7 de septiembre de 2012

VENEZUELA.

JUEVES, 6 DE SEPTIEMBRE DE 2012 
Adonde va Venezuela 
Por Jorge Altamira
Las elecciones presidenciales del próximo 7 de octubre, en Venezuela, son observadas con mucha atención, por el impacto político que tendrán en América Latina (y no sólo), cualesquiera sean sus resultados. Hugo Chávez enfrenta en las urnas, por primera vez en la larga década de su gobierno, a una oposición unificada. 

Los llamados ‘escuálidos’ siguieron una línea golpista hasta una fecha tan avanzada como el año 2007, cuando Chávez ya tenía siete años de gobierno. Luego hicieron un repliegue hacia la legalidad electoral sin mayores alcances, pero a partir de ahí obtuvieron dos éxitos significativos: primero, derrotaron un intento de Chávez de reformar la Constitución y, luego, ganaron, en términos de votos, las parlamentarias y a gobernadores hace dos años. En las primarias en las que eligieron a su candidato, Henrique Capriles, los opositores unificados consiguieron una concurrencia elevada, alrededor de tres millones de electores -cuando el padrón electoral de Venezuela acoge a quince millones de votantes. Chávez carga la mochila del cáncer que le fue tratado durante varios meses. Si la sospecha de que persiste se confirma, en octubre no se estaría votando su candidatura, sino la de su sucesor -el cual, de acuerdo a la Constitución venezolana, recaería en la persona que designe Chávez, incluso después de electo. La masa chavista, sin embargo, no aprecia políticamente a ninguno de los que podrían ocupar ese lugar -a los que el lenguaje popular ha designado como “derecha endógena”. Chávez tiene esto muy claro, por lo que ha adoptado medidas excepcionales para la eventualidad de su desaparición física. 

Las puertitas de la oposición 

Los sondeos de opinión -muy cuestionados- le dan la victoria a Chávez, pero también registran un acortamiento de las distancias. El viernes pasado, en un discurso ante delegados de la Central sindical estatizada, Chavéz reconoció el progreso de Capriles y anunció que la diferencia en la intención de votos a su favor era inferior a la que él hubiera deseado. Henrique Capriles, que le ganó al chavismo el importante estado de Miranda hace tres años, está desarrollando un activismo extraordinario -entre otras cosas para acentuar una contraposición morbosa entre su salud, en apariencia robusta, y las dificultades de Chávez. Pero en sus comicios reúne una cantidad apreciable de gente -esto a pesar del monopolio apabullante de los medios de comunicación chavistas, de la cesión obligatoria de espacios a la propaganda del gobierno y del uso de la cadena nacional para exhibir al Presidente durante un tiempo horario ilimitado. Ocurre algo parecido a lo que pasó en Argentina en 2008, cuando el movimiento del capital sojero reunió a mucha gente, lo que se reflejó luego en la derrota del kirchnerismo en 2009. Algunos sectores de izquierda toman esta circunstancia para caracterizar el apoyo a Capriles como democrático, pero se trata de un error, porque su dirección es oligárquica. América Latina conoció muchas experiencias ‘democráticas’ de ese tipo, como el derrocamiento del nacionalista boliviano Villarroel, en 1946, o de Perón, en 1955. De todos modos, la unidad de la oposición es, en gran medida, una fachada. Bajo el asesoramiento de un ex jefe del partido comunista que se pasó al ‘neoliberalismo’, como tantísimos de sus congéneres, Capriles desarrolla una campaña de ‘paz y amor’, a la Lula, apoyado precisamente por una consultora brasileña ligada al gobierno de Roussef. También Chávez tiene asesoramiento lulista (como lo tuvieron el peruano Humala, el salvadoreño Funes y el hondureño Zelaya) -es decir que Brasil ha puesto sus huevos en las dos canastas. 

