9 de mayo de 2012

Segunda jornada del juicio por la Masacre de Trelew, “a buen ritmo”.

martes, 8 de mayo de 2012
"Acá se conocieron mis padres" 
María Raquel Camps caminó la Unidad Penal Nº 6 y sintió el mismo frío que su madre Rosa Pargas describió en sus poemas escritos en esas celdas. Revivió el dolor de su padre, Alberto Camps, sobreviviente de la masacre de Trelew pero muerto luego en la dictadura.

Ayer, antes de desarrollarse el acto de homenaje en el gimnasio de la cárcel, María Raquel ingresó a las celdas, miró la foto de su padre, recorrió los pasillos y continuó buscando fragmentos de su propia historia.

"Es importantísimo esto que está ocurriendo después de 40 años. Pero no me causa ninguna felicidad, no voy a festejar, la masacre significó mucho dolor para nosotros porque después vinieron muchas cosas, mi papá fue asesinado el 16 de agosto del 77 y mi mamá secuestrada y desaparecida, creo que nos marcó muchísimo esto. Después de 40 años estamos acá, buscando que nos vean las caras", sostuvo.

Dijo que ver la cara de los acusados del intento de asesinato de su padre y de la muerte de 16 de sus compañeros le da "mucha impotencia, porque están inmutables, los veo viejos y mis viejos eran muy jóvenes cuando se fueron, pero el odio solamente arruina al que odia".

María Raquel nació en la clandestinidad. "La masacre de Trelew es una frase que me siguió durante mucho tiempo, porque aparte Trelew significa bastante por otra cosa, mis papás se conocieron en el penal de Rawson y de ahí nunca más se separaron y acá yo empecé a reconstruir mi historia".

Recordó que su padre "dejó mucho testimonio escrito y dicho. Eso es un tesoro para los hijos. Tener su palabra, su pensamiento".

Y concluyó: "A mí me tocó vivir otra historia. Yo trato a veces de renombrarme en esto y decir: bueno yo también soy una víctima del terrorismo de Estado. Yo también soy una sobreviviente de esto y soy una huérfana producida por el genocidio también". Pero "estos juicios implican un nunca más, no tengo dudas".


martes, 8 de mayo de 2012
Con los acusados libres 
El tribunal desestimó la detención de los cuatro imputados por el fusilamiento de diecinueve presos políticos. Hoy tendrán oportunidad de hablar.
Por Ailín Bullentini 
El silencio que reinó en la audiencia inaugural del juicio por la Masacre de Trelew mutó en ovación cuando la Fiscalía pidió la detención inmediata en cárcel común de cuatro de los cinco imputados.

La desestimación del pedido de parte del Tribunal Oral Federal de Comodoro Rivadavia no cayó bien entre los familiares de las 16 víctimas fatales y los tres sobrevivientes del fusilamiento que las fuerzas de seguridad y militares cometieron en la base aeronaval Almirante Zar, en Trelew, el 22 de agosto de 1972. Sin embargo, “un día más o un día menos en el camino de estas bestias humanas a la cárcel no es lo más importante de la jornada. Lo fundamental es que comenzó a consolidarse un hecho de justicia”, remarcó Julio Ulla, quien espera que el asesinato de su hermano Jorge se salde con los responsables condenados. Ayer, además, se leyó la elevación a juicio de la causa, que señala a Luis Sosa, Emilio Del Real, Rubén Paccagnini y Carlos Morandino como responsables de los 16 homicidios y de tres tentativas, y a Jorge Bautista, acusado de encubrimiento. Para hoy se espera el inicio del debate con la invitación a los imputados a declarar.
El tribunal integrado por Enrique Guanziroli, Pedro De Diego y Nora Cabrera de Monella rechazó el pedido que presentó la Fiscalía, y al que adhirieron las querellas de los familiares de las víctimas y de la Secretaría de Derechos Humanos de la Nación porque “no acompañó elementos nuevos de convicción para variar el criterio” en relación a la situación de los acusados, explicó tras finalizar la audiencia Guanziroli. Es decir que la Fiscalía no aportó elementos que permitieran pensar que hay peligro de fuga.

