31 de octubre de 2012

ROSARIO - DIFUSIÓN.

ENCUENTRO NACIONAL LATINOAMERICANO - ENL

MOVIMIENTO PUEBLO ADENTRO-ROSARIO 
FRENTE COOPERATIVO NACIONAL LATINOAMERICANO-ROSARIO
INSTITUTO DE ESTUDIOS SOCIALES - ENCUENTRO LATINOAMERICANO
Hace diez meses, cuando el crimen de los jóvenes militantes de Villa Moreno, nos preguntábamos: ¿Qué hacer para que los narcos no nos disputen a los pibes?
Pasó todo este tiempo y como correlato triste el gobernador asistió impávido, desde la fuerte resistencia policial a las primeras acciones políticas de Leandro Corti al frente del ministerio de seguridad de la provincia, hasta la final detención del jefe de policía acusado de tener relación con el narcotráfico y todo el escándalo político y la crisis institucional, quizás el más grave episodio de toda la historia provincial.  
El triple crimen de los militantes sociales en Villa Moreno puso a algunos uniformados superiores bajo sospecha. Antes de renunciar, Corti había tomado la decisión de que la Policía antinarcóticos, pasara a depender en forma directa de su cartera, hecho que representó un fuerte condicionamiento para la Jefatura provincial.
Ahora, entre tantos dimes y diretes, inacción política y acusaciones cruzadas, resulta un buen ejercicio dar repaso a las declaraciones de Corti tras su renuncia: “Fue un proceso sumamente complejo en donde ingresamos en una vorágine de episodios, de acontecimientos que a mí me llevaron a la conclusión, y, esto se lo dije con claridad al gobernador, a la convicción de que yo no le iba a servir más, en el mejor sentido de la expresión, como ministro de Seguridad. Cuando se producen marchas y contramarchas en este tipo de organismos, en las fuerzas de seguridad, si quien la conduce políticamente tiene algún tipo de mella en esa autoridad política ya no puede seguir intentando gobernarlas con cierta efectividad. Entendí que si yo daba contramarcha a determinado esquema de decisiones sencillamente por una cuestión claramente objetiva no iba a poder seguir ejerciendo el poder real hacia el interior de las fuerzas de seguridad”. Algunos creyeron que hablaba solamente de la decisión del gobernador de dar apoyo policial para la realización de un partido de fútbol, contrariando al mencionado ministro de seguridad.
A la luz de los últimos acontecimientos no quedan dudas de que se trató de un "narco golpe" a parte de la autoridad política que intentó por un corto período poner a la fuerza policial en caja, tímido intento que no logró prolongarse en el tiempo por falta de apoyo político y de valentía. Golpe desde dentro de la estructura del gobierno provincial que hoy se intenta escamotear atribuyendo responsabilidad en la "operación" al gobierno nacional. 
A partir de aquél momento Hugo Tognoli, hoy sospechoso de narcotráfico, trepó hasta la cúspide de la estructura policial, Raúl Lamberto, de dudosa pericia, quedó a cargo del Ministerio de seguridad y la policía fortaleció su autogobierno y los grupos de narcos profundizaron la lucha por el dominio territorial.
Así las cosas, la militancia política y social que acciona en los barrios pobres de la ciudad, comenzó a sentirse impotente frente al reclutamiento de jóvenes en actividades delictivas, todas ellas vinculadas directa o indirectamente al tráfico ilegal de estupefacientes.
En esos trágicos días de enero decíamos que aún con el avance del estado, de los beneficios del estado traducidos en derechos, en verdaderas conquistas de las clases populares, medidas que han revolucionado los barrios por su carácter inclusivo y por la liberación de toda práctica punteril que significó ese pasaje del beneficio de un “plan” al ejercicio de un derecho, aún así, se hacía cada vez más difícil seguir transformando en organización popular todo ese potencial, obturado en gran medida por las bandas de narcos, barras bravas y policías que se dividieron el territorio y que de a poco comenzaron a disputarle los pibes a las organizaciones sociales y políticas.
Decíamos también que muchos de estos grupos de militantes estábamos participando de programas del Ministerio de Trabajo y del Ministerio de Desarrollo Social de la Nación y que era imprescindible que los mismos dejaran de ser utilizados como "planes" para poder dar alcance a los objetivos que persiguen esos Ministerios y que es uno solo: que los jóvenes se capaciten en algún oficio, que opten por el trabajo, ayudados por toda una militancia calificada y de nuevo tipo preparada para abordar tareas que son muy específicas y que incluye el relevamiento territorial, la dirección de grupos, la capacidad de desarrollar unidades productivas, de acompañar el desarrollo de esos emprendimientos y también el enlace de idóneos comprometidos, vecinos activos, sindicatos, empresarios, profesionales dispuestos a colaborar con tamaño desafío.
Hoy sostenemos que debemos afianzar esa nueva militancia porque para poner el centro en la producción y en la necesidad de fundar una miríada de unidades productivas exitosas en todos nuestras barriadas populares hay que sentarse a desplegar entre todos, y no cada uno por su lado, un plan con apoyo gubernamental concreto y categórico y convocar al mundo del trabajo, a muchos sindicatos, empresas tradicionales, cooperativas y a todo un segmento de profesionales y técnicos y a integrantes de estos mismos segmentos que están formándose en las universidades y en los establecimientos técnicos e industriales. Hay que ampliar la militancia hacia esos nuevos objetivos y terminar de entender que el motor de este proceso son sin dudas los trabajadores, vertebrando un eje que es el nuevo sujeto histórico: Estado – Producción – Trabajo.
Pero para ello es necesario quitarle el dominio territorial a estas bandas de narcopolicías, y esto, es responsabilidad del gobierno de la provincia.
La solución no es controlar esas actividades delictivas desde la conducción política, no es controlar y gobernar a la policía para subordinarla a la política sin combatir el delito.
El problema no está sólo en el autogobierno de la fuerza policial, que es una monstruosidad en sí misma, claro está, sino en el desarrollo de toda una matriz de negocios especialmente montada para el blanqueo de esas actividades delictivas.
Nosotros, los militantes del nacionalismo popular latinoamericano debemos trabajar más que los demás y, además de formarnos para asumir responsabilidades mayores, tenemos que aportar a la generación de puestos de trabajo, porque el principal apotegma sigue siendo: “Gobernar es generar trabajo” y hacer política hoy, militar políticamente hoy, no debería apartarse mucho de este mandato, por lo que todos tendríamos que ver qué hacemos todos los días para ayudar a que los trabajadores recompongan ingresos y mejoren sus condiciones laborales, para que aquellos argentinos y argentinas que no tienen trabajo lo tengan y que el pibe que no sabe qué hacer de su vida deje de ser disputado por las bandas de narcotraficantes.
A partir de allí,  todo lo demás y pensando al mismo tiempo los otros derechos que tenemos todos  los habitantes del país: casa, hábitat, salud, educación, cultura, recreación, etc.
No es con cursos de salsa o capoeira, reggaeton, circo o malabares que vamos a contribuir a que los jóvenes se sumen al mundo del trabajo y que dejen de ser disputados por las bandas de narcos y de policías narcos.
Claro que mucho aportaría al proceso por parte de quienes gobiernen una ciudad como Rosario abandonen definitivamente este modelo de ciudad de servicios orientada al comercio y al negocio inmobiliario (a ojos vista narco-agro inmobiliario), modelo que alimenta la pujanza de toda una runfla de aprovechadores sueltos que imperan, administrando los dineros de una clase rentística y de una maraña de empresarios que viven de la especulación y del dinero mal habido. 

Gio Gentili                                          

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