La derecha de la oposición rechaza la orientación ‘petista’ de Capriles: como descuenta una derrota electoral, reclama una campaña violenta, que denuncie el derrape de Venezuela hacia el comunismo y el castrismo, de modo de preparar las condiciones para un retorno a los métodos golpistas -en especial si, como anhela, Mitt Romney se alza con la presidencia en Estados Unidos. Advertido de la operación republicana, Obama declaró, recientemente, que “Venezuela no representa una amenaza a la seguridad de Estados Unidos”. Tampoco podía decir otra cosa, después de la venia que le había dado al colombiano Santos para que se embarque en conversaciones con las Farc, con la mediación de Cuba y Venezuela. Obama es el gestor principal de estas conversaciones -como lo ha dejado en claro la Cancillería norteamericana. El ingreso de Venezuela al Mercosur y el inicio de conversaciones con las Farc representan dos auxilios políticos a la campaña de Chávez, que han dejado en minoría a los sectores más recalcitrantes del ‘establishment’ internacional. Pero también sirve a las ‘palomas’ de la oposición venezolana, que han evitado pronunciarse contra un hecho como contra el otro, para poder ser vistas como un recambio que respetaría los acuerdos internacionales. 

Nacionalismo en ruinas 

La campaña electoral apenas logra disimular las dificultades insalvables por las que atraviesa el régimen chavista (el chavismo es una organización ‘sui géneris’ del poder estatal, no solamente un gobierno). Lo ponen de manifiesto las sublevaciones y matanzas en las cárceles, la violencia cotidiana y el reciente incendio de una de las refinerías más grandes del mundo. El régimen chavista, como tal, se encuentra en pleno desbande. La diferencia histórica del chavismo y los ‘escuálidos’ -si la renta petrolera debía servir para financiar el gasto asistencial de las mayorías empobrecidas o alimentar a los accionistas internacionales- concluye en una situación de desorganización económica descomunal, obsolescencia de PDVSA, despilfarro de gastos sociales y una desvalorización espectacular de los salarios de la clase obrera. Lo singular de la situación de Venezuela es que una victoria bolivariana sólo serviría para dejar al desnudo esta desorganización y precipitar una crisis política. El precio elevado del petróleo, como ocurre en la Argentina con la soja, es visto como una carpa de oxígeno para el régimen -entendido así tanto por el oficialismo como por la oposición, pero opera, en realidad, como un factor adicional de disolución económica. Es que acentúa, por un lado, los desequilibrios internos (desindustrialización y dependencia del petróleo) y, por el otro, la tendencia al despilfarro. El flujo de dinero no puede superar la debilidad estructural del capitalismo nativo en todas sus manifestaciones. La pretendida eliminación de los intermediarios comerciales, por medio de mercados estatales, no ha hecho la menor mella en una inflación que supera el 20% anual. A pesar de la cotización del petróleo, el déficit financiero y operacional de PDVSA se acentúa y la obliga a recurrir a deuda externa. Es que la inflación catapulta sus costos de producción; PDVSA liquida sus divisas en el mercado oficial, el cual está un 50% por debajo del paralelo. El incendio de la refinería de Amuay es una manifestación de este desgaste, lo mismo que la incapacidad para financiar una refinería en Pernambuco, con la que se había comprometido con Brasil. El chavismo enfrenta este desbarajuste con la reducción relativa de los salarios de los trabajadores petroleros, quienes ganan entre 2.500 a 3.000 pesos argentinos. No sorprende, entonces, que el gobierno ejerza una brutal regimentación contra los sindicatos y persiga a los activistas independientes y clasistas. El contrato colectivo petrolero se aprobó apenas hace mes y medio, luego de estar vencido desde octubre de 2011. Se logró por la presión de sus trabajadores, que obtuvieron un incremento irrisorio de 30 BsF a la firma y 10 bolívares más en enero de 2013. Esto demuestra que los trabajadores, sean o no chavistas, no dejarán de luchar a pesar de la descarnada regimentación en la que se encuentran. Los trabajadores de Sidor le hicieron doblar el brazo, la semana antepasada, cuando se comenzó a discutir un convenio demorado por treinta meses. 

