Se calienta la campaña
Maduro acusó a la oposición de planear ataques “con dólares financiados por las elites imperialistas”. Capriles dijo que Maduro era responsable por “cualquier cosa” que le pudiera pasar.
El presidente interino y candidato por el oficialismo, Nicolás Maduro, y su principal adversario, Henrique Capriles, sumaron ayer nuevos elementos de controversia frente a los comicios del 14 de abril próximo, a pesar de que la camapaña electoral comenzará formalmente el 2 de ese mes. Maduro acusó a la oposición de estar planeando “con dólares financiados por las elites imperialistas” una serie de ataques contra el equipo del fallecido presidente Hugo Chávez para evitar que siga al frente del Gobierno. “Ahora la oligarquía, y yo alerto a nuestro pueblo, la oligarquía en su obsesión por destruir la revolución bolivariana que nuestro comandante Chávez construyó (...) tiene un objetivo: destruirnos a nosotros para que no podamos ser leales y cumplir el juramento de ser leales, fieles y continuar esta revolución”, señaló Maduro.En un acto de homenaje al difunto gobernante transmitido por la cadena de radio y televisión, Maduro aseguró que sus rivales “ya empezaron con dólares financiados por las elites imperialistas” sus ataques. “No lo duden, ellos empezaron un ataque contra el equipo del comandante Hugo Chávez”, indicó, y añadió: “Aquí estamos sus hijos e hijas, no vayan a creer que nosotros somos mochos (mancos). No, nosotros somos guerreros, que se cuide esa oligarquía de este equipo de guerreros y guerreras que está aquí”, manifestó.
El pasado miércoles, Maduro alertó sobre supuestos planes de la “ultraderecha” para atentar contra Capriles que, según su equipo de campaña, no presentó personalmente el pasado lunes su candidatura ante el Consejo Nacional Electoral (CNE) por una supuesta emboscada en su contra.
“Vamos saliendo hacia Táchira, nos han cerrado el aeropuerto de la Fría para evitar que lleguemos a La Grita”, señaló Capriles a través de su cuenta en la red social Twitter. “Cualquier cosa que nos ocurra hago responsable a Nicolás Maduro Moros, ¡así lo denuncio al país y al mundo!”, indicó el dirigente opositor.
Desde diciembre pasado, el estado de Táchira, fronterizo con Colombia, está en manos del gobernador oficialista José Gregorio Vielma Mora, un ex compañero de armas de Chávez. “Hoy estamos arrancando una cruzada por toda Venezuela. ¿Qué mejor sitio para arrancar que desde La Grita?, ¿qué mejor sitio para arrancar que desde una tierra santa? Porque esto es una lucha santa”, señaló Capriles desde este pueblo del estado de Táchira, fronterizo con Colombia. El líder opositor explicó que logró llegar al llamado Santuario de Venezuela luego de superar algunos “obstáculos”, como el cierre del aeropuerto más cercano, según dijo, por orden de Maduro, al que previamente responsabilizó de “cualquier cosa” que pudiera pasarle. “Te lo digo bien claro, Nicolás, si tienes culillo (miedo), te vamos a vencer con culillo y todo”, le lanzó al también candidato del oficialismo. En un discurso de unos veinte minutos frente a cientos de seguidores, Capriles explicó que quiso empezar ahí su precampaña porque quería pedirle “sabiduría” para conducir al pueblo al Santo Cristo de La Grita, un santo ante el que Chávez había pagado una promesa en 2011 estando aquejado de cáncer. “¡Entendamos que esto es una lucha heroica, épica, entendamos que esto es una lucha para derrotar la mentira!”, exclamó Capriles ante sus seguidores, que gritaban “no tenemos miedo”, “sí se puede” o “se ve, se siente, Capriles presidente”. “Yo no soy oposición, yo soy la solución y yo les invito a que construyan conmigo la patria grande que es la patria de ustedes”, dijo.
Al destacar que su lucha es contra un gobierno “fracasado, corrupto y lleno de incapaces”, el líder opositor retó a Maduro a no esconderse detrás de la imagen de Chávez, al que pidió dejar descansar en paz. “No tienen de aquello para ponerse en un ring. Vamos tú y yo, dejen a Chávez tranquilo”, retó Capriles al calificar a su contrincante como un presidente “chimbo” (malo) y “espurio”. Capriles aseguró que durante los más de cien días que Maduro ha estado al frente de país, Venezuela está viviendo “la peor situación de inseguridad” de su historia, además de problemas económicos derivados de la reciente devaluación del bolívar.
La campaña arrancará oficialmente el 2 de abril, pero Maduro y Capriles ya están lanzados.
Fuente:Pagina12
17.03.2013
"Maduro triunfará con más ventaja que Chávez"
El panameño habla del líder bolivariano y de la responsabilidad que le cabe ahora a su sucesor, Maduro. Por: María Sucarrat
Manuel Nils Castro es panameño, autor de Las izquierdas latinoamericanas en tiempos de crear, y aquí analiza el futuro de la región tras la desaparición física de Hugo Chávez Frías.
–¿Conoció a Chávez? ¿Conoce a Nicolás Maduro?
–Tuve el privilegio de conocer a Chávez y conozco al presidente Maduro.
–¿En qué circunstancias?
–A Chávez, recién salido de la cárcel. Visitó Panamá, acompañado de un grupo de profesores de la Universidad Central de Venezuela, con el interés de informarse sobre el general Omar Torrijos, sus formas de pensar y relacionarse con la gente para impulsar la transformación del país. Fue una conversación de enorme riqueza. Al presidente Maduro lo conocí varios años después, cuando empezaba a desempeñarse como canciller.
–¿Cuál es su impresión sobre ellos?
–Fue fácil hacer amistad con ambos, por su campechana sencillez, su capacidad para escuchar y sus virtudes de comunicadores. Dos personalidades idealistas y fogosas pero transparentes, casi candorosas. Aun así, dos estilos personales diferentes.
–¿Será Maduro el sucesor de Chávez?
–Seguramente. La adhesión popular es enorme y se extiende bastante más allá del chavismo.
–Chávez pasó por el Colegio Militar. Maduro trabajaba como chofer de ómnibus. ¿Cree que ese pasado le dará otra impronta a su gobierno si gana las elecciones, digamos, de naturaleza más sindical, por ejemplo?
–En América Latina ya había una tradición de militares nacionalistas, progresistas y democráticos o populares: Cárdenas, Prestes, Perón, Larrazábal, Velasco, Torres, Torrijos, Caamaño, Seregni, entre otros ejemplos. Maduro no fue sólo chofer, sino un importante líder sindical. Además, un hombre culto, como también Chávez lo era. Naturalmente, cada liderazgo político aporta su estilo personal. Más allá de esta coyuntura, con el tiempo Maduro aportará el suyo y, aunque su inspirador y maestro ha sido Chávez, a la postre su talante sereno pero firme también se hará sentir. Hoy, más que al movimiento sindical, Maduro representa a los ciudadanos de a pie.
–¿Venezuela fue la gestora en la integración de Latinoamérica? ¿Le cabe ese rol?
–Chávez quebró un viejo muro y cambió el modo de hacer política, en su país y en la región. Fue lo que los afroantillanos llaman un "abrecaminos". Sin duda, su coraje para replantear los temas y actuar en consecuencia facilitó que otros líderes latinoamericanos poco después pudieran desarrollar sus propios trayectos. Venezuela ha sido una importante gestora de la solidaridad y la integración latinoamericanas. Y continuará siéndolo. Con todo, este ha sido un rol fraternalmente compartido con otros actores, como Lula y Néstor Kirchner, el primer secretario de la Unasur.
–¿Cree que las próximas elecciones se darán en un clima similar a las que Chávez ganó el pasado 7 de octubre con más del 50% de los votos?
–Todo indica que Maduro triunfará con una ventaja mayor, puesto que la situación le aportará una masa adicional de votos, puesto que esa victoria no será sólo chavista sino una jornada popular de reafirmación de la nueva autoestima nacional. Porque en Venezuela ha surgido un nuevo país y ya no se podrá volver a meter ese inmenso genio en la vieja botella.
