01.04.2012
Mañana se cumplen diez años de la desaparición de María de los Ángeles Verón
“A las mujeres les digo que no tienen que callarse jamás”
Susana Trimarco, la mamá de Marita, dice que nadie debe soportar golpes o maltrato. En el camino por encontrar a su hija, rescató a chicas de las redes de trata y aprendió que decir la verdad la hace libre. Cómo crió a Micaela.
Desde Tucumán
Susana Trimarco, la mamá de María de los Ángeles Verón, recibió a Tiempo Argentino en una entrevista íntima donde habló sobre su rol de madre, abuela y mujer, en la lucha por desterrar las redes de trata de personas, quienes se llevaron a su hija el 2 de abril de 2002, hecho del que esta semana se cumplen diez años de su secuestro. Mientras aún se desarrolla el juicio, en el que están imputadas 13 personas, por el secuestro y desaparición de su hija, Trimarco llegó al lobby de un hotel céntrico en Tucumán donde se realizó la entrevista, acompañada con parte de su vida, su hijo y Micaela, la hija de Marita.
“Mica, dejá de tocar el piano que ya empezamos”, le advierte Susana a su nieta. Efectivamente, la nena de 13 años, aún con el uniforme del colegio (“no me gusta pero tengo que usarlo”, contó) tocaba las teclas del piano de cola del lugar y escuchaba cada palabra que su abuela decía.
–¿Cómo era su vida antes del 3 de abril de 2002 y después de ese día?
–Eran días muy de familia, muy normales, felices. Trabajando, viviendo en mi casa, cocinando ocupándome de ella, mi hija me llamaba para vernos o para que compremos cosas para el negocio que tenía Marita. Como toda familia que lleva una vida así, normal. Yo estaba muy contenta con mi trabajo, muy contenta con mi hija, muy feliz con mi nieta.
–¿Después qué pasó?
–A partir del 3 de abril de 2002, la verdad que fue un cambio muy terrible en mi vida. Ese día la arrancaron a mi hija de mis entrañas, y ahí empezó mi calvario. No le deseo a nadie en el mundo lo que a mi me pasó. Fueron días de mucha desesperación, de llanto, de angustia, de no saber qué hacer. No saber qué le pasó a mi hija, si había tenido un accidente, fue desesperante, fue terrible para mí.
–¿Nota algún cambio en la sociedad cuando se habla del tema trata de personas? Recuerdo, al comienzo de su lucha, que la trataron de loca, cuando hablaba de las redes de prostitución.
–Hubo un cambio muy importante en la sociedad. Recuerdo que cuando empecé a denunciar todo esto, la gente me miraba como que yo estaba denunciando cosas anormales, que en realidad no pasaban, que eran películas. Me dijeron que era una loca, que veía muchas novelas en mi casa. Los abogados de estos delincuentes me decían que no estaba bien. A mí no me importa nada, a mí sólo me importa mi hija. Soy una madre desesperada. A una madre cuando le arrancan una hija, le arrancan un pedazo del alma, te llevan a todo eso, a la desesperación y la angustia, pero también te llevan a perder el miedo, la busco como hasta ahora, como hace diez años, pero no me importa lo que digan o lo que hagan. Lo que pasó también es que mientras la buscaba a mi hija rescaté a estas chicas de todas las atrocidades que le hacían ahí en los prostíbulos. Me pedían que las ayude y las saqué de ese lugar. Eso me dio fortaleza.Ellas mismas me decían que no baje los brazos y que siga adelante porque yo la iba a encontrar a Marita. Yo sabía que no podía bajar los brazos. Que salga de esa trampa a donde la llevaron, depende de mí, yo seguí luchando por el inmenso amor que tengo por mi hija. Siempre le dije la verdad a la sociedad argentina. Hablé para que se sepa lo que pasa. Repetir y decir la verdad y no callarme es el camino, porque yo sabía que si me callaba no iba a hacer valer mis derechos y de mi familia y de todas las personas que están pasando por lo mismo que nosotras. Jamás voy a dejar esta lucha, me tocó mi corazón y mi alma, seguiré hasta las últimas consecuencias hasta el día que sepa dónde y cómo esta mi hija.
