16.07.2012
entrevista exclusiva al epidemiólogo italiano gianni tognoni
"Los DD HH son la fuerza argentina de este tiempo"
Es doctor en Filosofía y en Medicina, y uno de los expertos en políticas sanitarias más reconocidos del mundo.
Por:
Daniel Enzetti
Ya en la década del ’70, la industria farmacéutica lo empezó a ver con malos ojos. A los laboratorios nunca les habían gustado las conferencias de Tognoni, cuando el sanitarista se ponía a hablar de la salud como un derecho, del deber que tenían los Estados de garantizar una atención mínima gratuita, y de cómo los fármacos respetaban más las reglas del mercado que su objetivo de paliar enfermedad y dolor. Pero el colmo llegó cuando para la Organización Mundial de la Salud (OMS), el italiano fue clave en la redacción de un listado integrado por 200 medicamentos esenciales, en su mayoría drogas genéricas, convertidas en una virtual declaración universal de acceso a una salud digna.
Tognoni es titular del Instituto Mario Negri en Milán, y trabajó durante muchos años en técnicas de Atención Primaria. Impulsó proyectos cooperativos en países de África, Oriente Medio y América Latina, y desde 1979 es secretario general del Tribunal Permanente de los Pueblos. La entidad, al igual que el Tribunal Russell I para el análisis de las violaciones a los Derechos Humanos en Vietnam, y el Russell II, que investigó y denunció lo ocurrido durante las dictaduras latinoamericanas, monitorea hoy violaciones a distintos derechos en todo el mundo, como por ejemplo cuestiones de género, de genocidio por hambre y de falta de vivienda.
El 5 de julio, respondiendo a una solicitud de la Cátedra Libre de Salud y Derechos Humanos de la Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires, dirigida por Adolfo Pérez Esquivel como profesor titular y por el Dr. Claudio Capuano como coordinador, la UBA otorgó a Tognoni el Honoris Causa. Y antes habló con Tiempo Argentino en un salón de la Secretaría de Derechos Humanos de la Nación, organizadora de su visita de pocas horas al país. "A la Argentina la veo muy bien –dijo–, con una evolución bastante marcada en el terreno de los Derechos Humanos, que en los últimos años se convirtió en tema central. Es importante, sobre todo teniendo en cuenta la historia reciente. En el terreno de la salud pasa por las mismas necesidades del resto de América Latina, pero ante una oportunidad enorme de revertir desigualdades históricas. No quiero que se interprete como una intromisión, pero yo promovería más el área de la investigación, que es la manera correcta de apuntar a lo preventivo. Aunque, si sirve de consuelo, no creas que Europa es un modelo. En Italia estamos mucho peor (sonríe)."
Para Tognoni, discutir sobre salud en el contexto de los Derechos Humanos "es una de las cosas más originales de Argentina en el contexto internacional, y eso se ve por un cambio de época. En los últimos diez años, el tema de la salud se ha puesto más en evidencia en América Latina, con ejemplos en Bolivia, Ecuador, Brasil y ustedes. Sociedades que ponen atención en sus derechos constitucionales básicos, y en donde lo sanitario ocupa un lugar importante. Pero falta, porque si comparamos proporcionalmente con otros terrenos, donde los Estados del continente están tomando posturas de autonomía y defensa de sus patrimonios, la salud no es todavía el sector donde se hacen más inversiones."
–¿Cuánto hay de temor a las corporaciones medicinales para que pase eso?
–La industria de la salud siempre seguirá queriendo mantener su rol tradicional, que pasa por garantizarse facturación y una ocupación importante en el mercado. Y entiendo que ustedes han tenido ejemplos concretos del poderío de esa industria, a propósito del golpe de Estado contra Arturo Illia. Pero en la actualidad las cosas cambiaron, y el escenario es otro. Las transnacionales farmacéuticas, en definitiva, son una industria más, como lo es la energética, o la de la soja. Y la Argentina provocó cambios importantes en el sector del campo para proteger su capital como país, y también lo hizo recientemente con su petróleo. Entonces, ¿por qué no hacerlo con los medicamentos? Puede sonar simplista, pero toda buena política sanitaria se resume en desarrollar y consumir todo lo que sirve a la población, y descartar el resto. El programa Remediar es bueno, pero insisto, yo agregaría más inversiones en tareas de investigación, que no son tan caras como se cree.
–¿Estos países siguen consumiendo medicamentos descartados en Europa o Estados Unidos, como en otras épocas?
