17 de marzo de 2013

MURIÓ EL REO MARTÍNEZ DE HOZ.

16.03.2013
Estaba detenido en su domicilio y estaba imputado en tres causas
Cuando empezaba a ser juzgado por delitos de lesa humanidad, falleció "Joe" Martínez de Hoz
El "ministro" Martínez de Hoz junto a su "presidente", Jorge Rafael Videla 
Quien fuera ministro de Economía de la última dictadura militar, José Alfredo Martínez de Hoz, falleció hoy a los 87 años, mientras cumplía arresto domiciliario ordenado por la justicia que lo investigaba en tres causas por crímenes de lesa humanidad. Como ministro de Economía desde 1976 y hasta 1981, fue considerado uno de los mentores intelectuales del régimen que terminó de implantar y ejecutar el terrorismo de Estado en la Argentina. Nacido el 13 de agosto de 1925, hijo de una aristocrática familia de estancieros miembros vitalicios de la Sociedad Rural, fue el ministro que multiplicó por cuatro la deuda externa del país.
Atravesado por el pensamiento de la escuela monetarista de Chicago, promovió un cambio estructural en la economía argentina que pulverizó gran parte de la industria nacional en favor de los sectores más concentrados, en especial los grupos financieros y trasnacionales. Su plan económico anunciado el 2 de abril de 1976 incluyó el congelamiento de los salarios, que entre 1976 y 1980 cayeron un 40 por ciento y reglas de juego que estimularon la especulación financiera.

Cumplió un papel protagónico aun desde antes del golpe de Estado, como él mismo lo admitió en 1984 ante la Cámara de Diputados, cuando se investigaba la "nacionalización" dolosa de la Compañía Italo-Argentina de Electricidad (CIADE). Según su propio relato, acompañado por otros prominentes hombres de negocios, visitó al entonces general Jorge Videla "en el curso del año 1975" para decirle que "se impedía la libertad de trabajo, la producción y la productividad", abogando por "el imperio del orden sobre todas las cosas". Martínez de Hoz presidía en esa época y desde 1967 el Consejo Empresario Argentino (CEA), constituido por medio centenar de grandes empresas y lobby de los principales grupos económicos.

Pasadas tres décadas, en diciembre de 2007, en declaraciones a una revista de estudiantes de periodismo de TEA, el ex ministro insistió en justificar al dictador Videla: "Tenía que defender a la sociedad", dijo. "Nosotros abrimos surcos, preparamos el terreno para que los gobiernos posteriores retomaran esta apertura económica", sin una continuidad inmediata pero "que volvió con el presidente (Carlos) Menem", añadió.

Para forzar tal "apertura", promovió e integró la dictadura militar que suspendió la actividad política y sindical, prohibió las huelgas, disolvió el Congreso y los partidos políticos, destituyó a la Corte Suprema de Justicia, censuró medios periodísticos, secuestró, torturó y asesinó.

La represión golpeó con especial saña a los delegados obreros de las empresas que integraban el CEA, entre otras Acindar, en la localidad santafesina de Villa Constitución, de la que Martínez de Hoz había sido presidente.

Por considerar delitos de lesa humanidad los hechos ocurridos durante un operativo ocurrido en 1975 en esa fábrica, el juez federal Norberto Oyarbide ordenó en 2011 investigar al directorio de Acindar, incluido Martínez de Hoz, causa en la que la Secretaría de Derechos Humanos se presentó como querellante.

El terrorismo de Estado ocultó y facilitó, también, negocios relacionados con el ministro de Economía de la dictadura cívico militar. En ese marco se inscribió el secuestro extorsivo de los empresarios Federico y Miguel Ernesto Gutheim en 1976 que, en cautiverio, fueron obligados a firmar un contrato con una empresa de Hong Kong por el cual él tenía intereses. El otro caso paradigmático fue el del economista de origen español Juan Carlos Casariego de Bel, un funcionario de alto rango en el ministerio de Economía que se oponía a "nacionalizar" la CIADE pagando un precio muy superior a su valor real.

