Cuba pone en funcionamiento su primer parque solar
XINHUA
Empeñada en superar la dependencia del combustible fósil, Cuba puso en marcha recientemente su primer parque solar, un complejo con más de 14.000 paneles fotovoltaicos, ubicado en el centro sur de la isla.
Instalado en Cantarranas, una localidad de la provincia de Cienfuegos, a unos 250 kilómetros al sureste de La Habana, el parque comenzó a construirse a finales del pasado año y en abril último se conectó al sistema energético nacional, al entregar un primer Megawatt (MW) de los 2,6 que se espera alcance al finalizar el montaje de los paneles en septiembre próximo.
Los paneles son de fabricación nacional, elaborados en la occidental provincia de Pinar del Río, utilizando materia prima importada para el montaje.
La isla contaba hasta ahora con unos 9.000 paneles, la mayoría colocados de manera aislada, para brindar energía eléctrica a escuelas y hospitales rurales, además de contar con unos cinco pequeños parques de poca importancia para comunidades montañosas.
Hasta la fecha, la nueva instalación, la más grande de la isla desde que entró en operación en abril pasado, ha representado ahorros al país por unas 145 toneladas de combustible fósil, produjo el equivalente al consumo diario de 780 viviendas de Cienfuegos y permitió que se dejaran de emitir a la atmósfera 380 toneladas de dióxido de carbono.
A ese ritmo, con el parque ahorrando unos 800 dólares diarios por el petróleo dejado de consumir, la instalación se amortizaría en poco más de una década, aunque su vida útil debe alargarse por 25 años.
De acuerdo con Ovel Concepción, funcionario de la empresa Hidroenergía, encargada de montar los paneles, en los próximos meses está prevista la conformación de otros seis parques similares en La Habana, Guantánamo, Camagüey, Santiago de Cuba, Villa Clara y la Isla de la Juventud.
La estrategia es aprovechar los beneficios que reporta la incidencia de los rayos del sol sobre la superficie de la isla, donde, según expertos, se pueden obtener por esa vía cinco kilowatts por hora en cada metro cuadrado.
Un reporte de la Oficina Nacional de Estadística e Información (ONEI) de Cuba, señaló en mayo último, que la isla genera en la actualidad por fuentes renovables el cuatro por ciento de la energía eléctrica que consume, una cifra que esperan llegue hasta el 10 por ciento en los próximos años.
Además de las hidroeléctricas, Cuba tiene cuatro pequeños parques eólicos y espera instalar otro más este año, al tiempo que moderniza, con inversión británica y brasileña, las plantas para aprovechar la biomasa resultante de los desechos de la cosecha de caña de azúcar.
Cuba expuso sus experiencias en el uso de las energías renovables durante la XII Conferencia Mundial de Energía Eólica, que se desarrolló en junio último en La Habana, y en la que la isla evidenció mayores pasos de avance en el aprovechamiento de la fuerza de los vientos.
Durante la conferencia, expertos cubanos presentaron el primer mapa eólico de la isla, que busca promover un mayor empleo de esa fuente renovable de energía, que no genera residuos contaminantes, ni contribuye al calentamiento global del planeta.
En la cita se informó que más de 3.600 familias que habitan en zonas rurales aisladas de Cuba reciben electricidad a partir de fuentes renovables, una alternativa impulsada para aminorar la dependencia del petróleo y proteger el ambiente.
A raíz de la crisis energética de 2004 y 2005, el gobierno cubano priorizó el uso y desarrollo de las fuentes renovables para la producción de electricidad y el ahorro de combustibles fósiles.
La isla recibe en la actualidad 92.000 barriles diarios de petróleo de Venezuela a precios preferenciales, con los que suple la mitad de las necesidades del país.
Fuente:Argenpress
Historiadora estadounidense apela a Obama por los Cinco3 agosto 2013 Cubadebate
Jane Franklin
La historidora estadounidense Jane Franklin ha escrito dos libros sobre Cuba: “Relaciones Exteriores 1959-1982″ (Centro de Estudios Cubanos, Nueva York, 1984); y “Cuba y los Estados Unidos: una Historia Cronológica” (segunda edición de Ocean Press, Melbourne, Australia, 1997). Es co-autora de “Vietnam y América: Una Historia Documentada” (Grove Press: Nueva York, 1985, edición ampliada 1995).Su cronología de la historia de Panamá está en “La Invasión de EE.UU. en Panamá” (Prensa South End: Boston, 1991). Ha publicado numerosos artículos, poemas y críticas de cine y ha disertado extensamente sobre Cuba, Vietnam, Nicaragua, El Salvador y Panamá. Es una frecuente oradora y comentarista de radio sobre relaciones Cuba-Estados Unidos. Algunos de sus trabajos pueden encontrarse en http://www.janefranklin.info
5 de Agosto, 2013
Presidente Barack Obama
1600 Pennsylvania Avenue, NW
Washington, DC 20500
USA
Estimado Presidente Obama,
Usted nació en 1961, por lo que no tenia la edad suficiente como para ser testigo del espíritu del Movimiento por los Derechos Civiles, el Movimiento del Poder Negro, y el Movimiento contra la Guerra, fluyendo todos juntos en una hermosa ola de cambio. Usted solo tenía seis años de edad (casi siete) cuando sucedieron los terribles asesinatos del Reverendo Martin Luther King y el Senador Robert Kennedy, que cambiaron la política de una crucial elección presidencial y pusieron un alto a la posibilidad de un cambio real.
Si usted hubiera sido una década mayor, creo que usted, como afroamericano, podría estar ahora en condiciones de comprender mejor la revolución cubana y por qué su destrucción ha sido un objetivo persistente de la política exterior de Estados Unidos desde 1959, cuando los revolucionarios cubanos ganaron su batalla por la independencia y soberanía.
El Estado de Sitio comenzó bajo el Presidente Eisenhower con el embargo comercial explícitamente diseñado para matar de hambre al pueblo cubano y ha continuado hasta el día de hoy. Cuando la invasión fracasó en derrocar al gobierno cubano en 1961, el año de su nacimiento, Presidente Obama, la CIA y el FBI entrenaron miles de agentes cubanos para la guerra encubierta contra Cuba-más ataques armados-incluyendo una segunda invasión programada para octubre de 1962 (Operación Mangosta), de infiltración, propaganda, incendios y asesinatos. Una red de terroristas continúa prosperando en Florida y Nueva Jersey.
Me pregunto si usted conoce sobre la Operación Mangosta. La misma condujo directamente a la Crisis de los Misiles. Yo estaba embarazada de mi tercer hijo cuando eso sucedió, y no puede imaginarse usted cómo me sentía al ser madre de dos hijas y un hijo por nacer, cuando todo el mundo estaba amenazado de exterminio. Mi hija de cinco años de edad me despertó una mañana para preguntarme, “Mami, el mundo se va a terminar?” Usted puede leer todo acerca de ese plan de invasión en mi libro, Cuba y Estados Unidos: Una historia Cronológica, en caso de que necesite refrescar su memoria.
Con el fin de combatir el terrorismo, Cuba ha tenido que gastar valiosos recursos para el desarrollo de un Departamento de Seguridad del Estado increíblemente eficaz, y asignar agentes como los Cinco cubanos para investigar a los grupos terroristas. Pero agentes de inteligencia cubanos no pudieron detener a los terroristas que hicieron explotar un avión de pasajeros de Cubana en 1976, la primera vez en el Hemisferio Occidental que un avión de pasajeros fue utilizado como un arma terrorista. No sucedió hasta el 9/11.
La CIA y el FBI sabían en aquel momento que Luis Posada y el ya fallecido Orlando Bosch planearon el atentado. Sin embargo, estoy segura de que usted debe ser consciente de que Bosch caminó libre en Miami hasta su muerte y, por supuesto, usted sabe que Posada sigue viviendo como un héroe en Miami a pesar de la solicitud de Venezuela para su extradición para juicio por cargos de asesinato después de matar a 73 personas a bordo de ese avión. Como señaló recientemente el Presidente venezolano Maduro, es hipócrita demandar que nadie le dé asilo a Edward Snowden mientras que, al mismo tiempo, el gobierno de EEUU se niegue a responder a la solicitud de Venezuela para la extradición de Luis Posada Carriles .
Apenas dos meses antes del arresto de los Cinco cubanos en 1998, Posada dijo a los periodistas del New York Times: “la CIA nos enseñó todo – todo… nos enseñaron sobre explosivos, cómo matar, como poner bombas, nos entrenaron en actos de sabotaje.” Él se enorgullece de sus largos años de apoyo de la CIA, el FBI y la Fundación Nacional Cubano Americana. Él se jactó de planear y organizar la campaña de atentados que azotaron a restaurantes y hoteles en la Habana en 1997 y 1998, matando a un empresario italiano e hiriendo a otras personas.
Cuba denunció que los responsables de los atentados de La Habana tenían su base en Estados Unidos. El Departamento de Estado de Estados Unidos respondió que investigaría si Cuba presentaba “información sustancial” para apoyar su argumento. Eso fue en septiembre de 1997.
Nueve meses más tarde, en junio de 1998, Cuba entregó al FBI la “información” reunida por agentes cubanos. Luego en julio, un mes más tarde, llegaron las confesiones del mismo Posada en la portada del The New York Times durante dos días! Sin embargo, con toda la información.
Publican cartas a Obama por libertad de antiterroristas cubanos9 julio 2013 Cubadebate
En Estados Unidos, un grupo solidario con Cuba y la causa de los Cinco Héroes, editó en el país norteño una revista con cartas de 12 personalidades dirigidas al presidente Barack Obama, en las cuales demandan la libertad de los antiterroristas cubanos aún presos en cárceles federales de ese país.
El Comité Internacional por la Libertad de los Cinco, presentó la iniciativa como parte de las acciones a favor del retorno a su país de Gerardo Hernández, Ramón Labañino, Antonio Guerrero y Fernando González.
René González, el otro sancionado, se encuentra definitivamente en Cuba tras cumplir su sanción y luego de un proceso que incluyó la solicitud de pérdida de su ciudadanía estadounidense.
La revista Un año de cartas al presidente Obama es un compendio de misivas envidas al gobernante desde mayo de 2012 a mayo de 2013, y en las mismas el denominador común es la sensibilidad que ha provocado la causa de los Cinco -como se les conoce internacionalmente– y el llamado de estas personalidades al mandatario demócrata para que ponga fin a la injusticia.
Los textos fueron escritos por la alcaldesa de Richmond (California), Gayle McLaughlin; el actor, director y productor Mike Farrel, la pacifista Cindy Sheehan, la reverenda Joan Brown Campbell, y el escritor Michael Parenti.
