Año 6. Edición número 263. Domingo 2 de junio de 2013
Por Roberto Montoya. Desde Madrid
mundo@miradasalsur.com
Royal Army. El polémico comando militar posa para la foto.
La revelación de la existencia de un centro clandestino de detención británico en Afganistán alerta sobre la utilización de métodos ilegales de guerra por parte de los países centrales para hacer pie en Medio Oriente.
También se acabó el limbo jurídico de Guantánamo, los tribunales militares, las detenciones arbitrarias e indefinidas de sus cerca de 800 inquilinos, adolescentes y ancianos incluidos.
¿Se acabó?
El presidente Barack Obama así lo anunció ni bien llegó al poder el 20 de enero de 2009. Todas esas decisiones fueron proclamadas solemnemente ante el mundo entero entre las primeras medidas del mandato del presidente demócrata.
Según él todo eso se acababa, una pesadilla de ocho años quedaba atrás.
Pero no, aquello como tantas de las promesas del primer presidente afroamericano de Estados Unidos fueron un simple espejismo. Y Guantánamo sigue ahí, con 166 prisioneros, más de 100 de ellos llevando a cabo desde hace semanas una desesperada huelga de hambre. Denuncian que los propios tribunales militares autorizaron a más de la mitad del total de presos que fueran devueltos a sus países de origen al no existir cargos contra ellos, pero siguen retenidos por “medidas de seguridad”. Denuncian también los diarios registros a sus Coranes y otras ofensas a su religión.
Muchos de ellos están siendo obligados a comer a través de sondas nasogástricas. Obama no quiere tener más prisioneros muertos sobre sus espaldas.
Ya varios se han suicidado desde que es el inquilino de la Casa Blanca. Muchos llevan allí desde enero de 2002, sin juicio, sin cargos contra ellos. Simplemente son considerados “peligrosos”.
Pero la prisión militar de la base naval de la bahía de Guantánamo no es el único campo de concentración de prisioneros musulmanes heredado de la cruzada de Bush y sus aliados que queda en pie.
Ahora la opinión pública se acaba de enterar que las tropas británicas emularon a las estadounidenses y que tienen también al menos un Guantanamito en Afganistán. El tema se discutió, en realidad, ya en una comisión de la mismísima Cámara de los Comunes en noviembre pasado, pero fue sólo ahora, cuando la BBC consiguió en una entrevista al ministro de Defensa, Philip Hammond, que lo reconociera públicamente, cuando el tema saltó a las primeras planas.
Entre 80 y 90 prisioneros permanecen aún en una cárcel secreta del Ejército británico en Afganistán. Está dentro de Camp Bastion, una base militar situada en la provincia sureña de Helmand. Muchos de ellos están desaparecidos desde hace 14 meses, su identidad no ha sido revelada, sus familiares no saben que están ahí, carecen de abogado, están simplemente a merced de sus torturadores, perdón, “interrogadores”.
El laborista Tony Blair fue el principal aliado que tuvo Bush en las guerras de Afganistán e Irak. Ahora, el conservador Cameron es el mejor aliado del demócrata Obama en esas mismas guerras. El color político de los líderes de Estados Unidos y Reino Unido no afecta su alianza estratégica.
No es la primera vez en estos últimos años que salen a la luz graves casos de torturas cometidos por las tropas británicas en esos escenarios de guerra. Sin embargo, se suponía que dado que la mayoría de las tropas de la misión de la OTAN en Afganistán (Isaf, Fuerza de Asistencia Internacional de Seguridad), ha comenzado la retirada, que deberá estar finalizada para 2014, habían cerrado ya los centros clandestinos. Pero no.
Y la excusa que dio el ministro de Defensa al programa Today de la BBC Radio para tener en esas condiciones a los prisioneros, es prácticamente la misma que en la época de Bush daba el jefe del Pentágono, Donald Rumnsfeld: “Nada nos gustaría más que entregar a esa gente a las autoridades afganas para que puedan llevarlos ante los tribunales”.
“Tememos por su seguridad”, dice el humanitario general Hammond. Dice temer que el Ejército afgano al que ha formado estos años la OTAN, torture a los prisioneros… que ellos han torturado previamente. “Y cometeríamos un error liberándolos”, añade, “porque podrían volver al campo de batalla”.
¿Cuántos Guantánamo creados bajo el paraguas de la guerra contra el terror hay aún abiertos?
¿Se ha cerrado ya The Pit (el hoyo), uno de los más conocidos black site de tortura que tenía Estados Unidos en Kabul? ¿O aquella otra cárcel secreta anexa a la gigantesca base de Bagram (Afganistán), donde los prisioneros se hacinaban en contenedores metálicos? ¿Desapareció el hangar que Estados Unidos tenía en el aeropuerto internacional de Bagdad para interrogar detenidos?, ¿ya no existe más tampoco ese depósito de prisioneros que Estados Unidos tenía en su inmensa base militar en Qatar, en pleno desierto? ¿Alguien pudo visitar la base naval de Diego García, en el Océano Índico, que Reino Unido alquila al Pentágono desde los años ’60, denunciada por albergar a combatientes enemigos?
Estados Unidos y Reino Unido niegan que se Guantánamo sean ilegales. No ven contradicción ni con la Tercera Convención de Ginebra ni con las propias reglas de la Isaf. Según éstas, “está prohibido terminantemente mantener detenidas a personas más de 96 horas sin presentar cargos en su contra”.
Fuente:MiradasalSur

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