Martínez de Hoz era director de CIADE desde 1969 y varios de sus colaboradores y sucesores en el ministerio de Economía estaban también vinculados a esa compañía. Casariego de Bel desapareció en la noche del 15 de junio de 1977, cuando debía reunirse con Walter Klein, secretario de Martínez de Hoz, quien se negó a intervenir tras el secuestro, según denunciaron los familiares del economista. La secretaría de Derechos Humanos de la Nación se presentó en marzo de 2008 como querellante por "homicidio y asociación ilícita" en el asesinato de Casariego de Bel.

La causa más reciente que salpica al cerebro económico del golpe cívico militar es la que lleva adelante el juez federal Julián Ercolini, y en la que se investiga la apropiación ilícita de la empresa Papel Prensa durante la dictadura cívico militar por parte de los diarios Clarín, La Nación y La Razón. La secretaría de Derechos Humanos se presentó como querellante y solicitó al juez la citación a indagatoria y la prohibición de salida del país de Martínez de Hoz; la directora del diario Clarín Ernestina Herrera de Noble; el CEO de Clarín Héctor Magnetto; el presidente del diario La Nación Bartolomé Mitre y el expresidente de facto Jorge Rafael Videla, entre otros.

"No digo `adiós`, sino `hasta luego`, fue la frase con la que se despidió de su cargo antes de dejar el ministerio a Lorenzo Sigaut, en 1981, casi como una amenaza.
FuenteTelam



MURIO BAJO PRISION DOMICILIARIA JOSE ALFREDO MARTINEZ DE HOZ
Joe, de la patria financiera
Ideólogo del golpe, figura icónica de la oligarquía y de sus intereses más crudos, el ex ministro de Videla defendió el genocidio, la represión y la destrucción económica hasta el último momento de sus 87 años.
Por Carlos Rodríguez
Imagen: Télam
“Las guerras nunca se pelean con guantes blancos. Hemos usado con los terroristas los mismos métodos drásticos que ellos habían empleado.” Además de construir la patria financiera, destruir la industria, elevar la desocupación a límites escandalosos y encadenar el futuro de la Argentina al cepo de la usura internacional mediante el crecimiento descomunal de la deuda externa, José Alfredo Martínez de Hoz –que murió ayer en Buenos Aires– fue un furioso defensor del genocidio. La frase que abre este recordatorio fue dicha por Joe en una conferencia de prensa que ofreció el 20 de septiembre de 1978, poco antes de pronunciar un discurso ante el Consejo de Asuntos Mundiales reunido en el hotel Biltmore, en Los Angeles, Estados Unidos (ver diario La Prensa del 21/9/78, que reproduce un despacho de la agencia United Press International).
Martínez de Hoz, que falleció a los 87 años mientras cumplía arresto domiciliario por estar acusado en tres causas por crímenes de lesa humanidad, hizo su defensa pública del genocidio, cuando todavía se estaba ejecutando, para responderle a un “infiltrado”, según sus propias palabras, en alusión a un integrante de Amnistía Internacional que le hizo una pregunta acerca de la situación de los desaparecidos en la Argentina.

El entonces ministro de Economía de la dictadura respondió con palabras similares a las que usó en otro momento de la historia reciente el dictador Jorge Rafael Videla: “Algunos (se refería a los desaparecidos) fueron muertos y sus cadáveres enterrados por sus propios camaradas terroristas. Otros han pasado a la clandestinidad. Otros han huido a Europa. Algunos han abandonado el movimiento terrorista y se ocultan porque temen represalias” (textual de la misma nota de La Prensa).

En forma simultánea a esas expresiones, el Ministerio de Economía dio a conocer un comunicado en Buenos Aires. En ese texto se afirmaba que el ministro había reivindicado “la lucha antisubversiva”, a la vez que había asegurado que la situación no estaba “totalmente solucionada”, dado que existían “grupos aislados que colocan bombas o asesinan gente”. En ese informe oficial hasta se reconocía la existencia de grupos paramilitares y parapoliciales a disposición de las grandes empresas.