También los suscriben Peter Phillips, director de Proyecto Censurado desde 1996 hasta 2010; y el excongresista de Dakota del Sur James Abourezk, así como el periodista, profesor y escritor Stephen Kimber y el también periodista y escritor Arnold August, ambos canadienses.
Además, se incluyen las cartas del abogado Peter Schey, director del Centro por los Derechos Humanos y Constitucionales de Los Ángeles, el sacerdote sudafricano Michael Lapsley, y el líder sindical de origen hispano Santos Crespo.
Según informó el Comité Internacional a Prensa Latina, los primeros números de la revista se incorporaron al abundante material entregado en las 45 visitas realizadas a la Cámara de Representantes y al Senado, durante la Segunda Jornada 5 días por los 5 en Washington DC, celebrada entre el 30 de mayo y el 5 de junio.
Precisamente, Stephen Kimber prepara una gira nacional en la que presentará su nuevo libro en el contexto del aniversario 15 del arresto de Los Cinco (12 de septiembre de 1998).
Los antiterroristas cubanos fueron detenidos en la ciudad de Miami mientras monitoreaban los planes criminales de grupos extremistas radicados en el sur de la Florida, interesados en causar daños y muerte en la isla caribeña a lo largo de más de medio siglo.
Nuevo libro sobre asesinato de Kennedy
La CIA reclutó italianos para matar a Fidel Castro
ROMA.— La CIA reclutó ciudadanos italianos en el ámbito de los planes de la agencia para matar a Fidel Castro, afirma un periodista italiano en un nuevo libro sobre el asesinato de John F. Kennedy, que según ese trabajo tuvo lugar en el marco de un complot organizado en las altas esferas de la CIA, con la complicidad de la mafia italo-estadounidense y de los exiliados cubanos en los Estados Unidos.
El libro confirma el planteo hecho sobre el asesinato en 1967 por el juez Jim Garrison, enfoque utilizado a su vez por la conocida película de Oliver Stone JFK.
El nuevo trabajo publicado en Italia, cuyo título es Kennedy debe morir, fue escrito por el joven periodista de ANSA Claudio Accogli, quien afirma entre otros temas que los proyectiles utilizados en Dallas para matar a Kennedy habían sido fabricados en una empresa norteamericana en 1954 "por cuenta de la CIA".
Accogli cuenta por otra parte que los documentos de la SIFAR —viejos servicios secretos militares italianos— sobre el fusil italiano que fue el arma del delito, fueron a su vez "fabricados" por Gladio, una estructura clandestina durante la guerra fría que estaba al servicio de la CIA.
Los proyectiles de Dallas "fueron probablemente enviados a Italia en 1954" y luego reimportados, y vendidos, en los Estados Unidos en 1961 por la misma empresa que había vendido la pistola empleada por Lee Harvey Oswald, el presunto asesino de Kennedy, quien en el momento de ser arrestado tenía en sus manos precisamente esa arma.
El libro explica por otra parte, sobre la base de una serie de fuentes, las razones por las cuales la tesis que Oswald haya actuado solo no es creíble. También recuerda en esas "altas esferas de la CIA" el rol clave de James Jesús Angleton, hombre fundamental del contraespionaje norteamericano por casi treinta años, hasta el 1974, cuando fue obligado a dimitir de su cargo. (ANSA)
Cubadebate, el sitio web cubano más visitado, celebra su décimo aniversario
Publicado el 8/03/13 • en Contrainjerencia
LA HABANA - La medalla conmemorativa por el 50 aniversario de la Unión de periodistas de Cuba (UPEC) fue entregada a Cubadebate durante la apertura de una exposición fotográfica en la Casa del ALBA Cultural en ocasión del décimo cumpleaños de ese sitio digital.
Antonio Moltó, presidente de la UPEC, hizo entrega de la medalla a Randy Alonso, director de Cubadebate, luego que la vicepresidenta primera Aixa Hevia diese lectura a un mensaje de la Presidencia de la organización de los periodistas cubanos, que ofrecemos textualmente a continuación:
“Cubadebate nació el 5 de agosto de 2003 por decisión de un círculo especializado de la UPEC para luchar con verdades contra los que en Estados Unidos y otros países promovían el terrorismo contra Cuba. Este sitio digital se inscribió como parte de la batalla por las ideas lanzada por Fidel para defender la Revolución en días en que lo más cavernícola de la política norteamericana ocupaba la Casa Blanca y fomentaba la ideología de la guerra y la violencia para ejercer el control hegemónico del mundo.
En muy pocos años, por su ejercicio profesional, abriendo espacios a la interacción con sus audiencias, Cubadebate alcanzó credibilidad dentro y fuera de Cuba y se ha consolidado como un instrumento valioso de los procesos revolucionarios y las nuevas realidades de América Latina y el Caribe que han caracterizado los años iniciales del Siglo XXI.
Internet y las nuevas tecnologías han cambiado la manera de hacer periodismo, y si Cubadebate ha triunfado en una década es porque ha tenido muy en cuenta eso en toda la concepción de su trabajo, basada en la socialización y democratización de sus contenidos a través de múltiples canales.
Súmese a ello un hecho innegable: la decisión de Fidel Castro de entregar como primicia a Cubadebate sus Reflexiones y otros materiales escritos por él, con el sello de toda la fuerza de su ejemplo, experiencia revolucionaria y pensamiento iluminador, sustentado en profundos razonamientos de situaciones y fenómenos de Cuba y el mundo y el criterio de exponer la verdad por encima de todo, lo que, sin duda alguna, ha contribuido a que este sitio digital viese crecer sus audiencias en la red de redes, lo que lo ha llevado a ser el sitio más visible de la red cubana.
Recordemos unas palabras de Randy Alonso, su director, en el reciente IX Congreso de la UPEC:
“Si su propósito fundador en el 2003, por voluntad e iniciativa de un grupo de periodistas cubanos y colegas extranjeros como la recién fallecida amiga Bernie Dwyer, fue abrir un debate con el mundo desde la verdad y con los argumentos de la Revolución frente a las manipulaciones y mentiras de los grandes medios; ese empeño se multiplicó, hacia adentro y hacia afuera, con el paso en junio de 2009 a la nueva versión de Cubadebate, sustentada en las herramientas de la web 2.0.
La interactividad marcó nuestro trabajo. Las Redes Sociales multiplicaron el mensaje y el debate. Sólo en Facebook sostenemos 30 sitios de temáticas diversas, con más de 704 000 seguidores. El más notorio es el sitio oficial de Cubadebate en Facebook con más de 133 mil seguidores.
En Twitter, de otro lado, administramos 33 cuentas con un alcance de más de 1 millón 24 mil seguidores. El gran cañón en esta red es la cuenta “Reflexiones de Fidel” con 401 159 seguidores.
Pero el más notorio aporte al intercambio y la riqueza de nuestro sitio –agregó Randy– lo han aportado los comentarios de los lectores. Han contribuido a los contenidos, los han criticado, nos sugieren temas, nos alertan de noticias, denuncian ilegalidades o maltratos, reconocen buenas gestiones, ofrecen apoyo revolucionario a las grandes tareas y metas de nuestro proceso, proponen soluciones a los problemas”.
Por todas estas razones, que ponen de manifiesto cómo este sitio digital cubano ha alcanzado logros en el nuevo escenario comunicacional y erosionado el monopolio informativo de poderosos grupos hegemónicos, la Presidencia de la Unión de Periodistas de Cuba ha decidido otorgarle a Cubadebate, a quien consider un hijo de la UPEC, la Medalla Conmemorativa 50 aniversario.
Cubadebate es fruto de la batalla por las ideas1 agosto 2013 Cubadebate
Palabras de la Presidencia de la Unión de Periodistas de Cuba al entregar a Cubadebate la medalla conmemorativa 50 aniversario de la UPEC. Casa del Alba Cultural. 1 de agosto de 2013.
Cubadebate nació el 5 de agosto de 2003 por decisión de un círculo especializado de la UPEC para luchar con verdades contra los que en Estados Unidos y otros países promovían el terrorismo contra Cuba. Este sitio digital se inscribió como parte de la batalla por las ideas lanzada por Fidel para defender la Revolución en días en que lo más cavernícola de la política norteamericana ocupaba la Casa Blanca y fomentaba la ideología de la guerra y la violencia para ejercer el control hegemónico del mundo.
En muy pocos años, por su ejercicio profesional, abriendo espacios a la interacción con sus audiencias, Cubadebate alcanzó credibilidad dentro y fuera de Cuba y se ha consolidado como un instrumento valioso de los procesos revolucionarios y las nuevas realidades de América Latina y el Caribe que han caracterizado los años iniciales del Siglo XXI.
Internet y las nuevas tecnologías han cambiado la manera de hacer periodismo, y si Cubadebate ha triunfado en una década es porque ha tenido muy en cuenta eso en toda la concepción de su trabajo, basada en la socialización y democratización de sus contenidos a través de múltiples canales.
Súmese a ello un hecho innegable: la decisión de Fidel Castro de entregar como primicia a Cubadebate sus Reflexiones y otros materiales escritos por él, con el sello de toda la fuerza de su ejemplo, experiencia revolucionaria y pensamiento iluminador, sustentado en profundos razonamientos de situaciones y fenómenos de Cuba y el mundo y el criterio de exponer la verdad por encima de todo, lo que, sin duda alguna, ha contribuido a que este sitio digital viese crecer sus audiencias en la red de redes, lo que lo ha llevado a ser el sitio más visible de la red cubana.
Recordemos unas palabras de Randy Alonso, su director, en el reciente IX Congreso de la UPEC:
“Si su propósito fundador en el 2003, por voluntad e iniciativa de un grupo de periodistas cubanos y colegas extranjeros como la recién fallecida amiga Bernie Dwyer, fue abrir un debate con el mundo desde la verdad y con los argumentos de la Revolución frente a las manipulaciones y mentiras de los grandes medios; ese empeño se multiplicó, hacia adentro y hacia afuera, con el paso en junio de 2009 a la nueva versión de Cubadebate, sustentada en las herramientas de la web 2.0.
“La interactividad marcó nuestro trabajo. Las Redes Sociales multiplicaron el mensaje y el debate. Sólo en Facebook sostenemos 30 sitios de temáticas diversas, con más de 704 000 seguidores. El más notorio es el sitio oficial de Cubadebate en Facebook con más de 133 mil seguidores.
“En Twitter, de otro lado, administramos 33 cuentas con un alcance de más de 1 millón 24 mil seguidores. El gran cañón en esta red es la cuenta “Reflexiones de Fidel” con 401 159 seguidores.
