17 de junio de 2013

FRANCISCO PACO URONDO.


"EMPUÑÉ LAS ARMAS PORQUE BUSCO LA PALABRA JUSTA"
Francisco Paco Urondo
Poeta, novelista, dramaturgo, periodista y guionista cinematográfico, director de Arte Contemporáneo de la Universidad Nacional del Litoral, primer director Provincial de Cultura de Santa Fe, director del Departamento de Letras de la Universidad de Buenos Aires, colaborador de La Opinión, El Mundo, Crisis, Noticias y Eco Contemporáneo. Militante político de la organización Montoneros, fue
rematado de dos disparos en la cabeza en Guaymallén luego de un enfrentamiento con una patrulla del Ejército el 17 de junio de 1976.Autor de Historia antigua, Breves, Del otro lado, Todo eso, Al tacto, Los pasos previos, La patria fusilada. Nació en Santa Fe el 10 de enero de 1930. 


LA PURA VERDAD
Si ustedes lo permiten,
prefiero seguir viviendo.

Después de todo y de pensarlo bien, no tengo
motivos para quejarme o protestar:

siempre he vivido en la gloria: nada
importante me ha faltado.

Es cierto que nunca quise imposibles; enamorado
de las cosas de este mundo con inconsciencia y dolor
y miedo y apremio.

Muy de cerca he conocido la imperdonable alegría; tuve
sueños espantosos y buenos amores, ligeros y culpables.

Me avergüenza verme cubierto de pretensiones; una gallina torpe,
melancólica, débil, poco interesante,

un abanico de plumas que el viento desprecia,
caminito que el tiempo ha borrado.

Los impulsos mordieron mi juventud y ahora, sin
darme cuenta, voy iniciando
una madurez equilibrada, capaz de enloquecer a
cualquiera o aburrir de golpe.

Mis errores han sido olvidados definitivamente; mi
memoria ha muerto y se queja
con otros dioses varados en el sueño y los malos sentimientos.

El perecedero, el sucio, el futuro, supo acobardarme,
pero lo he derrotado
para siempre; sé que futuro y memoria se vengarán algún día.
Pasaré desapercibido, con falsa humildad, como la
Cenicienta, aunque algunos

me recuerden con cariño o descubran mi zapatito
y también vayan muriendo.

No descarto la posibilidad
de la fama y del dinero; las bajas pasiones y la inclemencia.

La crueldad no me asusta y siempre viví deslumbrado
por el puro alcohol, el libro bien escrito, la carne perfecta.

Suelo confiar en mis fuerzas y en mi salud
y en mi destino y en la buena suerte:

sé que llegaré a ver la revolución, el salto temido
y acariciado, golpeando a la puerta de nuestra desidia.

Estoy seguro de llegar a vivir en el corazón de una palabra;
compartir este calor, esta fatalidad que quieta no
sirve y se corrompe.

Puedo hablar y escuchar la luz
y el color de la piel amada y enemiga y cercana.

Tocar el sueño y la impureza,
nacer con cada temblor gastado en la huida.

Tropiezos heridos de muerte;
esperanza y dolor y cansancio y ganas.

Estar hablando, sostener
esta victoria, este puño; saludar, despedirme.

Sin jactancias puedo decir
que la vida es lo mejor que conozco.