Según el comunicado, la violencia era por culpa del gobierno de Héctor Cámpora por haber liberado en 1973 a los presos políticos. “La situación llegó a un nivel donde los grupos privados o alquilaron o formaron sus propios grupos antiterroristas para enfrentar a esos grupos con esas mismas armas”. En ese punto se insistió en que “los grupos terroristas no usaban guante blanco y los que los combatían tampoco lo usaban”.

El parte oficial aseguraba que el discurso de Joe había sido recibido con aplausos por parte de los empresarios reunidos en Los Angeles.

Durante la dictadura, en sordina, se decía que él era “Martínez Dios”, en alusión a su poder y a su condición de mentor intelectual, junto con otros civiles, del golpe militar del 24 de marzo de 1976. José Alfredo Martínez de Hoz nació el 13 de agosto de 1925, hijo de una familia de estancieros vitalicios de la Sociedad Rural Argentina. Alumno aplicado de la escuela monetarista de Chicago, pulverizó la industria nacional para favorecer a los grupos financieros y a las empresas trasnacionales. Su plan económico, anunciado el 2 de abril de 1976, incluyó el congelamiento de los salarios y despidos masivos en grandes empresas, entre ellas Clarín, que dejó cesantes a 400 trabajadores, el mismo día del discurso del ministro de facto.

Cuando en 1984 declaró ante la Cámara de Diputados que investigaba la “nacionalización” dolosa de la Compañía Italo-Argentina de Electricidad (Ciade), reveló que antes del golpe del ’76 le llevó a Videla una copia de su plan económico. La entrevista fue en 1975 y Martínez de Hoz le dijo al futuro golpista que el gobierno peronista de entonces “impedía la libertad de trabajo, la producción y la productividad”. Sostuvo que fue ante Videla para que se impusiera “el imperio del orden por sobre todas las cosas”. Para lograr ese objetivo, decenas de miles de personas fueron asesinadas, desaparecidas o tuvieron que marchar al exilio.

En una entrevista que concedió en 2007 a un estudiante de periodismo de TEA, dijo que los hombres que más admiraba de la historia argentina eran Domingo Faustino Sarmiento y Julio Argentino Roca. Sobre Ernesto “Che” Guevara dijo que era “un asesino”, mientras que negó que Videla lo fuera: “A Videla hay que conocerlo. La gente juzga por cosas que oye o se dicen”. En ese momento, Videla ya había sido condenado a perpetua por crímenes de lesa humanidad y luego le dieron 50 años de cárcel por el robo de bebés durante la dictadura militar.

Sobre el genocidio, sostuvo que Videla “no quería dar el golpe, porque es una persona de una gran seriedad y comprensión”, pero una vez que asumió como presidente de facto tenía que “defender a la sociedad”.

Admitió que “evidentemente hubo procedimientos que uno hubiera preferido que no se hicieran”. Martínez de Hoz vivió en el cuarto piso del edificio Kavanagh, en el barrio de Retiro. En su casa tenía retratos de George Bush y Margaret Thatcher, y algunos trofeos de sus cacerías de caza mayor junto con el ex ministro del Interior general Albano Harguindeguy.

En pos del paraíso económico prometido por Martínez de Hoz, la dictadura declaró la ilegalidad de las actividades políticas y sindicales, prohibió el derecho de huelga, clausuró el Congreso, destituyó a la Corte Suprema, censuró a los medios de prensa, secuestró, torturó y asesinó a los opositores de cualquier signo.
La represión golpeó duro a los delegados obreros de Acindar, en Villa Constitución, en 1975. Martínez de Hoz fue presidente de la empresa y fue procesado por ser considerado responsable de secuestros y desapariciones, al igual que su sucesor, el general Alcides López Aufranc. Como se había admitido en 1978, en el comunicado del ministerio a cargo de Martínez de Hoz, en Acindar actuó un grupo parapolicial conocido como Los Pumas.