El oficialismo, no importa lo que digan sus encuestas, también se prepara para lo peor: una derrota electoral o, alternativamente, un resultado disputado. Chávez ha nombrado un Consejo de Estado, el que no había figurado como institución a lo largo de su gobierno. Es decir que contempla -en caso de derrota, incertidumbre o una fatalidad personal- el pasaje del gobierno a los militares. En efecto, las fuerzas armadas son la médula o el hueso duro del régimen bolivariano; por eso el choque más importante dentro de la oposición es, precisamente, la cuestión militar, que la extrema derecha quiere abordar con depuraciones y expulsiones. Los izquierdistas que describen al gobierno bolivariano como un ‘empoderamiento’ del pueblo, se hacen los distraídos acerca de su naturaleza militar. Si una disputa por los resultados -como ocurrió con el referendo sobre la Constitución, en 2008- desatara una crisis política, una de las alternativas probables será la mediación internacional de Unasur -a eso se deben los guiños de la oposición al bloque regional. Semejante mediación sería terminal para el gobierno actual, pues sería un reconocimiento de su falta de sustentación. 

En los círculos cerrados de la oposición también se evalúa la situación post electoral, en especial porque una derrota neta la condenaría a un largo ostracismo y dejaría sin salida a la burguesía local que la apoya. El ex presidente de Colombia, Uribe, ya ha empezado una agitación golpista contra Santos, la que está dispuesto a convertir en regional. Los golpes que derribaron a Zelaya y a Lugo han sido mistificados como ‘parlamentarios’, pero -en realidad- fueron golpes militares, activo en el caso de Honduras, y ‘neutral’ en el de Paraguay. 

Nuestra posición 
Cuando, en abril de 2002, las masas salieron a la calle contra el golpe y ganaron la adhesión de las tropas, Venezuela asistió a una irrupción histórica del pueblo, aunque sin una traducción independiente en el campo político (al salir de la prisión, Chávez las llamó a “volver a casa”). Lo mismo ocurrió en enero del 2003, cuando la clase obrera petrolera enfrentó el sabotaje petrolero de los agentes internacionales en PDVSA. Ese fenómeno popular es cosa del pasado; ahora se reúnen multitudes regimentadas. Se trata de una distinción fundamental a la hora de determinar una política socialista, porque apoyar a las primeras manifestaciones, con banderas propias, sirve para desarrollar la experiencia del pueblo; en cambio, hacerlo con las segundas es, simple, seguidismo y abandono de los objetivos estratégicos. La experiencia nacionalista en Venezuela dio lo que podía, ahora se encarna en un régimen fosilizado. Es lo que habría que explicar, en nuestra opinión, a los trabajadores. 

JUEVES, 6 DE SEPTIEMBRE DE 2012 
Elecciones en Venezuela, el verdadero programa de la oposición 
Por Alfredo G. Pierrat (PL) 
En la recta final de la campaña electoral, el clima político en Venezuela comenzó a aclararse con la revelación del programa real de gobierno que aplicaría la oposición, de emerger triunfante en los comicios del 7 de octubre.  

Hasta ahora, el principal contrincante del presidente Hugo Chávez en esa cita, Henrique Capriles Radonski, nunca ha precisado las medidas que pretende ejecutar de llegar al gobierno, para alcanzar el progreso que promete cada vez que habla en su recorrido "pueblo por Pueblo", como parte de su campaña. 

El plan de gobierno que, cumpliendo la ley, presentó al oficializar su candidatura ante el Consejo Nacional Electoral, solo incluye propósitos generales, pero por el origen personal y los antecedentes políticos de Capriles Radonski, y por las fuerzas que lo apoyan, se intuía que tendría que haber algo más. 

Ese "algo más" fue revelado el 21 de agosto último por el dirigente opositor y exgobernador del estado Anzoátegui, David de Lima, quien dio a conocer detalles de un documento titulado "Primeras ideas de acciones económicas a tomar por el gobierno de la unidad nacional 2013". 

Días después, de Lima presentó el texto original, firmado por Capriles, y durante varias entrevistas concedidas sobre el tema, explicó, con ejemplos, que ese texto contiene "propuestas alarmantes", que persiguen "desmantelar el poder económico del Estado" y adoptar un programa abiertamente neoliberal. 

