2 de abril de 2013

GUANTÁNAMO.

TREINTA Y TRES PRESOS MANTIENEN EL AYUNO POR SEMANAS
Huelga de hambre en Guantánamo
Un familiar de un preso en Guantánamo pidió su liberación.
Treinta y siete presos de Guantánamo se encuentran en huelga de hambre, la mayoría está en esta situación desde hace más de seis semanas. El motivo de la protesta se vincula a que, durante los registros rutinarios en las celdas, se les habría confiscado a los presos fotos y correspondencia. Además, los soldados le habrían dado un trato irrespetuoso a sus copias del Corán. La huelga obligó a que once presos sean forzados a alimentarse y obligó al Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR) a adelantar la visita al lugar, prevista para el 1º de abril.

El diario norteamericano The New York Times hizo referencia al episodio que habría desencadenado la huelga. En su declaración, el preso sirio Abd al Hadi Omar Mahmoud Faraj precisó que los guardias recolectaron los libros del Corán y el traductor los inspeccionó, pero añadió que los detenidos buscan que el Corán esté exceptuado por completo de las pesquisas. Como informó este periódico, los militares dijeron que los reclamos son falsos y que un traductor musulmán ojeó los libros mientras los guardias observaban, siguiendo el procedimiento vigente desde hace mucho tiempo.

Tal como publicó el diario español El País, el general John Kelly, jefe del Comando Sur del Ejército de Estados Unidos, cree que la huelga obedece a que los presos se sienten frustrados por el fracaso de la administración norteamericana para cerrar el campo de detención. Este medio dio a conocer también el testimonio de Carlos Warner, abogado que defiende a once detenidos en Guantánamo, quien consideró que las condiciones en las que viven los detenidos son extremas. “Más de la mitad de los presos del centro de detención tiene el visto bueno del Pentágono para ser transferidos y, sin embargo, permanecen entre rejas”, explicó.

El diario español señaló que la huelga de hambre obligó a que once presos fueran forzados a alimentarse a través de tubos insertados por la nariz debido a que han sufrido gran pérdida de peso y otros tres fueron hospitalizados por deshidratación.
Fuente:Pagina12


02.04.2013
son 130 presos sin condena que protestan contra las condiciones de la detención
Huelga de hambre en Guantánamo
La cárcel que prometió cerrar Barack Obama cuando llegó al poder es un siniestro campo de concentración donde no se respetan los derechos del detenido, al punto que les confiscaron el Corán. Silencio en los medios de EE UU. 
Por: Walter Goobar 
La muerte, fanfarroneó alguna vez Jorge Luis Borges, es una costumbre que tiene la gente. Hay muertes y muertos, como demuestra el caso del prisionero yemenita Abd al Wahab que, con 33 años de edad, lleva once recluido en Guantánamo, ese siniestro campo de concentración que los norteamericanos regentean en un territorio ocupado a Cuba hace más de 100 años. Para Al Wahab, en una huelga de hambre para que se respeten sus Derechos Humanos, la muerte no es una costumbre, es olvido: "Si me muero, dile a mi familia que me perdone", murmuró a su abogado David Remes, que representa a 15 detenidos, 13 de ellos en huelga de hambre. 

Al Wahab y sus compañeros están dispuestos a dejarse morir si las autoridades penitenciarias no cambian las reglas que rigen la oración y el uso del Corán. Durante una conversación telefónica, Wahab le confesó a Remes que los huelguistas sienten que "la muerte está con ellos, la muerte se acerca a ellos", después de más de siete semanas en huelga de hambre.

"No quiero que insulten (al Corán), incluso lo necesito para vivir", le dijo a su defensor. Al Wahab es uno de los 130 presos que se declararon en huelga de hambre en protesta por las violaciones de los Derechos Humanos en el recinto y la confiscación de los ejemplares del Corán y otras pertenencias, como objetos para afeitar, cepillos de dientes, libros, fotos familiares, cartas y correspondencia legal. 

Los presos se quejan de que los privan de agua potable y tienen que enfrentarse a temperaturas extremadamente bajas. Las autoridades, por su parte, se limitaron a desmentir las cifras y señalan que tan sólo 26 reos ayunan, mientras que a otros ocho se los alimenta por la fuerza.

Según el abogado, otro prisionero, Uthman Abd al-Rahim Muhammad Uthman, ha perdido más de 20 kilos y está en estado grave. El Centro para los Derechos Constitucionales denunció que muchos presos en huelga de hambre tienen tos sanguínea y se desmayan.