También fue procesado por el secuestro extorsivo de los empresarios Federico y Miguel Ernesto Gutheim, en el año 1976. La tercera causa en su contra tiene que ver con la desaparición, en junio de 1977, del economista español Juan Carlos Casariego, que se había opuesto a la nacionalización de la Ciade.



MARTINEZ DE HOZ Y LA PREPARACION DEL GOLPE MILITAR
El plan comenzó un año antes
No fue ni un “técnico” ni un civil más, sino uno de los planificadores de la dictadura y un agente de la inestabilidad de 1975. El “éxito” de su plan económico, que fue la pieza central del proyecto de los militares.
Por Raúl Dellatorre
El ministro de Economía y el dictador Videla, socios en la preparación del golpe desde un año antes.Imagen: Télam
No fue simplemente uno más de los “civiles” que colaboraron con el golpe militar del ’76. Tampoco se podrá decir que fue un “especialista” convocado por las Fuerzas Armadas para ponerle el cuerpo y darle nombre a un plan que pasaría a la historia por sus consecuencias políticas, sociales y económicas. Fue más que eso, mucho más. Un digno representante de su clase, la que le dio su nombre –por su abuelo– al pabellón principal del centro de exposición de Palermo aún apropiado por la Sociedad Rural. Honor que el nieto devolvió con creces, articulando primero el apoyo empresario para concretar el golpe de marzo del ’76, y luego ejecutando el plan que constituyó la pieza central del proyecto de largo plazo que alentaba la dictadura, del que se ha dicho, con certeza, que “pocas veces en la historia argentina o de otros países se ha visto operar una redistribución del ingreso regresiva de características tan masivas”.

Su “plan”, formalmente anunciado el 2 de abril de 1976, en realidad comenzó a trazarse y ejecutarse un año antes. Tras la muerte de Juan Domingo Perón en julio de 1974, comenzó la batalla abierta de los grupos de poder contra el Plan Gelbard, del ministro que Isabel Perón mantuvo por algunos meses en el gobierno hasta que cedió a la presión de los sectores dominantes ya aliados con fuerzas militares golpistas. José Ber Gelbard, junto a la CGT, alentaba un pacto social que, con un gobierno debilitado y una central sindical que perdía representatividad frente al avance de sectores combativos, era cada vez más difícil de sostener.

Del lado de enfrente, la entidad que se ocupaba de sumar fuerzas en contra del gobierno era el Consejo Económico Argentina, CEA, presidido por José Alfredo Martínez de Hoz, titular por entonces de Acindar, miembro de la Sociedad Rural y con buena llegada a los militares. Desde ese rol múltiple ejecutó su tarea estratégica. Colocó en el gobierno a quien se convertiría en un estrecho colaborador suyo, Ricardo Zinn, en el rol de viceministro de Economía de Celestino Rodrigo en junio de 1975. Así ejecutarían el violento plan de ajuste conocido como Rodrigazo, que dinamitó la relación del gobierno de Isabel con la CGT y la escasa capacidad de manejo que le quedaba a la viuda de Perón. El camino a la dictadura había quedado prolijamente asfaltado.

Desde el CEA, Martínez de Hoz diseñó el plan de sabotaje de grupos económicos del campo, el comercio, la industria y las finanzas para terminar de derrocar al gobierno. El mismo se reunió, en los meses finales de 1975, con Videla (ya jefe del Ejército) en nombre del CEA para expresarle la preocupación por la conflictividad laboral y la necesidad de una mano firme para controlarla. Llegó el golpe y el plan que se presentó, con razones, como “proyecto refundacional”. El plan tuvo varios hitos, según el análisis de los investigadores Daniel Azpiazu (ya fallecido) y Martín Schorr, de Flacso. Por un lado, hubo una reducción de salarios reales de más del 30 por ciento en el segundo trimestre de 1976 por la devaluación, congelamiento salarial y liberalización de precios (un índice de precios al consumidor del 87,5 por ciento en el período).