–También eso ha cambiado para mejor, Argentina es un mercado maduro. Existen problemas de tráfico de medicamentos, y falsificación de drogas, como en muchos otros países. Pero hoy, ese no es el inconveniente mayor. El déficit de América Latina pasa por un problema de accesibilidad de la población a los servicios de salud, y no hablo sólo del medicamentos, sino además del estudio y el diagnóstico precoz. Sin embargo, la situación es mucho mejor que en la década pasada, y en esto tiene que ver el momento político de países como Argentina, Brasil o Uruguay. La salud no es una isla, y está claro que las mejoras vinieron de la mano de gobiernos progresistas que, como resultado de la defensa de sus derechos y sus patrimonios, equilibraron la balanza para el lado de la inclusión. En los años noventa, la concepción reinante era que la salud debía transformarse en un apéndice del mercado privado, según una línea bajada por la Organización Mundial del Comercio. Ellos mismos decían que "los bienes de servicio deben ser bienes de mercado", porque "para acabar con la corrupción, la única manera es establecer libremente los precios de esos bienes". Esa organización, incluso, llegó a proponer en 2002 poner en práctica aquel concepto no sólo en Europa, sino también en el resto del mundo. Y fue más allá: pretendió imponer que ningún país pudiera abastecerse de medicamentos fuera de las rutas tradicionales, ni siquiera en casos de emergencia. Eso era inaceptable, y demuestra hasta qué punto la industria era poderosa en ese tiempo. Como contrapartida, existieron iniciativas novedosas, como en Brasil, India y Tailandia, que comenzaron a producir autónomamente medicamentos para el sida. En realidad, tampoco es lo más grave que en Sudamérica no haya una producción nacional de medicamentos fuerte. Como decíamos antes, una política soberana de uso racional de medicamentos según las necesidades reales, con precios justos y acceso garantizado, suple esa supuesta falla.
–¿Qué lugar ocupa Cuba en este terreno?
–Cuba es un caso totalmente aparte del resto, debido al bloqueo. Produce medicamentos realmente interesantes, pero es uno de los pocos países que no está incluido en el comercio internacional. Sus medicinas son buenas, baratas y alcanzan tranquilamente para cubrir el territorio. Y en el caso de las drogas oncológicas, las obtiene mediante acuerdos con mercados no tradicionales, como China. Incluso su capacidad de elaboración de ciertas drogas hace que la política de medicamentos sea agresiva, y los frutos de la exportación sean utilizados para comprar otros productos. Es conocida, por ejemplo, su capacidad de generación de vacunas y medicamentos biológicos, y el trabajo en el área de anticuerpos. A pesar de ese bloqueo, y de que eso le produjo muchos problemas para relacionarse, no hay duda de que es un país preocupado históricamente por garantizarle a la población sus derechos básicos, y dedicar tiempo a la formación, entrenando a médicos de otros países y organizando misiones al exterior.
–El Tribunal comenzó a trabajar en 1979, cuando aquí la represión militar pasaba por su etapa más dura. ¿Qué recuerda de eso?
–La creación del Tribunal respondió a que, a finales de los años setenta, ya se veía un cambio en los mecanismos tradicionales de represión, y eso debía ser percibido por la gente. Continuaba la dependencia económica y la opresión, pero de una manera más blanda, por llamarla de alguna forma. Y que igual se traducía en una violación del derecho de los pueblos a la autodeterminación. El Tribunal nace, además, contemplando el derecho internacional, respetando la autonomía formal de los Estados, pero con la intención de expedirse cuando se percibían anomalías. Hemos recibido más de 40 casos que fueron investigados. Como la situación de Ferdinand Marcos en Filipinas, que abrió un proceso de resistencia campesina en respuesta a las distintas violaciones a los Derechos Humanos registradas allí. Elaboramos textos después utilizados como alfabetización popular al interior del país, y como herramienta por parte de los grupos de oposición, que no tenían el poder de la palabra para enfrentar ese panorama terrible.
–¿Por qué se eligió el caso de México como escenario especial de trabajo?
–Porque era un país que necesitaba un estudio en particular, ya desde la época en que grupos académicos y ONG comenzaron a advertir muchas cosas sobre las políticas desarrolladas por el Partido Acción Nacional (PAN), de favorecer la ilegalidad en muchos aspectos. México es un caso de expropiación de las capacidades de un país, en este caso por parte de Estados Unidos y Canadá. Pero por otro lado, a eso se agregan las consecuencias de alianzas entre gobierno y narcotráfico. Es indudable que en el medio de esas dos grandes fuerzas, la sociedad civil queda prisionera y sin capacidad de reacción. Tanto Vicente Fox como Felipe Calderón han favorecido mucho esa política de opresión, y los resultados son el aumento indiscriminado de la violencia y de la impunidad. Volviendo a 1979, el caso de Argentina fue uno de los que el Tribunal consideró desde sus comienzos, e incluso, ese fue el primer ámbito internacional donde se publicaron listados parciales de ciudadanos desaparecidos. Recordemos que el contexto era muy distinto al actual, y la comunidad del mundo, en términos generales, no creía lo que estaba pasando acá. Ni siquiera las veces que denunciábamos los casos en forma pública, como aquella vez en que participaron personalidades como Julio Cortázar o Eduardo Galeano.