El pedido de cárcel común e inmediata para los marinos Paccagnini, Sosa y Del Real y para el cabo Morandino apuntaba a “evitar que sucedan hechos que entorpezcan la investigación o los imputados se fuguen”. Para sostenerlo, la Fiscalía había citado antecedentes de otros tribunales que hicieron lugar a pedidos similares. La excepción realizada al marino Batista tiene que ver con la gravedad del delito que se le imputa, de encubrimiento. Existen aún dos militares más relacionados con los asesinatos que no ocupan bancos de acusados: Guillermo Bravo es uno de los fusiladores que sigue en libertad en Estados Unidos, donde la Justicia desestimó la extradición pedida por Argentina; Horacio Mayorga fue salvado por un cuadro de ACV. La primera audiencia del juicio que intenta resolver los fusilamientos de Rubén Bonet, Jorge Ulla, Humberto Suárez, José Mena, Humberto Toschi, Miguel Polti, Mario Delfino, Alberto Del Rey, Eduardo Campello, Clarisa Lea Place, Ana María Villarreal de Santucho, Carlos Astudillo, Alfredo Kohon, María Angélica Sabelli, Mariano Pujadas y Susana Lesgart cometidos en Trelew hace casi 40 años se llevó a cabo a sala llena y con una multitud copando la puerta del teatro José Hernández, de Rawson. Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora, Hijos y Familiares de detenidos y desaparecidos por razones políticas viajaron hacia esa ciudad patagónica para estar presentes. “Un silencio sepulcral reinó en la sala durante la audiencia, mientras se leyeron las acusaciones y las probables penas. Pero la tensión estalló cuando los fiscales pidieron la detención inmediata en una cárcel común. El silencio se quebró en una ovación, aplausos cerrados y griterío”, narró Julio Ulla, un santafesino un año menor que su hermano Jorge, fusilado aquella noche de agosto del ’72 en las celdas de la base Zar.

Para Ulla, “hace muchos años que estas bestias humanas (los acusados) deberían haber caído presos. Pero un día más o menos no interesa tanto, porque lo que llega en breve es la justicia”. Su padre, contó a Página/12, denunció al entonces presidente de facto Alejandro Lanusse por el asesinato de su hijo en una solicitada que publicó un día después de ocurrida la matanza. Volvió a hacerlo no bien el país recuperó la democracia, en diciembre de 1983, cuando exigió que el Estado investigara las muertes. “Mi familia veía muy difícil todo, pero con este gobierno recuperamos la sensación de que la justicia sería posible”, mencionó.

Raquel Camps es hija de Alberto Camps, quien junto con Antonia Berger y René Haidar sobrevivió a los tiros de gracia, pero fue asesinado el 16 de agosto de 1975 (una fecha “nada casual”, dirá). Para ella, que los acusados estén en libertad “no es ninguna gracia” y “es difícil asimilarlo”. Sin embargo, confía en los próximos tres meses, durante los que más de 70 testigos expondrán sus verdades ante el tribunal de Comodoro Rivadavia. “Nuestro mayor anhelo es llegar a un nuevo 22 de agosto con esos culpables presos”, reveló.
          
martes, 8 de mayo de 2012


El "Gringo" que convenció al carcelero

Está el hecho que trasciende, que hace historia.

Y están los hechos que hacen a esa historia pero van por sus laterales. Son los que Raymond Carr definía como los "núcleos sueltos" sin los cuales no habría un núcleo central: la historia tal cual trasciende, pero que se desliga de ellos.

