8 de noviembre de 2012

PARANÁ: Causa Harguindeguy: se realizó un reconocimiento en los lugares de detención ilegal en Gualeguaychú.

07/11/2012Recorrieron el Regimiento de Caballería y la unidad penalCausa Harguindeguy: se realizó un reconocimiento en los lugares de detención ilegal en Gualeguaychú
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La UP Nº 2 data de 1890, es la cárcel de máxima seguridad de la provincia y fue un lugar de “ablande” de presos políticos.
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El TOF se constituyó este miércoles en Gualeguaychú. (Valentín Bisogni).
El Tribunal Oral Federal de Paraná, junto a la fiscalía y los abogados de las víctimas, se constituyeron en Gualeguaychú para realizar una inspección ocular en dos lugares de detención ilegal, durante la última dictadura cívico-militar. Se trató del actual Regimiento de Caballería y la Unidad Penal N° 2. Las partes coincidieron en que fueron muy valiosos los aportes de los ex presos políticos, en cuanto permiten conocer in situ lo referido en las testimoniales tomadas en la capital provincial. La dura jornada se cerró con un abrazo: reconocer no fue solamente inspeccionar, sino también compartir la memoria.Por N.M., especial para ANALISIS DIGITAL

El ingreso al Regimiento recordó ciertos rituales. Un guardia pregunta y anota: nombre, apellido y número de documento. Consulta sobre la presencia de los extraños en la guarnición y luego de hacer consultas por teléfono, da la orden de paso. Se levanta una barrera, el guardia se hace a un costado sin soltar su fusil.

Atrás queda la ciudad y la gente haciendo sus trámites cotidianos. Adentro, un círculo de jueces, abogados y víctimas de la dictadura, buscan ganarse un lugar bajo la sombra de un árbol. El sol, al mediodía, no perdona… la memoria tampoco. Y es la memoria la que comienza a rodar a medida que se avanza paso a paso por cada una de las dependencias.

La recorrida comenzó por el predio castrense, donde las víctimas Raúl Ingold, los hermanos Jaime y Emilio Martínez Garbino, Hugo Angerosa y Alejandro Richardet, reconocieron claramente los lugares por donde transitaron y estuvieron detenidos.

El Tribunal, integrado por los doctores Lilia Carnero, Roberto López Arango y Noemí Berros, siguió de manera concentrada cada uno de estos aportes, que señalaban e identificaban cada lugar, pese al paso del tiempo e incluso a algunas transformaciones de la actual infraestructura militar.

“Ahí, donde ahora está todo tapiado, estaba mi celda”, señaló el ex intendente Emilio Martínez Garbino para dar cuenta del lugar donde estuvo detenido bajo las órdenes del lapidario mayor Juan Miguel Valentino, quien fue jefe del Escuadrón de Exploración de Caballería Blindada II con asiento en Gualeguaychú. En este juicio murió siendo imputado el ex ministro de facto, Albano Harguindeguy; y siguen sentados en el baquillo de los acusados al ya nombrado Valentino, el exjefe de Sección en esa unidad militar, Santiago Kelly del Moral; y los policías Juan Carlos Mondragón y Marcelo Alfredo Pérez.

Incluso varios familiares reconocieron el lugar donde tanto Valentino como otros oficiales los recibían cuando ellos iban a requerir por las detenciones de sus seres queridos. “Ahora hay una sala de Enfermería, pero aquí estaba el despacho de Valentino”, reconoció Angerosa. Su testimonio fue corroborado incluso por otros testigos presentes que en aquellos años revistaban como soldados e incluso suboficiales.

A pesar del sol abrazador del mediodía, nada impidió recorrer cada dependencia del Regimiento y liberar de esos muros tantos años de silencio y negación.

El testigo víctima Jorge Orlando Felguer también reconoció su lugar de detención y aportó datos de cuando vio ingresar a ese lugar a Jaime Martínez Garbino. Nadie dudó y todos coincidieron en señalar los lugares precisos de aquellos aciagos días.