LA AMISTAD, LO MEJOR DE LA POESÍATengo los mejores amigos de la tierra y
los quiero de corazón, con toda mi mala memoria: ellos
sufren las angustias y las revelaciones
de esta época torva que nos toca vivir.
Qué daría por verlos fundamentalmente
alegres y despreocupados, pero nadie tiene el dinero
suficiente. A veces, cuando nos sentamos
a charlar y a tomar un poco de vino, se terminan
por un rato las catástrofes, se diluyen
con el calor del humo.
Nuestra base de operaciones suele ser un viejo
despacho de bebidas, anexo a un almacén. Allí
los parroquianos se conocen de vista, a veces han conversado
alguna cosa; un borracho debe ponerse
demasiado cargoso para que terminen por echarlo. Las mujeres (tengo
algunas amigas) son respetadas, pero nadie
deja de mirarlas (y no me excluyo) con alguna maliciosa
codicia, con ese candor de las criaturas
del alcohol, con esa implacable bondad.
(…)
Algunos se han divorciado, otros se han vuelto a casar, algunos
viven solos y yo no sé si unos u otros
han dado en el clavo. Edgar, por ejemplo, que sonríe
o se enoja o se distrae. O César que viaja tanto
por España, flotando sobre una marejada
de imperceptible impaciencia; no sé si han dado en el clavo. Julio
con su manada de mujeres, o los dos Carlitos; Rodolfo, grande
como un chico. Sergio y su violín y sus desmayos
en las tribunas de fútbol, no sé si han dado en el clavo. No sé
qué será de nosotros, ni de los amigos perdidos o lejanos
como Raúl Gustavo o el otro Rodolfo o Ramiro. Nadie sabe
si hemos dado en el clavo, si tuvimos ganas de hacerlo, si este
fue nuestro fin de semana, nuestro réquiem, nuestro reñidero.
Es gente de lo mejor que hay por allí y todo el mundo
debería ofrecer años de vida por conocer a Juan o a Noé o a cualquiera
de ellos: volcados
ciertamente sobre la vida, respirando
este aire que enriquecen, me sonríen
y se levantan a tocar los augurios buenos o malos, a golpear
diariamente los tobillos
de la realidad. A dar gracias por nuestra suerte.

AMARLA ES DIFÍCIL

Es buena, cuando duerme;
el calor de su cuerpo es un puñal de vidrio
que remonta los sueños.

Cuando calla, es buena
y su voz una premonición olvidada y peligrosa
que arruina el silencio.

Cuando grita o llora
o se lamenta o se divierte o se cansa,
nada puede contener
este dolor alegre que envenena
mis sueños y mi soledad.
Por eso es difícil pensar
en ella, en su cara bondadosa;
abandonarse; por eso
es una cobardía retenerla
y dejarla ir, una pavorosa crueldad.
A veces, cuando lo pienso,
no sé qué hacer con ella,
con este destino luminoso.

CARLOS GARDEL

Extranjero del silencio
en el mundo arrasado; vertiente de la extrema melancolía
y del coraje y de la velocidad del amor y del miedo.

Dueño de la ciudad, de su memoria blanda
y de la madrugada hambrienta y sin sentimientos
y de la suprema cordura de los vagos.

Cómplice de los encuentros,
de la grappa que nos hizo hablar,
loco de la noche, despreocupado amigo del alba, señor de
los tristes.


OTRA COSAQueridos hijitos, su papá poco sabe de ustedes
y sufre por esto. Quiere ofrecer un destino
luminoso y alegre, pero no es todo
y ustedes saben:
las sombras,
las sombras,
las sombras,
las sombras
me molestan y no las puedo tolerar.
Hijitos míos, no hay que ponerse tristes
por cada triste despedida:
todas lo son, es sabido,
porque hay otra partida, otra cosa,
digamos
donde nada
nada
está resuelto

SPITFIRE
Dos amigos parten a una grande y peligrosa velocidad:
el mundo los espera, aunque siempre
anduvieron por él con mayor o menor sentido. Pero ahora
en pocas horas, llegarán a Río o a Dakar; podrán
complicarse con una bossa nova, acariciar
el hombro lustroso de una negra en armas; vivir
otro lenguaje, otra vida: otros sueños y otro dolor, otra
vigilia traidora y mansa.
Estos amigos tendrán que llegar, situarse. El lugar será
confuso o destemplado; hermoso o rápido o desalentador
o curioso. Les hará creer una u otra apariencia; llegará
a deslumbrarlos cualquier barbaridad
que oculte o proteja todo lo cierto que esconde. Les dará
trabajo conocer ese lugar; les costará tensión, paciencia.

Al despedirlos nadie pensó en esas cosas. Tampoco
ellos tuvieron la ocurrencia. Antes de trepar
al avión nos reíamos de cualquier cosa. “¿Es disimulo
o despreocupación?”, pero nadie oye con el viento
y el ruido de las turbohélices.

Los conozco desde el fin de la noche; compartimos
ciertas drogas y una que otra mujer de este pequeño
mundo. Hubo alcohol
y ganas y abundancia y romántico desaliento. Procuramos
la salud en este pequeño mundo enfermo
y hemos llegado a sufrir como epilépticos en tanta
madrugada de hierro,
golpeando a la puerta de los calmantes, implorando
el ultimo té que nos arranque del dolor
de cabeza y de corazón y de piernas, de tanto caminar
y contarnos,
sin ninguna arrogancia, la misma historia, el amor de
siempre, el miedo.