“Pero el más notorio aporte al intercambio y la riqueza de nuestro sitio lo han aportado los comentarios de los lectores. Han contribuido a los contenidos, los han criticado, nos sugieren temas, nos alertan de noticias, denuncian ilegalidades o maltratos, reconocen buenas gestiones, ofrecen apoyo revolucionario a las grandes tareas y metas de nuestro proceso, proponen soluciones a los problemas”.
Por todas estas razones, que ponen de manifiesto cómo este sitio digital cubano ha alcanzado logros en el nuevo escenario comunicacional y erosionado el monopolio informativo de poderosos grupos hegemónicos, la Presidencia de la Unión de Periodistas de Cuba ha decidido otorgarle a Cubadebate, a quien consideramos un hijo de la UPEC, la Moneda Conmemorativa 50 aniversario de la UPEC.Presidencia de la UPEC
Los Gráficos de Gabriel Carbajales
60 aniversario del asalto al Cuartel Moncadapor Atilio Boron
Se cumplen 60 años de una gesta político-militar, el asalto al Cuartel Moncada, que marcó el inicio de la guerra antioligárquica y antiimperialista que culminaría victoriosamente con el triunfo de la Revolución Cubana el 1º de Enero de 1959 y el inicio de la larga marcha hacia la Segunda y Definitiva Independencia de Nuestra América. Esa heroica operación fue liderada por tres brillantes y valientes jóvenes cubanos: Fidel Castro Ruz, quien a punto de cumplir 27 años era el jefe del operativo secundado por su hermano Raúl, un joven que apenas acababa de cumplir 22 años y Abel Santamaría, de 26, capturado vivo y torturado salvajemente para que delatara el nombre del jefe del alzamiento, cosa que no hizo y lo pagó con su vida.
Fidel y Raúl libraron de correr esa suerte porque hubo demasiados testigos que los vieron cuando, pocos días más tarde, eran capturados por los militares de Fulgencio Batista, el dictador cubano. Poco después se montó una farsa jurídica, el célebre Juicio del Moncada, y allí Fidel Castro, abogado él, asumió su autodefensa y pronunció un discurso que visto con la perspectiva que otorga el paso del tiempo puede sin duda ser calificado como uno de los más excepcionales documentos políticos del siglo veinte.
A continuación reproduzco el Prólogo que escribiera para la edición definitiva y anotada de La Historia me Absolverá, publicada en la Colección Batalla de Ideas de Ediciones Luxemburg (Buenos Aires, 2005).
Prólogo a La historia me absolverá
La premonición de la Historia
Atilio A. Boron • Buenos Aires
Leer texto completo
4/9/2005 Prólogo a la edición definitiva y anotada de La Historia me AbsolveráFidel y Raúl libraron de correr esa suerte porque hubo demasiados testigos que los vieron cuando, pocos días más tarde, eran capturados por los militares de Fulgencio Batista, el dictador cubano. Poco después se montó una farsa jurídica, el célebre Juicio del Moncada, y allí Fidel Castro, abogado él, asumió su autodefensa y pronunció un discurso que visto con la perspectiva que otorga el paso del tiempo puede sin duda ser calificado como uno de los más excepcionales documentos políticos del siglo veinte.
A continuación reproduzco el Prólogo que escribiera para la edición definitiva y anotada de La Historia me Absolverá, publicada en la Colección Batalla de Ideas de Ediciones Luxemburg (Buenos Aires, 2005).
Prólogo a La historia me absolverá
La premonición de la Historia
Atilio A. Boron • Buenos Aires
Leer texto completo
por Atilio Boron
El último movimiento de esta verdadera sinfonía política que es La historia me absolverá lo constituye una encendida invocación a la legitimidad del derecho a la rebelión ante toda forma de despotismo
Buenos Aires, Editorial Luxemburg
Suele decirse que hay textos, libros o discursos que son hacedores de la historia. La metáfora es expresiva pero, a la vez, engañosa. Lo primero, porque hace justicia a la extraordinaria importancia que un escrito puede excepcionalmente adquirir en el desencadenamiento de grandes procesos históricos. Pero también engañosa porque en su formulación inicial oculta un hecho decisivo: son hombres y mujeres quienes realmente hacen la historia. Las 95 tesis que el monje Martín Lutero clavara en las puertas de la Catedral de Wittenberg en 1517 no hubieran pasado de ser una disputa conventual, un intrascendente berrinche del monje agustino si no fuera porque tuvieron la capacidad de captar la sensibilidad de su tiempo. Fue sólo cuando las ideas del clérigo -aquel "rayo del pensamiento", apelando a la expresión utilizada por el joven Marx a propósito de este asunto- tomaron contacto con el suelo popular que se convirtieron en poderosos instrumentos de transformación social.
Algo parecido puede decirse de El Contrato Social, de Jean-Jacques Rousseau que, por supuesto, no "produjo" la Revolución Francesa ni ocasionó las guerras de la independencia de las colonias españolas en las Américas. Pero al igual que en el caso anterior, el escrito del ginebrino sintetizó, de algún modo, las aspiraciones de una época y permitió imaginar los contornos de la nueva sociedad que se estaba gestando en el vientre de la vieja. Lo mismo vale en relación a otro texto extraordinario, el Manifiesto Comunista escrito por aquellos dos geniales jóvenes alemanes a comienzos de 1848 y que con el correr de los años habría de convertirse en el heraldo de una nueva etapa histórica. Otro tanto puede decirse, por último, de El Estado y la Revolución, escrito por Lenin en medio de los fragores de la primera revolución socialista de la historia. No fueron los libros, o los panfletos, sino la articulación entre estos y las luchas de los pueblos los que movieron la historia.
La coyuntura del "53
La historia me absolverá pertenece a este mismo ilustre género. Se trata de un alegato extraordinario, un texto impresionante, sin duda uno de los más importantes de la historia latinoamericana, tanto por su contenido como por las condiciones bajo las cuales se produjo. Como es bien sabido, el 26 de julio de 1953 un grupo de jóvenes que constituían la oposición revolucionaria a la dictadura de Fulgencio Batista -avalada y sostenida militar y financieramente por el gobierno de Estados Unidos- se propuso tomar por asalto los cuarteles Carlos Manuel de Céspedes, de Bayamo, y Moncada, de Santiago de Cuba. Esta radical decisión fue precipitada por la acelerada descomposición del régimen político batistiano y la capitulación de la oposición legal al mismo.
Por ese entonces Fidel militaba en el Partido del Pueblo Cubano (PPC), una organización de vaga inspiración socialdemócrata, fundada por un honesto político cubano, el senador Eduardo Chibás, en 1947, como un desprendimiento del por entonces gobernante Partido Auténtico. La corrupción generalizada y la total capitulación de la dirigencia política, económica y social provocó el espectacular suicidio de Chibás en 1951, transmitido literalmente "en vivo" al final de una de sus periódicas, y muy populares, alocuciones radiofónicas. Fidel permaneció en el partido y al año siguiente fue designado como candidato a diputado para las elecciones previstas para junio de 1952. Pero el 10 de marzo se produjo el golpe de estado del coronel Fulgencio Batista, y el proceso electoral fue abortado.
Fidel había reiteradamente manifestado su disconformidad con la línea vacilante del PPC y la paralizante inoperancia de la oposición legal ante un régimen que, en plena Guerra Fría y alentado por sus mentores de EE.UU., se limitaba a la denuncia y a las protestas en el ámbito del Congreso. Sin embargo, su exigencia de que el partido adoptase una estrategia de oposición extraparlamentaria -apelando con esto a la mejor tradición revolucionaria cubana- había sido desoída. La pusilánime respuesta que el PPC ofreció ante el golpe de estado batistiano y su descarada violación de la Constitución de 1940, influida, según Fidel, "por las corrientes socialistas del mundo actual", y cuyos contenidos progresistas reflejaban un momento de auge de la lucha de clases en Cuba, precipitaron la ruptura de Fidel con la dirección del PPC y su pasaje a la clandestinidad (p. 101).
Fue a partir de esos momentos cuando, bajo la dirección de Fidel, el grupo de jóvenes revolucionarios adoptó una estrategia insurreccional. Esta tenía como momento inicial la captura de un sitio emblemático de la dictadura para, a partir de ahí, precipitar la sublevación popular en una ciudad o una región. Dada la densa y prolongada tradición de lucha y rebeldía popular que desde la época de la colonia caracterizaban a la provincia de Oriente, cuna de las guerras de la independencia y el lugar donde, junto con Máximo Gómez, Martí desembarcara en 1895 para librar la que sería su última batalla por la liberación de Cuba, los revolucionarios decidieron atacar los mencionados cuarteles en el año en que se cumplía el centenario del nacimiento de José Martí.
El ataque se llevó a cabo el 26 de julio y debido a circunstancias que el mismo Fidel explica en su alegato terminó en una derrota de las fuerzas insurgentes. Sesenta de los 135 integrantes del comando revolucionario cayeron, en su mayoría luego de que cesara el combate, víctimas de salvajes torturas y fusilamientos a mansalva. Fidel y un puñado de sus hombres lograron replegarse a la montaña, pero el 1º de agosto fueron arrestados por una patrulla del ejército cubano. Luego de permanecer más de dos meses en confinamiento solitario y bajo durísimas condiciones carcelarias, el 16 de octubre comienza un proceso legal en su contra y en el cual, dada la absoluta falta de garantías, el joven abogado de 27 años decide asumir su propia defensa.
Martí, Gramsci y la "batalla de ideas"
Lo anterior es el marco político e histórico en el cual Fidel pronuncia su célebre discurso. Veamos ahora los detalles concretos de las condiciones en que lo pronunció. Por empezar, el juicio no se llevó a cabo en ningún edificio del poder judicial de Santiago, sino en una pequeña sala de la Escuela de Enfermeras del Hospital Civil de esa ciudad. Para ello, nada mejor que reproducir textualmente lo que una periodista que pudo estar presente en el juicio, Marta Rojas, escribió en aquella jornada:
El acusado doctor Fidel Castro no ha hecho ni un alto en su informe, a veces alza la voz, y él mismo se contiene; en instantes se inclina sobre la mesita que tiene de frente y casi habla en secreto. A medida que habla, improvisando siempre, hay más silencio en el recinto, no se escucha ningún otro sonido más que su voz pausada, como si conversara con todos, mira fijo al tribunal que lo atiende con gusto [...] los soldados están apiñados en la puerta y no disimulan su atención. A veces posa su vista en el retrato de Florence Nigthingale que preside el saloncito de las enfermeras y parece que conversa con ella. No tiene ni un papel, ni un libro con él [...] Todas las personas que lo han escuchado comentan su talento. Improvisó la pieza completa y la coloreó con pensamientos ajenos (de juristas), con trozos de alegatos y sobre todo con las palabras textuales de José Martí. Su postura [...] ha despertado verdadera admiración para con el revolucionario.