–¿Cómo hace para diferenciar a las personas que se acercan con un interés real de las que quieren sacar algún provecho de su lucha?
–La experiencia te la da el dolor. Te hace abrir los ojos, es algo natural en mí. Siento y presiento cuando alguien se acerca. Para ayudarme, para salir adelante en todo. Pero también hay otras personas que se acercan para sacarme información o para hacerme daño o para hacerles más daño a mi hija y mi nieta.
–¿Y para proteger a Micaela, de todo lo que pasa en el juicio y de todo lo que pasó hasta ahora?
–Lo que ocurre es que Mica es una niña que no es como cualquier otra, ella se crió normalmente hasta los tres años y luego se crió con ese sufrimiento y ese dolor de la ausencia. Yo me daba cuenta de sus llantos de cuando la llevaron a Marita y cuando no aparecía la tuve siempre en mis brazos. Entonces decidí llevarla y que esté conmigo y que se críe con la verdad, porque la verdad te da poder y sabiduría y te empuja, te hace crecer como persona.
–Durante todo el juicio pude apreciar el trato que tienen todos los abogados hacia usted, en muchos casos la aconsejan como si fueran sus hijos, están muy comprometidos…
–Siempre digo que Dios me pone ángeles en el camino porque toda la gente que trabaja conmigo no es de casualidad. Yo soy muy creyente y con ese compromiso y con ese corazón hay que ponerlo para luchar contra la trata de personas y con las victimas que fueron maltratadas. Agradezco a Dios que haya puesto en el camino al doctor Carlos Varela y José D’Antona, quienes tienen mi mismo pensamiento y accionar. Son grandes defensores de los Derechos Humanos muy honestos, porque todo los escritos y todo lo que me preguntan es con la justicia en la mano. Acá hay una persona desaparecida. Nosotros no mentimos ni armamos estrategias sucias, no tengo necesidad de inventar nada ni comprar testigos para que diga algo en el juicio, lo que está en el expediente es lo que pasó.
–¿Qué les diría a todas las mujeres que hoy están atravesando situaciones de abusos en sus diversas formas?
–Que no tienen que callarse nunca, toda persona y máximo una mujer, tiene que ser respetada valorada y no tiene por qué estar soportando golpes, acosos, o torturas verbales y tienen que hacer valer sus derechos. El miedo paraliza y no te permite hacer nada. Quedás paralizado y no sos libre. Es lindo ser libre. Yo soy una mujer libre, me siento plena diciendo todo lo que veo mal, sea a quien sea. Me siento una mujer plena con libertad. No hay que callarse más.
Micaela, casi una asistente de Susana
Sol Micaela Catalán Verón hoy tiene 13 años y tenía tan sólo tres, cuando vio por última vez a su mamá María de los Ángeles Verón. Desde que su mamá fue secuestrada quedó a cargo de su abuela Susana, por decisión de su papá David Catalán, quien según dijo Trimarco “él quería que la críe como había criado a Marita y yo estuve de acuerdo”, recordó durante el juicio Trimarco. Micaela tiene custodia policial permanente en la puerta de su casa y hasta hace poco un policía la acompañaba hasta el colegio donde estudia. Por decisión de su abuela, Micaela siempre supo lo que ocurrió con su mamá. De hecho, Mica por lo general está presente cuando su abuela hace declaraciones sobre la búsqueda de Marita. La nena se convirtió casi en la asistenta personal de Susana Trimarco, atiende los dos celulares y coordina algunas entrevistas. “También le enseñé a manejar las cuentas de Facebook y Twitter. Aunque todavía no le agarro la mano”, se confiesa Micaela con una sonrisa ante el cronista.
Fuente:TiempoArgentino


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