La solidaridad como método para cambiar la realidad social
Año 5. Edición número 241. Domingo 30 de diciembre 2012
Por
Eduardo Anguita
eanguita@miradasalsur.com
Javier Meritano./Adán Levy. /Marcela Belardo. / Francisco Susmel.
Todo fin de año pensamos cuánto de lo que uno hizo tiene qué ver con lo que uno recibió y lo que uno brindó. Es el momento del balance de las manos que tendimos y nos tendieron. Adán Levy (presidente de Ingeniería sin Fronteras), Marcela Belardo (doctora en Ciencias Sociales, miembro de la comisión directiva de Médicos del Mundo), Javier Meritano (neonatólogo, vicepresidente de Médicos del Mundo) y Francisco Susmel (director regional de Un techo en Argentina) son cuatro personas egresadas de universidades públicas. Los cuatro realizan actividades solidarias: dar esa mano. Y son jóvenes. Jóvenes en un país donde la juventud toma roles protagónicos. Nadie mejor que ellos mismos para explicar cómo se organiza eso tan maravilloso de ayudar.
“Médicos del Mundo es una organización humanitaria y por el derecho a la salud. Trabajamos en el país y en América latina. Nuestros principios fundamentales son la asistencia sanitaria y humanitaria en distintas poblaciones. También trabajamos con poblaciones que están estructuralmente excluidas, de alguna manera, de la sociedad. Nuestra tarea es testimoniar y denunciar las violaciones al derecho humano a la salud”, dice Marcela Belardo.
Y Francisco Susmel agrega: “Nuestra visión y misión, desde Un techo en Argentina es parecida. Se trabaja con familias excluidas y derechos que se vulneran. Y hay uno de esos derechos que es muy importante y que se vulnera en muchas familias: un techo, una vivienda”.
–La ingeniería no solo tiene las fronteras puestas en los temas de viviendas sino en otras necesidades…
Adán Levy: –Tenemos muchas áreas de trabajo. Somos una organización que trabaja desarrollando, promoviendo y ejecutando proyectos de ingeniera en general. Trabajamos en proyectos que tiene base tecnológica y acercarlos a las comunidades vulnerables que, en general no tiene acceso a este tipo de herramientas tecnológicas.
Javier Meritano: –En nuestro caso, pertenecemos a una red internacional, Médicos del Mundo, que está presente en más de 40 países y tiene más de 35 años en salud y ayuda humanitaria internacional. Aquí estamos hace 14 años y es la única sede en América latina, con lo cual nos permite tener varios proyectos en la región. Básicamente, tenemos líneas de desarrollo que incluyen a poblaciones que ciertamente están excluidas del sistema socioeconómico y de la salud. También tenemos como principio fundamental la participación social de las poblaciones excluidas para que ellas mismas puedan afrontar la posibilidad de mejorar su salud desde un punto de vista comunitario. En Buenos Aires trabajamos con gente en situación de calle, población migrante. Estamos iniciando el proyecto con personas con HIV y que están privadas de la libertad y también trabajamos con la Secretaría Nacional de Niñez, Adolescencia y Familia en Villas (Senaf) con una mirada general y abarcativa de las adicciones. En el resto del país trabajamos con población migrante y pueblos originarios en temas puntuales de acceso a la salud y violencia de género en poblaciones de Chaco, Salta, Jujuy. Y también con movimientos campesinos de Santiago del Estero y Catamarca por el problema de la tierra y el cultivo de soja. En América latina estamos en colaboración con OPS y Unasur. Desde la última tragedia en Haití trabajamos en la emergencia y pos-emergencia con una radio de acción de 20 mil familias en el centro de ese país para todo lo que sea salud comunitaria y prevención de dengue y malaria. Estuvimos en Chile trabajando en las comunidades mapuches, en el sur, y tenemos proyectos a desarrollar en Bolivia, Paraguay y Uruguay.