Me dejan bastante triste estos dos amigos; aunque
parezca ridículo, no me gusta que se vayan tan lejos.
Sé que me cuesta
reconocer el cariño y la rabia; que me avergüenza
este tufo emotivo; que es demasiado
para un semoviente del siglo que se nos vino; un ser humano
occidental y blanco y ni siquiera judío,
sino más bien duro de corazón.

El ajedrez, el latín, los versos, el teatro,
la política y las peleas, supieron unirnos; también
algunos caprichos
y manías que terminaron acercándonos a ese asunto
de la verdad objetiva de algunas subjetividades y de la
existencia,
en suma, y del amor y, por supuesto, de esa
revolución que nunca nos dejó tranquilos y mucho tuvo
que ver con esto de las partidas,
y de las emociones y de la insatisfacción que llegó
a poner en juego nuestro porvenir, a deshilacharlo.

Somos colegas, si se quiere, y estamos entrampados
en esta necesidad de mover el mundo con algunas palabras,
o proyectos; o viajando en-busca-de-nuevos-horizontes,
o andar mintiendo: tendremos seguramente alguna cosa
que decir, aunque
parezca difícil asegurar si serán hechos o promesas. Somos
pretenciosos y sólo con la muerte vendrá el silencio y la soledad.

El cielo está bajo, como reconociendo a nuestros
amigos que se van. Nada
nos hará retroceder: le tenemos más miedo al éxito que
al fracaso. El jet
se hunde en las nubes bajas. Aunque parezca mentira, siempre
está nublado en estas oportunidades difíciles y muchos
corazones se estremecen y vibran con los motores
que anuncian la partida.

He visto que cuatro o cinco mujeres evolucionadas y elegantes
se pusieron a llorar. Las nubes están heladas
y sus lágrimas se congelaron en la intemperie
de Ezeiza y de las despedidas, y el cielo y la gente.

BENEFACCIÓN
Piedad para los equivocados, para
los que apuraron el paso y los torpes
de lentitud. Para los que hablaron bajo tortura
o presión de cualquier tipo, para los que supieron
callar a tiempo o no pudieron mover
un dedo; perdón por los desaires con que me trata
la suerte; por titubeos y balbuceos. Perdón
por el campo que crece en estos espacios de la época
trabajosa, soberbia. Perdón
por dejarse acunar entre huesos
y tierras, sabihondos y suicidas, ardores
y ocasos, imaginaciones perdidas y penumbras.


MILONGA DEL MARGINADO PARANOICO
Parece mentira
que haya llegado a tener
la culpa de todo lo que ocurre
en el mundo; pero es así. Han tratado
de disuadirme psicólogos y sociólogos de mi tiempo,
me han dado razones de peso técnico largamente
formuladas y
parcialmente ciertas. Pero
yo sé que soy culpable de los dolores
que aquí siento y recorren el mundo; de las soledades
que lo van vaciando: quisiera saltar
como Juan L. Ortiz, vociferar
como Oliverio Girondo, pero: primero, ellos me ganaron
de mano; segundo, no me sale bien y aquí
empieza todo nuevamente: otro sufrimiento
igual a diapasones y recursos
que conozco perfectamente y que no vale la pena
repetir: primero, para no emularlos; segundo, porque
      tendré que ir
reconociendo que no he sabido
hacerme entender. Y esto es agudo como un ataque
que nos traga la lengua; pido entonces disculpas
por la mala impresión, por las exageraciones.