El excepcional alegato de Fidel -no improvisado sino profundamente meditado y sopesado, pero que fluía de su pensamiento con la frescura de las ideas que son dichas por primera vez- pronto trascendió las paredes de la Escuela de Enfermeras. Pese a la férrea censura de prensa, el pueblo cubano había comenzado a conocer los pormenores del asalto al Moncada. En principio, gracias a la irrefrenable indiscreción desatada, especialmente entre los asistentes de origen popular al singular proceso judicial, por la elocuencia y la contundencia argumentativa de Fidel que hizo que su alegato corriera como un reguero de pólvora por Santiago; y poco después, debido a la distribución clandestina del discurso, tarea a la que se entregaron con heroísmo y eficacia Haydée Santamaría y Melba Hernández, una vez cumplidas sus condenas.
Remito al lector a la "Introducción" de Pedro Alvarez Tabío y Guillermo Alonso Fiel, con la que se abre la presente edición del alegato de Fidel, para un detallado conocimiento de las ingeniosas estrategias desarrolladas por este para re-escribir lo que había sido escrito y perdido, logrando la verdadera proeza de hacerlo en su celda y enviarlo extramuros burlando la vigilancia de sus carceleros. El 26 de julio no sólo tenía un líder de excepcional estatura política e intelectual; también disponía de una organización que estaba a su misma altura y que hizo posible "rearmar" La historia me absolverá a partir de cientos de pequeños
Para Fidel era evidente que no podían ahorrarse esfuerzos a la hora de librar lo que, utilizando un lenguaje de nuestros días, podríamos llamar la "batalla de ideas". Esta era necesaria para contrarrestar los efectos negativos que, para el curso de la revolución, se desprendían de la derrota militar del 26 de julio. En un mensaje que hace llegar a sus compañeros desde su cárcel en la Isla de Pinos les dice que "no se puede abandonar un momento la propaganda, porque es el alma de toda la lucha". En una síntesis magistral dice que "lo que fue sedimentado con sangre debe ser edificado con ideas", advirtiendo además que en su alegato "está contenido el programa de la ideología nuestra, sin la cual no es posible pensar en nada grande". De ahí su importancia decisiva.
Citando a Martí, diría en su alegato que "un principio justo desde el fondo de una cueva puede más que un ejército" (pp. 41-42). La derrota militar obligaba pues a emprender una nueva batalla, esta vez saliendo a disputar con "las armas de la crítica" en el terreno de las ideas y el sentido común, requisito indispensable para la construcción de una nueva hegemonía. En este sentido puede decirse que Fidel aplica en la vida práctica de la lucha revolucionaria las recomendaciones formuladas, poco más de veinte años antes y también desde la cárcel, por el fundador del Partido Comunista Italiano, Antonio Gramsci: la conquista de la hegemonía es condición necesaria para el triunfo de la revolución. "La crítica de las armas" es infecunda si no va acompañada por "las armas de la crítica". Martí y Gramsci constituyen el fundamento moral y político de la estrategia de Fidel.
Los resultados quedarán a la vista cuando, forzado por el clima de opinión crecientemente adverso generado por la extraordinaria divulgación del alegato, el tirano no tuvo más opción que la de amnistiar a Fidel, a su hermano Raúl y otros 18 participantes del asalto al Moncada. Su liberación se produciría el 15 de mayo de 1955 y la llegada de Fidel a la estación ferroviaria de La Habana se convirtió en una manifestación multitudinaria, cuyas proporciones sobrepasaron todo lo que los jóvenes revolucionarios esperaban. La concientización y movilización del pueblo cubano instalaban el proceso revolucionario en una nueva meseta, pero exigían un cambio radical de estrategia. El exilio de Fidel en México, a partir de julio de ese mismo año, y la fundación del Movimiento Revolucionario 26 de Julio y el encuentro con el Che serían los hitos de una historia destinada a culminar victoriosamente el 1º de enero de 1959.
Tesis políticas
Antes de invitar al lector a sumergirse en el texto, permítasenos decir algunas pocas palabras sobre su contenido. Su autor desmonta toda la ilegalidad e inconstitucionalidad del juicio al que se ve sometido por el estado cubano. Juicio que, como recuerda Fidel, el propio tribunal había caracterizado como "el más trascendental de la historia republicana" y pese a lo cual está viciado por las más flagrantes violaciones del debido proceso (p. 38). No pudo conversar a solas con un abogado y sólo se le permitió acceder a un minúsculo código; pero ningún tratado penal ni ningún libro pudo llegar a su calabozo, ni siquiera los de Martí. Ya antes de su alegato final, en una audiencia sostenida a mediados de septiembre, Fidel había declarado que el Apóstol "era el autor intelectual del 26 de julio" y que pese a que le negasen libros y tratados "traigo en el corazón las doctrinas del Maestro" (p. 45).
Fidel no se engañaba en cuando al significado político del juicio a que estaba sometido. Era muy conciente que en él se decidiría algo que iba mucho más allá que su libertad: "se discute -nos dice- sobre cuestiones fundamentales de principios, se juzga sobre el derecho de los hombres a ser libres, se debate sobre las bases mismas de nuestra existencia como nación civilizada y democrática. Cuando concluya, no quiero tener que reprocharme a mí mismo haber dejado principio por defender, verdad sin decir, ni crimen sin denunciar" (p. 46). Y esto es lo que Fidel hace con extraordinaria minuciosidad, siguiendo tal vez aquel viejo aforismo atribuido a los jesuitas y que asegura que "Dios está en los detalles". Su descripción de los crímenes del régimen es precisa y detallada, al igual que su equilibrada presentación de los hechos desarrollados en el combate.
Transcurrido el primer tercio del discurso, Fidel se adentra en un análisis ya no tanto jurídico sino más político y económico-social. Allí desmonta la creencia de que el formidable poderío militar constituye una barrera inexpugnable ante la cual se estrellaría cualquier pueblo que quisiera luchar contra una tiranía. "Ningún arma, ninguna fuerza es capaz de vencer a un pueblo que se decide a luchar por sus derechos". Cita en favor de su afirmación la revolución boliviana de 1952 y la gesta independentista de Cuba en contra del colonialismo español, que con medio millón de soldados y pese a contar con un armamento aplastantemente superior fueron derrotados por los patriotas. Podríamos agregar, con el beneficio de la experiencia histórica posterior, las derrotas sufridas por franceses y norteamericanos en Vietnam; la propia sobrevivencia de la Revolución Cubana; y, más recientemente, la resistencia del pueblo iraquí en contra de la ocupación decretada por George W. Bush, como otras tantas pruebas de la verdad de aquel aserto.
Pero ¿quién es el pueblo? En contra de todo esquematismo y con un lenguaje con claras reminiscencias del joven Marx, Fidel dice que "entendemos por pueblo, cuando hablamos de lucha, la gran masa irredenta [...] a la que todos engañan y traicionan, la que anhela una patria mejor y más digna y más justa; la que está movida por ansias ancestrales de justicia por haber padecido la injusticia y la burla generación tras generación" (p. 59). Y ahí están los 600 mil cubanos sin trabajo, los 500 mil obreros del campo, los 400 mil obreros industriales y braceros, los 100 mil pequeños agricultores, los 30 mil maestros, los 20 mil pequeños comerciantes, los 10 mil profesionales jóvenes. "A este pueblo [...] no le íbamos a decir "Te vamos a dar", sino "¡Aquí tienes, lucha ahora con todas tus fuerzas para que sea tuya la libertad y la felicidad!"" (pp. 60-61).
Se desprende de lo anterior una concepción del campo popular ajena al exclusivismo "obrerista" que tantos daños hiciera a la izquierda latinoamericana, al impedirle siquiera "ver" -¡no digamos incorporar a su construcción política!- a esa enorme masa de campesinos, indígenas y pobres del campo y la ciudad condenados a la invisibilidad y la negación por la condición periférica del capitalismo latinoamericano y el colonialismo intelectual de la izquierda tradicional, con algunas honrosas excepciones como la de José Carlos Mariátegui. Lo que Fidel propone en su alegato implica precisamente una ruptura con las concepciones tradicionales acerca del sujeto de las luchas emancipadoras. Plantea, en cambio, una visión amplia, abarcadora, reconciliada con las necesidades urgentes de la coyuntura que exige la unificación de todas las fuerzas sociales oprimidas y explotadas por el capitalismo y no su dispersión en un archipiélago de organizaciones políticas y sociales cuya desunión es garantía de su propia irrelevancia. La política de alianzas del Movimiento 26 de Julio haría de esta verdadera renovación teórica el fundamento mismo de su actuación política.
Neutralizado el chantaje militar y definido el sujeto de la transformación social, Fidel enuncia el programa concreto de la revolución. En primer lugar, devolución al pueblo de la soberanía usurpada por el tirano, restableciendo la Constitución de 1940; la segunda ley revolucionaria concedería la propiedad de la tierra a colonos, arrendatarios y precaristas que ocupan pequeñas parcelas, con una razonable indemnización a los antiguos propietarios. La tercera ley otorgaría a los obreros y empleados una participación del 30% en las utilidades de las grandes empresas. La cuarta ley revolucionaria concedería a los colonos el 55% del rendimiento de la caña de azúcar. La quinta confiscaría todos los bienes malversados por los gobernantes, la mitad de cuyo producido iría a engrosar las cajas de jubilación de obreros y empleados, y la otra mitad para financiar hospitales, asilos y casas de beneficencia. La política exterior cubana sería de estrecha solidaridad con las luchas de los pueblos democráticos del continente. Otras medidas incluían la reforma agraria de la gran propiedad territorial, la reforma integral de la enseñanza, la nacionalización de los monopolios en la industria eléctrica y los teléfonos; medidas todas estas que deberían ser proclamadas y ejecutadas de inmediato (pp. 61-62).
Estas medidas se asentaban sobre un diagnóstico de lo que Fidel denomina en su discurso la "espantosa tragedia" por la que atraviesa Cuba, "sumada a la más humillante opresión política". El 85% de los pequeños agricultores cubanos vive bajo la permanente amenaza del desalojo; hay 200 mil bohíos y chozas en el campo, mientras 400 mil familias viven hacinadas en barracones y cuarterías; 2,2 millones de personas de la ciudad pagan onerosos alquileres y 2,8 millones carecen de electricidad. Faltan escuelas, y las que existen tienen maestros muy mal pagados. En el campo, el 90% de los niños están infestados con parásitos, y entre mayo y diciembre hay 1 millón de personas sin trabajo, una cifra mayor a la de países como Francia e Italia, con una población varias veces superior a la de Cuba. "Enviáis a la cárcel al infeliz que roba por hambre, pero ninguno de los cientos de ladrones que han robado millones al Estado durmió nunca una noche tras las rejas" (p. 66).