Los prisioneros de Guantánamo tienen poca fe en el Comité Internacional de la Cruz Roja, que recientemente los visitó en una misión supervisora. "Nadie habló con ellos", dijo uno de los presos al letrado Remes. Hasta ahora, los medios masivos de comunicación han silenciado la protesta: la cadena de noticias CNN omite el tema y se centra en el dinero que se destinará para renovar la instalación.

"Si esto pasara en Rusia, si las personas hubieran desaparecido en un agujero negro ilegal en Rusia y hubieran enfrentado una encarcelamiento indefinido sin juicio, ni cargos, sin acceso a abogados, los medios occidentales habrían estado llenos de este tema", dijo el parlamentario británico George Galloway. 

La base naval estadounidense de Guantánamo fue convertida en cárcel tras los atentados del 11 de septiembre de 2001, para encerrar allí a toda persona capturada al amparo de una supuesta guerra contra el terrorismo internacional. 

El centro es considerado un siniestro campo de concentración donde se aplican torturas, como el aislamiento en celdas con temperaturas extremas o mantenerlos amarrados en posición fetal por más de 24 horas sin alimentos. 

Quienes lograron salir coinciden en calificarlo como una versión refinada del terror, al estilo de los métodos empleados por los nazis en Auschwitz, Dachau, Sachsenhausen, Buchenwald, Flossenburg, Mauthausen y Ravensbrück.

El campo de detención tiene cortes militares que imponen penas de muerte y cuyas decisiones son inapelables, aceptando como pruebas las "confesiones" conseguidas bajo coacción o tortura. Documentos filtrados por WikiLeaks revelaron el uso de prácticas violentas de interrogadores de la CIA, obsesionados por conseguir confesiones acerca del líder de Al-Qaeda, Osama bin Laden, muerto a manos de militares estadounidenses. 

Ese medio también hizo público los casos del afgano Modulá Abdul Raziq y el saudí Mishal Awad Sayaf Alhabiri, algunos de los presos aquejados de enfermedades psiquiátricas que tuvieron múltiples intentos de suicidio y pasaron años tras las rejas antes de ser trasladados a sus países de origen. 

Pese a la gran repulsa internacional y la denuncia permanente de las atrocidades cometidas, la base sigue abierta. Un total de 166 extranjeros llevan casi 11 años sin enfrentar cargos concretos, aislados del resto del mundo, bajo un absoluto desamparo legal y expuestos a vejaciones recluidos en el llamado Campo Seis. 

Al igual que en El Proceso de Kafka, el caso expresa la angustia del inocente privado de su libertad por un poder desalmado, torturado hasta que se confiese culpable de lo que los captores quieran. Los servicios de inteligencia estadounidenses tienen sobrada experiencia, medios y falta de escrúpulos para hacer confesar a cualquier prisionero en pocos días. 

¿Quién puede creer que necesitan una década para interrogar a los de Guantánamo o a los secuestrados en las otras cárceles secretas que la CIA ha sembrado en distintas partes del mundo? ¿Qué información pueden buscar sobre Al Qaeda, una organización de la que lo saben todo, ya que fueron ellos quienes la crearon con mercenarios de diversos países islámicos?

La verdadera función de Guantánamo se apoya en un enjambre de psicólogos y médicos que revolotea alrededor de los prisioneros para destruirles la personalidad. Según la activista Naomi Klein, es una práctica habitual en Guantánamo, Irak y Afganistán. La autora de La teoría del shock cita un párrafo de un manual de torturas de la CIA, sobre los efectos de la privación sensorial y los sobreestímulos.

Confirma que destruyen la personalidad del prisionero y "tienden a hacer que el sujeto vea a su interrogador como una figura paterna". Es decir, lo transforman en un sumiso zombi, apto para ejercer de bomba humana y alimentar la falsa tesis del terrorismo islámico. Klein concluye que: "El gobierno de los EE UU ha estado llevando deliberadamente a la locura a cientos, probablemente a miles, de prisioneros en todo el mundo." 

Esta hipótesis se ve ratificada por el psicólogo y psicoanalista estadounidense Stephen Soldz, quien en Ayuda y confort para los torturadores cita a Juan Cole, experto en Oriente Próximo quien, tras preguntarse por qué Guantánamo sigue activo si "saben que muchos de los detenidos son inocentes", responde que el campo "asegura una oportunidad importante para someter una población a varias técnicas de control psicológico". 

El abogado británico Brent Mickum, defensor de dos internados en Guantánamo, ratifica en The Guardian que los torturadores saben que son inocentes, pero –coincidiendo con las afirmaciones de Naomi Klein– los están llevando intencionadamente a la locura.
Fuente:TiempoArgentino

No hay comentarios: