En el juicio por la megacausa de la UNSa volvió a declarar Ríos Ereñú
Emotivo relato de la esposa del dirigente rural Felipe Burgos
El creador de la Federación de Trabajadores Campesinos fue raptado desde su domicilio en Campo Quijano.
EN EL RECINTO: LOS FAMILIARES MUESTRAN LAS FOTOS DE LAS VICTIMAS.
Otra jornada de fuerte contenido emotivo se vivió ayer en la Sala de Grandes Juicios de la Ciudad Judicial, durante la reanudación del debate por la megacausa de la UNSa en la que el Tribunal Oral Federal avanzó en este proceso con el caso del secuestro y desaparición del dirigente campesino Felipe Burgos, el 6 de febrero de 1976.
También escuchó una ampliación de declaración del general Héctor Ríos Ereñú, acusado por el asesinato del médico Pedro Urueña, en diciembre de 1975.
María Inés Casso de Burgos contó con detalles lo sucedido con su esposo, quien fuera secuestrado de su domicilio en el pueblo de Campo Quijano por un grupo armado que se movilizaba en dos autos sin identificación.
La mujer estalló en llanto al recordar lo ocurrido a la 1.45 de aquel día, cuando lo vio por última vez. “Golpearon la puerta con la culata de las armas y entonces Felipe me pidió que me encerrara en el dormitorio de mis hijas, la mayor tenía tres años”, recordó. Cree que apenas Burgos abrió la puerta lo encañonaron y lo introdujeron en uno de los vehículo.
La testigo sostuvo que Burgos era un dirigente comprometido con las causa de los trabajadores rurales y que cumplió una importante labor como director de Promoción y Asistencia a la Comunidad durante la gestión de Miguel Ragone. “Lo busqué por todos lados, muchas veces sola, porque nadie me quería acompañar”, recordó con tristeza.
Dijo que a sus hijas les decía que su padre iba volver, pero cuando se convenció de que esto no iba a suceder tuvo que decirles la verdad. “Les enseñé a perdonar porque entendí que el mejor homenaje que podíamos hacerle a Felipe era vivir con grandeza”, expresó la mujer.
Ambrocio López, amigo y colaborar de Burgos, se confesó “enemigo” de los acusados del crimen, entre los que citó al exjefe de la Guarnición Ejército Salta, Carlos Alberto Mulhall. “Por culpa de ellos vivo enfermo, luego de haberme sometido a todo tipo de tortura días después de la desaparición de Felipe”, aseguró.
En tanto que Eladio Guantay, exintendente de El Carril, reconoció la labor que Burgos desarrollaba en favor de los campesinos. “Yo estaba detenido cuando supe de su desaparición y recuerdo que cuando me interrogaron en la Policía me preguntaron qué sabía de Burgos”, contó.
FuentedeOrigen:ElTribuno
Fuente:Agndh
Ríos Ereñú amplió su declaración indagatoria
Bignone ordenó incinerar “todo lo
relativo a la lucha contra la subversión”
El ex jefe del Estado Mayor del Ejército, Héctor Ríos Ereñú, sostuvo ayer que en noviembre de 1983 el último presidente de facto, Reynaldo Bignone, ordenó incinerar los documentos referidos a la represión estatal. Seis testigos declararon ayer en la continuidad del juicio oral y público que se sustancia en Salta, por 34 crímenes de lesa humanidad, tres se refirieron al secuestro y homicidio del médico Pedro Urueña (cometido en diciembre de 1975 en Tartagal) y otros tres, al secuestro y desaparición del dirigente rural Felipe Burgos (el 6 de febrero de 1976 en Campo Quijano).
“Hubo una disposición del presidente Bignone de incinerar todo lo relativo a la lucha contra la subversión”, aseguró Ríos Ereñú ante una pregunta del abogado querellante Matías Duarte. Ya en 1999 el último jefe del Ejército en la dictadura, Cristino Nicolaides, había asegurado, al declarar en una causa en la que estaba acusado por robo de bebés, que él había ordenado incinerar esta documentación. Se entiende que la decisión fue compartida con Bignone.
Ríos Ereñú es juzgado por el Tribunal Oral en lo Federal Criminal de Salta por el homicidio de Urueña, y ayer pidió ampliar su declaración indagatoria con el propósito de responder al testimonio del abogado David Leiva. Hay una discusión entre el acusado y el abogado.