La última parte del alegato, luego de una nueva serie de denuncias sobre el salvajismo de la represión a los atacantes del Moncada, culmina con una elaborada justificación -anclada en la mejor tradición de la filosofía política occidental- sobre el derecho a la rebelión. "Admito y creo que la revolución sea fuente de derecho -dice en su discurso- pero no podrá llamarse jamás revolución al asalto nocturno a mano armada del 10 de marzo" que instauró la tiranía de Fulgencio Batista (p. 91). Y en una referencia cuya actualidad se reafirma con sólo echar una ojeada a la dirigencia de nuestras así llamadas "democracias" -en realidad, oligarquías apenas disimuladas tras un ligerísimo barniz de sufragio universal hábilmente manipulado- decía Fidel que Batista "vive entregado de pies y manos a los grandes intereses, y no podía ser de otro modo por su mentalidad, por la carencia total de ideología y de principios, por la ausencia absoluta de la fe, la confianza y el respaldo de las masas" (p. 92). Aludiendo a lo que en el lenguaje de nuestros días sería la tan alabada "alternancia", un atributo supuestamente propio de las democracias maduras, remata su razonamiento diciendo que el golpe liderado por Batista "fue un simple cambio de manos y un reparto de botín entre los amigos, parientes, cómplices y la rémora de parásitos voraces que integran el andamiaje político del dictador" (p. 92).
El último movimiento de esta verdadera sinfonía política que es La historia me absolverá lo constituye una encendida invocación a la legitimidad del derecho a la rebelión ante toda forma de despotismo. En los tramos finales de su discurso, Fidel pasa revista en primer lugar a las disposiciones de la propia Constitución de 1940, pisoteada por la satrapía gobernante, para luego internarse por el largo sendero de la filosofía política señalando, a cada paso, la forma en que sus principales exponentes defendieron a lo largo de una historia más de dos veces milenaria el derecho de los pueblos a rebelarse ante los tiranos.
Desfilan así desde referencias al pensamiento político-religioso de China e India en sus tiempos más remotos hasta su entronque con la tradición occidental nacida en Grecia y, desde ahí, a Roma para luego expandirse por todo el occidente europeo. Mención especial se hace de los argumentos en favor de la rebelión desarrollados por John of Salisbury, Tomás de Aquino, Martín Lutero, Juan Mariana, Jean Calvin, John Knox, John Ponet, Johannes Althussius, John Milton, John Locke, Jean-Jacques Rousseau, Thomas Paine y también presentes en la Declaración de la Independencia de EE.UU. y la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano surgida de la Revolución Francesa.
Luego de tamaña argumentación, "¿Cómo justificar la presencia de Batista en el poder, al que llegó contra la voluntad del pueblo y violando por la traición y por la fuerza las leyes de la república? ¿Cómo calificar de legítimo un régimen de sangre, opresión y tiranía?". Toda la tradición filosófica-política occidental condena semejante despropósito, pero el mandato que surge de las enseñanzas de Martí es aún más terminante: "cuando hay muchos hombres sin decoro hay siempre otros que tienen en sí el decoro de muchos hombres" y serán esos los que se rebelen contra los tiranos y las satrapías. Los jóvenes atacantes del Moncada son precisamente esa clase de hombres y mujeres necesarios para las grandes epopeyas de la liberación.
Hombres y mujeres dispuestos a ofrendar sus vidas, sabedores que "morir por la patria es vivir". En el año del centenario de su nacimiento, concluye Fidel, Martí está más vivo que nunca en la rebeldía y la dignidad de su pueblo.
La fe inquebrantable en la causa de la emancipación humana y social, su absoluta convicción en el triunfo final del proceso revolucionario, lo lleva a advertir a sus jueces que "ahora estáis juzgando a un acusado, pero vosotros, a su vez, seréis juzgados no una vez, sino muchas, cuantas veces el presente sea sometido a la crítica demoledora del futuro. Entonces lo que yo diga aquí se repetirá muchas veces, no porque se haya escuchado de mi boca, sino porque el problema de la justicia es eterno" (p. 87). En el cuidadoso, medido, equilibrio político y ético de su discurso, el afán de justicia predomina claramente sobre el ansia de venganza. Todo esto, claro está, sobre el telón de fondo gramsciano del "optimismo del corazón". Equilibrio y serenidad que habían quedado de manifiesto al decir que "para mis compañeros muertos no clamo venganza", a pesar de que se contaban entre ellos algunos de sus más cercanos amigos.
"Como sus vidas no tenían precio, no podrían pagarlas con las suyas todos los criminales juntos" (p. 86). No apela, como es usual en estos casos, a la clemencia de sus jueces para conseguir su propia libertad. "No puedo pedirla -nos dice dando muestras de su ejemplar dignidad- cuando mis compañeros están sufriendo ya en Isla de Pinos ignominiosa prisión". Y termina con una frase premonitoria: "Condenadme, no importa, la historia me absolverá".
Buenos Aires, agosto de 2005
Cinco cubanos prisioneros en Estados Unidos,
Una Historia que debía contarse2 agosto 2013 Cubadebate - por Ricardo Alarcón de Quesada
La editorial canadiense Fernwood Publishing acaba de publicar “Lo Que Hay Del Otro Lado Del Mar- La Verdadera Historia De Los Cinco Cubanos”, el libro más completo hasta ahora disponible en inglés sobre un tema al que los norteamericanos apenas han tenido acceso: el caso de Gerardo, Ramón, Antonio, Fernando y René, los patriotas cubanos encarcelados en Estados Unidos por luchar contra el terrorismo.
Es una historia secuestrada desde hace quince años. Los esfuerzos de su autor, Stephen Kimber, para publicarlo en Estados Unidos fueron inútiles. “Qué difícil ha resultado la venta de este libro a las principales editoriales de Norteamérica. Hemos recibido toda clase de explicaciones, por supuesto, pero la principal parece ser la creencia de que no existe en Estados Unidos una audiencia para un libro que podría presentar una imagen favorable de un grupo de ´espías cubanos´. Yo espero que este libro demuestre que ellos están equivocados.”
El libro es resultado de una búsqueda minuciosa y profunda que lo llevó a estudiar las más de veinte mil páginas de las actas del tribunal (Estados Unidos versus Gerardo Hernández et al)y miles de páginas más de documentos legales de lo que fue el caso más prolongado de la historia norteamericana. Leyó además libros y periódicos sobre Cuba y su largo enfrentamiento con Estados Unidos y también entrevistó a numerosas personas a ambos lados del Estrecho de la Florida y de los dos bandos o de ninguno.
No es un texto sobre el complicado e interminable proceso judicial, pero aborda, sin embargo, sus aspectos fundamentales. Tampoco es una biografía de los Cinco, aunque sus páginas los muestran como lo que son: seres humanos cercanos al lector. El libro va más allá y ayuda a comprender el conflicto entre dos países.
Pero no es un trabajo voluminoso ni de lectura difícil. Todo lo contrario. Con lenguaje claro y ágil permite al lector recorrer episodios de ese conflicto y culminar en unas pocas horas una lectura a la que quedó atrapado desde la primera página. Es la obra de un maestro de periodistas, un gran escritor y sobre todo, un intelectual honesto, comprometido sólo con lo que él pudo comprobar independientemente.
Ya en su primer párrafo nos dice que “Este no es el libro que yo pensaba escribir. Ese libro iba a ser una novela, una historia de amor que se desarrollaba en parte en Cuba.” Y por supuesto no era una novela sobre los Cinco acerca de quienes “vagamente había escuchado”. Kimber refiere en el prólogo cómo fue que decidió abandonar su proyecto inicial y ofrecernos, en cambio, un texto que nada tiene de ficción, y es un ejemplo de riguroso, imparcial y objetivo apego a la verdad.
En palabras de su autor, “no es una simple narrativa lineal. Es una acumulación en cascada de incidentes y escollos, de complicidades y consecuencias, una narrativa paralela, convergente, divergente, mostrando un reparto de caracteres eclécticos a ambos lados del Estrecho de la Florida”.
“Quizás fue la engañosa complejidad de todo ello lo que finalmente me convenció de que esta historia necesitaba ser contada, y necesitaba ser contada por alguien que no supiera ya cuales versiones de cuales historias eran las verdaderas.”
En esto radica la importancia verdadera de este libro. Es fruto de una investigación realizada por alguien que al emprenderla no era un defensor o simpatizante de la causa de los Cinco. Kimber, como miles de canadienses que visitan Cuba, tropezó más de una vez con algún cartel de propaganda, escrito con ingenuidad o torpeza lingüística, o escuchó a alguien hablar con admiración de los Cinco Héroes. Pero casi nada sabía al iniciar su indagación.
El autor formula una pregunta que encierra la clave para entender el problema: ¿Por qué el FBI decidió arrestarlos y llevarlos a un juicio público? ¿Por qué si hacía años que los tenía bajo su control y conocía todo lo que habían hecho y hacían? Al actuar de ese modo, apartándose de la práctica normal, el FBI perdió un caudal informativo importante y a la vez seguro. Tampoco podía acusarlos de nada grave y por eso los dos cargos importantes formulados contra ellos no implicaban crímenes sustantivos. Eran de “conspiración” para lo cual no hacía falta presentar evidencias concretas que nunca existieron.
La única explicación es política. En el verano de 1998 se habían dado los primeros pasos en lo que pudiera haber sido una colaboración entre los dos países para poner fin a las acciones terroristas contra Cuba originadas en Miami. Una misión de altos oficiales del FBI, enviada por decisión del Presidente Clinton, había recibido en Cuba copiosa información sobre tales actividades y había prometido actuar. Cuando la noticia de esos contactos llegó a Miami, el señor Pesquera, jefe local del FBI, quien mantenía estrechos vínculos con los terroristas, procedió al arresto y lo hizo empleando métodos que revelaban su motivación y el carácter político de la operación. “Si los cargos de espionaje contra los cubanos parecían poco convincentes – y lo eran, incluso entonces – ¿por qué el FBI decidió darle tanta importancia a esa parte del caso? ´Hemos hecho esto de forma pública,´ explicó Héctor Pesquera en español en un mensaje que fue transmitido frecuentemente en las estaciones de radio hispanas durante los días siguientes, ´para reunir información del público.´ ¿Qué? ”
“Intencional o no, las noticias sobre los arrestos y las acusaciones contra los cubanos sirvieron para incrementar los niveles de histeria en la siempre al límite comunidad de exiliados de Miami. La comentarista de la WQBA-1140 AM – y no olvidar vocero de la FNCA – Ninoska Pérez Castellón anunció en el aire el número de la centralita del FBI e invitó a llamar al Buró (y a su programa) para informar sobre “personas sospechosas”.
