El Siluetazo desde la mirada de Eduardo Gil, en el Parque de la Memoria
El día en que los desaparecidos tomaron forma de silueta de papel
Una exposición de fotografías tomadas por Eduardo Gil durante la III Marcha de la Resistencia realizada el 21 de septiembre de 1983 recupera una de las acciones artístico-políticas más memorables de la historia argentina.
Por: Ivana Romero
En el documento se lee: "Propuesta: realizar 30 mil imágenes de figuras humanas a tamaño natural realizadas por todas las entidades y militantes de distintos sectores que coincidan en reclamar por los derechos humanos". Y también: "Objetivos: 1) reclamar por la aparición con vida de los detenidos por causas políticas (…) 2) Darle a la movilización otra posibilidad de expresión y perdurabilidad temporal. 3) Crear un hecho gráfico que golpee al gobierno a través de su magnitud física y desarrollo formal." Así comienza el texto presentado a las Madres de Plaza de Mayo en septiembre de 1983 con la firma de Rodolfo Aguerreberry, Julio Flores y Guillermo Kexel. Por entonces, estos artistas no sabían que esa acción estética y política que habían ideado perduraría hasta el presente. No sabían que le estaban dando forma a lo que, con el tiempo, se conoció como "Siluetazo".
Mientras tomaba fotografías, Eduardo Gil tampoco tenía conciencia plena de que estaba documentando un hecho histórico, pero sí intuía que en esas figuras de pie, todas iguales, comenzaba a representarse lo irrepresentable: el vacío dejado por las personas desaparecidas.
Se cumplen treinta años de esta experiencia de arte popular, que se realizó durante la Tercera Marcha de la Resistencia, el 21 de septiembre de 1983, con la dictadura militar aún en el poder. Por esa razón, el Parque de la Memoria inauguró la muestra El Siluetazo desde la mirada de Eduardo Gil. Se trata de una serie fotográfica con imágenes tomadas ese día, pero también incluye fotos de la Segunda Marcha de la Resistencia realizada en 1982 y una instalación visual, "Los ojos", realizada en 1997.
"La pregunta sobre cómo representar lo irrepresentable, cómo dar visibilidad a la presencia de una ausencia se aloja en el núcleo de los debates en torno de las paradojas de la representación. El 'siluetazo' fue, en este sentido, una acción estético-política que logró simbolizar la desaparición y articular de manera emblemática el arte con una demanda social colectiva: la aparición con vida de miles de desaparecidos durante la última dictadura militar", explica Florencia Battiti en el texto curatorial de la muestra. Esa primavera de 1983, artistas, organismos de Derechos Humanos y organizaciones sociales improvisaron un taller al aire libre con la Plaza de Mayo como epicentro. Usando plantillas, comenzaron a delinear siluetas humanas sobre papeles, que luego pegaron verticalmente sobre las paredes de los edificios aledaños (por ejemplo, la Catedral metropolitana), sobre otros carteles existentes, árboles, o donde fuera visible. Este gesto fue el puntapié para que el público se apropiara inmediatamente de la tarea. Cientos de manifestantes aportaron otros materiales para realizar las siluetas, "pusieron sus cuerpos" –como muchos contaron luego– para bosquejarlas y se sumaron a la pegatina impulsada por los organizadores.
La frase "poner el cuerpo" adquiere en este marco un significado que Ana Longoni describe en el texto de apertura de El Siluetazo (un libro que compila documentos y testimonios, entre ellos, varias fotos de las que se exhiben ahora, editado por Adriana Hidalgo). "Ocupar el lugar del ausente es aceptar que cualquiera de los presentes podría haber desaparecido, correr esa incierta y siniestra suerte. A la vez, encarnarlo es devolverle una corporeidad –y una vida– siquiera efímera. El cuerpo del manifestante en lugar del desaparecido como soporte vivo de la elaboración de la silueta es el rasgo del Siluetazo que habilita aquellas lecturas que entienden la silueta como una huella que respira."
También el fotógrafo cuenta que sintió que se trataba de eso, de poner el cuerpo. Y que en su caso, el modo era dejar testimonio. "Yo estaba trabajando mucho en el Hospital Borda, con talleres primero y con imágenes después. La gente del Borda participaba de estas marchas a través del Movimiento Solidario de Salud Mental, así que fui a la Plaza de Mayo en el '83 un poco por eso, pero básicamente porque era lo que debía hacer", cuenta Gil, que fue aviador, taxista, estudiante de Sociología. También, jefe del departamento exterior de una multinacional y su delegado general, al mismo tiempo. "Ya sé, no se corresponde con el cliché", sonríe, mientras enumera todo aquello "que en definitiva constituye la mirada". ¿Por qué? "Porque somos producto de nuestra propia historia y miramos a través de ella."
Para entender que ningún fenómeno puede ocurrir sin una historia previa, la muestra incluye algunas imágenes previas al Siluetazo, tomadas durante la marcha de 1982, que Gil también documentó. Como la de una multitud que marcha junto a las Madres o la de cuatro niñitos que llevan un cartel junto a una mujer con la leyenda "Que aparezca con vida mi papá".
Es que la dictadura comenzaba a retroceder por entonces y, al mismo tiempo, las primeras huellas del genocidio ganaban las calles. Los familiares de las personas detenidas-desaparecidas dejaban de ser voces clandestinas para ocupar el espacio público y exigir justicia. La toma de la plaza por parte de quienes reclamaban por sus seres queridos era una forma de salir de las fronteras de la muerte que había impuesto el silencio. Y uno de los primeros gestos para comprometer a toda la sociedad.
"Sí, claro que recuerdo las siluetas pegadas en las paredes en 1983, los policías no sabiendo muy bien qué hacer, mirando para otro lado, como en la foto 'Siluetas y canas'", comenta Gil. Y enfatiza: "Pero lo más fuerte era esta gente que hacía y compartía el hacer. Gente que no era un grupo de amigos. Gente que no necesariamente era artista o militante. Este aporte de rodillos, pinceles… La sensación era de cosa fuerte, colectiva. Gente participando de algo muy grande. Y la Plaza de Mayo tomada en medio de una dictadura que se iba."
El Siluetazo –que por entonces no tenía nombre– fue piedra de toque de una serie de siluetazos posteriores que se realizaron a partir de 1984 y que se expandieron sin pedir permiso por los espacios públicos de todo el país. "La exhibición de estas imágenes (…) posibilita hoy la reflexión crítica sobre una de las acciones artístico-políticas más memorables de la historia argentina, nos interpela para que pensemos en la inquietante vigencia que aún proyectan", finaliza el texto curatorial de Battiti.
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La muestra
El Siluetazo desde la mirada de Eduardo Gil se puede ver en la Sala Presentes Ahora y Siempre del Parque de la Memoria (Avenida Costanera Norte 6745). De lunes a viernes de
10 a 17; sábados, domingos y feriados
de 12 a 18. Gratis.
Fuente:TiempoArgentino


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