Ríos Ereñú está acusado de ser autor mediato de homicidio agravado porque cuando se cometió el hecho era jefe del Regimiento de Monte 28. La acusación sostiene que en la división del país que hicieron las fuerzas armadas a los fines represivos existieron Zonas, Subzonas, Áreas y Subáreas, y que una Subárea, la 322-1, funcionó en Tartagal, bajo el mando del Regimiento 28. Ríos Ereñú, que se declara inocente, asegura que esta subárea no existió.
El ex jefe cuenta una versión casi idílica de Tartagal durante su gestión en el Regimiento: sostiene que la ciudad era “tranquila”, que no se cometieron violaciones a los derechos humanos, que la división en Zonas y Áreas se puso en práctica recién después del golpe, que no existió una comunidad informativa entre las fuerzas represivas y que no tenía “ninguna relación” con las otras fuerzas, incluida la Gendarmería.
Sin embargo, solo el 24 de marzo de 1976, hubo 57 detenciones en Tartagal, además de la muerte de Urueña y las de Jorge Santillán y Menena Montilla Santillán, cuyo cadáver fue encontrado el 14 de marzo de 1976.
Otro imputado por crímenes de lesa humanidad, el ex segundo jefe del Ejército en Salta, Joaquín Cornejo Alemán, tampoco parece haber sido muy propicio para Ríos Ereñú: dijo que existió una comunidad informativa y que la subdivisión en Zonas y Áreas estaba ya en 1975.
Miguel Raúl Gentil, que también es juzgado en este debate, pero por otros crímenes, fue convocado como testigo, pero fue extremadamente cauto.
La farsa de la búsqueda
para seguir aterrando
“Yo sabía que era una farsa, que simulaban estar buscándolo cuando ya sabían lo que habían hecho”.
Esa, contó María Inés Cazzo, era la convicción que tenía cuando después del secuestro de su esposo, Felipe Burgos, la Policía iba a su casa con la excusa de buscarlo y entraban y la revisaban todo, con el verdadero propósito de seguir metiéndole miedo, a ella, que había quedado sola con dos hijas pequeñas.
Cazzo contó que el 6 de febrero de 1976 fueron despertados por los golpes. “¡Abran la puerta! ¡La Policía!”, urgían las voces al ritmo de los golpes. Felipe miró por la ventana: “Son dos autos con gente de civil armada.
Pase lo que pase, no abrás la puerta”, la reconvino; le pidió que se vistiera y fuera al cuarto de las chiquitas. Desde ahí escuchó el sonido del carillón al abrirse la puerta: “No entraron, quedó el carillón sonando. Lo habrán encañonado (y Felipe salió)”, especuló la testigo. Entonces se asomó, pero solo pudo ver los dos Ford Falcón llevándose a su marido y “nunca más” lo volvió a ver. Volvió a la casa, vio en el reloj regalo de su abuela “y eran las dos menos cuarto de la mañana”.
No olvidó ese momento: “Durante muchos años yo me despertaba siempre a esa hora”, recordó llorando.
Al día siguiente comenzó a buscarlo, con mucha dificultad, porque el temor alejaba a los posibles aliados.
En los cafés de la plaza 9 de Julio escuchó el comentario de que el cuerpo de Felipe había sido encontrado en El Gallinato. Entonces, con la ayuda “del señor Alvarez Leguizamón, que se ofreció a acompañarme” fue al diario El Tribuno a preguntar, le confirmaron que se trataba de su esposo y fueron a la morgue del Hospital San Bernardo, para tratar de reconocerlo, pero no se lo permitieron, les dijeron que el cuerpo estaba en estado de putrefacción. Con esa no respuesta se quedó.
“Por muchos años viví creyendo que estaba detenido, crié a mis hijas diciéndoles que su padre iba a volver. Pero después les dije la verdad porque así iban a crecer con un corazón sano. Les enseñé a no odiar, y a perdonar. Pero si estoy acá es solo por justicia, nada más.
Es todo lo que tengo para decir”.
Cazzo confirmó que su esposo era un dirigente sindical rural reconocido; fundador de la Federación Única de Trabajadores de Sindicatos Campesinos y Afines (FUSTCA), que tenía delegados en toda la provincia.
Recordó que juntos trabajaron en un proyecto integral de promoción de los derechos del campesinado, que Burgos fue funcionario del gobierno de Miguel Ragone y que impulsó proyectos de ley de expropiación de tierras y de entrega de tierras a campesinos, siempre bajo el lema “Ni hombres sin tierra, ni tierra sin hombres”.
Por Elena Corvalan, Directora de Radio Nacional en Salta
Envío:Agndh

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