03/05/2012 Lizarralde aportó datos sobre la detención ilegal de
su cuñado Jorge Felguer Ex integrante de la
Policía Federal confirmó que personal de Inteligencia realizaba operativos
durante la noche
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| Seis testigos comparecieron ante el
Tribunal Oral de Paraná, en el juicio que se sigue por delitos de lesa
humanidad. |
La privación
ilegal de la libertad de estudiantes secundarios y de militantes de la Juventud
Peronista (JP), fueron el centro de las preguntas realizadas a ex integrantes de
la Policía Federal de Concepción del Uruguay.
Miguel Ángel Contard y Ernesto
Dellagiustina confirmaron la detención ocurrida en julio de 1976, aunque negaron
torturas e irregularidades.
De hecho, ante la reticencia de Contard la querella
solicitó que se sigan las actuaciones por el posible delito de falso testimonio.
Quien sí aportó datos fue Héctor Pietrafesa, que además de guardia ofició de
chofer durante los operativos -mayormente- llevados a cabo por personal de
Inteligencia, en horas de la noche. Apuntó en ese sentido a Julio César
Rodríguez y Darío Mazzaferri, entre otros integrantes de la Oficina Técnica.
A
su vez, indicó que en ocasiones había traslados desde el Ejército y remarcó que
había contacto entre ambas fuerzas de seguridad. Mario Miret y Ernesto Conrado
Parlatto fueron igual de lacónicos en sus respuestas. Por su parte, José Javier
Lizarralde refirió al secuestro y detención de su cuñado Jorge Felguer.
Por Betiana Spadillero Gaioli Al inicio de la audiencia de este jueves, el Tribunal Oral
Federal de Paraná no dio lugar al pedido de agregar el incidente de búsqueda de
Darío Mazzaferri, quien se encuentra prófugo desde 2007. Aceptó además la
incorporación de la información recabada durante el allanamiento realizado en el
domicilio particular de Albano Harguindeguy.
Las testimoniales por la
causa que tiene como imputados a Harguindeguy, Francisco Crescenso, Julio César
Rodríguez y Juan Miguel Valentino; se extenderán hasta mediados de mayo.
Detención ilegal de Felguer En su testimonio, José Javier
Lizarralde refirió a la privación ilegítima de la libertad de su cuñado Jorge
Felguer. Luego de varios allanamientos en el domicilio del ex detenido político,
realizados por personal de la Policía Federal y el Ejército, lo retuvieron en el
regimiento de Villaguay donde estaba haciendo la conscripción.
“Allí lo
detienen y lo trasladan a Concepción del Uruguay, donde estuvo 6-7 días. Ahí le
realizaron torturas y luego lo llevaron a Gualeguaychú”, manifestó. Además,
comentó que según el relato de Felguer en ese último traslado estuvo con
Angerosa, también detenido político.
La familia tomó conocimiento de la
detención a través de un soldado. Entonces, Lizarralde y su esposa viajaron a
Gualeguaychú para hablar con Valentino. “Fue una reunión corta en la que nos
dijo que estaba incomunicado. La mayor parte de la entrevista fue una charla que
nos dio acerca de la juventud, que eran extremistas, que teníamos que tener
cuidado con ellos. Un poco nos retó por ser sus familiares”,
relató.
Además, remarcó que no le explicó las razones de la detención, y
que tras el encuentro el único logro fue poder enviarle comida, entre la cual
los padres de Felguer le escondían notas.
Consultado por el abogado
querellante Marcelo Baridón respecto de las secuelas que dejaron las torturas,
subrayó que su cuñado “padece consecuencias psicológicas muy fuertes, que
perduran al día de hoy”. Señaló que cuando terminó la conscripción fue a vivir a
su casa. “A los pocos días me pidió que lo lleve a un lugar donde no haya nadie,
porque se perseguía, no podía estar en la sociedad, no trabajaba. Lo llevé a un
campo. Cuando volvió tampoco salía a la calle ni hablaba”, contó.
“La
tortura que sufrió nos la contó después de varios años y nunca, hasta el día de
hoy, nos contó detalles”.
Pidieron que se acuse de falso testimonio a
otro ex policía Miguel Ángel Contard ingresó a la Policía Federal en
1976 y realizaba diferentes tareas de limpieza en la delegación de Concepción
del Uruguay, cuando se produjeron los secuestros que se investigan en la causa.
El testigo admitió que en julio del ’76 había un grupo de cinco o seis jóvenes
que estaban “demorados” en el Casino de Oficiales, quienes supuestamente
“estaban bien”.
Entre los detenidos reconoció que estaba Carlos Martínez
Paiva, pero no recordó otros nombres ni pudo describirlos. Igualmente, negó
haber notado irregularidades, así como la presencia de detenidos en los
calabozos. La falta de memoria afectó además los datos sobre sus superiores y
las actividades que se llevaban a cabo en la delegación.
Ante la
pregunta del Ministerio Público Fiscal, indicó que Julio César Rodríguez y Darío
Mazzaferri trabajaban en la Oficina Técnica, que se encontraba en la parte alta.
“No teníamos acceso, así que nunca supe lo que pasaba ahí”, aseguró, aunque
trabajó en la misma durante unos días “buscando los diarios y cebando mates”.
Paradójicamente, culminó su carrera en esa misma oficina a fines de los
‘90.
La presidenta del Tribunal, Lilia Carnero, le marcó al testigo que
en su declaración fue “reticente”, debido a los olvidos e imprecisiones en los
datos que brindó, a pesar de trabajar para la fuerza 23 años. Frente a esto, la
querella pidió que se remita la declaración -en copia papel y video- para que se
evalúe la posibilidad del delito de falso testimonio.