–Henrique Capriles, el rival de Maduro, ¿tiene chances de triunfar?
–Capriles vuelve no sólo como un candidato derrotado, sino huérfano de proyecto. No porque perdió frente a Chávez sino porque ya no representa a toda la oposición, ni mucho menos un consenso. Perdió cuando intentaba representar un proyecto alterno, pero ya ni eso; se ha reducido a una negatividad, la de ir contra el nuevo país.
–¿Y cómo influiría el triunfo de Capriles en Latinoamérica?
–Toda la gran prensa derechista mundial conspira por conseguirlo. Para Venezuela, sería como saltar a un pasado ya muerto. Para América Latina sería atentar contra la autodeterminación, la soberanía y el espíritu de cuerpo últimamente recuperados.
–¿Cómo hace Venezuela y la región para estar sin los líderes que instalaron el proceso revolucionario?
–Los liderazgos populares y revolucionarios deben producir sus propias generaciones de relevo. Ninguna dirigencia personal perdura indefinidamente, como es histórica y biológicamente natural. Así lo estamos viendo en Brasil, en Cuba, en Uruguay y ahora en Venezuela. Lo que importa es la claridad de objetivos del movimiento popular y su fuerza, no sólo el liderazgo fundador sino su poder de recrearse dentro de las siguientes generaciones, para asumir y superar los nuevos retos.
–Chávez, en su Libro Azul, dice "inventamos o erramos". Usted cita a Martí diciendo "la salvación es crear. Crear es la palabra de pase de generación". ¿Encuentra alguna similitud entre ambas frases, cree que el proceso venezolano es una creación que rompe con los modelos europeos y trabaja sobre uno nuevo, propio, latinoamericano?
–Ahora hay varias experiencias latinoamericanas que superan los gastados modelos foráneos. Esto conjuga distintos esfuerzos emancipadores y creativos, cada uno apropiado a sus propias realidades y posibilidades, como José Martí lo advirtió. Venezuela así lo demuestra, y las otras experiencias también. Lo importante no es sólo que cada una de ellas tenga un atrayente horizonte utópico, sino que además sepa articular una sostenibilidad de largo aliento, arraigada en las principales fuerzas populares.
–¿Puede medir qué peso real tiene la derecha en Venezuela? ¿Qué ocurriría con el proceso iniciado por Chávez de ganar Carriles?
–Hay que distinguir entre la derecha y la burguesía. La derecha venezolana está tradicionalmente ligada a un gran poder económico y mediático, y conserva cierta influencia cultural en determinados nichos sociales. Pero carece de un proyecto de desarrollo económico y social; a su discurso apenas le queda un rastro de viejos lugares comunes. Como barco sin brújula, si lograse acceder al gobierno llevaría al país a un caos que tampoco a la burguesía le interesa. Antes bien, la burguesía venezolana tiene la oportunidad de ser parte del proyecto de desarrollo que el proceso revolucionario le ofrece al país. Pero no la burguesía rentista y parasitaria, sino el sector productivo, socialmente responsable, que ahora puede aprovechar un mercado interno ampliado, una fuerza de trabajo mejor educada y crecientes opciones de exportación.
–Sacando el proceso cubano, ¿cree que lo ocurrido en Venezuela se acerca a lo que usted llama "producir el futuro"?
–Así es. Pero eso no sólo ocurre en Venezuela, sino en varias latitudes latinoamericanas y caribeñas, donde también avanza lo que Correa denomina la revolución ciudadana. Producir el futuro implica un conjunto de alternativas que deben ser responsablemente estudiadas y evaluadas, para prever las opciones históricamente más significativas. En esta última etapa, en varios países las izquierdas han sabido aprovechar las oportunidades en beneficio del interés popular. No obstante, producir el futuro asimismo exige investigar y prever con criterios propios, que deben ser objetivamente acertados, y en este aspecto debemos redoblar el paso. Eso igualmente exige un extraordinario temple moral, dado que las vocaciones de izquierda se deben a grandes imperativos éticos y sociales que las hacen coincidir con el auténtico cristianismo. El futuro de nuestra América no lo produce nadie más que nosotros mismos, y eso exige la mejor inversión de nuestros talentos, virtudes y esfuerzos.
Fuente:TiempoArgentino
Deschavarse
Con la muerte de Chávez, muchos fueron vergonzosamente deschavados.
Por: Mónica López Ocón
El gran dictador elegido 13 veces por el voto popular, el que hambreó aun más a los pobres de Venezuela, el autoritario, el que le puso mordaza a la prensa, el que engañó a su pueblo con malas artes de prestidigitador verbal, el charlatán de feria que no paraba de hablar aunque se lo pidiera el mismísimo rey de España, el hombre de mente retrógrada que reivindicó la identidad latinoamericana para que no la destruyera la picadora de la globalización, el mestizo, el negrito retobado, en fin, que avergonzaba a las señoras de alma rubia preocupadas por lo que dirían en Europa de estas latitudes salvajes, hoy es llorado masivamente por su pueblo y por todos los pueblos de América Latina. Quedó bien claro que mentían porque los deschavaron las imágenes de miles de venezolanos que salieron a despedir a su líder, pero también a anunciar la irrenunciable continuidad de la revolución bolivariana.
La gusanera de Miami que celebra su muerte con champagne fue deschavada. Su festejo hizo evidente que quienes militan en sus filas tienen bien ganado el nombre. Son como una botella de mezcal: en el fondo de todo lo que hacen y todo lo que dicen hay un gusano.
La prensa canalla fue deschavada. ¿Cómo se las va a arreglar ahora para decir que Chávez fue un dictador que impuso el terror y la obediencia a sangre y fuego sin sonar ridícula?
La intelligentsia superada que proclamó la muerte de la historia, la muerte de las ideologías, la muerte de la lucha de clases y que lo miraba por encima del hombro, como si fuera una rémora del pasado, fue deschavada. Según parece, los muertos que ella mató gozan de buena salud.
El sentido común de los taxistas que escuchan Radio 10 fue deschavado.
La desconfianza hacia el mundo que expresa la vecina que se la pasa espiando por la ventana para descubrir delincuentes e impedir que los perros le orinen la vereda fue deschavada.
El gorilismo de mis parientes fue deschavado.
Entre tanto deschave, yo no quiero ni puedo des-chavarme, sino seguir enchavada. Hay un antes y un después del bolivariano. Por eso, vos tampoco te des-Chávez.
17.03.2013
Gestión estatal, nacionalización y distribución de la renta petrolera en Venezuela
Desde sus inicios el gobierno de Hugo Chávez avanzó en una serie de políticas fundacionales en materia de hidrocarburos que sentaron las bases del modelo económico de los últimos años.
Por:
Eugenia Aruguete
Sus principales objetivos fueron defender el precio del petróleo relanzando la estrategia de acuerdos con los países de la OPEP, renacionalizar y recuperar el control estatal de la renta petrolera, promover su redistribución con fines sociales y apoyar la integración energética latinoamericana.
Durante más de una década de imperio neoliberal, la política de "apertura petrolera" concedió al capital privado, fundamentalmente a firmas transnacionales como Shell, Exxon Movil, British Petroleum y Chevron, crecientes márgenes de participación en las actividades de exploración y producción, refinación y comercialización de petróleo, un proceso que alentó la concentración, privatización y extranjerización de la actividad y la renta petroleras.
Bajo los denominados convenios operativos, que permitían contratar empresas privadas para prestar "servicios" de explotación en campos supuestamente inactivos o marginales, y las asociaciones estratégicas, convenios de asociación con empresas privadas en las que el Estado retenía una parte minoritaria del capital accionario, la "apertura" facilitó el ingreso del capital transnacional a la actividad, aún en las fases aguas arriba, de exploración, desarrollo y producción de crudo, burlando la normativa vigente (la Ley de Nacionalización, de 1975) que reservaba tales actividades a empresas del Estado nacional. Al amparo de este tipo de contratos además se delegó a terceras compañías actividades como el relevamiento geoespacial de los yacimientos, que cuantifica y califica las reservas de crudo y gas de Venezuela (el paradigmático caso de la empresa INTESA), propiciando la desnacionalización de información estratégica. Concretamente, la "apertura" involucró una serie de beneficios que incrementaron la rentabilidad de las empresas, como la reducción de las tasas impositivas y de regalías, que pasó del 16,6 al 1% en muchos casos.