LA VERDAD ES LA ÚNICA REALIDADDel otro lado de la reja está la realidad, de
este lado de la reja también está
la realidad; la única irreal
es la reja; la libertad es real aunque no se sabe bien
si pertenece al mundo de los vivos, al
mundo de los muertos, al mundo de las
fantasías o al mundo de la vigilia, al de la explotación o
de la producción.
Los sueños, sueños son; los recuerdos, aquel
cuerpo, ese vaso de vino, el amor y
las flaquezas del amor, por supuesto, forman
parte de la realidad; un disparo en
la noche, en la frente de estos hermanos, de estos hijos, aquellos
gritos irreales de dolor real de los torturados en
el angelus eterno y siniestro en una brigada de policía
cualquiera
son parte de la memoria, no suponen necesariamente
el presente, pero pertenecen a la realidad. La única aparente
es la reja cuadriculando el cielo, el canto
perdido de un preso, ladrón o combatiente, la voz
fusilada, resucitada al tercer día en un vuelo inmenso
cubriendo la Patagonia
porque las masacres, las redenciones, pertenecen a la realidad, como
la esperanza rescatada de la pólvora, de la inocencia
estival: son la realidad, como el coraje y la convalecencia
del miedo, ese aire que se resiste a volver después del peligro
como los designios de todo un pueblo que marcha
hacia la victoria
o hacia la muerte, que tropieza, que aprende a defenderse,
a rescatar lo suyo, su
realidad.
Aunque parezca a veces una mentira, la única
mentira no es siquiera la traición, es
simplemente una reja que no pertenece a la realidad.

Cárcel de Villa Devoto, abril de 1973.

 SOBRE EL AUTOR


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Francisco Paco Urondo nació en Santa Fe en 1930. Poeta, periodista, académico y militante político, Paco Urondo dio su vida luchando por el ideal de una sociedad más justa.
"No hubo abismos entre experiencia y poesía para Urondo." –dice Juan Gelman"corregía mucho sus poemas, pero supo que el único modo verdadero que un poeta tiene de corregir su obra es corregirse a sí mismo, buscar los caminos que van del misterio de la lengua al misterio de la gente. Paco fue entendido en eso y sus poemas quedarán para siempre en el espacio enigmático del encuentro del lector con su palabra. Fue –es– uno de los poetas en lengua castellana que con más valor y lucidez, y menos autocomplacencia, luchó con y contra la imposibilidad de la escritura. También luchó con y contra un sistema social encarnizado en crear sufrimiento."

“Poética, en griego, quiere decir acción”, afirmaba en 1973 Urondo en una entrevista. “En este sentido, no creo que haya demasiadas diferenciaciones entre la poesía y la política (...) Por la poesía, por la necesidad de usar las palabras en toda su precisión y significación he llegado al tipo de militancia que ahora tengo.” 
En sus comienzos participó del grupo “invencionista” que en los años cincuenta se formó en torno a la revista Poesía Buenos Aires, fundada por Raúl Gustavo Aguirre. En sus primeros títulos (Historia antigua, 1956; Breves, 1959; Lugares, 1961), Urondo asimiló en su obra la influencia de dos grandes poetas disímiles, Oliverio Girondo y Juan L. Ortiz, que no habían encontrado -hasta que apareció su escritura- una voz que los reuniera, pero a partir de Nombres (1963), el autor agregó además elementos coloquiales y el uso de un lenguaje absolutamente personal, que lo convertirían en una de las cumbres de la poesía argentina de la segunda mitad del siglo.

Sus libros posteriores (Del otro lado, 1967; Adolecer, 1968; Son memorias, 1970; Poemas póstumos, 1972) confirmaron esa singularidad, que en ocasiones se advierte también en otros géneros que el poeta frecuentó en forma esporádica, como los relatos de Todo eso (1966) y Al tacto (1967) o su incursión en la dramaturgia (Sainete con variaciones, 1966).

Su obra poética comprende Historia antigua (1956), Breves (1959), Lugares (1961), Nombres (1963), Del otro lado (1967), Adolecer (1968) y Larga distancia (antología publicada en Madrid en 1971). Publicó también los libros de cuentos Todo eso (1966), Al tacto (1967); Veraneando y Sainete con variaciones (1966, teatro); Veinte años de poesía argentina (ensayo, 1968); Los pasos previos (novela, 1972), y en 1973, La patria fusilada, un libro de entrevistas sobre la masacre de Trelew del '72.
Es autor (en colaboración) de los guiones cinematográficos de las películas Pajarito Gómez y Noche terrible, y adaptó para la televisión Madame Bovary de Flaubert, Rojo y Negro de Stendhal y Los Maïas de Eça de Queiroz.

En 1968 fue nombrado Director General de Cultura de la Provincia de Santa Fe, y en 1973, Director del Departamento de Letras de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires.