–¿Quiénes se pueden involucrar y cómo es la organización de profesionales?
Marcela Belardo: –Somos parte de una red más amplia de la medicina social latinoamericana. Médicos del Mundo tiene la particularidad de reunir a un conjunto de profesionales de la salud. Todo aquel interesado en el derecho a la salud puede integrar nuestra organización y desde su saber aportar a estos procesos sociales con las comunidades. La característica principal que pretendemos tengan nuestros proyectos es la participación social como tarea fundamental. Los temas que proponemos no son impuestos por la organización: realizamos un conjunto de actividades, asambleas, con las comunidades de bases, tanto rurales como urbanas, en donde surgen temas que para la comunidad son relevantes. También hay otros tipos de problemáticas que para nosotros forman parte de la salud y la calidad de vida de los pueblos como un proyecto que fuertemente estamos desarrollando como violencia de la mujer o el tema de interculturalidad. Es decir tenemos proyectos, en la Argentina fundamentalmente, sobre emigrantes que padecen distintas situaciones de violencia y vulneración de derechos a la salud. Entonces trabajamos con estas poblaciones involucrándolas. Y formando promotores de salud que Médicos del Mundo ayuda o capacita para que estas poblaciones luego tengan cierta capacidad adquirida y quede en esta población.
–Es interesante cuando uno escucha las ganas de participar. En Un techo en Argentina, ¿cómo piensan capturar ese entusiasmo en jornadas de trabajo?
A. L.: –Nosotros creemos que lo que hacemos es político y compartimos cuestiones como la interdisciplina. Nosotros primeros nos llamamos Ingenieros sin fronteras y luego Ingenieros, a secas, porque lo que hacemos es un proyecto de ingeniería pero formando un grupo integral de trabajo. Este grupo ha ido creciendo. No tenemos una antigüedad muy grande en la Argentina. Tenemos un sólo año de vida. En otros países del mundo está hace veinte años. Pero ya tenemos una masa crítica muy grande. Tenemos 120 personas trabajando en 10 proyectos concretos de ingeniería en todo el país. Hay múltiples formas de participación. Algunas más intensivas. Pero también valoramos la participación de personas que no vengan de ámbitos académicos. Son lo locales los protagonistas, los que conviven con esa realidad adversa. Desde ese lugar aceptamos cualquier tipo de participación. Necesitamos el rol del ingeniero. Del que conoce la técnica, pero con esa técnica lo único que hacemos es comernos la cola. Entonces, una asociación solo de ingenieros no alcanza. Necesitamos un grupo más integral. Hay múltiples participaciones: desde ir a un barrio en Ramón Carrillo, en Villa Soldati, en la construcción de un centro cultural, bastante amplio, con ciertas dificultades que tiene que ser encargadas a la ingeniería. Pero no todo es trabajo de experto, de diseño y planificación. También se necesita doblar hierros, cargar bolsas de cemento y eso vamos nosotros y lo hacemos. Promovemos bastante la participación comunitaria. Para nosotros si no queda la participación instalada es un proyecto que está rengo.
–Y ver materializar los resultados.
A. L.: –Sí, pero también generar esa participación comunitaria en la solución o en la alternativa. No queremos traer soluciones cerradas. Queremos plantearlas. Ponerlas sobre una mesa de trabajo, discutirlas y que cada uno aporte desde su lugar. Desde la técnica pero también desde la humanidad.