“Los grupos de exiliados como la Fundación Nacional Cubano-Americana se cebaron en las noticias de los arrestos, “que ahora vemos han estado amenazando intereses de seguridad vitales para Estados Unidos,” para hacer lobby por medidas aún más fuertes contra Cuba. Al día siguiente de la conferencia de prensa de Pesquera, el presidente de la FNCA Alberto Hernández y su vicepresidente Jorge Más Santos enviaron una carta al Senador Bob Graham, un miembro del Comité de Inteligencia del Senado que los apoyaba, para solicitarle que organizara una audiencia pública en Miami acerca del espionaje cubano.”
Mientras esto sucedía, allí mismo, en Miami, ante las narices del señor Pesquera, sin que nadie los molestase, se entrenaban los terroristas que realizarían el brutal ataque del 11 de septiembre de 2001.
El ambiente de odio creado por los medios locales de Miami, definido en 2005 por el panel de la Corte de Apelaciones como “una tormenta perfecta de prejuicios y hostilidad”, llevó a la decisión unánime de esos magistrados de anular el juicio. Fue más tarde, en 2006, que se supo que quienes desataron dicha “tormenta” recibían generosos, y ocultos, pagos del Gobierno federal.
El libro de Kimber aparece cuando el caso ha llegado a un momento crucial, a la espera de que el tribunal de Miami se pronuncie sobre las apelaciones colaterales (Habeas Corpus) cuyo fundamento principal es precisamente la conspiración gubernamental, financiando y organizando la campaña mediática que en Miami envenenó todo el proceso y que fue iniciada, precisamente, por el mismísimo FBI. Ojalá la Jueza lea este libro antes de emitir su fallo.
Envío:Amarelle
Suele decirse que hay textos, libros o discursos que son hacedores de la historia. La metáfora es expresiva pero, a la vez, engañosa. Lo primero, porque hace justicia a la extraordinaria importancia que un escrito puede excepcionalmente adquirir en el desencadenamiento de grandes procesos históricos. Pero también engañosa porque en su formulación inicial oculta un hecho decisivo: son hombres y mujeres quienes realmente hacen la historia. Las 95 tesis que el monje Martín Lutero clavara en las puertas de la Catedral de Wittenberg en 1517 no hubieran pasado de ser una disputa conventual, un intrascendente berrinche del monje agustino si no fuera porque tuvieron la capacidad de captar la sensibilidad de su tiempo. Fue sólo cuando las ideas del clérigo -aquel "rayo del pensamiento", apelando a la expresión utilizada por el joven Marx a propósito de este asunto- tomaron contacto con el suelo popular que se convirtieron en poderosos instrumentos de transformación social.
Algo parecido puede decirse de El Contrato Social, de Jean-Jacques Rousseau que, por supuesto, no "produjo" la Revolución Francesa ni ocasionó las guerras de la independencia de las colonias españolas en las Américas. Pero al igual que en el caso anterior, el escrito del ginebrino sintetizó, de algún modo, las aspiraciones de una época y permitió imaginar los contornos de la nueva sociedad que se estaba gestando en el vientre de la vieja. Lo mismo vale en relación a otro texto extraordinario, el Manifiesto Comunista escrito por aquellos dos geniales jóvenes alemanes a comienzos de 1848 y que con el correr de los años habría de convertirse en el heraldo de una nueva etapa histórica. Otro tanto puede decirse, por último, de El Estado y la Revolución, escrito por Lenin en medio de los fragores de la primera revolución socialista de la historia. No fueron los libros, o los panfletos, sino la articulación entre estos y las luchas de los pueblos los que movieron la historia.
La coyuntura del "53
La historia me absolverá pertenece a este mismo ilustre género. Se trata de un alegato extraordinario, un texto impresionante, sin duda uno de los más importantes de la historia latinoamericana, tanto por su contenido como por las condiciones bajo las cuales se produjo. Como es bien sabido, el 26 de julio de 1953 un grupo de jóvenes que constituían la oposición revolucionaria a la dictadura de Fulgencio Batista -avalada y sostenida militar y financieramente por el gobierno de Estados Unidos- se propuso tomar por asalto los cuarteles Carlos Manuel de Céspedes, de Bayamo, y Moncada, de Santiago de Cuba. Esta radical decisión fue precipitada por la acelerada descomposición del régimen político batistiano y la capitulación de la oposición legal al mismo.
Por ese entonces Fidel militaba en el Partido del Pueblo Cubano (PPC), una organización de vaga inspiración socialdemócrata, fundada por un honesto político cubano, el senador Eduardo Chibás, en 1947, como un desprendimiento del por entonces gobernante Partido Auténtico. La corrupción generalizada y la total capitulación de la dirigencia política, económica y social provocó el espectacular suicidio de Chibás en 1951, transmitido literalmente "en vivo" al final de una de sus periódicas, y muy populares, alocuciones radiofónicas. Fidel permaneció en el partido y al año siguiente fue designado como candidato a diputado para las elecciones previstas para junio de 1952. Pero el 10 de marzo se produjo el golpe de estado del coronel Fulgencio Batista, y el proceso electoral fue abortado.
Fidel había reiteradamente manifestado su disconformidad con la línea vacilante del PPC y la paralizante inoperancia de la oposición legal ante un régimen que, en plena Guerra Fría y alentado por sus mentores de EE.UU., se limitaba a la denuncia y a las protestas en el ámbito del Congreso. Sin embargo, su exigencia de que el partido adoptase una estrategia de oposición extraparlamentaria -apelando con esto a la mejor tradición revolucionaria cubana- había sido desoída. La pusilánime respuesta que el PPC ofreció ante el golpe de estado batistiano y su descarada violación de la Constitución de 1940, influida, según Fidel, "por las corrientes socialistas del mundo actual", y cuyos contenidos progresistas reflejaban un momento de auge de la lucha de clases en Cuba, precipitaron la ruptura de Fidel con la dirección del PPC y su pasaje a la clandestinidad (p. 101).
Fue a partir de esos momentos cuando, bajo la dirección de Fidel, el grupo de jóvenes revolucionarios adoptó una estrategia insurreccional. Esta tenía como momento inicial la captura de un sitio emblemático de la dictadura para, a partir de ahí, precipitar la sublevación popular en una ciudad o una región. Dada la densa y prolongada tradición de lucha y rebeldía popular que desde la época de la colonia caracterizaban a la provincia de Oriente, cuna de las guerras de la independencia y el lugar donde, junto con Máximo Gómez, Martí desembarcara en 1895 para librar la que sería su última batalla por la liberación de Cuba, los revolucionarios decidieron atacar los mencionados cuarteles en el año en que se cumplía el centenario del nacimiento de José Martí.
El ataque se llevó a cabo el 26 de julio y debido a circunstancias que el mismo Fidel explica en su alegato terminó en una derrota de las fuerzas insurgentes. Sesenta de los 135 integrantes del comando revolucionario cayeron, en su mayoría luego de que cesara el combate, víctimas de salvajes torturas y fusilamientos a mansalva. Fidel y un puñado de sus hombres lograron replegarse a la montaña, pero el 1º de agosto fueron arrestados por una patrulla del ejército cubano. Luego de permanecer más de dos meses en confinamiento solitario y bajo durísimas condiciones carcelarias, el 16 de octubre comienza un proceso legal en su contra y en el cual, dada la absoluta falta de garantías, el joven abogado de 27 años decide asumir su propia defensa.
Martí, Gramsci y la "batalla de ideas"
Lo anterior es el marco político e histórico en el cual Fidel pronuncia su célebre discurso. Veamos ahora los detalles concretos de las condiciones en que lo pronunció. Por empezar, el juicio no se llevó a cabo en ningún edificio del poder judicial de Santiago, sino en una pequeña sala de la Escuela de Enfermeras del Hospital Civil de esa ciudad. Para ello, nada mejor que reproducir textualmente lo que una periodista que pudo estar presente en el juicio, Marta Rojas, escribió en aquella jornada:
El acusado doctor Fidel Castro no ha hecho ni un alto en su informe, a veces alza la voz, y él mismo se contiene; en instantes se inclina sobre la mesita que tiene de frente y casi habla en secreto. A medida que habla, improvisando siempre, hay más silencio en el recinto, no se escucha ningún otro sonido más que su voz pausada, como si conversara con todos, mira fijo al tribunal que lo atiende con gusto [...] los soldados están apiñados en la puerta y no disimulan su atención. A veces posa su vista en el retrato de Florence Nigthingale que preside el saloncito de las enfermeras y parece que conversa con ella. No tiene ni un papel, ni un libro con él [...] Todas las personas que lo han escuchado comentan su talento. Improvisó la pieza completa y la coloreó con pensamientos ajenos (de juristas), con trozos de alegatos y sobre todo con las palabras textuales de José Martí. Su postura [...] ha despertado verdadera admiración para con el revolucionario.
El excepcional alegato de Fidel -no improvisado sino profundamente meditado y sopesado, pero que fluía de su pensamiento con la frescura de las ideas que son dichas por primera vez- pronto trascendió las paredes de la Escuela de Enfermeras. Pese a la férrea censura de prensa, el pueblo cubano había comenzado a conocer los pormenores del asalto al Moncada. En principio, gracias a la irrefrenable indiscreción desatada, especialmente entre los asistentes de origen popular al singular proceso judicial, por la elocuencia y la contundencia argumentativa de Fidel que hizo que su alegato corriera como un reguero de pólvora por Santiago; y poco después, debido a la distribución clandestina del discurso, tarea a la que se entregaron con heroísmo y eficacia Haydée Santamaría y Melba Hernández, una vez cumplidas sus condenas.
Remito al lector a la "Introducción" de Pedro Alvarez Tabío y Guillermo Alonso Fiel, con la que se abre la presente edición del alegato de Fidel, para un detallado conocimiento de las ingeniosas estrategias desarrolladas por este para re-escribir lo que había sido escrito y perdido, logrando la verdadera proeza de hacerlo en su celda y enviarlo extramuros burlando la vigilancia de sus carceleros. El 26 de julio no sólo tenía un líder de excepcional estatura política e intelectual; también disponía de una organización que estaba a su misma altura y que hizo posible "rearmar" La historia me absolverá a partir de cientos de pequeños
Para Fidel era evidente que no podían ahorrarse esfuerzos a la hora de librar lo que, utilizando un lenguaje de nuestros días, podríamos llamar la "batalla de ideas". Esta era necesaria para contrarrestar los efectos negativos que, para el curso de la revolución, se desprendían de la derrota militar del 26 de julio. En un mensaje que hace llegar a sus compañeros desde su cárcel en la Isla de Pinos les dice que "no se puede abandonar un momento la propaganda, porque es el alma de toda la lucha". En una síntesis magistral dice que "lo que fue sedimentado con sangre debe ser edificado con ideas", advirtiendo además que en su alegato "está contenido el programa de la ideología nuestra, sin la cual no es posible pensar en nada grande". De ahí su importancia decisiva.