Como periodista colaboró en diversos medios del país y del extranjero, entre ellos, Primera Plana, Panorama, Crisis, La Opinión y Noticias. Comprometido en la lucha armada contra la dictadura militar, Urondo estuvo preso en la cárcel de Villa Devoto y más tarde, el 17 de junio de 1976, con motivo de una encerrona de fuerzas conjuntas de la policía y el ejército, muere en Mendoza. Tenía 46 años. "Empuñé las armas porque busco la palabra justa", dijo alguna vez.

“El traslado de Paco a Mendoza fue un error. Cuyo era una sangría permanente desde 1975, nunca se la pudo mantener en pie. El Paco duró pocas semanas…Fue temiendo lo que sucedió, Hubo un encuentro con un vehículo enemigo, una persecución, un tiroteo de los dos coches a la par. Iban Paco, Lucía con la nena y una compañera. Tenían una metra pero estaba en el baúl. No se pudieron despegar. Finalmente Paco frenó, buscó algo en su ropa y dijo "Disparen ustedes". Luego agregó: "Me tomé la pastilla (de cianuro) y ya me siento mal". La compañera recuerda que Lucía dijo "Pero papá, por qué hiciste eso". La compañera escapó entre las balas, días después llegó herida a Buenos Aires…a Paco le pegaron dos tiros en la cabeza aunque probablemente ya estaba muerto” .**. Walsh, Rodolfo, texto del 29 de diciembre de 1976 reproducido por El Porteño, abril 1986.
 

Paco es la mitad de mi vida, le tengo un profundo respeto
Beatriz Urondo, hermana del poeta y militante asesinado por la dictadura, recuerda su calvario para recuperar el cuerpo.
Por Ana Bianco


Francisco "Paco" Urondo (1930-1976) tuvo una vida intensa. Era un reconocido poeta de la generación de los años ’60 y ’70, novelista (Los pasos previos), cuentista, dramaturgo, ensayista (Veinte años de poesía argentina), guionista de cine y televisión y periodista, responsable junto a Juan Gelman del suplemento cultural del diario La Opinión (1971), secretario de redacción del diario Noticias (1973) y autor de La patria fusilada (reportaje a tres sobrevivientes de la masacre del 22 de agosto de 1972 en Trelew), que realizó mientras estaba preso en la cárcel de Villa Devoto, en 1973. Urondo, un intelectual comprometido, se integró a la organización guerrillera FAR a comienzos de los años ’70 y aceptó, en contra de su voluntad, un destino en Mendoza. Murió combatiendo el 17 de junio de 1976 en Guaymallén, en una redada en la cual Alicia Rabboy, su esposa, fue secuestrada y continúa aún desaparecida, y Angela, su hija, sobrevivió. El documental Paco Urondo, la palabra justa, dirigido por Daniel Desaloms, revaloriza la figura de Urondo y entre los entrevistados destaca a Beatriz (80 años) hermana de Paco, una testigo importante. En una charla telefónica desde Merlo, San Luis, Beatriz Urondo compartió con Página/12 la odisea que soportó para recuperar el cuerpo de su hermano y rescatar a su sobrina, Angela. El director Desaloms se refiere al testimonio de Javier, hijo de Paco, frente al estreno de hoy en el Cosmos [10/11/05].

Beatriz llegó a Mendoza con Teresa, la madre de Alicia Rabboy, y empezó su peregrinar: "Visitaba el Comando del Ejército dos veces por día, iba vestida con un tapado de piel y con alhajas, como si fuera una oligarca, y recibía reiteradamente la misma respuesta: ‘Desconocemos el hecho’. En una de esas visitas había observado a un hombre de civil que me miraba con lástima. Y fue él quien me dijo que el cuerpo de Paco estaba en el Hospital Cevit, y también agregó que no sabía nada de la señora, pero que me iban a entregar a la nena. Llegamos al hospital con Teresita y nos impedían entrar porque había finalizado el horario de visita. A un milico le dije que pensaba entrar igual, que si quería me diera un tiro por la espalda. Adentro escuché que unos hombres con botas de lluvia y palas hablaban de un periodista, bien empilchado y con un reloj tan lindo, que no lo iban a poder enterrar en la fosa común, porque la hermana lo reclamaba. Me dirigí al forense, que no sabía nada del hecho, le mostré una foto y le insistí que me mostrase los registros, hasta que finalmente trajo un cuaderno Tamborcito sucio y de mala muerte donde constaba: 17 de junio, alrededor de las 18 horas, NN sexo masculino. Un policía me acompañó a reconocerlo, yo fingía estar enojada por ser mi hermano la oveja negra de la familia. Paco estaba ahí desnudo en la morgue, y pensé: ‘Qué frío debe haber tenido’. Le habían robado la vida..."