–Un techo… tiene una consigna que dice si ponés un techo no tenés techo…
Francisco Susmel: –Eso fue una campaña puntual. Para nosotros hoy en día es puntual el voluntariado joven, la gente que está estudiando una carrera universitaria o no pero en esa edad pero que le comienzan las inquietudes y ganas de trabajar. Lo importante es que se quiera integrar. Nosotros también tenemos un proceso de selección con las familias que trabajamos para lo que es familias en emergencia. Pero también un trabajo posterior que es empezar por ver qué problemas tiene un barrio y cómo hay que encararlo desde la misma comunidad. Con este trabajo que estamos haciendo los sábados estamos moviendo alrededor de 1.500 personas en todo el país. Chicos que podrían estar en su casa pero que deciden estar ahí y pasarse el día con a familia haciendo diferente cosas. Nos adaptamos a las necesidades. Moldeamos nuestro trabajo en lo que hoy es urgente para el barrio. En general, nos encontramos con que la vivienda es un problema grande y nosotros hacemos una vivienda de emergencia, transitoria, que la puede construir cualquiera y ahí invitamos a familias, chicos secundarios, universitarios. Es algo concreto, sencillo, fácil de hacer y solucionamos un problema que es que una familia estaba viviendo en un piso de barro, con paredes improvisadas, pues nos permite solucionar eso y una vez que sabemos que la familia tiene un lugar de contención, donde puede dormir tranquila, empecemos a pensar que necesita la comunidad.
–Ocupan lo que se llamaba “lugares diligenciales”. Haciendo diagnósticos, balances, análisis. Deben tener claridad en el problema y advertir al resto. ¿Qué cosas debemos tener en cuenta y advertirnos para sumarnos a esas redes, cuáles son las cosas que tenemos que mirar?
J. M.: –Estamos convencidos que los cambios se producen a través de la participación social y popular. Vemos con mucho agrado estos procesos latinoamericanos donde la juventud toma un rol importantísimo a través de distintas organizaciones, partidos políticos. Creemos que los cambios vienen con participación, acciones e ideas concretas. Somos una organización que si bien tenemos una línea en la misión social tenemos muy claro qué proyecto de salud queremos desde un punto de vista de país. Estamos trabajando hace mucho tiempo en construir, con distintas organizaciones, una agenda que hable del derecho a la salud como un derecho fundamental.
A. L.: –Quería comentar sobre una experiencia que tiene que ver con la integralidad de un problema y no solo como una disciplina. Hay una pequeña anécdota de Ingenierías sin fronteras en Canadá, que fueron a una aldea de África, donde las mujeres se trasladaban grandes distancias cargando grandes vasijas para agua. Desde la ingeniería detectaron esta necesidad y lo que dijeron justamente fue “hagamos un pozo de agua en esta aldea”. El resultado, una vez puesto en funcionamiento el pozo fue que, estas mujeres seguían haciendo esa caminata con esas vasijas en la cabeza. Eso era porque en esa aldea se encontraban las mujeres de todas las demás aldeas. Había un intercambio social que no estaba contemplado en acción social de ingeniería puntual. Era necesario ese pozo pero también crear un espacio donde se pudiera desarrollar el resto de las cuestiones de esa caminata.
–El ejemplo es extraordinario porque muestra cómo uno se involucra en ciertas pautas culturales.
F. S.: –También veo ahí algo de esto de cómo llevar soluciones desde otro lado pensando que uno reconoce el problema y no involucrarse desde la base. A veces eso de llevar soluciones termina generando otros problemas.
A. L.: –Pasa muchas veces con conjuntos habitacionales que proyecta el Estado, de sacar gente de donde está viviendo, donde tiene su barrio, donde nació y conoce a otras familias porque uno siente que lo está llevando a una mejor casa pero, tal vez esa familia está cómoda ahí. Entonces, todo esto tiene que ver con trabajar en conjunto desde la base y ver también cómo podemos incidir en políticas públicas para que también las soluciones puedan venir desde arriba pero siempre considerando que la gestión tiene que hacerse desde la base y con el conocimiento que tiene la persona que sufre o está vulnerada de un cierto derecho.
–Ustedes dicen que alguien no es el beneficiario sino el protagonista. Me parece un concepto muy importante para que lo entendamos muchas veces en la vida cotidiana pero sobre todo cuando se dispone hacer un parte de un proceso de transformación y no creer que uno va con la fórmula.