También se derogaron los derechos laborales y suspendieron actividades gremiales, lo que posibilitó una expulsión masiva de trabajadores y una feroz represión justificada en la necesidad de bajar costos laborales y ganar eficiencia.

A esto se sumó el desmantelamiento de las bases de sustentación del modelo sustitutivo y su correlato en un elevado grado de desindustrialización, reestructuración regresiva del sector fabril, reprimarización del tejido productivo, lo que derivó en la desaparición de numerosas pymes y una creciente concentración del poder económico. La reforma de la Ley de Entidades Financieras, junto a la “tablita cambiaria”, facilitó la especulación de capitales extranjeros. Estas herramientas determinaron la hegemonía de la valorización financiera como eje dinámico del régimen de acumulación, en un marco de crecimiento exponencial de la deuda externa y la fuga de capitales. Finalmente, hubo una profunda apertura importadora, alentada además por la “tablita”. “En apenas cinco años se desarticularon las bases económicas y sociopolíticas de la industrialización sustitutiva y se logró alterar radicalmente la correlación de fuerzas obrero patronales”, concluyen los autores.

Martínez de Hoz tiene bien ganado el reconocimiento de haber sido uno de los ejecutores más lúcidos del plan. Un brillante cuadro de los grupos de poder. Un verdugo de los sectores populares.
Fuente:Pagina12


17.03.2013
La significación de Martínez de Hoz en la historia económica argentina
La relevancia de Martínez de Hoz en la historia económica del país es enorme. Claro, en un rumbo estratégico con el que discrepo fuertemente. 




Por: Eduardo Curia

Para captar esa relevancia, vale apelar a la categoría que acuñó Marcelo Diamand del péndulo argentino. Diamand escribía en las primeras décadas de la segunda mitad del siglo pasado acerca de las alternancias en el tiempo de régimen económico.

Una de las opciones en juego era la de la industrialización mercadointernista, con una gran inclusión social, pero débil en cuanto a disponibilidad de divisas.

La otra opción pasaba por los impromptus liberales, que venían a corregir los estrangulamientos de divisas dejados por el otro planteo, pero que se agotaban velozmente dada su estrechez social.
En este marco, la gestión de Martínez de Hoz se anota en el curso pendular, pero con perfiles propios. Se enrolaba en la opción liberal, pero apostaba a la perpetuidad –de la mano de la dictadura militar–, aspirando a un cambio estructural radical que inhibiese cualquiera de los planteos industrializantes. O sea: se trataba de evitar nuevas movidas pendulares. Era al estilo "de una vez, y para siempre".

La "modernización" de Martínez de Hoz supuso un aperturismo indiscriminado, asociado a la desregulación financiera y de las tasas de interés, rematando en el uso sistemático del endeudamiento externo.
Primó la inserción decidida del país en la trama de transnacionalización y globalización que venía corporizándose. Por cierto, la estrategia en cuestión generó gruesos agravios a la estructura productiva, en especial la industrial, y social.

La fórmula liberal de nuevo cuño, sobre todo cuando el manejo económico apeló al enfoque monetario del balance de pagos, se inclinó en los hechos hacia la apología del retraso cambiario real (mezclado con desregulaciones y aperturismo), el que hizo estragos. Aquí talló la "tablita cambiaria", que establecía un sistema de crawl activo, el que, bajo pretensiones estabilizantes, proyectaba el hipodólar real.

De todos modos, si bien la gestión económica de Martínez de Hoz se dio en un tramo concreto de la historia, y consustanciada con la pasada dictadura militar, la cosa no se agota en una mera experiencia individual. Por el contrario, se acuña un "modelo" o un "arquetipo", el que no necesariamente requiere de un gobierno militar para practicarse.