Mientras tanto, la estatal PDVSA avanzó en un proceso de internacionalización mediante la adquisición de refinerías y otras instalaciones en el exterior, un programa del que también participó el capital transnacional privado. La internacionalización permitió transferir renta petrolera al exterior (según denuncia la actual compañía, las filiales extranjeras nunca pagaron dividendos a PDVSA) y redujo significativamente los ingresos fiscales, filtrando divisas que debían ingresar al Estado. Gestionada por un conjunto de gerentes de alto rango, PDVSA se fue autonomizando del control estatal, escapando a los lineamientos fijados por el Ministerio de Energía y Minas y respondiendo cada vez más a los intereses de la propia gerencia, afines a los de las transnacionales, de las que prácticamente se erigió en quinta columna.
La primer iniciativa del gobierno venezolano en materia de hidrocarburos fue recomponer el vínculo con los países árabes y recuperar el rol de la OPEP. En septiembre del año 2000 se realizó en Caracas la segunda asamblea cumbre de la organización, que no se reunía hacía tiempo, en la cual los países miembro reanudaron sus acuerdos de cuotas de exportación para ajustar la oferta mundial y apuntalar los precios internacionales del petróleo, fuertemente deprimidos en las décadas previas.
En 2002 se inició el ciclo ascendente de los precios internacionales del crudo, un proceso parcialmente propiciado por Venezuela (dato que omiten las hipótesis del viento de cola, que ven a este país aprovechando pasivamente condiciones internacionales favorables) y apuntalado en 2003 por la intervención militar de los Estados Unidos en Irak, la caída de la producción venezolana de crudo por la huelga petrolera de finales de 2002 y principios de 2003 y la creciente especulación en el mercado de commodities.
En paralelo el gobierno venezolano impulsó una serie de normativas que modificaron radicalmente el carácter de la explotación y distribución de la renta petrolera. La Constitución Bolivariana de 1999 delegó en PDVSA el monopolio exclusivo de los hidrocarburos y determinó que la totalidad de sus acciones pertenecían al Estado, impidiendo su privatización parcial o total. La Ley Orgánica de Hidrocarburos sancionada en noviembre de 2001 estableció un mínimo del 51% de participación estatal en los proyectos de exploración y explotación petrolera, incrementó la tasa de regalías (elevándola a un 20% para las explotaciones de gas natural, a un 30% para las de hidrocarburos líquidos y redujo el impuesto a la renta del 67,7 a 50% para el petróleo convencional, manteniéndolo en un 34% para las explotaciones de la faja del Orinoco). Finalmente, obligó a los contratos suscritos entre PDVSA y las compañías privadas en la década del '90 a adecuarse al nuevo marco normativo.
Las transformaciones fueron radicales y los intereses afectados evidentemente poderosos. Apenas un mes más tarde, en diciembre de 2001, Fedecámaras convocó a un lockout patronal, en abril de 2002 el gobierno sufrió un golpe de Estado que destituyó a Hugo Chávez por dos días (el 11 y 12 de ese mes) y entre diciembre de ese año y febrero de 2003 un sabotaje petrolero, cuyos objetivos eran la renuncia de Chávez y el llamado a elecciones anticipadas, sumió al país en el desabastecimiento y una aguda recesión que se extendió por cinco trimestres. Como resultado, entre 2002 y 2003 la economía se contrajo un 9 y un 8%, respectivamente.
Así de inmediata y profunda fue la respuesta de los intereses corporativos, trasnacionales y domésticos, acompañados por un sector de la burocracia sindical, la Iglesia y los medios de comunicación. Controlada la situación, el gobierno venezolano despidió a la más alta gerencia de la empresa y a los empleados que habían participado activamente del boicot, recuperando desde entonces el control de la compañía. Allí se inauguró, de manera definitiva, la etapa de renacionalización y control estatal de PDVSA.
Al amparo de estas políticas, las exportaciones generadas por el sector público, en su mayoría petroleras, crecieron sostenidamente, alcanzando los 93 mil millones de dólares en 2012, constituyéndose en la principal fuente de divisas comerciales y generando más del 50% de los recursos públicos, que también se expandieron significativamente.
El proceso no concluyó allí. La renacionalización y el control estatal del petróleo sentaron las bases para financiar un enorme programa de redistribución social dirigido a mejorar las condiciones socioeconómicas de la población, a través de las Misiones Sociales, amplios programas de alfabetización y la creación de numerosos centros de salud en toda Venezuela. Se estima que la inversión social acumulada del gobierno nacional entre 1999 y 2011 superó los 460 mil millones de dólares, más que quintuplicando los valores de 1986-1998, ubicados en torno a los 73,5 mil millones de dólares.
Los alcances de estas políticas son indiscutibles. De la mano de una fuerte caída del desempleo, que pasó del 14 al 7,8% entre 1999 y el tercer trimestre de 2012, y de las políticas redistributivas del gobierno nacional, la pobreza se redujo casi a la mitad y la pobreza extrema, prácticamente a un tercio. La pobreza, que en 1998 afectaba al 46% de los hogares, bajó en 2011 al 27 por ciento. La pobreza extrema cayó del 19 al 7 por ciento. También mejoró sensiblemente la distribución del ingreso: el coeficiente de Gini, que mide el grado de desigualdad de una sociedad, cayó de 0,486 a 0,390 entre 1998 y 2011, ubicando a Venezuela en el nivel más bajo de desigualdad de América Latina.
En materia de salud, entre 1998 y 2011 la desnutrición infantil cayó del 5,3 al 2,9%, la mortalidad infantil del 23,4 al 16% (último dato, 2010) y la esperanza de vida al nacer, que inicialmente llegaba a los 72 años de edad, creció a más de 74. En educación, de 2000 a 2011 explotó la matrícula escolar, pasando del 46,4 al 71,4% en el nivel inicial, del 90,7 al 93,2% en el primario y del 53,6 al 73,3% en el secundario. La deserción escolar en el secundario, cuando muchos jóvenes se vuelcan al mercado laboral, pasó del 11,5 al 7,4% (2010) y la repitencia cayó del 7,8 al 3,6% en el primario y del 11 al 5,6% en el secundario (ambos 2010). Finalmente, mientras en el año 2000, 895 mil estudiantes venezolanos asistían a la universidad, en 2011 lo hacían 2,3 millones, triplicándose la matrícula.
Con los mismos recursos, el gobierno financió obras de infraestructura y vialidad, el desarrollo de programas de promoción agrícola y la renacionalización de empresas dedicadas a la producción de insumos básicos para la industria y la construcción, como la siderúrgica SIDOR (empresa venezolana privatizada en 1997 a un consorcio del que participó la argentina SIDERAR, del Grupo Techint). A través de esta política Venezuela intentó revertir el carácter monoproductor de su economía y estimular cierta diversificación productiva, un objetivo en el que obtuvo menos éxito que el alcanzado en materia social.
Finalmente, la nacionalización y el control estatal de la actividad petrolera sustentaron el desarrollo de una red de vínculos de cooperación internacional con varios países de la región. El programa Petrocaribe, acordado en 2005, facilitó el intercambio de petróleo a bajo costo y en condiciones de financiamiento favorables a cambio de bienes importados como, servicios de salud y educación. Fue emblemático el vínculo estratégico sellado por Venezuela y Cuba, por el que la primera proveyó a la segunda de combustible barato a cambio de médicos y maestros que apuntalaron las mejoras sociales logradas por la revolución bolivariana.