–Era la época en que Jorge Videla atacó la supuesta "Campaña Antiargentina".
–Claro, y habló de calumnias, y de la buena imagen que el país ofrecía durante el Mundial de fútbol. Mientras Videla y las Juntas Militares seguían con ese discurso, por el Tribunal desfilaban exiliados argentinos, y se organizaban actividades en Ginebra que intentaban desenmascarar esas mentiras. La dictadura argentina había sido la última en desarrollar métodos formales de disciplinamiento, llevando a la práctica lo que los dictadores brasileños habían anunciado en 1969. La traducción de aquella experiencia de Brasil significó aquí un sistema rígido y violento, con anuencia de la Iglesia y de sectores civiles importantes. Pero con una particularidad que a nosotros nos llamó la atención: era el mismo Estado el que declaraba a su propio pueblo como enemigo. Un Estado que, para colmo, logró un apoyo internacional dramático de parte de muchos gobiernos. Salvo su embajador, que no apoyó a la dictadura, Italia fue uno de los países que estuvo de acuerdo con ese proceso dictatorial. Y también sus empresas, como Fiat. Lo mismo pasó con Francia y Peugeot, a pesar de gobiernos de semi izquierda. Creían lo que decía la dictadura, y si a eso sumamos el apoyo de la Iglesia católica, la "buena" imagen hacia el exterior estaba asegurada.
–Si bien la figura del "desaparecido" tiene antecedentes en España durante la Guerra Civil, por ejemplo, en la Argentina es donde las desapariciones se convierten en un verdadero sistema de aniquilamiento. ¿Lo advirtieron en esa época?
–Para responder, hay que ubicarse en la época. Lo que sí sabíamos era la existencia de secuestros, de prisioneros, de gente a la que se llevaban. Pero el término de "desaparecido", como método utilizado por la dictadura, surgió después. Lo que sí es importante aclarar es que lo ocurrido en la Argentina sirvió para analizar después otros casos aberrantes. Recuerdo una tarea realizada por el Tribunal acerca de Guatemala, donde la desaparición de pueblos indígenas enteros había sido la consecuencia de políticas planificadas y organizadas, con asesoramiento de fuerzas militares argentinas e israelíes. En esos años, incluso Estados Unidos actuaba en distintos territorios a través de fuerzas de Argentina e Israel, metodología que por supuesto elegía para no incriminar a sus propios efectivos. El Tribunal monitoreó e investigó eso, y con el tiempo se preocupó en ver cómo esas maniobras de represión y genocidio viraban y cambiaban, hasta lo que son en la actualidad.
–¿A partir de cuándo ocurre ese cambio?
–A finales de los años ochenta y comienzo de la década del ’90, las violaciones a los Derechos Humanos en general se dieron a través de herramientas económicas, que fueron eficaces y poderosas a la vez. Cuando cae el Muro de Berlín, varias acciones del Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional apuntaron a esas estrategias. Y se da un caso particular: la Corte Penal Internacional, que debía garantizar una mayor protección a los Derechos Humanos, curiosamente se declara incompetente para analizar delitos económicos. Es decir, se creaba un estado de impunidad "legal", y se manifestaba que intervenir en los asuntos del mercado no era una competencia del Derecho. En esta parte del continente, esos cambios políticos que mencionábamos antes mejoraron el panorama. Argentina reconoció, introdujo y aplicó políticas de Derechos Humanos como parte central de su cultura, y los Derechos Humanos son su fuerza en este tiempo.
el honoris causa
El doctorado que la Universidad de Buenos Aires otorgó a Tognoni la semana pasada fue en respuesta a una solicitud presentada ante la UBA por la Cátedra Libre de Salud y Derechos Humanos de la Facultad de Medicina.
El pedido de la Cátedra, encabezada por Adolfo Pérez Esquivel y coordinada por Claudio Capuano, estuvo acompañado por su par de Cultura para la Paz, de la Facultad de Ciencias Sociales. Y recibió la adhesión de Nora Cortiñas, titular de Poder Económico y DD HH de la Facultad de Ciencias Económicas, y de Marcelo Ferreira, responsable de la Cátedra Libre de DD HH en Filosofía y Letras.
Fuente:TiempoArgentino

No hay comentarios:
Publicar un comentario