Se trata, ha dicho, de un plan secreto, elaborado por un pequeño grupo de dirigentes opositores, que contiene las medidas que realmente pretenden aplicar de volver a gobernar el país, y que se contradicen abiertamente con el discurso público del candidato.

Según de Lima, él no es partidario de Chávez, pero hizo público el texto y denunció los propósitos que se persiguen con su contenido, porque de aplicarse provocaría un estallido social y una guerra civil en Venezuela.

Entre otros objetivos, el documento propone dar pasos concretos para disminuir, en el mediano y largo plazo, la carga de bienes y servicios que ha asumido el actual Gobierno. 

Para ello, incluye la reducción y transferencia gradual a los estados y municipios, de todos aquellos gastos que representan un peso importante dentro del gasto público total, especialmente las misiones que son percibidas por la población como competencias institucionales y no como programas sociales. 

En consecuencia, plantea abrir a la inversión privada importantes programas sociales como Barrio Adentro (atención médica gratuita), Mercal (alimentación subsidiada) y Robinson, Ribas y Sucre (educación primaria, media y universitaria), que han beneficiado a millones de ciudadanos de bajos ingresos. 

En el documento, sus autores consideran necesario reorganizar y reorientar los programas de construcción de viviendas enmarcadas en la Gran Misión Vivienda Venezuela, que hasta ahora ha entregado más de 240 mil casas o apartamentos a familias de bajos ingresos con subsidios que alcanzan hasta el total de su valor. Para ello proponen realizar alianzas con el sector privado y garantizar el retorno del crédito otorgado por las instituciones financieras. 

Agregan la suspensión, sin afectar a los que ya lo reciben, "el esquema de subsidio a la vivienda implementando en esta misión, ya que resulta imposible para el nuevo Gobierno seguir subsidiando gran parte de esta, tomando en cuenta la proyección del déficit habitacional hasta el año 2020". 

Asimismo, plantea que la desvinculación de los entes públicos de las actividades productivas y comerciales tiene que empezar con la reducción gradual del sistema subsidiado de distribución pública masiva de los alimentos, en una alusión clara a programas gubernamentales incluidos en la misión Mercal. 

En ese sentido propugnan concertar con actores privados su incorporación a un sistema de distribución que llegue a la población de menores recursos, para lo cual planean reducir por lo menos hasta el 60 por ciento las erogaciones por subsidios de alimentos. 

Otra medida incluida en este plan contempla el ajuste gradual de las tarifas del transporte público con incrementos trimestrales del cinco por ciento en los precios del pasaje, hasta llegar, como mínimo, a "cubrir los costos, gastos operativos, capacitación de programas de recuperación y mantenimiento". 

Igualmente considera inevitable el incremento gradual de las tarifas del sector eléctrico, pues "ya no es posible sostener el subsidio a la electricidad en los diferentes sectores de la economía", y propone un ajuste promedio semestral del 10 por ciento para el primer año. 

Aborda también el sistema de seguridad social y señala que es necesario congelar el monto de las pensiones y eliminar su vinculación con el salario mínimo, que actualmente establece que cuando este aumenta también sube aquella en la misma proporción. 

Al respecto agrega "no incorporar a más personas que no hayan completado la cotización necesaria para el beneficio de dicha pensión", en contraposición a lo establecido por el presidente Chávez mediante la Misión En Amor Mayor, que elimina el requisito de haber cotizado para recibir una pensión.

Y no podía faltar una propuesta relacionada con la industria petrolera, verdadero objetivo de todos los afanes de los sectores opositores y de los intereses estadounidenses que los respaldan. 

En este caso, proponen aplicar "una audaz política de ingresos nacionales, a través de un nuevo esquema petrolero y minero, desprovisto del ideologizante nacionalismo que se le ha impuesto al actual modelo económico-financiero". 

En otras palabras, se trata de abrir las puertas de la estatal Petróleos de Venezuela (Pdvsa) a las inversiones privadas nacionales y extranjeras y eliminar el uso social de los ingresos por las exportaciones del crudo, con lo que, además de la perdida de soberanía sobre ese recurso natural del país, desaparecerían inevitablemente todos los programas sociales. 