En este aspecto, seguramente no sólo, Venezuela fue un gran maestro para la región. Y es que mientras América Latina aún vivía bajo la hegemonía neoliberal, a finales del siglo pasado la Venezuela de Chávez iniciaba sola una gran batalla, revirtiendo la privatización de PDVSA a manos del capital transnacional, renacionalizando sus recursos estratégicos, recuperando el control estatal de la renta y garantizando la distribución social de los beneficios. Una enseñanza que pocos años más tarde hemos aprovechado muchos países vecinos.
Fuente:InfoNews
Escenarios de prueba para el próximo gobierno venezolano
Año 6. Edición número 252. Domingo 17 de marzo de 2013
Por
Modesto Emilio Guerrero Sur en América latina
contacto@miradasalsur.com
La transición iniciada a mediados de 2011, con la enfermedad grave que padeció el comandante Chávez, terminó con su deceso, aunque estuvo precedida por el tenso interregno de angustia desde el 8 de diciembre al desenlace fatal del 5 de marzo.
Dentro de un mes habrá nuevo gobierno, y como si fuera una “fumata blanca” anunciará que en la República Bolivariana algo nuevo habrá nacido. El próximo gobierno será la base, el punto de partida, para reordenar la institucionalidad alterada por la convalecencia y dos crujientes procesos electorales, que más parecieron batallas de armadura y zafarrancho.
En Venezuela se produjo una curiosidad positiva poco advertida o desestimada por los observadores. En los casi 20 meses de enfermedad presidencial, se fue probando, en los hechos, un gobierno de transición sin la presencia del comandante-Presidente. En ese lapso, Hugo Chávez estuvo al frente del gobierno en Miraflores alrededor de unos 6 meses, sumando los pedazos de tiempo que le dejaron los tratamientos y las operaciones. La difícil transición permitió probar un gobierno de transición.
Eso no estaba previsto en el calendario político del chavismo ni del propio presidente Chávez. Al contrario, sus enemigos anunciaron lo opuesto. Desde septiembre de 2011, varios autores (Andrés Oppenheimer, Carlos Montaner, Jorge Castro, Nelson Bocaranda y otros) aseguraron que el chavismo se desplomaría irremisiblemente a la muerte del líder bolivariano.
El gobierno de transición, alterado y trastocado por la ausencia temporal del líder y por presiones y procesos electorales urticantes, logró pasar la prueba de los hechos y sobreponerse hasta alcanzar el límite de la muerte y ordenar el reemplazo en 30 días, como ordena la Constitución.
Los escrutinios del 14 de abril preanuncian un campo de enfrentamientos múltiples. La oposición comprende que se está jugando el todo por el todo en una contienda sin la imbatible presencia de Hugo Chávez, ganador de cuatro elecciones seguidas con más de la mitad del padrón electoral, algo nunca visto en la historia electoral del continente.
Desde ese momento, el previsible gobierno de Nicolás Maduro estará sometido a un nuevo sistema de pruebas. Pruebas que vendrán de los Estados Unidos y de los poderes fácticos internacionales, de la burguesía interna, pero también de la demanda social del pueblo chavista que espera superar, con el poder sumado, las trabas burocráticas y defectos económicos y políticos que deforman las conquistas e impiden avanzar en nuevos desarrollos revolucionarios.
Para la oposición, es su oportunidad histórica. La contradicción es que fue causada por un accidente: la muerte del líder del movimiento bolivariano. Y este accidente ha producido un magma sentimental de difícil compostura y límites difusos, cuya tendencia es más favorable al candidato del chavismo, que al de la oposición.
Varios de los corresponsales argentinos apostados en Caracas, reseñaron con inteligencia periodística que el impacto emocional de la ausencia esperada del Comandante-Presidente, no desmoronó la moral de sus seguidores. Al contrario, observaron templanza en sus rostros, palabras y gestos, al pasar frente al féretro del líder muerto, levantar el puño cerrado y gritar una consigna.
“Lo que podemos señalar desde nuestros reportajes, por lo que observamos cuando vemos a la gente esperando colas infinitas para ver al comandante, es fuerza, eso que en Argentina llamamos fuerza… la gente, hasta la más humilde que entrevistamos, habla desde una comprensión política, aquí todo el mundo está organizado en algún movimiento, consejo, comuna, algo…” (Rolando Graña, AméricaTV, 8 de marzo)
“Es una gigantesca manifestación de duelo, pero también es una expresión de compromiso político. Eso se refleja, creo que eso es lo que quieren decir con la consigna que cantan a toda hora y se la dicen a uno cuando ven las cámaras: ‘Todos somos Chávez’, ‘yo soy Chávez’, ‘Chávez sigue, somos nosotros’”. (Pedro Brieger, para AM750, 9 de marzo)
“Esto es impresionante, nunca había visto tanto despliegue de sentimiento cruzado por convicción política y organización popular. Me siento ante un gran acontecimiento histórico” (Jorge Cicutín, director de Veintitrés, 12 de marzo).
No hay casualidad en las observaciones de estos tres cronistas. Ahí, en ese punto exacto, nace el límite social de la oposición para el próximo 14 de abril.
El chavismo, al día de hoy es una acumulación de victorias de tres tipos: electorales, sociales y militares.
Un total de trece elecciones generales, parciales, regionales y plebiscitarias, ganadas, en apenas 13 años, algo así como una por cada doce meses. De eso no hay registros en la historia institucional de la región.
El pueblo chavista con sus propias organizaciones de clase, junto a las Fuerzas Armadas Bolivarianas, lograron derrotar en dos oportunidades sendos intentos golpistas (2002 y 2003), y no hay nada más militar, después de una guerra, que un golpe. Un putch es un recurso de guerra civil, instrumentado por el “partido militar”, cuando la sociedad entra en acción, la gobernabilidad se agrieta y todo se pone en peligro.
En el caso venezolano de esos dos años fue, además, la única alternativa para una burguesía desplazada del poder y acorralada por un pueblo empoderado.
La tercera victoria es la suma de conquistas sociales, económicas, jurídicas, políticas y culturales, conocidas bajo el nombre popular de “revolución bolivariana”. El pueblo venezolano no tiene memoria de algo similar, aunque sea incompleto y esté deformado por la burocracia instalada en sectores clave del gobierno.
De esas conquistas no se vuelve pacíficamente. Allí radica el dilema para la oposición, en este trance. Pero también lo es para los sectores moderados del gobierno bolivariano, que no están en capacidad de modificar a corto plazo esa relación de fuerzas para imponer un freno al proceso.
El duelo masivo, sostenido en conciencia, movilización y vigilancia, es el indicador más evidente de esa relación de fuerzas.
Los tres discursos de Nicolás Maduro y varios de sus anuncios institucionales se corresponden, en las alturas del poder, con lo que pasa en las profundidades de la sociedad.
Vamos a verlo desde el cristal de uno de sus enemigos más encarnizados: el diario ABC, de España. El 9 de marzo, el matutino seleccionó las diez frases que contienen los diez mayores dolores de cabeza para la monarquía, sin duda compartidos por el Departamento de Estado.
Las cuatro que presagian la conducta de su próximo gobierno y corresponden al ánimo popular son:
“No hay imperio en La Tierra que vuelva a tocar tierra venezolana nunca más”.
“Yo no estoy aquí por ambición personal. Ni estoy aquí porque yo represente a grupos económicos, ni de la oligarquía ni del imperio norteamericano”.
“Haremos cumplir y cumpliremos con la mano dura de un pueblo dispuesto a ser libre”.
“Sepan que yo, Nicolás Maduro, asumo esta banda de Chávez para proteger al pueblo, defenderlo, echar adelante la independencia y seguir cumpliendo su legado”.
Además de una transición suficientemente ordenada, y una traslación de mando (el 8 de diciembre) que sorprendió adentro y afuera del chavismo, sobre todo por la hidalguía de un líder con sentido de su responsabilidad concreta e histórica, Chávez dejó El programa de la Patria. Sus cinco estrategias son como los cinco carriles para un extraño tren que debería transitar al socialismo. (http://www.chavez.org.ve/programa-patria-venezuela-2013-2019/)
De eso tampoco hay registro en movimientos similares en la historia contemporánea.