Beatriz necesitaba la constancia de defunción: "Le pedí al forense la partida de fallecimiento y figuraba como NN. En Tribunales me enteré de que para ponerle el nombre correspondía iniciar un juicio y eso demoraba mucho tiempo. Yo quería terminar con todo lo antes posible y todavía me faltaba recuperar a mi sobrina Angela, de once meses. En el juzgado argumentaban que faltaba una firma de Minoridad y Familia y me dio un ataque de nervios. Ellos se comunicaron por teléfono con las autoridades de Casa Cuna de Godoy Cruz. Acudí allí y empecé a los gritos a desahogarme, hasta que me dieron a Angela bajo mi responsabilidad. La directora se había encariñado con Angela y la llevaba a dormir a su casa. La tenencia provisoria la tuvo Teresita, su abuela, y aunque resulta increíble, ella la dio en adopción a una prima de Alicia que no tenía hijos. Era un hecho consumado. Volví a ver a Angela a los 18 años, cuando la contactó Javier, el hijo de Paco".

Beatriz, Teresa y Angela tomaron finalmente un avión en el aeropuerto con los restos de Paco: "En el Plumerillo, el féretro fue puesto en una cureña hasta subirlo al avión y una doble fila de soldados lo custodiaba. La situación era paradójica. El avión estaba iluminado y lo revisaban centímetro por centímetro. En el hall revisaban los bolsos de mano de los pasajeros y eso generó una reacción en la gente. Llegamos y fue enterrado en el cementerio de Merlo, Buenos Aires, como NN, a fines de junio de 1976, hasta que en 1983 le devolvieron su identidad".

–Usted menciona en la película una carta que nunca le entregó a su hermano.
–Sí, una carta que le escribí cuando estaba preso y le decía simplemente que lo quería. Pensaba dársela en alguna visita o cuando saliese de la cárcel, pero no se la di. Estoy escribiendo Mi hermano y yo, un libro de anécdotas, que abarca desde el nacimiento de Paco en Santa Fe hasta su muerte. A mi hermano lo amaba y cuando nació jugaba con él como si fuese un juguete. Yo escribía, pero Paco nunca se enteró. Paco es la mitad de mi vida. Le tengo un profundo respeto como poeta. Era jodón, simpático, prepotente, machista, y conmigo era muy protector. Soy docente y no pude aspirar a una dirección por mi apellido. Me presenté a concurso varias veces, hasta que finalmente me percaté de que estaba en una lista negra. Presenté la renuncia y me jubilé. La familia no estaba enterada de la actividad política de Paco hasta que cayó preso en 1973. No sabíamos por qué habían mermado sus visitas. Luego desaparecieron Claudia, la hija de Paco, y "Jote" Koncuart, su marido, en diciembre de 1976. La película la vi dos veces y está realizada con mucho respeto. El poema con la voz de Paco, dedicado a los hijos y grabado en Cuba a modo de despedida, es premonitorio y me hace llorar...

El testimonio de Javier

En el documental, uno de los principales testimonios es de Javier, hijo de Paco, que hace un relato personal y político muy reflexivo. El director Daniel Desaloms dice de Javier: "El se quita jerarquía intelectual y dice que es simplemente un cocinero. Pero es brillante en su análisis sobre la realidad política de esos años. En febrero del ’73 fueron detenidos en Ingeniero Maschwitz Iván Roqué, Lili Mazzaferro, Alicia Rabboy y Paco. La policía allanó el domicilio de Chela Murúa, ex esposa de Paco, que vivía en Colegiales, y la llevaron detenida, a pesar de que no participaba en política y estaba separada de Paco desde 1959. Cuando llegó a su casa, Javier se encontró con efectivos policiales y, desesperado, tomó un tren para llegar a Maschwitz: encontró la quinta con la luz prendida y la policía adentro, y se escapó por un alambrado. Javier era un chico de apenas 12 años y se ocupó de hacer los llamados a los amigos y a los abogados para informar de la detención. Tuvo una historia muy intensa".

Fuente: Página/12, jueves, 10 de Noviembre de 2005

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