El 17 de abril último, en la presentación del informe de gestión de Pdvsa en 2011, el ministro de Petróleo y Minería y presidente de esa corporación, Rafael Ramírez, informó que esa empresa aportó, solo durante el pasado año, un total de 30 mil 79 millones de dólares a los programas sociales promovidos por el gobierno.
Fuente:Argenpress

Lanata, un hombre mediocre 
Viendo desde estas latitudes bolivarianas el lamentable programa de Lanata Periodismo Para Todos sobre Venezuela, debemos reflexionar sobre cual es la lógica periodística que motiva semejante engendro, y concluir que su principal razón es el dinero. En Venezuela hay una popular denominación de este tipo de periodismo llamado “palangre”, derivado de líneas de pesca artesanal que tiene varios anzuelos desde donde se recoge los productos del mar. Sin duda que la primera, aunque no la única motivación de este palangrista porteño, es facturar a la cadena Clarín, a las cadenas internacionales de terrorismo mediático y a sus aportistas de la canalla venezolana, que a punta de mucho dólar han inundado para los lectores venezolanos que acceden por internet a cualquier medio argentino como Clarín, la Voz del interior e incluido argenpress, de propaganda a favor de Capriles Radonski. Pero la mayor estafa de este hombre mediocre es para la propia audiencia de este programa, que con un show mezcla teatro de revista con teleevanglista anunciador de malas nuevas, convierte un costoso operativo turístico en un programa carente de ética y en una verdadera estafa para sus seguidores. Un operativo que pretende en tres días develar la realidad venezolana desde las lujosas instalaciones del hotel de cinco estrellas Meliá Caracas, “tomando” imágenes de la TV de su habitación, entrevistando a una media docena de opositores de rango medio, filosofando con un uisqui en mano y su transgresor cigarro, observando desde el balcón con la mirada altiva las populosas barriadas de Caracas. 

Es tan mediocre el “trabajo periodístico” de Lanata, que demuestra el desprecio profesional con pocas imágenes en directo en la calle, sin opinión alguna de seguidores de la revolución, con imágenes sin actualidad del pueblo Chavista y el colorido despliegue de suvenires entre ellos los populares “chavitos”, que no paran de hablar. Un locutor de Globovisión que añora los tiempos de RCTV, una periodista que no tiene pudor de hablar de la falta de libertad de expresión y pese a ello sigue en los medios, un acongojado propietario de un estacionamiento expropiado paraque el maquiavélico gobierno lo convierta edificios de la Gran Misión Vivienda, y un par de ex Chavistas ahora en la oposición, entre ellos Teodoro Petkoff, ex guerrillero y ex ministro privatizador de Caldera, actual director de un pasquín llamado Tal Cual, vociferando contra la supuesta represión a los periodistas. Una pizca de imágenes de la refinaría ardiendo, y un primer plano cerrado del periodista estrella con dos indigentes durmiendo en la calle de fondo. Lugares comunes, plagada de mentiras, tan poco consistente para promover opinión popular que debe recurrir a la grotesca parodia en el set de Chávez bajándole línea a Cristina, para sostener lo que serían los “paralelos increíbles” con la argentina. El “cepo” del dólar, las cadenas, la división social, la inflación, la falta de libertad, la violencia serían los denominadores comunes y de ninguna manera la raíz común nuestroamericana, la vocación de ambos pueblos por la libertad y la justicia social, la lucha por la independencia y la soberanía. Es tanto el desprecio a la inteligencia de los pueblos, que este hombre mediocre cree que no entendemos que, no solo lo mueve el dinero mal habido con su ociosa actitud, sino que es parte de una operatoria de la derecha internacional para aportar su cuota en generar la turbulencia necesaria en las instancias preelectorales de Venezuela. Un eslabón más de la guerra mediática desatada contra el pueblo y gobierno bolivariano que ha decidido transitar su propio camino al socialismo bolivariano. También para estos personajes en Venezuela hay una popular denominación de Pitiyanqui, señor Lanata, sepa que Venezuela se respeta. 
un abrazo Bolivariano
Rodolfo "Finti" Carballo
Envío:AexPPCdba.

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