Desde esta perspectiva, la fuga y masacre en Trelew tienen alcance nacional. Pero sus "núcleos sueltos" tocan muy de cerca a Carmen de Patagones y Viedma. Veamos:

El "Gringo" Domingo Mena fue uno de los fundadores del PRT, génesis de su ala militar: el ERP. En 1972 Mena, descendiente de una familia del norte argentino de larga tradición católica, estaba preso en Trelew desde 1971. A metros, en otras celdas, Roberto Santucho y Enrique Gorriarán Merlo.

A lo largo de aquel 72 Mena, hombre culto, de hablar suave, con cautela se encargó de captar a un carcelero: Facio, descendiente de una numerosa familia de Viedma. Facio le pidió 10 millones de pesos para ayudar a la fuga que se planeaba. Tenía deudas. El pedido "lo hizo casi con vergüenza, y después de tratarlo cotidianamente nos daba la impresión de que sin pago también nos hubiese ayudado. No pensábamos que pudiera traicionarnos, aunque en realidad no nos quedaba más alternativa que confiar", confiesa Gorriarán Merlo en sus sabrosas memorias.

El ERP accedió al pedido de Facio: cinco millones antes de la fuga, luego el resto.

Pero Facio nunca cobraría ese resto.

Una madrugada, meses después de la fuga y masacre, sonó el timbre en la casa de Facio, en Trelew.

–Venimos de parte del "Gringo" Mena –le dijeron a través de la puerta. Facio confió.

Abrió creyendo que llegaba el resto de la plata. No pudo frotarse las manos. 

Está desaparecido.

¿Qué fue de Mena, en tanto?

Tras la fuga, paso por Chile y estadía mediante en Cuba, volvió a la Argentina semanas antes de las elecciones de 1973. Quizá ingresó junto a Santucho y Gorriarán Merlo.

Chile, cruce de Los Andes, estadía en Neuquén durante unos días. Luego, en tren, rumbo a Buenos Aires.

Pasaron los años. Años de sangre y muerte. Llegó el golpe del 76. En la tarde del 19 de julio un capitán del Ejército que venía de prestar servicios en la VI Brigada de Infantería de Neuquén, irrumpió al frente de cuatro suboficiales. La balacera tuvo ida y vuelta. Dice la historia que el capitán se trabó en lucha cuerpo a cuerpo con el jefe del ERP, Mario Santucho. Murieron los dos. El capitán se llamaba Leonetti.

Y cayó también Benito Urteaga, el segundo del ala militar de ERP, que comenzaba ser historia.

Esa noche, en otro lugar del Gran Buenos Aires, eran secuestrados Mena y su esposa, Ana Lanzillotto. Junto a otra hermana –quizá melliza– militan en el ERP.

Descendientes de otra familia con larga estela de historia en La Rioja, las dos están desaparecidas.

Mena y Ana tenían un bebé de meses. El grupo que los secuestró, lo hizo llegar a familiares. Se llamaba Ramiro.

Una hermana mayor de la mamá se hizo cargo de él. Estaba casada con un farmacéutico radical y riojano que llegó a Carmen de Patagones cuando arrancaban los 60. Gaggioti de apellido. Ahí se crió Ramiro, cursó el secundario en el veterano San José.

Ramiro tomó los hábitos. Visitó a Gorriarán Merlo cuando éste fue detenido por la democracia. Luego se fue de misionero a África.

Volvió al país hace pocos años. Armó pareja. Vive en el norte. Cruzó los 40. Con mucha historia a cuesta.
CARLOS TORRENGO carlostorrengo@hotmail.com 

martes, 8 de mayo de 2012
Segunda jornada del juicio por la Masacre de Trelew, “a buen ritmo” 
El juicio por la Masacre de Trelew perpetrada por marinos en 1972 avanza "a buen ritmo", señalaron este martes querellantes de la causa, al concluir la segunda jornada del juicio que se desarrolla en Rawson, Chubut.

