verdugos de la libertad de creencias en adalides de la misma, no proviene como puede suponerse, del abandono a la vieja idea del dominio absoluto de las conciencias y de los actos de los humanos, sino de la adecuación a los tiempos, en los cuales es inconcebible el regreso a la religión de Estado, única y excluyente, como se consignaba en los códigos políticos del pretérito. ¿Cómo se puede, en los países occidentales, apoyar alguna constitución bárbara en cuyos preceptos se reinstalaran las prohibiciones, matanzas y persecuciones desatadas en nombre de la "religión verdadera"? No es posible, ni siquiera para los ultramontanos o extremistas religiosos. Entonces, se buscan otros instrumentos. Los dos principales son el control de los medios de comunicación y la impartición de educación religiosa en las escuelas públicas. Ambos, constituyen el núcleo de la libertad religiosa pregonada por los dirigentes de las burocracias eclesiásticas y políticas confabuladas en un solo objetivo: conservar el dominio de la sociedad, reproduciéndose y auxiliándose constantemente.

Allí donde es posible instalar un Estado con prácticas confesionales, aunque se declare aconfesional o laico, la jerarquía católica copa todos los espacios a su alcance. Veamos el caso de España, donde los problemas derivados de la confusión entre la religión y la política, entre el Estado y la Iglesia católica, son el origen de una división antigua, profunda e irreconciliable en la sociedad.

En el país ibérico, gracias al Acuerdo entre el Estado Español y la Santa Sede firmado en 1979, sustituto del viejo concordato, el cual tiene rango de tratado internacional, pues es celebrado entre dos entidades soberanas, la iglesia católica disfruta de privilegios insostenibles en otras latitudes. Participa de un porcentaje determinado en el monto global recaudado en el impuesto sobre la renta de personas físicas, mismo que el año pasado importó la suma de 260 millones de euros, casi cuatro mil quinientos millones de pesos mexicanos. Pero no sólo, además, el Estado debe pagar el salario de 25,000 profesores encargados de impartir educación religiosa en las escuelas oficiales y designados por los obispos en cada diócesis. Este régimen heredado del franquismo, se sostiene desde luego en la enorme influencia que cobra la jerarquía eclesiástica en la estructura del gobierno y en el conjunto de las instituciones públicas. Se trata de un poder fáctico cuyo peso específico desequilibra la vida política española. Jurídicamente, estos derechos de la Iglesia católica, están salvaguardados por un tratado internacional, como he mencionado. La corte del Vaticano --no lo digo en sentido peyorativo, pues se trata de una estructura monárquica-- ostenta así dos personalidades: su titular es a la vez jefe religioso y jefe de Estado. De esta suerte, puede exigir para el primero en nombre del segundo. El gobierno español carece de facultades para eliminar estos privilegios y aberraciones decimonónicas, ni aún por acuerdo de sus órganos legislativos, toda vez que los tratados celebrados con otros Estados, se encuentran por encima de la ley interna. Se requiere la denuncia del instrumento en el cual se fincan, circunstancia que lleva el conflicto al plano de una disputa internacional. El candado es firme como se advierte y quizá al menos en este punto, Francisco Franco, el "caudillo de España por la gracia de Dios", no se equivocó cuando dijo en vísperas de su muerte que "todo estaba atado y bien atado".

Uno tras otro, los voceros de la Iglesia católica insisten en establecer en México la enseñanza religiosa en las escuelas estatales. Algún obispo se preguntaba, haciendo gala de socarronería, quién iba a pagar a esos docentes confesionales. Obviamente no se requiere mucha imaginación para suponer que como en España, los dineros saldrían de los impuestos, de todos los mexicanos, católicos o no, creyentes o no. En noviembre del año pasado, los obispos reunidos en su Conferencia Episcopal, tuvieron una junta con el presidente de la república y le presentaron la propuesta-exigencia. Si la Constitución política establece que el mexicano es un Estado laico, pues no la modifiquemos dicen los clérigos, hagámonos de la vista gorda y digamos con su santidad Benedicto XVI, que "... la educación de una confesión religiosa en las escuelas públicas, lejos de significar que el Estado asume o impone una creencia religiosa particular, indica el reconocimiento de la religión como un valor necesario para la formación de la persona”.

Pero entonces, no inculquemos religión alguna, con sus dogmas y sus fantasías, sino enséñese historia de las religiones, de la culturas religiosas, de todos estos procesos como resultantes históricas, de manera tal, como decía un profesor de la Universidad Autónoma Metropolitana, que el educando conozca las razones por las cuales él es católico y su compañero de al lado es protestante o testigo de Jehová. Obviamente ésta no es la idea de aquellos que claman por la "libertad religiosa", sino la de imponer desde las aulas una concepción, unos usos, una visión del mundo acordes con los de la Iglesia católica y más aún, de quienes la dirigen y administran. ¡Ésta es la libertad religiosa por la cual tanto disputan ahora clérigos y políticos!

Ahora bien: ¿Es la mayoría de los mexicanos conforme con la terminación del Estado laico? ¿Con la introducción de la educación confesional en las escuelas oficiales? ¿Con la ilimitada participación de los sacerdotes en actividades políticas, incluyendo su postulación para cargos públicos? ¿Con el financiamiento con dineros fiscales para las actividades de las iglesias, preponderantemente de la católica?

Todas las encuestas dicen que no. El pueblo mexicano es mayoritariamente católico, cierto, pero hay arriba de 20 millones de habitantes de otras confesiones o de ninguna. Y, entre los declarados católicos, prevalecen, sin ninguna duda la sensatez, el amor a la libertad, el espíritu de la tolerancia y la pluralidad. Quizá por ello, los legisladores confabulados con los dignatarios eclesiásticos para asaltar una por una a las instituciones republicanas, dan golpes de mano y no se atreven a desarrollar consultas cada vez que reforman las leyes para imponer marchas hacia el pasado. Un pasado, por cierto que los mexicanos no olvidamos, ni en lo que tiene de glorioso por cuanto nos colocó entre las naciones más avanzadas del mundo cuando el gobierno de Benito Juárez expidió la ley de la libertad religiosa, ni en lo que tiene de oprobio, cuando las cúpulas clericales y políticas provocaron guerras fratricidas para evitar las emancipaciones, económicas y culturales.

La iglesia para rezar, la escuela para enseñar, es una frase con la cual muy pocos mexicanos están en desacuerdo, en ella se sintetizan estos sólidos aprendizajes históricos.
Fuente:Argenpress

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