Lo demuestra la Convertibilidad "democrática" aplicada por Cavallo en los '90. Cavallo, en el campo liberal, fue bastante crítico de la política de Martínez de Hoz, lo que se detecta en su conocido texto Volver a crecer.

Aquí Cavallo le reprochaba su compromiso con el endeudamiento externo y con el retraso cambiario, con las malas secuelas involucradas. El ex ministro de Menem decía que se necesitaban dólares comerciales más que financieros. Sin embargo, cuando llegó al ministerio en los '90, hizo una "réplica" de la matriz de Martínez de Hoz.

Por eso, lo del arquetipo. Que se extiende a cualquier intento de recrear un esquema basado en el endeudamiento externo y en el retraso cambiario.
Fuente:InfoNews  

Murió el reo José Alfredo Martínez de Hoz 
Año 6. Edición número 252. Domingo 17 de marzo de 2013 
Por Eduardo Anguita 
eanguita@miradasalsur.com
En abril de 1976, José Alfredo Martínez de Hoz Cárcano tenía 50 años, varios campos, cuatro hijos, un título de abogado con medalla de honor, muchos fusiles de caza y alguna experiencia como funcionario. Se había estrenado como ministro de Economía tras el golpe de 1963, cuando los militares desalojaron a Frondizi y pusieron a Guido. Hasta el 29 de marzo de 1976 –cuando la Junta lo puso al frente del Palacio de Hacienda– Martínez de Hoz era presidente de Acindar, la siderúrgica más grande del país. Además era asesor del Chase Manhattan Bank. Pero llevaba meses trabajando para armar un gabinete y un plan económico: Jorge Rafael Videla se lo había pedido en agosto de 1975.

Aunque lo tenía todo previsto, el viernes 2 de abril, cuando tuvo que hacer público su plan, Martínez de Hoz se retrasó: la cadena nacional debía ir de nueve a diez de la noche, pero el ministro empezó a las diez y siete, diciendo que no quería extenderse con cuestiones técnicas. El discurso terminó cuando faltaban veinte minutos para la una de la madrugada, dos horas y media después.

Su voz resultaba cansina, y los datos horrorosos: “En los últimos doce meses el crecimiento de los precios minoristas alcanzó al 566% y si en los próximos nueve meses la tasa marcha al ritmo del primer trimestre (de 1976) la espiral llegará al 788%”. El ministro sostuvo que eso produciría, entre otros males, “la proletarización de la clase media”. Y el déficit público crecía: “Mientras en 1970 los ingresos tributarios alcanzaban para cubrir el 80% de los gastos totales, en el primer trimestre de 1976 sólo absorbieron el 20%. Así, los gastos del Estado han crecido en tal magnitud que no pueden ser cubiertos con recursos genuinos y se recurre a la simple emisión monetaria”.

Para pasar “de una economía de especulación a una de producción”, el ministro anunció la liberación de precios y el aumento general de combustibles y tarifas –del orden del 30%–. Con respecto a los ingresos, “teniendo en cuenta la etapa inflacionaria y el contexto de un programa de contención de la inflación, se suspenderá toda actividad de negociación salarial entre sindicalistas y empresarios, así como todo proceso de reajuste automático periódico de los salarios”. Aclaró que más adelante los aumentos provendrían de “la mayor productividad global de la economía”, pero que mientras tanto los aumentos “los fijará periódicamente el Estado”. Con ojeras, traje gris topo y la camisa un talle más grande, Martínez de Hoz anunció las derogaciones de la nacionalización de los depósitos bancarios, la ley de inversiones extranjeras y el monopolio estatal de las juntas nacionales de Carnes y Granos, reemplazadas por el juego del mercado.