Citando a Martí, diría en su alegato que "un principio justo desde el fondo de una cueva puede más que un ejército" (pp. 41-42). La derrota militar obligaba pues a emprender una nueva batalla, esta vez saliendo a disputar con "las armas de la crítica" en el terreno de las ideas y el sentido común, requisito indispensable para la construcción de una nueva hegemonía. En este sentido puede decirse que Fidel aplica en la vida práctica de la lucha revolucionaria las recomendaciones formuladas, poco más de veinte años antes y también desde la cárcel, por el fundador del Partido Comunista Italiano, Antonio Gramsci: la conquista de la hegemonía es condición necesaria para el triunfo de la revolución. "La crítica de las armas" es infecunda si no va acompañada por "las armas de la crítica". Martí y Gramsci constituyen el fundamento moral y político de la estrategia de Fidel.
Los resultados quedarán a la vista cuando, forzado por el clima de opinión crecientemente adverso generado por la extraordinaria divulgación del alegato, el tirano no tuvo más opción que la de amnistiar a Fidel, a su hermano Raúl y otros 18 participantes del asalto al Moncada. Su liberación se produciría el 15 de mayo de 1955 y la llegada de Fidel a la estación ferroviaria de La Habana se convirtió en una manifestación multitudinaria, cuyas proporciones sobrepasaron todo lo que los jóvenes revolucionarios esperaban. La concientización y movilización del pueblo cubano instalaban el proceso revolucionario en una nueva meseta, pero exigían un cambio radical de estrategia. El exilio de Fidel en México, a partir de julio de ese mismo año, y la fundación del Movimiento Revolucionario 26 de Julio y el encuentro con el Che serían los hitos de una historia destinada a culminar victoriosamente el 1º de enero de 1959.
Tesis políticas
Antes de invitar al lector a sumergirse en el texto, permítasenos decir algunas pocas palabras sobre su contenido. Su autor desmonta toda la ilegalidad e inconstitucionalidad del juicio al que se ve sometido por el estado cubano. Juicio que, como recuerda Fidel, el propio tribunal había caracterizado como "el más trascendental de la historia republicana" y pese a lo cual está viciado por las más flagrantes violaciones del debido proceso (p. 38). No pudo conversar a solas con un abogado y sólo se le permitió acceder a un minúsculo código; pero ningún tratado penal ni ningún libro pudo llegar a su calabozo, ni siquiera los de Martí. Ya antes de su alegato final, en una audiencia sostenida a mediados de septiembre, Fidel había declarado que el Apóstol "era el autor intelectual del 26 de julio" y que pese a que le negasen libros y tratados "traigo en el corazón las doctrinas del Maestro" (p. 45).
Fidel no se engañaba en cuando al significado político del juicio a que estaba sometido. Era muy conciente que en él se decidiría algo que iba mucho más allá que su libertad: "se discute -nos dice- sobre cuestiones fundamentales de principios, se juzga sobre el derecho de los hombres a ser libres, se debate sobre las bases mismas de nuestra existencia como nación civilizada y democrática. Cuando concluya, no quiero tener que reprocharme a mí mismo haber dejado principio por defender, verdad sin decir, ni crimen sin denunciar" (p. 46). Y esto es lo que Fidel hace con extraordinaria minuciosidad, siguiendo tal vez aquel viejo aforismo atribuido a los jesuitas y que asegura que "Dios está en los detalles". Su descripción de los crímenes del régimen es precisa y detallada, al igual que su equilibrada presentación de los hechos desarrollados en el combate.
Transcurrido el primer tercio del discurso, Fidel se adentra en un análisis ya no tanto jurídico sino más político y económico-social. Allí desmonta la creencia de que el formidable poderío militar constituye una barrera inexpugnable ante la cual se estrellaría cualquier pueblo que quisiera luchar contra una tiranía. "Ningún arma, ninguna fuerza es capaz de vencer a un pueblo que se decide a luchar por sus derechos". Cita en favor de su afirmación la revolución boliviana de 1952 y la gesta independentista de Cuba en contra del colonialismo español, que con medio millón de soldados y pese a contar con un armamento aplastantemente superior fueron derrotados por los patriotas. Podríamos agregar, con el beneficio de la experiencia histórica posterior, las derrotas sufridas por franceses y norteamericanos en Vietnam; la propia sobrevivencia de la Revolución Cubana; y, más recientemente, la resistencia del pueblo iraquí en contra de la ocupación decretada por George W. Bush, como otras tantas pruebas de la verdad de aquel aserto.
Pero ¿quién es el pueblo? En contra de todo esquematismo y con un lenguaje con claras reminiscencias del joven Marx, Fidel dice que "entendemos por pueblo, cuando hablamos de lucha, la gran masa irredenta [...] a la que todos engañan y traicionan, la que anhela una patria mejor y más digna y más justa; la que está movida por ansias ancestrales de justicia por haber padecido la injusticia y la burla generación tras generación" (p. 59). Y ahí están los 600 mil cubanos sin trabajo, los 500 mil obreros del campo, los 400 mil obreros industriales y braceros, los 100 mil pequeños agricultores, los 30 mil maestros, los 20 mil pequeños comerciantes, los 10 mil profesionales jóvenes. "A este pueblo [...] no le íbamos a decir "Te vamos a dar", sino "¡Aquí tienes, lucha ahora con todas tus fuerzas para que sea tuya la libertad y la felicidad!"" (pp. 60-61).
Se desprende de lo anterior una concepción del campo popular ajena al exclusivismo "obrerista" que tantos daños hiciera a la izquierda latinoamericana, al impedirle siquiera "ver" -¡no digamos incorporar a su construcción política!- a esa enorme masa de campesinos, indígenas y pobres del campo y la ciudad condenados a la invisibilidad y la negación por la condición periférica del capitalismo latinoamericano y el colonialismo intelectual de la izquierda tradicional, con algunas honrosas excepciones como la de José Carlos Mariátegui. Lo que Fidel propone en su alegato implica precisamente una ruptura con las concepciones tradicionales acerca del sujeto de las luchas emancipadoras. Plantea, en cambio, una visión amplia, abarcadora, reconciliada con las necesidades urgentes de la coyuntura que exige la unificación de todas las fuerzas sociales oprimidas y explotadas por el capitalismo y no su dispersión en un archipiélago de organizaciones políticas y sociales cuya desunión es garantía de su propia irrelevancia. La política de alianzas del Movimiento 26 de Julio haría de esta verdadera renovación teórica el fundamento mismo de su actuación política.
Neutralizado el chantaje militar y definido el sujeto de la transformación social, Fidel enuncia el programa concreto de la revolución. En primer lugar, devolución al pueblo de la soberanía usurpada por el tirano, restableciendo la Constitución de 1940; la segunda ley revolucionaria concedería la propiedad de la tierra a colonos, arrendatarios y precaristas que ocupan pequeñas parcelas, con una razonable indemnización a los antiguos propietarios. La tercera ley otorgaría a los obreros y empleados una participación del 30% en las utilidades de las grandes empresas. La cuarta ley revolucionaria concedería a los colonos el 55% del rendimiento de la caña de azúcar. La quinta confiscaría todos los bienes malversados por los gobernantes, la mitad de cuyo producido iría a engrosar las cajas de jubilación de obreros y empleados, y la otra mitad para financiar hospitales, asilos y casas de beneficencia. La política exterior cubana sería de estrecha solidaridad con las luchas de los pueblos democráticos del continente. Otras medidas incluían la reforma agraria de la gran propiedad territorial, la reforma integral de la enseñanza, la nacionalización de los monopolios en la industria eléctrica y los teléfonos; medidas todas estas que deberían ser proclamadas y ejecutadas de inmediato (pp. 61-62).
Estas medidas se asentaban sobre un diagnóstico de lo que Fidel denomina en su discurso la "espantosa tragedia" por la que atraviesa Cuba, "sumada a la más humillante opresión política". El 85% de los pequeños agricultores cubanos vive bajo la permanente amenaza del desalojo; hay 200 mil bohíos y chozas en el campo, mientras 400 mil familias viven hacinadas en barracones y cuarterías; 2,2 millones de personas de la ciudad pagan onerosos alquileres y 2,8 millones carecen de electricidad. Faltan escuelas, y las que existen tienen maestros muy mal pagados. En el campo, el 90% de los niños están infestados con parásitos, y entre mayo y diciembre hay 1 millón de personas sin trabajo, una cifra mayor a la de países como Francia e Italia, con una población varias veces superior a la de Cuba. "Enviáis a la cárcel al infeliz que roba por hambre, pero ninguno de los cientos de ladrones que han robado millones al Estado durmió nunca una noche tras las rejas" (p. 66).
La última parte del alegato, luego de una nueva serie de denuncias sobre el salvajismo de la represión a los atacantes del Moncada, culmina con una elaborada justificación -anclada en la mejor tradición de la filosofía política occidental- sobre el derecho a la rebelión. "Admito y creo que la revolución sea fuente de derecho -dice en su discurso- pero no podrá llamarse jamás revolución al asalto nocturno a mano armada del 10 de marzo" que instauró la tiranía de Fulgencio Batista (p. 91). Y en una referencia cuya actualidad se reafirma con sólo echar una ojeada a la dirigencia de nuestras así llamadas "democracias" -en realidad, oligarquías apenas disimuladas tras un ligerísimo barniz de sufragio universal hábilmente manipulado- decía Fidel que Batista "vive entregado de pies y manos a los grandes intereses, y no podía ser de otro modo por su mentalidad, por la carencia total de ideología y de principios, por la ausencia absoluta de la fe, la confianza y el respaldo de las masas" (p. 92). Aludiendo a lo que en el lenguaje de nuestros días sería la tan alabada "alternancia", un atributo supuestamente propio de las democracias maduras, remata su razonamiento diciendo que el golpe liderado por Batista "fue un simple cambio de manos y un reparto de botín entre los amigos, parientes, cómplices y la rémora de parásitos voraces que integran el andamiaje político del dictador" (p. 92).
El último movimiento de esta verdadera sinfonía política que es La historia me absolverá lo constituye una encendida invocación a la legitimidad del derecho a la rebelión ante toda forma de despotismo. En los tramos finales de su discurso, Fidel pasa revista en primer lugar a las disposiciones de la propia Constitución de 1940, pisoteada por la satrapía gobernante, para luego internarse por el largo sendero de la filosofía política señalando, a cada paso, la forma en que sus principales exponentes defendieron a lo largo de una historia más de dos veces milenaria el derecho de los pueblos a rebelarse ante los tiranos.