J. M.: –En la mayoría de las comunidades donde hemos participado, uno tiene que romper con la estructura de forma tradicional y empezar a tener una mirada distinta. Saber escuchar más que saber decir lo nuestro. Tenemos muchas anécdotas de cuando vamos a pueblos originarios o regiones campesinas y comenzamos a ver cuáles son los problemas principales de salud con las comunidades, con las asambleas o referentes claves. Uno de los problemas que sufre es que los enferma la tierra con la soja, con las plantaciones. En la facultad, nosotros no entendíamos que se enfermaban con la tierra. Entonces, comenzamos a tener otra mirada, otro punto de vista, donde el rol fundamental de todos los proyectos son las comunidades donde vamos a trabajar.
–Recuerdo un libro del juez Eugenio Zafaroni, Los derechos de la Pachamama. Allí se hace una visión antropológica: empezar a entender que es un montón de gente en este continente y seguramente en cada territorio, saber valorar que somos parte de una naturaleza más compleja y que la tierra, con sus recursos minerales, hidrocarburíferos, sus potencialidades, sus nutrientes, sus ríos… está hablando y diciendo cosas que nosotros no escuchamos. ¿Cómo es el salto de participar en la actividad comunitaria a la actividad política?
M. B.: –En nuestra organización hemos destacado la palabra solidaria o ayuda. Para nosotros, haber estudiado en una universidad pública tiene un sentido social. Nuestra organización es militante, de voluntariado pero de voluntariado militante. Nuestra organización no se inscribe en un partido político. Eso no quiere decir que cada uno de nosotros no tenga preferencias políticas. No somos neutrales en ninguna de las cuestiones que pasan en ninguno de nuestros países latinoamericanos. Cada uno tiene su nivel de involucramiento y una historia particular y personal. Yo vengo de una tradición de militancia en la universidad por el derecho a la educación. Conocí a Médicos del Mundo a través de la formación en un postgrado. Me interesé en la propuesta y en el enfoque de esta organización.
A. L.: –Yo me voy a permitir citar a un militante que cuando pisó Ingeniería sin fronteras en el penal de Devoto para empezar a trabajar en un proyecto muy interesante y formativo de cooperativas dijo “yo siento que todo lo que estuve haciendo en mi vida estaba orientado a llegar acá y hacer esto”. Apoyando y sintiendo eso comprendo que mi camino a través de distintas empresas fue aprender también en espacios académicos, de docencia pero todo estuvo orientado pegar el salto y pisar esta zona no segura de poder participar en emprendimientos comunitarios. Tuve que hacer una elección y así es en la mayoría de los casos. Y en esa elección se puede perder o ganar. Yo creo que gané por todo.
–Y saber que no es más rico el que más tiene sino el que menos necesita.
A. L.: –Es un trabajo horizontal y no como la organización que apadrina o mira desde arriba al problema. La primera vez que fui a construir fue en 2007 y un amigo me invitó. Entendí de qué se trataba. Trabajar con una familia par a par. Que la familia también se involucre en esta vivienda transitoria que hace el techo. No va sólo cuando llueve y calzado con botas de lluvia cuando hay gente que ni siquiera tiene zapatillas. Y ver que en dos días uno puede hacer algo tan concreto como construir una casa, pues a uno lo moviliza. Yo encontré una organización que habla de superar la pobreza y que tiene un trabajo a muy largo plazo. Creo que la pobreza se puede superar.
–Cuando uno piensa en Médicos del Mundo o en Ingenieros sin fronteras piensa en abrir la cancha. ¿El Estado tiene políticas públicas cómo para decir aprovechemos estos talentos?
J. M.: –Es muy dispar la participación estatal en organizaciones civiles. Con organizaciones como Unasur y OPS, incluso con algunas líneas del Senado o de la Secretaría de Infancia tenemos proyectos en común y financiamiento hacia proyectos específicos. Nosotros nos cuidamos muchos de nuestra autonomía y derecho a denunciar cualquier violación al derecho humano y de la salud independientemente de quien nos financie. Con el Estado municipal tenemos muy poco en común. Hace diez años que soy trabajador de la salud municipal y conozco la realidad. Es una salud de bajos recursos.