Algún recuerdo esporádico despertaba alguna sonrisa como para matizar el volver a ese lugar de detención… pero de manera inmediata todo se volvía a concentrar en el trato despiadado de Valentino y sus colaboradores.

Concluida la inspección, que para el Tribunal como para la fiscalía, fueron muy valiosos porque permite conocer in situ lo referido en las testimoniales tomadas en Paraná, la delegación se trasladó hasta la Unidad Penal N° 2.

La fortaleza

La Unidad Penal N° 2 data de 1890. Es la cárcel de máxima seguridad de la provincia y fue bajo la dictadura, un lugar de “ablande” de los llamados presos políticos. A la comitiva que inspeccionó el Regimiento, se le sumó Daniel Irigoyen, Víctor Ingold y Carlos Atilio Martínez Paiva, quien viajó especialmente de Concepción del Uruguay. El portón de ingreso al penal es enorme, pesado y gris. Todo es gris en la cárcel. Gris y húmedo. Descascarado, deprimente.

Las autoridades del Penal aguardaron al Tribunal y el portón chirrió bajo un sol despiadado que descargaba toda su energía sobre las 14:15 de una siesta pesada. Las víctimas de la dictadura señalaron que ellos estaban separados del pabellón de los presos comunes. Identificaron sus celdas, incluso a las que fueron trasladado que eran las de castigo y humillación.

Los relatos se iban sucediendo a medida que los recuerdos iban apareciendo. “Me ingresaron por esta puerta y me dejaron en aquella celda”, señala Raúl Ingold, quien estuvo detenido en la Fortaleza.

Elocuente fue el testimonio de las víctimas que recordaron con sentimiento la ayuda recibida por el sacerdote Juan Fortunato. Jaime Martínez Garbino recordó que en enero de 1977, apenas se comunicaban con sus familiares, pero a través del padre Fortunato lograban tener noticias. En enero de ese año, Jaime fue trasladado solo a una celda de aislamiento. A la noche, el jefe de Seguridad del servicio penitenciario -de apellido Queirolo y conocido de los Martínez Garbino- le avisó que lo iban a venir a buscar desde el Ejército. Lo vendaron, lo subieron a la parte trasera de un vehículo, y lo llevaron a un lugar desconocido.

“Por los sonidos, creo que era cerca del Aeroclub. Escuché ruidos de aviones y de un molino”, recordó y agregó: “Me pusieron en una cama de metal, los pies atados con alambres y las manos esposadas”, para luego torturarlo con picanas, a la vez que lo interrogaban sobre su actividad con los agrarios.

En ese recuerdo aparece la participación de Martínez Zuviría, que era el cerebro de la represión en Gualeguaychú junto a Santiago Kelly Del Moral, que era el segundo al mando luego de Valentino.

Luego de varios días de tortura, lo llevaron de regreso a la Unidad Penal, donde estuvo alojado en una celda de castigo durante veinte días, tras lo cual lo llevaron al pabellón habitual donde estaban sus otros compañeros de confinamiento. En este punto, la esposa de Jaime, María, aportó un testimonio que enmudeció al grupo. “A mi esposo le permitieron recibir una breve visita porque yo un mes ante había dado a luz a nuestra hija Milagros, y así su padre lo pudo conocer”.

Así, cada piedra, cada barrote representaba un recuerdo que era necesario compartir. La representante de la querella María Isabel Caccioppoli, como todos los demás abogados de las víctimas se mostraron satisfecho por el reconocimiento de los lugares e incluso a pedido de uno de ellos, el ex chofer de Valentino, reconoció que en más de una oportunidad trasladó al jefe del Regimiento hasta la Unidad Penal. La conexión estaba probada: la región estaba bajo el mando de Valentino, quien se sentía dueño de vidas y muertes en la llamada área Gualeguaychú.

Cuando todos salieron del Penal, hubo un silencio de alivio, aunque el sol no daba tregua. Se saludaron, se abrazaron, se iluminaron las miradas. Reconocer no fue solamente inspeccionar, sino también compartir la memoria.
Fuente:AnalisisDigital

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