En el terreno económico, existen dos pruebas de hierro. La primera, de corto plazo, será eliminar las causas de la alta inflación y las sucesivas devaluaciones. La segunda, a largo plazo, es superar la economía rentista, con una estructura de producción y comercio de valor agregado, no primarista ni neodesarrollista.
En ese orden es una buena señal el anuncio hecho por Maduro de establecer un nuevo sistema complementario para realizar el proceso de asignación de divisas junto con la Comisión de Administración de Divisas (Cadivi). “Está listo. Esperamos anunciarlo muy pronto e incorporar a todos los sectores” (Ciudad Ccs, 14/03/13).
En el terreno internacional, el frente estará concentrado en la sobredeterminante relación conflictiva con los Estados Unidos, para lo cual deberá apoyarse, como nunca antes, en el ALBA, la Unasur, el Mercosur, sus tres anillos defensivos en términos geopolíticos. Un dato decisivo será el lado hacia el que señalen los gobiernos amigos del armado latinoamericano. Y sólo hay dos: hacia la izquierda o hacia la derecha.
Fue el canciller Elías Jaua quien dio el mensaje: “Siempre que haya la voluntad por parte de Estados Unidos de entender que sólo sobre la base del respeto mutuo vamos a tener buenas relaciones” (Agencia Venezolana de Noticias/Aporrea, 14/03/13).
Y en el escenario interior, la prueba más difícil a superar será la relación compleja entre los movimientos de masas chavistas, el tipo de gobierno (sin presencia de capitalistas en su seno) y las fuerzas armadas. Un adelanto de lo que pudiera desarrollarse como poder popular lo anunció el ministro de Comunicaciones Ernesto Villegas: El gobierno nacional inauguró este jueves el nuevo sistema “Diálogo Bolivariano” para continuar con el concepto de democracia participativa y protagónica y facilitar que ese pueblo activo, movilizado, reclamando sus derechos, con sus demandas, con sus propuestas, con su construcción colectiva, encuentre cauce en la Revolución Bolivariana” (Ciudad Ccs, 14/03/13).
De la resolución de esas tres pruebas, entre otras existentes o que aparecerán, resultará la tendencia general del nuevo gobierno y la personalidad de Nicolás Maduro.
Fuente:MiradasalSur
Gestión estatal, nacionalización y distribución de la renta petrolera en Venezuela
Desde sus inicios el gobierno de Hugo Chávez avanzó en una serie de políticas fundacionales en materia de hidrocarburos que sentaron las bases del modelo económico de los últimos años.
Por: Eugenia Aruguete
Sus principales objetivos fueron defender el precio del petróleo relanzando la estrategia de acuerdos con los países de la OPEP, renacionalizar y recuperar el control estatal de la renta petrolera, promover su redistribución con fines sociales y apoyar la integración energética latinoamericana.
Durante más de una década de imperio neoliberal, la política de "apertura petrolera" concedió al capital privado, fundamentalmente a firmas transnacionales como Shell, Exxon Movil, British Petroleum y Chevron, crecientes márgenes de participación en las actividades de exploración y producción, refinación y comercialización de petróleo, un proceso que alentó la concentración, privatización y extranjerización de la actividad y la renta petroleras.
Bajo los denominados convenios operativos, que permitían contratar empresas privadas para prestar "servicios" de explotación en campos supuestamente inactivos o marginales, y las asociaciones estratégicas, convenios de asociación con empresas privadas en las que el Estado retenía una parte minoritaria del capital accionario, la "apertura" facilitó el ingreso del capital transnacional a la actividad, aún en las fases aguas arriba, de exploración, desarrollo y producción de crudo, burlando la normativa vigente (la Ley de Nacionalización, de 1975) que reservaba tales actividades a empresas del Estado nacional. Al amparo de este tipo de contratos además se delegó a terceras compañías actividades como el relevamiento geoespacial de los yacimientos, que cuantifica y califica las reservas de crudo y gas de Venezuela (el paradigmático caso de la empresa INTESA), propiciando la desnacionalización de información estratégica. Concretamente, la "apertura" involucró una serie de beneficios que incrementaron la rentabilidad de las empresas, como la reducción de las tasas impositivas y de regalías, que pasó del 16,6 al 1% en muchos casos.
Mientras tanto, la estatal PDVSA avanzó en un proceso de internacionalización mediante la adquisición de refinerías y otras instalaciones en el exterior, un programa del que también participó el capital transnacional privado. La internacionalización permitió transferir renta petrolera al exterior (según denuncia la actual compañía, las filiales extranjeras nunca pagaron dividendos a PDVSA) y redujo significativamente los ingresos fiscales, filtrando divisas que debían ingresar al Estado. Gestionada por un conjunto de gerentes de alto rango, PDVSA se fue autonomizando del control estatal, escapando a los lineamientos fijados por el Ministerio de Energía y Minas y respondiendo cada vez más a los intereses de la propia gerencia, afines a los de las transnacionales, de las que prácticamente se erigió en quinta columna.
La primer iniciativa del gobierno venezolano en materia de hidrocarburos fue recomponer el vínculo con los países árabes y recuperar el rol de la OPEP. En septiembre del año 2000 se realizó en Caracas la segunda asamblea cumbre de la organización, que no se reunía hacía tiempo, en la cual los países miembro reanudaron sus acuerdos de cuotas de exportación para ajustar la oferta mundial y apuntalar los precios internacionales del petróleo, fuertemente deprimidos en las décadas previas.
En 2002 se inició el ciclo ascendente de los precios internacionales del crudo, un proceso parcialmente propiciado por Venezuela (dato que omiten las hipótesis del viento de cola, que ven a este país aprovechando pasivamente condiciones internacionales favorables) y apuntalado en 2003 por la intervención militar de los Estados Unidos en Irak, la caída de la producción venezolana de crudo por la huelga petrolera de finales de 2002 y principios de 2003 y la creciente especulación en el mercado de commodities.
En paralelo el gobierno venezolano impulsó una serie de normativas que modificaron radicalmente el carácter de la explotación y distribución de la renta petrolera. La Constitución Bolivariana de 1999 delegó en PDVSA el monopolio exclusivo de los hidrocarburos y determinó que la totalidad de sus acciones pertenecían al Estado, impidiendo su privatización parcial o total. La Ley Orgánica de Hidrocarburos sancionada en noviembre de 2001 estableció un mínimo del 51% de participación estatal en los proyectos de exploración y explotación petrolera, incrementó la tasa de regalías (elevándola a un 20% para las explotaciones de gas natural, a un 30% para las de hidrocarburos líquidos y redujo el impuesto a la renta del 67,7 a 50% para el petróleo convencional, manteniéndolo en un 34% para las explotaciones de la faja del Orinoco). Finalmente, obligó a los contratos suscritos entre PDVSA y las compañías privadas en la década del '90 a adecuarse al nuevo marco normativo.
Las transformaciones fueron radicales y los intereses afectados evidentemente poderosos. Apenas un mes más tarde, en diciembre de 2001, Fedecámaras convocó a un lockout patronal, en abril de 2002 el gobierno sufrió un golpe de Estado que destituyó a Hugo Chávez por dos días (el 11 y 12 de ese mes) y entre diciembre de ese año y febrero de 2003 un sabotaje petrolero, cuyos objetivos eran la renuncia de Chávez y el llamado a elecciones anticipadas, sumió al país en el desabastecimiento y una aguda recesión que se extendió por cinco trimestres. Como resultado, entre 2002 y 2003 la economía se contrajo un 9 y un 8%, respectivamente.
Así de inmediata y profunda fue la respuesta de los intereses corporativos, trasnacionales y domésticos, acompañados por un sector de la burocracia sindical, la Iglesia y los medios de comunicación. Controlada la situación, el gobierno venezolano despidió a la más alta gerencia de la empresa y a los empleados que habían participado activamente del boicot, recuperando desde entonces el control de la compañía. Allí se inauguró, de manera definitiva, la etapa de renacionalización y control estatal de PDVSA.
