13 de septiembre de 2012

Masacre de Trelew: repararon las paredes para borrar las huellas del fusilamiento.

12/09/2012
Masacre de Trelew: repararon las paredes para borrar las huellas del fusilamiento
Un físico peritó la zona de calabozos y detectó una capa de revoque que data del ´72 en la pared del pasillo donde impactaron las ráfagas de metralleta. El arreglo sólo se hizo en esa parte del muro, a la altura de los hombros hacia abajo, lo cual coincide con la versión de los acusadores.
La Inspección de ayer en la Base Almirante Zar de Trelew. 
Prudente, la Armada Argentina borró de las paredes de la Base Almirante Zar de Trelew toda huella de las ráfagas de ametralladora que los marinos dispararon la madrugada del 22 de agosto de 1972. El dato lo deslizó el doctor en Física Rodolfo Pregliasco, que con uso de la más alta tecnología disponible peritó el sector de los calabozos en busca de los rastros del fusilamiento. También encontró el orificio de un balazo en una puerta exterior, que revelaría un disparo desde los calabozos hacia fuera y avalaría la versión oficial. Pero no es posible determinar si ocurrió en la misma fecha. 

El científico declaró en el juicio por la Masacre y explicó sus conclusiones en el lugar de los episodios, acompañado por el tribunal y la prensa. Trabaja en el Centro Atómico de Bariloche y hace más de 10 años que asesora a la justicia. Usó rayos gamma para una suerte de “radiografía” de las paredes y reconstruyó el plano de cómo debió ser el lugar trágico, la ubicación esa noche de los 19 guerrilleros y de los marinos acusados. 


Pregliasco reveló que tras varias refacciones y repintados en la unidad militar del ´72 a la época, la única pared intacta es la del fondo del pasillo de los calabozos. Testimonios dicen que allí hubo impactos porque se ubica detrás de la posición de los presos. El forense no encontró orificios de bala pero sí detectó una capa de revoque que data de los ´70. Esa reparación sólo apareció en la parte de la pared que recibió las ráfagas. Este trabajo albañil eliminó toda posible evidencia. 


“Se picó hasta el ladrillo original, se revocó y se pintó de vuelta –explicó-. Al fondo del pasillo, desde los 1,60 metros de altura hacia arriba no hay impactos en la pared, está intacta. Debajo de ese nivel fue picada hasta el ladrillo y pintada de vuelta. La huella de los disparos se borró deliberadamente pero la manera en que fue borrada nos indica la zona en la que estaban. No hay indicios del número de disparos al no haber huellas. Sabemos que hay una zona reparada y que el resto está intacto, con lo cual todos los disparos deben haber estado en esa región. La fecha de la modificación coincide e implica disparos de la altura de hombros hacia abajo”. Por otro lado, la medición reveló que el pasillo tenía 1,50 metros de ancho y 10 de largo y que los diez calabozos medían 2,80 metros de largo por 2 de ancho. 


El perito halló un disparo en la puerta de lo que era el baño, frente a los calabozos. La atravesó y dio en la bisagra de una letrina. El dato puede avalar la versión oficial según la cual desde esa posición Mariano Pujadas disparó a la guardia tras quitarle la pistola al capitán Luis Sosa. La información entusiasmó a las defensas. Pero Pregliasco advirtió que no es posible saber si ese impacto se produjo antes, durante o después de 1972. “Hay una huellas de disparo compatible con un calibre 45 pero es lo único que podemos decir y no sé qué relevancia tiene en la reconstrucción”. El fiscal federal Fernando Gélvez restó valor al dato del disparo exterior. “La pericia es una prueba más: hay evidencias que son contundentes y se basan en declaraciones testimoniales e indagatorias que nos marcan cómo fueron los hechos y no hay dudas”. 


Del disparo en la puerta del baño recordó que ante una pregunta que le hizo el tribunal, Pregliasco dijo que “los tiros pudieron ser antes o después de los hechos, así que esto no cambia nada y tampoco se condice con las versiones defensitas y exculpatorias”. 


Gélvez dijo que al Ministerio Público Fiscal le sirvió conocer la dimensión de los calabozos y del pasillo. “También que no hubo disparos hacia el lado de la pared del hall de entrada”, añadió. “El extremo cerrado donde finalizaba el pasillo de los calabozos se arregló y se pico hasta los ladrillos.


No contamos con esa evidencia pero descartamos desde un primer momento ningún caso de legítima defensa”. 


-¿Se intentó tapar evidencias? 