El dólar, sin embargo, seguiría bajo control estatal. Habría tres cotizaciones: una oficial a precio fijo, otra fluctuante accesible al público en casas de cambio y una tercera para operaciones de comercio exterior: el ministro anunció “una paridad mixta” consistente en una mezcla de distintas proporciones de dólares baratos y caros para cada producto. Martínez de Hoz aclaró cuáles eran los dos rubros a los que se limitaba el dólar más barato, de 140 pesos: la importación de combustibles y de papel prensa. Era una buena manera de llevarse bien con los dueños de diarios y los petroleros: ambos serían subsidiados por el Estado. En esos días, el Ministerio de Economía decidió que las cuentas nacionales, que hasta entonces eran públicas y podían ser consultadas por cualquier ciudadano, se convertían en información reservada. Marzo de 1976 fue la última vez en que se difundió, por ejemplo, la participación de los asalariados en el Producto Bruto Interno nacional.

“Aplicar esta política no conduce a perder la capacidad de decisión nacional, la que debe ubicarse en el suelo argentino, indeclinablemente, respondiendo a la voluntad y aptitud del Estado –decía, al otro día, el editorial de Clarín–. Podría más bien inferirse que retardar el ritmo del desarrollo es lo que coloca a los pueblos en el riesgo de perder, entonces sí, su soberanía efectiva. Para robustecerla y afirmarla es necesario tener en claro cuáles son las prioridades a las que se debe atender y a qué ritmo hay que desenvolverlas. 
Para cumplir ese cometido, la Argentina se ha puesto de nuevo en marcha, según lo muestran los acontecimientos”.

El lunes 5 de abril, la Bolsa de Comercio de Buenos Aires era un hervidero: cuando se abrió la rueda de negocios, los operadores vieron el alza de las acciones líderes y respiraron tranquilos. La tendencia se confirmó con creces: las acciones de Celulosa, de Alpargatas y, por supuesto, de Acindar subieron un 200% con respecto al viernes 2. Y el salario real cayó, en el trimestre marzo-mayo, en un 35%: ese piso se mantendría durante los tres años siguientes.

Pasados muchos años, cuando ya buena parte de la sociedad no tenía vergüenza de hablar de dictadura en cambio de “proceso”, la Justicia metió preso a Martínez de Hoz. No por el robo del país, sino por el secuestro extorsivo de los empresarios Miguel y Federico Gutheim en plena dictadura. Fue a parar a la cárcel de Ezeiza pero, de inmediato, sus abogados recurrieron a la fragilidad de la salud del reo. Entonces tuvo el privilegio de ir a la exclusivísima y privadísima clínica Los Arcos donde sigue “internado”. En esa misma causa, que tramita ante el juez Norberto Oyarbide, están imputados el dictador Jorge Videla y el ministro del Interior de entonces, Albano Harguindeguy, quien era el compinche de Martínez de Hoz en la cacería de elefantes en Sudáfrica.

En ese juzgado, Martínez de Hoz está imputado por otras dos causas. Una es por la cacería de trabajadores que hicieron los dueños de Acindar y las fuerzas policiales y militares desde mayo de 1975 en Villa Constitución. La otra es por el secuestro y desaparición de Juan Carlos Casariego de Bel, un español que era funcionario de carrera del Ministerio de Economía y se negó a firmar los informes del negociado de la estatización de la Ítalo. En esta historia de corrupción, sus compañeros de causa son Guillermo Walter Klein y Juan Aleman.

Todavía las entidades empresariales y muchos ejecutivos que festejaban en el Salón Blanco de la Casa Rosada en la madrugada del sábado 3 de abril le deben una explicación a la sociedad de por qué fueron partícipes de ese plan que, incluso, se cobró la vida de varios empresarios. Todavía, la sociedad tiene que hacer un esfuerzo para no olvidar que hubo este otro 2 de abril, donde se le dio sentido y proyección al golpe de Estado del 24 de marzo.
Ayer, mientras cumplía prisión domiciliaria en su departamento del edificio Kavanagh, murió. Tenía 87 años y muchos secretos guardados.
Fuente:MiradasalSur

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