Al amparo de estas políticas, las exportaciones generadas por el sector público, en su mayoría petroleras, crecieron sostenidamente, alcanzando los 93 mil millones de dólares en 2012, constituyéndose en la principal fuente de divisas comerciales y generando más del 50% de los recursos públicos, que también se expandieron significativamente.
El proceso no concluyó allí. La renacionalización y el control estatal del petróleo sentaron las bases para financiar un enorme programa de redistribución social dirigido a mejorar las condiciones socioeconómicas de la población, a través de las Misiones Sociales, amplios programas de alfabetización y la creación de numerosos centros de salud en toda Venezuela. Se estima que la inversión social acumulada del gobierno nacional entre 1999 y 2011 superó los 460 mil millones de dólares, más que quintuplicando los valores de 1986-1998, ubicados en torno a los 73,5 mil millones de dólares.
Los alcances de estas políticas son indiscutibles. De la mano de una fuerte caída del desempleo, que pasó del 14 al 7,8% entre 1999 y el tercer trimestre de 2012, y de las políticas redistributivas del gobierno nacional, la pobreza se redujo casi a la mitad y la pobreza extrema, prácticamente a un tercio. La pobreza, que en 1998 afectaba al 46% de los hogares, bajó en 2011 al 27 por ciento. La pobreza extrema cayó del 19 al 7 por ciento. También mejoró sensiblemente la distribución del ingreso: el coeficiente de Gini, que mide el grado de desigualdad de una sociedad, cayó de 0,486 a 0,390 entre 1998 y 2011, ubicando a Venezuela en el nivel más bajo de desigualdad de América Latina.
En materia de salud, entre 1998 y 2011 la desnutrición infantil cayó del 5,3 al 2,9%, la mortalidad infantil del 23,4 al 16% (último dato, 2010) y la esperanza de vida al nacer, que inicialmente llegaba a los 72 años de edad, creció a más de 74. En educación, de 2000 a 2011 explotó la matrícula escolar, pasando del 46,4 al 71,4% en el nivel inicial, del 90,7 al 93,2% en el primario y del 53,6 al 73,3% en el secundario. La deserción escolar en el secundario, cuando muchos jóvenes se vuelcan al mercado laboral, pasó del 11,5 al 7,4% (2010) y la repitencia cayó del 7,8 al 3,6% en el primario y del 11 al 5,6% en el secundario (ambos 2010). Finalmente, mientras en el año 2000, 895 mil estudiantes venezolanos asistían a la universidad, en 2011 lo hacían 2,3 millones, triplicándose la matrícula.
Con los mismos recursos, el gobierno financió obras de infraestructura y vialidad, el desarrollo de programas de promoción agrícola y la renacionalización de empresas dedicadas a la producción de insumos básicos para la industria y la construcción, como la siderúrgica SIDOR (empresa venezolana privatizada en 1997 a un consorcio del que participó la argentina SIDERAR, del Grupo Techint). A través de esta política Venezuela intentó revertir el carácter monoproductor de su economía y estimular cierta diversificación productiva, un objetivo en el que obtuvo menos éxito que el alcanzado en materia social.
Finalmente, la nacionalización y el control estatal de la actividad petrolera sustentaron el desarrollo de una red de vínculos de cooperación internacional con varios países de la región. El programa Petrocaribe, acordado en 2005, facilitó el intercambio de petróleo a bajo costo y en condiciones de financiamiento favorables a cambio de bienes importados como, servicios de salud y educación. Fue emblemático el vínculo estratégico sellado por Venezuela y Cuba, por el que la primera proveyó a la segunda de combustible barato a cambio de médicos y maestros que apuntalaron las mejoras sociales logradas por la revolución bolivariana.
En este aspecto, seguramente no sólo, Venezuela fue un gran maestro para la región. Y es que mientras América Latina aún vivía bajo la hegemonía neoliberal, a finales del siglo pasado la Venezuela de Chávez iniciaba sola una gran batalla, revirtiendo la privatización de PDVSA a manos del capital transnacional, renacionalizando sus recursos estratégicos, recuperando el control estatal de la renta y garantizando la distribución social de los beneficios. Una enseñanza que pocos años más tarde hemos aprovechado muchos países vecinos.
Fuente:InfoNews
Escenarios de prueba para el próximo gobierno venezolano
Año 6. Edición número 252. Domingo 17 de marzo de 2013
Por
Modesto Emilio Guerrero Sur en América latina
contacto@miradasalsur.com
La transición iniciada a mediados de 2011, con la enfermedad grave que padeció el comandante Chávez, terminó con su deceso, aunque estuvo precedida por el tenso interregno de angustia desde el 8 de diciembre al desenlace fatal del 5 de marzo.
Dentro de un mes habrá nuevo gobierno, y como si fuera una “fumata blanca” anunciará que en la República Bolivariana algo nuevo habrá nacido. El próximo gobierno será la base, el punto de partida, para reordenar la institucionalidad alterada por la convalecencia y dos crujientes procesos electorales, que más parecieron batallas de armadura y zafarrancho.
En Venezuela se produjo una curiosidad positiva poco advertida o desestimada por los observadores. En los casi 20 meses de enfermedad presidencial, se fue probando, en los hechos, un gobierno de transición sin la presencia del comandante-Presidente. En ese lapso, Hugo Chávez estuvo al frente del gobierno en Miraflores alrededor de unos 6 meses, sumando los pedazos de tiempo que le dejaron los tratamientos y las operaciones. La difícil transición permitió probar un gobierno de transición.
Eso no estaba previsto en el calendario político del chavismo ni del propio presidente Chávez. Al contrario, sus enemigos anunciaron lo opuesto. Desde septiembre de 2011, varios autores (Andrés Oppenheimer, Carlos Montaner, Jorge Castro, Nelson Bocaranda y otros) aseguraron que el chavismo se desplomaría irremisiblemente a la muerte del líder bolivariano.
El gobierno de transición, alterado y trastocado por la ausencia temporal del líder y por presiones y procesos electorales urticantes, logró pasar la prueba de los hechos y sobreponerse hasta alcanzar el límite de la muerte y ordenar el reemplazo en 30 días, como ordena la Constitución.
Los escrutinios del 14 de abril preanuncian un campo de enfrentamientos múltiples. La oposición comprende que se está jugando el todo por el todo en una contienda sin la imbatible presencia de Hugo Chávez, ganador de cuatro elecciones seguidas con más de la mitad del padrón electoral, algo nunca visto en la historia electoral del continente.
Desde ese momento, el previsible gobierno de Nicolás Maduro estará sometido a un nuevo sistema de pruebas. Pruebas que vendrán de los Estados Unidos y de los poderes fácticos internacionales, de la burguesía interna, pero también de la demanda social del pueblo chavista que espera superar, con el poder sumado, las trabas burocráticas y defectos económicos y políticos que deforman las conquistas e impiden avanzar en nuevos desarrollos revolucionarios.
Para la oposición, es su oportunidad histórica. La contradicción es que fue causada por un accidente: la muerte del líder del movimiento bolivariano. Y este accidente ha producido un magma sentimental de difícil compostura y límites difusos, cuya tendencia es más favorable al candidato del chavismo, que al de la oposición.
Varios de los corresponsales argentinos apostados en Caracas, reseñaron con inteligencia periodística que el impacto emocional de la ausencia esperada del Comandante-Presidente, no desmoronó la moral de sus seguidores. Al contrario, observaron templanza en sus rostros, palabras y gestos, al pasar frente al féretro del líder muerto, levantar el puño cerrado y gritar una consigna.