Desfilan así desde referencias al pensamiento político-religioso de China e India en sus tiempos más remotos hasta su entronque con la tradición occidental nacida en Grecia y, desde ahí, a Roma para luego expandirse por todo el occidente europeo. Mención especial se hace de los argumentos en favor de la rebelión desarrollados por John of Salisbury, Tomás de Aquino, Martín Lutero, Juan Mariana, Jean Calvin, John Knox, John Ponet, Johannes Althussius, John Milton, John Locke, Jean-Jacques Rousseau, Thomas Paine y también presentes en la Declaración de la Independencia de EE.UU. y la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano surgida de la Revolución Francesa.
Luego de tamaña argumentación, "¿Cómo justificar la presencia de Batista en el poder, al que llegó contra la voluntad del pueblo y violando por la traición y por la fuerza las leyes de la república? ¿Cómo calificar de legítimo un régimen de sangre, opresión y tiranía?". Toda la tradición filosófica-política occidental condena semejante despropósito, pero el mandato que surge de las enseñanzas de Martí es aún más terminante: "cuando hay muchos hombres sin decoro hay siempre otros que tienen en sí el decoro de muchos hombres" y serán esos los que se rebelen contra los tiranos y las satrapías. Los jóvenes atacantes del Moncada son precisamente esa clase de hombres y mujeres necesarios para las grandes epopeyas de la liberación.
Hombres y mujeres dispuestos a ofrendar sus vidas, sabedores que "morir por la patria es vivir". En el año del centenario de su nacimiento, concluye Fidel, Martí está más vivo que nunca en la rebeldía y la dignidad de su pueblo.
La fe inquebrantable en la causa de la emancipación humana y social, su absoluta convicción en el triunfo final del proceso revolucionario, lo lleva a advertir a sus jueces que "ahora estáis juzgando a un acusado, pero vosotros, a su vez, seréis juzgados no una vez, sino muchas, cuantas veces el presente sea sometido a la crítica demoledora del futuro. Entonces lo que yo diga aquí se repetirá muchas veces, no porque se haya escuchado de mi boca, sino porque el problema de la justicia es eterno" (p. 87). En el cuidadoso, medido, equilibrio político y ético de su discurso, el afán de justicia predomina claramente sobre el ansia de venganza. Todo esto, claro está, sobre el telón de fondo gramsciano del "optimismo del corazón". Equilibrio y serenidad que habían quedado de manifiesto al decir que "para mis compañeros muertos no clamo venganza", a pesar de que se contaban entre ellos algunos de sus más cercanos amigos.
"Como sus vidas no tenían precio, no podrían pagarlas con las suyas todos los criminales juntos" (p. 86). No apela, como es usual en estos casos, a la clemencia de sus jueces para conseguir su propia libertad. "No puedo pedirla -nos dice dando muestras de su ejemplar dignidad- cuando mis compañeros están sufriendo ya en Isla de Pinos ignominiosa prisión". Y termina con una frase premonitoria: "Condenadme, no importa, la historia me absolverá".
Buenos Aires, agosto de 2005
Cinco cubanos prisioneros en Estados Unidos,
Una Historia que debía contarse2 agosto 2013 Cubadebate - por Ricardo Alarcón de Quesada
La editorial canadiense Fernwood Publishing acaba de publicar “Lo Que Hay Del Otro Lado Del Mar- La Verdadera Historia De Los Cinco Cubanos”, el libro más completo hasta ahora disponible en inglés sobre un tema al que los norteamericanos apenas han tenido acceso: el caso de Gerardo, Ramón, Antonio, Fernando y René, los patriotas cubanos encarcelados en Estados Unidos por luchar contra el terrorismo.
Es una historia secuestrada desde hace quince años. Los esfuerzos de su autor, Stephen Kimber, para publicarlo en Estados Unidos fueron inútiles. “Qué difícil ha resultado la venta de este libro a las principales editoriales de Norteamérica. Hemos recibido toda clase de explicaciones, por supuesto, pero la principal parece ser la creencia de que no existe en Estados Unidos una audiencia para un libro que podría presentar una imagen favorable de un grupo de ´espías cubanos´. Yo espero que este libro demuestre que ellos están equivocados.”
El libro es resultado de una búsqueda minuciosa y profunda que lo llevó a estudiar las más de veinte mil páginas de las actas del tribunal (Estados Unidos versus Gerardo Hernández et al)y miles de páginas más de documentos legales de lo que fue el caso más prolongado de la historia norteamericana. Leyó además libros y periódicos sobre Cuba y su largo enfrentamiento con Estados Unidos y también entrevistó a numerosas personas a ambos lados del Estrecho de la Florida y de los dos bandos o de ninguno.
No es un texto sobre el complicado e interminable proceso judicial, pero aborda, sin embargo, sus aspectos fundamentales. Tampoco es una biografía de los Cinco, aunque sus páginas los muestran como lo que son: seres humanos cercanos al lector. El libro va más allá y ayuda a comprender el conflicto entre dos países.
Pero no es un trabajo voluminoso ni de lectura difícil. Todo lo contrario. Con lenguaje claro y ágil permite al lector recorrer episodios de ese conflicto y culminar en unas pocas horas una lectura a la que quedó atrapado desde la primera página. Es la obra de un maestro de periodistas, un gran escritor y sobre todo, un intelectual honesto, comprometido sólo con lo que él pudo comprobar independientemente.
Ya en su primer párrafo nos dice que “Este no es el libro que yo pensaba escribir. Ese libro iba a ser una novela, una historia de amor que se desarrollaba en parte en Cuba.” Y por supuesto no era una novela sobre los Cinco acerca de quienes “vagamente había escuchado”. Kimber refiere en el prólogo cómo fue que decidió abandonar su proyecto inicial y ofrecernos, en cambio, un texto que nada tiene de ficción, y es un ejemplo de riguroso, imparcial y objetivo apego a la verdad.
En palabras de su autor, “no es una simple narrativa lineal. Es una acumulación en cascada de incidentes y escollos, de complicidades y consecuencias, una narrativa paralela, convergente, divergente, mostrando un reparto de caracteres eclécticos a ambos lados del Estrecho de la Florida”.
“Quizás fue la engañosa complejidad de todo ello lo que finalmente me convenció de que esta historia necesitaba ser contada, y necesitaba ser contada por alguien que no supiera ya cuales versiones de cuales historias eran las verdaderas.”
En esto radica la importancia verdadera de este libro. Es fruto de una investigación realizada por alguien que al emprenderla no era un defensor o simpatizante de la causa de los Cinco. Kimber, como miles de canadienses que visitan Cuba, tropezó más de una vez con algún cartel de propaganda, escrito con ingenuidad o torpeza lingüística, o escuchó a alguien hablar con admiración de los Cinco Héroes. Pero casi nada sabía al iniciar su indagación.
El autor formula una pregunta que encierra la clave para entender el problema: ¿Por qué el FBI decidió arrestarlos y llevarlos a un juicio público? ¿Por qué si hacía años que los tenía bajo su control y conocía todo lo que habían hecho y hacían? Al actuar de ese modo, apartándose de la práctica normal, el FBI perdió un caudal informativo importante y a la vez seguro. Tampoco podía acusarlos de nada grave y por eso los dos cargos importantes formulados contra ellos no implicaban crímenes sustantivos. Eran de “conspiración” para lo cual no hacía falta presentar evidencias concretas que nunca existieron.
La única explicación es política. En el verano de 1998 se habían dado los primeros pasos en lo que pudiera haber sido una colaboración entre los dos países para poner fin a las acciones terroristas contra Cuba originadas en Miami. Una misión de altos oficiales del FBI, enviada por decisión del Presidente Clinton, había recibido en Cuba copiosa información sobre tales actividades y había prometido actuar. Cuando la noticia de esos contactos llegó a Miami, el señor Pesquera, jefe local del FBI, quien mantenía estrechos vínculos con los terroristas, procedió al arresto y lo hizo empleando métodos que revelaban su motivación y el carácter político de la operación. “Si los cargos de espionaje contra los cubanos parecían poco convincentes – y lo eran, incluso entonces – ¿por qué el FBI decidió darle tanta importancia a esa parte del caso? ´Hemos hecho esto de forma pública,´ explicó Héctor Pesquera en español en un mensaje que fue transmitido frecuentemente en las estaciones de radio hispanas durante los días siguientes, ´para reunir información del público.´ ¿Qué? ”
“Intencional o no, las noticias sobre los arrestos y las acusaciones contra los cubanos sirvieron para incrementar los niveles de histeria en la siempre al límite comunidad de exiliados de Miami. La comentarista de la WQBA-1140 AM – y no olvidar vocero de la FNCA – Ninoska Pérez Castellón anunció en el aire el número de la centralita del FBI e invitó a llamar al Buró (y a su programa) para informar sobre “personas sospechosas”.
“Los grupos de exiliados como la Fundación Nacional Cubano-Americana se cebaron en las noticias de los arrestos, “que ahora vemos han estado amenazando intereses de seguridad vitales para Estados Unidos,” para hacer lobby por medidas aún más fuertes contra Cuba. Al día siguiente de la conferencia de prensa de Pesquera, el presidente de la FNCA Alberto Hernández y su vicepresidente Jorge Más Santos enviaron una carta al Senador Bob Graham, un miembro del Comité de Inteligencia del Senado que los apoyaba, para solicitarle que organizara una audiencia pública en Miami acerca del espionaje cubano.”
Mientras esto sucedía, allí mismo, en Miami, ante las narices del señor Pesquera, sin que nadie los molestase, se entrenaban los terroristas que realizarían el brutal ataque del 11 de septiembre de 2001.
El ambiente de odio creado por los medios locales de Miami, definido en 2005 por el panel de la Corte de Apelaciones como “una tormenta perfecta de prejuicios y hostilidad”, llevó a la decisión unánime de esos magistrados de anular el juicio. Fue más tarde, en 2006, que se supo que quienes desataron dicha “tormenta” recibían generosos, y ocultos, pagos del Gobierno federal.
El libro de Kimber aparece cuando el caso ha llegado a un momento crucial, a la espera de que el tribunal de Miami se pronuncie sobre las apelaciones colaterales (Habeas Corpus) cuyo fundamento principal es precisamente la conspiración gubernamental, financiando y organizando la campaña mediática que en Miami envenenó todo el proceso y que fue iniciada, precisamente, por el mismísimo FBI. Ojalá la Jueza lea este libro antes de emitir su fallo.
Envío:Amarelle







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