"Lo que más nos interesa es la sentencia definitiva, que establezca las responsabilidades penales, y estamos avanzando a buen ritmo", dijo este martes en horas de la tarde a Télam el abogado Eduardo Hualpa, que representa a parte de los familiares de los 19 fusilados el 22 de agosto de 1972 en la base Almirante Zar de la Armada en Trelew.

En el mismo sentido, su colega Carolina Varsky, querellante por el Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS), subrayó que "lo más importante es que finalmente comenzó el juicio y llegar a una sentencia pronto, ojalá, para nosotros, condenatoria".

Este martes se completó la lectura de las declaraciones indagatorias que los imputados ya habían dado durante la instrucción y "probablemente la semana próxima estemos en condiciones de empezar con las audiencias testimoniales", detalló.

Tras cumplir pasos procesales este miércoles desde las 10 en la base Zar, el debate proseguirá en el Centro Cultural José Hernández en Rawson y la siguiente audiencia se realizará el jueves de la semana próxima, anunció el juez Enrique Guanziroli, quien integra el tribunal junto Pedro De Diego y Nora Cabrera de Monella.

Además, el magistrado exhortó este martes a la tarde a las partes a revisar el número de testigos convocados en principio, a fin de reducirlo si es posible y así acelerar el avance de la causa, criterio que compartieron las querellas. 

"Son cerca de 80 testigos. La idea es poder trabajar con las otras dos querellas" y desistir de la presentación de aquellos que no supongan un aporte significativo a la prueba, "para poder avanzar lo más rápido posible", dijo Varsky.

En cuanto a la pena que solicitarán para los autores de los delitos investigados, la abogada del CELS anticipó que, por su tipo, "corresponde prisión perpetua, en tanto son 16 homicidios y tres tentativas".

Esta es la pena pretendida respecto de los oficiales Luis Sosa, Emilio Del Real, Rubén Paccagnini y el suboficial Carlos Morandino, todos de la Armada, acusados de homidicio doblemente agravado en 16 casos y en grado de tentativa en otros tres casos.

En cambio, pedirán una punición menor para el oficial Jorge Bautista, el instructor nombrado por la cúpula naval de la época, acusado de encubrir el fusilamiento de 19 prisioneros políticos, 16 de los cuales murieron en la madrugada de aquel 22 de agosto, hace 40 años.

Sobre la decisión adoptada del Tribunal de desestimar el pedido de prisión efectiva en cárcel común, adoptada en la primera jornada del juicio, Varsky dijo que los querellantes entienden "las razones" de los camaristas. 

"Esperamos que el Tribunal garantice la presencia de los imputados en los momentos en que se los requiera y hasta la sentencia", añadió.

Hualpa opinó de modo coincidente y señaló que, "por supuesto, en caso de cualquier incumplimiento" de los imputados, "vamos a volver a plantear la prisión efectiva" para los mismos.

En otro orden, el letrado consideró "muy importante el apoyo del público (a la realización del juicio), la presencia de vecinos, militantes y organizaciones" en las audiencias.

"Es muy importante respetar los derechos y garantías de los imputados pero también la memoria, el reclamo histórico de que esto se juzgue", puntualizó. 

Sobre la estrategia de la defensa de los acusados, entre ellas afirmar que los delitos investigados son prescriptibles, Hualpa señaló que éste "es un punto grueso que se va a definir en esta sentencia".

"Nuestros argumentos son fuertes en el sentido de que estos son delitos de lesa humanidad, cometidos desde el poder del Estado, por motivos ideológicos, políticos o raciales, entre otros", sostuvo.

También Varsky enfatizó que "son crímenes de lesa humanidad, por lo tanto imprescriptibles, que el Estado debe investigar" para sancionar a sus responsables, y recordó además que la Masacre de Trelew está en "la génesis de lo que después se conoció como terrorismo de Estado" de la última dictadura.