“Lo que podemos señalar desde nuestros reportajes, por lo que observamos cuando vemos a la gente esperando colas infinitas para ver al comandante, es fuerza, eso que en Argentina llamamos fuerza… la gente, hasta la más humilde que entrevistamos, habla desde una comprensión política, aquí todo el mundo está organizado en algún movimiento, consejo, comuna, algo…” (Rolando Graña, AméricaTV, 8 de marzo)
“Es una gigantesca manifestación de duelo, pero también es una expresión de compromiso político. Eso se refleja, creo que eso es lo que quieren decir con la consigna que cantan a toda hora y se la dicen a uno cuando ven las cámaras: ‘Todos somos Chávez’, ‘yo soy Chávez’, ‘Chávez sigue, somos nosotros’”. (Pedro Brieger, para AM750, 9 de marzo)
“Esto es impresionante, nunca había visto tanto despliegue de sentimiento cruzado por convicción política y organización popular. Me siento ante un gran acontecimiento histórico” (Jorge Cicutín, director de Veintitrés, 12 de marzo).
No hay casualidad en las observaciones de estos tres cronistas. Ahí, en ese punto exacto, nace el límite social de la oposición para el próximo 14 de abril.
El chavismo, al día de hoy es una acumulación de victorias de tres tipos: electorales, sociales y militares.
Un total de trece elecciones generales, parciales, regionales y plebiscitarias, ganadas, en apenas 13 años, algo así como una por cada doce meses. De eso no hay registros en la historia institucional de la región.
El pueblo chavista con sus propias organizaciones de clase, junto a las Fuerzas Armadas Bolivarianas, lograron derrotar en dos oportunidades sendos intentos golpistas (2002 y 2003), y no hay nada más militar, después de una guerra, que un golpe. Un putch es un recurso de guerra civil, instrumentado por el “partido militar”, cuando la sociedad entra en acción, la gobernabilidad se agrieta y todo se pone en peligro.
En el caso venezolano de esos dos años fue, además, la única alternativa para una burguesía desplazada del poder y acorralada por un pueblo empoderado.
La tercera victoria es la suma de conquistas sociales, económicas, jurídicas, políticas y culturales, conocidas bajo el nombre popular de “revolución bolivariana”. El pueblo venezolano no tiene memoria de algo similar, aunque sea incompleto y esté deformado por la burocracia instalada en sectores clave del gobierno.
De esas conquistas no se vuelve pacíficamente. Allí radica el dilema para la oposición, en este trance. Pero también lo es para los sectores moderados del gobierno bolivariano, que no están en capacidad de modificar a corto plazo esa relación de fuerzas para imponer un freno al proceso.
El duelo masivo, sostenido en conciencia, movilización y vigilancia, es el indicador más evidente de esa relación de fuerzas.
Los tres discursos de Nicolás Maduro y varios de sus anuncios institucionales se corresponden, en las alturas del poder, con lo que pasa en las profundidades de la sociedad.
Vamos a verlo desde el cristal de uno de sus enemigos más encarnizados: el diario ABC, de España. El 9 de marzo, el matutino seleccionó las diez frases que contienen los diez mayores dolores de cabeza para la monarquía, sin duda compartidos por el Departamento de Estado.
Las cuatro que presagian la conducta de su próximo gobierno y corresponden al ánimo popular son:
“No hay imperio en La Tierra que vuelva a tocar tierra venezolana nunca más”.
“Yo no estoy aquí por ambición personal. Ni estoy aquí porque yo represente a grupos económicos, ni de la oligarquía ni del imperio norteamericano”.
“Haremos cumplir y cumpliremos con la mano dura de un pueblo dispuesto a ser libre”.
“Sepan que yo, Nicolás Maduro, asumo esta banda de Chávez para proteger al pueblo, defenderlo, echar adelante la independencia y seguir cumpliendo su legado”.
Además de una transición suficientemente ordenada, y una traslación de mando (el 8 de diciembre) que sorprendió adentro y afuera del chavismo, sobre todo por la hidalguía de un líder con sentido de su responsabilidad concreta e histórica, Chávez dejó El programa de la Patria. Sus cinco estrategias son como los cinco carriles para un extraño tren que debería transitar al socialismo. (http://www.chavez.org.ve/programa-patria-venezuela-2013-2019/)
De eso tampoco hay registro en movimientos similares en la historia contemporánea.
En el terreno económico, existen dos pruebas de hierro. La primera, de corto plazo, será eliminar las causas de la alta inflación y las sucesivas devaluaciones. La segunda, a largo plazo, es superar la economía rentista, con una estructura de producción y comercio de valor agregado, no primarista ni neodesarrollista.
En ese orden es una buena señal el anuncio hecho por Maduro de establecer un nuevo sistema complementario para realizar el proceso de asignación de divisas junto con la Comisión de Administración de Divisas (Cadivi). “Está listo. Esperamos anunciarlo muy pronto e incorporar a todos los sectores” (Ciudad Ccs, 14/03/13).
En el terreno internacional, el frente estará concentrado en la sobredeterminante relación conflictiva con los Estados Unidos, para lo cual deberá apoyarse, como nunca antes, en el ALBA, la Unasur, el Mercosur, sus tres anillos defensivos en términos geopolíticos. Un dato decisivo será el lado hacia el que señalen los gobiernos amigos del armado latinoamericano. Y sólo hay dos: hacia la izquierda o hacia la derecha.
Fue el canciller Elías Jaua quien dio el mensaje: “Siempre que haya la voluntad por parte de Estados Unidos de entender que sólo sobre la base del respeto mutuo vamos a tener buenas relaciones” (Agencia Venezolana de Noticias/Aporrea, 14/03/13).
Y en el escenario interior, la prueba más difícil a superar será la relación compleja entre los movimientos de masas chavistas, el tipo de gobierno (sin presencia de capitalistas en su seno) y las fuerzas armadas. Un adelanto de lo que pudiera desarrollarse como poder popular lo anunció el ministro de Comunicaciones Ernesto Villegas: El gobierno nacional inauguró este jueves el nuevo sistema “Diálogo Bolivariano” para continuar con el concepto de democracia participativa y protagónica y facilitar que ese pueblo activo, movilizado, reclamando sus derechos, con sus demandas, con sus propuestas, con su construcción colectiva, encuentre cauce en la Revolución Bolivariana” (Ciudad Ccs, 14/03/13).
De la resolución de esas tres pruebas, entre otras existentes o que aparecerán, resultará la tendencia general del nuevo gobierno y la personalidad de Nicolás Maduro.
Fuente:MiradasalSur
Año 6. Edición número 252. Domingo 17 de marzo de 2013
Por Modesto Emilio Guerrero Sur en América latina
contacto@miradasalsur.com
La transición iniciada a mediados de 2011, con la enfermedad grave que padeció el comandante Chávez, terminó con su deceso, aunque estuvo precedida por el tenso interregno de angustia desde el 8 de diciembre al desenlace fatal del 5 de marzo.
Dentro de un mes habrá nuevo gobierno, y como si fuera una “fumata blanca” anunciará que en la República Bolivariana algo nuevo habrá nacido. El próximo gobierno será la base, el punto de partida, para reordenar la institucionalidad alterada por la convalecencia y dos crujientes procesos electorales, que más parecieron batallas de armadura y zafarrancho.
En Venezuela se produjo una curiosidad positiva poco advertida o desestimada por los observadores. En los casi 20 meses de enfermedad presidencial, se fue probando, en los hechos, un gobierno de transición sin la presencia del comandante-Presidente. En ese lapso, Hugo Chávez estuvo al frente del gobierno en Miraflores alrededor de unos 6 meses, sumando los pedazos de tiempo que le dejaron los tratamientos y las operaciones. La difícil transición permitió probar un gobierno de transición.
Eso no estaba previsto en el calendario político del chavismo ni del propio presidente Chávez. Al contrario, sus enemigos anunciaron lo opuesto. Desde septiembre de 2011, varios autores (Andrés Oppenheimer, Carlos Montaner, Jorge Castro, Nelson Bocaranda y otros) aseguraron que el chavismo se desplomaría irremisiblemente a la muerte del líder bolivariano.
El gobierno de transición, alterado y trastocado por la ausencia temporal del líder y por presiones y procesos electorales urticantes, logró pasar la prueba de los hechos y sobreponerse hasta alcanzar el límite de la muerte y ordenar el reemplazo en 30 días, como ordena la Constitución.