F. S.: –En nuestro caso también hay que ser muy creativos. Hay participación de intendencias muy bien dispuestas, que quieren sacar a la luz sus propias problemáticas. Decir que hay arsénicos en aguas es un problema y hay que resolver ese problema. Pero hay que ponerlo en evidencia primero. Entonces hay intendencias que quieren ponerlo en evidencia y tratarlo y otras que no. Y también el trabajo conjunto. Armar ese equipo, financiar: todo parece un problema. Nuestro proyecto de ingeniería es caro.
–¿Qué es caro?
F. S.: –No es caro en la incidencia y el impacto que tiene. Creemos que son necesarias. Donde estamos trabajando hay una conciencia clara de que la gran incidencia es la formación de esta integralidad que uno trata de buscar en cada proyecto y no abordar una única temática. Empoderar un reclamo para generar una equidad social. En ese empoderamiento nosotros aportamos esa base tecnológica para poder empoderarlo.
A. L.: –Nuestro camino está bastante financiado por empresas privadas o personas puntuales que hacen un aporte como socios. Más que nada lo que buscamos con el Estado es poder articular, sentarnos a hablar sobre una necesidad puntual pero nosotros estamos en varios lugares del país y cada municipio es un mundo. Está el que te abre las puertas y el que no. Cada lugar, al igual que el trabajo en el barrio, se tiene que ir adaptando a qué facilidad de contacto hay. El año pasado, Un techo… hizo un relevamiento en el conurbano bonaerense y Córdoba de asentamientos. Es información que sirve. El año que viene se va a volver hacer en las ciudades de Neuquén, Salta, Misiones, Rosario. En los lugares donde tenemos oficinas la idea es hacer estos relevamientos y ver cuántos asentamientos hay, cómo fueron creciendo, qué falta, qué necesidades básicas están sin resolver. Con esa información, nos sentaremos con el Estado y con otras organizaciones sociales para trabajar. Lo que más buscamos del Estado es lo que hoy no podemos hacer: articular infraestructuras. Una vivienda de madera, que se hace en dos días, es sencilla para hacer con financiación privada o de una persona que quiere hacer una casa. No tanto un asentamiento que necesita agua, cloacas, veredas. Es necesario poder dialogar con la libertad de no depender puntualmente de nadie para poder ir a exigir con los vecinos del barrio lo que necesitan hacer y que cosas hoy faltan en ese lugar.
–Entidades como éstas, para poder potenciarse, ¿conviene que se junten e interactúen o intercambien información?
J. M.: –Nosotros, en varios proyectos estamos trabajando con muchas organizaciones de la sociedad civil. Específicamente en el proyecto 22 puntos para la salud argentina trabajamos con muchas organizaciones y redes. Incluso con asociaciones gremiales dedicadas a la salud porque estamos trabajando con derechos básicos. Pero sí, la idea es siempre trabajar con otras organizaciones. Estos proyectos en general están avalados en terrenos políticos ya sea por la asociación de campesinos, de mujeres. Muchas veces son estas organizaciones las que nos proponen y cómo trabajarlo en este sentido. Es fundamental para empezar a incidir en la agenda del Estado: unirse y trabajar en conjunto. Estar unidos es la única forma.