La lectura de las indagatorias en la segunda audiencia dejó a la vista las contradicciones entre las declaraciones de los oficiales imputados, que en la instrucción convalidaron la versión oficial de la dictadura sobre un supuesto nuevo "intento de fuga", y la declaración del cabo Morandino.

Este último, que estaba de guardia en el área de la celdas cuando los fusilamientos, dijo en las indagatorias que Sosa y los otros tres oficiales le ordenaron abrir las puertas del calabozo y retirarse, antes de abrir fuego con metralletas PAM sobre los 19 prisioneros.

También afirmó que, después de las ráfagas del fusilamiento, escuchó disparos aislados con pistola calibre 45, en coincidencia con los testimonios y pericias que indican que varios heridos fueron ramatados mediante tiros de gracia en la nuca.

Morandino admitió además que sus superiores le ordenaron mentirle al instructor Bautista, para encubrir después el fusilamiento, y no hablar de lo ocurrido con terceros.

En las indagatorias leídas desde este martes por la mañana, Morandino relató también que en 1973, cuando se retiraba la dictadura de entonces (1966-73), la Armada lo envió en comisión a Estados Unidos por un año y medio, hasta 1975, cuando pasó a retiro.

Y dijo que después fue chofer del agregado naval de la embajada argentina en Estados Unidos hasta diciembre de 2004.

Difícilmente estas decisiones de la Armada puedan interpretarse como algo diferente a un "premio" a Morandino, que lo mantenía lejos del país y callado, un silencio que rompió recién al ser indagado en 2008 durante la instrucción del juicio.
Fuente:CasaPueblos
Envío:Andrea Benites-Dumont

09/05/2012 
“No me creen que nunca di la orden de abrir fuego” 
Ningún marino quiso declarar en el juicio por la Masacre de Trelew pero se leyeron sus versiones. Marandino negó la hipótesis de la fuga. 
Un sobre. Un colaborador resuelve un trámite particular de Sosa, quien sigue atento todas las audiencias. 
La historia lo señala como el símbolo absoluto y definitivo de la Masacre de Trelew. Pero el capitán de fragata Luis Emilio Sosa lo toma con pinzas. Aunque él no habló, ayer se escuchó por primera vez su relato de esa madrugada del 22 agosto del ´72. Fue la breve historia de un militar disciplinado pero que se definió conciliador y sin rencores. Sabedor de su importancia histórica aunque despreciándola como si nada supiera.

El marino retirado aseguró que todo lo que se dijo tras esa noche “me afectó muchísimo” pero que “en ningún momento reconocí la culpabilidad”. Según Sosa, como todos piensan que comandó al grupo de fusiladores “voy a pecar de inmodesto porque no me creen: lo triste es que todo marino, sin excepción, me tiene como un individuo decidido, un héroe. Y yo no quiero ser héroe; fue una cosa que no tuvo nada que ver con eso. Si me dijeran que di la orden, vaya y pase, pero yo no di ninguna orden”.

La audiencia
La reflexión se escuchó en el segundo día del histórico juicio por los 19 fusilamientos. Los 5 ex marinos acusados se negaron a prestar declaración indagatoria. Por eso se leyeron sus testimonios originales, tomados durante la etapa de instrucción de la causa por el juez federal de Rawson, Hugo Sastre. El único imputado que adelantó que hablará ante el tribunal fue el ex capitán de navío Jorge Bautista. Pero lo hará sólo “cuando lo considere oportuno” (ver página 6).

Además de Sosa, el capitán de fragata Emilio Del Real; el capitán de navío Rubén Paccagnini y el cabo Carlos Marandino se pusieron de pie y le dijeron al juez Enrique Guanziroli que mantendrán silencio frente a la acusación fiscal. A excepción del cabo (ver página 4) los relatos avalan la versión oficial de la Armada Argentina, que habló de un intento de fuga de los presos políticos y negó ejecuciones. Sólo faltó el testimonio de Del Real, que no declaró.