Los escrutinios del 14 de abril preanuncian un campo de enfrentamientos múltiples. La oposición comprende que se está jugando el todo por el todo en una contienda sin la imbatible presencia de Hugo Chávez, ganador de cuatro elecciones seguidas con más de la mitad del padrón electoral, algo nunca visto en la historia electoral del continente.
Desde ese momento, el previsible gobierno de Nicolás Maduro estará sometido a un nuevo sistema de pruebas. Pruebas que vendrán de los Estados Unidos y de los poderes fácticos internacionales, de la burguesía interna, pero también de la demanda social del pueblo chavista que espera superar, con el poder sumado, las trabas burocráticas y defectos económicos y políticos que deforman las conquistas e impiden avanzar en nuevos desarrollos revolucionarios.
Para la oposición, es su oportunidad histórica. La contradicción es que fue causada por un accidente: la muerte del líder del movimiento bolivariano. Y este accidente ha producido un magma sentimental de difícil compostura y límites difusos, cuya tendencia es más favorable al candidato del chavismo, que al de la oposición.
Varios de los corresponsales argentinos apostados en Caracas, reseñaron con inteligencia periodística que el impacto emocional de la ausencia esperada del Comandante-Presidente, no desmoronó la moral de sus seguidores. Al contrario, observaron templanza en sus rostros, palabras y gestos, al pasar frente al féretro del líder muerto, levantar el puño cerrado y gritar una consigna.
“Lo que podemos señalar desde nuestros reportajes, por lo que observamos cuando vemos a la gente esperando colas infinitas para ver al comandante, es fuerza, eso que en Argentina llamamos fuerza… la gente, hasta la más humilde que entrevistamos, habla desde una comprensión política, aquí todo el mundo está organizado en algún movimiento, consejo, comuna, algo…” (Rolando Graña, AméricaTV, 8 de marzo)
“Es una gigantesca manifestación de duelo, pero también es una expresión de compromiso político. Eso se refleja, creo que eso es lo que quieren decir con la consigna que cantan a toda hora y se la dicen a uno cuando ven las cámaras: ‘Todos somos Chávez’, ‘yo soy Chávez’, ‘Chávez sigue, somos nosotros’”. (Pedro Brieger, para AM750, 9 de marzo)
“Esto es impresionante, nunca había visto tanto despliegue de sentimiento cruzado por convicción política y organización popular. Me siento ante un gran acontecimiento histórico” (Jorge Cicutín, director de Veintitrés, 12 de marzo).
No hay casualidad en las observaciones de estos tres cronistas. Ahí, en ese punto exacto, nace el límite social de la oposición para el próximo 14 de abril.
El chavismo, al día de hoy es una acumulación de victorias de tres tipos: electorales, sociales y militares.
Un total de trece elecciones generales, parciales, regionales y plebiscitarias, ganadas, en apenas 13 años, algo así como una por cada doce meses. De eso no hay registros en la historia institucional de la región.
El pueblo chavista con sus propias organizaciones de clase, junto a las Fuerzas Armadas Bolivarianas, lograron derrotar en dos oportunidades sendos intentos golpistas (2002 y 2003), y no hay nada más militar, después de una guerra, que un golpe. Un putch es un recurso de guerra civil, instrumentado por el “partido militar”, cuando la sociedad entra en acción, la gobernabilidad se agrieta y todo se pone en peligro.
En el caso venezolano de esos dos años fue, además, la única alternativa para una burguesía desplazada del poder y acorralada por un pueblo empoderado.
La tercera victoria es la suma de conquistas sociales, económicas, jurídicas, políticas y culturales, conocidas bajo el nombre popular de “revolución bolivariana”. El pueblo venezolano no tiene memoria de algo similar, aunque sea incompleto y esté deformado por la burocracia instalada en sectores clave del gobierno.
De esas conquistas no se vuelve pacíficamente. Allí radica el dilema para la oposición, en este trance. Pero también lo es para los sectores moderados del gobierno bolivariano, que no están en capacidad de modificar a corto plazo esa relación de fuerzas para imponer un freno al proceso.
El duelo masivo, sostenido en conciencia, movilización y vigilancia, es el indicador más evidente de esa relación de fuerzas.
Los tres discursos de Nicolás Maduro y varios de sus anuncios institucionales se corresponden, en las alturas del poder, con lo que pasa en las profundidades de la sociedad.
Vamos a verlo desde el cristal de uno de sus enemigos más encarnizados: el diario ABC, de España. El 9 de marzo, el matutino seleccionó las diez frases que contienen los diez mayores dolores de cabeza para la monarquía, sin duda compartidos por el Departamento de Estado.
Las cuatro que presagian la conducta de su próximo gobierno y corresponden al ánimo popular son:
“No hay imperio en La Tierra que vuelva a tocar tierra venezolana nunca más”.
“Yo no estoy aquí por ambición personal. Ni estoy aquí porque yo represente a grupos económicos, ni de la oligarquía ni del imperio norteamericano”.
“Haremos cumplir y cumpliremos con la mano dura de un pueblo dispuesto a ser libre”.
“Sepan que yo, Nicolás Maduro, asumo esta banda de Chávez para proteger al pueblo, defenderlo, echar adelante la independencia y seguir cumpliendo su legado”.
Además de una transición suficientemente ordenada, y una traslación de mando (el 8 de diciembre) que sorprendió adentro y afuera del chavismo, sobre todo por la hidalguía de un líder con sentido de su responsabilidad concreta e histórica, Chávez dejó El programa de la Patria. Sus cinco estrategias son como los cinco carriles para un extraño tren que debería transitar al socialismo. (http://www.chavez.org.ve/programa-patria-venezuela-2013-2019/)
De eso tampoco hay registro en movimientos similares en la historia contemporánea.
En el terreno económico, existen dos pruebas de hierro. La primera, de corto plazo, será eliminar las causas de la alta inflación y las sucesivas devaluaciones. La segunda, a largo plazo, es superar la economía rentista, con una estructura de producción y comercio de valor agregado, no primarista ni neodesarrollista.
En ese orden es una buena señal el anuncio hecho por Maduro de establecer un nuevo sistema complementario para realizar el proceso de asignación de divisas junto con la Comisión de Administración de Divisas (Cadivi). “Está listo. Esperamos anunciarlo muy pronto e incorporar a todos los sectores” (Ciudad Ccs, 14/03/13).
En el terreno internacional, el frente estará concentrado en la sobredeterminante relación conflictiva con los Estados Unidos, para lo cual deberá apoyarse, como nunca antes, en el ALBA, la Unasur, el Mercosur, sus tres anillos defensivos en términos geopolíticos. Un dato decisivo será el lado hacia el que señalen los gobiernos amigos del armado latinoamericano. Y sólo hay dos: hacia la izquierda o hacia la derecha.
Fue el canciller Elías Jaua quien dio el mensaje: “Siempre que haya la voluntad por parte de Estados Unidos de entender que sólo sobre la base del respeto mutuo vamos a tener buenas relaciones” (Agencia Venezolana de Noticias/Aporrea, 14/03/13).
Y en el escenario interior, la prueba más difícil a superar será la relación compleja entre los movimientos de masas chavistas, el tipo de gobierno (sin presencia de capitalistas en su seno) y las fuerzas armadas. Un adelanto de lo que pudiera desarrollarse como poder popular lo anunció el ministro de Comunicaciones Ernesto Villegas: El gobierno nacional inauguró este jueves el nuevo sistema “Diálogo Bolivariano” para continuar con el concepto de democracia participativa y protagónica y facilitar que ese pueblo activo, movilizado, reclamando sus derechos, con sus demandas, con sus propuestas, con su construcción colectiva, encuentre cauce en la Revolución Bolivariana” (Ciudad Ccs, 14/03/13).
De la resolución de esas tres pruebas, entre otras existentes o que aparecerán, resultará la tendencia general del nuevo gobierno y la personalidad de Nicolás Maduro.
Fuente:MiradasalSur




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