Dellagiustina
negó torturas en la delegación policial El tercer testigo de la
jornada también prestó servicio en la delegación de La Histórica. “Hacía
guardias internas. Tenía la responsabilidad de la atención al público, la
seguridad del edificio y la atención, si había, de los detenidos”, explicó.
En ese contexto, reconoció la detención de un grupo de jóvenes y algunos
mayores en el Casino de Oficiales, donde dormían. “Los familiares les habían
llevado colchones y frazadas”, dijo, en contradicción con las declaraciones de
deponentes anteriores.
Las afirmaciones de Ernesto Dellagiustina
tuvieron la inmediata reacción del fiscal José Ignacio Candiotti, quien
repreguntó sobre las condiciones de los detenidos, si el testigo los acompañó en
algún momento al baño y en qué situaciones ocurrió eso; además de pedirle que se
detenga en la descripción de las instalaciones.
En relación a la Oficina
Técnica, confirmó que Rodríguez y Mazzaferri trabajan en la misma. Y coincidió
con otros ex policías en que el acceso era restringido. “No sé lo que hacían”,
afirmó, aunque formó parte de la fuerza más de 28 años, 22 de los cuales estuvo
en Concepción del Uruguay.
Sobre los interrogatorios mencionó una
oportunidad en la que llamaron a uno de los jóvenes a la oficina del jefe, quien
fue trasladado por uno de los guardias. No obstante, Dellagiustina nunca habló
de maltratos ni torturas, a pesar de que fue nombrado por los testigos,
especialmente, Martínez Paiva.
“El estado era normal, como habían
ingresado, estaban bien. No pedían un médico, nada”. De esta forma el ex policía
volvió a describir las condiciones de los detenidos, y ratificó que algunos
dormían en colchones y otros lo hacían sentados mirando contra la pared. A su
vez, señaló que su comportamiento “era normal” y que los vigilaba desde afuera
con la “puerta abierta”.
Más adelante, negó que haya estado a cargo de
las guardias y descartó de plano haber participado en detenciones. No obstante,
pudo dar cuenta de algunos movimientos de los vehículos de la fuerza. De la
misma manera, sostuvo que no había detenidos en los calabozos.
Sobre las
personas con las que trabajaba corroboró que estaban Churruarín, Pietrafesa,
Miret, Iriarte y un hombre con una mancha en la cara de apellido Rodríguez, que
continúa viviendo en Concepción del Uruguay. En la sala de audiencias pudo
identificar a Rodríguez y Crescenzo.
Declaró un chofer que participó
de los operativos Tras un cuarto intermedio, Héctor Pietrafesa prestó
declaración. Al igual que Contard y Dellagiustina admitió la detención de un
grupo de jóvenes en el Casino de Oficiales, entre los que recordó a Peluffo y
Martínez Paiva -quien “estaba en los calabozos”. Sin embargo, aseguró no estar
al tanto del tratamiento que recibieron.
“Hubo gente demorada para hacer
interrogatorios, pero no sé cómo se manejaban, porque mi jerarquía como agente
no me lo permitía”, asentó. Asimismo, confió que había detenidos de otras
ciudades como Gualeguaychú.
Respecto a la Oficina Técnica, insistió en
que el acceso era limitado y que allí se guardaban las memorias, expedientes
reservados y los de las detenciones. A su vez, apuntó que cuando ingresaban los
detenidos eran anotados en un libro a cargo del oficial de guardia.
Según
indicó, los interrogatorios eran realizados por los superiores y en ocasiones
por personal de Inteligencia; entre ellos Rodríguez, Mazzaferri, otro oficial de
apellido Rodríguez que lo apodaban Parche por una mancha que tenía en el
rostro y el Cordobés.
Expuso que las detenciones solían estar a
cargo de la Oficina Técnica y que supo oficiar de chofer en los operativos, que
mayormente se hacían a partir de la 22. Al respecto, acotó que escuchó rumores
sobre la existencia de un campo, donde llevaban a detenidos, pero no supo su
ubicación.
Agregó que en ocasiones había traslados desde el Ejército
-tal como manifestaron ex detenidos políticos que integraban el Sindicato de Luz
y Fuerza. De hecho, remarcó que había contacto y se mantenían reuniones entre
los jerarcas de ambas fuerzas.
Frente a la pregunta de la abogada
querellante Isabel Caccioppoli sobre las funciones de Crescenso, Pietrafesa
señaló que se dedicaba a hacer manualidades. “Con la guardia no tenía mucho
contacto”, aseveró.
Al finalizar el testimonio de Pietrafesa, Rodríguez
quiso hacer unas aclaraciones sobre el funcionamiento de la Oficina Técnica y su
relación con Inteligencia del Ejército.
Otras
testimoniales Mario Miret realizaba guardias en la delegación de 7 a
19. “Recuerdo a un grupo de chicos, que no los conocía entonces. Y a un señor
(Mario) Maffei. Estuvieron en el Casino de Oficiales, dormían en sillas supongo,
que era lo único que había”, apuntó en su declaración, al tiempo que aseveró que
no notó irregularidades.
En tanto, explicó que en la planta alta estaba
la Oficina Técnica y una habitación con camas, a disposición de los guardias.
Sobre los calabozos, dijo que hubo un detenido, que no conocía.
Finalmente, Ernesto Conrado Parlatto siguió la línea de sus antecesores
con la escasez de datos brindados y las escuetas descripciones de las
actividades de la delegación uruguayense. FuentedeOrigen:AnalisisDigital Fuente:Agndh |
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