-Obviamente que se arregló con el tiempo y evidentemente se quiso que no quedaran los impactos para que una prueba física no marque cómo fueron los hechos. Pero hay testigos, hubo una reconstrucción del juez militar e imputados que marcaron cómo fue la posición de los tiradores y hacia cuál sector.
FuentedeOrigen:DiarioJornada
Fuente:Agnddhh 

13/09/2012
Masacre: el día que hablaron en el juicio los tres sobrevivientes de la Base Zar 
Así describieron al capitán Sosa y al teniente Bravo. Un testimonio histórico y revelador de esa semana de encierro que terminó en fusilamiento.
Sonrisas. Desde la izquierda, los defensores Sergio Oribones, Fabián Gabalachis y Marcos González. 
Por Rolando Tobarez 
Cínicos, prepotentes y cancheros. Así eran el capitán Luis Emilio Sosa y el teniente Roberto Bravo según la descripción de primera mano de María Antonia Berger, Ricardo Haidar y Alberto Camps, los sobrevivientes de la Masacre de Trelew. Sus voces llenaron el Cine Teatro “José Hernández” de Rawson los 25 minutos que duró el audio de una entrevista inédita, aceptada como prueba en el juicio. 

El material lo aportó el sonidista Jorge Kuschnir, que grabó el testimonio histórico para un film que el cinesta Fernando “Pino” Solanas nunca terminó. La calidad es excelente y el registro pareció tomado ayer, aunque data del 22 de junio de 1973, a 10 meses de la balacera. Cuentan su pasado militante y por qué se suman a la lucha armada. 

Lo más sabroso es el relato de su presidio en la Base Almirante Zar de Trelew tras su fuga frustrada. Según Camps, “el régimen era intimidatorio y buscaban nuestra reacción: quienes nos custodiaban tenían orden de hacerlo constantemente con bala en recámara y sin seguro; nos trasladaban a todos lados con las manos en la nuca y apuntados por varias armas”. La edición del relato sonó impecable. 

Y aunque hay partes conocidas, escucharlos le dio cuerpo a la tragedia leída. “Claramente vimos las palabras que dijo Sosa al día siguiente de la fuga, cuando dijo que ´La próxima no va a haber negociación y los vamos a cagar a tiros”, dice Haidar.

“La intimidación era alarmante, con disparos al aire: al compañero (Mariano) Pujadas lo hicieron barrer desnudo y apuntado el pasillo . Nos hacían acostar desnudos en el piso con 10º bajo cero”. Ya estaban a cargo de Sosa y Bravo. El marino prófugo en EE.UU era responsable de uno de los equipos de guardia. 

“Era verdugo típico, el tipo que constantemente provoca; buscaba estar en 3 de las 4 guardias diarias y constantemente nos sancionaba”. Según el relato, “nos hacía desnudar, tirarnos al piso o ponernos desnudos contra la pared sin motivo. Era el prototipo del cínico porque después venía y buscaba charla amable”.

De Bravo recordaron “frases típicas” como cuando los presos comían: “Decía ´A estos en vez de alimentarlos deberíamos matarlos´ o ´Ya van a ver que al terror de la guerrilla se lo combate con el terror antiguerrilla´; era el prototipo del cancherito, del sobrador”. Usaba una cartuchera clara con las iniciales U.S., Estados Unidos,” y llevaba un cuchillo comando, a lo muchachito. 

Su cinismo era característico; en todo momento que podía nos azuzaba”. En cuanto a Sosa, “mostró dos caras: una la de las negociaciones y otra a partir que pasamos a estar en sus manos”. Lo recordaron como “un individuo prepotente, que mostró realmente decisión de matarnos”. Se asomaba a las celdas para ver las condiciones del encierro. 

“Gozando con el espectáculo; mostraba con sus actitudes estar a distancias siderales de lo que sentía y pensaba el pueblo”. “Tenía una mentalidad enfermiza, producto de su aislamiento y de su mentalidad reaccionaria y gorila. Directamente nos puteaba y decía: ´¿Cómo van a ser combatientes del pueblo?, ustedes son asesinos y delincuentes´”. 

“Nunca nos reconocían como parte del pueblo. Sosa y Bravo siempre trataban de mostrarnos como los asesinos o los delincuentes, en ese sentido no nos respetaban”. Sin embargo, los marinos “tenían un especie de admiración porque pese a que nos gritaban y a todas las amenazas teníamos el ánimo alto: nos reíamos y estábamos contentos. No lo podían soportar ni comprender”. 

Un dato que los militares no entendían era, por ejemplo, que el fusilado Humberto Toschi haya estudiado en un liceo militar. “Bravo no podía comprender cómo habiendo estudiado para militar llegó a ser guerrillero; le preguntaba cómo miércoles había llegado a eso y se ensañaba con él”. Bravo era un “verduguito” treintañero, alto y delgado. 