Miraba tele 
Ante apenas 50 personas en el Cine Teatro “José Hernández” de Rawson, el acusado contó que era la 1 y miraba tele en su camarote de la Base cuando el teniente Roberto Bravo le avisó que “esta gente se está portando muy mal”, en referencia a los presos. “Interpreté que la situación estaba muy tensa pero creí que no tenían ningún resentimiento por su entrega en el Aeropuerto”, reflexionó.

Ya en el lugar, el relato de Sosa insistió con la versión de que esa madrugada recorrió los calabozos para tranquilizar los ánimos de los militantes presos, que no paraban de quejarse. Que pasó por el medio de la fila, ida y vuelta, rozándoles los hombros en el pasillo estrecho y cara a cara para “darles una perorata” que los calme. Pero en esa inspección Mariano Pujadas –uno de los muertos- lo golpeó de espaldas y le sacó el arma reglamentaria. “Sentí que me levantaban de atrás con un movimiento imprevisto y caí boca arriba. Él era cinturón negro y quedé totalmente conmocionado”, alegó.

Marandino, Del Real y Bravo –que formó en fila a los presos antes de llamar a Sosa- abrieron fuego para contener el posible desbande y fuga. El acusado apenas precisó que “vi cuatro bocas de disparos muy intensos en apenas tres metros pero no di ninguna orden ni de abrir ni de cerrar el fuego”. Recordó que alguien gritó que Sosa estaba herido. Pero no sintió el típico ardor de una herida de bala. “Luego me informaron que me habían intentado sacar el arma”, aseguró, ante el silencio del recinto.

Enfriar ánimos 
Sosa se definió como “un militar precavido” que esa noche sólo intentó “enfriar los ánimos”. Explicó que no caminó entre los presos para provocarlos. “Quería estar cerca para convencerlos de que no hicieran nada y cuando llegué ya estaban alineados en el pasillo”. Según le dijo a Sastre, no reflexionó antes de hacer ese paseo arriesgado en un pasillo de apenas un metro de ancho porque “no me pareció imprudente”. Pero sí admitió que el personal de la Armada no está educado para cuidar presos.

Sin ideologías 
El capitán tenía 37 años y llevaba 21 como marino. “Mi prioridad era templar los ánimos y solucionar el problema de los presos”, insistió. “Que no estuviesen en mala situación en ese turno de la guardia”.

Le preguntaron qué opinaba de Montoneros y otros grupos revolucionarios. Y rozó el cinismo al contestar que “no hago distinciones de ideologías porque eran bastante comprensivos y siempre colaboraron en todo”. Sosa no quiso especular acerca de qué habría sucedido si los detenidos se fugaban. “No lo puedo prever porque aunque las medidas de seguridad estaban bastante bien tomadas, siempre hay huecos”. No sabe cuándo dejó la Base Zar. Sí que en noviembre del ´72 ya estaba en Puerto Belgrano. “Mi estado anímico era terrible”, graficó. Pero se negó a contestar preguntas acerca de su huida del país.
Fuente:DiarioLaJornada


MASACRE DE TRELEW 
Marandino comprometió a los otros ex marinos 
09/05/2012 
Se desempeñaba como cabo y acusó a sus superiores. La lectura de las indagatorias expuso diferencias.
El ex cabo Morandino rechazó la hipótesis de sus superiores: que los fusilaron porque intentaban fugarse.  
RAWSON (Enviado especial)- Los cinco ex marinos procesados por los fusilamientos de 19 presos políticos el 22 de agosto de agosto de 1972 se negaron a declarar y sus indagatorias durante la instrucción fueron incorporadas por lectura al juicio oral y público que se inició el lunes en esta capital.