Fuente:MiradasalSur

1 comentario:
REFERENCIA. COMUNIDAD ABORIGEN DE NEGRA MUERTA SOLICITA CUMPLIMIENTO DE LEYES 23302 y 26206 PIDE MEDIDAS QUE GARANTICEN LA EDUCACION SUPERIOR UNIVERSITARIA DE SUS MIEMBROS. SOLICITA INTERVENCION DEL REPRESENTANTE DE DERECHOS DE LOS PUEBLOS INDIGENAS; DE COMUNIDADES ORIGINARIAS ARGENTINA (DEFENSOR DEL PUEBLO, Intendente, profesor, maestro…) Originarios piden educación superior universitaria en sus jurisdicciones (enviado el 7 de febrero de 2012 al ministro de educación nación y de prov. de Jujuy, INAI … diputados y senadores por Jujuy ,Defensor del pueblo…sin respuesta a la fecha)
En el tiempo se ha considerado y reconocido la integridad personal del descendiente del originario como ciudadano argentino, entonces se ha remarcado el siguiente:
1-Prohibir la esclavitud moderna y la servidumbre, que en el transcurso del tiempo se ha logrado con mucha efectividad impartiendo únicamente la educación primaria. En tanto que una educación de nivel superior contribuye en el desarrollo mental en su proceso de análisis y síntesis; más favorece a la investigación y a tener un criterio personal, que hoy se necesita.
2-Luego ante la falta de garantía en el derecho a la educación de nivel superior que vulnera irremediablemente a los niños y adolescentes y ante la ausencia del Estado que no asume su indelegable rol tutelar y no concurre al amparo del niño y del adolescente que padece deserción temprana del sistema escolar, y falta de propuesta que estimule su crecimiento y afirmación como persona; entonces acuden:
Los integrantes de diferentes comunidades originarias, o aborígenes y reclaman Acción de Amparo por la inobservancia de la Ley 26206 de Educación Argentina y de la Ley 23302 de Protección de comunidades aborígenes, en cuanto a la intensificación de los servicios de educación y cultura en las áreas de asentamiento de las comunidades indígenas, cuyos planes deberá, resguardar y revalorizar la identidad histórico-cultural de cada comunidad aborigen. En ese sentido requieren que se instrumenten las siguientes carreras superiores universitarias:
Arquitectura (dentro de la jurisdicción aborigen de Abra Pampa y Humahuaca).
Investigación científica en: Matemática, Física, Química (Abra Pampa y Humahuaca).
Computación. Luz. Sonido. Acústica. Reflexión (Negra Muerta, Iturbe, Humahuaca).
Investigación y tecnología en Procesamiento de alimentos: frutas, verduras, carnes… (Tilcara)
Investigación y tecnología en fabricación de cerámicos, mosaicos y azulejos… (Humahuaca
Investigación y tecnología en reparación de automotores y motos (Humahuaca, Abra Pampa, Tilcara)
Investigación y Tecnología en fabricación del vidrio (Abra Pampa).
Investigación y tecnología en el tratamiento de carpintería industrial: madera y metal (Abra Pampa, Humahuaca).
Tecnología en observación astronómica. Aprovechamiento del viento, aire, sol…Radar, Panel solar, Energía eólica (Abra Pampa, Cochinoca)
Investigación y tecnología sobre el cuidado del Ecosistema. Y aprovechamiento de sus recursos naturales: bosque, suelo, río… Forestación, viveros y otros. (Comunidad: Ocloyas, Paipayas, Osas
Cultivos Especiales. Investigación y tecnología sobre producción de granjas. Ganadería .Avicultura, piscicultura y otros. (Ocloyas, Paypayas, Osas)
Comunicación. Investigación y tecnología en producción de cine, y tratamiento de radio y televisión (Humahuaca ,Tilcara, Abra Pampa)
Gastronomía regional e internacional (Humahuaca, Tilcara, Abra Pampa)
Conservatorio de Música (Humahuaca, Negra Muerta, Tilcara, Abra Pampa)
Dibujo y pintura (Humahuaca, Tilcara, Negra Muerta)
Arte escénico. Danza (Humahuaca, Tilcara)
En otro caso, piden becas para alumnos que siguen estudios universitarios en otros puntos del país, o subsidios hasta que finalicen su carrera universitaria.
Publicar un comentario