“No soportaba que estuviéramos con una moral alta”. Por su parte, “Sosa nos cuestionaba como tipos irrescatables; todo lo que pasó en nuestro pueblo no les importaba ni cinco”. 

Berger reveló detalles que le parecieron “ridículos” de aquel encierro. “Una mañana nos despiertan con un clarín y dicen ´Esto es la Marina y ahora los vamos a despertar siempre así´. No sé qué buscaban porque estar en las celdas y ser despertados por un instrumento musical era absurdo”. Eran 5 mujeres y al principio los marinos no sabían si tratarlas igual que a los hombres.

“Queríamos que nos trataran igual, no queríamos que no hicieran diferencias y efectivamente, después no hicieron ningún tipo de diferencia. Nos trataban igual que a los muchachos”. La única diferencia fue no desnudarlas. “Con nosotras Bravo se quería hacer el muchachito: presumía y trataba de mirarnos fijo; no sé si buscaría impresionarnos. Nos trataron con el mismo rigor y no escatimaron ninguna vejación”. 

El relato de la madrugada del 22 de agosto de 1972 fue el conocido. Los despiertan a las 3.30 con patadas en las puertas y los hacen formar en dos filas. “De ninguna manera suponíamos ni pensábamos lo que sucedería –contó Berger-. Comienzan los disparos, me sorprenden mucho y me siento herida. Lo primero que atino es tirarme dentro de la celda para salir de la línea de fuego y ya escucho quejidos de dolor”.

Detrás suyo cae María Angélica Sabelli. “Me dice que se siente herida y ´Estos hijos de puta me pegaron´; le digo que se tire al piso”. Berger vio tirada en el pasillo a Ana María Villarreal de Santucho. “Al verla muerta es cuando realmente me doy plena cuenta de lo que está pasando porque en un primer momento no lo podía creer: directamente nos estaban fusilando”. Oyó disparos aislados cada vez más cerca de ella. 

“Me doy cuenta que están rematando, se pone un oficial en mi puerta, me apunta y me tira. Me da en la boca, siento una gran explosión en la cabeza y no pierdo el sentido. Tengo 5 tiros: 4 en el cuerpo y uno en la cabeza, el de remate”. Pasó más de 9 horas desangrándose sin atención médica. Camps fue de los últimos en formar, al fondo del pasillo.

“Suenan las ráfagas y comprendo inmediatamente que es una masacre, que es la muerte para todos”. Se tira cuerpo a tierra en la celda junto con Mario Delfino. “Escucho quejidos, estertores y disparos, me doy cuenta que están rematando y hasta una voz que dice ´Este todavía vive´ y de inmediato un tiro”. El que llega a su celda es Bravo. 

“Nos hace parar manos en la nucaa y tras preguntarnos si vamos a contestar el interrogatorio le decimos que no, dispara y al caer escucho otro tiro sobre Delfino, que muere instantáneamente porque lo toco y no se mueve ni se queja”. Oyó más remates y otra voz: “´Ustedes ya saben lo que pasó, como diciendo ´Ya saben lo que acordamos´. 

Luego tuve recuerdos personales, las escenas pasaban muy rápido. Era la satisfacción de combatiente de morir contra el enemigo”. Haidar también se zambulló en su celda con Alfredo Kohn. Escuchó ráfagas, remates y gritos de dolor. “Pensaba cómo salir de esa situación, cómo sobrevivir.

Aparece Bravo delante de la puerta, nos hace parar en medio de la celda y nos pregunta si íbamos a declarar; le decimos que sí, pero estaba con brazo caído, pistola en la mano y no nos dispara. Se va y de inmediato aparece una tercera persona que habíamos visto en otras pocas ocasiones y se mostró de la misma calaña. Este personaje ni bien aparece en el umbral de la celda apunta y me dispara en el pecho, caigo, finjo estar muerto y le tira a Alfredo más de un disparo”. 

Según los tres, se salvaron gracias al personal de la Base que llegó tras escuchar los balazos. “Haber sobrevivido de una encerrona, de una ratonera donde se mirara para donde se mirara estaba todo cubierto, y luego gozar de la libertad es algo que ciertamente no estaba en nuestras cabezas ese 22 de agosto”, dicen al final de la entrevista.

“No fue casualidad: fue producto de las limitaciones de la dictadura, que debió realizar una operación comando y clandestina aún dentro de su misma fuerza. Tienen contradicciones internas y no todos son como Bravo y Sosa, aunque muchos sí, entre los que se destaca el comandante de Aviación Naval Mayorga”. Se trata de Horacio, el militar que por razones de salud quedó fuera del juicio.
FuentedeOrigen:DiarioJornada
Fuente:Agnddhh

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