Las sucesivas declaraciones del ex cabo de la Marina, Carlos Marandino, leídas ayer en la audiencia, comprometen a todos los imputados, pero en particular a Luis Sosa, Roberto Bravo -prófugo en Estados Unidos, país que negó su extradición- a Emilio Del Real y a Jorge Bautista. A este último se le imputa haber encubierto el crimen, al desempeñarse como juez militar ad hoc encargado de la investigación preliminar acerca de lo acontecido. Marandino sostuvo que cuando declaró en esa instrucción interna, le sugirieron que dijera que había habido un intento de fuga. En una de sus indagatorias, el imputado dijo no recordar quién le hizo la recomendación, pero luego lo acusó a Bautista.

Marandoni declaró en 2008 que Sosa ingresó con otros tres oficiales a los calabozos donde estaban alojados los 19 presos políticos de quienes nunca escuchó gritos ni escándalos y consideraba improbable que pudieran evadirse. "Venían medios tomados de copas, me ordenaron desarmarme y que abriera con llave todas las celdas , luego que me retirara", declaró.

Sostuvo luego que "se escucharon gritos y que los detenidos cantaban el himno. Después muchos gritos de vuelta y alguien gritó: ¡se quieren escapar! Luego hubo disparos". Lo llamaron para que ingresara y -según sus dichos- le pidieron que verificara los cuerpos con su arma calibre 45. Negó que fuera el encargado de rematarlos.

Los oficiales llevaban pistolas PAM con las que habrían asesinado a los militantes. Dijo Marandino que se retiró en estado de shock.Luego fue trasladado a EE.UU. y pasado a retiro.

"Se sentían muchos quejidos de dolor, los oficiales estaban allí, nunca se fueron", en referencia a Sosa, Del Real, Bravo y Herrera -fallecido-.

Por su parte, Rubén Paccagnini que era el jefe de la Unidad de la base Naval Almirante Zar al momento de la masacre dijo que él no había estado cuando sucedieron de los hechos, ya que estaba en su casa a pocos metros de la base, junto a su familia, y se trasladó rápidamente al lugar en su jeep, todavía en pijama y con un sobretodo. Allí se encontró los cuerpos y dispuso el traslado de los heridos a enfermería. Hizo averiguaciones que le permitieron determinar que "hubo intento de copar la base".

Admitió que no era "habitual sacar a los detenidos" al pasillo, pero esa madrugada habían empezado a hacer "un escándalo de proporciones y por eso los sacaron de los calabozos".

Recorren la base Zar 
09/05/2012 
RAWSON.- El Tribunal Oral Federal de Comodoro, que preside Enrique Guanziroli definió que hoy las partes se reúnan en la base Naval Almirante Zar para recorrer los lugares en los que ocurrieron los trágicos hechos de 1972 de los que resultaron víctimas Ricardo René Haidar, Alberto Miguel Camps, María Antonia Berger, Carlos Astudillo, Alfredo Kohon, Susana Lesgard, Mariano Pujadas, María Angélica Sabelli, Humberto Toschi, Miguel Ángel Polpi, Mario Emilio Delfino, Jorge Ulla, José Mena, Carlos del Rey, Eduardo Adolfo Capello, Clarisa Rosa Lea Place, Rubén Pedro Bonet y Ana Villarreal de Santucho. Los tres primeros sobrevivieron a las graves heridas recibidas y pudieron dar su testimonio. Más tarde, dos de ellos fueron asesinados por la dictadura y el tercero secuestrado y permanece desaparecido.

De la recorrida participarán los representantes del Ministerio Público, Horacio Arranz, Dante Vega y Fernando Gelves, los querellantes Germán Kexel, Martín Ricco, -por la Secretaría de Derechos Humanos de la Nación- y Eduardo Gualpa y Carolina Varsky -por el CELS- y los defensores Sergio Oribones (de Sosa y Del Real), Marcos González (de Marandino), Fabián Gabalachis (de Rubén Paccagnini) y Gerardo Ibáñez (de Bautista). (Enviado especial)
Fuente:RioNegro.com

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