Sábado 3 de Noviembre de 2012,
10.30 hs
Auditorio Radio Nacional Rosario , Córdoba 1331, 1er Piso.
Desconocer
u ocultar la gravedad de los hechos de Violencia Delictiva, comúnmente llamada
“inseguridad”, que atraviesa y compromete la vida de todas las franjas
sociales, así como hacer discursos simplistas y sumamente irresponsables sobre temas tan complejos, no
ofrecen soluciones reales y sólo agravan
el problema y abren las puertas a respuestas descontroladas, como las que
reclaman políticas de ¨mano dura¨, que terminan por elevar el nivel de
violencia social.
Pensar
que la Delincuencia y la Violencia Delictiva se resuelven solamente con las
Fuerzas de Seguridad muestra un desconocimiento absoluto sobre la complejidad del problema. Por otro lado no
podemos desconocer la participación necesaria, y casi imprescindible, de miembros de estas Fuerzas de Seguridad en la existencia y organización de la
Delincuencia, ni la responsabilidad que le cabe al Poder Judicial por la
ineficiencia y muchas veces manifiesta pasividad en la solución de estos
conflictos.
Si
a esto le sumamos que habitualmente muchos sectores sociales, económicos, y políticos suelen utilizar este tema de manera
demagógica y con el único fin de prevalecer sobre el adversario en su disputa
por el poder, la situación se torna sumamente peligrosa, pudiéndose cruzar un
límite del que no hay retorno.
Por
todo esto desde Carta Abierta Rosario deseamos convocar a TODOS los sectores
comprometidos con la Democracia a una Mesa Amplia de debates y acuerdos, donde
puedan participar tanto profesionales con conocimiento específico del tema,
partidos políticos, organizaciones barriales, sindicales, sociales, etc., de la
que surjan propuestas concretas que sean eficientes al ser aplicadas, e impidan
una escalada de odios y violencia como la que podemos sufrir de imponerse las
“falsas verdades” que nos vende la intolerancia de la derecha antidemocrática a
la que hemos sufrido durante muchos años los argentinos.
Octubre 2012
Carta Abierta Rosario
Carta Abierta Rosario ante la problemática de la seguridad
en la provincia de Santa Fe
La expresión “inseguridad” ha adquirido en nuestra sociedad, en los últimos años, una entidad que es necesario interrogar. Más allá del uso mediático del problema, del modo sensacionalista en que se presenta generalmente y de la reiteración, que produce un efecto inflacionario; creemos que hay datos de la realidad que ameritan un análisis.
En primer lugar, se define como una situación generada por el incremento del delito, cuando ésta es una expresión amplia que hace referencia a cualquier tipo de incertidumbre, por ejemplo la posibilidad de mantener un empleo, de conseguirlo, de planificar un futuro, de acceder a bienes y servicios básicos. A nadie se le ocurre pensar lo riesgoso que es transitar por las calles y rutas de nuestro país donde el mayor porcentaje de muertes se produce por accidentes de tránsito. Sin embargo, la insistencia mediática ha delimitado el uso de este término a un ámbito: el delito y la contracara que la mayoría muestra para solucionarlo es la represión.
No debemos perder de vista que esto forma parte de un fenómeno que no se manifiesta solo en Argentina, ya que en gran parte de América Latina han crecido los índices de criminalidad, según estudios de organismos como la O.P.S. (Organización Panamericana de Salud), lo que conformaría un cuadro que el sociólogo Bernardo Kliksberg llama de “criminalidad epidémica”.
Acá nos encontramos con el segundo problema, se habla del delito como uno, no se distingue entre violencia por robo, hurto, muerte en ocasión de robo, crimen pasional, como resultado de violencia de género, ajuste de cuentas; lo que no permite comprender la especificidad de los casos y por ende pensar soluciones que apunten a prevenirlo, o en su defecto, mitigar sus consecuencias.
Los efectos de la criminalidad, se expresan en daños para la sociedad, en primer término en cuanto a vidas humanas, sobre todo jóvenes, y luego costos en lo que hace a los sistemas de salud, seguridad y justicia; pero también los denominados “costos invisibles”, como la sensación de inseguridad, el miedo, el deterioro de la calidad de vida.
Estas apreciaciones y la forma de catalogar a los protagonistas de los hechos son expresión de modos estigmatizadores o discriminadores de pensar que dividen a la sociedad entre la “gente decente”, que trabaja, paga sus impuestos, y por otro lado los “delincuentes”, ladrones, asesinos. La figura que representa a los delincuentes es la del pobre, tipo social construido desde una visión del siglo XIX que asocia vagancia, pobreza y delincuencia.
No se trata de condenar a unos y victimizar a otros, la trama es más compleja, no hay dos bandos, dos clases de gente, hay circuitos delictivos de los que los pobres son el último eslabón, y de los que participa un importante sector de la policía en connivencia con integrantes del aparato judicial.
Un componente de esta alarmante situación, lo constituye el desarrollo de las redes del narcotráfico, que se han aposentado en nuestra provincia, y principalmente en la ciudad de Rosario. El circuito del narcotráfico es muestra de cómo el comercio minorista es el primer eslabón de una cadena, que por su millonaria rentabilidad, se extiende a otros negocios legales como por ejemplo el inmobiliario o la venta de autos de alta gama y en el que intervienen profesionales como contadores, abogados y asesores financieros, que operan blanqueando el dinero del delito.
Es sabido que los narcotraficantes tienen una fortísima protección policial, que la policía tiene divididas sus zonas del delito donde cobra para mantenerse al margen. De este modo hay un financiamiento desde el delito a la institución que debe combatirlo y además permite a la misma regular el movimiento delictivo para hacerlo tolerable.
Detrás del delito común se encuentran los mercados ilegales, alimentados por los mismos sectores medios que exigen seguridad.
En nuestra ciudad, prueba de la proliferación de estos agrupamientos y el descontrol político de la situación son los casos, cada día más frecuentes, de ajuste de cuenta entre organizaciones de tipo mafioso que se disputan el manejo de los mercados, con el saldo de mas de una centena de jóvenes asesinados, en distintos barrios como La Tablada, o Fisherton Norte.
Mientras no se apunte a desmantelar esos circuitos, a controlar los movimientos financieros, y sólo se tomen medidas cuantitativas como multiplicar los recursos a la policía, apuntar a la persecución y el castigo de los sectores más vulnerables en lugar de generar mecanismos de inserción social. Mientras el poder político no asuma la responsabilidad de hacerlo, controlando a las fuerzas que supuestamente deben ocuparse de la seguridad no se comenzará a resolver el problema.
Es necesario enfrentar a la delincuencia, analizando su complejidad. Descartando argumentos esgrimidos por la derecha de “mano dura”, que tienden a fortalecer los aparatos de seguridad, actuando sobre las consecuencias y no sobre las causas estructurales de la criminalidad, esto es la desocupación juvenil, los niveles de educación, el deterioro de lazos familiares. Desde el Estado, se deben desarrollar políticas públicas en ese sentido.
Debe propiciarse un amplio debate público, que involucre a sectores de la sociedad civil a través de sus organizaciones, y orientado a la discusión sobre un replanteo de la acción de la fuerza policial, del sistema penal, en especial del deteriorado sistema penal juvenil, que actualmente favorece la reproducción de conductas delictivas.
Octubre de 2012-10-23
Carta Abierta Rosario
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